Variedades varias

Trozo 1

Al igual que yo, creo que ustedes considerarán obsceno que mientras el país se desangra, las redacciones de todos los medios de comunicación (físicos y virtuales) hayan recibido la consigna de hablar de la guerrita de la pesoe, como si de ella hubiese de seguirse un beneficio para la nación. Una nación que desde hace meses revive todos los días el día de la marmota, porque todo parece detenido. El único que sale «beneficiado» con la aplicación de semejante consigna es el PP, del que no se habla ni bien ni mal. En Génova «no tienen nada que decir» y en las CC.AA y Ayuntamientos que han pasado a sus manos «están muy ocupados auditando las cuentas», así que no hay tiempo ni momentos para declaraciones sobre el paro, el terrorismo, Bildu, «ese Tribunal que ustedes saben cómo se llama»… En fin, esas cosas que interesan a los españoles

Trozo 2 (grande)

No obstante, sí haremos una referencia a las «primarias socialistas». La primera experiencia con ellas salió bastante mal. Borrell, que fue el candidato de las bases, no tragaba a Almunia, que era el candidato del aparato. Finalmente, el pulso lo ganó Almunia, pero sólo sirvió para que Aznar le propinara un tremendo patadón en las posaderas en el 2000 (patadón que la izquierda, especialmente los Rubytos, jamás le ha perdonado: ¿cómo se atrevió el «gusano fascista» a ganar y por mayoría absoluta a la pesoe?). Cuando, gracias a los trenes de Atocha, ZP llegó a Moncloa, se pasaron 7 años restregando al PP el dedazo de Aznar (algunos nos hemos preguntado durante bastante tiempo por qué eligió Aznar a O Hamlet das Rías Baixas). Pero en fin: la democracia interna de los partidos es lo que tiene: los de fuera no la entendemos y los de dentro no la discuten.

Y hete aquí que al cabo de los años vuelve a haber «primarias» en la pesoe. Sepan ustedes que son unas primarias muy «plurales». Se presentan tres candidatos: Alfredo, Pérez y Rubalcaba. Naturalmente, es una operación de propaganda (sin agit, por si las moscas), a mayor gloria del vicepresidente primero. Se ha quitado de encima a la Chaconeta Metálica, que visto cómo está el patio en Cataluña, tendrá suerte si la contratan de asesora económica de CatalunyaCaixa (en Madrid no la tragan). Claro que también podría tomarse unas largas vacaciones en República Dominicana, apetecibles ahora que llega el verano.

Pero además, los candidatos Alfredo, Pérez y Rubalcaba se han agenciado dos clowns para que le hagan de comparsa y así pueda decir el aparato propagandístico de la pesoe que tan «democráticas son que se presentan hasta cinco candidatos». Para llorar, oigan. ¿Democracia socialista? No. «Timo del tocomocho (rojo)».

Trozo 3

Por lo visto en Cataluñistán se ha decidido empujar el proceso de islamización. Los imanes recitarán las suras coránicas en català porque aquí, en estas tierras, alguien ha decidido que todo es posible si se hace en català y que nada es posible si no se hace en la lengua de Mn. Verdaguer y de la de Josep Pla (aunque ése no este hoy muy de moda por estos pagos). Pero me llaman la atención dos cosas: que el director de Asuntos Religiosos «no considere una prioridad» la prohibición del velo y que, obviamente, por consiguiente, los presuntos luchadores de la libertad no le hayan saltado a la yugular, como harían si el responsable de la cosa fuera del PP.

Claro que con un Arquebisbe más preocupado por las essències de la nació catalana que por su ministerio (cada día me recuerda más a Chaplin en la famosa escena de El gran dictador) no es de extrañar que los otros avancen tanto. Y me pregunto qué les pasaría a todos esos luchadores de la libertad y buenrollistas en una Cataluña musulmana. Me gustaría equivocarme, pero diría que se parecería a lo de Irán: se los pasarían por la piedra. Y a los tontos útiles que les ayudaron a lograr el poder, también…

No estaba muerto

Lástima que el título no sea verdad para Carles Lordan Barbeta, fundador de Los Manolos, ese grupo que tantas horas de rumba y gresca nos dio. Con cariño para él, allá donde esté.

Democracia real

Se habla mucho de estos días de «democracia real». Tanto, que todo lo demás parece haber desaparecido de la información. Ya no se habla de la cacicada de Bildu ni de la sinvergoncería de los de la sala de Pascual. Ahora el grito parece ser «¡exigimos democracia!». Al margen de lo que ya hemos comentado en el post anterior, quisiera compartir con ustedes un pensamiento que hace días que me ronda.

La democracia no es un sistema político, sino un modo de ejercer el poder. Dicho en términos gramaticales, sería más un adjetivo que un sustantivo. En nuestra Constitución (todavía) vigente así queda establecido, cuando se nos dice que «España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho» (art. 1.1). O cuando se nos dice que «su estructura interna y funcionamiento (el de los partidos políticos) deberán ser democráticos» (art. 6). Por eso, el art. 1.3 de la Constitución nos aclara que la forma del Estado (sistema político) será la monarquía parlamentaria.

Siguiendo el hilo, pues, resulta que el modo democrático de ejercer el poder significa que es el pueblo el que tiene el poder. Pero no el pueblo como masa, como pretendía Hitler (un socialista, dicho sea de paso); ni tampoco el pueblo cuya representatividad ha sido suplantada por el Partido (como en el orbe comunista), sino el pueblo considerado como unión de personas individuales, que sin perder su individualidad, forman algo más grande que cada uno de ellos.

Descendiendo un poco más, diríamos que existe un Parlamento (Cortes, en España), que reúne a los representantes del pueblo, distribuidos en los diferentes partidos en tanto en cuanto representan el «pluralismo político» (existen varias «marcas» en el mercado político) y dada la imposibilidad de ejercer democráticamente el poder de forma directa.

Hasta aquí la teoría, que realmente suena muy bien. Los hechos, en cambio, nos demuestran que del dicho al hecho hay diez mil leguas de mal camino. Echen ustedes una mirada a cualquier área; si miran atentamente, verán que la forma democrática de ejercer el poder o dominio suele brillar por su ausencia. Es una cascada. La ausencia de la democracia es patente tanto en la estructura interna como en el funcionamiento de los partidos, para empezar (hemos hablado de ello en este blog aquí y aquí).

Pero no se detiene solamente en los partidos. Si admitimos la existencia de un cierto feedback o juego de espejos en que uno refleja lo que es el otro y a la inversa, admitiendo de paso que el sistema de partidos refleja las reglas de juego en la sociedad, encontraremos en ésta muy poca democracia en el ejercicio del poder por parte de aquellos que lo detentan. Se aplica sin discusión el famosísimo Decálogo del Jefe y quiten ustedes todas esas paparruchas de los «nuevos estilos de dirección».

Así, pues, si nosotros, en nuestro quehacer diario, no encontramos la «democracia», ni tampoco luchamos por ella, ¿podemos moralmente exigir a nuestros políticos que ejerzan «democráticamente» su poder? No, por cierto. Lo que los políticos hacen es buscar un ámbito de competencia cerrado donde nadie pueda interferir y donde ellos puedan expresar su omnímoda voluntad sin necesidad de interaccionar con nadie, pues toda interacción supondría un recorte de dicha voluntad.

Y aquí les expongo mi idea final: el carácter democrático o no de un sistema político no depende de que existan formalmente elecciones o no. Hitler fue elegido democráticamente; y en algunos países comunistas o tendencialmente comunistas, también hay elecciones y referéndums. El carácter democrático de un sistema político no depende de depositar una papeleta en una urna cada cierto tiempo. El carácter democrático de un sistema depende de dos puntos, a mi entender:

  1. De la posibilidad de entender de diversas maneras los asuntos públicos.
  2. De la capacidad del sistema de integrar armoniosamente las diferencias en orden al bienestar común.

Dicho de otro modo: ustedes no solamente tienen el derecho de votar (elegir) a un partido u otro porque representa sus ideas, sino que incluso después de votar, ustedes tienen el derecho que asiste a todo ciudadano de dirigirse a su gobernante (que lo es de todos y por tanto, es indiferente que le hayan votado ustedes o no) y de ser escuchados y tenidos en cuenta por él. Y de exigirle responsabilidad en caso de que no busque el bien común e incumpla las leyes. No queremos políticos como éstos. No queremos endogamia política. No queremos sistemas políticos cerrados, donde los ciudadanos únicamente tienen el derecho de voto y ni uno más.

Y un aviso: sepan ustedes (me incluyo en el paquete) que por mucho que nos avergüence a todos, si los políticos que están en el candelero son trepas, mediocres y lameculos (una, dos o las tres a la vez) es porque ése es el tipo predominante y admirado en la sociedad. Tal vez deberíamos empezar por no tolerar a ese tipo de personas, para que los partidos empezaran a ver que no les conviene y modificar sus criterios de selección.

¡Socialismo real ya!

Tras la multitudinaria (en Madrid) manifestación de VcT, al día siguiente se convocaba una manifestación por un colectivo autodenominado Democraciarealya. Pretenden ser un grupo transversal de ciudadanos, «personas normales de todas las tendencias» cuyo punto en común sería el hartazgo del sistema político y económico dirigido por una casta política que llaman «PPSOE». Por aquí vamos bien, desde luego.

Se les ha ocurrido redactar un Manifiesto que resumiría el pensamiento e intenciones del colectivo. Leyéndolo con atención, uno se da cuenta de su carácter gaseoso: piden una regeneración ética, pero no hablan para nada de reformar la Constitución y las leyes. A lo mejor los redactores (y redactoras) del Manifiesto pensaron «era bueno despertar a la bestia, pero no demasiado, no sea que no la podamos controlar».

El Manifiesto describe una situación (siempre dentro de unos parámetros progres) y a sus redactores y redactoras les ha quedado redondo como producto propagandístico. Si le echan ustedes un poco de imaginación, hasta pueden escuchar Imagine entre párrafo y párrafo. Todo muy progresista, ecológico e igualitario. Cabría sugerir a la Dirección General (antes Ministerio) de Igualdad, que concediese la máxima condecoración: «Este Manifiesto ha sido redactado por una Comisión igualitaria, progresista, paritaria y paritoria de mujeres y seres humanos de sexo masculino, el 25% de los cuales son inmigrantes, otro 25% poseen una orientación sexual diferente, un 25% son ecologistas y el 25% restante defiende los derechos de la mujer».

Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica. La teoría, tal cual está enunciada, contiene amorcillados todos los tópicos progres. Sin embargo, cuando se pone en práctica, resulta que aparece esto:

No me cabe duda de que en la manifestación habría personas bienintencionadas, captadas por el tono homílico y redentor del Manifiesto. Pero si vieron estas banderas soviéticas y teniendo cierto grado de discernimiento, muy probablemente se preguntarían: «¿Y qué hace un chico como yo en una mani como ésta?». Máxime cuando el fin de fiesta de la manifestación se saldó con 5 policías heridos y 24 detenidos (¿«chicos de la paz»?), a los que sólo les faltó atacar al grito de Uhrae Stalino! Y eso, por otra parte, es lo sorprendente: ¿cómo unas personas que tendrían uno o dos años todo lo más cuando cayó el Muro son capaces de enarbolar esas banderas con la convicción de unos komsomoles? La URSS ya no existe, el orbe comunista oriental recuerda aún con dolor las heridas de la política colonial moscovita… y hete aquí que unos pipiolos que han crecido en la abundancia y la libertad (sobre todo comparada con la situación de aquellos países) reivindican volver al infierno.

Que además algunos manifestantes se dedicaran a destrozar mobiliario urbano también es marca de la casa. Y que en Granada interrumpieran una procesión (libertad sí, pero al parecer no religiosa) e insultaran a los fieles también es marca de la casa. Y tal como denuncia Almudena Negro, hoy se van a concentrar para protestar por las detenciones, lo que viene a significar algo que ya sabíamos: que la izquierda «rechaza la violencia»… salvo cuando conviene a sus intereses.

Y por si no han quedado ustedes lo bastante avisados, aquí va una gragea de memoria histórica:

«La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución» (Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, 10 de febrero de 1936).

Disculpa

Hace ya algún tiempo un servidor de ustedes escribió en este blog manifestando sus dudas acerca de lo ocurrido con el mal llamado caso Marta Domínguez. A cuatro meses vista de aquello, todo ha resultado ser un montaje, que no solamente sirvió a finalidades ajenas, como intentar distraer la atención respecto del primer estado de alarma decretado en democracia (sólo podían decretarlo unos totalitarios). Tenía otras finalidades, como nos hemos dado cuenta ahora. Continuar leyendo «Disculpa»

Recordando a Martin Niemöller

Primero reivindicaron que los colegios tuvieran menú halal; y yo no dije nada porque no tenía un hijo en un colegio, ni tampoco era profesor.

Luego reivindicaron practicar ablaciones y lapidaciones y colgar homosexuales; y yo no dije nada porque no era mujer, ni gay, ni lo tenía que sufrir.

Luego reivindicaron tener lugares del culto en Occidente, no permitiendo cultos cristianos en sus países; y yo no dije nada porque no era creyente, y no me afectaba su religión.

Luego comenzaron a matar en sus países a cristianos, encarcelarlos, quemarlos, violar a las mujeres; y yo no dije nada porque no era cristiano, y no me afectaba su persecución.

Luego empezaron a exigir que nada llevara nombres que insultasen su religión, su Dios o su Profeta; y consiguieron implantar la Sharía y un nuevo califato en Al-Andalus, y me tuve que exiliar.

(tomado de Minuto Digital)

Bipartidismo

Sí, señores. En esto se ha convertido nuestra «democracia»: en un sistema en el cual existe la coexistencia pacífica entre dos grandes partidos. Debajo de ellos hay un segundo nivel, que son los nacionalistas, que no pocas veces están ahí sólo porque los mayores les den prebendas con las que asegurar su propio poder regional. Y debajo de éstos, aún hay un tercer nivel, que es el de los «partidos pequeños», los cuales son como aquel compañerito del colegio a quien todos dejan para el final cuando se trata de hacer el equipo de fútbol. Continuar leyendo «Bipartidismo»

Sexo, mentiras y actas de ETA

Tenemos lo que nos merecemos, sin duda. Una clase política concebida y estructurada como un circuito cerrado, en el que sólo es posible entrar a través de la adoración al líder (vale para todos los partidos). Sólo así se explica que aparezcan unas actas de las «negociaciones» entre el Gobierno (¿?) y ETA en las que leemos con horror que el primero puso sobre la mesa las vidas de las víctimas presentes y futuras de ETA, así como la incorporación de Navarra a esa entelequia llamada Euskal Herria, y que no pase absolutamente nada. Se piden pocas explicaciones y nadie tiene narices (o lo que ustedes se imaginan) para pedir la dimisión, que es lo que ocurriría en un país serio.

¿Dónde está el sexo? Pues en la geometría variable a la que ha jugado la pesoe durante estos siete años, que es el fondo sobre el que hay que proyectar los nuevos descubrimientos. Que la misión de ZP no era «gobernar», sino «alcanzar el poder y conservarlo a cualquier precio» da cuenta el estado de nuestras finanzas, que están por los suelos y pendientes de que Bruselas en general y frau Merkel en particular les peguen un repaso que nos dejen tiesos. El sexo está en que fuera de mantener el poder, nada más importa a ZP y a su cuadrilla: a ustedes y a mí ya nos puede acariciar un pez espada (o lo que ustedes se imaginan).

Las mentiras son más que evidentes: Rubalcaba, nada más aparecer en las tertulias el contenido (parcial) de las actas, ha empezado a echar espumarajos por la boca y a jurar y perjurar que esas actas son «basura». El problema es que la credibilidad del superministro está bajo mínimos, sobre todo cuando se recuerda su voz campanuda y falsamente digna del 13 de marzo de 2004, al decir «los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos mienta, que nos diga siempre la verdad». Las mentiras de ZP son tantas ya y tan publicitadas que no necesitan de mayor encarecimiento. Pero éstas de Rubalcaba… ¡ay, qué mala es la hemeroteca para el político demagogo y fantoche!

Las actas se comentan solas. En un país serio hubieran causado la dimisión en bloque del Gobierno y la convocatoria inmediata de elecciones. Lo malo es que España hace tiempo que dejó de ser un país serio en términos institucionales. Y cuando el conjunto de señorías se compone en su mayor parte de mediocres, trepas, lameculos y aprovechateguis de diverso tamaño y pelaje, sin más criterio que su propio beneficio o, todo lo más, el de su partido, no puede esperarse un cambio de dirección en los asuntos de la res publica. ZP negocia con todos ellos la soberanía nacional, a cambio de mantenerse en el poder, cosa que a toda esa tropa le interesa y a nosotros nos perjudica. El interés (privado y espúreo a partes iguales) de cada uno de ellos es el «anillo para gobernarlos a todos» del que dispone ZP.

Todo este conjunto de cosas hace desear que, a pesar de que Rajoy no da muchos motivos para confiar en él (su incomprensible apoyo a la guerra de Libia, o la discriminación lingüística en Valencia y Galicia, calcada de la catalana), sea él el próximo inquilino de Moncloa, en vez de ZP o (Dios no lo quiera), Rubalcaba o Chacón (excelso ejemplo de teatro dentro del teatro eso de la «pelea sucesoria»)…

Guerraguerraguerrraguerra


Zetapé, quién te ha visto y quién te ve. Han bastado 8 años para que el gremlin ocupante de la Moncloa diera un giro copernicano a su política de defensa. Eso no debería sorprender a ustedes, porque a fin de cuentas ZP es un sujeto que fía más a la geometría variable que al sentir del pueblo, la «voz de la calle» cuyo sonido reclamaba que fuese escuchado por el señor de los bigotillos (y que ahora tan descaradamente ha desoído).

También es muy significativo el silencio de los borregos de la zeja, ésos que justamente hace 8 años se desgañitaban contra Aznar, y le decían de todo menos bonito. Cabe imaginarlos reunidos en el edificio del Círculo de Bellas Artes de los Madriles (antigua cheka, cómo no), discutiendo qué postura tomar ante este giro copernicano, este volantazo que ha dado nuestro Gran Timonel…

–Bueno, ¿qué hacemos? –inicia la sesión Almudena Grandes, la de las monjas y los mineros sudorosos–.

Pilar Bardem le responde, dubitativa:

–Hija, es que nos lo ha puesto muy difícil esta vez. Lo otro era más fácil porque no gobernaban los nuestros; pero que los nuestros hagan lo que esperaríamos de los otros…

Tercia Alberto Sanjuán:

–Nada, nada, que esto es culpa de la COPE, la Conferencia Episcopal y el PP. ¡Hay que acabar con ellos!

Las dos próceres le miran con desaprobación, torciendo el gesto, y dice Grandes:

–Deja eso que ya no cuela.

–Ah, bueno –dice Sanjuán y se calla.

Total, que tienen montado todo un cirio epistemológico y existencial. Mientras tanto, los españolitos de a pie se preguntan qué se nos ha perdido a nosotros en las arenas libias, cuando:

a) Estados Unidos da a entender que preferiría largarse de allí.

b) Alemania no va porque es período electoral y no conviene que mueran soldados alemanes allende las fronteras de su país (además, al parecer no tienen a ningún Rommel entre las tropas que en otras circunstancias les hiciera quedar bien).

c) Italia, que ya ha amenazado con retirar sus tropas si no se trata de una misión humanitaria.

Et la France? No sabemos cuáles son exactamente los intereses de la France en la zona, aparte del petróleo y otros convenios comerciales que puedan existir. Además, no hay gobernante que resista la tentación de entrar en la Historia gracias a una guerra. Sarko, que se cree ahora Napoleón redivivo, pretende matar unos cuantos mosquitos a cañonazos en Trípoli. Pero claro, como queda feo que vaya él solo, vistas las reacciones de los amigos (supongo que la reacción de frau Merkel le habrá decepcionado muchísimo), Sarko, ni corto ni perezoso, habrá descolgado el teléfono desde el palais de Matignon llamando a Moncloa…

–Mi querido Monsieur Zapatego… Hace muchos días que no hablaba con vos… Comment allez vous?

–No, si comentar no hay mucho que comentar… –farfulla Zapatero, que no es muy ducho en tema de idiomas. Además, está dolidísimo porque la Gaceta, ese diario de la caverna, ha publicado que el 2 de abril ZP iba a despejar la duda de si se presentará o no a las elecciones de 2012 y los barones están por pedir su cabeza en vez de apoyarle.

Bon, bon… Bueno, lo que os quería plantear es que tengo una cuenta pendiente con Libia y quisiera saber si puedo contar avec vous para cette voyage.

ZP no vacila un segundo:

–Claro que sí, Nicolás. Conmigo puedes contar para lo que te haga falta.

Oh, c’est magnifique! –Sarkozy revienta por los costados de satisfacción–. Nous ferons un gran pacto, une grande entente, mon cher ami! Desde lo alto de cette jaima, quarante soldats nous contempleront! –añade, entusiasmado–.

ZP no ha entendido lo de la entente, pero le ha quedado clara una cosa: que su métier es ir detrás del amo francés y meterse donde le ordenen. Ahora lo único que le queda es vender que para una intervención humanitaria como la que se prepara en Libia. Lo malo es que, sin darse cuenta, ya ha dado órdenes de que partan aviones y se cedan bases para uso, sin avisar al Congreso. «Obama lo ha hecho y nadie se lo ha echado en cara», se dice, apartando la idea de una posible reprobación.

Dicho y hecho. ZP comparece en el Congreso para pedir un permiso que ya se ha tomado y en la plúmbea sesión únicamente destaca Gaspar Llamazares, que sabe que en 2012 se va forzoso. Rajoy está muy comedido («Noshotrosh shomosh un partido de centro reformishta y no bushcamosh la crishpación») y parece más que le da unas amables collejas obligado por su papel de «partido principal de la oposición». Al final, para votar a favor de la intervención y hacerle la ola a ZP, que está encantado y se divierte, a pesar de todo.
 

¿Se habrán dado cuenta (o les importará) a los señores que han votado a favor de la intervención militar (de humanitaria, lo que un servidor de ustedes de astronauta) que si un soldado español muere, como no se ha reconocido que lo de Libia sea una guerra, ni a su viuda ni a su hijo (caso de que los tenga) no les quedará una pensión de viudedad/orfandad, dado que los ataques que se registren en la zona tendrán la consideración tan sólo de «actos terroristas» y no de «acciones militares»?

LA ADVERTENCIA DE EUROPA A AMÉRICA

Los peligros de imitar a Europa en el camino a una mayor regulación, impuestos más elevados y un poder centralizado.

Original aquí.

Recientemente, en un programa de radio de entrevistas, me preguntaron cuál era mi opinión acerca de la idea de que Barack Obama hubiera nacido en Kenia. «¡Bah!», les dije. «Su presidente ha nacido realmente en Bruselas».

Los conservadores americanos han intentado por todos los medios que el presidente defina cuál es el sentido de sus políticas. ¿Es un socialista? No. Al menos, no en el sentido de pretender que el Estado sea el titular de las industrias estratégicas. ¿Pretende acaso volver a aplicar el New Deal gastando cantidades ingentes de dinero, en la línea de Franklin D. Roosevelt o Lyndon B. Johnson? Tampoco es eso, exactamente.

Mi teoría es que, en todo caso, Obama explicaría su política usando la misma terminología que los eurócratas. Diría que quiere una América más justa, una América más tolerante, una América menos arrogante, una América más comprometida. Si dejamos de lado esas grandes palabras y nos centramos en lo que significan, nos encontramos con lo siguiente: más impuestos, menos patriotismo, un mayor papel de las burocracias estatales y una transferencia de soberanía a instituciones de ámbito mundial.

Lo que Obama está llevando a cabo no es en modo un conjunto de medidas aleatorias y desordenadas, sino un completo plan de europeización: sanidad pública a la europea, impuestos sobre el carbón a la europea, cuidados diarios a la europea, educación universitaria a la europea… Incluso una diplomacia a la europea, basada en la estrecha colaboración con tecnocracias supranacionales, el desarme nuclear y la renuencia a desplegar unidades militares más allá de sus fronteras.

Ninguno de sus predecesores presentó un apoyo tan acrítico respecto de la integración con Europa. En su verdadero primer viaje a Europa como Presidente, Obama declaró que, «en su opinión, no existen la Vieja Europa y la Nueva Europa. Existe la Europa Unida».

No dudo de la buena intención de aquellos americanos que pretenden copiar el modelo europeo. Unos pocos de ellos pueden ser esnobs que tal vez lleven con orgullo su etiqueta de «euro-entusiastas». Pero la mayoría de ellos cree que conseguir que su país sea menos americano y adaptarlo a como es el resto del mundo lo haría más confortable y pacífico.

Muy bien: el crecimiento económico se ralentizará, pero mejorará la calidad de vida. Estupendo: los impuestos crecerán, pero los trabajadores podrán dejar de preocuparse de la enfermedad o el desempleo. Fantástico: los Estados Unidos dejarán de ser una superpotencia, pero quizá eso haga que los americanos caigan más simpáticos. ¿Es verdaderamente tan terrible un «futuro europeo»?

Sí. He sido europarlamentario durante 11 años y he podido comprobar de primera mano lo que implica adoptar el modelo político europeo.

La diferencia fundamental entre los Estados Unidos y Europa tiene relación con la ubicación del poder. Los Estados Unidos se fundaron sobre lo que podríamos llamar, más o menos, el «ideal de Jefferson»: el principio de que las decisiones deben tomarse tan cerca como sea posible de la población a la cual afecten. La Unión Europea, en cambio, se basa en el principio contrario. El artículo primero del Tratado constitutivo de la Unión conmina a los Estados firmantes a «establecer una unión cada vez más estrecha».

Esta distinción comporta grandes consecuencias. Los Estados Unidos han desarrollado una serie de instituciones únicas diseñadas para contrarrestar el poder del Estado: instancias de revisión, propuestas de votación, normas equilibradas de presupuestos, listas abiertas, importancia del ámbito local, derechos de cada estado frente a la legislación federal, elección directa de los cargos públicos, desde el sheriff hasta los maestros de escuela… En cambio, la Unión Europea deposita el poder en manos de los 27 Comisarios, no electos e invulnerables ante la opinión pública.

La voluntad del pueblo es generalmente considerada por los eurócratas como un obstáculo a superar, no un motivo para cambiar de dirección. Cuando Francia, Holanda o Irlanda votaron en contra de la Constitución Europea, los resultados fueron absolutamente ignorados y el documento se aprobó a pesar de los votos en contra. Para Bruselas, la doctrina en boga (los Estados-naciones deben ser trascendidos) se consideran más importantes que la libertad, la democracia o el imperio de la ley.

Esta doctrina tiene unos cuantos efectos malignos. Por ejemplo, ha dificultado enormemente la asimilación de los inmigrantes. Mientras los Estados Unidos se basan en la idea de que cualquiera que acepte los valores americanos puede convertirse en americano, la Unión Europea se aferra a la idea de que las identidades nacionales son anacrónicas y peligrosas. No es sorprendente que algunos recién llegados, viendo que sus Estados de adopción los desprecian, se hayan vuelto hacia otras identidades que no les obligan a pedir disculpas por su condición.

El único aspecto negativo de la europeización es su impacto en la economía. Muchos estadounidenses y europeos poseen una memoria colectiva de cómo Europa consiguió combinar con éxito el crecimiento económico y la justicia social. Como muchos mitos populares, la idea del «milagro económico europeo» tiene cierta base. En el período 1945-1974, la Europa occidental superó a los Estados Unidos. Europa se hallaba en condiciones ideales para crecer rápidamente. Las infraestructuras fueron destruidas durante la guerra, pero a pesar de todo, quedaba una mano de obra hábil, cualificada y disciplinada.

Siendo como es la naturaleza humana, pocos líderes europeos atribuyeron su éxito al hecho de que se habían reconstruido desde una escasez artificial. Más bien se convencieron de que eran ellos los artífices de las tasas de crecimiento de sus países. Su genialidad, pensaban, radicaba en haber encontrado una tercera vía entre los excesos del capitalismo americano y del totalitarismo soviético.

Ahora, no obstante, vemos a dónde nos lleva ese camino: a la creación de una burocracia mastodóntica, mayores gastos, mayores impuestos, crecimiento más lento y desempleo creciente. Pero no sólo una clase política ha crecido creyendo en su superioridad económica del euro-corporativismo, sino también en su superioridad moral. Después de todo, si el sistema americano fuera mejor (si el pueblo pudiera vivir bien sin la supervisión del Gobierno), se necesitaría menos a los políticos. Como observó una vez Upton Sinclair: «Es difícil hacer que un hombre entienda algo si su trabajo depende de no entenderlo».

No menos importante es el hecho de que los datos económicos no se compadecen en absoluto con la teoría. Durante los últimos 40 años, el nivel de vida de los europeos ha caído por debajo del de los americanos. Además, Europa se ha acostumbrado a tolerar una alta tasa de desempleo estructural. Sólo ahora, cuando los USA aplican una estrategia económica a la europea, basada en estímulos fiscales, nacionalizaciones, subvenciones, la flexibilización cuantitativa la y regulación de las remuneraciones en el sector privado, la tasa de paro de los USA ha alcanzado niveles europeos.

¿Por qué un político europeo está urgiendo a evitar la europeización? Como británico, considero a la república americana como el depósito de nuestras libertades tradicionales. Las doctrinas enraizadas en el derecho consuetudinario, en la Magna Carta y en la Carta de Derechos encuentran su expresión más plena en el viejo palacio de justicia de Filadelfia. Gran Bretaña, como resultado de una desgraciada pertenencia a la UE, ha entregado buena parte de su derecho a existir como nación. Pero nuestras libertades todavía sobreviven en América.

Lo cual me lleva a considerar la actual tragedia de mi país. Los miedos que los patriotas americanos alimentaban respecto de una tiranía de la dinastía Hanover se revelaron exagerados. El Reino Unido no se transformó en un Estado absolutista. El poder, por el contrario, se desplazó de la Corona a la Cámara de los Comunes.

Hasta ahora. Casi dos siglos y medio después de la Declaración de Independencia, las sombras que entonces se adivinaban han devenido una realidad, aunque tarde. El Gobierno detrae cantidades colosales de dinero para dotar los rescates y nacionalizaciones prácticamente sin autorización parlamentaria. La legislación se ha incrementado a través de lo que se llaman «órdenes permanentes» (a menudo, para implementar los estándares europeos).

¿Cómo de acertado será el pueblo británico al aplicar contra sus propios gobernantes las rimbombantes frases de la Declaración de Independencia, «que han combinado con otras para someternos a una jurisdicción extraña a nuestra Constitución y no reconocida por nuestras leyes?

Imaginad entonces cómo me siento cuando veo a los USA cometiendo los mismos errores que cometió Inglaterra: engordar el Gobierno, regular el comercio privado, centralizando su jurisdicción, rompiendo la relación entre impuestos y representatividad, abandonando su soberanía.

Merecéis algo mejor, primos. Y nosotros lo esperamos.

Mr. Hannan es miembro del Parlamento Europeo. Este ensayo ha sido adaptado del Encounter Books Broadside «Por qué América no debe imitar a Europa».

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General Dávila

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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