¿Quién teme a Carrillo II?


Capilla “infrautilizada”. Ya.

Qué oportuno ha sido, señores, el intento de cierre de la capilla de la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense. Toda una alegoría de lo que ocurre en una de las Universidades otrora más señeras de España. Se extrañarán ustedes de que utilice la palabra «oportuno». Pues sí: ha sido oportuno porque aquí se han retratado muchos, tanto por acción como por omisión.

Personajes

El primero de todos, naturalmente, Carrillo II, digno hijo de su padre. Desde las zahúrdas del infierno Carrillo I estimará que su vástago es un honroso sucesor. Y no solamente porque pretenda lo que pretende, sino por la alevosía, premeditación y nocturnidad con que lo pretende. Pretendía cerrar la susodicha capilla en vacaciones, que es cuando los políticos cometen sus fechorías (acuérdense de esa fechoría king size llamada Ley Orgánica del Poder Judicial, perpetrada un 6 de agosto): hace un calor del carajo, la gente está en la playa y a la vuelta de septiembre se iba a encontrar con el hecho consumado.

Después, el Decano de la Facultad, que no se sabe muy bien si actúa motu proprio o por orden superior. Tanto en un caso como en el otro, debería darle vergüenza de intentar algo así por orden superior: es señal de falta de autoridad, incapacidad para gobernar su área y de dependencia absoluta de otro, que es el verdadero macho alfa. El Decano, al parecer, es el macho alfalfa de esta mala película de serie B.

Pese a todos los esfuerzos y a que la subsistencia de la capilla pende de un hilo, los estudiantes se han movilizado y por de pronto ni al Decanato ni al Rectorado les ha sido posible cerrarla del todo, aunque han cambiado la cerradura (nuevamente con alevosía y nocturnidad) de la misma, de forma que no se puede ni entrar ni salir. Así está planteado el conflicto. Más aún, teniendo en cuenta que el Rector ha ofrecido un espacio sustitutivo para la capilla que resulta completamente impracticable.

Al resto de personajes, por desgracia, ni están ni se les espera. Y menos que a ninguno, al ministro Wert, de quien se cree que tiene un pie fuera del Ministerio y cuyo destino sería la Universidad. No le interesa remover la cuestión porque cualquier intento de corrección de errores sería interpretado correctamente como un gesto poco amistoso: «¿Tú nos has quitado el cortijo y la bicoca y ahora quieres ser de los nuestros? Anda ya». Y, claro, siguiendo el axioma marianista de que «uno está en política para hacer amigos», no iba el futuro exministro a hacer amigos antes de llegar a su nuevo destino. Siendo, por desgracia, el único que podría arreglar las cosas promoviendo las modificaciones legales convenientes —al carajo el pataleo de la izquierda, que ya lleva demasiado tiempo desgraciando generaciones en la poltrona universitaria—. Que para eso se les dio una mayoría absoluta, oigan.

El verdadero problema

El verdadero problema —por encima de cualquier otra consideración— es que el Rector no responde en realidad ante nadie. No, desde luego, si tiene agarrado a los claustrales por donde no suena. Claustrales que, según la legislación vigente, son los únicos que podrían descabalgarle de su poltrona. Carrillo II puede hacer en «su» Universidad lo que le dé la puñetera gana, pues nadie se lo va a afear.

¿Dónde está el misterio?, se preguntarán ustedes. Pues en la cacareada autonomía universitaria, ésa que permite que un Rector impida el paso a la policía aun tratándose de que ésta haga su trabajo. Así, pues, Carrillo II permite la entrada en el recinto universitario a delincuentes que se dedican a amedrentar, ya sea de forma verbal o física a quienes se han significado por expresar públicamente su fe católica o incluso a asociaciones de estudiantes en el mismo sentido. Y por el artículo cinco (por el culo de la hinco), veta la entrada a las fuerzas del orden que, avisadas y comparecidas, intentan detener a esos gamberros apadrinados.

Y luego está la verdad de la verdad, el perquè de tot plegat, que diría Quim Monzó. La Complutense se cae a cachos debido a una gestión pésima, no solamente por parte de su rector actual, sino por el antecesor de éste, el rector Berz… osa, al que ya descubrieron unos cuantos agujeros tras una auditoría externa. Los nacionalistas se envuelven en su bandera… y rectores impresentables como Carrillo II se envuelven en su anticatolicismo. Entre paréntesis: no se dejen engañar por sus autoproclamaciones de laicismo o ateísmo. En primer lugar, porque «laicos» somos todos los que no hemos recibido el sacramento del Orden sacerdotal, no los que no creen, que son ateos, sin más. Y en segundo lugar, porque un servidor ha conocido ateos mucho más respetuosos que esta patulea a la que Carrillo II dice representar. Sin ir más lejos, en la «laica» Francia, la Universidad de la Sorbona mantiene una capilla para que aquellos que lo deseen puedan usar de ella como lugar de culto católico. Naturalmente, Spain is different. En la Europa civilizada el que no es católico simplemente no va a la iglesia. Aquí no: los trogloditas disfrazados de anticatólicos imponen (sí, imponen) el cierre de las iglesias. El siguiente paso será perseguir a los católicos como hacen ya en los países musulmanes estrictos.

Otras derivaciones

Carrillo II intenta impedir que se celebre un culto en, lo hemos dicho antes, «su» Universidad. Sus excusas, entre peregrinas y estúpidas, no son sino la cortina de humo tras las que se esconde la violación flagrante de un derecho fundamental, protegido por el artículo 16 de la Constitución, el cual menciona la aconfesionalidad. Vocablo que algunos confunden interesada y falsariamente con ateísmo. Lo que la aconfesionalidad significa es que el Estado no impone ninguna religión, como ocurriría en el caso musulmán —que es confesional, y cómo—. Y que, por tanto, todas estarían permitidas, salvados los requisitos de respeto al orden público. De esa aconfesionalidad deriva, por tanto, la protección a los cultos religiosos. Lo que pretende Carrillo II es, pues, constitutivo de delito. Concretamente, el del art. 523 CP, que paso a transcribirles:

El que con violencia, amenaza, tumulto o vías de hecho, impidiere, interrumpiere o perturbare los actos, funciones, ceremonias o manifestaciones de las confesiones religiosas inscritas en el correspondiente registro público del Ministerio de Justicia e Interior, será castigado con la pena de prisión de seis meses a seis años, si el hecho se ha cometido en lugar destinado al culto, y con la de multa de cuatro a diez meses si se realiza en cualquier otro lugar.

Dudo mucho que alguien tenga agallas de denunciar al Rectorado o incluso al Decanato de Geografía e Historia con base en este artículo. Pero tengo esperanzas. Todo mi apoyo, pues, a esos estudiantes que se han concentrado para impedir el cierre. Un cierre impulsado por un sectario que nunca debió llegar a Rector y que ha corrompido moralmente la Universidad para poder seguir él en la poltrona. En resumen: ¿quién teme a Carrillo II? Todo el mundo… menos los católicos. Será eso lo que el hijo del Marqués de Paracuellos no puede soportar.

Anuncios

2 comentarios en “¿Quién teme a Carrillo II?

  1. Menudo Hipoputa el Carrillo. No me extraña nada que en esa Universidad, gobernada por semejante, crezcan cardos borriqueros o Borregueros como el Sr. Iglesias. Así nos va.

Gotas que me vais dejando...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s