Ermua

Ermua es un pequeño pueblo de Euskadi. Uno de esos pueblos que se pierden en la campiña vasca, interminablemente verde y salpicada de baserris y caseríos diversos. Ese pueblo queda ahora en la memoria de muchas personas de bien porque por estas fechas, hace diez años, se secuestró y asesinó vilmente a un ermoatarra. ETA fue su juez y verdugo. ¿El delito? Ser concejal en el ayuntamiento de su pueblo siendo del PP, ese partido al que todos los demás partidos quieren borrar de Euskadi. Su nombre era Miguel Ángel Blanco Garrido. Un joven de 29 años, cuya mayor preocupación era ir todos los días a su trabajo en una asesoría.

No es momento –o sí– de caer en la cursilada de decir «Todos somos Miguel Ángel», entonada con cierto aire compungido. Sí es momento, desde luego, de recordar que Miguel Ángel Blanco entregó la vida por sus convicciones. Y es momento de echar la vista atrás para decir que su sacrificio no fue en vano. Que su asesinato marcó un antes y un después con ETA. Se hizo algo que no se había hecho antes. La calle fue de los violentos hasta ese fatídico 10 de julio de 1997. A partir de esa fecha, fue el pueblo, sin más, quien tomó la calle. Fueron las gentes de bien que ya no se resignaron a encerrarse en casa y ETA, «valiente» contra un hombre solo, empezó a recular cobardemente cuando el pueblo vasco (y no sólo el vasco) se le echó encima. Incluso algunos prohombres del PNV, un partido cuyo presidente Arzallus decía entonces que «a ETA no hay que derrotarla» y que mencionaba satisfecho su «teoría del árbol y de las nueces», comenzaron a tentarse el cuerpo.

Es momento también de recordar que Irantzu Gallastegui habló del asesinato como una ekintza (acción «militar», en la terminología etarra) que iba a cambiar mucho las cosas en Euskadi. Y así fue: tantas fueron la crueldad y el desprecio por la vida de Miguel Ángel que las cosas ya no pudieron ser igual. El apellido Gallastegui tiene mucho peso y tradición en ETA. El abuelo de Irantzu, Eli Gallastegui, Gudari, fue el precursor de ETA (habiendo sido también secretario de Luis de Arana, hermano del Fundador; y su tío Iker, Gatari, dio el «gran salto adelante» de convertir a unos jovenzuelos nacionalistas radicales en terroristas y asesinos.

En mi modestísima opinión, hay dos libros que explican y mucho el por qué y el cómo de ETA y que recomiendo encarecidamente a quien quiera adentrarse en las causas y consecuencias de ETA. El primero es El bucle melancólico, de Jon Juaristi (Premio de Ensayo 1997, Espasa-Calpe). Un lúcido alegato contra las mentiras que se convierten en dogmas a fuerza de ser repetidas; contra los dogmas que se convierten en tradición a fuerza de pasar de generación en generación; y contra las tradiciones que se convierten en religión a fuerza de ser impuestas por quienes se creen intérpretes únicos de la voluntad de una diosa sedienta de sangre («la vieja que pasó llorando»). Un libro que además posee el valor añadido de ser escrito por alguien que, criado en el microcosmos nacionalista, militó en ETA y consiguió salir vivo de la organización.

El segundo libro cuya lectura recomiendo es ETA: El saqueo de Euskadi, escrito por los periodistas Isabel Durán y José Díaz Herrera (Planeta, 2003). Sus aproximadamente 800 páginas son un caudaloso río que nos conduce, capítulo a capítulo, de la sorpresa y el estupor al horror y al espanto (y cómo no, al enojo: el enojo de ver cómo los sucesivos Gobiernos de España permitieron que las cosas llegaran a donde llegaron con ETA). Con todo lujo de detalles se relatan las debilidades de la «democracia del consenso», las traiciones peneuvistas en aras a conseguir las mismas finalidades que los etarras y los errores socialistas (sobre todo, el de pensar que «todos estaban o podían estar en el mismo barco»).

Nadie mejor que Marta Bergaretxe, madre de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur (miembro de ETA presuntamente asesinado por la propia banda porque descartaba la vía militar para conseguir la independencia), pudo definir mejor en qué se ha convertido ETA al cabo de los años: «ETA es hoy una banda nazi y mafiosa. En ETA un pequeño grupo de fanáticos sigue creyendo que en este país no puede haber democracia» (agosto de 2000).

Por encima de todo, fue el odio lo que segó la vida de Miguel Ángel Blanco. Odio a España y lo español mamado en las familias abertzales (tiene narices que abertzale signifique «amante de la patria»). Odio enseñado y aprendido en ikastolas que, como muestran Isabel Durán y José Díaz Herrera, son la kantera de los cachorros de ETA, que se foguean primero en la kale borroka y después ya se integran en la banda como terroristas hechos y derechos. Fueron los 30 años de pasividad de los Gobiernos centrales. Fueron las traiciones, grandes o pequeñas, que los nacionalistas «moderados» perpetraron contra la democracia, consentidas por los socialistas (los Egiguren, Elorza y López, al menos) por mero cálculo electoral.

La única política que de verdad sirvió contra ETA fue la que llevó a cabo José María Aznar. El berreo socialista de que «también acercó presos» no puede tapar el hecho de que gracias a la Ley de Partidos a ETA se le acabaron muchas bicocas. De paso, al PNV también: precisamente por andar de la mano con ETA cuando les convenía fueron expulsados de la Internacional Demócrata Cristiana (IDC). Y Zapo está deshaciendo ese camino, simplemente porque necesita al PNV, y el PNV le pasa factura política exigiendo ayudas para los «hermanos descarriados». Cediendo al chantaje terrorista, Zapo nos está colocando ante una situación pre-Ermua. Esperemos que no le dé tiempo a completar el contra-proceso.

Miguel Ángel, no te hemos olvidado. Ni a ti ni a las casi mil víctimas vilmente asesinadas, ni a los cerca de 250.000 vascos que han tenido que irse de su tierra por estar amenazados de muerte o por haber sido brutalmente cercenado el núcleo familiar. No os olvidamos a ninguno. Y esperamos que algún día podáis volver a vuestra verde tierra, sanos, salvos y por encima de todo, vivos.

Desequilibrios sexuales

Ésta es la expresión que utiliza Libertad Digital para definir la situación del Gobierno después de la llamada «minicrisis». De forma un tanto sorpresiva pero en su tono campanudo habitual, Zapo anunció ayer que había novedades en cuanto a la composición del Gobierno. De paso, se ha cargado la tan cacareada paridad. Y es que daba risa ver el viernes a la pobre Vogue intentando justificar que «en realidad sigue existiendo paridad«, cuando son ahora 9 hombres y 7 mujeres. Eso, a no ser que alguno de los ministros presente un lado femenino del que no teníamos noticia, con lo cual ya se podría medio justificar la salvaguarda de la «paridad».

Como en un equipo de fútbol (ay, omnipresente fútbol) pero sin las limitaciones de sustitución en el noble arte del balompié, Zapo ha hecho los siguientes cambios:

1. Vivienda. Se va María Antonia Trujillo y entra Carme Chacón. En realidad, el Ministerio es de por sí bastante inútil (algo que estoy seguro que en todos los blogs de la red Anti-ZP se habrá puesto de manifiesto de una forma u otra), por no hablar de las reminiscencias históricas del nombre (si Franco levantara la cabeza…); pero ya que existe, deberían haber puesto a su frente a alguien más competente que la menestra Trujillita. La cual, además, predicaba con el ejemplo: todos nos acordamos del «despacho Zen» (77 m2) de la menestra, al tiempo que predicaba las soluciones habitacionales, de menos de la mitad de superficie. Y de su vivienda particular, que al parecer es diez veces más grande que la solución habitacional media. Lo peor: a mí me da que lo que le han dado a la señora Chacón no es un premio (a pesar de que dicen que ha hecho un «gran trabajo» en el Congreso)… pero en fin, el tiempo que le queda hasta marzo lo dirá.

2. Cultura. Se va Carmen Calvo y entra César Antonio Molina. La principal ventaja del titular entrante de la cosa es que no es un efecto de la «patada hacia arriba» que en su momento practicaron Rodríguez Ibarra y Chaves. En cuanto a la titular saliente, ya respondió Muñoz Alonso a José Álvarez Solís (paisano de la menestra en cuestión) en tiempos de Franco «Más respeto para el latín, que gracias a él los nacidos en Cabra son egabrenses» cuando el inefable Ministro-Secretario del Movimiento clamaba aquello de «Más deporte y menos latín». Parece que el cuento de «Carmencita en el país de las IVAmaravillas» no ha tenido buen final, porque los miserable roedore a quien ella tanto ayudó han pedido ahora su cabeza en bandeja de plata. Don César tendrá que apechugar con la Ley del Cine, que ha tenido la virtud de unir a la mayoría de los sectores afectados en contra de la menestra Pixidixi. Y de aquí a marzo, veremos en qué ejercita su pluma el flamante señor ministro. Igual, ahora que estamos cambiando letras a «clásicos españoles de siempre» (léase Ay, Carmela), le da por escribir algo como esto…

Yo no maldigo mi suerte
porque plumero nací;
Y aunque me ronde la muerte
no tengo miedo a escribir…

Lo peor: me quedo con las ganas de ver a doña Carmen en bikini, a semejanza de aquella concejal popular de Lepe que dejó que la brisa acariciase su cuerpo serrano al natural a fin y efecto de arañar uno cuanto de voto. Y es que lo bonito no hay que esconderlo, doña Carmen…

3. Sanidad. Se va Elena Salgado y entra Bernat Soria. El entrante de la cosa, a diferencia de don César, sí es conocido fuera de lo que es su medio, principalmente por la capacidad de halagar estratosféricamente a sus superiores. Nada más conocer su nombramiento, a don Bernat se le escapó esta perla de unos labios que debería haber mantenido cerrados: «A Zapatero yo le daría el premio Nobel de la honestidad». Se le notan las ganas de «quedar bien» (en detrimento de la verdad y la realidad; pero es sabido que a los progres se les da un repepino tanto la una como la otra) y en eso ya apunta «más que maneras». No me cabe duda de que dentro de poco, cuando ya esté bien sentado en el Ministerio, don Bernat dispondrá de un laboratorio mayor que el que tenía en Sevilla y nos deleitará en sus muchos ratos libres con el cuento de «Alí Babá y los cuarenta embriones». Doña Elena, al igual que doña Carmen es un paradigma de la unidad, también en contra (la de los médicos y ATS, la de los no fumadores y la del sector vinícola en pleno). Remedando al ilustre vate…

Tres fueron tres las leyes de Elena;
tres fueron tres y ninguna fue buena.

4. Administraciones Públicas. Se va Jordi Sevilla y entra Elena Salgado. ¡Pero bueno! ¡Manda carallo!, que dijo el otro. Nos quitan al simpático Jordi Sevilla, amante del Valencia y la fideuá y nos ponen a la acibarada Elena Salgado. Don Jordi Sevilla, que hasta tiene blog ¡y sin moderar comentarios!, como debe ser (tomara nota del detalle Pepiño Blanco: si éste los modera es porque intuye que le van a pagar con la misma moneda que él reparte). Por lo poco que he podido leer y saber de don Jordi, ha sido el único de los ministros del Gobierno 1.0 con verdadero talante, que ha sabido no crearse enemigos dentro de casa gracias a su capacidad de diálogo y de trabajar alejado del relumbrón de los medios, que no es poca cosa. Ha acercado la Administración a las nuevas tecnologías (es una buena cosa ir eliminando a una de las perpetuas residentes del humor español: la ventanilla). Al parecer, le traicionó su subconsciente valenciano: mostró muy poco entusiasmo por las reformas estatutarias y en especial por la catalana, la cual es un burdo intento de reescritura del Título VIII de nuestra Carta Magna. Y eso le costó el cargo (a Puigcercós y Tardà no se les puede dar largas y es mejor no estar en desacuerdo con ellos). Parece que lo van a mandar a Valencia, a renovar el PSPV. Mucha falta hará allí, porque vencer al tándem Camps-Barberá ni puede hacerlo cualquiera, ni en dos días. Deseamos que don Jordi tenga muchos éxitos, que éstos lo sean a favor de todos los valencianos y que todo ello redunde en beneficio del conjunto de España.

Y ahora, un ruego. Doña Elena, ande, sea buena y permita que los funcionarios fumen en sus lugares de trabajo (lo hacían antes aunque su espacio de trabajo estuviera lleno de carteles en sentido contrario). ¿Qué es un funcionario que no puede fumar, que no se puede tomar su chatillo de vino en el bar durante la media hora del bocata? ¿Eh? ¿Eh? Yo se lo diré, doña Elena: un alma en pena. Compadézcase y no se lo prohíba, mujer. Hágame caso. Verá cómo por Navidades le regalan una botella de Albariño y la invitan a cenar lacón con grelos en el «Rio Miño».

En fin, que muy largo va este artículo pero la ocasión lo merecía porque éste será, probablemente, el último cambio de Gobierno de aquí a marzo. De algunos que se quedan y debieran haber sido despachados hablaremos en un próximo artículo.

Euroislam

La fértil imaginación de los enemigos de España y de su esencia no descansa ni tiene freno. En esta ocasión hablamos de los islamistas radicales, que nuevamente y al socaire de la «Alianza de Civilizaciones» pretenden dar a luz un nuevo invento: el llamado Euroislam.

¿Y en qué podría consistir este llamado «Euroislam»? Por las trazas, hemos de pensar que se trata de un Islam ad usum delphini. Es decir, semejante a los toros con los cuernos afeitados para que el diestro «no sufra demasiado» en caso de ser embestido por el morlaco. Vamos, que nos quieren vender la burra de que el Euroislam es la panacea de todos los males porque, para empezar, «escoge lo mejor del cristianismo, del islam y del marxismo». Lo cual es una forma como otra cualquiera de decir que se mezclan churras con merinas para venderlo mejor. Recuerda mucho al famoso eurocomunismo de Carrillo y Berlinguer (un comunismo con rebajas que no convenció a nadie).

Ésta parece ser la propuesta del «Liderazgo Popular Islámico Mundial», reunido en Córdoba hace pocos días. Se trata de vender el islam con la pátina marxista para darle un aire «moderno» y mezclarlo con un poco de cristianismo porque, en realidad, «no hay tanta diferencia». Sin embargo, el islamismo no puede esconder su componente radical y excluyente (demostrable en la práctica: donde están ellos no hay ni puede haber sitio para nadie más). Creo que éste es el punto más importante de la famosa «propuesta).

Así pues, siguiendo el símil taurino, el morlaco tiene los cuernos afeitados, pero sigue siendo un morlaco de media tonelada, que arrasa con todo lo que se le ponga por delante. No nos debe engañar el intento de pintar a la bestia menos fiera de lo que es en realidad. Los islamistas radicales con piel de cordero (distingo perfectamente entre musulmanes e islamistas radicales) van a la conquista de Europa. Y saben perfectamente que una España debilitada y complaciente con ellos (a saber si Zapo les debe algo) es la puerta de entrada perfecta.

En Europa algunos países están tomando medidas. Inglaterra, sobre todo, después del último intento de atentado. Alemania, debido a la numerosa comunidad turca que alberga. Pero sería bueno también que Europa entera acudiese al rearme moral. Perdidos en un relativismo moral que nos deja inermes ante cualquier agresión ideológica (el islamismo radical es ideológicamente muy agresivo), se ha tratado de dar una imagen de una Europa asépticamente «laica», sin ligazón alguna con la religión por miedo a la identificación con el fanatismo religioso (entre paréntesis: ¿por qué tiene tan mala prensa el fanatismo católico en comparación con el islámico?).

Y yo, de forma humilde y particular, propongo que se tenga en cuenta el peso histórico de la tradición cristiana. Porque en verdad, lo único que ha sido capaz de unirnos hasta ahora a los europeos han sido los valores humanistas de la tradición cristiana, desde Carlomagno hasta Lutero. Es muy cierto que se cometieron errores, pero yo entiendo que esos errores tuvieron muy poco que ver con los valores humanistas cristianos a los que me refiero. En este contexto, me parece repugnante el intento de Giscard d’Estaing, ese masón de grado 33 (o sea, con grado de Maestro), de eliminar de un plumazo precisamente aquello que durante más tiempo nos ha unido cultural y espiritualmente: la tradición cristiana y sus valores.

No estoy proponiendo una vuelta a la Edad Media cultural, ni mucho menos. Pero frente a los intentos de invasión cultural del Islam, estaría bien que Europa recordase de dónde viene para saber a dónde va y con quién puede compartir ese trayecto.

Mi padre suele considerar a los árabes «la raza lánguida». Mucho me temo que esa afirmación no solamente está desfasada (él habla de hace cincuenta años). La «raza lánguida» somos nosotros, los europeos, ahítos de bienestar y tan autocomplacientes y «tolerantes» en realidad como los estadounidenses antes de septiembre de 2001. Estaría bien que el próximo Gobierno no socialista (que esperamos sea, lo más tardar, en marzo del 2008) se pusiera las pilas en ese aspecto y empezara a poner los puntos sobre las íes. Sabemos que con Zapo eso es impensable. Sin embargo, España lo necesita, incluso más que Europa.

El estado de la canción

Ayer fuimos testigos ausentes del Debate del estado de la canción. Digo ausentes porque el bajo perfil de los políticos que dizque nos gobiernan ha conseguido que el común de los ciudadanos se desinterese de lo que ayer se estaba dilucidando en Cortes. También obró a favor del desinterés el hecho de que las posturas que se iban a enfrentar estaban perfectamente claras:

a) El optimismo filosófico de Zapo, tan aparentemente incurable como una de esas enfermedades raras a las que todos los días se enfrenta el doctor Gregory House en la tele. Para Zapo todo estaba sencillamente «perfecto». Claro, tomando la parte por el todo. Así, si el número de millonarios en España ha crecido, significa que la situación económica es «de cine». Si la ETA no ha matado más que a 3 personas en lo que va de año, se trata de «un éxito en la política de Interior del Gobierno». Etcétera.

b) La catástrofe-hecatombe de Rajoy. Bueno, en realidad no tanto así, porque a fin de cuentas, aunque el país va más o menos mal, todavía tiene posibilidades de ser encarrilado. Pero Rajoy sí señaló las falacias de la versión zapateril de los hechos. Machacó uno por uno los argumentos de Zapo y su visión «aliciana» de la realidad española. Y consiguió situar la credibilidad de Zapo por debajo de cero; al punto de que incluso la claque especializada enmudeció cuando Rajoy se dirigió a ella específicamente.

Normalmente, se debate para llegar a un punto determinado de encuentro, porque quienes debaten están buscando una solución a unos problemas que son el fondo del debate y quienes debaten. Pero ayer no vimos nada de eso. Que esto iba a ser un diálogo de besugos estaba cantado. Que Zapo no iba a contestar a nada de lo que Rajoy le preguntara, también. Uno se pregunta para qué se hacen estos debates, si para quien debe someterse a control y rendir cuentas de su gestión no son más que un puro formalismo.

Digamos, pues, que nada ha cambiado tras el debate del estado de la canción. Si acaso, se han enconado más las posturas del Gobierno y de la oposición. Lo que a los ciudadanos nos queda claro es que Zapo aguantará hasta el final de la legislatura. Y aguantará sin explicar que tratos tiene con ETA o en qué pasos anda con lo de la «Alianza de Civilizaciones», que bien cara nos está costando a los españoles (sin que sea el menor de ellos el ridículo internacional y la esperanza de nuestros amigos extranjeros de que la etapa zapateril se acabe cuanto antes). Aguantará porque no tiene otra opción. Como el púgil que, castigado prácticamente en todas las partes de su cuerpo, sigue presentando el rostro para que se lo martilleen una vez más. Cabría preguntarse por qué o por quién ha decidido aguantar hasta el próximo marzo en vez de marcharse. Sea cual sea la respuesta, como siempre, las patadas se las van a dar en nuestro agónico y sangrante culo.

Decálogo del empresario mercantilista

(Tomado de Libertad Digital. No tiene desperdicio; y habiendo yo estado en México, puedo dar fe de que es cierto lo que dice).

He aquí, en diez sencillos principios, la receta para ser un buen depredador territorial, en México o en donde se pueda:

  1. El mercado es un territorio de tu propiedad exclusiva, incluidos todos los «excedentes» que les puedas sustraer a las piezas de caza que ahí habitan, también conocidas como consumidores o contribuyentes. «Excedente» es todo lo que no es indispensable para la estricta supervivencia de las piezas de caza.
  2. Tu primer deber es defender ese territorio de cualquier intruso (importaciones, inversión extranjera, nuevos competidores, inmigrantes) y de cualquier condición que amenace tu exclusividad, sean leyes que fomenten la competencia, sean impuestos que reduzcan tus rentas, sean disposiciones que te impidan cazar a tus anchas.
  3. El Gobierno existe para defender única y exclusivamente tus derechos adquiridos sobre el territorio de caza. Su misión es establecer sólidas barreras protectoras que impidan la entrada a todo elemento perturbador.
  4. El Gobierno debe, por tanto, cerrar las fronteras a productos, servicios, trabajadores o inversores ajenos al territorio. Si el cierre total de fronteras es inviable, el Gobierno debe establecer barreras arancelarias –lo mínimo aceptable son aranceles del 500%– y no arancelarias que impidan el ingreso de elementos nocivos, como mercancías de mayor calidad o más baratas, trabajadores más competentes o inversionistas dotados de mejores capacidades para la competencia.
  5. El Gobierno, además, debe evitar que tus rentas mengüen por el cobro de impuestos; idear justificaciones y mecanismos –por ejemplo, decretar que tu territorio de caza es «estratégico y prioritario»– que impidan la libre competencia y garanticen tus rentas a través de altos precios.
  6. Del mismo modo, el Gobierno debe contener los salarios en el mínimo indispensable para que se mantengan los niveles de consumo pero sin afectar tus márgenes de ganancia.
  7. Las aduanas existen no para facilitar el comercio en beneficio de los consumidores, sino para proteger a los depredadores exclusivos.
  8. El Gobierno debe facilitar tus labores predatorias mediante créditos blandos o a fondo perdido, con cargo a los recursos públicos.
  9. Otorgarás premios a los políticos que apoyen tu exclusividad en el territorio y castigarás a los que amenacen la «integridad» (léase, exclusividad) del mismo territorio.
  10. No importa si el Gobierno es de derecha o es de izquierda, en ambas posiciones encontrarás políticos y burócratas dispuestos a cooperar con la salvaguarda del territorio de caza.


Expedientes X

Querida Martha:

Muchas gracias por enlazarme en tu blog y paso a comentar tu post más reciente, a cuenta del «preso político más joven de Venezuela». Me imagino que, visto desde allá, es una especie de Expediente X. Y lo digo así porque la referencia televisiva es más asequible a la mayoría de los que puedan leer este artículo que no la referencia a Kafka y a El proceso, mucho más exacta pero más literaria y por tanto, menos inmediata.

Así, pues, tenemos a un joven al que se detiene por «elemento subversivo o antisocial» (todas las dictaduras acaban usando la misma terminología o parecida para designar a sus opositores). Se le detiene más allá del término prescrito por la ley venezolana, violentando el ordenamiento jurídico. No hay pruebas, pero sigue preso. El gobierno del simio rojo dice que «aquí no pasa nada». No hay fecha para un juicio, así que de haberla no cabe esperar que sea ése un juicio justo.

Querida Martha, perdona que lo diga así, tan crudamente. En España siempre dijimos que esas cosas «sólo podían pasar en las repúblicas bananeras» y que, como nosotros estábamos en el Primer Mundo, quedábamos exentos de sufrir tal enfermedad. Pues va a ser que no. Nosotros no estamos ni mucho menos libres de sufrir esa enfermedad por la cual a unos poderes públicos, aun elegidos democráticamente, se les puede ocurrir encerrarte por pensar distinto. O por expresar ese pensamiento diferente ya sea en radio, en televisión o en un blog.

Va a ser que aquí algunas personas «presuntos periodistas», han pedido hace ya algún tiempo desde las páginas de algún diario el cierre de blogs ideológicamente contrarios al pensamiento dominante. Eso es «progresismo», sí señor. Va a ser que aquí se detuvo a dos militantes del Partido Popular bajo acusación de atentando contra la autoridad del entonces ministro de Defensa señor Bono. Los militantes, haciendo uso de su derecho a la tutela judicial efectiva, presentaron la correspondiente querella y una juez de Madrid les dio la razón. Y ahora, los querellados recurrieron, y es el Tribunal Supremo quien les da la razón. Es decir, según nuestro TS, la detención estuvo bien justificada y «a los militantes de ese asqueroso partido fascista derechista les estuvo bien empleado». Brillante. No hay nada que el Tribunal Supremo no pueda arreglar cuando se tuerce en instancias inferiores.

La sentencia no solamente es a sabiendas manifiestamente injusta. El problema en nuestro ordenamiento es que si en el futuro se da otro pronunciamiento sobre un caso de características similares a las del presente, se crea jurisprudencia sobre el particular, que vendrá a avalar las actuaciones discrecionales de un poder ejecutivo salido de madre. Es, sin duda, un expediente X.

Más llamativo es el caso Avui. En nuestro blog ya nos hicimos eco de lo fácil y gratuito que resulta insultar al Ejército. Pues bien: una asociación de militares retirados presentó una querella contra ese presunto periodista y el presunto periódico independiente. Al cabo del tiempo, resulta que la querella de la asociación es archivada por apreciarse la «excepción de cosa juzgada» (existencia de una sentencia firme sobre el fondo del asunto). No se sabe dónde está el auto de archivo y menos la sentencia por la cual se aprecia la «cosa juzgada». Eso es un verdadero expediente X.

Y para no cansarte más, mi querida Martha, te pongo un último ejemplo. Un señor, dizque comediante, llamado Pepe Rubianes, llegó en televisión a «cagarse en la puta España» y no sé cuántas barbaridades más (y lo lamentable no es sólo lo que dijo, sino que el público presente en el plató aplaudía borregamente). Se querellaron contra él. ¿Resultado? Una pequeña multa y «aquí no ha pasado nada». Dime tú lo que duraría en Venezuela alguien que «se cagara» en el país y dijera, por ejemplo, que Venezuela «está llena de maracuchos de mierda». Pues eso es otro expediente X, incomprensible si no se toma en consideración que estamos en la Ex-paña de Zapo y que, por tanto, todo es posible siempre que sea contra España.

En fin, mi querida Martha. Como decimos acá (allá no sé si lo dicen igual), en todas partes cuecen habas; y en casa de uno, a carretadas.

Resaca municipal

Escribo estas líneas con plena conciencia de que «he dejado pasar la ocasión» y de que en absoluto me he dejado vencer por la «premura de la noticia». Yo sabía muy bien que quería esperar hasta que pasara la resaca postelectoral para ver cómo se iban decantando los acontecimientos. Y la verdad: no me ha defraudado. Es decir: no, pero sí. Y acto seguido paso a explicarme.

En una dictadura existe un señor que está por encima de conciudadanos e instituciones cuya voluntad es ley. Él tiene todo el poder y a quien no obedezca ya sabe lo que puede esperar: la prisión, el paredón, la muerte civil… etc. En una democracia, por el contrario, existe la obligación de preguntar al pueblo si seguimos como estábamos o se hace necesario un cambio. Se llama elecciones. Y el pueblo vota y elige a las mismas personas o a diferentes personas de las que había antes para regir la cosa pública. Y no tiene por qué pasar nada: el cambio es el resultado de la normalidad democrática.

Llevamos 30 años de democracia y si Adolfo Suárez pudiese volver de las brumas del recuerdo en que su enfermedad le tiene retenido, se encontraría con que probablemente habríamos retrocedido unos cuantos años. Que los esfuerzos que dedicó a que las Cortes franquistas se hicieran el harakiri sin chistar no habían servido para nada. Que todos los consensos que logró para que pasáramos de una dictadura a una democracia han sido lanzados al retrete.

Pero donde más se ha notado esta dinámica ha sido en las elecciones municipales. Se dice que en ellas «se vota más a la persona y menos al partido». Sería lógico, ¿no? Quien se presenta para alcalde es (o debería ser) alguien conocido en la ciudad. Debería ser conocido por su honorabilidad, su capacidad de gestión y su don de gentes en cuanto a cercanía a los ciudadanos, lo cual haría que las siglas del partido en el que militase quedaran en segundo o tercer plano.

Pues bien. Cada vez estoy más convencido de que se ha rehecho el tejido caciquil que conectaba el poder local con el poder nacional. El proceso no se ha consumado en esta democracia, sino que ya desde el franquismo se empezó a rehacer. Así como todo Estado necesita funcionarios, es decir, personas que hagan funcionar la pesada maquinaria administrativa, a un nivel informal se necesita de personas «fieles» que tengan el control de un pueblo o de una comarca, para así asegurar al partido una cuota de poder en la zona.

Este cuadro no es muy diferente de lo que ocurría durante la Restauración borbónica de 1876: existía el turno de partidos entre Cánovas y Sagasta, hasta que un día se le indigestó el desayuno a Mateo Morral, de profesión anarquista, y de un bombazo hizo desaparecer a uno de los grandes pivotes del sistema: a Cánovas, precisamente. A nivel local, como siempre, eran el cacique y su séquito quienes garantizaban «la paz y la continuidad de ese estado de cosas», por tener la confianza del gran jefe nacional o regional. Y todo estaba «atado y bien atado».

Hoy en día parece que estamos repitiendo el mismo esquema. Se está creando (o existe ya o se repuso en su sitio a «los de siempre») una aristocracia local, que es a lo que se refiere el mal entendido término «sociedad civil». Dicho término no incluye en modo alguno al pueblo, sino solamente a los «hombres primeros del pueblo». Tradicionalmente lo fueron el médico, el boticario, el maestro o el terrateniente. Esta puntualización es importante porque nos ayuda a entender lo que está pasando a otro nivel.

A ese otro nivel, que además está consagrado por la legislación electoral vigente, existe una segunda vuelta no oficial: el Alcalde es votado por todos los concejales, como un primus inter pares. Esa previsión legal tiene el efecto perverso de que el electorado desaparece por el escotillón una vez terminada la campaña, después de haber tenido que soportar el bombardeo diario de los «mensajes» electorales. De tal guisa, la política local se convierte en un «asunto privado». No es aceptado ni conveniente que el pueblo meta las narices en esos pactos postelectorales (que deberían estar prohibidos, en mi modesta opinión). Ahí es donde entran los chalaneos, las componendas, los intereses del partido al que cada cual pertenece… Los ejemplos están a la vista (Baleares, Navarra…).

En fin, pues. El pueblo español siempre mereció mejor nota que sus gobernantes (mucho más desde que éstos son electos). Y sin embargo, el hecho de ir a votar se está convirtiendo no en una rutina, sino en el único derecho que se le concede al rebaño (uy, perdón: se llama electorado). Y así nos va…

"One world, one web, one program"

Parece mentira, pero el título de este post es el texto de un anuncio promocional de Microsoft. ¿Es casualidad… o se parece al Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer de Adolf Hitler? No hay como andar buscando en la web algo concreto para que te encuentres algo que no buscabas y que puede ser tanto o más interesante que lo que sí estabas buscando. Es el caso de esta página, de un ragazzo llamado Luigi Bocci, el cual, llevado por su inmenso amor a Microsoft, pone de manifiesto los siguientes extremos… (Traducimos libremente porque nuestro conocimiento del italiano no es muy allá que digamos…)


¿Quiénes son verdaderamente Bill Gates y Microsoft?

En Apocalipsis 13, 18, se dice: «¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666».

El nombre completo de Bill Gates es William Henry Gates III. Tomemos el nombre por el que hoy se le conoce (Bill Gates) y añadamos el III (3) por «tercero». Si convertimos las letras a valores ASCII, tenemos lo siguiente:

B I L L

G

A T E S

3

66 73 76 76 71 65 84

69

83

3

La suma de todos los números arroja el curioso resultado de 666

En Daniel 7, 23, se dice: «Y la cuarta Bestia será un reino que habrá en la tierra diferente de todos los reinos. Devorará la tierra, la aplastará y la pulverizará.

La historia contemporánea reconoce tres anticristos: Adolf Hitler, Josef Stalin y el Papa.

… ¿Y si la cuarta bestia fuese Microsoft Corporation, que representa el poder del dinero?

En el Apocalipsis 13, 16 se dice: «Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente. Y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre».

«¿Windows compatible?»

A vueltas con Al-Andalus

Vaya con la «memoria histérica» de Zapo. A cuenta de remover los huesos de nuestros abuelos, a un cierto organismo llamado Liderazgo Islámico Mundial se le ha ocurrido exigir a Zapo la reivindicación de la «memoria histórica andalusí», entre otras propuestas. Para los no enterados, recordemos que el término Al-Andalus no se refiere exclusivamente a todo lo que hay debajo de Despeñaperros, sino también a todo lo que hay por encima, hasta Covadonga. Es decir, toda España. Y como al bocazas de Zapo se le llena la boca con lo de la «Alianza de Civilizaciones», el mundo islámico (no necesariamente «árabe», pero sí islámico) le ha tomado la palabra. Como siempre, a él las patadas se las dan en nuestro culo.

Leo en El Mundo de hoy (p. 22) que se está gestando una especie de «I Congreso Mundial para la Recuperación Histórica Andalusí». Síntoma de organización. Síntoma de que existe un propósito definido. Algo parecido a lo que ocurre en 2001, una odisea del espacio (tanto el libro como la película): al principio, dos bandas de monos se pelean entre sí profiriendo gritos, pero nada más. Después de llegar el monolito, una de las bandas vuelve al arroyo, sin gritar, pero con un garrote en la mano. Mucho me temo que eso es lo que está pasando. Y Zapo, ocupadísimo como está en la tarea de invertebrar España (tanto, que nos recuerda a Witiza), no se da por enterado y cree que los islamistas se contentarán ahora con sus volutas de humo acerca de la «Alianza de Civilizaciones».

Pues digo yo que menos mal que los italianos no se han liado la manta a la cabeza y han empezado a reivindicar las glorias del Imperio Romano y a empezar a imponer el latín como lengua vehicular (a veces pienso que si el latín tuviera el papel que le corresponde en nuestra enseñanza, en vez de ser una «lengua muerta», otro gallo nos cantara a los españoles; pero no hay peligro de que caiga esa breva, ni por los unos ni por los otros). Otro tanto se podría decir de los franceses: si reivindicaran su «memoria histórica», a Cataluña le arrancarían de cuajo la mitad de su extensión (la que ocupaba la Marca hispánica carolingia). Eso, seguramente, no le gustaría a Carod. Hasta los griegos podrían reclamar su «memoria histórica» con no menor motivo que los italianos, con lo cual su reivindicación territorial comprendería desde Rosas y Ampurias hasta las puertas de la India (la extensión del imperio alejandrino). E incluso, si nosotros reivindicáramos nuestra memoria histórica, Portugal dejaría de ser nación independiente, entre otras…

Vayamos un poco más despacio, como siempre. ¿A qué se debe el incremento de la presencia en nuestro horizonte de «lo islámico»? En mi humilde opinión, un primer motivo (no necesariamente el más importante) es el hecho de que Andalucía se ha querido equiparar a las «regiones históricas», en especial Cataluña y Euskadi. En su búsqueda de «identidad histórica», Andalucía forzosamente ha tenido que mirar a su pasado árabe, lo cual en sí mismo no es bueno ni malo. Dicha mirada, no obstante, ha propiciado que aparecieran otros intereses bastante ajenos a la «identidad andaluza».

En segundo lugar, es de todos conocido que para muchos islamistas allende nuestras fronteras (también desde dentro, por desgracia), «Al-Andalus es el paraíso perdido». Y lo reclaman como suyo. Según ellos, pues, Don Pelayo no tendría que haber presentado batalla a los moros, ni los reyes subsiguientes haber plantado cara al Emirato y al Califato. Tendríamos que haber soportado pacientemente las correrías de Almanzor. Vamos, que ni siquiera tendría que haber habido Reconquista. En fin, un cúmulo de despropósitos sólo posible en el universo progre, en el que éstos (los progres) son «tontos útiles» de Islam más rancio y recalcitrante, lanzado al parecer a conquistar el mundo.

Sin embargo, nada de eso preocupa a Zapo. Él pretende convencernos que «lo islámico es bello», a pesar de que sabemos cómo las gastan. A él le presionan en tres direcciones distintas y/o simultáneas:
  1. El estímulo positivo: «Si nos dejas construir esta mezquita, nunca faltará petróleo en tu país».
  2. El estímulo negativo: «Si no nos dejas construir esta mezquita, emitiremos una fatwa y tú y tu país seréis declarados enemigos del Islam, y ya sabes lo que eso significa».
  3. La glamourización de lo árabe, muy parecida a lo que se denunciaba en un artículo que transcribimos acerca del «glamour rojo», principalmente a través de la moda y la música.

Las tres vías son preocupantes (en especial la última, que apunta al futuro). ¿Qué hace España (cabría incluir a Europa en la pregunta frente a esa ofensiva en todos los frentes (político, económico, cultural)? Hoy por hoy, parece que miran a otro lado. Arabia Saudí es un país en el que se conculcan los derechos humanos todos los días, y sin embargo, el Rey ha concedido el Toisón de Oro a su reyezuelo-dictador, por aquello de la «hermandad hispano-árabe» y para que, por si acaso, cuando a los demás les corten el petróleo por infieles, a nosotros nos lo conserven como «amigos» que íbamos a ser.

En fin, se podría seguir muchísimo más. Pero baste una última pincelada: el proceso de destrucción de valores que se está llevando a cabo desde hace tiempo (y que desde que Zapo ocupa La Moncloa) está dejando a la ciudadanía sin posibilidad de rearmarse moralmente frente a las agresiones, directas o sutiles, de ese islamismo radical que sólo nos quiere como esclavos. Zapo es cómplice y, por tanto, culpable. Ahora, como el Rey le ha concedido a Ibn Saud (creo que se llama así) el Toisón de Oro a instancias de Moncloa, él podría corresponder nombrando a Zapo «musulmán honorario» o «amigo de Alá», o cosa parecida. Seguro que él estaría encantado. Nosotros, bastante menos. Afortunadamente, no falta mucho para que Zapo haga las maletas (ya sea en octubre o en marzo del año que viene). Mientras tanto, queridos lectores, vayan practicando: Allah el akbar!

E.P.C.

Hay que ver la que se ha montado con la «cosa educacional». La menestra de la cosa, señora Cabrera, pretende obligar a todos los que pueda (centros, profesores, padres, alumnos) a seguir el catecismo de la Educación Para la Ciudadanía. Como decía la vieja canción de La Trinca, «todo el mundo ha de ser libre; y quien no quiera será obligado». Sin embargo, y como afortunadamente estamos en una democracia, ya se han planteado casos de «objeción de conciencia» a la enseñanza de la EPC. Queda determinado, pues, que el proceloso océano educacional anda revuelto.

Como siempre, es bueno tener un poco de perspectiva. Recordemos cuánto se han reído los progres y cuánto han criticado «la educación nacionalcatólica del franquismo». Decían –siguen diciendo, claro: echen un vistazo a La mala educación, de Almodóvar, aunque sea tapándose la nariz– que a los niños se les inculcaba la religión «a martillazos»; que los Ejercicios Espirituales eran «por decreto» y que un mal informe del cura de tu pueblo podía arruinarte la vida. Criticaban la censura, la «falta de liberalidad de costumbres»… En fin, todo era oírles echar pestes contra el régimen de Franco. Aprovecho aquí para remarcar que yo ni soy franquista ni defiendo ese régimen dictatorial; pero sí que algo tuvo que hacer bien si cuando Franco murió estábamos mejor que en 1940.

Pues nada. Ahora la menestra Cabrera quiere que nuestros dulces retoños vuelvan al florido pensil, pero en progre y con faltas de ortografía, suponemos. Porque no solamente se trata de imponer una ideología: hay que maltratar la lengua como modo y manera de evitar que los niños dejen de llamar las cosas por su nombre y permitan que sea el Estado quien, graciosa y compasivamente, lo haga por ellos. Es decir, que sea el Estado quien decida acerca del bien y del mal. Y si a eso añadimos que la EPC da libertad a cada Comunidad Autónoma para insertar en sus contenidos el «sentimiento nacional» (claro guiño a ERC, PNV y BNG), pues ya la tenemos liada y bien liada.

Es decir, que cuando nuestros retoños superen la edad adolescente y ya sean carne electoral, a la progresía dominante no le costará nada conducirla cantando al matadero. Porque ése es el significado de la palabra educación, que viene del latín ex ducere («conducir», «guiar hacia»). Pretenden convertirlos en un rebaño dócil a las insinuaciones políticamente totalitarias y económicamente hedonistas de quienes por desgracia nos gobiernan ahora. El niño es visto como un proyecto de «borrego-consumidor» al que con dos palabras se le podrá tapar la boca por la élite gobernante cuando intente pensar por sí mismo. No es muy difícil encontrar paralelismos entre esta situación y la terrorífica novela 1984 de George Orwell (autor que, como se puede suponer, no está muy de moda).

Lo cual nos lleva a las preguntas de siempre, que me formulo yo y que se formula quien se considera liberal: si nuestros hijos fueran verdaderamente educados en la libertad (ésa que al parecer tanto miedo da a la izquierda gobernante), ¿querrían ellos que el Estado dirigiese todos y cada uno de los pasos de su vida? ¿Querrían ellos que el Estado se entrometiese en sus diversiones, en sus creencias, en sus sueños más íntimos, en sus proyectos? Cada cual puede tener una respuesta. Pero si la respuesta a esas dos preguntas es afirmativa, la menestra Cabrera (y el equipo de personas e intereses que van detrás) habrán ganado la partida. Y eso significará que se habrá empezado a crear el rebaño de esclavos. A los demás siempre nos quedará la huida o el Ministerio del Amor. Por si acaso, y tal como aconseja Ray Bradbury (Fahrenheit 451), empezaré a memorizar un libro de mi elección.

PD.- E.P.C. no significa, como según se cree, «Educación para la Ciudadanía», sino «Es Pa Cagarse».

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