Anticristos de tres al cuarto (y II)

Ésta también es para Adela, con cariño

Para todos estos grupos o «Estados dentro del Estado» de la Iglesia, al parecer, cuenta menos el interés general de todos los católicos que el suyo propio. Pongamos, por ejemplo, la revisión de criterios que el Papa Francisco ha forzado respecto de la nulidad canónica, en el sentido de eliminar trabas burocráticas en aquellos casos en que la convivencia matrimonial dentro del catolicismo (pues para eso se casa uno por el rito católico: no como “mero trámite” o “mera cuestión de forma”, sino porque es consciente de a todo lo que el Sacramento le obliga) resulta de todo punto imposible. Esto ha partido por la mitad el negocio redondo que eran esas nulidades para algunos y ha puesto en evidencia también la vergüenza de que para “intentar la nulidad”, simplemente no se podía ser pobre, con el escándalo derivado de la compra de nulidades para señoritos y señoritas “bien”. Esto explicaría también por qué cierta persona me dijo hace tiempo que “los muros del Paraíso son muy altos para ciertas personas”. Y cabría añadir además que para esas ciertas personas “quien no pague una pasta muy gansa no entra”. Es normal que esos «Estados dentro del Estado» estén rabiosos con el nuevo Papa, simplemente porque les quita una interesante porción de negocio. Uno, que es católico de a pie, no deja de acordarse de lo que hizo Jesucristo con los mercaderes del templo (Jn 2:13-16). La cura de humildad es buena para todos, oigan.

Como sea, cierro esta serie de dos entradas pidiendo que despierte la Iglesia de su letargo. Ya no sólo porque, si no nos andamos con cuidado, a los cristianos nos volverán a perseguir y a asesinar en suelo europeo. En este sentido, ya dijo Juan Pablo II que “había que recristianizar Europa” (Europa, nuevamente tierra de misión). El peligro, a estas alturas, no son sólo los musulmanes fanáticos. Empezamos a necesitar cristianos valientes, sacerdotes valientes, prelados valientes que defiendan la doctrina cristiana frente a los ataques (sutiles o menos sutiles) de aquellos que quieren borrarla de la faz de la tierra. Las cunetas de las carreteras están llenas de personas que contemporizaron, que no “creyeron que la cosa iba a llegar a tanto” o que creyeron en «la paz a cualquier precio» y demás.

Matizo también: “valientes”, que no “fanáticos”. Y entre estos últimos incluyo a aquellos que se dedican a esparcir la especie de que “este Papa es el Anticristo”. No me valen cristianos “flojos”, ni tampoco cristianos “pasados de rosca” y “en posesión de la única verdad”. Ojalá los cristianos recordásemos las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Lo demás no nos lleva a ninguna parte. Así que, por favor: dejen de fastidiar con eso del «anticristo», que no hace más que servir a intereses espúreos y que no hacen ningún bien a la Iglesia.

«Anticristos» de tres al cuarto (I)

Para Adela, con cariño

Hoy me da la gana de hablar de religión. Concretamente, de la religión católica, perseguida sin tapujos en dar-al-Islam ante la indiferencia de muchos (los cristianos que han degollado en Siria apenas han durado un día como noticia: Siria queda muy lejos y ya hemos hablado de ello) y perseguida algo más sutilmente (cada vez menos sutilmente) en dar-al-Harb, o sea, el Abenland, la «tierra del crepúsculo», Occidente.

Pero hoy no es momento de hablar de los enemigos externos, que los tenemos y al parecer son poderosos. Hoy quisiera comentar que, por si nos faltaban enemigos, también los tenemos en casa. Son aquellos que, con su discurso, confunden a la feligresía sencilla, cada vez menos numerosa y de más edad gracias a la persecución sutil, esa que impide renovarse a la Iglesia con savia nueva y joven. Y sabemos por qué: el catolicismo bien explicado y aplicado levanta barreras muy difíciles de derribar suavemente entre el hombre y el Estado (para otra entrada queda el debate de «quién es el Estado»). Es decir: que para derribar esas barreras un régimen tiene que retratarse como totalitario sin más perifollos, dando al traste con la utopía de Huxley y acercándonos más a la de Orwell.

No obstante, dentro de la Iglesia también hay quienes trabajan de una forma que no se puede decir que estén construyendo Iglesia. Me refiero a aquellos que, frente a un Papa que no les gusta, hacen correr la especie de que «es el Anticristo» y se remiten a una especie de «contubernio judeomasónico internacional» para explicar todo lo que no les gusta del Papado. Lo primero que habría que decirles es que, ante todo, deben respetar la autoridad del Papa. Eso es fundamental en toda organización humana, inspirada por Dios o no. Uno respeta a la autoridad y a partir de ahí puede formular sus críticas. Pero lo que no se puede consentir es que haya quienes, partiendo del desprecio a un Papa que no les gusta, intenten minar su autoridad identificándolo con “el Anticristo”.

En segundo lugar, un problema ─uno de tantos, en realidad─ es que dentro de la Iglesia se hayan constituido grupos que, a día de hoy, forman una especie de «Estado dentro del Estado». Grupos que, cuando las decisiones del Papa les afectan negativamente, pasan a militar en la lista de enemigos del Papado. Lo más curioso, dentro de estos grupos, es que hay una distinción nítida, que Jesucristo no formuló jamás: “los nuestros” y “los otros”. No tengo noticia de que Jesucristo, cuando dio de comer a esas dos mil personas ─interprétese el milagro como se quiera interpretar─, distinguiera entre “los suyos” y “los otros”. Acaso la “distinción” entre unos y otros es que “los suyos” acabaron dando la vida por creer en Él y “los otros” no.

En tercer lugar, resulta que para pertenecer de verdad a esos “grupos” uno poco menos que debe venderles su vida y su libertad. A cambio, uno puede llegar a un nivel bastante confortable de ejercicio de la fe: el grupo le protege de todas las contingencias mundanas ─”pequeñeces de la vida”, que suelen decir ellos─. Pero Jesucristo sólo pide al cristiano dispuesto que le siga. Le dice esto: «Es probable que pases hambre y sed, que los demás te hagan el vacío, que el Estado te toque las narices a causa de tu fe a ti o a tus hijos, que el diablo venga a tu casa o a tu trabajo a tentarte. Y según a donde vayas, hasta te pueden matar por ser infiel y de varias maneras distintas. ¿Quieres ser de “los míos”?». Uno siente la tentación de decir: «Coño, Jesús, ¡qué programa más atractivo me ofreces!». Nada que ver con lo que ofrecen esos “grupos” a cambio de.

Impresiones tardoveraniegas

Se acaba el verano y la gente encara la vuelta al trabajo con el temido síndrome postvacacional. Que, a decir verdad, parece más bien invención de psicólogos, habiendo tanta gente que después de ese verano no va a volver al trabajo; o que, quizá con peor suerte, su época de trabajo es el verano y ya está. Hasta que los vuelvan a llamar y el ministro de turno saque pecho y nos anuncie claramente que las “cifras de afiliación” son “estupendas” y que el Gobierno de su partido ha hecho por el país más que sus antecesores. Poco importa que esas cifras sólo sean el paro reconocido y no el verdadero. Poco importa que se sigan usando las tácticas del ministro-tippex (Corbacho): España va bien y el resto son tonterías.

Vuelve septiembre y los mentideros están que arden con la posibilidad de que volvamos a votar en diciembre. Quizá lo resume bien la frase de Albert Rivera, remedo de una cita célebre de Sir Winston Churchill que no citaremos al pie de la letra: «Ustedes no están pensando ni en las próximas generaciones, ni en las próximas elecciones. Ustedes están pensando en las próximas vacaciones». Quizá el mundo está tan ocupado en otras cosas para no fijarse en nosotros que no nos vamos a convertir en el hazmerreír mundial. Puede que hasta en Uganda, ese país que el ministroenfunciones DeWindows intentó ridiculizar, sean hoy más serios que en las Batuecas.

Seguimos sin ganar nada y la frase que más se sigue oyendo en los despachos oficiales es “¿Qué hay de lo mío?”. Hace falta racionalizar la Administración, sí. «Pero como quites las Diputaciones la liamos. ¿Qué le voy a decir a mi mujer, que ha enchufado a mi cuñado en ella?». Habría que quitar la paguita en Andalucía, pero… «Bueno, ehque zi la quitamoh ahora noh montan la revolución obrera y campezina». No hay régimen más corrupto que aquel que cuenta con el beneplácito de sus súbditos previa compra de la voluntad de éstos. Los Pujoles siguen libres y en Cataluña la rauxa, combinada con la desfachatez y la estupidez, tiene vía libre, como demuestran los esforzados de Dolça Catalunya. Dos expresidentes de Comunidad Autónoma siguen caminito del TS pero sin terminar de llegar. Y van a ser juzgados bajo una LECrim cuya carcasa, bien que últimamente modificada, data de 1882. Nadie tiene narices de plantear una Ley de Enjuiciamiento Criminal “moderna” y “democrática” (lo que se dijo del Código Penal de Belloch, de 1995; pa lo que hemos quedao). Lo dijo Orwell: «Todos los cerdos son iguales, pero algunos son más iguales que otros» (quintaesencia de la democracia comunista, la de Podemos).

Ni siquiera son fiables los medios por completo. Información parcial, sesgada según el color del partido que los controla y sus intereses del momento (combinado con el interés del medio de congraciarse con el poder para arañar algún euro de subvenciones). Unos días dan caña al partido X “porque no se pliega a nuestros intereses”; otros dan coba al partido Y “porque nos interesa meter presión al partido Z para que acepte nuestras condiciones”. Todo es puro teatro; pero los plumillas hacen como que se pelean entre ellos al igual que los políticos: para dar vidilla a la cosa. Lo demás, todo quieto. Como dice la coplilla tradicional:

Antes que Dios fuera Dios
y los peñascos, peñascos,
los Quirós eran Quirós
y los Velascos, Velascos.

Todo lo demás se puede tocar; pero a los Quirós y a los Velascos, cuidado de tocarles un pelo. A ellos no se les puede negar hasta un puesto en la Diputación X para un sobrino, una prima o una exmujer si hiciera falta. Antes tenían título nobiliario y grandeza de España con derecho a «no descubrirse ante el Rey». Eso ya pasó a la historia y ahora los nuevos Quirós y Velascos forman en los consejos de administración de empresas del sector estratégico, con derecho (práctico) a no ser llevados ante la Justicia salvo que la pifia sea muy-muy-muy gorda.

Y los españolitos de a pie bostezan con tanto teatro mientras vuelven a la noria ─los que pueden─, soñando con que habrá otro verano, con que habrá otro tiempo en que volverá a brillar el sol y podrán ver satisfechas sus necesidades simples y proletarias. Nada que moleste al poder, como pedir un Estado que les deje ser ellos mismos en vez de convertirlos en ciudadanos-bonsai. Amén.

QUERIDA EXPLOTACIÓN LABORAL: TE DEJO, NO CUENTES YA CONMIGO.

De cómo un sistema médico corrupto y unos señoritos Cortijeros de bata blanca pueden hacer que uno renuncie a una vocación que persiguió con empeño y perseverancia, sólo porque los sindicatos médicos únicamente defienden sus prebendas y uno se vez indefenso ante esos señoritos…

Avatar de medico a cuadrosMEDICOACUADROS

Estoy en la calle.

He renunciado a mi contrato de guardias.

He renunciado a la explotación laboral  sangrante y despiadada.

He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura.

He renunciado al pisoteo de un jefe que, como tantos otros en la medicina española, maneja su servicio como si fuera su cortijo. Un jefe que no lidera,  tiraniza.

He renunciado a trabajar en un sistema con médicos de primera que viven a costa de médicos de segunda.

He renunciado a turnos de 24h sin derecho a descanso durante el turno, que ponen en peligro mi salud y sobre todo, la seguridad de mis pacientes.

He renunciado a la inseguridad laboral.

He renunciado a trabajar con excelentes profesionales que, como tantos y tantos miles en el SNS,  han ido olvidando lo que fue su orgullo personal y profesional y lo que fue su…

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Políticos pragmáticos

Ha escrito hoy un artículo Isabel San Sebastián acerca del pragmatismo en política. Y me ha dejado con una sensación indefinible, sin saber muy bien a qué carta quedarme. No sé muy bien si prefiere al político pragmático o al idealista. Lo que sí tengo claras son dos cosas: una, necesitamos a alguien que una en su persona la proporción justa de idealismo y de pragmatismo; dos, que ninguno de los cuatro grandes que aparecenen los papeles parece poseer esa combinación.

Un segundo problema es que en España las personas que han mostrado esa combinación que les menciono hace mucho que crían malvas, o bien no es políticamente correcto mencionarlas. Por el contrario, lo que tenemos hoy pasa por lo bastante mediocre y corresponde a versiones tronadas del pragmatismo y/o del idealismo. Tenemos por un lado al político tan «pragmático» que no cuestiona el sistema, que se adapta a él y que, cuando le preguntan, deja apenas entrever que la corrupción forma parte del mismo. La condena enérgicamente en los demás partidos y se resigna sin más a que exista en el suyo. Naturalmente, sus opiniones varían al mismo compás que las del jefe. Y tiene como lema «lo que es bueno para el Partido, es bueno para mi», que suena mucho a Die Partei hat immer recht.

El político idealista español tampoco es mejor, sobre todo porque donde abunda es en la izquierda. El problema está, naturalmente, en la idea que tienen de España. Quieren una España más deconstruida que una tortilla de patatas de El Bulli. Y quieren imponer esa idea tanto si a los demás nos gusta como si no, sin conexión con la realidad. No les importa que a los demás nos guste estar orgullosos de nuestra historia, nuestras costumbres (y, donde corresponda, nuestra religión católica). Quieren convertirnos en bueyes y aceleran el proceso dejando entrar a personas extrañas e incluso contrarias a nuestra cultura. También éstos dicen Die Partei hat immer recht, aún más que los otros.

Así que no me quedo con ninguno, francamente. Son malos tiempos para la lírica, pero también para la política consciente de lo que nos jugamos todos en cada decisión. Mientras los grajos rebuznan y los burros aúllan, lo que nos queda a los demás parece ser rezar para que el patrón de las Españas nos haga pasar este período a pie lo más enjuto posible.

¡Quiá!

Los calores estivales es lo que tienen. Ralentizan la actividad de tal manera que hasta moverse un milímetro es un gran avance. Y da muchísima pereza hablar de tantas y tantas cosas que están sucediendo, aunque sólo se trate de milímetros. Del culebrón nacional, como imaginarán, me da pereza hablar. Los que mejor están en esta situación de «en funciones» son los tertulianos —siempre— y los diputados electos hasta tanto no haya un Gobierno listo para funcionar. Mientras tanto, es una bicoca: como no hay Gobierno en pleno funcionamiento, no tienen que votar proyectos de Ley (la iniciativa legislativa, hoy por hoy, la ejerce generosa y únicamente el Gobierno) y, por tanto, se pueden tirar a la bartola (o al bartolo, si son gays) cobrando el sueldo base íntegro. Si no lo cobraran o cobraran sólo el 50% España tendría ya hace días un Gobierno. Pero quiá: en España el verano es la época en que se cometen las fechorías políticas (en invierno también, pero menos). Y así nos va.

Dentro de todos los grupos interesados en la situación política hay uno que me provoca especial pena y conmiseración: el de los palmeros (simpatizantes) y trolls (militantes) de partido. Siempre a las órdenes de alguien que les dice lo que tienen que vomitar (literalmente, en algunos casos) en las redes sociales. Y cuando no están a las órdenes, actúan como si ellos llevaran la marca, comiéndose entera la caja de galletas del partido correspondiente y tratando con desprecio y como traidores a quienes tenemos la desgracia de pensar distinto. Algunos confunden «su» partido con un equipo de fúrbo y lo «defienden» con la misma furia de un hooligan. Otros dan aún más pena por cuanto usan carnet periodístico, lo que en principio les obligaría a pensar por cuenta propia; pero nuevamente, quiá. Y a los jefes de la tribu (el Partido) les encanta, porque no piden otra cosa que devoción. En esto ha devenido lo que denunciaba Lolo Rico en su muy recomendable libro TV, fábrica de mentiras: la tribalización de la infancia.

Dentro de ese grupo, los más tristes son los del PP: primero, machacando el falso mantra «el PP ha ganado las elecciones»; luego, machacando «lo irresponsable que es C’s» (por no plegarse a los deseos de Mariano de que se le regale la legislatura); y ahora, teniendo que borrar todo lo que dijeron porque «parece que entran por el aro». Todo un ejemplo de «domesticación de la opinión pública (o publicada)». Los de Podemos también lo son: pero con las cataratas de insultos que echan a quienes no piensan como ellos (véase la campañita de «las 13 rosas» en Twitter), demuestran sobradamente que además de carencia de argumentos, carecen de vida propia y de «mundo interior».

Llevamos con este culebrón más de 200 días. Y lo que más me fastidia es que el tiempo se nos escapa entre fintas cortesanas, agotamiento de mecanismos y demás «complots dentro de complots dentro de complots», que podría haber dicho Frank Herbert. Y pasándose la pelota unos a otros: «¡La culpa es de Fulano, que no deja formar gobierno!». «¡La culpa es de Mengano, que pone unas condiciones imposibles!». «¡La culpa es de… quien sea!». Tal y como dijo Otto Ludwig Piffl, «la situación es desesperada, pero no grave». En cuanto a los demás, lo único que se me ocurre decir es, como mucha gente: «Egal was es war. Ich war das nicht!». Los problemas siguen ahí, pero la casta —de la que ya son miembros de pleno derecho los nuevos— sigue jugando al voleibol. Seguro que a alguien, tras las bambalinas, le divierte mucho.

#JoseLuisdeValeroLibertad – ¡Viva la Guardia Civil!


Original aquí.

Sigo el blog de Jose Luis de Valero desde hace varios años. Me parece un blog hecho por una persona inteligente, sarcástica, aguda, valiente y, sobre todo, fiel a sus ideas. Escribe sobre política, sobre ficción, historias reales e historias inventadas que no dejan indiferente a quien las lee por su agudeza, por su ironía y por la inteligencia con que trata cada asunto que relata o que emite en sus publicaciones de vídeo. Pero tiene un gran problema José Luis: pertenece al lado oscuro de lo que en este país se considera políticamente correcto. No es socialista, no es comunista, es valiente y no comulga (como hace la inmensa mayoría) con ruedas de molino.

En una de sus publicaciones, en un vídeo, relató un asunto que le había sido denunciado por un compañero bloguero. Una persona había sido denunciada, y condenada, en un juzgado por gritar: «¡Viva la Guardia Civil!» Cuando fue retenido por la policía autonómica catalana. José Luís, tras recibir esa información publicó este vídeo.

Tras este vídeo, José Luis fue denunciado; y sin tener antecedentes penales deberá ingresar en prisión por un periodo de 135 días. Se ve que en este país feudal los señores jueces son como una especie de casta plenipotenciaria a la que no se puede criticar y contra la que no vale la libertad de expresión.

Por otro lado es curioso que, con toda la que está cayendo en España, una persona como José Luis tenga que ingresar en prisión. He visto en redes sociales a pederastas hacer públicos sus deseos de sexo con niños sin que les pase absolutamente nada. Hemos visto a gente que se ha mofado de víctimas del terrorismo, gente que pide la muerte para policías, gente que insulta a España y a los españoles. Otros que insultan a la policía y Guardia Civil. Tenemos ejemplos más delirantes en los que responsables políticos catalanes están incumpliendo la ley un día sí y otro también sin que les pase nada. Los Pujol reconocen sus aberrantes delitos y ninguno de ellos ingresa en prisión. Pablo Iglesias y sus secuaces dicen auténticas barbaridades todos los días y ahí siguen, tan panchos.

Pero a una persona intachable como José Luis se le va a hacer pasar por prisión por un vídeo como ese. El feudalismo en el que vivimos es tan descarado y vergonzoso que la mayoría de la gente que nos rodea tiene incluso una especie de síndrome de Estocolmo. Nos fríen a impuestos, nos fríen a multas, nos fríen a leyes injustas que siempre cumplimos los mismos. Pero mientras, los que hacen más ruido o tienen más poder se van de rositas de todos sus actos delictivos.

Mi voz no servirá para nada, pero ante injusticias de este tipo me parece una vergüenza permanecer callado. Pido la libertad para José Luis de Valero, no sólo porque su ingreso en prisión es completamente injusto. También pido su libertad porque es la muestra evidente de que en este país siempre pagan los mismos con hechos infinitamente menores que otros. Pido la libertad para José Luis porque, aunque nadie me escuche y nadie me lea, detesto quedarme callado ante estas aberraciones. ¿Que para ti es más cómodo estar calladito? Pues que no te toque nunca. A ver si sólo vamos a mover el culo cuando los problemas nos afecten directamente. Recuerda aquello de «cuando las barbas de tu vecino veas pelar…».

#JoseLuisdeValeroLibertad

Un servidor se une a esta campaña por la libertad de José Luis de Valero. No hace falta añadir ni quitar gran cosa a lo que dice JSobrevive. Acaso decir que su ingreso en prisión por apoyar a alguien condenado por dar vivas a la Guardia Civil se corresponde con la estrategia preconcebida del desprestigio de una de las Instituciones que han hecho que España históricamente (o por lo menos desde 1844) sea lo que es. Todo aquello de lo que los españoles podemos sentirnos orgullosos (y no menos la Benemérita), debe ser desprestigiado, destruido, arrastrado por el fango… con el beneplácito de los que mandan.

Pretende esta medida advertir a los blogueros y opinadores heterodoxos —es decir, no controlados ni pagados por el poder—: «¡Cuidadito con lo que decís, que os puede pasar lo mismo que a ése!». Pero lo que le ha pasado a José Luis no solamente apunta a la advertencia, sino que descubre la doble vara de medir de la progresía, pepera o no, cuando hablamos de la «libertad de expresión». Uno puede ciscarse en los símbolos españoles, puede incluso iniciar un «procés de desconnexió d’Espanya» y no pasa nada. Y en esto no caben medias tintas: o estás con unos, o estás con otros. Y por denunciar esa connivencia entre ladrones sin honor José Luis va a ir a la cárcel 135 días. Y por poner en evidencia la baja calidad de nuestra democracia en términos comprensibles para el respetable (eso es lo que realmente enferma a quienes quieren a José Luis en prisión).

Por eso y no sólo porque nos pueda pasar a nosotros, tengamos este hashtag en nuestras cuentas:

#JoseLuisdeValeroLibertad

Viernes negro (I)

Dicen que la historia se repite. Marx decía que primero como tragedia y después como farsa. Pero lo que ocurrió ayer en Múnich no tuvo nada de farsa y sí mucho o todo de tragedia. A un servidor de ustedes lo que ocurrió ayer no sólo recuerda a —y coincide con el aniversario de— los asesinatos del loco de Utøya, el tristemente famoso Anders Breivik, sino también del secuestro y asesinato de once atletas israelíes durante las Olimpiadas de 1972, perpetrado por un grupo terrorista (Septiembre negro) vinculado a la OLP… con ayuda logística de grupos neonazis. Y el hecho de que prácticamente no había seguridad en la ciudad olímpica que hubiera detenido a esos criminales.

La novedad es que, a diferencia de esas dos desgracias, hoy hemos podido seguir en directo la tragedia. Quienes disponen de un Smartphone y cuenta en la red social Twitter han podido constatar, minuto a minuto, el baile de datos sobre muertos y heridos, de informaciones verdaderas y falsas, las peticiones de la policía muniquesa de no publicar fotos o vídeos, las primeras declaraciones de algunos políticos y los mensajes de condolencia que empezaban a llegar por parte de algunos Gobiernos.

Las dos preguntas más importantes que uno se hace ante un hecho de esta envergadura son dos: quién y por qué. Por supuesto en los primeros momentos era imposible responder a esta pregunta. Pero en las actitudes de unos y de otros uno ya podía calibrar cuáles eran sus esperanzas:

  1. La izquierda europea esperaba que el asesino fuera de extrema derecha, para poder tildar a sus enemigos ideológicos de «racistas» y de «xenófobos».
  2. Otros, a su vez, esperaban que fuera la extrema izquierda, opinión sostenida por el hecho de que en Berlín y otras ciudades alemanas ha habido alborotos promovidos por personas de esa ideología.
  3. Finalmente, otros nos temíamos lo que ha ocurrido y que la policía alemana se ha empeñado en tapar lo que ha podido: que efectivamente era un atentado islamista perpetrado por un alemán originario de Irán.

A la vista de los fríos datos, la izquierda europea se ha callado. Bueno, algunos descerebrados siguen abriendo la boca y «lamentando que las víctimas del atentado no fueran todas judías»; o entonando el mea culpa por aquello de «nos lo merecemos por ser europeos»; pero sus jefes dicen desmarcarse de ellos. La extrema derecha tampoco dice gran cosa. En cuanto a las autoridades alemanas, se mueven en el territorio de lo políticamente correcto: el perpetrador no es un «islamista» sino un «joven germano-iraní», cuyo retrato es el de poco menos que una «oveja descarriada». Y dentro de eso, el histerismo de las órdenes contradictorias.

Puestas así las cosas, tenemos otra certeza: ese niñato no actuó solo. De la misma manera que en los hechos de Niza descubrimos que tras el camionero asesino había toda una estructura de apoyo, aquí sabemos seguro que no fue ese chaval por sí solo como un lobo solitario. Tuvo que tener apoyo de algún tipo, siquiera fuese porque un chaval no puede conseguir así como así una pistola. Y bien, la policía alemana acabó con el chaval a tiros. También sería interesante saber por qué acabaron con él en vez de dispararle a una zona no vital y conservarlo con vida para que nos explicara quién estaba detrás de él y por qué.

¿De verdad somos seres racionales?

Por su interés, recogemos esta entrada acerca de un payaso que ha querido ensuciar la memoria de un torero. Y de tantas personas que han mostrado su inhumanidad y baja estofa insultando y burlándose de la viuda del torero. Tampoco es la línea habitual de nuestro blog, pero desde el momento en que se toca el tema de la pérdida de los buenos modales en las redes sociales, de unas ¿personas? que se manifiestan con una agresividad impropia de su causa —probablemente, si los animales pudieran hablar, preferirían que no los defendieran así—, el asunto es interesante para este blog mío y de ustedes. Los Pacmans es lo que tienen.

Lo lamentable de este asunto es que la gente, como masa, se mueva por los insultos a un torero y a su viuda —legítimamente—, pero a la hora de exigir una mejor calidad educativa, tanto personal como profesional en los profesores, prácticamente nadie levante las posaderas de la silla. Despotricar es fácil, sobre todo en el bar y si corre la cerveza. Proponer opciones constructivas ya es otro cantar.

No pretendo comenzar un debate «Toros sí/Toros no», con los mismos argumentos viejos, arcaicos, caducos de siempre por ambas partes.

No es la línea habitual de este blog, pero los sucesos acaecidos en la red tras la muerte del torero Víctor Barrio, me han empujado a desahogarme en unas breves líneas.

En primer lugar, mis máximos respetos a la viuda y familia de Víctor, que están pasando los momentos más duros de sus vidas, después de la fatídica cogida que segó la vida del torero sobre la arena de la plaza de toros de Teruel.

Muchos fueron los recuerdos que me vinieron a la mente… desde el primer mensaje que recibo donde me dicen «Alberto, ha muerto Víctor Barrio», hasta pasar por mi amigo Toñete que andaba disfrutando de las fiestas, o de Alberto García, empresario, apoderado y amigo del torero con el que alguna vez había cruzado alguna conversación.

Sabía que los mensajes agresivos iban a comenzar en breve, que un gran número de gente sin escrúpulos se iba a lanzar al vacío a insultar, menospreciar, hundir, o lo que es peor, ensalzar, alegrar, jalear, celebrar… la muerte de una persona. ¿Pero dónde estamos? ¿Quién somos? ¿Dónde vamos?


¿Qué les sugiere ese mensaje? ¿Te imaginas que mañana, tú que estás leyendo este post mueres, y a tu madre le escriben esto? ¿A tu hermano? ¿A tu esposa? ¿Esto tiene que salir gratis?

Hemos perdido el debate de «Toros Sí/Toros No». Esto se nos ha ido de las manos. Ya no respetamos las aficiones, ni los compromisos, ni las ideas políticas. El que no piensa como tú, o es un bastardo, o es un hijo de puta. Si no votas el partido que voto yo, no tienes ni puta idea. ¿Y encima te gustan los toros? Eres un asesino, un cabrón… y ojalá te mate un toro en las fiestas de tu pueblo.

Ya disculpará el lenguaje agresivo, pero, esto es así, es la calle, es la realidad.

¿Puede un profesor de educación pública superar esos insultos? ¿Os imagináis que el profesor que enseña a tu hijo Ciencias Naturales piensa eso? ¿Os imagináis que encima celebra la muerte de una persona? ¿Os imagináis que encima… piensa que le gustaría orinar sobre las flores que la triste familia del fallecido colocará sobre su tumba? ¿Os lo podéis imaginar?

Dicho y hecho. No solo lo pensó, sino que lo escribió y lo ratificó, ya que decía ser —o mejor dicho dice ser— un ciudadano muy «educado». Posiblemente, ese profesor con el que tu hijo no llegó a aprender lo que tú esperabas. O que, al contrario, era encantador en clase. Se definió como un perfecto malnacido de la raza humana al escribir una serie de palabras indignas de alguien con el mínimo raciocinio.

No le deseo nada malo, ni a él ni a su familia. Sólo deseo que se cure, que le den el tratamiento adecuado, pero pagando tras las rejas un buen puñado de días, y mirando a los ojos a Raquel, esa joven sepulvedana que quedó viuda en la tarde del 9 de julio, cuando menos lo esperaba, con toda la vida por delante.

Amigo Vicent Belenguer: yo he sido uno de los muchos que ha firmado en Change.org para que te expulsen automáticamente como miembro del cuerpo docente de la Consejería Valenciana, pero quiero también, tan gallardo y valiente que eres, que te plantes delante de la familia de Víctor, y les digas a la cara lo que piensas, lo que escribes, lo que dices.

A estas alturas, las 22.30 aproximadamente, se acercan a 100.000 las peticiones para que este ¿señor? sea expulsado de su trabajo.


El hombre se viste por los pies. Este Vicente se pensó que la red es un juego, y que aquí todo vale… y eso no es así. Vicente, te han pillado. Y mereces pagar por lo que has hecho, y me consta, que si eres un mínimo inteligente, estarás pasando unos momentos duros. Sin duda, lo mereces.

¿De qué pasta estamos hechos? Éstos han sido sólo dos ejemplos de las innumerables burradas que he leído en la red. Nadie se merece eso: ni un torero, ni un bombero, ni un matarife, ni un carnicero, ni un abogado, ni un futbolista. ¿Qué pasa, que aquí vale todo?

Me sorprende la tranquilidad con la cual he conseguido llevar a cabo este escrito. He hecho bien en esperar 48 horas después de la muerte de Víctor, puesto que si esto lo escribo cuando comencé a leer los primeros comentarios, posiblemente no hubiese podido ser tan cabal y educado.

A todos esos que dicen tantas barbaridades… que se miren al espejo, que se quieran, y que quieran más a sus vecinos. Todo esto, se puede terminar mañana a las 11.36 en la consulta de un médico que te diga: «Es maligno». Y de nada servirá toda la mierda que has soltado por tu boca.

Descansa en paz, Víctor. Descansa en paz, Torero. Descansa en paz, Persona.

El rostro de la democracia

Ha llegado a mi conocimiento la situación de Dª Coro Cillán. Corre por ahí una foto que describe exactamente cuál es esa situación. Hela aquí:


La foto muestra a una persona anciana y enferma, dado que la foto está tomada en un hospital. La mirada también dice mucho. Es la de la derrota y el cansancio frente a un sistema que la crujió. Pero hay algo que esta foto no dice. Para quienes no sepan o no recuerden quién fue esta señora, les diré que en su tiempo fue una Juez de Instrucción de algún Juzgado de Madrid. Estaba investida de la potestad de «juzgar y hacer ejecutar lo juzgado», según reza pomposamente el art. 117.3 de la muerta. Y en uso de esa potestad, pretendió reabrir el caso de terrorismo más grave de nuestra democracia, basándose en el hecho incontrovertible de que toda la versión oficial que consta en la sentencia que oficialmente dio carpetazo al caso se cayó. Fue literalmente desmontada por Luis del Pino y otros cuyo meritorio trabajo dio al traste con lo que desde el poder nos querían hacer creer. Aunque ahora, doce años más tarde, a mucha gente le dé igual.

Como en toda fechoría, institucional o privada, desaparecen todos. Desaparece el médico que no supo ver el tumor en el cerebro de un niño. El médico que trata a la madre de éste de «histérica» y le recomienda tomarse unas pastillas de valeriana «para calmarse». Los médicos que, cuando ya por fin quieren hacer algo, resulta que es «demasiado tarde». Desaparecen las enfermeras, que odian a la madre porque lo es de familia numerosa (¡descarada, cómo se atreve!) y ellas, naturalmente, no («otra vez está aquí la coneja»). Y por supuesto, desaparecen los papeles y los demás responsables.

En el caso presente, ni se sabe dónde está el juez instructor Del Olmo, el que permitió y/o no castigó que la Policía contaminara el escenario del crimen y tratara de construir un escenario falso (algo inaudito en unas FCSE «democráticas»). Tampoco sabemos dónde está el juez Gómez Bermúdez, el que perpetró la sentencia del caso y que nos dejó esta críptica perla: «El pueblo español no está preparado para saber la verdad». Todo muy correcto. Como aquellos correctísimos juicios nacionalsocialistas, en los que el Tribunal miraba de reojo a un personaje, sentado habitualmente en la última fila de la sala. Un esbirro de la Gestapo, con grado de Kriminalrat, que daba el visto bueno a la sentencia.

Lo que, con la perspectiva de los años, nos da la medida de la opinión que el poder tenía y tiene de nosotros. Y los policías y demás funcionarios y políticos que colaboraron en el crimen. Y los pedorros y pedorras que se burlaban de los que pedíamos —aunque fuera por un deber moral— explicaciones, los que queríamos saber la verdad (o «berdad», como rebuznaba alguno de ellos). ¿Dónde está hoy toda esa gente?

Sin embargo, sí sabemos lo que le ha ocurrido a esta señora. Y aunque sea ponernos un poco en plan Gila, vale la pena recordar. Nada más saberse que iba a reabrir ese caso, Coro Cillán recibió amenazas de alguien. Como pasó por alto esas amenazas, alguien perpetró un conato de incendio en su vivienda habitual. Como tampoco eso hizo efecto —aunque es para pensárselo, ciertamente—, optaron por la vía más retorcida: la trataron de «loca» en su ámbito profesional, le buscaron las vueltas en antiguos casos que ella decidió —sin sacar nada en claro, salvo para la hinchada de los partidos— y acabaron expulsándola a lo bruto de la carrera judicial. Alguien decidió que «entre nosotros, los jueces, no caben los héroes». A sensu contrario, ese alguien dictamina que sólo caben los lameculos. El juez o magistrado que quiera progresar en la carrera ya sabe lo que tiene que hacer cuando le toque un caso político.

Y como había que hacer un escarmiento, por si quedaba alguien duro de oído, a Coro Cillán la han dejado en la indigencia. Presumo, por tanto, que le habrán dejado una pensión miserable. No sin pensión, porque eso sí sería manifiestamente denunciable al haber cotizado ella los años correspondientes; pero sí en unas condiciones que distan de constituir un retiro honorable. Recuerda al caso de aquellos castigos consistentes en limpiar una letrina con un cepillo de dientes y un vaso. Convertirse uno en el grano en el culo de alguien es lo que tiene. Coro Cillán creyó que buscar la verdad la protegería; y Coro Cillán fue apartada de su camino de una patada.

Y ahora, señoras y señores palmeros —algunos de ellos con carnet de ¿periodista?— y hooligans de partido que berrean en las redes sociales, sigan hablando. Hablen de la sacrosanta (nada santa, en realidad) Transición. Hablen de los cuarenta años de paz y ciencia que nos dejó Campechano I, en los que se fue formando la tela de araña que hoy pesa como una losa sobre la Nación española. Hablen de todas esas gilipolleces. Y de la «imparcialidad, inamovilidad, independencia y sometimiento a la ley» de los jueces. Eso les va a dar muchos puntos: los mismos que a San Antonio de Padua predicar a los peces. Sepulten la verdad bajo toneladas de «material no combustible», que hubiera dicho Ray Bradbury. Sigan bostezando ante el coñazo que es que las víctimas del terrorismo se manifiesten. «¿Para qué lo hacen si no van a sacar nada?».

Cambiamos la dictadura de un solo hombre por la de los partidos. Y estamos pagando las consecuencias: una democracia de mierda. Suave en las formas mientras uno «no se pase de ciertos límites». Pero totalitaria cuando uno trata de mirar de frente al horror y de sacar a la luz las bastardas «razones de Estado» (de Partido o incluso personales, en realidad) que informan determinadas actuaciones de quienes controlan esa maquinaria.

En España tener razón nunca valió una mierda frente al poder. Shostakovich en la política. «¡Circo, más circo!». Vergüenza.

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