Gaudeamus (non) igitur

Vuelvo hacia atrás la mirada y, aparte de ver los muros de la patria cayéndose a cachos (Quevedo sigue estando de actualidad, por mucho que algunos digan que «jugamos en la Champions Lig de la economía»), me detengo en lo que se puede decir que fue una de las mejores/peores etapas de mi vida: la universitaria.

Y me detengo al hilo de un artículo que el profesor Andrés Ollero escribió ayer en ABC sobre el «ser» universitario. Las cacicadas de las que da cuenta en dicho artículo no son en absoluto extrañas en mi experiencia. La formación de sectas universitarias, tampoco: nunca faltó el cátedro a cuyo alrededor pululaban becarios y profesores varios, tratando de hacerse bienquistos del pez gordo (él encantado siempre de haberse conocido, y ellos contentos con que el pez gordo se dignara otorgar un poco de lustre a sus miserables vidas). Quizá las cosas no llegaron hasta el punto de designar a un especialista en Historia del Derecho para dar clases de Derecho penal; pero sí puedo certificar la existencia de esa cortina entre Universidad y sociedad que la hace prácticamente impermeable a la acción de la justicia. Y añado más: un universitario (al menos en mi época) no podía montar el cirio ante una injusticia clamorosa, salvo que se diesen dos condiciones: a) que inmediatamente después de montarlo, uno pidiese el traslado de expediente a otra Universidad, so pena de verse porculizado (perdonen la vulgaridad) ad infinitum; o b) que de todos modos uno presentara la correspondiente demanda civil de responsabilidad por daños y perjuicios y que, enterado el Decanato de la Facultad correspondiente, el demandante fuese rogado de retirar la demanda «para no perjudicar el prestigio de la Universidad» y que «no se preocupara, que ya lo arreglaríamos».

Esto último ocurrió con un condiscípulo mío, inteligente y estudioso, que al parecer le entró por el ojo izquierdo a un profesor muy nacionalista (en realidad, un don nadie que vio en la afiliación nacionalista y la pertenencia a la tribu universitaria la oportunidad y la justificación para ejercer su chulería). El dicho profesor le suspendió y, ni corto ni perezoso, mi condiscípulo presentó una demanda de responsabilidad civil por daños y perjuicios. Enterado el Decanato, rápidamente se puso en contacto con este condiscípulo para que retirase la demanda y que, efectivamente, en septiembre las cosas se iban a arreglar. El profesor tuvo que pasar por el aro, pero su cacicada trascendió.

¿Cuál fue el secreto de esta segunda vía? Que este condiscípulo mío es pariente cercano de uno de los VIPs de la ciudad (eso en provincias todavía viste mucho). Sin ese requisito sine qua non, esta persona podría haber dicho misa ante la injusticia. Así, muchos otros que no teníamos esa clase de parentesco o influencia nos tuvimos que ir por la parte de atrás.

También aquí, a mayor abundamiento, quiero recordar las revisiones de exámenes de otra asignatura. La lista de aprobados casi siempre cabía en un DIN A5 (orientación horizontal, se entiende, y un tamaño de letra de 10 o 12 puntos). La cola era muy larga en julio y larga en septiembre. Las revisiones nunca servían para aprobar (en todo caso, para bajar nota: ¿cómo iban a reconocer que se habían equivocado suspendiéndote?).

Recuerdo a otro condiscípulo mío, también muy trabajador y estudioso, que suspendió en junio el examen de esa asignatura. Fue a revisión y el profesor, según él nos contó a los amigos, no le hizo ni puñetero caso. Al final, con una sonrisa de oreja a oreja, le dio unas palmaditas en la espalda y le dijo, paternal y condescendiente: «Tienes que estudiar un poco más, X». Si después de estudiar como un esclavo (les puedo asegurar que este compañero se quemaba las cejas estudiando), suspendes, vas a revisión en estado de shock porque no entiendes por qué has suspendido, ¿acaso no es para partirle la cara al profesor el que te suelte esa frasecita? Huelga decir que por aquel entonces ese profesor parecía tener a gala que su asignatura contara con aproximadamente trescientos repetidores, y que de esos repetidores, unos cuantos se acercaran a la treintena (de edad). Ese profesor y el anterior citado consiguieron que la Universidad perdiese en dos años 2.500 alumnos.

No sé si el profesor Ollero estaría de acuerdo conmigo (la verdad es que honraría con su visita mi modesto blog), pero en mi modestísima opinión, personas así no merecen estar en la Universidad dando clases de nada. Por lo demás, le agradezco que publique artículos como ése. Para mí y quizá para muchos otros, ese artículo supone el desquite de muchas ocasiones de incomprensión familiar, del tipo «si has suspendido es porque no has estudiado lo suficiente». Y ojalá sea verdad lo que él desea: que algunos profesores acaben en el Juzgado. Por incompetentes y por prepotentes.

¿Por qué ladran y rebuznan? (I)

Hace casi un mes que salió, los ladridos y los rebuznos no han cesado. Lo que salió, claro, es el famoso Manifiesto por una lengua común. Como residente en una Comunidad Autónoma oficialmente bilingüe (y pónganle toda la cursiva que quieran), tenía especial interés en leerlo, para ver por qué ha generado tanta polvareda.

Para acortar el camino, voy directamente a analizar las propuestas del Manifiesto:

A. Lengua y educación. Lo que se pide aquí no es otra cosa que se garantice el derecho de los padres a elegir la lengua en que han de ser educados los hijos. ¿O es que los padres no tienen ese derecho? Y concretamente, que el sistema educativo garantice, en todo el territorio español, el conocimiento de la lengua común, que es la castellana. Nada hay que objetar a ello, puesto que el artículo 3 de la Constitución establece que los españoles tienen el deber de conocer la lengua española y el derecho de usarla, como lengua oficial que es de la nación española.

Es decir: nada de ghettos lingüísticos, nada hay de lo que dicen los que ladran o rebuznan. El sistema educativo público debe garantizar que un/a muchacho/a (para no ser sexistas), al terminar la educación secundaria obligatoria, conoce suficientemente ambas lenguas. Si atendemos al hecho de que al menos en Cataluña es imposible hoy encontrar una escuela pública (claro que hay privadas: que se lo pregunten a Montilla, que escolariza a sus niñas en el trilingüe Colegio Alemán, no en la escuela pública, como podría deducirse de su presunta ideología) en la que se escolarice a los niños en castellano, convendremos en que esa obligación es sistemáticamente incumplida por Cataluña, en donde, además, se racanean horas de castellano.

B. Lengua, Administración y comercio. Tampoco aquí se pide nada del otro jueves. Se pide que el ciudadano entienda a la Administración cuando ésta le exige algo. También se incumple sistemáticamente esta obligación, puesto que en Cataluña los impresos oficiales suelen llegar a los domicilios exclusivamente en catalán.

Tampoco está de más sugerir que el castellano sea la lengua vehicular entre Administraciones. Lo digo más que nada para evitar el sonrojo y el ridículo de ciertos episodios ocurridos entre la Generalitat y las Juntas de Extremadura y Andalucía. La Generalitat, dando muestras de aldeanismo supino, les mandó sendos oficios en catalán fabriano sin traducción (som una nació) y las Juntas, naturalmente, respondieron en su lengua propia: castúo y andalú cerrao, respectivamente.

En cuanto a los bares… ¿qué quiere que le diga? Pues que está bien que cada propietario de bar hable como quiera: que el que quiera hacerlo en catalán, lo haga en catalán; y el que quiera hacerlo en castellano, que lo haga en castellano. Oponerse a esto significa colocar en cada bar un chivato, que informará debidamente al comisario lingüístico de turno sobre el abuso de la lengua extranjera en un determinado local; lo que, naturalmente, se traducirá en una hermosa multa lingüística de 600 euros mínimo. En el mejor estilo nazi, desde luego. Retengan esta palabra: Blockleiter.

C. Lengua y rótulos. Tampoco está fuera de razón que las señales de tráfico, los rótulos en los edificios oficiales consten en ambas lenguas. Un señor de Ciudad Real que no reside en Lleida, por ejemplo, no tiene por qué conocer lo que significan los rótulos escritos en la lengua propia (qué eufemismo) de la tierra cuando va conduciendo o cuando debe dirigirse a una dependencia administrativa para algún tipo de gestión. En otro post examinaremos motivaciones e implicaciones de lo que estamos exponiendo aquí.

D. Lengua y políticos. Bueno, hemos llegado a la madre del cordero. Ya avanzamos aquí que esto de la lengua es un problema político, no social. Pero volviendo al Manifiesto, dice así en su apartado 5º:

Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Me imagino que cuando dice «ocasiones características» se refiere a la Diada «nacional», o a la de Sant Jordi. En lo demás sigo estando de acuerdo: no hay necesidad de llevar consigo un traductor de euskera cuando Ibarretxe pretenda hablar con Juan Vicente Herrera, o Touriño con Álvarez Areces: se pueden entender todos ellos perfectamente en castellano. Y en cuanto a los Parlamentos autonómicos, allí donde exista cooficialidad de lenguas no debe existir problema alguno para usar cualquiera de las lenguas cooficiales.

Ich bin auch ein Airberliner

Recojo el testigo que ha puesto en circulación mi amigo Daniel y de paso comento la actuación del pallasso (dicho sea con todo respeto para los payasos, que éste da más pena que los payasos de Micolor) de Joan Puig. A los catalanes «normales» nos produce sonrojo ver cómo un senyor que se dice «nacionalista» se pone a hacer el ridículo provocando, además, el ridículo de aquello que dice defender.

El senyor Joan Puig, al parecer, no ha castigado su cuerpo con penitencias. En las fotos se le ve que está de buen año (ahhhh, qué bien se vive de la política). Por lo que tengo leído, no le quieren ni en Palamós, su propio pueblo; y pese a ello, no se resigna a dejar de cobrar una gabela de cuando estuvo de concejal allí.

Pues nada. Parece que como hay congreso en su partido, quiere hacer méritos para que le enchufen en alguna Direcció General o Subsecretaria, donde seguirá mamando de la ubre pública sin hacer nada (los que no valen para otra cosa, como él, sueñan con eso). Ya hace un par de años o así nos obsequió con un intrépido allanamiento de la morada de PedroJota en Mallorca. Eso sí, llevando el carnet de diputado en la boca, cual seguro de vida o escudo protector: «Mira que soy diputado y no me puedes juzgar ni detener». Valiente, muy valiente.

Y ahora el senyor Joan Puig, tan cruzado él, la ha emprendido con Air Berlin. Claro. ¿Cómo se atreven estos Krauts a no hablar en Mallorca la excelsa lengua catalana? ¿Por qué se empeñan en seguir hablando su lengua cuadrada alemana? Y, sobre todo, ¿por qué encima exigen que se hable en castellano (¡horror!)? Claro que el senyor Joan Puig se ha pasado diez pueblos en su cruzada, ofendiendo a Herr Joachim Hunold en lo más íntimo en que se puede ofender a un alemán: acusarle de nazi. Naturalmente, esto le va a costar al senyor Joan Puig medidas legales que podrían ir desde una rectificación obligada hasta un procesamiento por injurias.

Pero lo más lamentable de todo es que esta situación que padecemos muchos haya tenido que ser denunciada por un extranjero. No he oído aún a nadie de la oposición balear manifestarse en contra de las payasadas del senyor Joan Puig. Tampoco hemos de olvidar, si la memoria no me falla, que el problema lingüístico de Baleares ya empezó en la época Matas («de aquellos polvos…»). ERC se está expandiendo, como el PNV hizo en Navarra, y los esquerros baleáricos no difieren en mucho de sus hermanos catalanes. Y así van las cosas en Baleares (como aquí, vamos). Que se puede ser nazi aun perteneciendo a la izquierda rabiosa.

Los idiomas están para entenderse, no para señalar con ellos cual si de un número en el antebrazo se tratara o imponerlos como una seña de «identidad nacional». Por eso, Herr Hunold, aunque prácticamente no viajo en avión, a todos los efectos me declaro airberliner (así sea nada más que por solidaridad).

 

¿Rosa Díez apesta?


¿De verdad cree alguien que Rosa Díez apesta? La pintada en cuestión no ha aparecido en Deusto, precisamente. Ha aparecido en la Facultad de Políticas de la Complutense y parece que fue perpetrada con ocasión de las protestas contra el llamado Plan Bolonia, de equiparación de de titulaciones con el resto de Europa.

Con independencia de que en una protesta cabe de todo (siempre hay quien se aprovecha de que hay movida para «lanzar sus mensajes»), la pintada demuestra hasta qué punto ha bajado el nivel cultural general de los españoles, tanto de los que ya funcionan en el mundo como —y esto es lo peligroso— de aquellos que se están formando. Alguna vez hemos criticado la Universidad como foco de oscurantismo y de educación de élites que transmiten una determinada ideología conectada con el poder dominante. Llegan los pollos a la Universidad después de haberse empapado en el proceloso mar LOGSE sin una mínima idea del respeto a las ideas ajenas.

Sé lo que dirán las jerarquías, desde la menestra hasta el rector y algunos otros: «Son casos aislados». Puede. Pero en una Universidad, en la que se supone que lo que ha de primar es la libre circulación de las ideas, esto es —o debería ser— una agresión intolerable. Y como ya hemos observado otros casos de agresiones a personas que significadamente no profesan la ideología dominante, hemos de concluir que estamos ante un franco deterioro de la institución universitaria. Deterioro que se hará más evidente si no se encuentra a los autores y no se les expulsa de la Universidad. No lo fueron los agresores de Dolors Nadal, así que no confío en que a éstos se les expulse.

En su artículo de ayer en Libertad Digital, Agapito Maestre denunciaba el deterioro de las instituciones. Pues no se olvide también de incluir a la Universidad, que ha pasado de ser la hija de Sofía a ser la criada de Zeus.

Películas que tal vez nunca se hagan

Son cosas que uno no entiende. Por ejemplo: la rutilante carrera de actor de Charlton Chuck Heston (descanse en paz), hombre educado, cortés y sencillo en su esfera privada, al parecer… y presidente de la National Riffle Association, que defiende el derecho de los estadounidenses a defender a tiros su propiedad, como si los Estados Unidos fueran todavía el Wild West que John Wayne nos mostró en esas películas llenas de indios malos malísimos y del Séptimo de Michigan…

Otra cosa hay que no entiendo, en esto del cine. Se filman biografías (ahora los llaman biopics) de muchas celebridades. Se han rodado películas y series de Churchill, Roosevelt, de Eisenhower, de Patton… Supongo que cualquier día de éstos se hará una película de Clinton y del quitamanchas que debió tener a mano en los momentos importantes. Ah, los directores estadounidenses, siempre respetuosos con sus figurones…

Hasta los alemanes se acuerdan últimamente de Hitler y han hecho películas sobre el personaje que más les ha marcado en el siglo XX. La última, Der Untergang (El hundimiento), es una gran película. El actor Bruno Ganz realizó una interpretación excelente del personaje y realmente la caracterización es muy buena. Se han hecho películas y series sobre la Shoah y de los horrores de los campos de concentración nazis: de las que recuerdo, la mejor con diferencia fue Holocausto, en la que trabajaba una joven Meryl Streep, que es una de mis actrices favoritas (excelente también Sir Ian Holm como Himmler). No menos importantes fueron Heimat o Música para sobrevivir.

No menciono a Oliver Stone y sus hagiografías de Fidel Castro y de Evo Morales: seguramente en el Hollywood progre las habrán recibido con agrado, pero no menos seguro es que a más de un emigrante cubano le habrá repateado ver cómo se glorificaba al dictador tropical.

Esto… ¿no notan la falta de alguien? Yo sí. Noto la falta esencial de películas sobre un señor llamado Iosip Vissarionovitch Dhugashvili, conocido para la historia como Stalin, «el hombre de acero». O sobre alguno de los apparatchiks del régimen comunista coetáneos con los Hitler, Himmler, Heydrich y demás patrulla nazi. No se conoce mucho sobre ellos: la izquierda intelectual occidental se ha encargado de correr un tupido velo sobre la barbarie comunista al tiempo que aireaba la de los nazis; ¿pero quién puede decir que Lavrenti Beria, jefe de la NKVD, no era tan cruel como Himmler al frente de su Gestapo? Por otro lado, ¿acaso los comunistas no deportaban a los judíos? Claro que no los gaseaban, como los nazis (naturalmente, eso era un error): los mandaban a los comandos especiales para tener la gran oportunidad de morir como héroes por el padrecito, que «había sido mágnánimo y benévolo perdonándoles su asquerosa vida y concediéndoles dicha y generosa oportunidad».

Probablemente, lo más cerca que hayamos estado de conocer la barbarie comunista ha sido gracias a la película La vida de los otros, del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, situada además en el orwelliano 1984 (mucho me temo que no es una localización temporal inocente). Como ocurre en estos casos, muy pocos se han dado por aludidos; y personas que colaboraron con el régimen, por poco que fuese, dicen ahora que «ellos nunca fueron verdaderamente comunistas» (como antes ocurrió con los nazis). No obstante, los archivos se guardan y ahí aparecen registrados nombres y personas, lo mismo en los de la KGB que en los de la temible Stasi. Los alemanes están haciendo muy bien en mirar cara a cara a su historia, para poder aceptarla como algo que pasó y no permitir que envenene su futuro.

¿Y España? Bien, aquí el figurón histórico preferido es… Franco, como corresponde a una intelligentsia cinematográfica de izquierdas pero educada en el franquismo. El dictador ha sido y es una de sus obsesiones, de forma que le han visto desde todos los ángulos posibles. No obstante, los capitostes que llevaron a España a una guerra civil o la administraron, como Largo Caballero, Negrín… o Carrillo, están totalmente missing del cine o de la televisión. Nunca se ha hecho demasiada luz sobre ellos.

¿Por qué? Tal vez hay miedo de que el gran público, cada día un poco más ágrafo, empiece de todos modos y contra pronóstico a atar cabos sueltos entre imágenes y entonces… ¿se acabaría el chollo cultureta progre? ¿Se acabaría la hegemonía política izquierdista sustentada en el monopolio cultural progre? ¿Dejarían los titiriteros de percibir la correspondiente subvención? (no lo permita el Rey Salomón) Quién sabe. Pero por si acaso, ahí está el experimento Miénteme, con resultados al principio buenos y bajando, después de que algunos se quejaran de que «no reflejaba la represión franquista» (que la hubo, tal vez, pero nada comparable a lo que por esos tiempos ocurría en los países comunistas y que hoy conocemos), hasta convertirse en el panfleto progre que hoy es.

Cualquier día de éstos nos encontramos otro panfleto televisivo a mayor gloria de Felipe González, algo así como Los ochenta fueron nuestros (y casi los noventa). De Aznar no creo que hagan ningún panegírico porque los del PP no saben vender las cosas buenas que hicieron (creo que todavía están intentando desentrañar los significados de las palabras publicidad y propaganda) y porque entre los progres el bigotes es la bête noire, a pesar de haberse llenado los bolsillos con él y también a costa de él.

Y cualquier siglo de éstos nos enteraremos de las barbaridades del comunismo chino. Se corren apuestas: yo voto por el siglo XXV…

Los tolerantes

No se llamen a engaño ustedes acerca de quién es el filósofo de cabecera de ZP y de la cúpula zapaterista. No es Philip Petit (sobre todo porque su alcance es más bien petit). Mejor empezar con una cita del teórico comunista italiano Antonio Gramsci, al que por lo visto tendremos que leer con más atención si nos queremos enterar de las verdaderas intenciones del P(SOE) y sus sucursales territoriales (la cursiva es nuestra):

«Según Gramsci, el comunismo había de ser la religión de la nueva sociedad civil, del mundo secularizado. Parodiando la célebre frase de Marx, cabría decir que el comunismo es la religión de un mundo sin religión. Los sacerdotes de esa nueva religión –los fabricantes de la opinión pública– serían los intelectuales orgánicos, cabeza del bloque histórico. Ahora bien, la burguesía neocapitalista, que lo corrompe todo, ha corrompido al bloque histórico, cuya descomposición ha empezado por la cabeza. De este modo, los intelectuales orgánicos, en lugar de predicar la fe en el comunismo, han pasado a ser los intelectuales orgánicos de la llamada industria cultural, agentes del nuevo conformismo de la negación de valores sobre un vago fondo de utopías rojas. El caso de Pasolini es ejemplar por los cuatro costados. Militante del vicio nefando, murió por así decir en acto de servicio, y la sociedad permisiva le rindió honores fúnebres de héroe y de mártir». (Aquilino Duque, El suicidio de la modernidad. Citado en Y yo que me la llevé al río).

Es innegable la actualidad de estas palabras. Y uno se lamenta, con una perspectiva histórica más o menos amplia, al comprobar que lo que ha ocurrido en España en estos 30 años no ha sido sino un cambio de régimen: pasamos de una «Dictablanda de derechas» a una «Dictablanda de izquierdas» (ésta última en lo intelectual, por ahora). ¿Negará alguien la condición de «fabricante de opinión pública» a Juan Luis Cebrián, por ejemplo, que durante tantos años ha tenido línea directa con Moncloa?

No está de más recordar también otra frase o idea de Gramsci: que la hegemonía política se sustenta en una hegemonía cultural. Y eso es lo que ha logrado el P(SOE): esa hegemonía cultural que le ha permitido aplicar el ideario progre («el nuevo conformismo de la negación de valores sobre un vago fondo de utopías rojas») mientras ha gobernado y bloquear cualquier intento de sustitución de dicho ideario cuando ha estado en la oposición. Ideario progre que primero entró por la Universidad y la cultura (como forma de lucha antifranquista, no se olvide)… y ha acabado en el cine y en la televisión, que al parecer es lo que ve el 80% de los españoles.

Así, pues, los que nos resistimos a formar parte del rebaño progre nos hemos visto obligados a emigrar a la Red. ¡Qué contentos estaban los progres cuando recibían un artículo en sus diarios contrario a ese ideario! ¡Con qué alegría lo censuraban, sin explicación alguna o murmurando piadosamente lo de «exceso de líneas»! Sin embargo, esa etapa dorada se acabó con la llegada de los blogs, a los que Carmen Rigalt dedicó una filípica en el Mundo el 1 de febrero de 2005.

¿Y por qué? Pues porque la Red es sencillamente un espacio libre donde, por ahora, existe libertad de expresión y en donde los progres no pueden mostrar hegemonía ninguna, de acuerdo con el postulado Gramsci. Sí, es cierto: descalifican, berrean o insultan; pero no pueden controlar la blogosfera. Y no pueden hacerlo sin quitarse la careta buenista y mostrarse como lo que son: neoestalinistas, totalitarios de nuevo cuño que pretenden decirle a todo el mundo lo que debe leer, pensar, sentir o escribir. Y que no permiten que nadie lea, piense, sienta o escriba algo que se aparte del ideario progre. Claro que sería un «desastre» que hasta el más lerdo se diese cuenta del detalle, de acuerdo con el criterio de la visibilidad («lo que no se ve, no existe»).

Para ejemplo, tomemos la música pop (y me refiero al mainstream). Estamos inundados de «canciones de amor», «baladitas» o «cosas incalificables» como el chiki-chiki. Prácticamente, estamos rodeados. Lo sorprendente es que no haya «trovadores de la realidad». Ésa categoría está reservada a los «grandes»: por ejemplo, a un Joan Manuel Serrat (P-SOE), a un Joaquín Sabina (ex-comunista y últimamente zejatero) o a un Ismael Serrano (comunista). ¿Son posibles otras lecturas de la realidad en el mainstream? La respuesta es no. Para encontrarlas, hay que ir a los circuitos alternativos.

Y no está de más recordar una entrevista que le hizo Amilibia en La Razón a un «triunfito» (no la he logrado encontrar en el formato electrónico: creo que fue allá por noviembre). Vagamente recuerdo que el periodista le preguntaba algo parecido a «en qué se inspiraba para componer sus canciones». Y él dijo algo así como (no cito textualmente): «En el amor, naturalmente. Para hablar de la realidad tengo que tener mucho cuidado«. Por supuesto: ¿qué es más bonito (y rentable) que hablar de «amor»? Las productoras no arriesgan un céntimo con quien pretende tener capacidad de pensar e interpretar lo que ve de forma distinta a como lo hacen las citadas vacas sagradas.

Pues bien, he aquí el caso de Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia. Una ONG en principio de buena intención. Pero resulta que el señor Ibarra, que es más progre que nadie, y que al parecer su mayor habilidad resulta la de cobrar subvenciones para su ONG, se ha arrogado el derecho de decidir quién es más tolerante o no. Y entre los que ha decidido que son «intolerantes» están los muchachos de Aforo Completo, que según el señor Ibarra son de «extrema derecha». Música que suena ya a conocida, pues se lo han dicho también al PP, cuando habrá blogs que no estén vinculados al PP por mucho que su pensamiento pueda ser tildado de derechista (entre ellos el de un servidor de ustedes).

El señor Ibarra (o alguno de sus becarios) es experto en el copypaste. Y lo que demuestra con ello es que no se ha tomado la molestia de leerse los blogs que ha colocado en su lista negra (¿un tolerante fabricando listas negras tipo «los blogs que todo buen progre no debería leer»? Quiá…). En particular, los que muestran reservas u hostilidad contra el Islam. El caso de nuestro colega Crispal puede ser de los primeros. Ha viajado a Arabia Saudí y conoce de primera mano lo que allí ocurre. Habla, pues, de lo que conoce, al contrario que el señor Ibarra, que se permite tacharlo de intolerante sin haber salido de España. Por eso, toda nuestra solidaridad con el amigo Crispal, a quien deseamos que por mucho tiempo nos siga deleitando con sus post acerca de la realidad que tan bien conoce…

La actuación del señor Ibarra no es más importante que la de un chivato que señala cuál es el enemigo a batir. Por supuesto, no los islamistas radicales, sino aquellos que en España, en Inglaterra, en Holanda o en Dinamarca denuncian la progresiva y silenciosa islamización de Europa. Todas esas denuncias son consideradas por este señor como «ideología racista y xenófoba». Es la manera que tiene el P(SOE) de intentar acallar las voces discrepantes con su política de inmigración y con sus compadreos aliancistas. Lo de siempre: «calumnia, que algo queda». Pero eso mejor se lo cuenta Rossini

Una de Unamuno (vasco, liberal y republicano)

Hay otro problema que acucia y hasta acongoja a mi patria española, y es el de su íntima constitución nacional, el de la unidad nacional, el de si la República ha de ser federal o unitaria. Unitaria no quiere decir, es claro, centralista, y en cuanto a federal, hay que saber que lo que en España se llama por lo común federalismo tiene muy poco de federalismo de The Federalist o New Constitution, de Alejandro Hamilton, Jay y Madison.

La República española de 1873 se ahogó en el cantonalismo disociativo. Lo que aquí se llama federar es desfederar, no unir lo que está separado, sino separar lo que está unido. Es de temer que en ciertas regiones, entre ellas mi nativo País Vasco, una federación desfederativa, a la antigua usanza española, dividiera a los ciudadanos de ellas, de esas regiones, en dos clases: los indígenas o nativos y forasteros o advenedizos, con distintos derechos políticos y hasta civiles. ¡Cuántas veces en estas luchas de regionalismos o, como se les suele llamar, de nacionalismos, me he acordado del heroico Abraham Lincoln y de la instructiva guerra de secesión norteamericana! en que el problema de la esclavitud no fue, como es sabido, sino la ocasión para que se planteara el otro, el gran problema de la constitución nacional y de si una nación hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede rescindir a petición de una parte o de un organismo.

Aquí, en España, este problema se ha enfocado sentimentalmente y sin gran sentido político, por el lado de las lenguas regionales no oficiales, como son el catalán, el valenciano, el mallorquín, el vascuence y el gallego. Por lo que hace a mi nativo País Vasco, desde hace años vengo sosteniendo que si sería torpeza insigne y tiránica querer abolir y ahogar el vascuence, ya que agoniza, sería tan torpe pretender galvanizarlo. Para nosotros, los vascos, el español es como un máuser o un arado de vertedera, y no hemos de servirnos de nuestra vieja y venerable espingarda o del arado romano o celta heredado de los abuelos, aunque se los conserve, no para defenderse con aquélla ni para arar con éste.

La bilingüidad oficial sería un disparate; un disparate la obligatoriedad de la enseñanza del vascuence en el país vasco, en el que ya la mayoría habla español. Ni en la Irlanda libre se les ha ocurrido cosa análoga. Y aunque el catalán sea una lengua de cultura, con una rica literatura y uso cancilleresco hasta el siglo XV, y que enmudeció como tal en los siglos XVI, XVII y XVIII, para renacer, algo artificialmente, en el XIX, sería mantener una especie de esclavitud mental el mantener el campesino pirenaico catalán en el desconocimiento del español – lengua internacional -, y sería una pretensión absurda la de pretender que todo español no catalán que vaya a ejercer cargo público en Cataluña tuviera que servirse del idioma catalán, mejor o peor unificado, pues el catalán, como el vascuence, es un conglomerado de dialectos.

La bilingüidad oficial no va a ser posible en una nación como España, ya federada por siglos de convivencia histórica de sus distintos pueblos. Y en otros respectos que no los de la lengua, la desasimilación sería otro desastre. Eso de que Cataluña, Vasconia o Galicia, hayan sido oprimidas por el Estado Español no es más que un desatino. Y hay que repetir que unitarismo no es centralismo. Más es de esperar que, una vez desaparecidos los procedimientos de centralización burocrática, todos los españoles, los de todas las regiones, nosotros los vascos, como los demás, llegaremos a comprender que la llamada personalidad de las regiones -que es en gran parte, como el de la raza, no más que un mito sentimental- se cumple y perfecciona mejor en la unidad política de una gran nación, como la española, dotada de una lengua internacional. Y no más de esto.

(Miguel de Unamuno, El Sol, 14 de mayo de 1931)

Visto en Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil.

Comentario nuestro.- O salió don Miguel profeta, o es que conocía demasiado bien a sus paisanos nacionalistas… y por extensión, a los catalanes y gallegos.

Chikiliquatre rulez

Convertida España en esta especie de extraña Matrix en la que las personas normales parecemos no caber y sólo hay lugar para criaturas almodovarianas, entre el estremecimiento, el asombro y el esperpento, la jornada nos deparaba otro hecho curioso. Que Z no salga de la Moncloa es lo que el (¿sabio?) pueblo ha elegido para los próximos cuatro años y habrá que acatar democráticamente la decisión. La lucha anti-ZP continúa, de todos modos y eso no nos ha de amilanar. Al contrario, seguimos en pie y seguiremos denunciando lo que nos parezca denunciable de esta segunda etapa ZP. Ya han intentado acallarnos, al estilo bolivariano, pero no lo van a conseguir.

Decía que la jornada nos ha deparado otro hecho curioso. Y es ni más ni menos que la elección de Chikiliquatre (y lo escribo mal porque la moda es repudiar las reglas de la RAE: «hay que ir a la moda», como hoy me han dejado claro dos pedorras) como representante de España en Eurovisión. Confieso a ustedes que yo no sé qué pensar. Bien es verdad que Eurovisión languidece desde hace años: antes se presentaban para concurso personas que simplemente cantaban. Una canción, con más o menos arte y gracia, era su carta de presentación en el mundo. Unos ganaban y otros perdían, pero por aquellos entonces, haber participado en el famoso festival lucía en el currículum. Hasta en el de Julio Iglesias (¡uoiah!). Tampoco es que fuera indicio de nada, porque a fin de cuentas, Rosa de España participó en ese festival y quedó séptima, después de haber sido elegida en pública y móvil aclamación. El que se llevó la fama y las pelas fue, naturalmente, Bisbal (probablemente el que hubiera ganado aquella OT1 de no haberse facilitado una votación democrática).

Pero la simiente ya estaba plantada. Según recuerdo, en 1998 se presentó un transexual (¡y por Israel, que no es precisamente transigente con los hibridos!), que no hizo pública su condición. Si no hubiese ganado, probablemente nadie hubiera dicho nada. Ahhhhhh, pero ganó y alguien aireó el secreto, lo cual le costó un disgusto mayúsculo a las autoridades israelíes. De ahí que las rusas T.a.t.u., que airearon todo lo que pudieron su condición de lesbianas (o que jugaron con la ambigüedad de serlo o no) y cada comparecencia era un espectáculo para hacerse propaganda, dijeran: «Si un judío transexual puede presentarse a Eurovisión, ¿por qué nosotras no?». No recuerdo la canción que cantaron, porque era en ruso, pero sí recuerdo que quedaron en un sorprendente tercer puesto.

Y llegamos a 2008. Tras la ridícula experiencia de Remedios Amaya (cabe decir que se ha redimido con creces de aquella calurosa noche de mayo de 1983 y hoy es uno de los talentos más respetados en el mundo flamenco), llegamos al Chikilicuatre éste. Las cosas han cambiado mucho, porque a los representantes se les elige por aclamación popular. Nada de comité de expertos, que eso suena muy elitista, se presta a muchas trampas y «no representa el sentir del pueblo». Uribarri, que ha presentado muchos años el concurso aquí, pondría el grito en el cielo porque han pasado olímpicamente de él. Por otro lado, si para alguien es rentable la aclamación popular —además de para el aclamado—, es para las telefónicas. Miles de SMS votando: «Io kro Chkl4e». Negocio redondo, oiga.

Después de ver un video de este señor, comprobamos que se trata de un señor cuyo rasgo más distintivo es el tupé macarra travoltiano combinado con gafas de pasta carey y vestimenta a juego con el tupé. El texto de la canción no es profundo ni tiene mensaje alguno (para atraer a la audiencia eurovisiva, al parecer, cuanto menos haga pensar uno, mejor; además, si se ofenden los musulmanes la liamos). Por no hablar, no habla ni siquiera de amor, que es el tema más socorrido en estos casos. Tampoco es necesario saber cantar, porque el señor que aparece en el vídeo, realmente, no canta; en todo caso, declama o rapea. Y el baile o coreografía o como se llame no es nada complicado: esto no es Fama, la fama no cuesta nada y no se tiene por qué empezar a pagar, faltaría más.

Lamentablemente, habrá que reconocer que lo que era anteriormente un festival de la canción se ha convertido en negocio redondo para unos y en circo multipista para los demás. Y tal vez alguien entresaque similitudes entre el payaso que nos va a ¿representar? en Serbia y el realquilado de la Moncloa. Que yo, en mi modesto saber y entender, creo que sí las hay, sí…

Lo dicho: ¡Chikiliquatre rulez! ¡Larga vida a la LOGSE!

La cuerda es larga, pero no infinita

… y se acaba. Que un tipo que pasa las noches entre vodka y caviar insulte a 10 millones de personas sólo porque no piensan como él pretenda después que le compren su vino… He aquí el formato de carta que quienes lo deseen pueden enviar a la bodega expresando su disconformidad con las opiniones de este «señor».

Estimados Sres. de la Bodega San Clodio.

Por la presente les comunico que, como votante del PP y habiendo sido consumidor de su vino, jamás lo volveré a hacer, ya que D. José Luis Cuerda*, dueño de su bodega, afamado cineasta (El bosque animado (1987), Amanece, que no es poco (1988), La lengua de las mariposas (1998) y La educación de las hadas (2006). Productor de Tesis (1996), Abre los ojos (1997) y Los otros (2000), ha dicho literalmente de nosotros en la presentación de la Plataforma de Apoyo a Zapatero que somos ‘la turba mentirosa y humillante, que piensa desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos’.

Ya que soy un imbécil, aunque su vino está muy bueno, nunca más lo consumiré. Y este mismo correo se lo voy a reenviar a todos mis conocidos y amistades solicitando que hagan lo mismo que yo, para que tampoco hagan el imbécil.

Atte.
Aguador

Javierito ya ha ganado el Oscar


Supongo que voy a ejercer de español, porque no soy actor y no sabría fingir, un suponer, ser un esquimal o un bantú o un cantonés. Ejercer de español supone, muchas veces, encontrarse como aquél en la plaza de toros. Mientras el resto del tendido aplaude a rabiar la faena del diestro, hay un señor en la última fila que mueve el dedo índice y dice «¡No-se-ñor! ¡No-se-ñor!», como dando a entender que a él, Juan Español, no le engaña la supuesta maravilla de la faena.

Pues eso, que Javierito Bardem se va a casa con la preciada estatuilla. Ha estado en la Meca del cine, la fábrica de sueños, que dijo Ilya Ehrenburg, la feria de vanidades de la que Julie Christie (recordada Lara Antipova y madre de Kate Winslet en Descubriendo a Peter Pan) huyó como de la peste. Esta vez no se ha producido el curioso espectáculo de que Penélope Cruz —que a lo que parece, sí se ha acostado con todos sus pretendientes; y los de su tocaya fueron 108, nada menos…— tuviera que darle el premio a su ¿novio? y gritase histérica «¡¡Javieeeeeeeeeeeeeer!!».

No, no voy a cometer la ordinariez de decir que Bardem sea un mal actor sólo porque no coincida con mis ideas políticas. Sería no reconocer la realidad cuando le han dado un premio tan importante como el Oscar. Incluso diré que cuando le vi actuar en Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, estuvo bastante bien en su papel de Santa. Mar adentro aún no la he visto (y eso que me la regalaron), porque con toda la polvareda mediática que se levantó, quedaba en mi ánimo la sospecha de que tal vez fuese un intento de adoctrinamiento cinematográfico acerca de la eutanasia, que tomaba demasiado partido. Y aunque es materia de otro post, creo que si algo no hay que darle al Estado es poder sobre la vida y la muerte. Quizá un día de éstos me arme de valor y la vea.

Me queda una cuestión por plantear. Con el dinero que costó el modelito de mamá Bardem, ¿cuántas familias cubanas podrían comer durante un mes? Tengo entendido que muchos cubanos, de ésos a los que Javierito saca a colación para meterse en un jardín que no es el suyo, viven con 35 céntimos al día (¿te acuerdas de Mila, Javier? Puede que ella sea uno de esos cubanitos). Claro que una cosa es «ser de izquierdas» y por ello pedir que se juzgue a determinadas personas por «crímenes de guerra» (de Fidel mejor no hablar, naturalmente) y otra muy diferente son los «gastos de representación». Es decir: los que uno hace para que no le tomen por un paleto con un plátano en la boca en una feria en la que se da un premio para tener contentos a los de colonias y participen todos en el gran negocio que es el Hollywood business.

Lo dicho: felicidades al pollo. Pero que se acuerde de que está más guapo haciendo de lo suyo y nada más.

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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