El verdadero recorte

Recordarán ustedes a la indiota de Marta Garrote acusando al Gobierno del accidente del Alvia gallego debido a los recortes del Gobierno. Como desde hace mucho ocurre en las Batuecas, la demagogia grita más que la verdad y parece que no hay más “verdad” que la demagogia. Hace apenas dos semanas la bancada “socialista” (y lo pongo entre comillas porque han vaciado de contenido esa palabra) se llenaba la boca con los “recortes del Gobierno”, que fueron “los causantes de la catástrofe ferroviaria”. Con eso habían creado el gancho para colgar todas sus mentiras, insultos, intoxicaciones o inshidiash, que diría Mariano. No es muy diferente a como actúa un troll a sueldo de ellos; pero claro, ellos hilan más fino. Sigue leyendo

La caída de los Patxis

Máis do mesmo (ou non)

Empezando por las buenas noticias, en Galicia el PP ha literalmente arrasado en las elecciones autonómicas. Ha aumentado sus escaños y por tanto, ha afianzado aún más su mayoría absoluta. Era un resultado previsible, a la vista de las campañas de los demás partidos que podían disputar la silla a Alberto Núñez Feijóo. El Pachi gallego, en cambio, se ha pegado el trompazo electoral de su vida (más bien «bajada») y, como sus homólogos nacional y vasco, ha dejado la formación bajo mínimos. No obstante, contados los votos, resulta que el PP ha perdido en Galicia 132.000 votos, nada menos. Como apunta en su análisis Elentir, el factor principal ha sido la abstención. No debería Feijóo lanzar las campanas al vuelo, pese a que menudean los discursos triunfalistas a cuenta de los escaños.

Por supuesto, los gallegos sabrán lo que hacen cuando dan por buena la política lingüística de Feixóo, que aunque no sea un área «de gestión» (ya que por lo visto se pondera su «gestión económica»), sí es importante. Máxime cuando esa política es importada de Cataluña (concretamente, fue Fraga quien copió de pe a pa la Llei de Normalització Lingüística de 1983), con los resultados conocidos aquí, y que allí, con el tiempo, no tardarán en aparecer. Ha sido escorarse un poco con el tema de la lengua y así quitar aire y espacio a los bloqueiros y otras hierbas, cuyos resultados modestos dan idea del poco recorrido que tenían estas opciones entre la población.

El caso más llamativo, cómo no, es el de SCD. Una formación a la que se ha tratado de ningunear: desaparecida de los medios, desaparecida de las encuestas, con intentos de actualizar el pasado presuntamente delictivo de su presidente, Mario Conde y con puesta en circulación de consignas tipo «es un delincuente» y similares, que los peperos a machamartillo han repetido hasta la saciedad. Partían también con el hándicap de que su asamblea constituyente fue hace poco más de un mes. Y en política española lo de llegar y besar el santo… como que no funciona. Y los gallegos, que son más bien pausados en estas cosas de las elecciones, le han mandado el mensaje de «que espere».

Tal vez sea bueno el resultado para el PP. ¿Lo será para los gallegos? En tres meses, la respuesta. En todo caso, en las celebraciones y felicitaciones eché de menos a Galicia. Como si las elecciones las hubiera ganado el Dépor o el Celtiña. Todo el mundo hablaba de la victoria del PP; pero pocos o nadie se acordaron de que Feijóo no gobierna sólo para ellos, sino para todos los gallegos y además en un contexto nacional, pues todavía son España. Y, contra lo que piensan algunos, no sólo los gallegos pueden hablar de Galicia…

Ahí va la hostia que se ha pegado, pues

Hablar de los resultados de Vascongadas es casi para llorar. El Patxi vasco, sabedor de que no tenía futuro en Euskadi tras las elecciones, se blindó ese peazo de pensión vitalicia, que dudo que el presidente electo Urkullu le revoque. Y se irá a Madrid a enredar, a ver si le dan algún cargo en la renovación que se perfila. La posición de Urkullu es sin duda muy cómoda: puede jugar al juego de las dos boinas: puede pactar tanto con Bildu (gracias PPSOE por inducir al TC a dejarles participar contra la opinión del TS) para acelerar la cosa independentista como con el PSE-EE para dar un cariz más moderado a su gobierno.

Está claro que el pacto constitucionalista ha fracasado, lo cual ha de ser apuntado en el debe de los líderes nacionales. Si ZP, por un lado, no hubiera defenestrado a Redondo Terreros acusándole de «seguidismo del PP» y por otro, Basagoiti no hubiera ejecutado la limpieza en su partido (apoyado por la complacencia silente de Mariano), barriendo a aquellos que aportaban peso y valor al mismo (María, Regina, Nerea y otros), tal vez los resultados hubieran sido otros. Aparte de eso, algunos patinazos de personajes públicos del PP vasco han hecho el resto: así, la foto de los concejales del PP compartiendo brindis con los bilduetarras («somos compañeros, joder, pues»), o la última, en que en una entrevista con Isabel San Sebastián, Oiartzabal acusa a la periodista «de beneficiarse del PP mientras a ellos los mataba la ETA» (sic). Con estos mimbres no se construye un partido ganador… y así lo ha entendido el electorado vasco.

La mala noticia es que Bildu ha pegado un salto espectacular: de los 5 a los 21 escaños. Veremos de qué forma podrá condicionar la política de Urkullu, arrimar el ascua a su sardina y conducir a las Vascongadas por el pedregoso sendero de la independentzia. Nuevamente y como decimos, gracias PPSOE, por dejar que la marca blanca de ETA tenga presencia política en las instituciones, sin que la organización nodriza abandone las armas y mucho menos se disuelva, como pedían (con la boca pequeña, además) algunos políticos ilusos. Creen que vistiéndolos de lagarterana los van a «civilizar». Pues creo que van de lado. Y en los próximos meses se va a ver.

Permítanme finalizar con una anécdota, que esta vez será gráfica. La imagen no tiene desperdicio y la anécdota es de envergadura

Y el voto es VÁLIDO…

Discriminación… positiva

Vía mi compadre Noatodo me entero que la Xunta de Galicia se ha rendido al pijiprogrismo de izquierdas (que unos vienen de la parte progre y otros, como Feijóo, de la pija). Ya no es solamente que en Galicia se aplique la misma política lingüística que en tierras catalanas (aunque sea con gaitas). Porque sí: Feijóo engañó a su electorado prometiéndoles que se respetaría la opción de los padres en las escuelas y ha sido y es que no.

Pues bien: ahora le toca el turno a la discriminación positiva, ese invento de los americanos y del 68 que la izquierda patria ha abrazado con entusiasmo. Y todo envuelto en el papel de celofán de la apestosa corrección política. «Todos tienen derecho a que Papá Estado les ayude», salmodian los progres de todos los partidos. ¿Todos? Bueno… hay matices:

  • si eres hombre, tienes menos derecho a que te ayuden que una mujer (caso presente). Discriminación mucho más flagrante en tema de maltrato, aunque eso daría para otra entrada.
  • si eres católico, puede ser que también tengas más problemas que un musulmán.
  • si te declaras «español» en tu propio país, dependiendo de la CA en que vivas también puedes tener problemas (especialmente si no conoces la «lengua propia» de dicha CA).
  • si estás completamente sano, no tienes derecho o tienes menos derecho (el desequilibrio psicológico no cuenta porque no se ve; es mucho mejor una pata rota).
  • si eres heterosexual, según para qué tipo de ayudas lo tienes peor que un homosexual…

Recordemos a este respecto lo que dice el art. 14 de la CE:

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Podríamos ir repasando todas las circunstancias del art. 14 de la CE y probablemente en todas ellas nos encontraríamos con discrepancias entre la Constitución y la realidad. Y es que al final, la discriminación mal llamada «positiva» no deja de ser discriminación. Igual que el «mal menor» no deja de ser un «mal», como muchos aprendimos el 20-N…

La nación del PSC

Por su interés, reproducimos este artículo de Leopoldo Cuesta en MD

Pues sí queridos míos. Este verano ha sorprendido a cronistas tanto de izquierda como de derecha, la conversión del Partido Socialista de Cataluña (PSC) a la fe nacionalista. A unos les ha parecido una traición; a otros, simple oportunismo. Y no estoy de acuerdo con ninguno de ellos.

Defiendo la tesis de que la evolución del socialismo en general, y del PSC en particular, hacia posiciones nacionalistas, forma parte del desarrollo coherente del colectivismo, del culto a la Comunidad, y del desprecio al individuo.

El socialismo se basaba en una supuesta ventaja económica de la planificación centralizada, frente a la búsqueda individual de la felicidad a través de la consecución de objetivos personales. Esta suposición, se podía contrastar con la realidad, y eso ha sido precisamente lo que ha ocurrido a lo largo de todo el siglo XX: el fracaso del Socialismo ha sido total y sin paliativos… pero…

¿Donde se iban a refugiar los quienes no creen en la persona?, muy fácil: en la Nación Planificada: En el Nacionalismo.

Y hablo de Nación Planificada, para distinguir la «Comunidad Popular» nacionalista, de las Naciones Históricas realmente existentes.

Nadie planifica la existencia de las Naciones Históricas. Son fruto de millones de hechos aislados independientes entre sí. Fruto de victorias y derrotas militares, de habilidades y torpezas. Los hechos que modelan una Nación Histórica, podían haber ocurrido de otra manera, pero entre todas las infinitas posibilidades, solo una es históricamente cierta.

En las Naciones Históricas los individuos conservan la libertad, porque no deben ajustarse a ningún modelo preconcebido, es la Nación la que se nutre de ellos. ¿Ejemplos concretos?, tenemos uno muy cerca: España.

España es una Nación Histórica.

Las Naciones Planificadas de la mitología nacionalista obedecen a un proyecto ideológico abstracto. Sus fronteras, su cultura y su idioma no son fruto de las decisiones de sus ciudadanos, sino del proyecto alucinado de los «verdaderos patriotas». Las naciones Planificadas son un mero artificio, diseñado por burócratas, al margen de cualquier control democrático.

Las Naciones Planificadas, al ser falsas, hay que fabricarlas. Y a ese objetivo deben plegarse las vidas y las haciendas de las personas. Quien no lo haga, queda excluido de la «comunidad nacional». ¿Ejemplos concretos? También los tenemos muy cerca: «Euskal Herria» «Els Països Catalans» «Galiza», son Naciones de diseño, Naciones Planificadas. Falsas Naciones, que no han sido producidas por la Historia. Esta ideología, prácticamente una religión, es el refugio ideal para quienes huyen del fracaso del socialismo. Al ser mística, no hay que demostrar nada: pase lo que pase, el mito se mantiene. ¿Alguien tiene una idea mejor para seguir viviendo del cuento?

Por supuesto esta «Construcción Nacional» supone la destrucción de las personas que tienen la desgracia de vivir en esos territorios. Incluso la destrucción de la cultura que el nacionalismo dice defender.

Les voy a contar una historia… Puede que a los lectores más jóvenes les cueste creerlo, pero hace más de 30 años, en pleno franquismo, el catalán fue un idioma de enorme prestigio, tenia amigos en todas partes y estaba en plena expansión.

A día de hoy, el catalán está perdiendo terreno demográfico. Es un idioma poco atractivo para los estudiantes, y no es económicamente rentable. Cuando la gente puede elegir, elige el castellano. Socialmente, el catalán sólo se habla cuando se impone coactivamente. No es autónomo, depende de subvenciones y prebendas. Si el régimen nacional-socialista se desmorona, el idioma catalán va a tener grandes dificultades para sobrevivir al siglo XXI.

¿Qué ha pasado en estos años? ¿Cómo es posible que después de 3 décadas de gastar ingentes sumas de dinero en potenciar el catalán, su crecimiento esté paralizado?

La verdad es tan simple, que un nacionalista es incapaz de verla: la ciudadanía percibe que el catalán ha dejado de ser un idioma para convertirse en un arma, un instrumento sectario de segregación social y política, con el único objetivo de crear una «comunidad popular» mística, cultural y lingüísticamente pura, cuya identidad se basa en el odio a España.

El mito se alimenta a sí mismo, pues el retroceso social del catalán, es utilizado por el nacionalismo para aumentar el victimismo y la presión sobre la población al grito de… ¡el catalán se extingue!. El separatismo jamás podrá asumir la realidad de que el retroceso del idioma catalán, su perdida de prestigio, y su inutilidad económica, son fenómenos de su exclusiva responsabilidad.

Pero asumiendo la realidad de esa decadencia, ¿está justificada la imposición del catalán? Desde el respeto a la libertad de la persona, en absoluto. Si el nacionalismo cree realmente que el catalán, el vasco, o el gallego están en vías de extinción ¿existe mayor crueldad que formar a una generación de niños en idiomas que se extinguen? ¿Alguien ha pensado en ellos como personas? En sus vidas, en sus opciones de futuro, ¿a alguien se le ocurriría imponer el latín en la escuela para «salvar» ese idioma?

La supuesta nación catalana se ha convertido así, en la nación de los nacionalistas. Sus fronteras son sus prejuicios, su bandera el totalitarismo, y su futuro, el rencor y la pobreza.

Esta «Nación» es la que en su último congreso, asume el PSC como parte de su proyecto. ¿De verdad les parece tan extraño? ¿Creen que hay grandes diferencias entre la «construcción del socialismo» y la «construcción nacional»?

El Socialismo y el Nacionalismo son ideologías anti-persona. No pueden soportar que la gente haga lo que desea hacer, y no «lo correcto». Por eso los puentes entre ellas están siempre abiertos para transitarlos en ambos sentidos.

Si el PSOE todavía no se ha colgado del nacionalismo, es porque no encuentra Nación de la que ahorcarse. En España, el nacionalismo español está desprestigiado y es prácticamente inexistente…

…Aunque no crean: en otras latitudes, nuestro idioma también se utiliza para destrozar países. De eso entienden mucho los Estados Unidos, donde grupitos indigenistas quieren romper la unidad lingüística de la gran república norteamericana utilizando el español como ariete…

Aunque eso ya es otra historia…y es demasiado larga para un solo artículo.

Por hoy basta de charla…quizás volvamos a encontrarnos.

¡Hasta otra, amigos!

Palabras sabias

«Una comunidad que ha sucumbido a esta grave enfermedad espiritual [el nacionalismo] tiende a resentirse por su deuda cultural con la civilización de la cual ella misma no es nada más que un fragmento, y en esta disposición moral dedicará gran parte de sus energías a crear una cultura nacional restringida, a la que se pueda proclamar libre de influencias extranjeras. En sus instituciones sociales y políticas, su cultura estética y su religión intentará recobrar la pretendida pureza de una era de independencia nacional previa a ésta en que se encuentra incorporada a la sociedad, más amplia, de una civilización supranacional».

(Arnold J. Toynbee, Estudio de la historia, donde se define el nacionalismo como «una forma arcaica de utopía»; cursiva nuestra).

Una de Unamuno (vasco, liberal y republicano)

Hay otro problema que acucia y hasta acongoja a mi patria española, y es el de su íntima constitución nacional, el de la unidad nacional, el de si la República ha de ser federal o unitaria. Unitaria no quiere decir, es claro, centralista, y en cuanto a federal, hay que saber que lo que en España se llama por lo común federalismo tiene muy poco de federalismo de The Federalist o New Constitution, de Alejandro Hamilton, Jay y Madison.

La República española de 1873 se ahogó en el cantonalismo disociativo. Lo que aquí se llama federar es desfederar, no unir lo que está separado, sino separar lo que está unido. Es de temer que en ciertas regiones, entre ellas mi nativo País Vasco, una federación desfederativa, a la antigua usanza española, dividiera a los ciudadanos de ellas, de esas regiones, en dos clases: los indígenas o nativos y forasteros o advenedizos, con distintos derechos políticos y hasta civiles. ¡Cuántas veces en estas luchas de regionalismos o, como se les suele llamar, de nacionalismos, me he acordado del heroico Abraham Lincoln y de la instructiva guerra de secesión norteamericana! en que el problema de la esclavitud no fue, como es sabido, sino la ocasión para que se planteara el otro, el gran problema de la constitución nacional y de si una nación hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede rescindir a petición de una parte o de un organismo.

Aquí, en España, este problema se ha enfocado sentimentalmente y sin gran sentido político, por el lado de las lenguas regionales no oficiales, como son el catalán, el valenciano, el mallorquín, el vascuence y el gallego. Por lo que hace a mi nativo País Vasco, desde hace años vengo sosteniendo que si sería torpeza insigne y tiránica querer abolir y ahogar el vascuence, ya que agoniza, sería tan torpe pretender galvanizarlo. Para nosotros, los vascos, el español es como un máuser o un arado de vertedera, y no hemos de servirnos de nuestra vieja y venerable espingarda o del arado romano o celta heredado de los abuelos, aunque se los conserve, no para defenderse con aquélla ni para arar con éste.

La bilingüidad oficial sería un disparate; un disparate la obligatoriedad de la enseñanza del vascuence en el país vasco, en el que ya la mayoría habla español. Ni en la Irlanda libre se les ha ocurrido cosa análoga. Y aunque el catalán sea una lengua de cultura, con una rica literatura y uso cancilleresco hasta el siglo XV, y que enmudeció como tal en los siglos XVI, XVII y XVIII, para renacer, algo artificialmente, en el XIX, sería mantener una especie de esclavitud mental el mantener el campesino pirenaico catalán en el desconocimiento del español – lengua internacional -, y sería una pretensión absurda la de pretender que todo español no catalán que vaya a ejercer cargo público en Cataluña tuviera que servirse del idioma catalán, mejor o peor unificado, pues el catalán, como el vascuence, es un conglomerado de dialectos.

La bilingüidad oficial no va a ser posible en una nación como España, ya federada por siglos de convivencia histórica de sus distintos pueblos. Y en otros respectos que no los de la lengua, la desasimilación sería otro desastre. Eso de que Cataluña, Vasconia o Galicia, hayan sido oprimidas por el Estado Español no es más que un desatino. Y hay que repetir que unitarismo no es centralismo. Más es de esperar que, una vez desaparecidos los procedimientos de centralización burocrática, todos los españoles, los de todas las regiones, nosotros los vascos, como los demás, llegaremos a comprender que la llamada personalidad de las regiones -que es en gran parte, como el de la raza, no más que un mito sentimental- se cumple y perfecciona mejor en la unidad política de una gran nación, como la española, dotada de una lengua internacional. Y no más de esto.

(Miguel de Unamuno, El Sol, 14 de mayo de 1931)

Visto en Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil.

Comentario nuestro.- O salió don Miguel profeta, o es que conocía demasiado bien a sus paisanos nacionalistas… y por extensión, a los catalanes y gallegos.

Galescola rima con ikastola

¿Quién iba a decir que los gallegos, con su variante de «nacionalismo tranquilo» (falar galego formaba parte de la normalidad y podía convivir perfectamente y sin fricciones con el hablar castellano) hayan escogido la senda de la histeria a la catalana o a la vasca? Todo fue salir O Abuelo de la poltrona y empezarse a cocer estos desaguisados. Que sí, que Fraga tal vez llevaba demasiado tiempo en la silla presidencial y que tal vez no era malo un cambio de aires (pero «veinte años no es nada», que dice Gardel). Los nubarrones no se hicieron esperar en cuanto la coalición «de progreso» ganó las últimas elecciones.

Y así como en Baleares, gracias al Pacte dels Pobrets (huy, no: se dice de Progrés), han recuperado la cabra autóctona, en Galicia, con el Pacto dos Pobriños, ese monstruo bicéfalo que gobierna las dulces terras galegas, están «recuperando» el tiempo supuestamente perdido tras veinte años de gobierno del PP. Y ahora está resultando también que son más nacionalistas que nadie y que quieren formar nacionalistas desde la cuna. Han «aprendido» la lección vasco-catalana y si antes resulta que quien no quería o no podía falar galego seguía siendo un gallego más, hoy resulta que es «un enfermo», merecedor además de tratamiento de choque.

Me imagino que para este cambio tan brutal han servido las amistades que Anxo Quintana ha cosechado en esa cosa llamada «Galeuscat». No es difícil ver la mano de Spock Ibarretxe o de Mas, que parece salido de Shrek (sí, es el príncipe encantador, ése a quien su mamaíta Pujol no ha conseguido sentar en la poltrona de la Generalitat) en algunas iniciativas del verdadero Presidente de la Xunta.

Mientras tanto, ¿es casualidad, coincidencia o acción del enemigo? Aparecen grupos radicales de extrema izquierda a quienes no les importa montar un cirio con tal de mandar. La seguridad ciudadana se va por el retrete, algo que en Cataluña viene ocurriendo hace tiempo con los que discrepan en voz alta del discurso oficial. Vamos, que al lado de éstos de ahora, los miembros del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe eran unos aprendices, a pesar de haber colocado unos explosivos en la casa de Fraga de Perbes.

Y ahora, por fin, la guinda: un señor pretende que os nosos filliños aprendan el Fogar de Breogán a la tierna edad de… 0 años. Bueno, que te dan tres; pero como a los tres años el niño no lo haya aprendido, prepárate para que la criatura sea tratada como una enferma y que le administren tratamiento de choque. Claro, eso es lo primero y principal: que os nenos aprendan a amar la terra galega a golpe de himno. Y de paso, que aprendan también que la naiciña de los gallegos buenos es Galiza (eso de «Galicia» sólo lo dicen os bobos do cu como Francisco Vázquez y los del PP, claro)

Después, cuando crezcan un poco —pero no demasiado— se les explica que más abajo del Tuy está la tierra prometida de los gallegos buenos, o séase, Portugal. Tierra de la que se separaron en 1385, volvieron a unirse en 1580 y se separaron definitivamente en 1640. Claro, ellos no pueden decir Galiza Sur como los vascos dicen Euskadi Sur o los catalanes podríamos decir Catalunya Sud refiriéndonos a Valencia, porque Portugal es nación independiente y soberana. No. Los independentistas gallegos, que como se sabe, no se sabe si suben o si bajan, quieren en realidad cambiar de naiciña. Quieren ser portugueses. El problema es que a éstos ya les cayó de la patada que Saramago, ese gurú progre, propusiera una reedición del Pacto Ibérico, así que tampoco es probable que quieran completar su vista al Atlántico llegando a la Costa de Morte.

Por otro lado, Galiza padecerá siempre de espacio vital. Hacia abajo ya hemos visto que no puede ser. Más al Norte y al Oeste tienen o ancho mar. ¿Y al Este? Bueno, la cosa se pone espesa: al Este tenemos a Asturias, que arrogantemente dice «Esto es España y lo demás, tierra conquistada». Y que aunque son tan celtas como los gallegos, los asturianos les miran por encima del hombro. De hecho, posiblemente la única forma de que un gallego y un asturiano confraternicen sea a través de una buena ronda de cerveza. Eso sí, sería difícil saber quién la iba a pagar… El caso es que por el Este la cosa está cerrada; y si algún día las huestes de Anxo Quintana pretendiesen comer terreno a Asturias, no es difícil imaginar que éstos contraatacarían al son de la Busindre Reel de Hevia.

Con estas hebras no es difícil imaginar que Anxo Quintana cree un problema para dentro de veinte años. Jóvenes a quienes se les habrá explicado el mito de Galiza y que tarde o temprano estarán dispuestos a dar su vida (y sobre todo la de los demás) por esa supuesta patria nacida de la imaginación calenturienta de los Beiras y compañía. Y que a diferencia de sus colegas vascos o catalanes, pondrán bombas para integrarse. Ya lo decían Os Resentidos hace veinte años: «Galicia, sitio distinto». El caso es poner bombas y no ser menos que los independentistas catalanes o vascos. Oruxo de Porriño, queimada de Monforte y lacón do Ferrol: no hay nada mejor bajo el sol.

Eso sí. Que vigile mucho Anxo Quintana, que como se pase de la raya y empiece a brillar más que Zapo, éste le echará meigallo y entonces ya se puede retirar. Y no le salvarán ni las meigas ni la Santa Compaña, pobriño…