Gilipollas (y V)

En segundo lugar, tenemos a este otro gilipollas egregio:

Nadie sabe qué habremos hecho –o más bien dejado de hacer– los españoles para que el mundo de la educación, la cultura y la comunicación esté copada por esa clase especial de gilipollas progres. Si los ingleses hubieran tenido a mano una figura como la de Medio-hombre, que fue capaz de vencer a los ingleses rompiendo el sitio de Cartagena con una fuerza significativamente inferior en número, qué de películas y series y homenajes hubieran dispuesto para él. Además, lo hubieran tratado con el mimo con el que tratan ellos su historia. Y no digamos si el primero que hubiera dado la vuelta al mundo hubiera sido un inglés. Estaríamos inundados de «estudios históricos», películas y series y relatos para niños sobre la gran gesta.

Pero quiá. Medio-hombre era un giputxi, es decir, «medio tonto», que por lo visto no vale ni media mierda para que un paisano suyo –el Cobeaga éste de los cojones– le escriba una película como Dios manda, a pesar de haber sido nada menos que Almirante de la Armada Española en los tiempos en que ésta todavía contaba algo en el mundo. De hecho, contamos tan poco que tuvimos que dejar que los ingleses contaran la historia del descubrimiento de América –¿de verdad no teníamos ningún actor español que pudiera encarnar con dignidad a Colón, que hubo que echar mano de un francés? ¿O es que no se prestó ninguno, cosa probable también?–. O redescubrimiento, como dicen los pedantes, «porque los vikingos ya estuvieron antes allí». En resumen: dejar que tu historia la cuenten tus enemigos de siempre.

Y bueno, Elcano (o Elkano, en su grafía vasca), otro giputxi, pero de Guetaria; que para Cobeaga, si los giputxis de Donosti son tontos, los de pueblo tontos y medio. Para los progrespanoles la vuelta al mundo se acabó en Filipinas, porque allí fue donde apañaron a Magallanes (o Magalhães, pero dicho por los progrespañoles) y el trozo de va desde las Filipinas a casa… ehhhhh, bueno, sí… fue Elcano quien tomó el mando, «pero el importante fue el portugués», a pesar de que Elcano sí completó la vuelta. Ganas de tocar los cojones.

Luego lloriquean por la «crisis del cine español»: «Ah, es que los españolitos, que tienen comido el coco por la campaña contra nosotros del “partido de las tres letras”, no van a ver nuestras películas». Pero si es natural, hombre. Dejad de hacer las películas por cobrar la subvención y no toméis por tontos a los españoles rodando películas estúpidas, que enlazan con la ingeniería social o que se ríen de nuestra historia, como esa patochada –por decirlo suavemente– sobre los héroes de Baler.

Como dije en la primera entrada de esta serie, Dios ha dispuesto que cada día se encuentre usted al menos con un (o una: no seamos sexistas) gilipollas. Así que si se encuentra con uno, relájese y disfrute, porque el sol sale todos los días (y los gilipollas de casa también).

Verano del 42

Inspirado por: http://elfareroylagaviota.blogspot.com/2010/07/verano-del-42.html

Tras el revuelo causado por el librito de Txusito en 70, Rue de Ferraz, vuelta otra vez a sumergirnos en el arte. Esta vez le toca el turno al séptimo, sobre todo porque las musas sólo eran eran seis y el cine aún no se había inventado (aunque la cantidad de pepli que corre por ahí pudiera hacer pensar lo contrario).

Hoy les traigo a colación esta película, que para los dos protagonistas supuso prácticamente el papel de su vida. Exactamente lo que le ocurrió a Sean Connery con James Bond («Bond, James Bond»), o a Al Pacino con Michael Corleone («La tua famiglia porta ancora il nome dei Corleone. E tu devi sempre portare rispetto per le cose della famiglia»), por citar dos de los muchos ejemplos conocidos.

Quien escogió para el papel a Jennifer O’Neill sabía muy bien lo que hacía. La actriz supo transmitir perfectamente el aire de inocencia y naturalidad que requería el papel, así como el tono justo para enamorar al impresionable adolescente Hermie, adecuadamente interpretado por Gary Grimes, quien creía le esperaba un aburridísimo verano en la isla de veraneo de Nantucket.

Por supuesto, no les voy a contar la película. Si tienen ocasión de verla, no se la pierdan. Pero no sólo por la trama y la imagen: la banda sonora firmada por Michel Legrand es de lo mejor y su tema principal, que aquí les dejo, tiene una justa y merecida fama:

Un último comentario, a tenor de otros comentarios leídos en Youtube: tal vez hoy una película así no podría hacerse. O bien porque aparecería una de esas horribles Ligas para la Decencia y decretaría (arrogándose facultades que no le corresponderían) que esa película «es inmoral»). O, por el contrario, sí podría hacerse un remake, pero tal vez protagonizado por una estrella porno con todos los detalles que hacen al caso. Dado el estándar de valores morales hollywoodenses actuales (para esa gente los únicos valores que interesan son los que cotizan en Bolsa), no sería de extrañar que la estropearan.

Finalmente, no me resisto a transcribir las últimas frases de la voz en off del protagonista, ya adulto. Pero sean buenos y prométanme que verán antes enteros la hora y tres cuartos que dura la película…

Nunca la volví a ver
ni supe nunca qué había sido de ella.
Entonces éramos distintos,
los niños éramos distintos.
Tardábamos mucho en entender lo que sentíamos.
La vida está hecha de continuos ir y venir
y, por cada cosa que encontramos,
hay algo que dejamos atrás.”

En el verano del 42
asaltamos el puesto de guardacostas cuatro veces,
vimos cinco películas
y llovió nueve días.
A Benjie se le rompió su reloj.
Oscy regaló su armónica.
Y, en un sentido muy especial,
yo perdí a Hermie para siempre.

Javierito ya ha ganado el Oscar


Supongo que voy a ejercer de español, porque no soy actor y no sabría fingir, un suponer, ser un esquimal o un bantú o un cantonés. Ejercer de español supone, muchas veces, encontrarse como aquél en la plaza de toros. Mientras el resto del tendido aplaude a rabiar la faena del diestro, hay un señor en la última fila que mueve el dedo índice y dice «¡No-se-ñor! ¡No-se-ñor!», como dando a entender que a él, Juan Español, no le engaña la supuesta maravilla de la faena.

Pues eso, que Javierito Bardem se va a casa con la preciada estatuilla. Ha estado en la Meca del cine, la fábrica de sueños, que dijo Ilya Ehrenburg, la feria de vanidades de la que Julie Christie (recordada Lara Antipova y madre de Kate Winslet en Descubriendo a Peter Pan) huyó como de la peste. Esta vez no se ha producido el curioso espectáculo de que Penélope Cruz —que a lo que parece, sí se ha acostado con todos sus pretendientes; y los de su tocaya fueron 108, nada menos…— tuviera que darle el premio a su ¿novio? y gritase histérica «¡¡Javieeeeeeeeeeeeeer!!».

No, no voy a cometer la ordinariez de decir que Bardem sea un mal actor sólo porque no coincida con mis ideas políticas. Sería no reconocer la realidad cuando le han dado un premio tan importante como el Oscar. Incluso diré que cuando le vi actuar en Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, estuvo bastante bien en su papel de Santa. Mar adentro aún no la he visto (y eso que me la regalaron), porque con toda la polvareda mediática que se levantó, quedaba en mi ánimo la sospecha de que tal vez fuese un intento de adoctrinamiento cinematográfico acerca de la eutanasia, que tomaba demasiado partido. Y aunque es materia de otro post, creo que si algo no hay que darle al Estado es poder sobre la vida y la muerte. Quizá un día de éstos me arme de valor y la vea.

Me queda una cuestión por plantear. Con el dinero que costó el modelito de mamá Bardem, ¿cuántas familias cubanas podrían comer durante un mes? Tengo entendido que muchos cubanos, de ésos a los que Javierito saca a colación para meterse en un jardín que no es el suyo, viven con 35 céntimos al día (¿te acuerdas de Mila, Javier? Puede que ella sea uno de esos cubanitos). Claro que una cosa es «ser de izquierdas» y por ello pedir que se juzgue a determinadas personas por «crímenes de guerra» (de Fidel mejor no hablar, naturalmente) y otra muy diferente son los «gastos de representación». Es decir: los que uno hace para que no le tomen por un paleto con un plátano en la boca en una feria en la que se da un premio para tener contentos a los de colonias y participen todos en el gran negocio que es el Hollywood business.

Lo dicho: felicidades al pollo. Pero que se acuerde de que está más guapo haciendo de lo suyo y nada más.

Oscars

El amigo Lobeznox me ha inspirado este post. La idea no es nueva, desde luego, pero siempre es posible darle un matiz personal. Él lo hace a través de canciones; yo lo voy a hacer a través de películas. Espero que guste el listado (se aceptan sugerencias xDDDD):

Zapatero: El increíble hombre menguante.

Mª Teresa Fdez. de la Vega: La Momia.

Pedro Solbes: El hombre que sabía demasiado.

Mercedes Cabrera: Rebelión en las aulas.

Las Cortes: La verbena de la paloma.

El PSOE: La tapadera.

Jesús Polanco: El Padrino.

La COPE: Un lugar llamado Milagro.

La CNMV: Toma el dinero y corre.

Miguel Ángel Moratinos: Las amistades peligrosas.

Alfredo Pérez Rubalcaba: La maldición del escorpión de jade.

Alberto Ruiz Gallardón: Uno de los nuestros.

Magdalena Álvarez: Juanita Calamidad

Federico Jiménez Losantos: Solo ante el peligro.

George W. Bush: Cocodrilo Dundee

Mariano Fdez. Bermejo: Juzgado de guardia.

Mariano Rajoy: La gran esperanza blanca.

El 11-M: La ley del silencio.

Esperanza Aguirre: La Chulapona.

El Tripartito catalán: Three Amigos.

Juventudes Socialistas: Los supercamorristas.

María San Gil: Difícil de matar.

El Bipartito Gallego: Dos tontos muy tontos.

La AVT: Algunos hombres buenos.

Hugo Chávez: Holocausto Caníbal.

Fidel Castro: El gran dictador.

Como digo, se admiten sugerencias. Tenéis barra libre para proponer lo que os parezca.

"Sin City"

Haces una vida un tanto sedentaria en tu casa. Sales a comprar y poco más. Pero de vez en cuando, como hoy, recibes una llamada telefónica de un amigo. ¿Será una llamada de auxilio? ¿Le habrán rebanado el estómago después de haberse acostado con una chica ligera de cascos? No, claro que no. ¿Cómo podría ocurrir semejante estupidez a plena luz del día? Todo lo contrario: es una llamada para ir al cine con otros dos amigos más. Ninguno de los cuatro es especialmente cinéfilo, pero como ya comenté en algún otro artículo, el nivel de masa gris de la cinematografía estival es habitualmente bajo; así que para una vez que hacen algo distinto, bien vale la pena probarlo.

El pretexto era hoy Sin City, co-dirigida (raro que dos directores compartan esa tarea) entre Robert Rodríguez y el verdadero “padre de la cosa”, Frank Miller, un dibujante de comics. Mi amigo me vendió la película con el siguiente argumento: “la hacen en blanco y negro”. Y claro: uno cree que el B/N es “lo más” para darle una pátina de respetabilidad, es decir, como de “cine que vale la pena ver”. Yo no conocía a Robert Rodriguez, pero sabiendo que es íntimo de Quentin Tarantino, creo que me podía imaginar de qué clase de “cosa” iba a tratarse.

Fiat obscuritas, dijo el dios del cine. Y la oscuridad se hizo tanto fuera de la pantalla como dentro. Es de noche. Siempre es de noche. Y además, llueve. O hace un frío que pela. Por eso los protagonistas van bien abrigados y ellas, que en su mayor parte son chicas de vida alegre y ceño fruncido, más bien ligeras de ropa, con la excepción de la niña que sale al principio y de la cual, según nos cuenta la voz en off de Bruce Willis (policía a punto de retirarse), van a abusar y después la van a asesinar. El anti-héroe, por supuesto, consigue salvarla, al precio de ser acusado él de tales horrendos hechos. El pederasta es hijo de un senador y al anti-héroe le cogen porque su compañero le dispara por la espalda y no se puede mover del lugar donde se perpetra el supuesto y horrendo crimen.

Cambio de escena (o no). Sigue siendo de noche y, por supuesto, sigue lloviendo. O hace un frío que pela, no me acuerdo ya. De pronto, empiezan a sonar disparos. Disparos por todas partes. Eso era por si la noche del círculo polar y la lluvia de monzón (una verdadera cortina, por Dios) no eran suficientes. Y más o menos, la mitad de la película me la he pasado intentando entender qué pasaba entre tiro y tiro, cuando los mamporros dejan un respiro. La película no ahorra detalles macabros, pero tiene uno muy “simpático”. En una escena, una prostituta muy hábil con las armas japonesas medio corta el cuello a Benicio del Toro (difícil no acordarse de O-Ren Ishii, Kill Bill). El protagonista de esa línea argumental (Clive Owen) tiene que enterrarlo y se lo lleva en un viejo coche. Él cree que Del Toro está muerto, pero no lo está: y según los movimientos del coche, habla “normal” o en falsete (cuando se le cae la cabeza hacia atrás). Otro detalle “simpático” es ver a Elijah Wood: de acollonado protagonista de “El señor de los anillos” pasa aquí a interpretar a un tipo absolutamente pervertido que practica el canibalismo con sus víctimas.

En fin y para no alargarme más: una orgía de sangre y tiros, aderezado con chicas de muy buen ver muy ligeritas de ropa, todo ello salido de la calenturienta imaginación de Rodríguez. Es el caso de Carla Gugino o incluso de Jessica Alba. Para quien le guste el “género”, no seré yo quien lo prohiba. Pero digamos que tardaré en ver otra de Robert Rodríguez (no me resisto a poner el acento, lo siento. Estos gringos se lo cargan todo).

Ah, como detalle final, una frase que sí me ha gustado y que no voy a citar textualmente porque no recuerdo las palabras exactas: “Cuando consigues que la gente crea tus mentiras y la verdad le importe un cuerno, la tienes agarrada por las pelotas”.