¡Muerte a Fulano! ¡Muerte a Mengano!

Créanme ustedes, señores, cuando les digo que hay cosas increíbles que aún no habíamos visto, pero que llegaron. Me sorprendió en su momento que en Facebook, la red social más popular de estos tiempos, pueda crearse un grupo en que se desee la muerte a alguien. Aún más espatarrado me deja que haya energúmenos que se apunten, cualquiera que haya sido el perfil de la «víctima».

Me parece totalmente aberrante que se cree un grupo «para dar de hostias a Esperanza Aguirre» y que además, los energúmenos que se apunten no tengan pudor alguno en dejar sus nombres y apellidos. Lo cual, sin duda, facilitaría una acción penal como mínimo por injurias, puesto que las imputaciones deben ser hechas siempre a persona concreta. Lo mismo se diga de otro grupo que, al parecer, deseaba la muerte a ZP (según los Rubytos) y también ahora de otro grupo de energúmenos (8.000 y pico de personas) que se agrupan alrededor del eslógan «Muerte a Intereconomía». Todos ellos valientemente escudados en el tamaño de la manada. Aunque se sabe que la idea partió de un ordenador del catalanísimo Mòmium Cultural, así que se pueden figurar la estofa de los integrantes de ese grupo.

Los españoles somos así, ya se trate de fachas o rojos. Incluso los que dicen ser independientes resultan ser más españoles que las corridas de toros. Basta rascar un poco -como lleva haciendo la educación socialista desde hace 30 años, que ni siquiera el PP supuso paréntesis alguno en ello- y no será difícil encontrar al paleto con los ojos inyectados en sangre gritando: «¡Cuatro tiros! ¡Cuatro tiros había que pegarle!». Nuestras relaciones con el pecado capital de la Ira, como ha comentado el profesor Díaz Plaja, han sido por desgracia largas y fecundas en nuestra piel de toro. Cuántas veces no habremos escuchado ¡A la hoguera! ¡A la horca! ¡Al paredón! ¡Al garrote vil! en personas de todas las banderías. La Inquisición y las checas de Via Laietana se dan la mano en nuestra historia.

En mi particular opinión, ni Esperanza Aguirre se merece tal manta de hostias, ni ZP se merece que lo maten. Ni mucho menos Intereconomía, por ser un grupo periodístico claramente opositor al Gobierno, merece «la muerte». Si a usted, señor, no le gusta Esperanza Aguirre, no la vote. Vote usted a Tomás Gómez, si le apetece, que para eso hay libertad de elección. En mi caso particular, considero que ZP es uno de los personajes más nefastos de la historia de España, tras Fernando VIII y el conde don Julián -personaje mítico que entregó con su traición España a los moros-. Pero no por eso le desearé la muerte. Desearé, en todo caso, que le apeen de su actual lugar de responsabilidad, bien se trate de sus compañeros de partido, bien unas elecciones. Y desde luego no le votaré jamás.

"¡Dejadme solo, que esto lo arreglo yo!"

Otra cosa es que además piense que ZP es un simple peón de un plan a mayor escala, cuyo último fin es revolver un río que estaba más o menos pacificado. No se me quita de la cabeza que a Chirac le sobrevenía un surménage cada vez que Aznar, en Niza, presionaba para que España tuviese más poder en el contexto europeo. Quizá por eso Aznar dijo que los responsables del 11-M «no estaban en desiertos lejanos». Y la prueba es que ZP, nada más llegar a Niza, se bajó los pantalones y ofreció el frasco de vaselina tanto a Chirac como a Schröder, que no podían tolerar a nadie más en su reparto de Europa. Y desde que está ZP vamos cuesta abajo en prácticamente todo, como se pone de manifiesto en nuestros balances.

Esperemos que esta serie de «¡Muerte a Fulano! ¡Muerte a Mengano!» no degenere, con el tiempo, en algo peor.

Papa, jo vull ser torero

Qué duda cabe que Albert Pla es un mostruo de la canción satírica (descanse en paz la canción protesta: sus mitos ya no tienen de qué protestar, bien porque están muertos, bien porque están bien colocados).

Así, pues, la canción que hoy les traigo viene a cuento de la última votación de un asunto superimportante en el Parlament: ¿hay que permitir las corridas de toros en Catalunya o no hay que permitirlas? El asunto se las trae, ¿a que sí? Lástima que no nombraran una comisión de estudio y pagaran unos informes que estudiasen el verdadero arraigo del festejo en la población catalana. Si pagan informes sobre el seguimiento de la almeja brillante, entre otras genialidades, qué menos que pagar por una información de mayor utilidad como ésta, ¿no? La crisis es culpa de Madrit; la culpa de que el refotendum no saliese todo lo lucido que debería haber salido –hasta el punto de que los convocantes consideraran un éxito el que votara alguien– es de los fachas, porque hicieron una rogativa para que hubiese mal tiempo, ¡por supuesto! Es decir: que en los asuntos importantes la Generalitat no puede hacer nada.

Pues nada. Els nostres polítics, decididos a matar el tiempo justificar el sueldazo, se ponen manos a la obra. Apasionadas razones a favor y en contra… hasta que al final, el Parlament aprueba debatir la decisión. A nadie se le escapa en el Principat que la única razón para prohibir las corridas de toros es política: es un festejo espanyol y eso, claro, no tiene cabida en Catalunya, como no lo tiene el castellano en la escuela (hay que barrerlo sin prisa, pero sin pausa). Todo eso que se dice del maltrato de los animales estaría muy puesto en razón… si los que defienden la supresión de las corridas la defendiesen igual en el caso de ser una tradición catalana.

El poble català es más sabio que sus gobernantes (por desgracia para ellos). Por ello, pese a que existe un conglomerado de asociaciones antitaurinas que ha ejercido su derecho a la iniciativa legislativa popular (como en su día lo ejerciera Francisco Caja, y no le hicieron ni puñetero caso) y el monstre de tres caps ha rechazado todas las enmiendas que hubieran impedido su debate, la gente sigue llenando la Monumental cada vez que viene un primer espada como José Tomás, para desesperación de los ¿ecologistas?, rabiando porque el poble català «no evoluciona» y «es tan bruto por lo menos como el espanyol».

Volviendo a la canción, ¿se imaginan el disgusto que se llevarían Pujol o Carod si alguno de sus nietos dijera esa frase maleïda? Digo nietos porque a los hijos, educados en la ortodoxia nacionalista y colegio trilingüe, como está mandado entre la burguesía catalana (la del viejo y la de nuevo cuño), ni siquiera se les ocurría tal barbaridad. Pero la segunda generación ya es otra cosa. En cualquier caso, les dejo aquí con la canción. Tengan cuidado, porque si no prestan atención, el toro nacionalista les puede

…arrencar els collons d’una cornada…

No hi ha dret!

Hoy, Diada nacional de Catalunya, es un gran día. Permite ver con claridad quién forma parte de la tribu y quién, irremisiblemente, está fuera. Los que están dentro consideran la Diada como una especie de festa institucional, apta para pronunciamientos pomposos y coros y danzas varios. No es que el patio esté para muchas fiestas, ni mucho menos, sobre todo después de que nuestro ínclito Presidente, el bienamado, el jamás como se debe alabado ZP haya anunciado que nos va a subir aproximadamente 1.000 euros por barba los impuestos (de eso nos ocuparemos en otra entrada). Pero en Cataluña, naturalmente, somos figues d’un altre paner y lo que pase en Madrit a nosotros no nos importa demasiado (menos aún cuando eso que han dado en llamar «financiación» nos ha resultado extremadamente favorable).

Así, pues, la tribu ha disfrutado de un agradable día de celebración institucional, con sardana-aurresku incluida. Este último término tiene su explicación: hasta los que no son catalanes saben que la sardana es una danza colectiva, de forma que ha resultado sorprendente ver a Cesc Gelabert evolucionar él solito al son de una cobla en la versión catalana de «Dances With Ghosts».

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Gelabert, suponemos que en les <em>passes llargues</em> de la «sardana-aurresku».

¿He dicho «agradable»? Bueno, será mejor que me corrija. Ha habido una nota discordante. Y curiosamente, no se ha tratado de los komsomols de pa amb tomàquet (juventudes de ERC) lanzando monedas o cualesquiera otros objetos contundentes a los representantes del PPC en la ofrenda floral a Rafael de Casanova (el mito nacional de Catalunya). Nada de eso. Ni tampoco gritos contra la inminente sentencia del TC.

Y aquí es donde entran los que no forman parte de la tribu. Los emisarios de la realidad, en suma. Que protestan contra el Tripartito, oiga, que es de izquierdas (presuntamente). ¿Y de qué? Pues de que a pesar de que les votaran en su momento, las respectivas empresas (Nissan y Roca) les hayan botado por culpa de un ERE. ¡Si hasta han llamado «¡facha!» a Montilla! Es intolerable, naturalmente. No me cuesta nada imaginar las caras de asco de algunos y algunas de la tribu queriendo decir: «Pesta d’obrers! A què han vingut aquí?». Y lo mejor del caso es que a Carod se le ha ocurrido decir: «No hi ha dret!».

Y no, no hay derecho, señor Carod. No hay derecho a que no nos diga cuánto dinero recibe de Montilla para estar entretenido y no andar fastidiando (no se lo dice ni a los de CiU, con quienes comparte credo nacionalista, así que al resto de sufridos catalanes cabe suponer que ni agua). No hay derecho a que no sepamos en qué se gasta esa millonada (sí ha trascendido que es una pasta muy gansa, para desgracia de todos, suya y también nuestra, porque somos los paganos). Precisamente una de las bondades de la democracia es que los gobernados pueden saber sin género de dudas en qué se gastan el dinero los gobernantes (aquí entraríamos en otro debate: el de si lo que hay en Catalunya es democracia, régimen parlamentario o low-intensity democracy, si bien ése es un debate para el que no tenemos espacio aquí).

Claro que no hay derecho. No hay derecho a que usted se gaste en embajaditas y en «acción exterior de la Generalitat» (por citar algo de lo que ha trascendido) lo que está sobradamente demostrado que hace falta en el interior, precisamente para que obreros como los que hoy se han manifestado no se queden en la p… calle y con las posaderas al aire. Para que tengamos una red de trenes regionales y de cercanías como Dios manda. Para que las ciudades no se apaguen un mal día de un verano cualquiera. Para que Barcelona no se quede sin agua otro mal día de un verano cualquiera. Para que Tarragona pueda trasladar la estación del AVE a la ciudad en vez de ubicarse en un lieu dit. Para todo eso hace falta el dinero, señor Carod, y no para esas otras… cosas en que se lo gasta usted convencidísimo de que no tiene que dar cuentas a nadie.

Bien por los obreros por haber recuperado el carácter reivindicativo de la Diada. Aunque sea a contracorriente. Aunque no formen parte de la tribu. Aunque hayan estropeado la postal al establishment nacional-socialista gobernante.

12 de septiembre.- Me entero de que los obreros fueron curiosamente expulsados por los komsomols de pa amb tomàquet, llamándoles «fills de puta» e increpándoles con «treballeu, treballeu» (por lo tanto, soportando el insulto de unos descerebrados además de la injusticia de verse privados de su trabajo). ¿Razón? Los obreros restaban visibilidad a la «reivindicación política», que en la Diada es lo suyo. Así que los obreros vieron que de todos modos no cabían en la fiesta (a pesar de «ser catalanes» y formar parte del «pueblo») y se retiraron. Probablemente Montilla ya esté pensando en cómo arreglarles las cuentas por estropearle la postal…

Nota 2015: Dado que se ha cancelado la cuenta en la que se incluía el vídeo que presidía esta entrada, hemos optado por colocar este otro, aunque sea más políticamente correcto y parezca salido del «Ministeri de la Veritat»…

 

El pallasso

Sabido es que todo circo tiene sus payasos. En el Congreso de los Diputados, al parecer, sus señorías republicanas Puig (sí, ése que no paga a sus conciudadanos de Palamós) y ahora Tardà parecen haberse ganado a pulso el cargo de Payasos Mayores del Reino (perdón: Pallassos Majors del Regne, que si lo escribimos en castellano no lo entienden).

Ya que estamos en crisis y que el Gobierno se ve absolutamente incapaz de manejarla (crece el paro a los niveles de 1995, entre otras buenas noticias), lo suyo es que al populacho se le dé panem et circenses. De ahí la «inestimable colaboración para la gobernabilidad del país» de sus señorías Puig y Tardà, que cualquier día Bono les cuelga una medalla que se invente al efecto por tal motivo. No importa demasiado, en realidad, cuál sea la payasada. El caso es estimular la testiculina de algunos y los bajos instintos de otros (cerebro y sentido común, ¿dónde estáis?) para que los españolitos carpetovetónicos se lancen al aburrido pim-pam-pum de siempre. Y mientras dura el famoso panem et circenses, el Gobierno pone en práctica la solución pa tó: es decir, esperar a que escampe. Vamos, que no es necesario siquiera tomar serias medidas.

Distinto es que lo que ha dicho el indecible Tardà constituya una infracción penal (concretamente, las injurias a la Corona del art. 490 CP); eso es algo que habrán de dirimir los Tribunales. Hay quien pide que la Fiscalía actúe de oficio y ya veremos en qué terminará la cosa. Sin meternos en profundidades jurídico-penales que no nos corresponden, mi opinión es la siguiente: no pasará absolutamente nada. Tardà no se «disculpará», cual corresponde a un becerro como él. Bono le perdonará sus excesos verbales y ZP, sabiendo que necesita de los hermanos catalanes para llevar a cabo sus planes, hará como que no lo ha oído, lo mismo que la Corona, que sabe muy bien con quién ha de quedar bien. Por otro lado, soy de los que opina que el republicanismo no está reñido con la buena educación. Y el senyor Tardà no ha demostrado ninguna con estas declaraciones.

¿Se imaginan el pollo que se armaría si alguien aquí gritase algo como «Mort al President!!»? Para empezar, sería noticia de prime time en los noticiarios de la TV-per-a-tres. La prensa del movimiento (Al-Avui y limítrofes, que son casi todos los que tienen sede central en Cataluña) hablarían, como siempre, de la ofensa a aquesta gran nació (consigna siempre a punto y siempre o casi siempre efectiva). ¿Le valdría al ofensor la excusa de que en realidad se refería al President Companys, que ya está muerto? No lo duden un segundo: no le valdría. Y no faltaría quien atribuyese la autoría intelectual de la ofensa a Albert Boadella, honor que merecería éste por haber sido el último intelectual de cierto renombre que escapó a corre-cuita de la tribu.

En fin. Gracias puede dar el P(SOE) a que Tardà y otros como él divierten al personal o, por lo menos, le distraen de lo verdaderamente importante…

MAMA CACa!!

Ya saben ustedes lo mucho que a mí me gustan las canciones de La Trinca. El trío formado por Josep Mª Mainat, Toni Cruz i Miquel Àngel Pasqual era, en aquellas niñeces mías, un lector de la realidad tardofranquista y de la transición en clave de humor y d’estar per casa. Y quién sabe por qué misterioso designio, aquellas canciones que ellos cantaban cum animus molestandi (horrendo título de uno de sus discos traducidos al castellano) siguen estando de actualidad. Lo cual quiere decir que o no hemos cambiado nada, o que estamos en democracia pero igual que antes de tener democracia. O que nuestra democracia se apellida «orgánica».

Disquisiciones politológicas aparte, vamos a centrarnos en el tema que nos ocupa. Que no es otro que el cierre gubernativo de las emisoras de la COPE en Lleida y Girona, así como algunas de Punto Radio. No es la primera vez, naturalmente. Pujol ya lo intentó directamente; y cuando le preguntaron, la respuesta fue que «la COPE diu mentides». Vamos, que la COPE mentía. La COPE hizo valer su derecho constitucional a informar y los tribunales le dieron la razón.

Aproximadamente quince años después, la rama izquierda del PUC (Partit Únic Catalanista) ha intentado lo mismo, pero por vía gubernativa de facto y me explicaré. El CAC anuncia orgullosamente que «actúa con plena independencia de las Administraciones en el ejercicio de sus funciones» (art. 1.1. de la Ley catalana 2/2000, de 4 de mayo). No obstante, esto se ha de leer más despacio.

En primer lugar, tengamos en cuenta que el gran intelectual Alfonso Guerra pronunció la sentencia famosa de que «Montesquieu había muerto». O sea, que lo de la división de poderes era mera ilusión. De entrada, el partido que gana unas elecciones ya se hace con el Ejecutivo. Si además goza de mayoría parlamentaria, controlará el Legislativo, en cuyo seno el grupo parlamentario gobernante se dedicará a justificar y jalear al Ejecutivo cuando toque. Ya tenemos dos en uno.

En cuanto al Judicial, es un poco más complicado; pero hoy no hay que ser muy listo para ver que los miembros del órgano de gobierno del Poder Judicial son nombrados por el Legislativo (gracias a la LOPJ de 1985, que permite esa escandalosa injerencia); y que éstos suelen militar en asociaciones profesionales que apenas esconden su carácter partidista («conservador» la APM, «progresista» JpD). Y ello, pese a que formalmente no pueden pertenecer a partido político alguno. No hay sino recordar la lamentable estampa de un Rajoy sonriente que se felicitaba de «haber pactado con ZP los nombramientos del CGPJ».

Hecha esta precisión, avancemos un poco más y recordemos que en Cataluña sólo hay dos poderes: Ejecutivo y Legislativo. Lo que, teniendo en cuenta lo anterior, quien tiene mayoría en el Parlament controla ambos poderes. Mayoría que, en este caso, pertenece al PUC (PSC-ERC-IC+CiU… y el PPC, que está haciendo últimamente denodados esfuerzos por entrar en él).

Retomando el hilo, pues, lo que el CAC es independiente… va a ser que no. De facto es un órgano tan administrativo como pueda serlo el «Comisariado del Pueblo de la Lengua» (también conocido como Direcció General de Política Lingüística). Dicho esto, lo demás es más fácil de entender: se manda recao al citado organismo para que a determinados medios díscolos (definición de díscolo: que no quiere formar parte de la prensa del movimiento, prefiriendo en todo caso contar la verdad) se les aplique la ley del embudo. No hay problema: se justifica la cac-cicada apoyándola en «presuntos problemas técnicos»; y tranquilos, que la prensa y radio del movimiento aplaudirá con las orejas la medida.

¿Protestas? Claro, las de C’s: pero ya se sabe que no van a ir a ninguna parte. Son pocos, mal avenidos y además, caso de que se uniesen, se les puede desactivar en dos frentes: se manda a un comissari lingüístic que repita y haga repetir las consignas apropiadas como un mantra (por ejemplo, «fora fatxes!») y luego se consigue que los Mossos comparezcan convenientemente tarde, es decir, cuando ya a alguno de los manifestantes le hayan puesto un ojo a la funerala…

Mientras tanto termina este nuevo culebrón como debe terminar –en los juzgados y dando la razón a las emisoras díscolas–, les propongo el ritmo sabrosón y sambero de la canción. Porque no hay mal que por bien no venga y el que no se consuela es porque no quiere…

Mama caca, an a l’aigua què li han fet?
Mama caca, an a l’aire què li han fet?
Mama caca, a la terra què li han fet?
Mama, mama caca,
ja no en queda un pam de net!

Vergüenza ajena

Yo creo que el bueno de mi amigo Daniel es un poco gafe. Me explico. Cada vez que él me dice «no tienes nada de qué avergonzarte como catalán» yo le creo, sinceramente; pero no pasan dos días o un breve lapso de tiempo y ya hay algo de qué avergonzarse. No recuerdo a cuenta de qué me lo comentó la primera vez; pero al cabo de una semana ocurrió lo de la vergonzosa comparecencia de Francisco Caja en el Parlament. Y digo vergonzosa no por él, puesto que le asistía el derecho de presentarse a esa noble Cámara con el aval de las correspondientes 50.000 firmas. Vergonzosa lo fue por la actitud de sus señorías, los de la ceba y los de la otra: de 135 escaños quedaron nada más que 11; e incluso, más de un señoría agarró un oportuno catarro que le impidió asistir a la sesión de marras.

Estoy seguro de que mientras escribía su penúltimo post, en el que nos cuenta que Cataluña empuja hacia Aragón, en una curiosísima inversión de la Historia, pensaba que los catalanes como yo no teníamos por qué avergonzarnos de ser catalanes. Pues otra vez va a ser que no. Este verano hemos tenido que asistir con cara impertérrita y de circunstancias a un espectáculo bastante lamentable. O sea: de cómo a un senyor llamado Joan Puig, que por su aspecto debería ponerse a la cola porque se acerca el día de San Martín, se le «ocurrió» llamar «malnacidos» a los habitantes de la por muchos títulos noble región de Extremadura. Tampoco dice mucho a favor del presunto seny català que ese señor no fuese fulminantemente relevado de todos sus cargos y expulsado a perpetuidad de su partido.

La realidad sigue siendo tozuda, amigo Daniel. Y sigo teniendo motivos para avergonzarme, aunque éstos pertenezcan a la vergüenza ajena. Otro senyor de por aquí, Salvador Sostres, se ha descolgado con lo del «genocidio de la conquista de América». Lo del senyor Puig es malo, pero es lo que tiene no tener dónde caerse muerto fuera de la política: hay que hacer méritos. Lo del senyor Sostres, en cambio, tiene más delito, porque su familia vive –y muy bien, al parecer– de personas que compran en las empresas que ésta posee y que, también al parecer, no son catalans de soca-rel, ni mucho menos, sino de todas las partes de España.

Al margen de las bajanades de estos dos clowns de cuarta, todo parece muy bien preparado. Se lanza una boutade, como esa barbaridad de los niños extremeños. Naturalmente los extremeños, insultados en su honor e indignadísimos, se acuerdan unos del padre y otros de la madre del salvaje. El Gobierno extremeño anuncia una querella contra el susodicho. De todo esto, el salvaje y quienes están detrás de él concluyen brillantemente que «En España no nos quieren porque decimos la verdad».

Lo que sigue ya lo pueden adivinar ustedes. El resto de España empieza a pensar aquello de «con estos catalanes hay que tener mano dura». Y luego esa cantinela de «España no nos quiere» sirve, por arte de birlibirloque, como argumento para colocarse en el puesto más alto del podio de la insolidaridad. «Es que nos han ofendido», «es que nos roban», «es que…». Y todo eso deriva en «es que queremos ser independientes y no nos dejan», pensamiento que no compartimos ni mucho menos la mayoría de los catalanes. Aún más les digo a ustedes: me molesta sobremanera que me echen en el mismo saco que a los nazis quatribarrats que quieren imponer una lengua y una cultura a personas que por definición son pluriculturales (dos lenguas, dos culturas).

¿Se imaginan ustedes la polvareda que levantaría una imagen que llevase como leyenda algo así como «Adopta a un catborrego y sálvalo de la ignorancia. Ellos también lo merecen»? El catborrego, claro, con la cara cuatribarrada y haciendo el gesto de gritar contra España. Les confieso que no sé hacer eso con el Photoshop, esa maravilla que lo mismo agranda las tetas sin operación (que se lo pergunten a Keira Knightley) que nos trae a un ZP con la cara descompuesta; pero seguro que habrá alguien que sí se atreva. Sin embargo, tal vez lo inteligente sea no darles pie a que saquen la cantinela de «España no nos quiere» poniéndose a su nivel y responder al insulto con la correspondiente querella.

Así que al amigo Daniel le voy a «recomendar» que no me diga que «no tengo motivos para avergonzarme de ser catalán». Yo ya sé que lo dice con toda su buena voluntad; pero es que al rato, los hechos le desmienten. O tal vez tenga razón después de todo: quizá no tengo que avergonzarme de ser catalán, sino de estar obligado a compartir mi condición de catalán con semejante gentuza. Y ya ves tú lo que son las cosas: Joe Pilla-Pilla Montilla, siendo más xarnego que yo, ha llegado a Molt Honorable. De él abajo, pues, todos.

La nación del PSC

Por su interés, reproducimos este artículo de Leopoldo Cuesta en MD (hoy borrada de ese digital, que ahora se dedica a «otras cosas»).

Pues sí queridos míos. Este verano ha sorprendido a cronistas tanto de izquierda como de derecha, la conversión del Partido Socialista de Cataluña (PSC) a la fe nacionalista. A unos les ha parecido una traición; a otros, simple oportunismo. Y no estoy de acuerdo con ninguno de ellos.

Defiendo la tesis de que la evolución del socialismo en general, y del PSC en particular, hacia posiciones nacionalistas, forma parte del desarrollo coherente del colectivismo, del culto a la Comunidad, y del desprecio al individuo.

El socialismo se basaba en una supuesta ventaja económica de la planificación centralizada, frente a la búsqueda individual de la felicidad a través de la consecución de objetivos personales. Esta suposición se podía contrastar con la realidad; y eso ha sido precisamente lo que ha ocurrido a lo largo de todo el siglo XX: el fracaso del Socialismo ha sido total y sin paliativos… pero…

¿Dónde se iban a refugiar los quienes no creen en la persona? Muy fácil: en la Nación Planificada. En el Nacionalismo.

Y hablo de Nación Planificada para distinguirla de la «Comunidad Popular» nacionalista, de las Naciones Históricas realmente existentes. Que, de todos modos es un concepto nazi: la Volskgemeinschaft.

Nadie planifica la existencia de las Naciones Históricas. Son fruto de millones de hechos aislados independientes entre sí. Fruto de victorias y derrotas militares, de habilidades y torpezas. Los hechos que modelan una Nación Histórica, podían haber ocurrido de otra manera, pero entre todas las infinitas posibilidades, solo una es históricamente cierta.

En las Naciones Históricas los individuos conservan la libertad, porque no deben ajustarse a ningún modelo preconcebido: es la Nación la que se nutre de ellos. ¿Ejemplos concretos?, tenemos uno muy cerca: España.

España es una Nación Histórica.

Las Naciones Planificadas de la mitología nacionalista obedecen a un proyecto ideológico abstracto. Sus fronteras, su cultura y su idioma no son fruto de las decisiones de sus ciudadanos, sino del proyecto alucinado de los «verdaderos patriotas». Las naciones Planificadas son un mero artificio, diseñado por burócratas, al margen de cualquier control democrático.

Las Naciones Planificadas, al ser falsas, hay que fabricarlas. Y a ese objetivo deben plegarse las vidas y las haciendas de las personas. Quien no lo haga queda excluido de la «comunidad nacional». ¿Ejemplos concretos? También los tenemos muy cerca: «Euskal Herria», «Països Catalans» o «Galiza» son Naciones de diseño, Naciones Planificadas, Falsas Naciones, que no han sido producidas por la Historia. Esta ideología, prácticamente una religión, es el refugio ideal para quienes huyen del fracaso del socialismo. Al ser mística, no hay que demostrar nada: pase lo que pase, el mito se mantiene. ¿Alguien tiene una idea mejor para seguir viviendo del cuento?

Por supuesto, esta «Construcción Nacional» supone la destrucción de las personas que tienen la desgracia de vivir en esos territorios. Incluso la destrucción de la cultura que el nacionalismo dice defender.

Les voy a contar una historia… Puede que a los lectores más jóvenes les cueste creerlo, pero hace más de 30 años, en pleno franquismo, el catalán fue un idioma de enorme prestigio, tenia amigos en todas partes y estaba en plena expansión.

A día de hoy, el catalán está perdiendo terreno demográfico. Es un idioma poco atractivo para los estudiantes y no es económicamente rentable. Cuando la gente puede elegir, elige el castellano. Socialmente, el catalán sólo se habla cuando se impone coactivamente. No es autónomo, depende de subvenciones y prebendas. Si el régimen nacional-socialista se desmorona, el idioma catalán va a tener grandes dificultades para sobrevivir al siglo XXI.

¿Qué ha pasado en estos años? ¿Cómo es posible que, después de 3 décadas de gastar ingentes sumas de dinero en potenciar el catalán, su crecimiento esté paralizado?

La verdad es tan simple que un nacionalista es incapaz de verla: la ciudadanía percibe que el catalán ha dejado de ser un idioma para convertirse en un arma, un instrumento sectario de segregación social y política, con el único objetivo de crear una «comunidad popular» mística, cultural y lingüísticamente pura, cuya identidad se basa en el odio a España.

El mito se alimenta a sí mismo, pues el retroceso social del catalán, es utilizado por el nacionalismo para aumentar el victimismo y la presión sobre la población al grito de… ¡el catalán se extingue!. El separatismo jamás podrá asumir la realidad de que el retroceso del idioma catalán, su perdida de prestigio, y su inutilidad económica, son fenómenos de su exclusiva responsabilidad.

Pero asumiendo la realidad de esa decadencia, ¿está justificada la imposición del catalán? Desde el respeto a la libertad de la persona, en absoluto. Si el nacionalismo cree realmente que el catalán, el vasco, o el gallego están en vías de extinción ¿existe mayor crueldad que formar a una generación de niños en idiomas que se extinguen? ¿Alguien ha pensado en ellos como personas? En sus vidas, en sus opciones de futuro, ¿a alguien se le ocurriría imponer el latín en la escuela para «salvar» ese idioma?

La supuesta nación catalana se ha convertido así, en la nación de los nacionalistas. Sus fronteras son sus prejuicios, su bandera el totalitarismo, y su futuro, el rencor y la pobreza.

Esta «Nación» es la que en su último congreso, asume el PSC como parte de su proyecto. ¿De verdad les parece tan extraño? ¿Creen que hay grandes diferencias entre la «construcción del socialismo» y la «construcción nacional»?

El Socialismo y el Nacionalismo son ideologías anti-persona. No pueden soportar que la gente haga lo que desea hacer, y no «lo correcto». Por eso los puentes entre ellas están siempre abiertos para transitarlos en ambos sentidos.

Si el PSOE todavía no se ha colgado del nacionalismo, es porque no encuentra Nación de la que ahorcarse. En España, el nacionalismo español está desprestigiado y es prácticamente inexistente…

Aunque no crean: en otras latitudes nuestro idioma también se utiliza para destrozar países. De eso entienden mucho los Estados Unidos, donde grupitos indigenistas quieren romper la unidad lingüística de la gran república norteamericana utilizando el español como ariete…

Aunque eso ya es otra historia… y es demasiado larga para un solo artículo.

Por hoy basta de charla…quizás volvamos a encontrarnos.

¡Hasta otra, amigos!

¿Por qué ladran y rebuznan? (I)

Hace casi un mes que salió, los ladridos y los rebuznos no han cesado. Lo que salió, claro, es el famoso Manifiesto por una lengua común. Como residente en una Comunidad Autónoma oficialmente bilingüe (y pónganle toda la cursiva que quieran), tenía especial interés en leerlo, para ver por qué ha generado tanta polvareda.

Para acortar el camino, voy directamente a analizar las propuestas del Manifiesto:

A. Lengua y educación. Lo que se pide aquí no es otra cosa que se garantice el derecho de los padres a elegir la lengua en que han de ser educados los hijos. ¿O es que los padres no tienen ese derecho? Y concretamente, que el sistema educativo garantice, en todo el territorio español, el conocimiento de la lengua común, que es la castellana. Nada hay que objetar a ello, puesto que el artículo 3 de la Constitución establece que los españoles tienen el deber de conocer la lengua española y el derecho de usarla, como lengua oficial que es de la nación española.

Es decir: nada de ghettos lingüísticos, nada hay de lo que dicen los que ladran o rebuznan. El sistema educativo público debe garantizar que un/a muchacho/a (para no ser sexistas), al terminar la educación secundaria obligatoria, conoce suficientemente ambas lenguas. Si atendemos al hecho de que al menos en Cataluña es imposible hoy encontrar una escuela pública (claro que hay privadas: que se lo pregunten a Montilla, que escolariza a sus niñas en el trilingüe Colegio Alemán, no en la escuela pública, como podría deducirse de su presunta ideología) en la que se escolarice a los niños en castellano, convendremos en que esa obligación es sistemáticamente incumplida por Cataluña, en donde, además, se racanean horas de castellano.

B. Lengua, Administración y comercio. Tampoco aquí se pide nada del otro jueves. Se pide que el ciudadano entienda a la Administración cuando ésta le exige algo. También se incumple sistemáticamente esta obligación, puesto que en Cataluña los impresos oficiales suelen llegar a los domicilios exclusivamente en catalán.

Tampoco está de más sugerir que el castellano sea la lengua vehicular entre Administraciones. Lo digo más que nada para evitar el sonrojo y el ridículo de ciertos episodios ocurridos entre la Generalitat y las Juntas de Extremadura y Andalucía. La Generalitat, dando muestras de aldeanismo supino, les mandó sendos oficios en catalán fabriano sin traducción (som una nació) y las Juntas, naturalmente, respondieron en su lengua propia: castúo y andalú cerrao, respectivamente.

En cuanto a los bares… ¿qué quiere que le diga? Pues que está bien que cada propietario de bar hable como quiera: que el que quiera hacerlo en catalán, lo haga en catalán; y el que quiera hacerlo en castellano, que lo haga en castellano. Oponerse a esto significa colocar en cada bar un chivato, que informará debidamente al comisario lingüístico de turno sobre el abuso de la lengua extranjera en un determinado local; lo que, naturalmente, se traducirá en una hermosa multa lingüística de 600 euros mínimo. En el mejor estilo nazi, desde luego. Retengan esta palabra: Blockleiter.

C. Lengua y rótulos. Tampoco está fuera de razón que las señales de tráfico, los rótulos en los edificios oficiales consten en ambas lenguas. Un señor de Ciudad Real que no reside en Lleida, por ejemplo, no tiene por qué conocer lo que significan los rótulos escritos en la lengua propia (qué eufemismo) de la tierra cuando va conduciendo o cuando debe dirigirse a una dependencia administrativa para algún tipo de gestión. En otro post examinaremos motivaciones e implicaciones de lo que estamos exponiendo aquí.

D. Lengua y políticos. Bueno, hemos llegado a la madre del cordero. Ya avanzamos aquí que esto de la lengua es un problema político, no social. Pero volviendo al Manifiesto, dice así en su apartado 5º:

Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Me imagino que cuando dice «ocasiones características» se refiere a la Diada «nacional», o a la de Sant Jordi. En lo demás sigo estando de acuerdo: no hay necesidad de llevar consigo un traductor de euskera cuando Ibarretxe pretenda hablar con Juan Vicente Herrera, o Touriño con Álvarez Areces: se pueden entender todos ellos perfectamente en castellano. Y en cuanto a los Parlamentos autonómicos, allí donde exista cooficialidad de lenguas no debe existir problema alguno para usar cualquiera de las lenguas cooficiales.

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