Cuestión de "cojones"

Creíamos que el nacionalismo abertzale («amantes de la patria», que tiene bolaños la cosa) era lo más cavernario que teníamos por estas castigadas tierras españolas. También creíamos que no se iban a presentar; nos lo prometió Zapo (ya se han presentado en sociedad, con la bendición del «rey negro»). A ver con qué malabarismo nos salen Zapo y Rub-al-Kabra para que se presenten a las elecciones en mayo, aunque esto es harina para otro artículo).

El artículo de hoy tiene otro tema, que podría estar relacionado. Hoy quería yo recordar a los supuestamente nacionalistas «moderados». ¿Qué se entiende por «moderados»? ¿Que se trata de personas que no matan ni mueren por su ideal? Como siempre, hay que recordar que la línea que separa lo moderado de lo radical en cuanto a nacionalismo vasco es muy fina y que la comunicación entre ambas líneas ha sido siempre fluida (más en los tiempos de Arzallus, menos en los de Imaz, a lo que parece).

El PNV siempre quiso colgarse la etiqueta de moderado frente a ETA. Obvio: el PNV no asesina, no extorsiona por la brava. Consideremos también otro detalle: llevando más de veinte años en el poder, no le hace falta. El poder tiene otros medios más sutiles para borrar a la gente «molesta» del mapa; incluso tiene el recurso, como es el caso del PNV, de recurrir a los «chicos de la gasolina» para que le hagan el trabajo sucio (recordemos la librería Lagun en San Sebastián, de María Teresa Castells, tantas veces quemada o rotas sus lunas).

Lo que ocurrió hace unos días en la sede del TSJPV no fue solamente la patada en los genitales al señor Antonio Aguirre por parte de un matoncillo del PNV. Fue el recordatorio de que al PNV se le pueden aplicar muchos calificativos, menos el de «moderado». También es muy significativo lo que ocurrió: dos miembros del Foro Ermua lo retuvieron hasta que la dos ertzainas hicieron acto presencia. Éstos, mirando hacia un punto determinado, parece ser que recibieron la orden de dejarlo marchar.

Si la patada la hubiera propinado el señor Aguirre, rápidamente los medios nacionalistas y de izquierda (sí, de izquierda también) se hubieran abalanzado sobre éste cual jauría furiosa y le hubieran tratado de «español», de «bestia» y otros apelativos «cariñosos». Y se hubiera concluido: «así son los del PP» (desconozco si el señor Aguirre es militante del PP; pero a la prensa socialista no le importa mezclar churras con merinas cuando se trata de los traidores).

Resulta que el tal sujeto es un coleccionista de enchufillos del PNV y funcionario jubilado, marca de la casa y guía y norte de todos aquellos que quieran progresar en el universo peneuvista. El hecho de que los ertzainas le dejaran marchar después de haber recibido una orden visual no es sino la constatación de la impunidad de la que gozan en Euskadi quienes atacan de cualquier modo o manera a los «traidores» (llámense Foro Ermua, Basta Ya, AVT y ese otro largo etcétera que se opone a la tiranía nacionalista y lucha por no ser enviado al olvido).

Si quedaba alguna duda respecto de la «moderación» del PNV, ha quedado totalmente aclarada. Desde el «entraremos por cojones» del consejero Azkarraga hasta la patada del gorila semi-anónimo, va a ser que se trata de una cuestión de «cojones». Pues eso: manda cojones…

La transición pendiente

Buena la ha liado el señor Polanco con sus declaraciones. A propósito de una de las manifestaciones más multitudinarias de la democracia, Don Jesús del Gran Poder dice que «es una manifestación que es el franquismo puro y duro». Y que «le dan mucho miedo las ansias de revancha si la derecha vuelve al poder».

Lo del «franquismo» bien lo ha de saber él, que se enriqueció con Franco y con Suárez, último jefe del Movimiento Nacional. Él, que con Felipe González consolidó su poder y a quien Aznar sólo pudo hacer algunas cosquillitas (lo de Sogecable fue una broma, aunque se llevara por delante a uno de los jueces más honrados de la democracia). Él, que ahora manda recados a Zapo a través del Pravda. Él, pues, que se ha convertido en el amo y de quien Zapo, como el logotipo de la discográfica HMV, es el perrito faldero, hasta el punto de que el PSOE parece la «franquicia política» de PRISA.

Se ha hablado mucho de la «segunda transición». La primera, en mi opinión, fue la que hizo la derecha: Fraga, cual Moisés gallego, llevó a la travesía del desierto a la derecha, que nunca fue del todo obediente y que también cayó en la tentación de adorar al becerro de oro. Erraron durante bastantes años (no cuarenta, por cierto) e incluso hubo un advenedizo que con minoría absoluta le quiso plantear al todopoderoso gobierno de Felipe una moción de censura. Por eso Fraga se quedó a dos palmos de pisar la tierra prometida (el anhelado poder) y fue su sucesor Aznar quien la holló con todo el derecho, después de haber puesto firmes a la tropa y haber expulsado a los díscolos (a alguno de ellos lo veríamos después con los filisteos, convertido en «amigo del pueblo filisteo»). Hoy por hoy, pues, la derecha es una alternativa democrática de gobierno tan legítima como las demás.

Sin embargo, si miramos del otro lado, resulta que después de 40 años (éstos sí) de travesía del desierto, la izquierda vuelve con el ideario de siempre. El mismo de Largo Caballero e Indalecio Prieto. El mismo de Pablo Iglesias («acataremos la legalidad cuando nos convenga; cuando no nos convenga no lo haremos»). Al igual que al régimen franquista, la crítica les provoca una dolorosísima urticaria, que tratan de calmar con el remedio de siempre: «es que la derecha sólo sabe crispar». La izquierda actual sigue peleando contra Franco (y sigue perdiendo, aunque esté en el Gobierno: sólo así se explica que el gobierno organice manifas contra la oposición). De forma urgente, un médico tendría que prescribirles esa transición que tanto necesitan (su pasado es de todo menos democrático).

No menos recomendable es esa segunda transición para los nacionalismos. Después de 40 años de travesía del desierto, el nacionalismo llega a las puertas de la democracia con el mismo ideario de Sabino Arana en el caso vasco o con la misma idea de la «Arcadia feliz» de Joan Maragall y de Prat de la Riba. Claro que en el caso vasco tuvieron que «maquillarlo» un poco para que pasara por democrático: las teorías racistas de Sabino se sustituyeron por la discriminación lingüística, que en el fondo viene a ser lo mismo pero «más fino», más «a lo Neguri». En Catalunya no hubo ese problema: cuando Franco, la oligarquía catalana hablaba catalán en la intimidad; y a los cuatro días de proclamarse el Estatut, cualquiera que hablara castellano era declarado un paria por esa misma oligarquía.

Y aunque esto pueda parecer una «herejía», ETA es el último residuo del franquismo, bien que ahora travestidos en mafia de asesinos a sueldo, perdida ya toda esperanza de que la ideología los salve de la di-solución final…

No nos hable de «franquistas», señor Polanco. Usted es el último de ellos.

Corán porno

La noticia de la semana va a resultar ser otra genialidad de un gobierno socialista, esta vez del extremeño. Resulta que un señor que se dice fotógrafo e ilustrador ha sacado un libro en el cual se puede ver a la Virgen y a su prima Santa Isabel en actitudes poco adecuadas (entre otras lindezas, suponemos). La ofensa a los católicos es de grueso calibre; sin embargo, si este señor se hubiera pagado la edición de su bolsillo, podríamos aplicar el derecho a la libertad de expresión («artística», en este caso) tensando mucho los límites del mismo. Que dicen los teóricos que una pedorreta es «arte» si lo es para alguien. Cosas más raras se han visto y oído, oiga.

La cosa quedaría ahí si no fuera porque esa gran obra del arte patrio ha sido financiada con el dinero de todos los extremeños, tanto de los «creyentes» como de los «paganos» (en realidad todos paganos, tirios y troyanos). El señor Rodríguez Ibarra se ha caracterizado siempre por dar la nota y su despedida no iba a ser una excepción. Y sin encomendarse a Dios ni al diablo, su gobierno ha permitido que con dinero público se financiase esta ofensa.

Pensemos por un momento. Si ese libro hubiese sacado a Mahoma, al Moro Muza (con la cara de Ben Laden) y a Hassan II (padre del actual rey de Marruecos) haciendo(se) guarreridas españolas antes de la comida, que diría Chiquito, rodeados de gachises (digoooooooooo huríes) en el Jardín de Alá, se habría armado «la de Dios es Cristo». Enarbolando las coránicas suras, los Yusufgalanes y otros comparsas-compañeros-camaradas de la troupe islámica hubieran declarado un pedazo de fatwa. Una fatwa (una mardisión gitana, para entendernos) más dura que la que le echaron a Salman Rushdie por sus «versos satánicos». Que no era para tanto; para «satánicos», los versos de Les litanies de Satan, de Baudelaire («Gloire et louange à toi, Satan…»)

Viene a ser lo que hemos dicho siempre: que si la Iglesia Católica sostuviera, financiara y alentara a un grupo de locos religiosos terroristas, a los «rojos» no se les ocurriría insultar de ese modo a la Iglesia. Por eso, desde que mandan quienes mandan y donde mandan, insultar a la Iglesia no solamente sale gratis: se computa como mérito a la hora de hacer carrera en el Partido.

Y que no nos traten de confundir: no son laicos, sino anticatólicos.

"Tus muertos"

Suscribo en toda su extensión el artículo que Cristina López-Schlichting escribe hoy en La Razón. El descubrimiento del monumento al 11-M debió continuar con el protagonismo de las víctimas del más horrendo atentado de la democracia. Debió haber continuado con el silencio y con el desolado solo de violonchelo desgranando las notas de El cant dels ocells, de Casals. Para recordarnos que por encima del ruido inane de las rencillas políticas de los vivos, están la soledad y el silencio de los muertos, de los que ya no volverán.

Sin embargo, el cristal de que está hecho ese monumento representa bien la fragilidad de la condición humana. Y como el cristal quebraron el necesario recogimiento y respeto a la memoria de los fallecidos en ese atentado. Volvieron a oírse las palabras «rojo» y «facha», las mismas que hace 70 años llevaron a la tumba aproximadamente a un millón de españoles. Pudo más el odio cainita que parece un cromosoma más de la esencia española, que el debido respeto a las víctimas del atentado terrorista. Víctimas, además, que lo fueron de toda edad y condición: blancos, negros, amarillos, españoles, latinoamericanos…

Pero voy a añadir algo más. El modus operandi habitual de la izquierda es la provocación, principio que si no viene en el capítulo primero del «manual del buen izquierdista», viene en la primera página del segundo. La izquierda sabe cómo (lleva muchos años haciéndolo) tirar la piedra y esconder la mano. Es López Garrido (apostrofado por su antiguo jefe Anguita como «felón») cuando dice que «la derecha se apropia de los símbolos nacionales». Es Pepiño cuando dice que «los manifestantes del sábado pasado representan la mitad de los muertos de la guerra de Irak» (mal vamos si hay que sacar a pasear la guerra de Irak a estas alturas) y otras «gracias», por decirlo amablemente. Es Rubalcaba cuando en una comparecencia de 60 minutos en la que tiene que explicar su política penitenciaria, se pasa 45 minutos hablando de la del PP de hace 9 años y los 15 minutos restantes tratando de esquivar las preguntas directas de un inmenso Zaplana (y de paso, haciéndole el trabajo sucio a Zapo).

Y hay más. Es la Universidad de Barcelona, declarando a Aznar «persona non grata» y agrediendo físicamente a quienes, como el profesor Francisco Caja, no comulgan con las ruedas de molino nazionalistas. Es la Universidad de Lleida, en la que finalmente Aznar no pudo pronunciar una conferencia porque una serie de «alborotadores de cuarta» se lo impidieron. Se supone que la Universidad es una institución donde debería estar garantizada sobre todo la libre circulación de ideas, donde todo aquello que respete la Constitución tuviera cabida y derecho a ser oído. Pues no.

Por lo general, la derecha es civilizada y cuando un señor de ideología contraria quiere protagonizar un acto público, como una conferencia o similares, suele optar por no hacer acto de presencia. La izquierda, no. La izquierda no puede tolerar que alguien ose discrepar del pensamiento único en el territorio que considera de su dominio y por eso trata de reventar cualquier propuesta «diferente». Por eso han ocurrido incidentes en Barcelona como el de junio pasado, en un acto convocado por Ciutadans. O el ataque del stand del PP en Lleida durante la Diada de Sant Jordi, poco antes. Podríamos tirar de hemeroteca y rastrear qué ocurre cuando a la derecha se le ocurre hacer algo distinto de quedarse en casa, de rodillas y con el culo apretado. Tendríamos para un buen rato.

Me he permitido todo este gran rodeo a cuenta de la actitud de algunos a quienes no cuesta nada provocar. Y de la de otros que se han cansado de agachar la cabeza y poner la otra mejilla. No importa quién empezara. Por encima de todo eso estaban las víctimas y el monumento. Y la música de Pau Casals.

El mejor monumento que se puede hacer a las víctimas, para respetar su memoria y devolverles su dignidad, es exigir justicia. Es trabajar sin descanso para que finalmente sepamos la verdad de lo que ocurrió en esos nefastos días de hace tres años. Algo que el Gobierno ha demostrado sobradamente no estar dispuesto a hacer.

Descansen en paz las 192 personas que fallecieron el 11 de marzo de 2004. Y ni «tus muertos» ni «los míos».

Una opinión

¿Cómo resolvería Usted la crisis nacional por la división de los dos grandes partidos?
Pregunta del 12-03-2007 – Bitácora de los lectores de Libertad Digital

(Gracias, Sinuhe19)

Supongo que a hostias otra vez. Ellos lo están provocando y eligen armas. Salvo que Dios lo remedie el duelo ya esta en marcha. Sólo un tonto tomaría a broma la amenaza. Se está trampeando para cambiar la Constitución, de tal modo que permita la secesión de Las Vascongadas, Navarra incluida, y Cataluña. En esta operación marchan juntos CiU, ERC, IU, PNV y el resto de partidos nazi-onalistas, juntamente con el P$O€. Confunden y manipulan a la opinión pública con facilidad, pues no es tan difícil ver a dónde conducen los delirios de esta gente: a conflictos civiles sumamente peligrosos, o al hundimiento de España en una impotencia adormecida y suicida.

Ya no hablemos de los partidos nazi-onalistas. En realidad también muchos socialistas, que por su educación ideológica tienen un concepto muy negativo de España, y no consideran la subsistencia de nuestro país un objetivo importante. Diría más aún: para muchos de ellos, en Cataluña y Vascongadas sobre todo, acabar con la unidad de España es, si no un empeño definido, sí algo perfectamente deseable. Por tanto no ven ahí una razón de peso para oponerse al terror.

Una u otra causa para combatir el terror sería la defensa de la democracia; pero la izquierda ha vivido (y parte de ella vive aún) ensoñada en hueras utopías de fondo antidemocrático, y en intentos de aplicar una “pedagogía” de arbitrarias buenas intenciones, básicamente contrarias a las libertades. Para eso quieren el poder y su balance habla por si sólo. El poder les interesa solamente por el poder. Sus partidos, los de la izquierda y los nazi-onalistas han llegado a ser poco más que aparatos en busca de mando y empleo para una legión de aspirantes a vivir del erario público.

No era de esperar del P$O€ una verdadera política antiterrorista ni una alianza con el único partido que sigue defendiendo la unidad nacional. Ellos han elegido la “negociación”, mientras el españolito no sabe que se está pagando y que se pagará, aunque todos lo intuimos.

Aunque el odio africano cause estragos en su propia militancia, incapaz de entender el enfrentamiento y el rencor sin límite hacia la derecha y aunque zETAp, La Vicemico, Llamacafres y sus amigos lo nieguen, es una realidad incuestionable que la izquierda española demuestra sentirse más a gusto en compañía de terroristas como Otegui y Josu Ternera, de separatistas y de nacionalistas que desprecian la constitución, como los seguidores de Ibarretxe y Carod Rovira, que con los integrantes del Partido Popular y con las víctimas del terrorismo.

Para llegar a esa barbaridad ideológica, algo sumamente grave ha debido ocurrirle a la concepción que la izquierda tiene del gobierno y de la política en democracia, cuyo envilecimiento ha ido más lejos de lo que se temían los más pesimistas. Sólo existen dos explicaciones racionales: o se ha perdido hasta la última gota de principios ideológicos o la obsesión por el poder se ha hecho tan enfermiza e insana que cualquier cosa es lícita, hasta lo antinatural y lo absurdo, con tal de aplastar al adversario y conseguir o conservar el ansiado poder.

Los dirigentes de la actual izquierda deberían reflexionar y analizar qué enfermedad es la que les ha llevado a negarse a cumplir los deseos ciudadanos, partidarios de que se restablezcan el diálogo y la cooperación entre los partidos, optando a cambio por compartir objetivos y estrategias con los pistoleros, los violentos, los que han asesinado a decenas de socialistas en el pasado, los que han profanado la tumba de Gregorio Ordóñez, los que vuelan por los aires los aparcamientos de Barajas o los que arropan a Ibarretxe y niegan la igualdad ante la ley, afirmando, por ejemplo, que el lendakari no es un ciudadano común.

Estamos a un paso de repetir la historia. Quiera Dios que no resolvamos el asunto a hostia limpia como de costumbre.

De espaldas y en latín

Durante siglos, al decir misa, el cura se situaba en el altar de cara al santo patrón y de espaldas al pueblo. Y además decía la misa en latín, el idioma de la cultura, sin duda, pero no del pueblo. Aventuraremos una significación del ritual: el sacerdote sólo responde ante Dios, no ante su rebaño. La consecuencia más evidente era que uno, todo lo más, podía familiarizarse con el sonsonete, aunque sin entender palabra de lo que se decía. El sermón sí era en la lengua propia del país; pero claro, como no existía el libre examen, era el cura el que interpretaba según sus luces, guiado ciertamente por el magisterio de la Iglesia y el santo temor a la Inquisición, las Sagradas Escrituras. Como se decía entonces, extra Ecclesiam salus non est.

Hubo que esperar a 1958 para que Juan XXIII, el papa que «se suponía que iba a durar poco» y que era «de transición», armara un revuelo considerable con el Concilio Vaticano II. A partir de entonces el cura, aunque se situaba en un escalón superior por su formación y mayor exigencia de espiritualidad, decía toda la misa en la lengua del país y de cara al pueblo. Se admitió el libre examen y así los fieles dejaron de ser un rebaño sumiso, sino que empezaron a hablar al cura de tú a tú y a entender las cosas como es debido. Y cosa curiosa (o no): las iglesias empezaron a vaciarse.

¿Lección? No se puede «gobernar» en modo alguno a espaldas del pueblo. El gobierno que así lo hace cava su propia tumba y la de su partido, a la corta o a la larga. Eso es lo que, según entiendo, ha ocurrido en España en estos tres años que llevamos de legislatura. El PSOE ha gobernado de espaldas al pueblo y en latín. Ha gobernado para las minorías, para los «amigos», para los acreedores políticos (en especial los de signo nacionalista). Ha gobernado de espaldas a media España, a los diez millones de votantes que el 14 de marzo de 2004 formaron la base electoral del PP. Y las «joyas de la corona» de esta legislatura son tres leyes (de Violencia de Género, del Matrimonio Homosexual y de la Dependencia) cuyo calificativo común es la inoperancia.

Por eso el PP convoca una manifestación mañana. Para decirle al Gobierno que hay una España que sigue existiendo, por más que no aparezca en el telediario de las tres ni en el de las nueve. Lo hace, por supuesto, acogiéndose al constitucional derecho de reunión y manifestación establecido en nuestra norma fundamental en su art. 21. Al PSOE le molesta, claro, porque hasta ahora «la calle era suya» (como antes lo fuera «de Fraga») y porque la manifestación siempre fue un medio de presión «de izquierdas». Y no. En un sistema democrático, la calle es de todos. Abertzales, constitucionalistas, independentistas, socialistas, izquierdas, derechas… todos tienen derecho a manifestarse, con el debido respeto a las leyes y a los demás ciudadanos. Y posiblemente, por mucho que «bailen las cifras», el índice de participación será bastante elevado.

No hay esperanzas de que el desgobierno zapateril oiga el clamor de esa media España que saldrá a la calle mañana. Pero a Zapo ya no le quedan muchos más conejos que sacar de la chistera. Lo más probable es que, sabiendo que lo ha hecho mal y siendo evidente para muchos que cuando fue al Senado se comportó como una loca histérica, esté preparando a partir de ahora una operación de tierra quemada. Un regalito envenenado para que cuando Mariano Rajoy llegue a la Moncloa se encuentre solamente la tricolor, la foto de Azaña y los diarios del capitán Lozano sobre la mesa. O tal vez sea un poco más generoso y le ponga en la puerta las columnas Jakin y Boaz, aunque sea en cartón-piedra.

A vueltas otra vez con la Juani

He tardado bastante tiempo en escribir porque había algunos puntos un tanto oscuros en el tema sobre el que escribo hoy. Pero sabedor de que no puedo dejar pasar mucho tiempo sin escribir sobre lo que ya lleva más de una semana indignando por lo menos a media España, me lanzo a ello.

Lo primero, decir que la Juani es precisamente el primer terrorista excarcelado por motivos políticos (de «humanidad», desde luego). El Gobierno de Zapo no ha podido soportar la presión ciudadana y, al mismo tiempo, la de ETA y ha «atenuado» así la prisión del terrorista. Por supuesto, en los think tanks prisoístas se han puesto con entusiasmo inasequible al desaliento, dedicación incansable y fervor acendrado a justificar esa decisión política, que no jurídica, como nos recordaban Maite Pagazaurtundúa y Rosa Díez no hace muchos días.

Primero, bis: aplicando la ley la Juani podría haberse pasado bastante más tiempo en la cárcel. El desgobierno de Zapo, actuando «sabiamente», apartó del caso a aquellos fiscales que podían complicar las cosas pidiendo más años de cárcel para la Juani. Por eso las peticiones finales de la Fiscalía fueron tan «mansas»; tanto, que prácticamente pusieron a la Juani en la calle.

Segundo: Rubalcaba mintió como un bellaco al decir que la Juani «no gozaba de privilegios carcelarios». Los propios policías que custodiaron la habitación desmintieron esas palabras de Rubalcaba e incluso presentaron una orden directa por escrito. Y también, hace pocos días, nos contaron que la Juani gozó (nunca mejor dicho) de comunicación especial íntima (estupendo eufemismo penitenciario para explicar que la Juani se entregó a las dulces artes amatorias) con su novia, compañera o lo que fuese. Y que por orden directa de la «autoridad», a la novia no se la podía cachear. Qué dura es la vida del ministro Rubalcaba, que cuando dice algo hasta sus propios subordinados le desmienten.

Tercero: la Juani en «huelga de hambre». Por lo que se sabe, la Juani podría haber estado de huelga «indefinidamente». El jamón era del hiper de al lado (sólo faltaba que además le dieran los bocadillos de jamón de Jabugo), pero bastó para que la Juani mantuviera un semblante más o menos demacrado. Me imagino a la novia diciéndole: «Iñaki, esconde la tripa, joder, que estas fotos van al Times«. Y él, haciendo lo que pudiese. Porque ése es otro «logro» de la famosa huelga de hambre: «internacionalizar el conflicto», que es además el desideratum de todo terrorista. Conseguir que un medio de comunicación que no es de casa te considere un preso político separatista en vez de un terrorista asesino es todo un logro.

Cuarto: las consecuencias de la bajada de pantalones zapateril. La más obvia, que diez compañeros gudaris han iniciado una «huelga de hambre» como la de la Juani. Otra, menos inmediata, pero tampoco a largo plazo, es el aumento de presión por parte de Otegi, ese terrorista vestido de lagarterana parlamentaria: «Sin Navarra no queremos nada». Probablemente en Navarra sí hayan contestado a esas palabras, pero yo no tengo constancia de lo que se haya dicho al respecto.

Quinto: el desgobierno y el PRISOE, conscientes de que están defendiendo lo indefendible, toman por buena la máxima de que «la mejor defensa es un buen ataque», que debe de figurar en el primer capítulo del libro de texto de dialéctica marxista. Por eso estamos oyendo a Zapo y a Pepiño (y a todos los paniaguados de consigna) todos los días: «Es que cuando gobernaba el PP…». Pero vamos a ver: si según ellos el PP cometió el error de negociar, ¿por qué insisten en negociar? ¿Y por qué, para justificarse, critican en los demás lo mismo que hacen ellos? Además, hay un matiz importante: no es lo mismo negociar cuando está en juego la vida de una persona (caso de Ortega Lara) que negociar cuando lo que está en juego son unas pretensiones políticas totalmente inasumibles.

Quinto y medio: en todo este tiempo hay algo que me llama mucho la atención. Concretamente, la ausencia de declaraciones por parte del PNV. Y me llama la atención porque el PNV comparte con ETA «los fines, aunque no los medios». La consabida teoría del árbol y de las nueces. Recuerdo que antes, en los tiempos de Arzallus, nunca faltaban unas infames declaraciones de Joseba Egíbar en las que se ponía siempre en duda el trato correcto a los presos de ETA (posteriormente, si había lesiones, se podía demostrar que eran el resultado de una autolesión). Tanto Ibarretxe como Imaz han hecho mutis por el foro y quien lleva la voz cantante es Otegi.

Final. Sigue en pie la pregunta: ¿Qué le debe Zapo a ETA?

Sarre, 1935

El Sarre es una región de Alemania, rica en materias primas para la industria. Sin embargo, en 1935 estaba en manos de Francia, en virtud del humillante Tratado de Versalles, impuesto a Alemania por los vencedores de la I Guerra Mundial.

En este contexto aparece Hitler, que después de ganar las elecciones de 1933 fuerza un golpe de Estado y se hace nombrar Führer del pueblo alemán, al que ha de reconducir al lugar que le corresponde entre las potencias mundiales, como Herrenvolk que es. Poco importa que en el camino vaya zurrando a los judíos, declarados oficialmente «enemigos del Reich»; poco importa que los comunistas, los católicos y cualesquiera otros que se opongan al Partido vayan siendo retirados de la circulación (a veces, de forma definitiva).

En el año concreto en que nos situamos, hay un referéndum en el cual, curiosamente, un 90% de los sarrenses decide reincorporarse a la patria alemana. Detrás de ese 90% hay una intensa campaña de amedrentamiento: se envían cartas amenazadoras a los tibios y a los opositores antinazis informándoles de las aterradoras consecuencias de su voto contrario a la vuelta al Reich. El Frente Patriótico («marca» del partido nazi en la región) ofrecía papeletas contraseñadas a los tibios para que éstos, una vez ganado el referéndum, pudieran demostrar que habían votado en la forma correcta.

Por supuesto, no sirvió de nada. Una vez bajo control alemán, la Gestapo saldó las cuentas precisamente con los tibios, puesto que los antinazis se habían puesto a salvo al otro lado de la frontera. Los «indecisos» cayeron como «espías de Francia», «separatistas» o «víctimas de los indignados patriotas» en el curso de linchamientos «espontáneos» organizados cuidadosamente por la Gestapo.

Ahora, hagamos el siguiente ejercicio. Cambiemos «el Sarre» por «Navarra» y tengamos en cuenta lo siguiente: el 80% de los navarros quiere seguir siendo independiente de los vascos. Hace unos pocos días, unos «energúmenos» atentaron contra el Ayuntamiento de Pamplona. ¿Suena todo lo anterior? ¿Repetimos la historia?

Rojooscurocasibermejo

Decíamos en el anterior post que «se nos fue el canario» y que, a cambio, nos han metido a Silvestre (que no es un lindo gatito, por cierto). Lo que sí parece es «silvestre» en la peor acepción de la palabra. Parece que el mayor mérito del susodicho es su acendrada fe socialista (él mismo lo ha dicho: que es de izquierdas y como tal actuará).

No es para nada buen augurio que un Ministro de Justicia, que procede además de la carrera judicial proclame con tantas campanillas su adhesión inquebrantable al régimen zapateril. Son palabras que dejan entrever bien a las claras el rencor (el mismo que debió sentir cuando quiso empapelar a José María Michavila y no pudo), en vez de la ecuanimidad que se supone norma de la casa.

Digo bien: se supone. Porque el nombramiento de Bermejo como Ministro de Justicia no refleja sino un doble fenómeno que venimos constatando desde hace tiempo: la judicialización de la política y la politización de la justicia. Vemos con demasiada frecuencia a jueces de Altos Tribunales pronunciarse ideológicamente a través de su pertenencia a asociaciones «progresistas» o «conservadoras», cuando por simple preservación de la independencia judicial no deberían formar en ninguna. Y asistimos casi con igual frecuencia a la presentación de querellas entre políticos por cuestiones que nunca debieran llegar a los Tribunales.

El siguiente párrafo se dedica al que podríamos llamar «gran ausente»: Baltasar Garzón Real. Don Baltasar se ha quedado fuera por segunda vez fuera del baile…

… como aquel ladrón
que busca su fortuna
por un callejón
por donde nunca pasa nadie…

Probablemente, en el PSOE tienen memoria histórica (para lo que les conviene). Y se acuerdan muy bien de la primera vez, en que Garzón se dejó querer por Felipe pensando que éste le iba a dar el Ministerio de Justicia por su cara bonita. El Ministerio se fue para otro juez (Belloch) y Garzón no se conformó con la consolación del Plan Nacional de Drogas. Recuerdan también el tiempo que le faltó para salir a escape de la política y volver a ponerse la toga para hacerles la vida a cuadritos con lo del GAL y algunos asuntillos que todavía colean (aprendieron la lección: legislaron después que tendrían que pasar dos años para poder retomar la magistratura).

Dicen que a cualquier gobernante hay que darle cien días. Pero si Bermejo es tan radical como dicen sus antecedentes, no tardará ni un mes en demostrarlo.

Algeciras

Cantaba Serrat en 1971…

Yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.

No sé de qué color sea Estambul; pero hoy Algeciras, por lo poco que se sabe, se está tiñendo de negro, más que de azul. La Junta de Andalucía, en el silencio total y «zeñore, aquí no paza ná». No se admiten voluntarios, no sea que se vayan de la lengua (es fundamental que todo el mundo dé la misma versión). Mintió la Junta, al decir primero que sólo era un kilómetro el afectado y después que eran cuatro o cinco (parece que son 10 o 12, en realidad). Dijeron que se había roto un tanque del barco; ahora admiten que se han roto dos. Ni siquiera tratan bien los residuos: los quitan de la playa… para llevarlos al vertedero, donde hay el peligro de que contaminen los acuíferos de la zona. Las grabaciones de la «caja negra» del barco «han desaparecido» (estarán celosamente custodiadas en la Consejería de Medio Ambiente). Probablemente haya más y tal vez nos enteraremos (aunque no nos lo cuente la Junta).

También es un detalle interesante la lista de ausentes:

  • Zapo: está muy ocupado lamiéndose las heridas de la manifestación del 3-F.
  • Chaves: hace siete días que ha sucedido el accidente y no ha aparecido («sha vé como van la coza»).
  • Narbona: está ultimando los detalles para del alquiler de una desaladora para regalarla al Ayuntamiento de Algeciras (previo traspaso del alquiler, claro) y que la utilicen para limpiar el chapa… digo fuellllllllllllll.
  • Salgado: «no es de su ramo».
  • Fuensanta Coves, Consejera andaluza del Medio Ambiente: está muy ocupada con el Infomme Preliminá de Zuelo Contaminao. É desí: trabahando
  • El alcalde (socialista) de Algeciras: está en Madrid (Fitur) promocionando el municipio. Pedazo de propaganda va a hacer del chapapote (perdón, fuelllllllllll) «especial»…
  • Nunca Máis: que se conozca, no han aparecido por allí ni Suso del Toro ni demás compaña. Ya cobraron lo suyo (del dinero que cobraron nunca máis se supo) y además, ellos son gallegos y no se les ha perdido nada en Andalucía, claro.
  • Titiriteros: Éstos también cobraron y ya «agradecieron adecuadamente» la generosísima subvención de la menestra. Además, ¿cómo se van a pringar ellos con chapapote (perdón, fuelllllllll)?
Ah, pero falta aún un detalle: ¿de quien es la curpa, curpita, curpa? Pues ya se sabe…

Ay que dise que dise la Irene,
Ay que dise que dise José,
que la curpa, curpita la tiene,
que la curpa la tiene er pepé

Estamos de Carnaval. Un poco de buen humor no viene mal y dar la murga es lo propio de estos días.

P.D.- Si se es del PP, sustituir «José» por «Javié» y «er pepé» por «Manué».
Pensamientos al vuelo

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Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

VIA LIBRE

Escribo y difundo lo que me interesaría leer. Para todos los públicos

Verdades Ofenden

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. / "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin – (Bitácora-Biblioteca virtual y PERSONAL, recopilatória de aquellos artículos que despiertan mi interés)

C Y K L O S

Asociación de Astrología de Cataluña

Queremos salir de la Crisis

¿Los políticos Tambien?

Galicia Futura

Blogazine Independiente / Abierto 24 horas

La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)