Inocentes (I)

He tardado muchos días en escribir sobre este hecho, que me conmovió hasta los cimientos y que me produjo una repugnancia fundamental y básica. No podía —no puedo aún— acercarme a los hechos desnudos de forma aséptica, sin emoción. Sin embargo, y aunque la enormidad me supera, trataré de escribir algo que tenga algún sentido, puesto que ayer fue su día.

Los hechos desnudos y asépticamente considerados son los siguientes: en una red de clínicas dirigidas por un médico peruano se permitía el aborto más allá de las doce semanas preceptivas. Todo parecía muy limpio y seguro. Por un módico precio de 4.000 €, las embarazadas que lo desearan podían quitarse ese molesto apéndice llamado feto que había que cargar durante nueve meses (o siete, si se daba el caso, pero no menos) porque así lo había dispuesto la Madre Naturaleza, más sabia que los hombres por lo general.

Es habitual y significativo que quienes dieron la voz de alarma fueron unos reporteros daneses (desde fuera la realidad suele verse con más objetividad), siguiendo a ciudadanas de su país que arribaron a Barcelona porque, al parecer, esta ciudad es la meca del aborto. Uno no puede por menos de considerar que se ha invertido la tendencia. Antes (en los años 70 y 80, sobre todo), eran las españolas las que tomaban el charter abortivo, que se decía entonces, y se iban a Londres a abortar (las que podían, claro). Ahora, en cambio, vienen aquí a abortar porque en sus países de origen está prohibido o se ponen muchas trabas.

Otro dato muy significativo en el caso de Barcelona es que la Generalitat «nunca encontró irregularidades» antes de que el caso se denunciara. Según informa la prensa que se ocupa del caso, parece ser que sí había inspecciones, pero raramente finalizaban con algo más grave que una multa que, de todos modos, la clínica inspeccionada podía pagar. Y también, según informan esos medios, que el «doctor» Morín (permítanme que, por muy licenciado que sea en medicina y cirugía, ponga el título de este señor entre comillas) tenía contactos en el Colegio de Médicos de Barcelona que le aseguraban la impunidad de su práctica asesina. «Muy profesional», que hubiese dicho Pazos.

En fin, para no repetir lo que ya nos han contado exhaustivamente los medios de comunicación y ahorrándome los detalles macabros, daré mi opinión sobre el tema. Me temo que resultará bastante conservadora, pero en fin: uno piensa como piensa porque es como es.

Sin poner en duda la legislación vigente, a mí me parece que el aborto, cualquiera que sea el grado de desarrollo del feto, es un asesinato. No estoy de acuerdo con la división práctica de las 12 semanas para decidir qué es vida dentro del útero y qué no lo es. Comprendo que cuando se quiere uno lavar la conciencia establece límites artificiales y artificiosos para llegar a un acuerdo político con quienes promueven el aborto. Pero la vida existe desde que se crea el cigoto y éste va creciendo por mitosis o meiosis y se van creando los órganos que le definen como ser humano (disculpen mi ignorancia en términos ginecológicos, si he cometido un error).

Desde el plano legal, el Código penal se coloca en una situación de conflicto: por un lado, la embarazada; por el otro, la vida humana dependiente. La opción por uno o por otro determinará la idea o filosofía en lo referente al aborto en sí. Nosotros recordaremos que existen tres casos en que el aborto no es punible, remitiéndonos al «sistema de indicaciones»:

  1. Indicación terapéutica: justificada cuando el parto podría significar un riesgo cierto para la salud del feto o de la madre.
  2. Indicación moral: el legislador abre aquí un poco la mano, no castigando el aborto cuyo embarazo sea producto de una violación.
  3. Indicación eugenésica: el legislador permite el aborto siempre que exista la posibilidad, hoy determinable con bastante certeza, que el feto pudiera nacer con taras físicas o psíquicas.

En mi opinión, en los casos tratados por esas clínicas-mataderos, no estamos ante ninguno de los tres casos. Ni siquiera ante el caso de la rechazada indicación socioeconómica, que podría resumirse en «aborto porque el padre me ha dejado tirada y no puedo mantener al bebé yo sola». Habría que ver caso por caso; pero quien puede pagar 4.000 leuros por abortar no es difícil que no pudiera mantener a su bebé.

Se derivan muchas cuestiones del tema. Pero por ahora, y por no hacer el post demasiado largo, terminaré con unas palabras de Khalil Gibran, no por conocidas menos necesarias y menos adecuadas al tema que estamos tratando…

Y una mujer que llevaba un niño contra su pecho le preguntó a un maestro: Háblanos de los hijos. Y él respondió:

Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de sí misma.
Vienen por medio de vosotros, pero no de vosotros;
y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, mas no vuestros pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos mas no sus almas,
Porque sus almas moran en la casa del mañana, que ni aun en sueños os es dado visitar.
Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis hacerlos como vosotros.
Porque la vida no marcha hacia atrás, ni se detiene en el ayer.

“Economía política”

Que no se espanten los lectores asiduos de este blog. No me voy a convertir en el Profesor Siesta por un post. Ni tampoco voy a dar verdaderamente lecciones de esta materia. Estas dos palabras hacen que mi memoria vuele al viejo libro del profesor Luigi Spaventa (Appunti di economia política), un horror de libro tipo viernes 13, y a mi profesor de entonces, el señor Pere Mir, que a nosotros, futuros juristas, nos trataba con cierto desdén «porque nunca íbamos a llegar a ser como él» (economista «de prestigio» en una extensión universitaria de la UB: hablamos de antes de 1991, claro. Hoy ya va a hacer once años que es catedrático de la UdL).

Lo que pretendo en este post, de forma mucho más humilde, es presentar las extrañas (o no tan extrañas, visto lo visto) concomitancias o coincidencias que se dan entre los partidos políticos y una gran empresa. Vamos sin demora a ello, pues nos ocupará espacio:

  1. La finalidad. La de una empresa es crecer económicamente y mantener ese ritmo de crecimiento mediante la creación de las sinergias apropiadas con el poder político; la de un partido político es conseguir el poder (lo de gobernar, por desgracia, suele ser secundario o incluso terciario) y mantenerse en él creando las sinergias apropiadas con el poder económico. El dinero llama al poder, y el poder al dinero.

  2. El personal que forma en los cuadros directivos posee algún tipo de MBA o similar de dirección de empresas, además de una Licenciatura en Derecho o Económicas. Y viene y va de la empresa privada si el partido es lo bastante grande. No debe sorprender, pues, que los esquemas de dirección sean empresariales. Nada objetaríamos contra ello, si no fuera porque existe una estructura rígidamente jerárquica que entendemos va en contra del art. 6. pfo. 2º de la Constitución. También y por lo general, han pasado algún período de su formación en el extranjero, lo cual también suele aportar (no siempre, pero sí en muchos casos) una perspectiva más amplia respecto de los objetivos de la organización. Se valora (y mucho) la falta de respeto básico por el votante, por mucho que éste, como se verá, forma parte del capital del partido.

  3. La masa obrera. Está formada por los militantes de base y simpatizantes, a quienes los directivos y «cuadros medios» utilizan por poco o ningún dinero. Se los puede ver en los días de la campaña ensobrando o pegando sellos en la sede local del partido y en el día D oficiando de interventores y apoderados, por «unas perrillas» o nada, que a veces «la grandeza de la causa excluye el pago del esfuerzo por lograr su establecimiento». Suelen ser los encargados de vender el producto.

  4. Los votantes. Sin duda forman el capital del partido-empresa. Dicho capital, como en las «empresas puras», se puede acrecentar o dilapidar según la política que se lleve a cabo. Al parecer, existe en los niveles directivos el convencimiento de que el votante es un simple peón en la gran maquinaria de la empresa y que, como tal, no tiene inteligencia suficiente para darse cuenta de la gran organización que hay detrás del partido y ser crítico con ella, en dado caso. Como una especie de oveja, vamos. En tiempos inciertos como éstos, además, el votante se caracteriza por un alto grado de volubilidad, así que hay que fidelizarlo (seducirlo) como sea.

  5. La publicidad. Ha evolucionado muchísimo, pero qué duda cabe que la propaganda política recibió su «empujón» más importante a través del nazismo y el comunismo. Y es en este punto en el que entendemos que se ha producido el acercamiento o identificación entre empresa y partido político. Máxime cuando muchos de sus dirigentes provienen de la empresa privada y comparten una especie de «cultura común» sobre la forma de gestionar «el capital».

Fíjense ustedes en que se ha llegado a crear una subespecie de la publicidad llamada marketing político, que lo mismo es usado por el Gobierno como por los partidos de la oposición (en especial el principal). El primero lo usa para convencernos de que es el mejor gobierno de los posibles. Por ejemplo, la machacona insistencia del desgobierno zapateril en añadir lo de «Gobierno de España» como coletilla de sus anuncios oficiales. Es puro marketing destinado a contrarrestar la apocalíptica —y eficaz, por cuanto está «basada en hechos reales»— propaganda pepera del «España se rompe». Del otro lado, una anécdota que cuenta Alfredo Urdaci en su libro «Días de ruido y furia» es ilustrativa de lo que acabamos de decir. Cuenta el señor Urdaci que un día se dirigió a él Miguel Ángel Sacaluga, consejero del PSOE en el Consejo de RTVE, poco menos que exigiéndole que «debían dejar espacio para que el partido colocara sus mensajes». Es decir: lo importante es el mensaje. No la idea desarrollada en el programa.

La otra consecuencia del papel protagónico de la publicidad en la política es el adelgazamiento de contenidos. Como los publicistas políticos asumen que el político o candidato se dirige a un colectivo ovino (qué triste semejanza con los realizadores de televisión), tanto si está formado por «fieles» como si es neutro, suelen aconsejarle que «no se enrolle» y que «lo que pueda decir en dos palabras, que no lo diga en cuatro». Así que los políticos se dedican ahora, con mayor o menor entusiasmo, a machacar coletillas: desde el «obviamente, por consiguiente» de Felipe hasta las infinitas declinaciones de la «crispación», pasando por el «váyase, señor Aznar». Eso, al parecer, tiene mucho impacto en las ovejas —perdón, votantes—. Se ha conseguido la finalidad: que nos importe un bledo que nos pierdan el respeto, siempre que nos lo pierdan de forma graciosa.

El siguiente paso ha sido la conversión en marca, en este caso electoral. Un proceso que explica muy bien Naomi Klein en su libro No logo. Llevar unas zapatillas deportivas es símbolo de que se posee una determinada filosofía de vida, o de que se pertenece al número de los elegidos (qué infelicidad la de aquellos que no poseen ni llevan esas zapatillas deportivas). Nos dice la autora citada que la publicidad ya no guarda relación alguna con el objeto o mercancía publicitados. Por ejemplo, ¿creen ustedes que en la publicidad de colonias lo que se «vende» es el líquido elemento? Ni por asomo: lo que se «vende» es la capacidad de seducción del precioso líquido, de que las féminas o los machos caigan rendidos ante la persona que usa la colonia (normalmente lo hacen, debido al imponente pestazo de dichas colonias).

Algo parecido ocurre con los partidos políticos. Ser de un partido o de otro es casi tan importante o tan accesorio como ponerse un jersey Lacoste o unos Levi’s 501 «lavados a la piedra« (que es como lavaban nuestras bisabuelas la ropa y en cambio se vende como un adelanto). La oveja —perdón, votante— lleva con íntimo orgullo un pin que le identifica como pepero o como rojo (recordemos que ZP se ha autodefinido como «rojo» de los de antes, línea Largo Caballero, en un fascinante ejemplo de deconstrucción). Sólo falta que los partidos, al modo de los clubes de fútbol, echen mano del merchandising y conviertan a sus fieles en «hombres y mujeres del partido». ¡Qué gran orgullo para un pepero llevar unos calzoncillos o calcetines con el logotipo de su partido! Y lo mismo se diga de las señoras progres, que se ufanarán de usar bragas rojas, no solamente por el color, sino por el logotipo del partido. Y sobre todo, qué gran fuente de ingresos para los partidos: cortinas rojas con la rosa o la hoz y el martillo, o azules con la gaviota, cojines a juego, alfombras no se diga…

Quizá la oveja —perdón, votante—, después de tanta saturación, ya no pide otra cosa. Que la presentación desnuda del programa, diciendo lo que se va a hacer prescindiendo del mensaje o sin adaptarlo a lo que el rebaño quiere oír sino a lo que realmente necesita el país, ya no «vende». A falta de ideas y de público dispuesto a escuchar con paciencia, hay que machacar las pocas en que se pretende resumir el programa político. En mi modestísima opinión y pese a no coincidir ideológicamente con Julio Anguita, sí estoy de acuerdo con él en una cosa: si se siguiera el famoso «Programa, programa, programa», ello redundaría en una conciencia política más formada de los ciudadanos. Se sabría juzgar por la coherencia a los políticos, por lo menos. Pero está claro que no interesa. Y así, el rey, que hoy «es el pueblo», va desnudo políticamente hablando. Y encima, no es «conveniente» que nadie se lo diga, porque si es consciente de que va desnudo, podría acatarrarse. Y ahí sí que, como diría mi amigo Daniel, «el invento se va a la mierda».

Perfil bajo

Se pregunta un comentarista en Libertad Digital cuál es la mejor campaña para ganar las próximas elecciones. Eso, después de haber asentado un punto de acuerdo: hay que echar a ZP de Moncloa como sea, pero respetando las reglas del democrático juego.

El señor Capmany se felicita del perfil bajo que la campaña del PP ha tomado. Nada de insultos, nada de pataletas. Hay que ir como señores. Etcétera, etcétera. Todo esto está muy bien… para el Congreso, sin contar con que a veces el venerable hemiciclo parece una cervecería llena de holandeses con zuecos, en la cual la cerveza corre a raudales porque lo hace con cargo al erario público. El señor Capmany, el señor Rajoy y el señor Costa (si no recuerdo mal, él es quien dirige la campaña electoral del PP), asentados en la alta atalaya de sus despachos, ven la política como ese juego noble en el que contienden las ideas sobre lo que es mejor para el regiment de la cosa pública, que diría Francesc Eiximenis.

Y uno no sabe si no descienden a otro nivel porque no se quieren ensuciar las manos o porque allí donde están es donde tienen mejor opinión de sí mismos. Pero si bajaran un poco más, verían que ahí los perfiles toman otro color. Más allá de las gaseosas promesas de ZP sobre la «tranquilidazzzzzz» y la «pazzzzzzzz» de la campaña electoral y otras zarandajas del mismo jaez, resulta que se reparten leña y navajazos a partes iguales. A ras de suelo muchos hemos entendido que no se puede practicar el noble arte del boxeo según las normas del marqués de Queensberry cuando te llueven patadas y puñetazos a estilo full-contact (o sin estilo ninguno y sin someterse a regla alguna, que para el caso es lo mismo).

Se conoce que los señores Rajoy, Costa y Capmany no tienen que vérselas todos los días con «los del otro lado». Y cuando digo «vérselas» no me refiero exactamente a «comer juntos» o «departir amigablemente desde el respeto a la diferencia» como podría ocurrir en el Congreso. No están acostumbrados a bregar y a discutir a cara de perro con personas cuyo mejor argumento es la manipulación descarada cuando no el insulto y la descalificación personal, a ciencia y paciencia del administrador del blog y de otros usuarios. Teniendo en cuenta esta perspectiva, lo que le ha ocurrido al amigo Caballero ZP entra dentro de los «parámetros normales». No ha hecho falta sino que el PSOE levantase un poquito la voz para que al PP se le estrechasen las asentaderas y rauda y velozmente censurara a quien pretendía decir la verdad un poco más alto y con un poco más de vitriolo que los demás.

Que a decir verdad, eso es un ejercicio de cinismo por parte del PSOE. Pero claro: el PSOE tiene bula de befa y mofa (y vaya si hicieron uso y abuso de ella gobernando Aznar) y le escuece que alguien le haga tragar su propia medicina. Lo que sorprende —o no— es que, en nombre de ese «perfil bajo» se suprima la posibilidad de reaccionar y responder del mismo modo. Se olvida el PP de algo que dijo John Locke, uno de los padres espirituales del liberalismo, esos que tanto gustan de citar algunos: «Hay que ser tolerante con los tolerantes e intolerante con los intolerantes».

Hoy los votantes pedimos coherencia en las convicciones y firmeza en su expresión. Sobre todo lo segundo. Hoy por hoy no se puede decir que se es demócrata con la boca pequeña. Hoy por hoy no se puede plantear la vida democrática como una partida de bridge en el Casino. La democracia se conquista todos los días frente a aquellos que quieren hacer de ella un bonito trofeo en una vitrina, o frente a aquellos que, simplemente, no quieren democracia debido a su intención esencialmente totalitaria y heredera de totalitarismos «internacionalistas» hoy ya trasnochados, cuando no de idearios decimonónicos rechazados hasta por el más tolerante de los demócratas. A Rajoy le sube la temperatura y se le pone cara de susto si alguien, al verle defender sus convicciones con firmeza, le llama «facha». «¿Facha yo? ¿Pero qué dicesh? Yo shoy centrishta, no facha, por favor, esho shí que no…», responde él, atribulado. No me queda duda de que si Rajoy hubiese pertenecido a la Resistencia Anti-ZP abandonaría ese tono «rendidamente humilde» y hubiera luchado —sí, luchado— sin cuartel contra las chorradas progres. No lo ha sido y, por lo tanto, hay que oírle decir «Es que yo soy centrishta, no lo puedo evitar…».

Yo también suelo ir bastante al centro, señores Rajoy, Capmany o Costa. Al centro… comercial. En lo demás, soy de derechas, sin complejo alguno. Y no de «extrema derecha», como pretenden algunos indocumentados y descerebrados que pululan y/o vegetan por la blogocosa. Simplemente, de derechas y republicano (ya sé que es raro: ¿pero acaso no gano la CEDA unas elecciones en 1933?). Respetuoso con la legalidad vigente, pero no borrego en su acatamiento.

En fin, que ya sé que estas reflexiones no las va a leer el señor Rajoy porque Arriolín no le dará permiso. Es igual. A mí me basta con poderlas escribir y que otras personas de bien las lean y me hagan llegar su opinión constructiva al respecto. Los bloggers anti-ZP recibimos el mismo trato que el señor Francisco Caja en el Parlament de Catalunya de parte de aquellos a quienes hacemos el «trabajo sucio». Se acostumbra uno a eso. Y por otro lado, si entrando Rajoy en Moncloa España «puede ir mejor» (cosa no demasiado difícil constatado el alto nivel de incompetencia y de destrucción del edificio constitucional por parte de quienes debían defenderlo y de quienes deberían estar agradecidos a él), damos por bien empleado el ninguneo y los intentos de censura y de «lesh toleramosh, pero no nosh gushtan porque ni shiquiera shon del Partido».

Feliz Navidad

Para no perder la costumbre, llego tarde. Pero no por eso voy a dejar de felicitar la Navidad, pese a que no soy demasiado «navideño». La costumbre puede mucho y la tradición pesa aún más, acompañadas siempre de la buena intención. A los progres también se la felicito, aunque he de confesar que tenía mis dudas después de haberse sacado de la manga algunos de ellos lo del solsticio de invierno.

Hay que esforzarse por poner un poco de alegría en estas fechas, que las noticias de por sí ya son bastante tristes. El que quiera deprimirse no tiene más que encender la televisión y leer los diarios. Así, pues,

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a todos.

Hay motivo para la vergüenza

Me decía hace ya algunas fechas mi amigo Daniel que «no tenía por qué avergonzarme de sentirme catalán». Pues va a ser que no. O sea, que hay que avergonzarse. Y el miércoles pasado tuvimos la prueba más palpable de esta lamentable verdad. Llegó Francisco Caja al venerable Parlament de Catalunya, avalado por las 50.000 firmas necesarias en las autonomías para cursar una iniciativa legislativa popular. Y en cuanto subió al estrado a defender dicha iniciativa, los diputados de ERC, IC-V y CiU abandonaron la sala.

¿Cómo es posible tamaña grosería? Pues porque dicha iniciativa trataba simplemente de promover el bilingüismo en Cataluña y, en especial, la educación bilingüe. Trataba de recordar a los diputados catalanes que la UNESCO pone énfasis en que la primera enseñanza se dé en la lengua materna, con independencia de cuál sea ésta. Recomendación o precepto que el miércoles pasado los diputados catalanes (cuando menos, los 111 que se fueron) tiraron por el retrete, porque «no convenía». Y así, Francisco Caja se tuvo que enfrentar a un Parlament casi vacío. Solamente permanecieron en sus escaños los diputados del PP y los de Ciutadans.

Si alguien dudaba del divorcio entre la clase política catalana y la ciudadanía que le vota, a partir de hoy no quedará ninguna duda. A los señorías de estómago agradecido no les interesa lo que el pueblo vaya a decirles, sobre todo si es en contra de sus «principios». Está claro que se consideran «políticos profesionales» y que creen firmemente que no hay que dejar la política en manos del pueblo.

Pero lo más chusco llegó a la hora de los argumentos para rechazar dicha iniciativa:

  1. La diputada convergente Irene Rigau (estómago muy agradecido por haber sido consellera en el último gobierno Pujol) rechazó la iniciativa porque, según ella, «crea guetos»… justo lo que está haciendo la normativa actual.
  2. La diputada republicana Maria Mercè Roca abundó en la posibilidad de la «segregación».

Y al final, la traición. Concretamente, la del PSC. Del PSC se dijo siempre que su base era el cinturón rojo de Barcelona, que es de donde viene la mayoría de sus dirigentes: Manuela de Madre, Celestino Corbacho, el propio Montilla… Dicho cinturón se nutre de la emigración de los años 60: andaluces, extremeños, murcianos… todos ellos castellanoparlantes. Antes, a Montilla le bastaba con ponerse la chaqueta de pana y desgañitarse con aquello de «¡¡Zomo de lo vueztro!!» en Cornellà, al igual que Chaves en Sevilla (o en Iznájar). Se supone, pues, que el PSC iba a defender los derechos de estos castellanoparlantes. Pues no. Votaron en contra de la iniciativa legislativa popular.

Francisco Caja, aparte de ser una persona respetable y catedrático, ha devenido en símbolo de lo que ocurre en Cataluña desde hace bastantes años. Representa a la Cataluña agredida (verbal y físicamente) e ignorada, inexistente en los medios de comunicación; a esa Cataluña que no tiene sitio porque prefiere que sus hijos sean educados en lengua castellana aun siendo ésta lengua materna.

Porque, ¿creen acaso ustedes que la comparecencia del señor Caja fue registrada por algún medio de comunicación de ámbito general catalán? Como mucho, mereció sueltos para que no se dijera que «no se había registrado la noticia». Pero, como todos los avisados saben aquí en Cataluña, la prensa es una fiel aliada del poder político, de tal forma que lo que al poder político no le interesa que se sepa difícilmente se encontrará en los diarios o en las emisoras de radio o televisión (salvo en los medios no directamente vinculados, como la COPE o La Razón, que aquí son el nom del porc y que muchas veces acarrean el apóstrofe de «facha de mierda» a quien los lee o escucha). Y cuando no hay forma de escurrir el bulto se recurre al suelto, ese recuadrito ínfimo que lo mismo sirve para anunciar crecepelos que para dar noticias incómodas.

Cataluña está gobernada por una clase política que considera la política como su «coto privado», repetimos. Una clase que expulsa al pueblo de los ámbitos en los que éste tiene algo que decir porque normalmente no coincide con lo que ellos quieren escuchar. Una clase política que ejecuta sus juegos de ingeniería social sin contar para nada con la sociedad a la que se dirigen. Eso sí, se autodenominan orgullosamente «representantes del pueblo»; expresión que, hoy por hoy, es tan gaseosa como aquella de «ámbito de decisión vasco».

Pero los políticos han tomado ya una decisión. Han decidido que «no se les moleste más» y están viendo las posibilidades de limitar la iniciativa legislativa popular. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, en el mejor de los casos. Constatamos, finalmente, que la Cataluña educada y tolerante, tal vez la Cataluña evocada con nostalgia por Jiménez Losantos en aquellos turbulentos setenta ha desaparecido y ha sido sustituida por la Cataluña del batlle, el hereu i la pubilla, que a ratos cantan el Virolai, a ratos Els Segadors y a ratos y con la boca muy, muy pequeña, La Internacional.

Actualización 26 diciembre 2007.- Siempre es bueno que de la vergüenza quede constancia. En el vídeo se ve claramente cómo abandonan el Parlament el de Iznáha y Miquel Iceta, «socialistas». Y algunos de los que se quedan tampoco es que tengan una actitud muy respetuosa que digamos. ¿Para esto les pagamos? Por otro lado, Francisco Caja no está muy distanciado del personaje de Amerigo Bonasera (cuando menos, en lo iluso de creer que «el sistema americano» iba a hacerle justicia..).

Tres gastos superfluos

Recojo—un tanto tardíamente: mis disculpas— el guante que amablemente me ha lanzado Lobeznox al proponerme que responda a su meme. Me pide él que defina tres «gastos superfluos» de este desgobierno zapateril. Sin más dilaciones, vamos a ello.

  1. Por méritos propios y en mi conceto, los millonazos de la Ley del Cine que Carmen Calvo regaló a los titiriteros (pues no otros se iban a beneficiar del asunto) ocupan el lugar preferente. Y simplemente porque fueron un pago de favores: el Gobierno pagaba así las manifas que los titiriteros organizaron a favor del PSOE cuando no gobernaba y las declaraciones de algunos miembros destacados de la tribu titiritera, como Pedro Almodóvar, Pilar Bardem o Boris Izaguirre (ponemos uno de cada, para que nadie diga que en este blog somos sexistas o discriminadores. Me faltaría una titiritera lesbiana para ser políticamente correcto al 100%; pero en este momento no conozco a ninguna).
  2. En segundo lugar y no porque sea menos importante ni más pequeña la cantidad, los dineros que en concepto de transferencia o subvención han ido a parar a Cataluña. No por ellos en sí, sino por el uso que aquí se les ha dado, mayormente la promoción del catalán en Finlandia, en la India o en Frankfurt. No es que me parezca mal la promoción cultural, por supuesto; uno tiene que fer país y decir que su cultura es muy estimable respetando las demás. Pero coño: cuando tienes deficiencias en los servicios públicos, que los usa gente que habla catalán y que no lo habla, gente que es del país y gente que no lo es, dedícate primero a subsanar esas deficiencias y promueve luego el catalán o la sardana o la escudella i carn d’olla.
  3. Finalmente, no sabía si quedarme con los dineros que han costado las desaladoras de Cristina Narbona, que contaminan pero no producen lo que tienen que producir, o con las obras de acondicionamiento de la piscina de Moncloa para que nuestra primera dama tome tranquilamente sus baños de aguas. Lo dejo a vuestra elección.

Y me dejo en el tintero los millonazos que el PSOE ha pagado al PNV, a UDC y a IU por aquello de la «memoria histórica» en concepto de «reparación». O los millonazos que se pagaron para que los nacionalistas catalanes y vascos no apoyaran la reprobación en el Congreso de Mandatela. Pero claro, como sólo eran tres…

Lo de pasar el meme… es que de momento no se me ocurre nadie, porque a los que se me ocurriría ya se les ha pedido. Son las cosas del tardar. Pero prometo que en breve se me ocurrirán personas para pasárselo.

Le petit Nicolas fait ses devoirs

Miren que a mí nunca me han gustado los franceses. Quizá me ocurre lo que a míster Churchill: que no los conozco a todos. Que me incomodaba yo cuando algunos especímenes del país, sobrados de grandeur e hinchados hasta el ridículo proclamaban aquello de «L’Afrique commence aux Pyrénées». Y fue verdad durante bastante tiempo, porque cuando los moros pasaron por primera vez el Estrecho (sin patera), no pararon hasta Poitiers, donde un tal Carlos Martel les hizo dar vergonzosamente la vuelta. Era —es— descorazonador ver cómo tus propios socios te siguen tratando como alguien de segunda. Y que según me ha contado alguno que se ha tropezado con algún voisin, que las cosas han ido de «chulo, egoísta y prepotente» para arriba.

Ahora le petit Nicolas está en las páginas de papel couché de medio mundo. Parece ser que tiene su petit coeur y que se le ha visto derretirse por Carla Bruni. Lo menos que se puede decir es que Monsieur le Président tiene un goût excellent, puesto que esta mujer no solamente es un cuerpo bonito, sino un cuerpo bonito con cerebro y sentimientos (sus dos discos han sido ambos éxitos de ventas y no son, en conjunto, las canciones que se pueden oír en cualquier disco de Operación Tufo). O sea, alguien con quien se puede hablar de algo más que de haute couture o de haute cuisine. Y me alegro por él, pero no es éste espacio para hablar del affaire.

Voyons, pues, o sea, allons-y à la question. Y la question es que Monsieur le Président hace sus deberes (que es a lo que hace referencia el título). Es él quien libera a los rehenes franceses en el Chad (no nuestro inefable ZP). Es él quien negocia la liberación de las enfermeras búlgaras en Libia. Es él quien se enfrenta a los funcionarios egoístas que se resisten a perder privilegios injustos ganados, cómo no, durante la etapa Mitterrand y sostenidos durante la etapa Chirac. Es él quien no duda en tratar como canaille a aquellos que, excediendo del ámbito reivindicativo, la toman con el mobiliario urbano, con las lunetas de los escaparates o los miembros de la Policía. Es él quien consigue contratos para un grupo de empresarios franceses por un montante de 30.000 millones de euros. Que eso ya sería otro debate, porque los hace con China, valedora (y/o metrópoli colonial, que no me queda demasiado claro aún) del asesino régimen birmano. Y que también (al menos eso era seguro en la época de Chirac), Francia sigue ejerciendo de metrópoli oficiosa para sus antiguas colonias africanas. Si bien ése es un punto que afecta más a Francia como nación que al Presidente, puesto que ese tipo de negocios se hace con independencia de quién ocupe el palais de Matignon.

Según vamos contando, la figura de ZP a su lado se va empequeñeciendo, hasta el punto de convertirse en la del increíble hombre menguante. ZP mandó a su subordinada (¿?) a calmar los ánimos en Guadalajara (¿se acuerdan ustedes? ZP no fue hasta que todo estaba como una balsa de aceite). ZP es refractario a los abucheos. Lo pasó mal el 12 de octubre, cuando el pueblo de Madrid que se congregó para saludar a nuestras Fuerzas Armadas y honrar todos a la bandera nacional, porque no tenía donde esconderse ni detrás de quién. Y cuando el entierro de los guardias civiles Trapero y Centeno, de quienes hoy sin ninguna duda podemos decir que mandaron al matadero, ZP ya tenía la lección bien aprendida e impidió el paso a los medios de comunicación y al pueblo en general, para que no se viera en toda España cómo le abucheaban.

Yo creo que los españoles queremos y nos merecemos, además de un Presidente «que no mienta, que diga siempre la verdad», uno que no se esconda y que asuma las responsabilidades propias de su cargo. Claro que lo uno va casi con lo otro, porque quien no miente y dice siempre la verdad no tiene motivo alguno para esconderse, amén de asumir las responsabilidades propias de su cargo, en este caso el de Presidente de la nación, nada menos. Un cargo que debiera ser un honor y sin embargo lo están convirtiendo en piedra de escarnio.

Por eso mismo, Monsieur Sarkozy, aunque yo no sea más que un español de a pie, je vous félicite. Y aunque sé que algunos franceses progres me pondrían en la diana porque hubiesen preferido a Ségo, animo al pueblo francés a que se felicite de tener un presidente que hable claro y que ponga por encima de todo los intereses de su país. Porque aunque sólo sea para su país —lástima que eso no valga también para sus relaciones con Europa—, tiene el valor de hablar claro sobre temas que aquí nadie se atreve a tocar.

Ojalá tuviésemos a alguien así en España, tanto en el gobierno como en la oposición.

Falso conejo

La Red es una maravilla. Aunque uno no siempre encuentre lo que busca, hay ocasiones en que el hallazgo es mejor incluso que lo que uno andaba buscando. Se unió la circunstancia de que ayer estuve hablando con mi amiga Martha Colmenares acerca del «consejo» zapateril de «comer conejo estas Navidades» y ella me pasó una receta de «Conejo bolivariano». Que en realidad, bolivariano no es porque se trata de una receta de su señora madre (aunque estoy seguro de que los chavistas le encontrarían las vueltas para trocarlo en bolivariano).

Los españoles somos en general cumplidos. Y yo, para no ser menos, le facilito aquí una receta (verdadera) de falso conejo, pues así se llama el plato. He de reconocer que desconocía por completo la cocina boliviana y ayer, en un somero paseo por la Red, encontré que existen en dicha cocina muchas formas de preparar el conejo, además de ésta que les facilitamos. Así podrán decir que «han comido conejo» sin haber comido realmente conejo. A saber si ZP nos ha dado el «consejo» pensando en promocionar la cocina boliviana (esperemos que no, porque si ha sido así, que la cocina boliviana se prepare: menudo annus horribilis le espera…)

Un consejo: no le echen hojitas de coca al conejo, no sea que les ocurra como a ZP, empiecen a flotar (claro que para «flotar» Zapatero se basta él solito; no necesita para nada la coca ni alucinógeno alguno) y hablen de «la pazzzzzzzzzzz», de la «crispación» o se les ocurra decir aquello de «hoy estamos mejor que hace cinco años y el año que viene estaremos mejor que ahora», que es el súmmum del flipe.

Lo dicho, pues. Recordemos al gran Jaume Pastallé (de los tiempos en que TV3 todavía tenía un cierto halo de seriedad y era una altra cosa) y deseemos a ustedes Bona cuina!


Ingredientes para seis personas:

  • 3/4 kg. de carne de res
  • 1 taza de arvejas peladas
  • 4 vainas de ají amarillo molido
  • 1/2 cucharilla de comino
  • 1/2 cucharilla de pimienta
  • 1 taza de pan molido
  • 2 cebollas
  • 1 diente de ajo finamente picado
  • 12 papas
  • 1 cucharilla de orégano
  • 2 cebollas para la sarsa
  • 2 tomates para la sarsa
  • 1 cucharada de perejil finamente picado para la sarsa
  • Aceite FINO
  • Sal

Preparación:

Picar menuda la cebolla, luego freírla en poco aceite FINO hasta que esté transparente. Añadir ají amarillo, ajo, pimienta, comino y orégano. Cocer 5 minutos.

Luego agregar las arvejas y 4 tazas de agua, dejar cocer hasta que las arvejas estén suaves.

Aparte cortar la carne en filetes y pasarla por pan molido, aplastando con una moroca. Freír los apanados con aceite FINO y pasarlos al guisado. Deje cocer 5 a 10 minutos.

SARSA:

Picar la cebolla pluma, el tomate en cuadraditos. Aderezar con sal y aceite FINO. Servir el falso conejo, acompañado de papas con sarsa por encima. Decorar con perejil.

Salmón ahumado


Con permiso de ZP, yo estas Navidades no comeré conejo. No es porque no me guste el animalico, no (a decir verdad, lo como muchos días, como hoy). Es mayormente porque tengo un ramalazo de conciencia ecologista, ésa que él no tiene al permitir que Cristina Narbona construya desaladoras que funcionan con combustible y por tanto, contaminan mucho más (qué poco ecológico, ¡por Jakin y por Boaz!). Cierto es que ahí tenemos la frase «reproducirse como conejos», que no es indicio de que los conejos fueran a acabarse en esta piel de toro de mis pecados por más que se incentive su consumo.

No. Estas Navidades lo que voy a hacer es ayudar a los pescadores y voy a comer salmón ahumado. De paso, voy a mostrar así mi protesta por las actuaciones y declaraciones de su señoría la diputada popular Beatriz Rodríguez Salmones (Betina para los amigos). Que los progres y demás gente enrollada estén a favor del tiburón Eduardo Bautista y del cachalote Borau no tiene nada de extraño: Jakin los cría y Boaz los junta. Pero que una diputada del PP defienda a ese entramado que pocos dudan en calificar de «mafioso» tiene todo el derecho a entrar en los anales de la incongruencia. Es decir: su señoría defiende una cosa y el resto de su partido la contraria. Algo tendrá el asunto cuando todo el partido defiende una postura y ella hace lo contrario.

Lo peor, como siempre, está en la lectura de las consecuencias. El PP necesita desesperadamente mayoría absoluta. No le vale una mayoría simple, puesto que el cazo nacionalista siempre es más grande de lo que un partido normal puede asumir. El canon afecta especialmente a la juventud, a la cual la SGAE convierte en delincuente potencial porque da por sentado que «piratea». Pues bien, si el PP quería ganarse a ese sector joven (tradicionalmente reacio a votar al PP) con la supresión del canon, después de las actuaciones de su señoría se puede decir, hablando muy en plata, que la ha cagado. Así que ahora, cualquier aparato que posea un dispositivo de almacenamiento de datos puede ser gravado con el famoso canon. Y yo que quería comprarme una nevera con memoria y conexión a Internet pensando que me libraría… pues no. Con lo cual se fastidian los fabricantes de ese tipo de electrodomésticos, ya ven ustedes.

De ésta y de otras incongruencias respecto de la postura oficial del PP en determinados asuntos alguien que fuera atando cabos podría pensar que el liderazgo de Rajoy no es tan firme como parece y que tiene problemas para dominar a sus huestes antes de la próxima contienda electoral. También podría pensar que al PP son los enemigos los que le aconsejan. Como si Rajoy empezara a parecerse a José Barea, un catedrático competente en su ramo, a quien el PSOE llenó de tal cantidad de «topos» su Oficina Económica que no hubo más remedio que cerrarla. Podría deducirse que la SGAE aquí es como la muy poderosa National Riffle Association de Estados Unidos: tiene diputados en todas partes. Lo cual tampoco dejaría en muy buen lugar a su señoría porque a quien primero se debe ésta es a los votantes y después a su partido (por este orden) y en ningún caso a lobbies u otros grupos de presión.

Y aunque parezca mentira, no me voy a poner colorao por echar mano de la astrología, que es cosa seria aunque algunos pretendan hacerla pasar por juego de salón. Simplemente, tomaremos como dato la fecha de nacimiento de su señoría, a saber, 20/05/1944. Es un día «frontera», pero el Sol, sin duda alguna, sigue en Tauro. Lo que significa que su señoría se agarra a sus opiniones como una lapa (también a Mercurio en Tauro, lo que añade un plus de tozudez en cuanto a opiniones se refiere) y que además persiste en ellas, así sean acertadas o equivocadas, así caigan chuzos de punta o flores de pitiminí. Ni el mismísimo Fraga (que ya es decir) podría hacerla cambiar de opinión una vez su señoría se ha formado una. Por lo tanto, convendría saber cuál es la postura definitiva del PP en este asunto que, de haberse gestionado mejor, podría haber inclinado la balanza joven hacia su lado.

Lo dicho. Mientras tanto, con o sin permiso del preZZZZZZZidente, esta Nochebuena comeré salmón ahumado. Y cada vez que pinche un trozo —y créanme que lo haré con ganas— me acordaré de su señoría, no sin antes darle las gracias por haber ayudado tan eficazmente a dar a luz una norma que me considera un delincuente potencial con derecho a pena de cárcel por el solo hecho de poseer y/o dispositivos de almacenamiento y/o memoria.

Confirmado: nos siguen tomado por lelos

Tomamos prestado del blog de Luis del Pino este post, publicado en marzo de 2006 originalmente titulado «Confirmado: nos toman por lelos». Por desgracia para España sigue estando de actualidad. En el Gobierno siguen pensando que aún nos pueden colar morcillas progres como la del «proceso de pazzzz», estando todavía calientes los cuerpos de los guardias civiles asesinados. No olvidemos tampoco que en el Congreso se votó por el mantenimiento de la maldita «autorización para negociar», cuando lo suyo hubiera sido revocarla…

Hace un rato me llamaba mi amigo X. Es un buen chico, aunque algo apresurado en sus análisis. Estaba enormemente excitado con la noticia:

– ¡ETA ha anunciado que declara un alto el fuego permanente!

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que «y qué»? ¡Es una excelente noticia, hombre!

– ¿Por qué?

– ¡Pero bueno! ¡Pues porque ETA ya no va a matar a nadie más!

– ¿Y de dónde te sacas que lo de «alto el fuego permanente» significa que ETA no va a matar a nadie más?

– ¡Es que eso es lo que significa el término «alto el fuego permanente»!

– ¡Ah, bueno! Entonces, como ETA ya no va a matar nunca a nadie más, no hay ninguna necesidad de negociar nada con ellos.

– ¡Hombre, no! Se supone que ETA declara el alto el fuego permanente para que se abra una vía de negociación…

– ¡Ah! Entonces, es un alto el fuego «permanente», pero con condiciones. Por lo pronto, está condicionado a que se abra esa vía de negociación. Es decir, si no se negocia, no hay alto el fuego.

– ¡Hombre, sí! Pero si se inicia la negociación, ya no matarían más.

– ¿Y qué pasa si el resultado de la negociación no les satisface?

– ¿Qué quieres decir?

– Si en esa negociación ETA pide algo que ellos consideran irrenunciable y no se les da, ¿qué pasaría?

– ¡Caramba! Supongo que habría que llegar a un acuerdo.

– O sea, que ETA declara un alto el fuego que será «permanente» siempre y cuando se inicie con ETA una negociación y en esa negociación el Gobierno acepte todas las condiciones que ETA considere irrenunciables y que ETA ha incluido en su comunicado, ¿no? Y si no se inicia esa negociación o no se conceden esas pretensiones irrenunciables, ETA se reserva el derecho de volver a matar.

– Eh… bueno, visto así…

– Es decir, que antes del comunicado ETA se reservaba el derecho a matar si no conseguía sus objetivos y después del comunicado se sigue reservando el derecho a matar si no consigue sus objetivos.

– Bueno… supongo que sí.

– Luego el comunicado no cambia en absoluto la situación. Después de dos años de arduas «negociaciones» por parte de Zapatero, en las que ha cedido en todo lo que le han planteado, lo único que consigue de ETA es una declaración que no significa nada y que a ETA le sale gratis. No hay disolución, no hay entrega de las armas, ni tampoco abandono de las mismas. Ni siquiera se va a poner fin al chantaje a los empresarios. Tan sólo una frase grandilocuente que Zapatero pueda usar para tratar de legitimar las siguientes concesiones, ¿no?

– Bueno, tío, eres un aguafiestas. Si lo sé, no te llamo.

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