El debate de la debacle


Para explicar «lo de ayer» acudiremos al símil pugilístico. Imaginemos al campeón actual, alias Puños de Humo, en la final del campeonato de pesos mosca. Como tiene casi 700 asesores (644, si no vamos equivocados), le habrán aconsejado bien, encabezados por Pepiño. Él no quería subir al cuadrilátero; pero claro, como las masas enfervorizadas se lo piden…

Xosé Luis, ti o que tés que facer só é xogo de pernas.
– ¿Estás seguro? ¿Se verá así que soy una persona de talante, abierta al diálogo?
Seguro. Ti move as pernas, sen achegarche. Esgótalle, cánsalle e o combate está gañado.
ZP no es que se fíe mucho, porque la realidad es la que es y le ha arreado golpes más duros que los de Rajoy; pero al fin entra en razón.

Del otro lado, Kid Rajoy, el aspirante. Tiene un asesor que vale mucho y confía mucho en él:
– A ver, Pedrito, dime cómo debo plantear el combate.
– De acuerdo, Mariano –responde Arriola–.
El asesor saca su ordenador portátil, el único que no le robaron de su casa la otra vez porque lo llevaba encima.
–Según las encuestas, Mariano, lo que debes hacer es ir directamente al hígado y después, con un buen uppercut –de derecha, naturalmente– noquear a ZP.

Rajoy se queda pensativo un momento y después dice:
–Pedrito, ¿no te parece que esho esh muy duro? Quiero decir, muy dráshtico. ¿No hay otra manera? Esh que quiero conshervar el perfil bajo, ¿shabesh?
Arriola teclea frenéticamente en su ordenador y dice, después de examinar su pantalla:
–Mariano, de acuerdo con la raíz cuadrada de la covarianza de la muestra y sumándole la desviación típica del cuadrado de la mediana, sólo tienes dos opciones: o el uppercut y un crochet de izquierda –lo siento, Mariano–, o no entrar al trapo y hacer juego de piernas sacando mucho pecho. La probabilidad combinada de que él haga juego de piernas, que no te tire al pecho y que salgas ganando es de un 92%. Por lo tanto, lo aconsejable es que no le entres.
–Muy bien, Pedrito, muy bien. Ashí me gushta, que hagash tu trabajo, que para esho te pago.

Llega el gran día del combate. El árbitro anuncia a los contrincantes y ahí están Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal de cheerleaders con su grito de guerra:

¡Mariano va a ganar!
¡Mariano es el mejor!
¡Mariano! ¡Contigo!
¡Toda la afición!

Del otro lado la no menos aguerrida afición socialista, capitaneada por Leire Pajín, Bibiana Aído y Pilar Bardem. Han tenido que contratar a los Rubytos de cheerleaders, a 7 euros la hora. Fue un simple problema de logística: Leire se probó todos los trajes y no le entraba ninguno (qué dura la vida del senador, siempre senando). Pilar está mayor y sólo enseña las piernas para el Goya (y por buen dinero, faltaría plus) y Bibiana no quiere enjercé d’ojebto (u ojebta) sesuá…

¡Machácale la cabeza!
¡Machácale los pulmones!
¡Dale con el Prestige
en todos los c…ajones!

Si fuera por las respectivas aficiones, el combate no se podría prever más emocionante. El árbitro presenta los púgiles a las respectivas, que enloquecen de entusiasmo. «En estos tiempos de paz y concordia, he decidido dar un impulso al diálogo y al pacto…», empieza. Pepiño y Arriolín se impacientan y hacen señas al árbitro para que abrevie y que empiece el combate.

Suena la campana. Y nuevamente el entusiasmo se desborda. ¿Pero qué ocurre en el ring? Kid Rajoy está practicando un juego de piernas muy elegante y vistoso. ¿Y ZP? Puños de Humo está utilizando una táctica nueva. Dando siempre la espalda a Rajoy, se dedica a propinar ganchos y uppercuts al aire. Por un momento la afición socialista está en suspenso. La Bardem se acerca al cuadrilátero y, prudentemente, pregunta qué táctica está usando.

–Estoy… luchando… contra… ¡la crisis! –ahí un buen gancho de izquierda–. Y no me descon… ¡centres!… que estoy… ¡ganando!…

La Bardem exhibe un momento de perplejidad, pero vuelve a su sitio y dice a los suyos: «El jefe está practicando una nueva y muy efectiva técnica contra la crisis. Así que sigamos apoyándole con entusiasmo». En esto que uno levanta la voz y dice:

–Ah, ¿pero el combate no era contra Rajoy?
–¡Tú, facha trotskista! ¡Quedas expulsado! –grita, enfadadísima, la Pajín. A ella le van a decir contra quién era el combate.
–Pero si yo ni siquiera soy del PSOE. Yo soy «de izquierdas»…
–¡Es igual! ¡Quedas expulsado y te prohíbo que te afilies!
El otro se calla, pero piensa: «Joé con estos hijos del prohibido prohibir…».

Del otro lado las cosas no van mejor. El aspirante Kid Rajoy sigue con su juego de piernas y las chicas siguen animando, pero el público se impacienta: «¡Al hígado, Mariano, al hígado!». Rajoy se dirige a su afición y le dice: «Shí, shí… al hígado, pero esh que el juego de piernash esh también importante..».

En el estadio alguien grita: «¡Tongo, tongo!» y ese grito recorre como una descarga eléctrica todo el público. ¿Es posible? Pues sí. Dos días antes del combate los púgiles, sus asesores y el árbitro se reunieron en secreto para discutir cómo iba a ser el combate y las técnicas que iban a usar, especialmente para que el público percibiera que allí había un combate.

«¡Tinggggggggggggg!». Fin del primer asalto.

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