"Vamos a llevarnos bien, porque si no…"

Esto es lo que parece decir el amigo Astur en su blog «El talante de Zapatero y su equipo», de cuya existencia me entero a través del amigo Cerrajero. Por de pronto, tras la presentación obligada de su blog, ha enfocado su mirada hacia la Voguemomia… y bien puede decirse que a ésta le han caído «hondonadas» de… bueno, de eso. Pues nada: que bienvenido a la Resistencia, guaje, y sigue así.

«.cat» versus «.ibs»

Apareció anteayer en La Razón y francamente, me quedé pensando (aparte de acordarme de mi amigo Daniel). ¿Así que los políticos desgobernantes baleares quieren formar parte de los mal llamados Païssos Catalans? Ésa es la resultante que se deduce de dicha decisión y de otras anteriores que, miradas desde el Principat, producen cuando menos cierta perplejidad.

Sin ánimo de ofender, parece que algunos diputados baleares estén cantando algo parecido a esto…

Die Negerlein in Afrika
Sie rufen all’ zugleich:
«Wir wollen deutsche Neger sein,
wir wollen heim ins Reich!»

Lo curioso es que tan alegre canto lo entonan all’ zugleich (todos a una) los diputados del Pacte dels Pobrets, bien aleccionados por Maria Antònia Munar, Sa Nina, y por el propulsor de la medida, el diputado Miquel Meli. Una buena muestra de que «los extremos se tocan» cuando conviene, puesto que UM en teoría es «izquierdoso nacionalista balear» y los otros son izquierdosos sui generis, con la notable excepción de… ERC, que es la de siempre aquí y allí. Juega allí un papel parecido al del PNV en Navarra, es decir: el de cuerpo extraño, pero no rechazado, que consigue que las iniciativas del poder local vayan por los raíles que ERC quiere, desea y necesita.

De momento volver, lo que se dice volver, ya han vuelto al Institut Ramon Llull, el regulador de la cultura catalana en el llamado «domini lingüístic català» (es decir, la institución que se ocupa de controlar que todo el que esté bajo sus amorosas alas sea adecuadamente nacionalista). Se recupera una ley de Francesc Antich de 2001, que va en la misma dirección que la nuestra de normalització lingüística: ¿se acuerdan de los 600 leuros que Carod y sus muchachos querían imponer de multa a la horchatería La Valenciana por no rotular en catalán? Pues ahora eso mismo puede ocurrir en las Baleares. Claro que, según el doble rasero nacionalista, se atreverán sólo con aquellos que rotulen en castellano, no con los demás. ¿Se imaginan a Antich imponiendo multas a todos los establecimientos que en Baleares cuelgan el rótulo «English speaking only» o «Deutsch sprechen nur»? No, ¿verdad? Pues yo tampoco.

Que el nacionalismo, en su expresión más rancia y decimonónica, es expansionista, no lo discute hoy por hoy nadie con dos dedos de frente. Porque por encima de todo está el lebensraum. Lebensraum que para el orbe nacionalista se extiende desde Perpinyà a Orihuela y desde Fraga a Mahón (por lo menos). Ése es un reconocimiento implícito de que Cataluña, sin «esclavizar» económica y culturalmente a Valencia y Baleares, no podría pensar siquiera en la independencia. Vamos, que solos no íbamos a ninguna parte.

Pero hay más. Distinguen entre buenos y malos (aunque sean «malos» como Miquel Ángel Nadal, a mi juicio un excelente embajador de su tierra y a quien desde mi humilde blog expreso mi solidaridad), sino que también expresan el derecho de los «malos» a ser conquistados, ya sea política o culturalmente. No es una actitud muy diferente respecto de la de los musulmanes de Al-Qaeda, seguidores radicales del Corán. Sonaría algo así como: «Os concedemos el derecho de uniros a la gran nación catalana. Si no os unís, iremos a por vosotros».

En público, Carod ya no dice gran cosa (para su desgracia y la de muchos comerciantes catalanes, el boicot no sólo no ha terminado, sino que toma nuevos bríos cada Navidad), salvo ir a Frankfurt a brindar por el «gran éxito de las letras catalanas» (sin Eduardo Mendoza, sin Carlos Ruiz Zafón, sin Juan Marsé…); pero en privado no es difícil imaginarle en la escena del globo de El gran dictador, delirando a más (no, no es un juego de palabras facilón) y a mejor con el asunto de la Grosskatalonien.

El caso es que ERC tiene ya metido en el bolsillo al Gobierno balear para que «se integre» en esa gran nación que son los llamados Païssos Catalans. De hecho, la diputada socialista balear Rosa Alberdi afirma que «el catalán (cursiva nuestra) es la lengua materna de la mayoría de los ciudadanos de las Islas». Es decir, para esta señora el mallorquín no existe como lengua diferenciada del catalán que hablamos en el Principat (de su variedad oriental, al menos). Lo que significa, en términos políticos, que se forma parte de una misma comunidad cultural y que por tanto, debe haber instituciones culturales comunes que van limando las «diferencias» entre unos y otros. Comunidad institucional que, de acuerdo con la ideología pancatalanista (o pangermanista, o paneslavista, etc.), acaba transformándose en política. Y en ésas estamos.

¿Y Valencia? Pues nada. Valencia resiste, fruto de una personalidad histórica de la que los valencianos sí han sido conscientes en el devenir de los siglos. Regían una legislación y unas consuetudines diferentes (entre ellas, si no me equivoco, los Furs o Fueros del Reino de Valencia) y por ello, los intentos que desde Barcelona se han dado para «colonizar culturalmente» la región valenciana han fracasado estrepitosamente (el último fracaso, el definitivo desmantelamiento de las antenas de TV3 en la región). Y no sólo eso: la región valenciana en su conjunto aventaja a Cataluña tanto en lo económico, como en lo cultural, como en lo social. No es de extrañar que en «el norte» se coman los codos de envidia y proclamen a voz en cuello que Valencia «también» forma parte de los Païssos Catalans. También es cierto que en Valencia, gracias a Dios, no están hechos de la materia blanda de que está hecho políticamente Jaume Matas (lo cual es palpable incluso en el hecho de pegar la espantá y decirle a su segunda: «Estarás en la oposición», en vez de dejar las cosas bien arregladas).

En fin, para no alargarme más y pasarle el testigo a mi amigo Daniel, que siendo de allí tendrá un conocimiento de las cosas más sobre el terreno que este humilde servidor, decir que poco a poco, ante la impotencia, inactividad o indiferencia de la oposición (o las tres cosas: prefiero pensar que no hay nada de connivencia), allí acabarán cantando lo que poníamos al principio. Lo traduzco, aunque seguramente para muchos de ses Illes no necesitará de traducción…

En África los negritos
gritan todos a una voz:
«¡Queremos ser alemanes negros,
queremos volver al Reich!».

Expertos


En España siempre hemos pecado de considerar lo de fuera mejor que lo propio. Para que se convenzan de una vez tirios y troyanos, aquí ponemos este vídeo, para que se den cuenta de que «lo mejorcito» lo tenemos en casa, o sea, lo mehó de lo mehó

Que lo disfruten con salud.

Guía políticamente incorrecta del Islam (y de las Cruzadas)

El libro cuyo título hemos colocado es un libro altamente recomendable para todos. No es un libro muy extenso (apenas tiene 200 páginas), pero es muy ilustrativo respecto de algunos mitos pro-islámicos que circulan por ahí. El libro no sólo es de rabiosa actualidad, sino que permite ofrecer una proyección de lo que puede suceder a quienes caigan bajo las garras del islam.

Sin pretender un comentario exhaustivo del libro, hay dos puntos que me llaman poderosamente la atención. Uno de ellos ya lo he comentado alguna que otra vez, pero únicamente ateniéndome a la realidad de los hechos. Con el libro en la mano, dichos puntos adquieren un cariz completamente distinto. Vamos, pues, aunque sea brevemente, a comentar el asunto.

El Islam es una religión de paz.

Se dice y mucho que lo es. No obstante, hay algunos datos que no cuadran con la beatífica expresión facial de los proislamistas cuando hablan de la tolerancia del Islam. En primer lugar, es conocido que el Islam se asienta sobre cinco pilares: la guerra santa (yihad), el ayuno, la oración diaria y el viaje a La Meca. No es casualidad que el primero que suele citarse es el de la guerra santa, pues al parecer se trata de una obligación primordial de todo musulmán el extender la fe islámica. El paso más allá se da cuando dicha extensión se produce por la fuerza de las armas. Parece ser que el propio Corán no se extiende mucho ante el particular, pero la mayoría de los hadiths (dichos y hechos del Profeta sobre cuestiones coránicas) versan casualmente sobre la yihad. Por tanto, cabe entender que la «guerra santa», entendida literalmente, es un elemento central de la enseñanza islamista. No está de más recordar aquí el famoso versículo de la espada, que algunos yihadistas han enarbolado en su lucha contra Occidente:

«Matadlos dondequiera que los encontréis y expulsadlos de donde os han expulsado» (2:191).

Se demuestra claramente la «voluntad de paz» de esta religión. De paso, se demuestra también que Iliá Ehrenburg no inventó nada cuando lanzó la consigna «¡Matadlos hasta en el vientre de sus madres!», dirigida contra los nazis invasores de su país.

La dimma

Supongamos que nuestra peor pesadilla (la invasión y/o entrega de Andalucía a Mohamed VI) se cumple. ¿Qué ocurre con las personas? Habrá quienes se conviertan al islamismo, con lo cual entrarán en la comunidad de creyentes (umma) y los habrá que no, que seguirían siendo cristianos. A éstos el Corán les reserva la calificación de dimmíes, lo cual no es precisamente un modelo de tolerancia. De entrada, el dimmí justifica su derecho a existir con el pago de la jizya o tributo a la autoridad musulmana, en concepto de «protección» (¿quién dijo que la mafia la inventaron los sicilianos?). Este pago no es precisamente un formulario 300, de los que se ven en las Delegaciones de Hacienda. El pago se hace en condiciones humillantes para el dimmí e incluye una ceremonia en la que el funcionario musulmán pega al infortunado dimmí al efecto de que éste se sienta en todo momento una persona inferior (Corán, 9:29). Es decir: los no musulmanes pueden ser tratados como la autoridad decida, con el único límite del pago de este «impuesto». Y lo peor es que este estatus, con las mismas características, se sigue manteniendo hoy en día (no es en absoluto cosa del pasado, como sostienen algunos pro-islamistas).

No quisiera alargarme más, pero como aperitivo de lo que puede suponer la lectura de este libro, creo que está bastante bien. Por si de todos modos no os apetece comprar el libro, hay un resumen de sus ideas en http://zetapolleces.com/docs/viva-el-coran.pdf.

Así, cuando oigáis a los mansurescuderos y a los yusufgalanes ya no os podréis llamar a engaño. Por no hablar de los progres, a quienes los musulmanes consideran poco más que «tontos útiles».

El muerto

Pongamos de una vez los puntos sobre las íes. Los «elementos radicales de izquierda» están al mismo tiempo de luto y de enhorabuena. De luto, porque ha muerto un correligionario. De enhorabuena, porque ese joven ha sido apuñalado por un facha (un «elemento radical de derechas»), en un desarrollo de acontecimientos que se veía venir.

Los hechos son los siguientes, al parecer. Un grupúsculo de extrema derecha solicita al ayuntamiento de Madrid autorización para celebrar una manifestación. El ayuntamiento de Madrid deniega la autorización, como es de esperar en estos casos (cabría preguntarse si el ayuntamiento se hubiera negado en caso de que quien hubiera solicitado la autorización hubiesen sido «los otros»). La manifestación se celebra igualmente, aunque es claramente ilegal por no autorizada.

En estas, aparecen «los otros». No van precisamente a un ensayo de Els Pastorets y seguramente tampoco les ha convocado el consiliario de su esplai (si no gusta el símil religioso, sustitúyase Els Pastorets por West Side Story, que queda incluso más adecuado). Van armados, que bien se puede decir así aunque sea con arma blanca. Unos y otros por fin se encuentran y no se saludan amigablemente; todo lo contrario: hay follón, riña, pendencia, alharaca, tumulto… y muere apuñalado uno de «los otros».

A éstos «otros» les ha faltado tiempo para calificar al apuñalado de «mártir por la causa» y elevarlo a los altares laicos (ésta es su «enhorabuena», con el agravante de que el muchacho era menor de edad). Pero no solamente eso: de resultas de la sinergia provocada, en Barcelona los «colectivos antisistema» montan igualmente una algarada, cirio, gresca, asonada, motín… y veintidós mossos d’esquadra resultan heridos, uno de ellos grave. Sin olvidar el habitual destrozo de mobiliario urbano que pagamos los que no nos metemos en problemas, faltaría más.

Más allá de la demagogia que hace al caso, lo democrático hubiera sido que esos niñatos de extrema izquierda se hubiesen quedado en su casa. Digamos que es lo normal. Si no me gusta el fútbol, raramente me verán en un estadio. Si no me gusta una película, no pagaré por verla ni la compraré. Lo que no haré será impedir que otros vayan a ver el fútbol o la película de que se trate. Considero que eso es lo democrático. También, por otro lado, lo democrático es que si no se autoriza la manifestación, ésta no se celebre de todos modos.

Lo que queda palmariamente a la vista es que ni unos ni otros respetaron, por un lado, la legalidad vigente y, por otro, la libertad de expresión. No hay mal alguno en dar vivas a José Antonio o a Franco, en principio, como tampoco lo hay en dar vivas a Stalin o a Mao (digo éstos dos por poner ejemplos que la izquierda patria siempre ha tenido en «alta estima»: otra cosa es que sean criminales de cuyos crímenes nadie ha pedido perdón). Lo preocupante es que se defiendan las ideas violentamente y se justifique el triunfo de una u otra idea por la aniquilación del contrario (que ya no es contrario, sino enemigo).

A los niñatos de izquierdas que comparecieron en la manifestación no autorizada no se les pasó por la cabeza en ningún momento que quien tendría que haber hecho su trabajo en ese momento y lugar era únicamente la policía. Imagino que tendrían la cabeza llena de pájaros filocomunistas (al igual que los otros la tendrían llena de yugos y flechas) y que por tanto, no quedaba un solo resquicio para una idea sensata. Unos y otros resolvieron sus diferencias a navajazos, como los «machos». Sí, esos machos que se pueden ver en la televisión; o los machos de videoconsola que matan marcianos, monstruos de vario tamaño o pelaje, o seres humanos a carretadas y sin rasguños.

Pues miren, tengo una solución para esto. Es sumamente impopular, pero estimo que muy efectiva. Si tan machos creen que son, lo que hay que hacer es reclutarles y mandarles a una guerra de las muchas que se libran en el ancho mundo, para que sepan lo que es la violencia y su peor consecuencia, la muerte de personas inocentes. O tal vez, sin tanto peligro, reinstaurar el servicio militar y hacerlo en condiciones, para que a unos y a otros se les calmen las hormonas, que al parecer las tienen muy subidas. Los unos y los otros.

Actualización de urgencia, martes 20 noviembre 07.- Respecto de los altercados en Barcelona, hemos sabido ayer que los mossos d’esquadra tenían órdenes de intervenir, «pero sin contundencia» (!). Y que las órdenes venían de «muy arriba», lo cual sólo puede señalar al señor Joan Saura. La orden se explica muy bien teniendo en cuenta que el partido al que pertenece el señor Saura se alinea «moralmente» con los colectivos antisistema y otras hierbas de buen rollito. Sabido esto, y siquiera fuese por decencia, el señor Saura debería dimitir como conseller de Interior. Lástima que, como es costumbre entre la izquierda, los cargos son cesados, nunca dimiten.

Recapitulación y puesta al día

Hay que ver, hay que ver cómo está este mundo de revuelto. Al igual que aquellos que os fuisteis a unas merecidas vacaciones, me ha ocurrido a mí: me ausento por motivos laborales de la blogosfera y… caramba, la de cosas que han pasado.

Dejé el hilo en la beatificación de los mártires religiosos de la guerra española, con el apunte de que a algún descerebrado se le ocurrió decir que «si los mataron… sería porque fueron malas personas» (menuda perla). Entretanto, cuatro han sido los acontecimientos que han fijado mi atención, sin orden de preferencia:

  • El por qué no te callas, del Rey a Hugo Chávez.
  • La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla.
  • Los ataques a la COPE en Vigo.
  • La censura del mono rojo al blog de Martha Colmenares.

Lo de la censura a Martha casi que no es noticia. Más que nada, la cosa estaba en ver cuánto iba a tardar el mono rojo en ponerle mordaza y, en fin, ya ha ocurrido. Desgraciadamente para el mono rojo y sus corifeos a ambos lados del charco, Internet es todavía un espacio de libertad y Martha ha podido salir al aire otra vez, aunque sea en formato de emergencia. Nos alegramos porque la verdad no puede ser silenciada. Lo único que falta es que quien pueda hacer algo allí en Venezuela (empezando por el pueblo venezolano), impida la conversión del país hermano en un chavezato.

La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla es, con mucho, de lo poco y bueno que estamos oyendo de nuestra Monarquía subvencionada. Ya fuese motu proprio o por consejo de «miZter Z», ha estado bien que el Rey haya ido allí a proclamar la continuada españolidad de esas dos plazas frente a las pretensiones del querido primo Mohamed. Es de imaginar que Mohamed VI se tuvo que comer una ingente cantidad de ajos, traídos especialmente del Alto Aragón para él, al ver que los ceutíes y los melillenses salían a la calle para demostrar cariño al Rey portando banderitas españolas. Pero ya era hora de que algún gobernante español se plantara allí para afirmar que Ceuta y Melilla son España. No sorprende que no lo hiciera Felipe González (tal vez estaba muy ocupado en robar y luego de defenderse de los que le acusaban de robo). Sorprende que no lo hiciera Aznar, que tanto pecho sacó con lo de Perejil y cuyas relaciones con Rabat nunca fueron realmente buenas. Y ZP… bueno, los «adictos» dicen que él sí ha ido allí; pero no mencionan que fue en calidad de candidato (lo que le equipara a cualquier español empresario que pretendiese hacer negocios allí y poco más) y no de Presidente. Seguiremos pendientes de los acontecimientos y en un próximo post nos extenderemos acerca del particular.

Siguiendo con la Monarquía, creemos que también estuvo bien que el Rey le dijese a Chávez «que se callara». Que sí: que se saltó el protocolo. Pero el mono rojo empezó a despotricar de Aznar, quien hoy ya no es presidente y no le puede contestar en el mismo modo. Visto desde España, algo bueno habrá hecho Aznar cuando el mono rojo despotrica de él. Aquí (Cataluña), claro, ha sido el cachondeo padre: apenas acababa de decir el Rey la frase y el imitador oficial del Régimen, Toni Albà, se puso a ridiculizarlo en un programa de la terrorvisión catalana. El caso es que el mono rojo sigue dándonos la brasa con el incidente.

Pero este hecho deja al descubierto otro no menos importante: que el comunismo es capaz de ponerse cualquier vestido encima. Así, en Europa se «viste» de ecologismo concienciatorio en unos casos, o de lagarterana en otros (en Europa somos muy serios y un político con aspiraciones todavía debe presentarse bien vestido). En Hispanoamérica, sin embargo, el comunismo ha encontrado un filón en el indigenismo: es decir, en denigrar la conquista española y en dar todo lujo de detalles sobre las torturas que los pobres indiecitos sufrieron a manos de los españoles. A poco más y Evo Morales va a la Cumbre de marras con el vestido y las pinturas de guerra. Si nosotros fuésemos menos educados, le diríamos a Chávez, a Morales y otros pseudoindigenistas lo siguiente: «Dentro de poco hará 200 años que nos expulsaron. ¿Qué han hecho que todavía siguen en la mierda, tratando de salir adelante? ¿No han tenido tiempo de levantarse?». Lo cual es especialmente válido para Bolivia, uno de los países más pobres del planeta. En fin, ellos mismos se retratan con un «antiespañolismo de boquilla» (máxime si se tiene en cuenta que miZter Z les va perdonando créditos, por valor de 3.500 millones de euros ya).

Finalmente y no porque sea menos importante, el tema de las agresiones a la COPE. La COPE, la «emisora de los obispos», ha sufrido un atentado con bomba en su sede de Vigo. No es difícil imaginar quién ha podido causarlo. Jóvenes emborrachados con la «dialéctica revolucionaria», que desde luego no creen en la democracia, pescados en el mismo arroyo que pescaba Hitler. Jóvenes que, invocando una razón superior pero ya trasnochada (la «liberación del proletariado»), se dedican a ejecutar acciones terroristas (entendido el terrorismo como acción violenta dirigida a personas indistintamente «culpables» e inocentes) para justificar su ideología.

Lo llevamos diciendo hace tiempo: el descenso del nivel cultural general deja a los ciudadanos inermes ante la actuación de agitadores políticos de cuarta, que podrían llevarnos a una situación parecida a la de 1936. Y es que miZter Z sería capaz de provocar otra guerra civil sólo para poder tener la posibilidad de poder ganarla.

Y en París, Giscard d’Estaing se frota las manos.

Aviso


Por motivos laborales estaré ausente este mes de los circuitos bloggeros. Esperamos volver a final de mes con energías renovadas a seguir discutiendo las cosas de la política y de la sociedad que más nos llaman la atención

Saludos cordiales (besos a ellas y abrazos a ellos),
Aguador

Mártires

No es ninguna verdad oculta que el aparato mediático de la izquierda ha intentado por todos los medios ningunear, rebajar el significado, quitarle importancia a la beatificación de 498 novicios y sacerdotes asesinados durante la guerra civil, en representación de un total de 5.000 religiosos en la persecución religiosa más sangrienta de los tiempos modernos en España. Se ha llegado a decir que son «los mártires del odio», o que «no están todos los que son». Incluso he llegado a leer que «si los mataron, no sería por ser católicos, sino por ser malas personas».

Pero el hecho es que quinientas personas son muchas personas (como lo son cinco mil). Y si añadimos los testimonios de algunos «anarquistas puros» (lo de «puros» es por lo de «revolucionarios»), como el testimonio que aparece en La Razón del jueves 27-10-2007, nos daremos cuenta de que mienten desvergonzadamente quienes afirman que la República fue esa arcadia feliz contra la que «se levantaron unos militarotes malos malosos». Sostenemos, al igual que Pío Moa —y lo sentimos si hay alguien que desprecie a Pío Moa sin detenerse en rebatir o argumentar— que en 1936 ya no había «legalidad» contra la que sublevarse, sino la barbarie frentepopulista y anarquista.

La izquierda española actual procede, con cincuenta años de retraso, como la intelligentsia inglesa. La misma que ninguneó —lo siento por don Fernando Lázaro Carreter, que crucificó este neologismo en sus Dardos en la palabra— nada menos que a George Orwell después de escribir su Rebelión en la granja. El hoy reconocido «gran escritor» (los muertos, por suerte para algunos, ya no muerden) tuvo que editar ese libro en «editorial de pobre». Orwell deja escrito lo siguiente:

El servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941 sería sorprendente, si no fuera porque el hecho no es nuevo y ha ocurrido ya en otras ocasiones. Publicación tras publicación, sin controversia alguna, se han ido aceptando y divulgando los puntos de vista soviéticos con un desprecio absoluto hacia la verdad histórica y hacia la seriedad intelectual.

Palabras, como decimos, que siguen estando de actualidad. A algún sector de la izquierda le molestan algunas verdades de este jaez y se enfada, rabia, patalea e insulta. La izquierda «civilizada», no obstante, no hace esas cosas. La izquierda «civilizada» promueve y da dinero para que se filmen películas basadas en medias verdades —o en mentiras completas, como la horrorosa versión española de En brazos de la mujer madura, que hubiese ganado más de haberse atenido más al texto—, pensando que el (falso) revuelo mediático provocado por la pluribeatificación favorecerá el visionado de una película que va «a contracorriente».

Si la izquierda de este país fuera simplemente laica, no le escocería tanto la pluribeatificación. Como le escuece, hay que concluir, lisa y llanamente, que es anticatólica. Y finalmente, un ruego: dejen que la Iglesia haga su ceremonia por aquellos que verdaderamente dieron su vida por su fe. Criticar a la Iglesia desde una posición antagónica y negarle legitimidad como sujeto histórico es lo fácil y lo que ha hecho siempre la izquierda. Lo difícil es asumir responsabilidades. Algo que desde luego, ni la izquierda de este país (ni de ningún otro) ha hecho.

Actualización.- Después de leer un comentario de mi amiga Lady Vorzheva, creo que será bueno copiar en toda su extensión el comentario de un usuario de Vieiros.com de donde extraje esa frase tan incalificable (por decirlo suavemente). Está en gallego, pero se entiende tan clarito que lo puedo traducir hasta yo. El comentario dice así (no tiene desperdicio):

«Estou case seguro que unha boa parte de estar persoas non morreron por ser uns bos cristiáns senón máis ben por ser unhas malas persoas.

En todo caso é absurdo beatificar aos que morren por motivos relixiosos, pois teriamos a 6 millóns de santos, aínda que sexan xudeus.

Que sexan miles ou ata millóns de católicos non quere dicir que teñan razón. Tamén hai miles de mouros que che cortarían o pescozo».

Traducción aproximada (servidor no es gallego e fai o que pode :P):

«Estoy casi seguro de que una buena parte de estas personas no murieron por ser unos buenos cristianos, sino más bien por ser unas malas personas.

En todo caso, es absurdo beatificar a los que mueren por motivos religiosos, pues tendríamos a 6 millones de santos, aunque serían judíos.

Que sean miles o incluso millones de católicos no quiere decir que tengan razón. También hay miles de moros que te cortarían el pescuezo.»

Todo un produto LOGSE y buen discípulo de Pepiño, o pasmo de Palas do Rei.

De derechas, pero repubicano

Créame el lector que ni siquiera un servidor pensaba que en tan corto espacio de tiempo sus ideas iban a cambiar tanto. Hasta hace poco se puede decir que uno era respetuoso con la institución monárquica, por varias razones. En primer lugar, porque de acuerdo con la Constitución, el Rey es el Jefe del Estado y como tal se le debe un respeto. En segundo lugar, porque figuras respetables del periodismo como puedan ser Alfonso Ussía o Luis María Ansón lo son. Probablemente, también influyó toda la «construcción histórica» del 23-F, en la cual «un valeroso Rey sale en la televisión a ponerse al frente de las Fuerzas Armadas y aplastar el golpe de Milans del Bosch».

Recuerdo muy bien que en un lejano 1985, una amiga de entonces, hablando de cierta visita de un señor importante de Madrid a su Facultad de Agrónomos, vino a decir a los presentes que la consigna era «el Rey no se toca». ¿Que el Rey caza en Doñana, pese a ser Parque Natural? Como «el Rey no se toca», no aparece nada de eso en la prensa. ¿Que el Rey tiene un affaire con una determinada artista? Como «el Rey no se toca», no aparece nada de eso en la prensa. Y si a dicha artista se le ocurre insinuar que «podría saberse», se tapa su silencio con dinero. ¿Que el Rey tiene negocios privados? El Rey, naturalmente, «es un ciudadano como los demás y tiene tanto derecho a hacer negocios como el hijo del vecino». Que se lo pregunten, si no, a Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Y lo que vale para el Rey vale también para su familia. Por aquellos años (o tal vez más adelante), un periodista se dedicó a seguir los pasos del Príncipe Felipe cuando éste andaba medio enamoriscado de la americana Gigi Howard. No hizo falta más que una llamada de Zarzuela a la Casa Blanca para que Bush, Sr. se ocupara inmediatamente de apartar de la circulación al molesto moscón, que dio con sus huesos en la cárcel. Tanto fue así que el padre del periodista tuvo que ir prácticamente a suplicar clemencia al Rey. El Rey, mostrando su gran generosidad, magnanimidad y longanimidad, le perdonó la vida a condición de que no escribiese más sobre el Príncipe. Es posible que ahora el muchacho esté en algún oscuro periódico de provincias escribiendo en la sección de necrológicas.

Conclusión: el Título II de la Constitución no es muy diferente a algunos contratos blindados de la Administración o la empresa privada. Suena feo, pero se podría decir así: «Seré Rey vuestro a condición de que no se me pueda empapelar por nada que hagamos yo o cualquier miembro de mi familia o mi casa».

Entresacamos unos párrafos de la página de Altermedia, que explica con claridad algunos detalles. El artículo es de 2003 (firma el periodista Gonzalo San Segundo), pero se puede extrapolar, mutatis mutandis, a nuestros días:

Ni siquiera se sabe, al menos oficialmente, si los miembros de la familia real española cobran un sueldo, directa o indirectamente, de la asignación que La Zarzuela recibe de los Presupuestos del Estado, que para este año 2002 asciende a 6,98 millones de euros (1.161 millones de pesetas), 8 veces menos que la asignación estatal de la familia real británica. Según dispone del artículo 65 del Título II de la Constitución, el Rey «distribuye libremente» dicha cantidad, cuyo fin es «el sostenimiento de su Familia y Casa».


Ante ese panorama, algo más nítido en otras monarquías europeas, como la familia real británica, especialmente después de los escándalos de carácter económico que ha protagonizado (ver recuadro), ¿se deben regular las actividades privadas, concretamente las empresariales, de los miembros de la Casa Real española?


Algunos juristas, en línea con la postura que mantiene Carlos de Inglaterra, Príncipe de Gales, en relación con su familia, sostienen que la dedicación de los miembros de la realeza debería estar limitada a actos oficiales y tareas institucionales. Otros son partidarios de que se establezca algún tipo de incompatibilidad que evite sospechas y situaciones incómodas. Y no falta quien aboga por la libre actividad, según la conciencia de cada cual. Pero los consultados prefieren guardar el anonimato.


¿Y qué opinan los políticos? De izquierda a derecha, las respuestas son cuando menos, digamos, comprometidas. Y es que el asunto parece delicado, cuando no tabú. Luis Carlos Rejón, miembro de IU en las comisiones Constitucional y de Justicia e Interior del Congreso, es tajante y claro: «Sí, por supuesto, como cualquier persona que reciba dinero del erario público». En el Grupo Parlamentario Socialista, cuyo portavoz es Jesús Caldera, se considera que no es un tema para abordar ahora. No están ni a favor ni en contra, simplemente «no lo tenemos en la agenda como asunto prioritario». Luis de Grandes, portavoz del Grupo Parlamentario del PP, prefiere no opinar y se remite al Título II de la Constitución, que trata de La Corona. Y Xavier Trías, de CiU, ni se manifiesta.

Así las cosas, uno tiene todo el derecho de dudar. Añadamos un dato más. Últimamente, el Rey se dedica a fustigar a la COPE y en especial a Federico Jiménez Losantos. Diríase que no tiene nada más importante en que pensar Su Majestad que en quitarse de en medio a un periodista «molesto». Parece ser que no es mentira que el Rey está más «cómodo» con el PSOE que con el PP (probablemente el Rey no perdona a Aznar que éste ordenara cerrar el grifo de los gastos reservados de la Corona, entre otras «perrerías»). Será verdad que el Rey trata a patadas a quien le podría defender si fuera un Rey mejor y en cambio hace amigos entre quienes están deseando darle a él la patada. Digamos que la foto amable del Rey como amante abuelo rodeado de sus nietos y familia toda se resquebraja, al menos en mi imaginario.

Por otro lado, hemos de contar que la experiencia republicana en España se ha saldado con dos sonoros fracasos. Y el segundo, además, con una guerra civil que se llevó casi a un millón de personas por delante y marcó a fuego el inconsciente colectivo de la nación (ahora vuelven a sacar a pasear los fantasmas de aquellos tiempos, algo que nunca se debiera haber hecho). Pero con los mimbres que llevamos contados (y otros que se pueden recoger aquí), quizá se pudiera intentar la experiencia de una República de derechas. Francia lo es, hoy por hoy, y no pasa nada. Los únicos que se han rasgado las vestiduras allí son los socialistas, pero probablemente sea más una rabieta por haber perdido las elecciones que otra cosa. Alemania también lo es, y dirigida por la fracasada Angela Merkel, va marcando los tiempos en el concierto de las naciones (mal que le pese a algún progre descafeinado de aquí).

Pues lo dicho: que desde hoy me declaro de derechas, pero republicano.

CARTA A D. SANTIAGO CARRILLO SOLARES

Sr. «Don Santiago Carrillo Solares»

Creo que me conocerás. Yo sí te recuerdo mucho. Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 85 años. En el año 1.936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama. También estuve en la checa de la ESCUADRILLA DEL AMANECER, de la calle del Marqués de Cubas nº 17 de Madrid, donde presencié los más horribles martirios y crímenes.

También estuve en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontones, en la Puerta del Sol, donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones en las checas de tu mando. Yo soy Pionero, al que llamaban «EL ESTUDIANTE», que llevaba la correspondencia a las diferentes checas a cambio de la comida que me dabas… ¿Me conoces ahora, Santiago Carrillo?

¿Te acuerdas cuando tú, Santiago Carrillo, acompañado de la Miliciana SAGRARIO RAMÍREZ y de SANTIAGO ESCALONA y RAMIRO ROIG alias «EL PANCHO», en la era de Fuencarral, Kilómetro 5, el día 24 de agosto de 1.936 a las 7 de la mañana, asesinasteis al Duque de Veragua y tú, Santiago Carrillo, mandaste que le quitaran el anillo de oro y piedras preciosas que llevaba? ¿Recuerdas que no se lo podías quitar y tú, Santiago Carrillo, ordenaste que le cortaran el dedo?

¿Te acuerdas, Santiago Carrillo, la noche que llegaste a la checa del Fomento, en el coche Ford, matrícula de Madrid 984, conducido por el comunista JUAN IZACU y los chequistas MANUEL DOMÍNGUEZ alias «EL VALIENTE» y el Guardia de Asalto JOSÉ BARTOLOMÉS y en el sótano mandaste quemar los pechos de la monja Sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo, y así lo hizo «EL VALIENTE» con un cigarro puro? Esto sucedió el 29 de agosto de 1.936 a las 3 de la madrugada… ¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo?

Con 24 años que tenías, ¡cuántos asesinatos cometiste…! ¡Cuánta sangre tienes derramada en España…! No quiero molestarte más, Santiago Carrillo, CRIMINAL.

Se despide de ti el enterrador de Paracuellos del Jarama, alias «EL ESTUDIANTE», que presenció los martirios y asesinatos que tú, Santiago Carrillo, mandaste que se realizaran en España.

(tomado de Minuto Digital)

La Ley de Memoria Histérica sólo alcanza hasta 1939. Muy lógico. Si empezamos a revolver en lo que fue la República, como ha hecho Pío Moa, tal vez empecemos a darnos cuenta de que aquello no fue la «Arcadia feliz» contra la que se sublevaron un grupo de militares malos malosos. Viene a decir Pío Moa que en el año 1936 ya no había legalidad alguna contra la cual levantarse, sino solamente la barbarie frentepopulista, que te enviaba al paredón o te asesinaba en plena calle con la mera sospecha de ser católico o no ser «revolucionario». Y lógicamente no estarán justificadas las indemnizaciones que recibirán tanto PNV como UDC (¡hasta los etarras se pueden acoger a dichas indemnizaciones!).

Bien está que miremos al presente o al futuro en vez del pasado. Pero, por favor: que la corrección política no nos impida hablar con objetividad de aquellos hechos que hoy algunos pretenden sacar a pasear de forma sectaria y sesgada.

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