Arte "moderno"

Urinario de Marcel Duchamp

El conceto es el conceto

Recuerdo muy bien una ocasión en la que, queriendo “conocer Madrid”, nos aconsejaron a mi padre y a mí que “no dejáramos de visitar el Museo de Arte Moderno”. Así que, ni cortos ni perezosos, hicimos un recorrido sentimental por el Madrid que mi padre conoció de joven y que en el ya ahora lejano 1980 tan poco se parecía a lo de antes. Desapareció la Posada del Peine, sustituida al igual que en la canción de Sabina, por “una sucursal del Banco Hispano-Americano” (o de un banco cualquiera: las sucursales bancarias son como las setas, que aparecen donde y cuando uno menos se lo espera).

Y entre tanto recorrido sentimental hubo tiempo para visitar el Museo de Arte Moderno. Era un museo como otro cualquiera: inmaculado, silencioso, con sus bedeles… y sobre todo, sus cuadros. No recuerdo muy bien qué autor exponía, pero muchos de sus cuadros eran “óleos sobre aceite”, de tal suerte que, unidos, hubiesen compuesto un excelente catálogo de pinturas de brocha gorda. Pero no era ésa la única genialidad. Me acuerdo también de que un cuadro contenía cinco huellas de la mano de Joan Miró, si no me equivoco. En distintos colores. Muy profundo. Muy filosófico. Y muy caro, por cierto: 250.000 pesetas de entonces. Y otra aún más genial: un “tríptico” de lienzos de 2 x 1,5. En el primero se veía una raya más o menos larga. En el segundo, otra raya más corta. Y en el tercero, una rayita de nada, que casi daba pena ver el lienzo tan en blanco. ¿Título del tríptico? “Esperanza de vida de un condenado a muerte”.

Aquella visita me curó para siempre del “arte moderno”. Por eso cuando,  en la última exposición de Arco, veo que una silla con las patas rotas es “arte”, me acuerdo siempre del cuento del “traje nuevo del emperador”. Y aunque he mencionado el arte plástico, lo mismo se puede decir del musical. Probablemente John Cage tendrá obras estimables; pero francamente, para titular una obra 4:33, que dure todo ese tiempo y que además lo sea de silencio, no hace falta estrujarse mucho la materia gris. Por no hablar de esos compositores cuyas obras consisten en un amasijo sonoro informe y chirriante. Las oigo por la radio. Normalmente son ejecuciones (nunca mejor dicho) en directo. Cuando termina la obra, se oyen unos correctos y educados aplausos. Nada más. Ninguna emoción.

Por eso me enfada que, ya se trate de pintura o música, traten de venderme esos engendros hijos del resfriado ingenio de algún vividor como “arte”. Esos artistas y marchantes de arte saben perfectamente que siempre habrá un nouveau riche dispuesto a pagar lo que sea por parecer de lo más “avanzado” y quiera mostrar a sus amistades lo “atento” que está a las “últimas tendencias”. Y no menos me enfada que los críticos (o algunos de ellos) les den palmaditas en las espalda mientras van desgranando chorradas solemnes: “Con esta obra (un conjunto amorfo de hierros retorcidos y a ser posible oxidados), el autor se ha superado a sí mismo pretendiendo mostrar el horror de la guerra. Observemos que uno de los hierros está enhiesto, lo cual se puede interpretar como un dedo acusador…”.

Quizá esté un poco anticuado, pero el arte más “moderno” que conozco fue el del período de entreguerras del siglo pasado. Ninguno de estos “artistas” superará jamás la Madona de Port Lligat de Dalí. Para tomaduras de pelo valemos casi todos; para el Arte (con mayúsculas) no tantos, aunque el negocio sea el negocio.

 

Una gran obra de mierda (literalmente)

Libertad

Cada vez estoy más convencido de algo. Cuanto más “vieja” se hace la democracia española, menos se parece a una democracia. Mucho menos ahora, que el inquilino de la Moncloa es un radical (tanto, que ni siquiera a sus propios les gusta mencionarlo). En este sistema político o coyuntura política en la que vivimos, en la que priman los intereses privados (legítimos o bastardos, pero intereses) y el “qué hay de lo mío” en vez del interés general, hemos perdido la inocencia. La política ya no es el arte de regir los destinos de una nación (o de una “nación de naciones”), sino el de enriquecerse con cargo a los bolsillos del sufrido compatriota.

Yo estoy en que el período de libertad mayor que vivió España fueron los cuatro años que gobernó UCD el país (1977-1981). Quizá porque “todo era nuevo” para una generación relativamente joven, que no había vivido realmente la posguerra y sí había crecido con la opulencia del desarrollismo y los Polos de Desarrollo franquista (todo eso de lo que los progres se ríen para quitar méritos al dictador). Muerto y enterrado Franco, España dejaba el blanco y negro y se vestía de color con Alfredo Amestoy y su Canto de un duro, para afrontar las restricciones energéticas derivadas de la segunda guerra árabe-israelí (1973).

En aquella España muchos hombres levantaron un altar a Pío Cabanillas, Sr., por legalizar el destape “por exigencias del guión”. Los guionistas, que antes se las ingeniaban para pasar la férrea censura franquista, se las ingeniaban poco después para crear situaciones en que la actriz o vedette de turno (señaladamente Nadiuska, Susana Estrada o Victoria Vera; pero muchas otras más también) enseñase algo más que las pantorrillas.

Eran los tiempos de Marisol (ahora Pepa Flores) y su posado en traje de Adán en Interviú, de toda la vida más conocida por sus desplegables centrales que por sus páginas de crítica política. Eran los tiempos del Lib y del profesor Cojonciano. Eran los tiempos de Pepi, Luci, Bom… de Almodóvar. Sólo en aquel “desfile de los monstruos” que era la movida madrileña por las noches pudo nacer esa película. Eran los tiempos de…

Tiempos que el tejerazo borró de un plumazo. Ya nada volvería a ser como antes. Después llegó Felipe y poco a poco nos fuimos alejando, alejando… sobre todo de la libertad.

Érika Ortiz

Acabo de leer un post de mi amiga Diablesa. Seguramente esta reflexión ya la hemos hecho otras veces y enfocándolo desde otros ángulos; pero creo que en este blog no podía faltar al menos un “apunte” sobre el deceso de la semana: Érika Ortiz, hermana de la Princesa de Asturias.

Lo primero, dejando aparte su condición de miembro de la Casa Real, son las circunstancias de su muerte. Al parecer, Érika estaba recibiendo ayuda psicológica debido a problemas que jalonaban la etapa que estaba viviendo. Qué duda cabe que la presión mediática pudo haber influido en el agravamiento de sus condiciones vitales.

Los consabidos “programas del corazón” patrimonializan de un modo escandaloso la intimidad de ciertas personas que por su posición o las circunstancias que las rodean llamamos “famosos”. Y no sólo eso. La norma de actuación de estos medios de “comunicación” no es muy diferente de lo que antaño se decía respecto de las prostitutas: “caída una vez, caída para siempre”.

Bien es verdad que quien quiere estar al abrigo de los focos inclementes de esos medios puede hacerlo. Podría ser el caso, por ejemplo, de Antonio Banderas. Podrán gustar o no las películas que dirige o en las que actúa (Locos en Alabama me parece una película muy estimable, por cierto); pero que yo sepa, no ha dado que hablar fuera de lo que es su trabajo y su profesión. Y así es como debería ser para todo el mundo.

Sin embargo, no todo el mundo está tan bien preparado para resistir esa presión. Parece que hay que “asumir” que cuando eres pariente o amigo de famoso, estás obligado a soportar la misma presión. “Todo el mundo” quiere saber de tu vida: qué haces, en qué trabajas, con quién sales, cómo te diviertes… etc. O peor: si te emborrachas, si “pones una raya en tu vida” o con quién te metes en la cama. Así, pues, si la princesa Letizia está bajo los flashes de las cámaras, los “reporteros” de la cosa asumen que todo el que esté relacionado con ella (principalmente familiares) puede ser “objeto de caza”.

Supongo que puede haber gente que acceda a entrar en ese circo mediático. Tal vez creen que no se les irá de las manos, que lo podrán controlar. Yo, desde luego, no me prestaría a ello. Mi vida no es nada “interesante” y mucho menos mentiría para poder cobrar la exclusiva “falsa”. Podría ir a algún plató de televisión y decir que “me acosté con Fulana de Tal (famosa o famosilla de turno)” y todos los días tendría paparazzi de guardia en el portal de mi casa. Y cobraría mis buenos dividendos aunque fuese mentira, habiendo sabido vestir bien la muñeca.

Por eso me encantó la putada (perdón por el vocablo, pero no me voy a retener de decirlo) que le gastaron al mundillo ése con el asunto César Sicre. Contrataron a un aspirante a actor y casi modelo (si no lo era, poco le faltaría) y les sacó los colores a los supuestos “periodistas”. Y ahí se vio lo que muchos nos sospechábamos: que todo era petardeo y rumor. Y que todo valía para conseguir una “buena exclusiva”. Y que a falta de exclusivas políticas o económicas que vender (al parecer, los políticos y los empresarios sí tienen vida privada), se le puede hincar el diente al mundo de la farándula. Que además, a ellos “les viene bien”, porque “estar en el candelero aumenta el caché”. Es el tradicional y españolísimo bien me meto con quien puedo. Y digo yo que si esos periodistas (algunos lo son, otros no) trabajaran igual de bien para sacar a flote los trapicheos económicos de algunos y las mentiras de otros, tal vez otro gallo nos cantara en España.

Érika Ortiz no tenía ninguna intención de pertenecer a ese circo. Bastante tenía con vivir su propia vida, como muchos millones de personas en España. Descanse en paz.

Sarre, 1935

El Sarre es una región de Alemania, rica en materias primas para la industria. Sin embargo, en 1935 estaba en manos de Francia, en virtud del humillante Tratado de Versalles, impuesto a Alemania por los vencedores de la I Guerra Mundial.

En este contexto aparece Hitler, que después de ganar las elecciones de 1933 fuerza un golpe de Estado y se hace nombrar Führer del pueblo alemán, al que ha de reconducir al lugar que le corresponde entre las potencias mundiales, como Herrenvolk que es. Poco importa que en el camino vaya zurrando a los judíos, declarados oficialmente “enemigos del Reich”; poco importa que los comunistas, los católicos y cualesquiera otros que se opongan al Partido vayan siendo retirados de la circulación (a veces, de forma definitiva).

En el año concreto en que nos situamos, hay un referéndum en el cual, curiosamente, un 90% de los sarrenses decide reincorporarse a la patria alemana. Detrás de ese 90% hay una intensa campaña de amedrentamiento: se envían cartas amenazadoras a los tibios y a los opositores antinazis informándoles de las aterradoras consecuencias de su voto contrario a la vuelta al Reich. El Frente Patriótico (“marca” del partido nazi en la región) ofrecía papeletas contraseñadas a los tibios para que éstos, una vez ganado el referéndum, pudieran demostrar que habían votado en la forma correcta.

Por supuesto, no sirvió de nada. Una vez bajo control alemán, la Gestapo saldó las cuentas precisamente con los tibios, puesto que los antinazis se habían puesto a salvo al otro lado de la frontera. Los “indecisos” cayeron como “espías de Francia”, “separatistas” o “víctimas de los indignados patriotas” en el curso de linchamientos “espontáneos” organizados cuidadosamente por la Gestapo.

Ahora, hagamos el siguiente ejercicio. Cambiemos “el Sarre” por “Navarra” y tengamos en cuenta lo siguiente: el 80% de los navarros quiere seguir siendo independiente de los vascos. Hace unos pocos días, unos “energúmenos” atentaron contra el Ayuntamiento de Pamplona. ¿Suena todo lo anterior? ¿Repetimos la historia?

Ea, ea, ea…

Que sí, que ya lo hemos oído otras veces. Sobre todo en Cataluña. Zapo se está lamiendo aún las heridas de la manifestación del 3-F. No sabían cómo “desacreditarla”. En otro post hablábamos de la “marea rojigualda” que hubo en aquella manifestación, lo que hizo que al desgobierno de Zapo le faltaran reflejos. Eso y no otra cosa fue la salida de tono de Diego López Garrido (“la derecha se quiere apropiar de los símbolos de todos los españoles”), que a nadie engaña porque aquél que toma algo que otro ha abandonado, ni se apropia ni roba. Eso lo debería saber el señor López Garrido porque viene en su manual de Derecho romano. Las rei derelictae, que decían los romanos.

Pues nada, que ahora asistimos a otra genialidad de Pepiño. No sólo ha “prohibido” que ningún cargo socialista acuda a los programas de las televisiones públicas controladas por el PP (especialmente Telemadrid), sino que ha dado un paso más: querellarse contra el Foro Ermua por “enaltecimiento del terrorismo”.

¿Cuál es el fondo de la querella? Al parecer, unos “cánticos” dirigidos a él de forma no demasiado apropiada. En Cataluña ya lo hemos visto antes. Jordi Pujol “travestía” los ataques dirigidos a su persona en “ataques a Cataluña”, como si él representase a toda Cataluña. Siempre hemos mantenido que los malos gobernantes (o para ser más compasivos, los gobernantes “en horas bajas”) se envuelven en el manto acogedor de la colectividad, donde pueden esconder mejor los fallos debidos a su gestión.

Así pues, resulta que unos cánticos un tanto subidos de tono se transforman por arte de magia y birlibirloque en un gravísimo “enaltecimiento del terrorismo”. Naturalmente, el juez de la Audiencia Nacional, competente para entender de estos delitos, le ha mandado a… la Audiencia Provincial, probablemente porque de sustanciarse serán más bien un “honesto” delito de injurias o calumnias. Pero hay más. Resulta que al señor Mikel Buesa “no le consta” haber oído esos cánticos. Y como creemos que el señor Buesa dice la verdad cuando le preguntan y no tiene por qué mentir, habrá que pensar que fue un montaje para desacreditar nuevamente la manifestación. Sin embargo, he aquí que a Pepiño las cosas no le salen bien. Y luego pasa lo que pasa…

Ea, ea, ea,
Pepiño se cabrea…

Rojooscurocasibermejo

Decíamos en el anterior post que “se nos fue el canario” y que, a cambio, nos han metido a Silvestre (que no es un lindo gatito, por cierto). Lo que sí parece es “silvestre” en la peor acepción de la palabra. Parece que el mayor mérito del susodicho es su acendrada fe socialista (él mismo lo ha dicho: que es de izquierdas y como tal actuará).

No es para nada buen augurio que un Ministro de Justicia, que procede además de la carrera judicial proclame con tantas campanillas su adhesión inquebrantable al régimen zapateril. Son palabras que dejan entrever bien a las claras el rencor (el mismo que debió sentir cuando quiso empapelar a José María Michavila y no pudo), en vez de la ecuanimidad que se supone norma de la casa.

Digo bien: se supone. Porque el nombramiento de Bermejo como Ministro de Justicia no refleja sino un doble fenómeno que venimos constatando desde hace tiempo: la judicialización de la política y la politización de la justicia. Vemos con demasiada frecuencia a jueces de Altos Tribunales pronunciarse ideológicamente a través de su pertenencia a asociaciones “progresistas” o “conservadoras”, cuando por simple preservación de la independencia judicial no deberían formar en ninguna. Y asistimos casi con igual frecuencia a la presentación de querellas entre políticos por cuestiones que nunca debieran llegar a los Tribunales.

El siguiente párrafo se dedica al que podríamos llamar “gran ausente”: Baltasar Garzón Real. Don Baltasar se ha quedado fuera por segunda vez fuera del baile…

… como aquel ladrón
que busca su fortuna
por un callejón
por donde nunca pasa nadie…

Probablemente, en el PSOE tienen memoria histórica (para lo que les conviene). Y se acuerdan muy bien de la primera vez, en que Garzón se dejó querer por Felipe pensando que éste le iba a dar el Ministerio de Justicia por su cara bonita. El Ministerio se fue para otro juez (Belloch) y Garzón no se conformó con la consolación del Plan Nacional de Drogas. Recuerdan también el tiempo que le faltó para salir a escape de la política y volver a ponerse la toga para hacerles la vida a cuadritos con lo del GAL y algunos asuntillos que todavía colean (aprendieron la lección: legislaron después que tendrían que pasar dos años para poder retomar la magistratura).

Dicen que a cualquier gobernante hay que darle cien días. Pero si Bermejo es tan radical como dicen sus antecedentes, no tardará ni un mes en demostrarlo.

Pronóstico reservado

“Su optimismo antropológico no se lo cura ni el doctor House”.
Pío García Escudero, portavoz del PP en el Senado, a Zapo

La frase tiene su gracia por la referencia televisiva, pero como casi siempre en nuestro blog, vamos a analizarla un poco más despacio.

Imaginemos a los doctores Foreman, Cameron y Chase discutiendo con el doctor House en su despacho. La pizarra blanca parece hoy más blanca que nunca. House oye en silencio y con el ceño fruncido las teorías que sus residentes van desgranando. El paciente, Zapo, está en coma; sin embargo, una sonrisa de pasta dentífrica cruza de parte a parte sus facciones y los sesudos doctores aún no saben qué es.

-Puede ser micomatosis obsesiva rabiosa -apunta Chase, siempre dispuesto a rebajar riesgos.
-Si fuera micomatosis obsesiva rabiosa -replica Foreman, sarcástico- los hongos estarían dibujando un hermoso cuadro de Jackson Pollock en su piel de la cabeza a los pies.
-Ah, bueno -dice Chase, y se calla-.
Cameron defiende a Chase y se encara con Foreman:
-Pues no me parece una idea tan descabellada.
-Tú es que últimamente le echas la culpa de todo a los hongos -replica Foreman, molesto-.
Tras un silencio embarazoso, Cameron propone, dubitativa:
-Si no es micomatosis obsesiva rabiosa… ha de ser algún tipo de inmunodeficiencia.
House salta rápidamente:
-Por ahí vamos bien.
-No puede ser -replica Foreman-, porque el recuento leucocitario es normal.
House le mira fijamente y le dice:
-Si yo digo que es inmunodeficiencia, es inmunodeficiencia.
Cameron asiente con la cabeza, mientras Foreman le echa una mirada asesina.
De pronto, los buscas suenan furiosamente y a la vez. Zapo ha despertado de su coma. A la carrera, los cuatro llegan a la habitación. Zapo tiene los ojos abiertos y la sonrisa de pasta dentífrica le sigue cruzando el rostro. House toma la palabra y le dice:
-¿Cómo está, señor Zapo?
Zapo, sonriendo beatíficamente, contesta:
-He hablado con Dios… Tenía el rostro de Felipe… He visto la luz… Me ha dicho que mi misión en el mundo es extender la pazzzzzzzz… Que tengo que ir a la ONU y decirle al secretario que todos tenemos que vivir en la pazzzzzzzz…
Los doctores se miran desconcertados. Foreman le dice:
-Muy bien, señor Zapo. Entonces, ¿proseguirá el proceso de paz como dicen los diarios?
Zapo no lo duda un segundo:
-Sí… Hemos de seguir en esos contactos para poder llegar a la pazzzzzzzzz…
Cameron no puede reprimirse y le dice:
-Pero oiga, ¿los de la ETA no son unos asesinos convictos y confesos?
-No, doctora… son hombres de pazzzzzzz… son hombres de talante… de mucho talante…
House se le queda mirando un momento y se le ilumina la cara con una ancha sonrisa. Ordena a la enfermera que le siga cuidando y a sus residentes que salgan de la habitación. Les tiene que decir algo importante.
-Este tío lo que tiene es una metástasis de optimismo filosófico causada por un trastorno autoinmune ante la realidad -concluye-.
Chase se queda pensativo y dice:
-¿Tiene cura?
House contesta tranquilamente:
-Ésas son las buenas noticias. No tiene cura.
Cameron salta:
-¿Y las malas?
House se lo piensa un momento antes de contestar:
-Las malas… Bueno, siendo como es presidente del gobierno… Mejor me reservo el pronóstico. Ya sabéis que yo de política entiendo poco.
Foreman protesta:
-¿Cuánto tiempo piensas tenerlo así?
House, despreocupadamente, dice:
-Decidle a Cuddy que en dos días le damos el alta.

Pues ahí lo dejamos. Ojalá fueran dos días porque, en realidad, todavía falta un año para darle de alta (aunque mejor sería decir “darle de baja”).

Se me ha ido el canario

Durante los años de la movida (“los ochenta son nuestros”, que dijo Ana Diosdado) surgieron en el proceloso océano musical español grupos con nombres a cual más raro. Me acuerdo de que hasta Clara Morán, la hija de nuestro bendito ministro de Exteriores de aquellos años, militaba en uno llamado Oviformia (con forma de huevo), o 21 japonesas y 46 hamburguesas (así era el nombrecito, que luego se pusieron a régimen le quitaron las hamburguesas y finalmente, desapareció en el ancho mar). O Un pingüino en mi ascensor. Habría que sentar a los miembros de esos grupos para saber de dónde sacaron esos nombres tan “originales”. Cosas de aquellos tiempos, en que España quería pasar por “moderna” cuando estaba todavía quitándose la pátina anacrónica de la copla y el blanco y negro de la televisión.

En concreto, el nombre que quiero recuperar es el de No me pises que llevo chanclas. Son sevillanos y aparecen en el panorama musical en 1989, cuando la movida ya estaba casi agotada si no del todo. Y triunfaron con una canción que ahora viene muy al pelo…

Era la alegría de mi calle.
La banda sonora de mi hogar.
Toa la mañana en el balcón
me formaba la revolución.
El canalla estaba bien cuidao
y vivía mejor que yo.
Pero le llegó la hora
y el cielo se lo llevó.
Ese personaje amarillo
ese lindo pajarillo.
Me ha dejado solo y aburrido
y hasta las flores se han “shushurrido”.

Esto lo podría cantar perfectamente Zapo, a quien se le han ido el canario y su hermano el caricato (dos por uno, oiga). Se ha ido uno de los ministros más guapos del Gobierno, cuya fina estampa y acento canario eran un contrapunto a los desagradables graznidos de la Momia o el no menos desagradable croar de Pepiño. Quizá haya tenido que ver su desplante árabe (no dar una conferencia en Arabia Saudita porque no se permitió la entrada al personal femenino que iba con él). Seguramente, el ya ex-ministro López Aguilar iba tarareando esto en el avión de vuelta…

¡Ay! mis siete Islas Canarias,
con el pico Teide de guardián.
Son siete hermosos corazones,
que palpitan al mismo compás.
¡Mis siete Islas Canarias!

En fin, que se fue “Piolín”. ¿Y a quién nos han puesto en su lugar? A Silvestre. Atentos al próximo artículo…

Para D. Antonio Gala

“Hay un personaje en el cuadro de las lanzas actual que re­clama mi atención. No sé qué pinta, ni en nombre de qué pinta lo que pinta. Se trata de un señor llamado Alcaraz, de extraño rostro y aún más extraño comportamiento, que preside al parecer la AVT. Llevo observando la política en general, y la antiterrorista en particular, mucho tiempo. La AVT y el Foro Ermua siempre me han parecido organiza­ciones sumisas a la voz de su amo más que a la de su cora­zón. Si es que lo tienen todavía. Erigirse en portaestandar­te de los vivos es arriesgado; de los muertos, imposible. Lo que en el fondo han de querer quienes amaron a las vícti­mas mortales, más aún que la venganza, es la paz. Esa es la única forma de hacer fértil su sangre. De verdad, no mu­rieron, nadie murió, para que ese Alcaraz u otro semejante destaque obedeciendo. De ninguna manera.”

Si esto lo hubiese firmado alguno de los escribas a sueldo del Pravda (anteriormente conocido como Er Paí), no me hubiese sorprendido mucho. Para esa gente es “natural” burlarse de quien es víctima (o “ningunear”, como se dice ahora) y no se resigna al silencio cómplice. Pero lo firma nada menos que Antonio Gala y en El Mundo (6 de febrero de 2007). Habría que preguntarle al señor Gala si su reacción hubiera sido diferente si a su Troylo se lo hubiese llevado por delante una bomba etarra. Me permito imaginar que eso sí le hubiese parecido una crueldad, ¿no es cierto?

La segunda es también para el señor Gala. Aquí no hay ninguna rendición. Ni de Breda ni de ningún español decente. En todo caso, la rendición es la del desgobierno socialista ante las exigencias etarras. Los españoles decentes (de izquierdas y de derechas, que los hubo de todos los colores), le dijeron el sábado pasado al desgobierno socialista que no estaban de acuerdo en bajarse los pantalones. Queda gente decente en el PSOE, como Rosa Díez, Gotzone Mora, Maite Pagazaurtundúa o Nicolás Redondo. Ésos tampoco se rinden, señor Gala.

Lo que quieren las víctimas del terrorismo (en puridad sus deudos, porque las víctimas están muertas) no es la paz. Y mucho menos la pá del corrá de Zapo. Lo que quieren, señor Gala, es justicia. Quieren que los terroristas cumplan íntegramente sus penas. Quieren que todas las alimañas que les arrebataron a sus seres queridos se pudran en la cárcel conforme al tiempo máximo que marque la ley. Porque ni las víctimas del terrorismo se toman la justicia por su mano, ni tampoco debe hacerlo el Estado de Derecho, que para eso es “de Derecho” (bien lo ha de saber, pues es usted Licenciado en Derecho). Y hay que enfatizar tanto más este ítem cuanto que esas alimañas no se arrepienten de sus crímenes.

Es inútil, señor Gala, que intente rebajar el papel del señor Alcaraz a mero mandadero de PP. Es exactamente la misma consigna que dan Zapo y Pepiño Blanco a sus huestes intoxicadoras (con las que me encuentro un día sí y otro también en algunos foros que frecuento). Le creía demasiado inteligente, señor Gala, como para hacerse eco de consignas políticas, de cualquier bando del que provengan. El señor Alcaraz es víctima del terrorismo y tiene derecho a formar parte de la AVT y a ser presidente de la misma si así lo deciden sus miembros en aplicación de los estatutos de la asociación.

El poeta que me emociona con estos versos,

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

me decepcionó ayer como comentarista político y precisamente tocando un tema bien sensible, en el que no caben “puntos medios” ni “equidistancias” ni “negociaciones” de clase alguna, como tendría que haber quedado claro desde el día 3 de febrero.

Finalmente, que Pedro J. le dejara publicar esas líneas dice bien poco de la ortodoxia de ese periódico y es un punto en contra respecto de que yo siga comprándolo. Pero de Pedro J. tal vez sea conveniente hablar más despacio. Pero hablaremos, no le quepa duda.

Algeciras

Cantaba Serrat en 1971…

Yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.

No sé de qué color sea Estambul; pero hoy Algeciras, por lo poco que se sabe, se está tiñendo de negro, más que de azul. La Junta de Andalucía, en el silencio total y “zeñore, aquí no paza ná”. No se admiten voluntarios, no sea que se vayan de la lengua (es fundamental que todo el mundo dé la misma versión). Mintió la Junta, al decir primero que sólo era un kilómetro el afectado y después que eran cuatro o cinco (parece que son 10 o 12, en realidad). Dijeron que se había roto un tanque del barco; ahora admiten que se han roto dos. Ni siquiera tratan bien los residuos: los quitan de la playa… para llevarlos al vertedero, donde hay el peligro de que contaminen los acuíferos de la zona. Las grabaciones de la “caja negra” del barco “han desaparecido” (estarán celosamente custodiadas en la Consejería de Medio Ambiente). Probablemente haya más y tal vez nos enteraremos (aunque no nos lo cuente la Junta).

También es un detalle interesante la lista de ausentes:

  • Zapo: está muy ocupado lamiéndose las heridas de la manifestación del 3-F.
  • Chaves: hace siete días que ha sucedido el accidente y no ha aparecido (“sha vé como van la coza”).
  • Narbona: está ultimando los detalles para del alquiler de una desaladora para regalarla al Ayuntamiento de Algeciras (previo traspaso del alquiler, claro) y que la utilicen para limpiar el chapa… digo fuellllllllllllll.
  • Salgado: “no es de su ramo”.
  • Fuensanta Coves, Consejera andaluza del Medio Ambiente: está muy ocupada con el Infomme Preliminá de Zuelo Contaminao. É desí: trabahando
  • El alcalde (socialista) de Algeciras: está en Madrid (Fitur) promocionando el municipio. Pedazo de propaganda va a hacer del chapapote (perdón, fuelllllllllll) “especial”…
  • Nunca Máis: que se conozca, no han aparecido por allí ni Suso del Toro ni demás compaña. Ya cobraron lo suyo (del dinero que cobraron nunca máis se supo) y además, ellos son gallegos y no se les ha perdido nada en Andalucía, claro.
  • Titiriteros: Éstos también cobraron y ya “agradecieron adecuadamente” la generosísima subvención de la menestra. Además, ¿cómo se van a pringar ellos con chapapote (perdón, fuelllllllll)?
Ah, pero falta aún un detalle: ¿de quien es la curpa, curpita, curpa? Pues ya se sabe…

Ay que dise que dise la Irene,
Ay que dise que dise José,
que la curpa, curpita la tiene,
que la curpa la tiene er pepé

Estamos de Carnaval. Un poco de buen humor no viene mal y dar la murga es lo propio de estos días.

P.D.- Si se es del PP, sustituir “José” por “Javié” y “er pepé” por “Manué”.