LA ADVERTENCIA DE EUROPA A AMÉRICA

Los peligros de imitar a Europa en el camino a una mayor regulación, impuestos más elevados y un poder centralizado.

Original aquí.

Recientemente, en un programa de radio de entrevistas, me preguntaron cuál era mi opinión acerca de la idea de que Barack Obama hubiera nacido en Kenia. «¡Bah!», les dije. «Su presidente ha nacido realmente en Bruselas».

Los conservadores americanos han intentado por todos los medios que el presidente defina cuál es el sentido de sus políticas. ¿Es un socialista? No. Al menos, no en el sentido de pretender que el Estado sea el titular de las industrias estratégicas. ¿Pretende acaso volver a aplicar el New Deal gastando cantidades ingentes de dinero, en la línea de Franklin D. Roosevelt o Lyndon B. Johnson? Tampoco es eso, exactamente.

Mi teoría es que, en todo caso, Obama explicaría su política usando la misma terminología que los eurócratas. Diría que quiere una América más justa, una América más tolerante, una América menos arrogante, una América más comprometida. Si dejamos de lado esas grandes palabras y nos centramos en lo que significan, nos encontramos con lo siguiente: más impuestos, menos patriotismo, un mayor papel de las burocracias estatales y una transferencia de soberanía a instituciones de ámbito mundial.

Lo que Obama está llevando a cabo no es en modo un conjunto de medidas aleatorias y desordenadas, sino un completo plan de europeización: sanidad pública a la europea, impuestos sobre el carbón a la europea, cuidados diarios a la europea, educación universitaria a la europea… Incluso una diplomacia a la europea, basada en la estrecha colaboración con tecnocracias supranacionales, el desarme nuclear y la renuencia a desplegar unidades militares más allá de sus fronteras.

Ninguno de sus predecesores presentó un apoyo tan acrítico respecto de la integración con Europa. En su verdadero primer viaje a Europa como Presidente, Obama declaró que, «en su opinión, no existen la Vieja Europa y la Nueva Europa. Existe la Europa Unida».

No dudo de la buena intención de aquellos americanos que pretenden copiar el modelo europeo. Unos pocos de ellos pueden ser esnobs que tal vez lleven con orgullo su etiqueta de «euro-entusiastas». Pero la mayoría de ellos cree que conseguir que su país sea menos americano y adaptarlo a como es el resto del mundo lo haría más confortable y pacífico.

Muy bien: el crecimiento económico se ralentizará, pero mejorará la calidad de vida. Estupendo: los impuestos crecerán, pero los trabajadores podrán dejar de preocuparse de la enfermedad o el desempleo. Fantástico: los Estados Unidos dejarán de ser una superpotencia, pero quizá eso haga que los americanos caigan más simpáticos. ¿Es verdaderamente tan terrible un «futuro europeo»?

Sí. He sido europarlamentario durante 11 años y he podido comprobar de primera mano lo que implica adoptar el modelo político europeo.

La diferencia fundamental entre los Estados Unidos y Europa tiene relación con la ubicación del poder. Los Estados Unidos se fundaron sobre lo que podríamos llamar, más o menos, el «ideal de Jefferson»: el principio de que las decisiones deben tomarse tan cerca como sea posible de la población a la cual afecten. La Unión Europea, en cambio, se basa en el principio contrario. El artículo primero del Tratado constitutivo de la Unión conmina a los Estados firmantes a «establecer una unión cada vez más estrecha».

Esta distinción comporta grandes consecuencias. Los Estados Unidos han desarrollado una serie de instituciones únicas diseñadas para contrarrestar el poder del Estado: instancias de revisión, propuestas de votación, normas equilibradas de presupuestos, listas abiertas, importancia del ámbito local, derechos de cada estado frente a la legislación federal, elección directa de los cargos públicos, desde el sheriff hasta los maestros de escuela… En cambio, la Unión Europea deposita el poder en manos de los 27 Comisarios, no electos e invulnerables ante la opinión pública.

La voluntad del pueblo es generalmente considerada por los eurócratas como un obstáculo a superar, no un motivo para cambiar de dirección. Cuando Francia, Holanda o Irlanda votaron en contra de la Constitución Europea, los resultados fueron absolutamente ignorados y el documento se aprobó a pesar de los votos en contra. Para Bruselas, la doctrina en boga (los Estados-naciones deben ser trascendidos) se consideran más importantes que la libertad, la democracia o el imperio de la ley.

Esta doctrina tiene unos cuantos efectos malignos. Por ejemplo, ha dificultado enormemente la asimilación de los inmigrantes. Mientras los Estados Unidos se basan en la idea de que cualquiera que acepte los valores americanos puede convertirse en americano, la Unión Europea se aferra a la idea de que las identidades nacionales son anacrónicas y peligrosas. No es sorprendente que algunos recién llegados, viendo que sus Estados de adopción los desprecian, se hayan vuelto hacia otras identidades que no les obligan a pedir disculpas por su condición.

El único aspecto negativo de la europeización es su impacto en la economía. Muchos estadounidenses y europeos poseen una memoria colectiva de cómo Europa consiguió combinar con éxito el crecimiento económico y la justicia social. Como muchos mitos populares, la idea del «milagro económico europeo» tiene cierta base. En el período 1945-1974, la Europa occidental superó a los Estados Unidos. Europa se hallaba en condiciones ideales para crecer rápidamente. Las infraestructuras fueron destruidas durante la guerra, pero a pesar de todo, quedaba una mano de obra hábil, cualificada y disciplinada.

Siendo como es la naturaleza humana, pocos líderes europeos atribuyeron su éxito al hecho de que se habían reconstruido desde una escasez artificial. Más bien se convencieron de que eran ellos los artífices de las tasas de crecimiento de sus países. Su genialidad, pensaban, radicaba en haber encontrado una tercera vía entre los excesos del capitalismo americano y del totalitarismo soviético.

Ahora, no obstante, vemos a dónde nos lleva ese camino: a la creación de una burocracia mastodóntica, mayores gastos, mayores impuestos, crecimiento más lento y desempleo creciente. Pero no sólo una clase política ha crecido creyendo en su superioridad económica del euro-corporativismo, sino también en su superioridad moral. Después de todo, si el sistema americano fuera mejor (si el pueblo pudiera vivir bien sin la supervisión del Gobierno), se necesitaría menos a los políticos. Como observó una vez Upton Sinclair: «Es difícil hacer que un hombre entienda algo si su trabajo depende de no entenderlo».

No menos importante es el hecho de que los datos económicos no se compadecen en absoluto con la teoría. Durante los últimos 40 años, el nivel de vida de los europeos ha caído por debajo del de los americanos. Además, Europa se ha acostumbrado a tolerar una alta tasa de desempleo estructural. Sólo ahora, cuando los USA aplican una estrategia económica a la europea, basada en estímulos fiscales, nacionalizaciones, subvenciones, la flexibilización cuantitativa la y regulación de las remuneraciones en el sector privado, la tasa de paro de los USA ha alcanzado niveles europeos.

¿Por qué un político europeo está urgiendo a evitar la europeización? Como británico, considero a la república americana como el depósito de nuestras libertades tradicionales. Las doctrinas enraizadas en el derecho consuetudinario, en la Magna Carta y en la Carta de Derechos encuentran su expresión más plena en el viejo palacio de justicia de Filadelfia. Gran Bretaña, como resultado de una desgraciada pertenencia a la UE, ha entregado buena parte de su derecho a existir como nación. Pero nuestras libertades todavía sobreviven en América.

Lo cual me lleva a considerar la actual tragedia de mi país. Los miedos que los patriotas americanos alimentaban respecto de una tiranía de la dinastía Hanover se revelaron exagerados. El Reino Unido no se transformó en un Estado absolutista. El poder, por el contrario, se desplazó de la Corona a la Cámara de los Comunes.

Hasta ahora. Casi dos siglos y medio después de la Declaración de Independencia, las sombras que entonces se adivinaban han devenido una realidad, aunque tarde. El Gobierno detrae cantidades colosales de dinero para dotar los rescates y nacionalizaciones prácticamente sin autorización parlamentaria. La legislación se ha incrementado a través de lo que se llaman «órdenes permanentes» (a menudo, para implementar los estándares europeos).

¿Cómo de acertado será el pueblo británico al aplicar contra sus propios gobernantes las rimbombantes frases de la Declaración de Independencia, «que han combinado con otras para someternos a una jurisdicción extraña a nuestra Constitución y no reconocida por nuestras leyes?

Imaginad entonces cómo me siento cuando veo a los USA cometiendo los mismos errores que cometió Inglaterra: engordar el Gobierno, regular el comercio privado, centralizando su jurisdicción, rompiendo la relación entre impuestos y representatividad, abandonando su soberanía.

Merecéis algo mejor, primos. Y nosotros lo esperamos.

Mr. Hannan es miembro del Parlamento Europeo. Este ensayo ha sido adaptado del Encounter Books Broadside «Por qué América no debe imitar a Europa».

Tiranías buenas y malas

En mis mocedades, hace ya tantos años, me tropecé con este libro, martillo de escritores herejes y luz y guía de almas que no deseaban salirse de la via ad caelos. Era el tal libro la obra del resfriado ingenio del jesuita que lo firma y en el cual se pueden leer parabienes y anatemas según fuese el color del libro recensionado (plenamente recomendable por su visión amable, inocuo o directamente condenable dado su anticlericalismo). Libros como éste, émulos del Index, son afortunadamente en nuestros días una reliquia; pues acaso ustedes puedan pedir consejo a alguien formado respecto de determinados libros, pero jamás permitir que ese alguien se convierta en luz de su conciencia de ustedes.

Les cuento este detalle porque estos días he tenido una desagradable sensación de dejà vu. Los vientos de libertad que comentábamos hace unos pocos posts se han convertido en un ardiente siroco que barre de punta a punta el Magreb: Túnez, Egipto, Libia… y parece que en Marruecos también empiezan a sentirse dichos efectos. Se habla incluso de la posibilidad de participar en una acción militar en suelo libio. Se me ocurren varias ideas, que paso a exponer a ustedes brevemente.

En primer lugar, esos vientos de libertad han soplado donde menos lo esperaríamos: en las aparentemente inmovilistas sociedades de inspiración musulmana. Egipcios, libios y tunecinos han demostrado que para lograr el cambio y cuando no hay más remedio, hay que luchar. No se sabe qué saldrá de todo esto, pero por lo menos están en movimiento. Desde Europa se contempla con escepticismo, como siempre.

¿Qué tienen en común esos tres países? Aparte de ser todos ellos dictaduras, explícitas (Libia) o implícitas (Egipto y Túnez), uno de los puntos en común es su socialismo islámico. «Socialismo» que, de golpe y porrazo, ha desaparecido de los medios de comunicación. Ahora el «coronel» Gadafi ya no es un «líder socialista libio», sino un «tirano libio». Al parecer, todos aquellos que disfrutaron de las jaimas de Gadafi se han apresurado a tildarlo de tirano y de dictador, cuando no a silenciar el detalle para que no salgan retratados. Y, naturalmente, a expulsarlos de la Internacional Socialista. «Le dijo la sartén al cazo: «Quítate, que me tiznas»».

Pero vean ustedes cómo antes, la impresión que se tenía del régimen libio era como de una dictadura, «pero no tan mala como una de derechas» (pongamos por caso, la de Pinochet o la siempre presente dictadura franquista). Ésas sí que son malas malísimas. No hay nada que decir de las dictaduras de izquierda pura, como la soviética o la cubana (que es lo mismo que la soviética pero a ritmo sabrosón), hasta tal punto que los irredentos progres tienen dificultades para condenarlas. Sin olvidar que en esos deleznables manuales de EpC se observa el mismo patrón: el comunismo era una dictadura, «pero no tan mala como el franquismo». Claro que a los chavales nadie les menciona el detalle de que en poco más de 75 años han causado 100 millones de muertos. Lo que importa es el eslogan, la foto, la propaganda, en suma.

De forma que ahora resulta que, según la vara progre de medir, el régimen venezolano es «bueno» y el de Alemania, dirigido por la fracasada
Merkel es «malo malísimo» (a pesar de que nos dictan la política económica y casi han salido de la crisis, con un índice de paro descendente y nuestros mejores cachorros yéndose para allá en busca de pastos más verdes).

Adoctrinamiento, adoctrinamiento puro y duro. Y dejà vu.

Cuique suum

Transcribo estas líneas de La Tercera de ABC, que anteayer contó con la colaboración de mi admirado D. Andrés de la Oliva Santos (original aquí). La negrita es nuestra.

«En cuanto a la Justicia, se levantará polvareda con cualquier sentencia extravagante, pero no es noticia el fracaso de la Nueva Oficina Judicial (NOJ) allí donde se ha comenzado a implantar (Murcia, Burgos): los procesos, lejos de avanzar y concluir más rápidamente, se «ralentizan». Esta realidad y la más importante aún de unos juzgados abrumados por la avalancha de asuntos no deben importarnos. Y mientras nos distraemos con anécdotas, echan a andar dos anteproyectos de ley. Uno, «de Agilización Procesal (AAP)»; otro, «de los Tribunales de Instancia» (ATI). El primero no agiliza nada: elimina la segunda instancia en muchos procesos civiles y convierte al Tribunal Supremo, en asuntos civiles, en un Supremo para ricos (el tope de cuantía subiría de doscientos cincuenta mil euros a ochocientos mil). En síntesis, mucha menos tutela jurisdiccional para todos. Por su parte, el ATI prevé eliminar todos los juzgados y colocar a sus actuales titulares (miles de jueces y de magistrados-jueces) en una especie de «rediles» (los nuevos «Tribunales de Instancia» y las secciones en que bastantes de esos tribunales se dividirían) convenientemente apacentados por los presidentes de tribunales y secciones, de modo que el criterio de la mayoría sea vinculante para el único juez al que, sin embargo, le corresponda un asunto.

No es este el lugar para las graves objeciones técnico-jurídicas, bastantes de ellas con relevancia constitucional (por ejemplo, derecho al juez predeterminado por la ley, inamovilidad, independencia judiciales), que el anteproyecto merece. Pero si vale de algo andar ya cerca del medio siglo de estudio y seguimiento profesional de nuestra Justicia, créaseme cuando digo que ese anteproyecto no obedece a los declarados propósitos de «unidad de criterio» y mayor eficiencia, sino al persistente afán de neutralizar a la Justicia. Las discrepancias jurisprudenciales más perturbadoras se producen realmente en el plano de las Audiencias Provinciales (e incoherentemente, el AAP renuncia a que el Supremo remedie esas discrepancias), y la experiencia de muchas décadas muestra que los órganos unipersonales dictan más sentencias y en menos tiempo que los colegiados. Pero a demasiados «dirigentes» de este país les interesa desactivar los Juzgados de Instrucción y también los Juzgados de lo Contencioso-Administrativo. La clave de esta innovación radical, que se pretende hacer a toda prisa, por consenso, como si fuese un ajuste organizativo menor, es el máximo control posible de la Justicia, porque ésta, con todos sus males, es el único freno que queda a la arbitrariedad y a la corrupción. Y estas realidades penosas son, no nos engañemos, el «Don Beltrán» que no deberíamos perder de vista.»

Es verdaderamente terrible. Y no habría que citar solamente a Tirso o Quevedo, el de los muy pertinentes versos «Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes, ya desmoronados». Claro que se me puede decir: «son sólo proyectos de ley, en la tramitación se verá, etc.».También se verá si el PP se posiciona frontalmente en contra o si votará a favor tras un somero lavado de cara, como ocurrió con la nefanda Ley Sinde. Aquí habría que recordar también al Manrique de la Copla XVII y preguntarnos qué se fizo de los «luchadores de la libertad», que ahora mismo están missing. De esos que se hicieron antifranquistas al día siguiente de morir Franco, de los que dicen «servir al pueblo» pero le dispensan el más profundo de los desprecios. Sólo unos pocos luchan hoy para que se reconozcan sus derechos, con la esperanza pequeña de lo que se consiga redunde en beneficio de la sociedad.

Es terrible que gracias a la democracia tengamos la posibilidad de elegir aquellos que nos esclavicen. En Alemania ya pasaron por ello y el resultado es conocido. Y aquí, donde nuestro inefable ZP se declara heredero nada menos que del Frente Popular, ya conocemos lo que sucedió la otra vez. No debe extrañar a ustedes que quieran borrar las huellas (concentradas, por ejemplo, en los Archivos de Salamanca). Y al paso que vamos, repetiremos la historia.

George Carlin

Paradojas_de_George_Carlin

Hoy no me apetece hablar de política. Solamente les añadiré este PPS, que habla de algunas verdades. Pequeñas verdades, que interesa recordar de tiempo en tiempo. También tienen que vercon la política, si uno mira bien. O no. O quién sabe (no, no me estoy volviendo Mariano). Que lo disfruten.

Apostilla

Estoy muy enfadado con un artículo del señor Oscar Elía en la Gaceta de ayer 22 de febrero. Dice el señor Elía (negrita nuestra):

Cuando un Ejército deja de cumplir su papel de defender a la nación frente a sus enemigos, se dobla sobre sí mismo y participa indignamente, con la ventaja y el privilegio de las armas, en política interior. Es lo que ha ocurrido periódicamente con el Ejército español en los últimos dos siglos. El franquismo fue el episodio más claro y agudo; el 23-F, el último y más tragicómico. De este, el Ejército salió democráticamente deslegitimado y fue a peor, no sin merecerlo: unos socialistas que nunca se han fiado y siempre lo han despreciado.

Créame, señor Elía: el Ejército no se ha merecido el trato que le han dispensado estos últimos 30 años, ni por parte de los políticos, que lo han ido desmantelando poco a poco, ni por parte de alguna prensa, siempre feroz contra un enemigo que no se podía defender porque expresar la opinión era exponerse a una sanción disciplinaria (también porque sus jefes consideraron más oportuno buscar la sombra del árbol político, alargada y con muchas ramas).

Señor Elía, usted no puede decir ni dar a entender que las Fuerzas Armadas «apoyaban» la asonada, porque eso es faltar a la verdad. Por supuesto que había quien la apoyaba; pero eran los cuatro gatos que esperaban sacar ventaja de la situación que se podía llegar a crear. El resto de las Fuerzas Armadas, en bloque, estuvo del lado de la Constitución. De otra forma, si las Fuerzas Armadas hubiesen apoyado el golpe, éste hubiera triunfado.

Señor Elía, sepa usted que quienes han regido los destinos de las Fuerzas Armadas únicamente han pensado en sí mismos y en la casta a la que pertenecen. No les interesan unas FF.AA. bien preparadas para cumplir la misión que la Constitución les encomienda (como tampoco le interesa al Dalai Carod, que ha fijado la fecha de la «independencia catalana» para el 2014, nada menos). Han buscado la adhesión inquebrantable de sus subordinados directos, que ha devenido en una deslealtad hacia la Nación española, pues enemigo de la Nación española es quien desmantela la estructura específicamente destinada a defenderla de cualquier agresión. Y quien obedece al que ordena tal desmantelamiento no puede ser considerado fiel servidor de la Nación española.

No quieren que se repita un 23-F o un 18 de julio. Muy bien. Pero lo han hecho a expensas de las necesidades de protección de la nación. No querían que nadie les pudiese pegar una patada en el culo caso de que las cosas se volviesen a poner como entonces (vamos camino de ello). Pero, señor Elía, no diga que no comprende a los militares cuando ETA mataba a cuatro o cinco militares todos los meses («asesinatos selectivos», según la jerga consagrada) y Suárez únicamente asistía a los entierros al atardecer, casi a escondidas, poniendo cara de palo y pidiendo «serenidad y firmeza». Nadie defendía a los militares entonces; nadie lo hace ahora. E incluso digo más: algunos siguen azuzando la inquina antimilitarista sin percatarse, en su estúpido odio, de que tiran piedras a su propio tejado.

Señor Elía, por favor: no diga que los militares «se merecían» esto. Precisamente por la dignidad de las Fuerzas Armadas.

Retro-visor

Parece la Pajina en la peluquería, pero no: es la Bruja Avería 🙂

 

Reóstatos, reóforos y filamentos.
Fundiré en la calle y en el Parlamento.
El pueblo se unirá en un unánime lamento.
Estableceré la democracia de la desgracia.
¡Todos acabarán en la farmacia!.
Por Gimnoto y por Atisbo…¡Triunfará el ecumenismo!
¡Todos sufrirán lo mismo! Reumatismo y estrabismo.
¡Viva la gripe general ¡Viva la igualdad universal!

Tal y como están las cosas, esto podría haberlo firmado hasta ZP…

Jawohl, frau Merkel!

Debo confesarles a ustedes que los del diario Ya se me han adelantado en cuanto al título de este post. Yo quería titularlo Heil Merkel!, pero dudaba dadas las connotaciones poco agradables del mismo. Así que he optado por algo menos hiriente (para ella y para el resto de alemanes, no para nosotros). Continuar leyendo «Jawohl, frau Merkel!»

«Vientos de libertad»

En estas últimas semanas algo se está moviendo en el Magreb. Una especie de siroco sopla fuerte por tierras egipcias y tunecinas: el «pueblo» se levanta contra sus opresores. Qué bonito, qué revolucionario. Uno evoca rápidamente el cuadro de Delacroix: el pueblo, guiado por Marianne (¡pechos fuera!), lucha por «su libertad». Incluso se han visto camisetas del Che, hecho que no podemos sino relacionar con el famoso glamour rojo. Continuar leyendo ««Vientos de libertad»»

No es serio este cementerio

Interludio musical

Dado que el país está como está y va como va, que no parece no tener arreglo, me permito compartir con ustedes este interludio musical que, cómo no, dedico a nuestra mal llamada Cámara Alta, en la que se permite llevar pinganillo a los muertos…

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

starcrazypie astrology

the astrology blog | sara shipman

Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

El vuelo del albatros

Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

VIA LIBRE

Escribo y difundo lo que me interesaría leer. Para todos los públicos

Verdades Ofenden

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. / "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin – (Bitácora-Biblioteca virtual y PERSONAL, recopilatória de aquellos artículos que despiertan mi interés)

C Y K L O S

Asociación de Astrología de Cataluña

Queremos salir de la Crisis

¿Los políticos Tambien?

Galicia Futura

Blogazine Independiente / Abierto 24 horas

La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)