Carta de una farmacéutica

Esta es una carta que escribe una farmacéutica, sobre el chollo que tienen los inmigrantes con nuestra Sanidad Pública.

Estimados Compañeros:

Me dirijo a vosotros para explicar lo que está sucediendo en las farmacias españolas.

Creo que es necesario que esto se sepa porque, por lo que he podido comprobar hay una estela de secretismo en relación al tema de la Sanidad Pública y los inmigrantes.

Pasa lo siguiente: Yo soy farmacéutica y en mi oficina de farmacia detecto desde hace varios años ya muchísimas recetas que los inmigrantes ¡¡NO PAGAN!!

Sí, sí. Como lo estáis leyendo.

Lo explico: cuando uno de nosotros, español de toda la vida, va al médico, le extienden una receta con la modalidad de beneficiario normal o beneficiario titular o si está jubilado pensionista titular. Eso quiere decir que se ha cotizado a la Seguridad Social.

Pero los inmigrantes reciben recetas con las modalidades siguientes:

Extranjero titular sin recursos, solicitud de extranjero sin recursos, fármaco gratuito para extranjeros, menor extranjero con fármaco gratuito y lo peor de todo: pensionista extranjero fármaco gratuito mayor de 64 años. Esta última modalidad quiere decir que estos inmigrantes se traen a sus ancianos a recibir atención médica y recetas gratuitas pagadas por nosotros los españoles.

Por otra parte se llevan gran cantidad de medicamentos comprados en la farmacia o regalados a su país y además se jactan de ello.

Daré más datos: yo resido en Majadahonda, Madrid y de lo que estoy hablando lo veo cada día aquí.

Se supone que el Ayuntamiento de Majadahonda es de derechas y el mismo Ayuntamiento está repartiendo vales a moros y sudamericanos para recibir papillas y leches GRATIS y productos de higiene personal GRATIS.

Estos individuos, una vez que me dan el vale, se compran cremas de 50 euros con el dinero que no se han gastado porque según ellos y jactándose, los españoles somos todos tontos.

¡¡Estoy harta!!!

Además me han amenazado muchas veces en mi farmacia, pero muchas, y yo luego con el miedo de salir del trabajo a las 9h30 cuando esta gente sabe dónde trabajo y mi horario.

Es indignante y veo que no podemos hacer nada.

Bueno pues ya sabéis porque a los españoles nos va tan mal en la Sanidad, porque todo se lo dan a estos Untermenschen, ya lo veis. Y eso por no hablar de los pisos de protección oficial, los comedores escolares, las guarderías…

O sea: que yo si tengo un hijo, a mí que soy española de toda la vida, no me da nadie ni una ayuda y me puedo morir esperando. Para triunfar en España hay que ser moro o sudamericano, no saber hacer la O con un canuto y ser un desecho.

Un saludo, Ari.

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Puedo confirmar que todo esto es cierto y que no se habla de ello porque no interesa; respondo a quien esté interesado:

farmaceuticos_adjuntos@yahoo.es

También están los emigrantes españoles, que viven en Sudamérica, vienen una vez al año, se hacen toda clase de chequeos, analíticas, pruebas, rehabilitación, cuando a nosotros nos toca esperar turno. Marchan cargados de medicamentos, los revenden y se pagan el viaje para el año siguiente…

¿Qué país aguanta tanto despilfarro? No quieren ahorrar, ahí lo tienen… revisen las pensiones no contributivas y el gasto sanitario.

Uno lee estas cosas y no entiende por qué algunos se escandalizan del «ascenso de la extrema derecha». Si es lo normal, hombre. Aunque sea mentira, uno vota a quien le promete que va a cuidar de él, tanto en su enfermedad como en su vejez, y que no va a tirar el dinero dándoselo a gente que ni siquiera es del país y que encima se burla en nuestra cara y nos llama tontos.

Tal vez esté llegando el momento de saber qué pactos hay entre los partidos y ante quién responden de esos pactos. Porque si fuera ante nosotros, es muy probable que estas cosas no sucedieran. Lo que hace el PSOE —siempre es el PSOE el que lo hace— es respetado por el PP.
Es decir, que no lo toca. Los unos por los otros y la casa sin barrer —llenándose de mierda cada día un poco más, diríamos—. Tampoco me fío que los partidos que están en la recámara vayan a modificar el panorama. Lo que pueda ocurrir en el futuro nadie lo sabe. Pero lo cierto es que ya hay una olla a presión que está empezando a hervir. Y nadie se ocupa de ello porque «no interesa».

Quién te ha visto y quién te ve, Rosa Mari…

De esto («musa de la Transición»)…

… a esto otro (politkom de Podemos en La Casa)…

Vivir para ver, que dijo el otro.

Masteritis (y II)

Les sigo contando que la masteritis, como se ha señalado por algún medio de comunicación, significa que no eres nadie en la vida si no tienes un máster. Es decir, un currículum en el que únicamente consta una carrera universitaria es una filfa de currículum. Por tanto, son obligados los adornos y los perifollos.

Todo esto viene de los tiempos de mi generación (los 80, que en frase de Ana Diosdado, «eran nuestros»), en que se generalizó el acceso a la Universidad. De la poca economía que yo aprendí en mis tiempos es que «lo que abunda en exceso pierde rápidamente su valor». Llegó un momento en que se dijo que en Barcelona había tantos abogados como en toda Francia. Ahí fue donde empezaron a florecer los másteres: de esto, de lo otro y de lo de más allá. Mejor cuanto más exótico fuera el título. Y ahí fue, también, donde algunas universidades empezaron a hacer caja.

Pero la cuestión ya no es la podrida situación de la Universidad (entre todos la han podrido y ella sola se gangrenó). Para una exposición más ampliada les remito a este blog, que lo explicará mejor que yo. Para un servidor la cuestión se reduce a estas cuestiones:

  1. ¿Va a suponer el embrollo de la tesis de Sànches que éste dimita?
  2. ¿Va a arreglarse el pifostio universitario?

La respuesta a ambas es no. Vamos, que no es no. Sànches no es más que un payaso ambicioso de ambición cumplida, pues él sólo quería llegar a ser Presidente del Gobierno («Dejadme ser Presi y a cambio yo os dejaré hacer lo que os dé la gana»)… o tal vez eso sólo lo quería la enchufada de su mujer. Está claro que no vale para el cargo; pero tal vez por eso le han elegido los separatas, los comunistas y los de la Logia y no le van a dejar caer, a menos que la inepcia del interfecto empiece a salpicarles. La indigencia intelectual de los ministros que han puesto al lado de Sànches (dudo hasta de que los haya elegido él) es tan notoria en algunos casos que tendría gracia que al investigarlos nos encontráramos con esto…


Por cierto, aviso para Casado, a quien a partir de ahora habría que llamar Pablo Cansado: el hecho de que la Fiscalía le echara un cable exculpatorio no significa que no siga teniendo problemas. Quizá el mayor ahora mismo sea de imagen, pero no tanto por lo del máster, como sugieren algunos, sino por el hecho de que los discursos «vibrantes y que electrizan a la concurrencia» se han terminado al llegar a la presidencia del partido. Desde entonces se ha debatido entre vegetar e ir a remolque de los acontecimientos. Sin olvidar un detalle: Soraya le ha dejado un campo de minas sorayas y una buena cantidad de emboscados, empezando por la actual presidenta del Congreso, que debería plantearse su ingreso en el PSOE, y acabando por Maroto, el de la moto. A todo esto, ¿nos puede explicar Casado qué puñetas hace como presidente de la Comisión de Educación en el Congreso (antesala del nombramiento como Ministro de un político de la oposición cuando ésta forma Gobierno) el mismo tío al que no se le caía de la boca la palabra «normalidad» hablando de la situación educativa en Cataluña cuando era Ministro de la cosa, y que prácticamente siguió dejando hacer de las suyas a los golpistas en ese área?

Casado ya debería saber que los ciudadanos —que son menos tontos de lo que cree la casta de mandarines a la que él ya pertenece—, cambian de canal de televisión cuando lo que ven no les gusta —de hecho, muchos empiezan a cerrarla y a volver a los libros— y de partido cuando la letra no concuerda con la música, cuando se dan cuenta de que es un playback o cuando, directamente, no les gustan ni la letra ni la música. Debería tomar nota de ello.

Masteritis (I)

Parece mentira que llevemos una quincena entera —va a convertirse en el tema del año, pues esto ya empezó con la crujida Cifuentes y aquello parece ya una eternidad— con la masteritis, que ya empieza a recordar a una competición de cuando éramos adolescentes, la de «a ver quién la tiene más larga» o «a ver quién mea más lejos». La cuestión que, seguramente, muchos de ustedes se plantearán es la siguiente: ¿es importante esto? ¿Y para qué lo es?

Para empezar, digamos que lo que antes era «información política» hoy no es otra cosa que politainment, si se me permite el neologismo inglés. A falta de una verdadera gestión que vaya en interés de España (imposible, con un presidente títere sostenido por separatistas y comunistas) y de los españoles (imposible también, en la medida en que todos forman un mandarinato encerrado en su burbuja), la prensa se ha convertido en el cuervo que describe Orwell en Rebelión en la granja: su misión es convencer a los españoles de que los mensajes que llegan desde el poder es lo que les interesa oír.

Como dijimos en otra entrada, todo esto es una tramoya, un montaje para tenernos distraídos. No obstante, aun siendo así, los hechos ridículos plantean un debate más de fondo, que podría hacer correr ríos de tinta si la prensa fuera tal y no formara, salvo honrosas excepciones, parte de la mamporrería del poder. Planteemos estas dos cuestiones:

  • ¿Qué es lo que hace que un político sea idóneo para acceder a un puesto desde el cual gestionar los intereses del país, o de la Comunidad Autónoma, o, dentro de la Administración Local, la Diputación o el Ayuntamiento?
  • ¿Cuál es la relación entre Universidad y política?

La respuesta a la primera pregunta puede ser incluso legal, desde 2015. Conforme al artículo 2 de la Ley 3/2015, de 30 de marzo, seguramente inspirada por el sorayismo, se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Que los criterios de elección de los altos cargos son tres: honorabilidad, formación y experiencia, debiéndose cumplir los tres.
  • Que, en relación a la honorabilidad, se enumeran determinadas circunstancias que califican al aspirante como no honorable.
  • Y que en lo relativo a los otros dos requisitos, he aquí lo que dice la citada Ley: «En la valoración de la formación se tendrán en cuenta los conocimientos académicos adquiridos y en la valoración de la experiencia se prestará especial atención a la naturaleza, complejidad y nivel de responsabilidad de los puestos desempeñados, que guarden relación con el contenido y funciones del puesto para el que se le nombra».

En conclusión, el único criterio que Sànches cumple es el de la honorabilidad. Pero el problema es que esto se exige para ser alto cargo, no para Presidente de la Nación. Para esto último se exige, dependiendo de cómo esté el patio, tener buena planta y pico de oro. Nada más. Da igual que uno esté o no a merced de los separatistas antiespañoles y de los comunistas (los nuestros, antiespañoles por definición) y que las riendas del ¿gobierno? las lleven en realidad otros, de ésos que nunca se presentan a unas elecciones pero que mecen la cuna del Estado. Recuerden, si no, lo rápido de la defenestración de Campechano I: su imagen estaba tan tocada que ya no servía de pantalla. En poco menos de un mes, a Rey defenestrado, Rey coronado. El hecho es estar sentado en el trono, aunque sea de hierro al rojo vivo como el de Grichka Otrepeiev.

Luego, como todo se sabe, también nos hemos ido enterando de la misérrima historia de su «tesis»: que como el culturista de Parla, Tomás Gómez, le condenó al ostracismo en ciertos comicios, algo había que hacer con él. Que ésa es la prueba de que era —es— un niño bien, como la mayoría de los dirigentes de izquierdas: «¡Al hijo de mi padre nadie le deja sin un sillón!». A alguien se le ocurrió una idea:

–Bueno, pues nada, lo metemos en una Universidad de las nuestras a dar clases (hay mucho donde elegir) y que espere a mejores tiempos mientras tanto.

–Espera un momento. ¿Para eso no hay que ser doctor o así? –replicaría alguno, prudentemente–.

–No te preocupes por eso. Le nombramos la directora de tesis, le dejamos material de algún un Ministerio para que lo copie y le ponemos un negro para que se la redacte en condiciones. La directora ya se encargará de nombrarle el tribunal ante el cual defenderá el truño. Naturalmente, lo aprobará cum laude.

–Jo, macho, eres una máquina. Lo tienes todo calculado.

–Hay que saber mover los peones, jeje.

Impresiones a la vuelta

Decía Sir Winston Churchill, en una de sus frases lapidarias, que «un político es el que piensa en las próximas elecciones; un estadista, el que piensa en las próximas geeneraciones». Aparte de la desgracia que nos ha caído en España de una casta política que sólo piensa en las «próximas generaciones» para jostidiarlas (y de paso al país, que parece que tengan órdenes de hacerlo), no sé qué pensaría el gran prócer británico de alguien que «sólo piensa en los próximos presupuestos». Pueden incluir todos los apóstrofes que se les ocurran.

En alguna otra entrada hemos hablado de lo que le gusta al sector izquierdo de la casta cada vez que llega al poder, que básicamente son dos cosas: seguir con la ingeniería social que el sector derecho de la casta deja en barbecho o permite, con disimulo, que siga adelante pero en movimiento inercial; lo segundo, subir impuestos. Que es cierto que, salvo a Aznar, les ha gustado a todos los demás. Parecía difícil superar el techo de Rompetechos Montoro; pero ya se están planteando en Moncloa castigar a los ahorradores (supongo que a los que cobran un sueldo de mierda que les permite malvivir, según está ahora el patio, y que eufemísticamente se les llama mileuristas ya no se les puede exprimir más). En el socialismo verdadero nadie puede guardarse nada: todo es para el Estado, faltaría plus.

Remedando cierto verso de una canción llamada Heckerlied (que tiene también su versión nazi):

Lumpenblut sollt spritzen…

Traducción: hay que azotar al pueblo (con impuestos) «hasta que sangre», ¿se acuerdan? Eso hace que este Gobierno dos veces ilegítimo no sea mejor que la Bestia Rabban en materia recaudatoria. Que además eso lo proponga un señor que se ha distinguido por defraudar a la Seguridad Social, también tiene su aquél.

Otra impresión. Me imagino que a alguno mis excolegas de la Red AntiZP —¡qué tiempos aquellos en que «todos estábamos unidos» y «teníamos un objetivo común»— esto que voy a decir no le va a sentar muy bien. Pero ahí va: a veces uno siente una punzada de nostalgia cuando recuerda los tiempos de la Voguemomia. Es verdad que era una especie de Gorgona: la mirabas de frente y te quedabas petrificado del horror. Pero tenía su «estilo», qué quieres, y era difícil pillarla en un renuncio. Al igual que los hermanos Malasombra, «era mala de verdad». Comparado con lo que ha venido después (Soraya era una pipiola cuando entró, pero aprendió a la velocidad del rayo y, más o menos, cuando ya se convirtió en un arácnido plenamente desarrollado, aún tenía algo de nivel), la cosa ha degenerado muchísimo.

Así, pues, Carmen Calvo es la gloria de los gacetilleros y plumillas de todo tamaño y pelaje, porque cada vez que abre la boca da un titular. Eso sí, da titulares de vergüenza ajena para una señora que dice ser «catedrática». La última frase memorable de la señora ha apuntado a que sabe si a los españoles nos convienen o no elecciones generales. Lo malo es que se le ha visto el plumero y ahora sabemos a quién no le convienen: a saber, ni a ella, ni a su jefe, ni a los que han puesto a su jefe donde está. Entre ella y el lastre que se ha colgado Sànches de portavoza de la pesoe en el Congreso, los periodistas tienen la mitad del trabajo hecho.

Y, de verdad, no sé por qué a Pedro Sànches insisten en llamarlo Falconetti, con lo majo que es (bueno, William Smith, el actor que lo interpretó. Su personaje era un mal bicho). A mí es que nuestro presidente dos veces ilegítimo, accedido al poder por un tecnicismo leguleyo, me recuerda más a éste otro…


(… se corren apuestas sobre quién podría ser Patán…)

Actualidad de Franco y el Valle

Parece mentira que 43 años después sigamos hablando de un personaje que murió en 1975 y al que las generaciones presenten conocen poco o nada. Pero el tema tiene alguna más enjundia, porque ese personaje dejó un mausoleo. Para los sectarios cenutrios (los sectarios malvados sí conocen la verdad), no fue un mausoleo «en honor a su persona», sino en el que fueron enterrados muertos de ambos bandos. El segundo problema es que es un mausoleo católico, en la medida en que está coronado por una cruz que se ve a kilómetros.

Supongo que la línea de pensamiento de estos sectarios malvados es la siguiente: ¿de qué manera podemos «cerrar el Valle de los Caídos»? Hay una forma simple: se exhuma el cadáver del dictador y de algún otro personaje más al que los «nostálgicos del franquismo» se pudieran aferrar en caso dado (José Antonio, por ejemplo: algunos se llevarían una sorpresa si leyeran sus obras). La familia puede decir misa (nunca mejor dicho): tanto si quieren como si no, Franco sale del Valle. Y lo hacemos por Decreto-Ley, que tiene un inconveniente y dos ventajas:

  1. El inconveniente es que resulta difícil de justificar la extraordinaria y urgente necesidad que exige el art. 86 de la Constitución. De ser así, hubiera sido una de las primeras cosas que hubiera hecho… Felipe González.

  2. La primera ventaja es que reducimos las posibilidades de la familia de protestar ante la Justicia, por más que vulneremos su derecho a la tutela judicial efectiva.

  3. Y la segunda es que obligamos a los que se oponen a la decisión a retratarse, especialmente los fachas del PP y el extremo centro (gran aportación lingüística do pasmo de Palas do Rei) de C’s, en el momento de ratificar el Decreto-Ley.

Una vez eliminado el motivo de peregrinación, eliminamos a los monjes benedictinos a cargo del mausoleo. ¿Cómo? Podemos hacerlo a lo suave, a través de una CEE que no quiere tener problemas con el Estado y son unos cagaos; o podemos hacerlo a lo bruto, montando una manifa con el cuento de que «ese mausoleo es una vergüenza» (mira qué buena consigna) y lo quemamos.

Eliminado Franco y los monjes, ya no quedan obstáculos para borrar del mapa el mausoleo o, dinamitando la cruz, transformarlo en un parque temático en loor de la República contra la que se levantó el enano de la voz aflautada —así lo llaman los sectarios cenutrios; los malvados, que fueron a buenos colegios durante el franquismo y saben la verdad, dejan que los tontos les precedan y les hagan el trabajo sucio—.

Y así es como se eliminan, juntamente con la transmisión forzosa por vía educativa de una historia averiada y falsaria desde la más tierna edad, cuarenta años de historia de España. Lo de Fernando VII con los llamados tres años, una bagatela al lado de esto. Y el rencor con que ejecutan su damnatio memoriae, sabiendo que le deben lo que son y lo que sus padres y abuelos fueron, simplemente no tiene parangón en la historia. Salvo, quizá, con lo que hizo el separatismo vasco con las víctimas de ETA.

En nuestra situación, un Gobierno tendría otra clase de preocupaciones. Pero esto, naturalmente, no es un Gobierno.

¿Un “nuevo” PP? (II)

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, en la que hablábamos de los enemigos internos de Casado (por ende, también del Partido), hoy toca hablar de los enemigos externos. La izquierda toda, la que se pretende fetén, la pragmática y la mediopensionista, han salido en tromba para criticar al flamante nuevo presidente de ese partido. Le acusan de «anticuado», de «vuelve la derecha» (ni que fuera un anuncio de colonia) y todas esas gilipolleces que suelta la izquierda cuando percibe que ha de enfrentarse a un enemigo que, al parecer, está dispuesto a presentar batalla en vez de someterse mansamente a sus dictados.

Pero vamos por partes: ¿Casado es «anticuado»? Cuando uno piensa que el ideario socialista es del siglo XIX y el comunista de primeros del XX, ¿cómo se atreven a llamar «anticuado» a Casado? Ya dejamos aparte los millones de muertos del comunismo y el fracaso en el reparto general (el censitario ha sido un éxito para los bolsillos de algunos) de la riqueza de la socialdemocracia pálida, que es lo que hemos tenido aquí. Más vale que se calle la Vicepixi , anteriormente menestra de Al-Kurturah (en ambos cargos está rayando a gran altura en cuanto a nivel de estupidez).

Segundo, Casado dice querer proteger la vida, la familia, la religión y la libertad. Así pareció anunciarlo en alguno de sus discursos. Si de verdad eso es lo que quiere hacer, tarea le mando. Debería derogar cuando menos la mitad del corpus legislativo zapaterista:

a) empezando por derogar la ley del aborto, hoy sin plazos. ¿Quizá tendría que recuperar a los diputados represaliados por Rajoy al no aceptar los cambios cosméticos de Gallardón de la ley de 2010? Y en su caso, favoreciendo la posibilidad de la adopción dentro de nuestras fronteras. Sólo unos pocos tienen la pasta necesaria para alimentar ese negocio redondo que son las adopciones internacionales.

b) debería derogar la del matrimonio homosexual y establecer un tratamiento fiscal favorable a la familia tradicional. Si se quiere proteger y promocionar la familia (como estructura básica de la sociedad y del Estado), habrá que dar facilidades, ¿no? Con otra particularidad: que la estructura familiar lleva funcionando desde hace siglos y que todos los demás experimentos han fracasado.

c) debería dejar de atacar la enseñanza de la religión en los colegios concertados. En los públicos, como son de todos, hay que andar con más cuidado. Pero a los concertados habría que dejarlos en paz, pues eso es lo que establece el art. 27 CE, artículo que les fastidia mucho con jota a los totalitarios de la izquierda y a los hermanucos. Lo mismo se diga del adoctrinamiento: tanto LGTBI en las escuelas, como «de género» en los temarios de oposiciones.

d) Y sobre todo, debería promulgar una bajada general de impuestos, forzando a las CC.AA. y a los Ayuntamientos a hacer lo mismo. La Administración no es una covachuela llena de piojos que la van sangrando lentamente y de la que algunos viven. Sin olvidar que bajar los impuestos es dar más libertad al respetable: ¿quién sabe mejor que uno mismo lo que puede o no hacer con su dinero? Estaría muy bien poder dejar de trabajar para los terroristas fiscales de Estado, las CC.AA. y los Ayuntamientos seis meses al año.

Ésa es nuestra opinión. Si Casado habla así porque quiere recuperar el voto del otrora «sector conservador católico» del PP que se ha ido con Abascal, tendrá que trabajárselo mucho. Después de años de engaños marianistas y algún que otro aznarista, los votantes del PP están muy escaldados. Y no quieren un «superman» que llegue al poder y se siente en un sillón de gobernante forrado de kriptonita. De eso los votantes del PP —de hecho, todos los españoles— ya han tenido bastante.

¿Un “nuevo” PP? (I)

Después de toda la atención mediática que se ha dispensado a las primarias del PP, parece que ha cumplido las expectativas, aunque no las de todo el mundo, claro está. Estaba muy claro que el PP necesitaba un cambio; y ese cambio no iba a ser liderado por los de siempre. Así lo entendieron los compromisarios en ese sistema democrático de segundo grado (primera vuelta con militantes y segunda con compromisarios, esa especie de sufragio censitario de tres al cuarto); y aunque no con una victoria rotunda (57 a 42), sí suficiente para forzar ese cambio.

Y ahora viene la hora de la verdad. En mi opinión y tomando la idea del párrafo anterior, lo primero que debe hacer el flamante nuevo presidente del PP es soltar lastre, empezando por jubilar a los eternamente jóvenes, como Arenas (con amplia experiencia en derrotas electorales), Villalobos («¡Manolooooooo!») y Oyarzábal, que tildó de «ultras» a VCT, entre otros. Y en segundo lugar, debe quitarse de encima a los sorayos, cuya líder homónima ha mostrado un mal-perder-que-te-cagas, en proporción directa al poder que ostentaba cuando era la Vicetodo. También debería quitarse a los paladines del liberalismo simpático, que no es otra cosa que hacerse perdonar por la izquierda el no ser bastante de izquierdas (signifique lo que signifique hoy «ser de izquierdas»). De los arribistas y chaqueteros es más difícil librarse, pero eso lo da el tiempo. Que se vayan a su casa o a la pesoe. Por cierto: nos preguntamos qué tal le habrá sentado a Lassalle que su ex sea la ministra que él nunca pudo ser… Justicia poética.

Quizá el secreto del éxito de Pablo Casado (entre los suyos) reside a partes iguales en tres cosas:

a) Que intenta «volver a los orígenes» de lo que era el PP en su momento fundacional, es decir, a un partido «liberal-conservador» (igualmente, signifique lo que signifique eso hoy en día. Yo no lo tengo muy claro aún). Quizá vuelvan a caminar por la senda que Aznar transitó durante seis años y que ésa sea la senda del triunfo para ellos. Luego habrá que ver si ese triunfo final de Casado resulta ser bueno para el conjunto de los españoles.

b) Que ha aprovechado bien los errores de su competidora Soraya. Bien decía Lord Acton que «el poder absoluto corrompe absolutamente»; y Soraya, que ya no es «una muchachita de Valladolid», los cometió todos. Empezando por creer que «su» 42% le daba derecho a quedarse proporcionalmente con casi media Ejecutiva. De ahí, para atrás. Aunque al parecer, el primero de todos fue creer que podía jubilar a Mariano con la sola ayuda de sus fieles en todas las televisiones. El segundo, creer que su nefasta gestión en Cataluña no le iba a pasar factura. Quizá García Albiol, al que no dejaron respirar en esa etapa a pesar de ser el jefe en Cataluña del PP, no vuelva a ser otra cosa que alcalde de Badalona; pero respirará aliviado de que cayese quien tanta sombra le hizo, por sí o por persona interpuesta. Otro entre muchos, creer que porque manejaba la picadora de carne no acabaría cayendo ella misma dentro.

c) Aprovecha sobre todo su desenvoltura y su juventud. En su contra, que no tiene aún cuarenta años y tampoco tiene currículum empresarial o laboral, que curte mucho, mucho más que la vida interna en un partido, por muchos cadáveres que vaya dejando por el camino. Bien está que tenga las ideas claras. Vamos a ver si consigue llevar esas ideas a la práctica y transmitir el entusiasmo que dice sentir por ellas más allá de los límites de su partido.

El retorno de lo idéntico (y II)

El tercer tema es la violencia. Naturalmente, hablamos de la violencia machista, sin más matiz: el hombre es un criminal en potencia (art. 1 de la infame LIVG) y las mujeres no tienen ese gen violento, que dice la idiota alcaldesa de Madrid. Pero como siempre, la mentira tiene las patas cortas: por mucho que las «estadísticas» del CGPJ traten de ocultarlo, la verdad sale a flote. Hay, al igual que una industria de la patera, una industria del maltrato, en la que las únicas que no se benefician son las verdaderas víctimas del maltrato (muertas o ignoradas porque su caso no sirve a la causa). Las demás personas que han hecho del maltrato de las mujeres su modus vivendi ya lo dejaron claro el pasado 8 de marzo: «¡Menos lacito y más dinerito!». A buen entendedor pocas palabras bastan. Las organizaciones feminazis «representan» a las mujeres de la misma manera que los sindicatos lo hacen respecto de los obreros o los comunistas a la «famélica legión»: es decir, en exclusiva a sí mismas y a nadie más. Tranquilos, que esto no saldrá en la TVE controlada por el soviet.

Conectado con lo anterior, el Gobierno pretende arrinconar a los colegios concertados, porque sabe que en ellos hay resistencia —más o menos pasiva— al adoctrinamiento LGTBI—. Cosas de hermanucos… y no precisamente de la Salle. Por supuesto, la asignatura de religión sufrirá el enésimo embate de un Gobierno que pretende sustituirla por «valores cívicos». Algo muy parecido se llevaba a cabo en la URSS de los 50 del siglo pasado, así que parece que no progresamos, sino que caminamos hacia atrás.

c) Impuestos. Sobre esto no hay mucho que comentar, porque es una de las especialidades de la casa. La otra es crear problemas nuevos y agrandar los que ya existían. Es verdad que el listón, gracias a Montoro, ha quedado muy alto. Será muy difícil alcanzar el nivel terrorista de un ministro de la (presunta) derecha, pero no tenemos duda alguna de que este Gobierno se esforzará en llegar. La pregunta que nos hacemos es: ¿hace falta robar tanto al sufrido contribuyente para sostener el edificio de la Administración, cuyos cimientos están dando muestras de padecer de aluminosis? Por no hablar del ISD, que es un robo a mano armada (qué feo eso de robar a los muertos). Salvo el Gobierno de Aznar de 1996, no he conocido ninguno que no se estrenara con una subida de impuestos.

d) Independencia. Lo que nos lleva al último de los apartados. En esta materia, como en el adoctrinamiento LGTBI, no hay diferencias entre los cuatro partidos de la pomada —sí, C’s también, por desgracia: vestir de liberalismo lo que no es otra cosa que progresismo izquierdoso es una jugada que ya está muy vista—. Particularmente en esto, Sànches está teledirigido por los hermanucos a través de la mano visible de Iceta, cuya pertenencia a los hermanucos no es precisamente un secreto. Lo cual explica la concreción de la cuota catalana:: Batet en Administraciones Territoriales, que ya nos ha regalado unas cuantas perlas antológicas y Borrell, exterrorista fiscal, como titular de Exteriores (suponemos que para hablar el mismo idioma cuando los Països Catalans se conviertan en una esplendorosa realidad).

Lo deprimente del asunto es pensar que lo que hace Sànches es lo mismo que hubiera hecho Mariano de haber continuado —improbablemente— en el poder. Claro que como también sobre éste hay sospechas de pertenencia a los hermanucos, tal vez ahora que no está en el cargo se despejen. Ah, dicho sea de paso: estaría bien que Federico, que tanto habla del ganado eclesiástico, al que afirma conocer muy bien «después de 15 años en la COPE», nos contara lo que sabe de los hermanucos. Espero que ése no sea un tema tabú para un señor que se tiene por liberal.

Volviendo a nuestro tema, en mi opinión ninguno de los partidos de la pomada tiene huevos suficientes como para dar el alto a los separatistas en su delirio secesionista. Ni siquiera los de C’s, que desde que los primeros espadas hicieron las maletas y se largaron a Madrid, el partido es una altra cosa. Me gustaría pensar que un PP dirigido por Pablo Casado puede ir en dirección contraria a lo que ha sido la política española sobre ese tema en estos cuarenta años de «mococracia». Pero primero habrá que ver si gana; después, si es posible que depure el aparato para que no le ocurra lo mismo que a Borrell tras ganar a Almunia en las primeras primarias verdaderas que tuvo el PSOE, es decir, tras jubilarse «Dios» políticamente. Y finalmente, esperar a sus hechos para juzgarle. Dada esa situación, los separatistas siguen avanzando en sus reclamaciones al tiempo que imponen la ley de la selva en territorio catalán. Y cuando lo consigan, si es que lo consiguen, más vale que valencianos y baleáricos pongan sus barbas a remojar si no hay nadie más que lo pare.

La conclusión: tenemos un gobierno carente de las dos legitimidades necesarias. No tiene legitimidad de origen porque no fue elegido en unas elecciones libres, sino a través de una triquiñuela parlamentaria en la que todos menos el perjudicado (C’s en primer lugar y el pueblo español en última instancia) estuvieron de acuerdo. Y tampoco tiene la legitimidad de ejercicio, pues de toda la actividad legislativa que ha desplegado se desprende que sólo va a gobernar para quien le ha puesto ahí, que no son otra cosa que enemigos de España.

Esto es lo que le pasa a un país cuya casta ladrona enredada en telarañas de intereses comunes y nada confesables no permite al pueblo votar a alguien que tal vez les pudiera cerrar la barraca. Y no me refiero necesariamente a C’s. Partido que, para variar, no se ha mostrado especialmente beligerante ni contra el aborto, ni contra la eutanasia. Y que por esas dos razones —y alguna más— no tendrá mi voto mientras mantengan esa postura.

El retorno de lo idéntico (I)

Volviendo nuestra mirada a Ferraz, ¿qué es lo que pasa? What’s up? Pues bastante cosa, a tenor del tiempo que ha pasado desde nuestra última entrada. Tras la salida a escape de Brevis Maximus —y de otro ministro por motivos no muy bien aclarados— nos encontramos con que este Gobierno elegido por los enemigos de España y no por su pueblo —gracias, Mariano— ha centrado su actividad en las cuatro Íes:

a) Inmigración. Aquí se han lucido con ganas. Debe ser que la Vicepixi quiere trocar en Madre Teresa de Europa y Sánchez en… bueno, en una mezcla de Fray Bartolomé de las Casas y de Mandela redivivos. Aunque no tanto como Merkel, que de golpe hizo entrar en Alemania a un millón de refuchis y que ya sabe que eso le ha costado dos cosas: el pacto con los socialcristianos bávaros y luego el poder presentarse a unas próximas elecciones. Aquí no estamos en esa onda: los Gobiernos han querido colaborar con la industria de la patera (vulgo tráfico de personas) bien pagando directamente a los traficantes, bien aceptando pequeños cupos de inmigrantes porque de todos modos la orden viene de Bruselas y hay que cumplirla, aunque sea de a poquitos. Y el resto a tragar y callar. Ah, y que se olviden del «truco informativo» de llamar «extrema derecha» a aquellas formaciones que se oponen al Gobierno en este punto. Está ya muy visto y es contrario a la libertad de opinión que tanto predican (pero sólo para ellos, claro).

b) Ideología. Este apartado debe ser desglosado en varios temas. En primer lugar, hablamos de franquismo: es sintomático que al Gobierno actual le preocupe más el traslado de los restos de un «dictador» que murió hace más de cuarenta años —bien es verdad que el propio interesado no quería ser enterrado allí— que los problemas de la sociedad actual. Mucho más peligrosa es la llamada Comisión de la Verdad que Sánchez ¿quiere? establecer. Es una Comisión orwelliana, en la medida en que no es tanto una Comisión «de la Verdad» como de la imposición de la mentira en sustitución de la verdad (multas y cárcel incluidas para los recalcitrantes, categoría en la que, si todo eso sigue adelante, se incluirá a un servidor de ustedes). Los comunistas bordan este tipo de cosas, así que habrá que preguntar quién quiere esa Comisión de verdad.

El segundo punto es el de la ideología LGTBI. A cuenta de profesar esa ideología totalitaria sin pertenecer a ninguna de esas letras (con alguna excepción, como el ministro Marlasca y el ya citado Brevis Maximus), el Gobierno deja desprotegida a esa mayoría social que todavía piensa que la familia, aun con todos sus defectos, sigue siendo la base de la sociedad. Y no me refiero sólo a los católicos. Seguramente, hay personas que sin ser católicas tienen esa misma convicción. Volvemos en este punto a los tiempos zapaterinos, en los que se pretendió vaciar de contenido el art. 27 CE. Claro que cuando el nivel de idiotez ministerial es éste, para qué queremos más. Sin olvidar la proposicon de ley podemita LGTBI (paree que aún no es Ley), de la que Stalin o Mao hubieran estado más que orgullosos. Más éste último, en tanto que Podemos resulta ser, según vamos viendo un eczema de maoísmo extemporáneo.

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