Resaca electoral (III)

Nos queda hablar de los otros tres partidos, así que vamos a ello.

Del PSOE poco se puede decir. Hicieron una campaña lamentable al repetir el mantra de «¡Vamos a ganar a la derecha!», con sus variaciones «PP» o «Mariano Rajoy» o «recortes». Como si se tratara del entrenador de un equipo de fúrbo de Tercera preferente. Dice una de las reglas de propaganda atribuidas a Goebbels que «uno tiene que adaptar su mensaje de forma que hasta el más tonto del lugar lo entienda». Podríamos añadir: «Y sin que los menos tontos se sientan tratados como tales tontos». Pero cuando lo que importa no es la ideología —caídas todas— sino la marca o el logo —algo fomentado por nuestra cultura audiovisual—, da lo mismo lo que uno diga. Da lo mismo incluso la realidad (hasta los suecos se han bajado del tren sociademócrata… y hace años de eso). Los becerros militantes aceptarán cualquier cosa siempre que quien lo diga lleve la marca.

El otro problema de fondo del PSOE es que tiene que decidir qué quiere ser de mayor. No puede decir que quiere gobernar en España cuando en la región catalana se echa en brazos del prusés y en la valenciana y la balear se echa en brazos de unos tíos que han abrazado la causa de los Països Catalans. Un partido que dice querer gobernar en España pero que hace en Andalucía que los andaluces soporten tres Administraciones (la oficial y dos paralelas). Un servidor de ustedes se huele que con Pdr Snchz el PSOE no llegará jamás a la pubertad. Máxime si, según el mantra que repiten todos, se deja trabajar a la Justicia: se quedarían en cuadro. Aparte, Pdr Snchz, tan capaz de dar un mandoblazo en Madrid a Tomás Gómez, es incapaz de hacer lo propio con Miquel Iceta. ¿Serán los efectos de la kriptonita? De sus pactos con Podemos ya dijimos que tienen su origen en la cena en casa de Bono, con éste, ZP, Pablemos y Errejón de comensales.

Respecto de C’s, yo diría que a la vista de los resultados son los “perdedores”: han pasado de 40 a 32 escaños. Y lo más curioso es que los han perdido en Cataluña, de donde proceden. No creo que haya sido un asunto de bisoñez política. Empecemos porque la transformación en Superguerrers de l’Espai (explicación del paso de la política regional a la nacional con conceptos Bola de Drac para productos LOGSE-LEC) no salió demasiado bien. El que pretendía ser Super-Saiyan se ha quemado un poco. En Dolça Catalunya dan un buen grapat de raons por las cuales se la han pegado. Yo destacaría una por encima de las demás: según parece, ahora que son un partido nacional, la lucha contra la inmersión lingüística ha pasado a un segundo plano, mientras que lo importante ha pasado a ser “promocionar en Madrit“. Al catalán no nacionalista no le ha gustado el viraje y se lo ha pagado convenientemente.

Luego está la propia política de C’s. Nos seguimos preguntado qué hace Juanillo Marín apoyando al régimen autonómico más corrupto de toda la democracia con permiso de los Pujoles. En segundo lugar, ponen la condición de que para pactar con el PP se tienen que ir Mariano y su grupo. Han olvidado en C’s que las renovaciones, purgas y demás tienen lugar cuando los partidos pierden el poder o cuando no lo alcanzan; no cuando unas elecciones, a pesar de seguir dejándoles en minoría, hacen que mejoren sus resultados. Otra cosa es que uno pueda vender que «gana porque los hotros son peores». En tercer lugar, el “pacto” con el PSOE, ese pacto de los ¿70 puntos? Un monumento a la inanidad que seguro que a C’s le habrá costado unos cuantos votos también.

Resaca electoral (II)

Tal y como les prometí, sigue la continuación con unas gotas de análisis acerca de lo ocurrido el pasado 26 de junio.

Como ya les comenté en otra ocasión, ahora estamos en la fase que los pedantes furboleros llaman el tercer tiempo. Más exactamente diríamos la de los pactos; la de «tú me das esto y yo a cambio no te voy a tocar las narices en esto otro». Poco que ver con la «fiesta de la democracia» y mucho que ver con el chalaneo las negociaciones entre tratantes de ganado. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Lo primero de todo, reconocer que el PP ha aumentado sus sufragios respecto de diciembre pasado. La estrategia del “yo me siento con una bolsa de palomitas a ver cómo los demás se dan de mamporros” ha funcionado. Y la verdad es que los demás han dado un espectáculo lamentable. Eso no quita que, de algún modo, el PP también haya participado: pero no para poner paz entre ellos, sino para atizar a C’s, que es el único socio con el que podría gobernar de haber sacado más votos/escaños.

Si tuviera que enunciar una hipótesis, diría que los cálculos de Mariano fueron éstos: «A Podemos no hace falta ayudarlo, porque se cava la tumba solito; más aún si le ayuda la endeudadísma IU. El PSOE, con el carajal interno que tiene montado, no es enemigo y en última instancia ya nos conocemos. Por tanto, el enemigo a batir es C’s, que quita votos al PSOE por la parte moderada y a nosotros por la parte española».

En mi opinión, no es la «estrategia del miedo» lo que ha funcionado. Hay un grupo importante de españolitos que creen que «la cosa no tiene remedio» y que, mal por mal, prefieren un partido que «les siga dejando despotricar». La culpa de «todo» la tiene siempre el Gobierno y valeyá. Queremos poder seguir echándole la culpa al Gobierno, al boogie, a Del Bosque (al menos nos eliminó una selección con un palmarés, no como a Inglaterra)… Queremos… «¡Coño! ¡Manolo, pon otra de gambas y una servesita y deja de joder con la política!» En resumen: queremos nuestro derecho a “otra de gambas”. Derecho que no está garantizado con ninguno de los otros: PSOE-Andalucía, Podemos-Venezuela… ¿Y C’s? Lo dicen en Valencia: «Català i home de bé, no pot ser». Para ellos la prueba es el mismísimo alcalde de Valencia, valencià de Terrassa.

Triunfa el mal menor, pues. Por citar un asunto, citemos éste. A muchos españolitos que han votado a Mariano en realidad no les importa que la immersió lingüística (junto con el correspondiente adoctrinamiento) avance como un sarampión en Valencia (antes PP), Baleares (antes PP), Galicia (actualmente PP), Asturias y está bien establecido, con el beneplácito del PP de Madrit en Vascongadas y Cataluña. Algunos están enredando para que en Aragón el catalán sea también cooficial. Y no cabe olvidar que en Andalucía ya se propuso que el árabe fuera cooficial. Sólo falta que al sarao se unan los extremeños imponiendo el castúo en las dos provincias. ¿El problema? “A mí no me afecta personalmente“. Y para el resto, el PP, como er Beti. Haga bien o haga mal, Beti p’alante. El derecho a «otra de gambas» ha quedado plenamente asegurado. Lo que se va a discutir ahora son las condiciones.

Resaca electoral (I)

 


Como siempre, actualidad manda y, aunque tengo en mente terminar lo que empecé acerca del famoso Brexit, se han cruzado en el camino y algo hay que decir, aunque no sea totalmente original.

No tengo mucho que añadir a lo que ya dije en mi post de diciembre, mutatis mutandis. Sí quisiera que fijaran ustedes la atención en dos hechos.

Lo primero de todo, que lo que se dice «ganar», no ha ganado nadie. Por más que las terminales mediáticas —como 13TV, por ejemplo— nos traten de imbéciles —o peor, de niños de teta—, una cosa es «ser la lista más votada» y otra muy distinta «formar gobierno». Y que la LOREG dice claramente que para formar gobierno se necesita una mayoría de escaños, que no de votos, Supongo que esto repateará a los trolls y palmeros pro bono de Génova. Y que por repetir eso me van a llover las críticas y demás. Pero me da igual. Los 137 escaños obtenidos por el PP-de-Rajoy quedan muy lejos de los 176 escaños que son la mayoría absoluta. Y por mucho que hayan machacado lo de “hemos ganado las elecciones”, una mentira mil veces repetida no se convertirá en una verdad. Cuando se modifique la LOREG —no hay huevos para eso—, veremos. Pero mientras tanto, ni hablar.

Y el segundo hecho que quiero hacerles notar, igual que en diciembre, es la elevada abstención para lo que es una consulta de fuste como unas elecciones generales: un 30%, nada menos. Que una persona de cada tres haya decidido que ir a votar no merece la pena debería hacer reflexionar a nuestros ¿líderes? políticos. Tiene su trampa, no obstante: en nuestro sistema, la abstención favorece al partido que está en el poder. Así que, aunque no han votado, le han hecho el favor a Mariano.

Teniendo estos dos hechos en cuenta ya pueden ustedes poner en perspectiva los resultados electorales y compararlos con el esfuerzo que han hecho los candidatos. Cosa que haremos en el siguiente post.

Corrupción vs. Revolución

Una segunda cuestión que se plantea, al socaire electoral y de sus ahorros, es el lamentable hecho de que tenemos que elegir entre dos males. No obstante y en mi opinión es una falsa disyuntiva. Como he expresado muchas veces en este blog, Mariano y su cuadrilla —que no son el PP por mucho que se lo tengan creído— necesitan a Pablemos. Y le necesitan porque, frente a la barbarie, la arbitrariedad y el tiro en la nuca que representa éste, Mariano puede representar el papel de «garante del orden y de la moderación». Por esa misma razón el gallego y su cuadrilla machacan a Ciudadanos, aparte de que éste les quita muchos votos: porque con ellos no pueden ir de moderados. Sólo así se entiende que el diario afín, La Razón, magnificara una pequeña pifia de organización de la formación naranja hasta hacerla parecer peor que los EREs y la Gürtel juntos.

Pese a lo que les decía en la entrada anterior, puede haber un indicio de que el panorama está empezando a cambiar. Ya les comentaba que Podemos ha fagocitado de facto a IU. Un partido endeudado y perseguido por Hacienda versus otro partido con la economía relativamente saneada («¡Montoro, no te tengo miedo!») y un flujo generoso y constante de recursos provenientes de una potencia extranjera. «No hay color. Nena, que nos vamos a Podemos, que nosotros solos no tenemos porvenir. A Llamazares déjalo que siga gruñendo, que ya está gagá». Lo curioso es que a Garzón, ese comunista burgués, como demostró Corcuera, le hayan dado el puesto número cinco por Madrid (dejo a ustedes el chiste fácil con la rima).

Granos (y granitos) en el culo

Quizá haya algo más que decir acerca de los cambios —pequeños— que se avecinan en el escenario político. Tal vez el más importante sea el que anuncia el centrifugado del PSOE. Los barones territoriales pactan con Podemos o incluso entran en sus gobiernos municipales sin pedir permiso al jefe —¡cómo se atreven!—. Es lo que ocurre en Castilla-La Mancha, por ejemplo: García-Page, que ha dado la campanada, justifica así el apoyo que recibe de Podemos, entre chorrada y chorrada que podría haber firmado ZP. En Cataluña también van por libre: igualmente sin pedir permiso, el PSC entra en el gobierno municipal de BCN junto a la OdiAda Colau (odiada principalmente por el sector turístico y de servicios barcelonés, al que ha tocado las narices desde el minuto 1). Da toda la impresión de ser un campi-qui-pugui y ponerse a salvo ante la futura debacle del partido. Pero el mayor grano que le ha salido en el culo a Pedrito guapo es Susana, que está esperando a que Pedro se la pegue para rescatar al Partido.

El otro grano (o más bien y por ahora, granito) es ese grupo de militantes del PP autodenominado Floridablanca, presidido por Isabel Benjumea. De la influencia actual de este grupo de personas da idea la respuesta de la vice Soraya cuando le preguntaron por él: según ella, un grupo de mindundis que en ningún caso iban a provocar cambio alguno en el Partido. Su inspiración es buena, en principio, a saber: volver a hacer del PP el partido que represente a “la derecha social”, que no está de acuerdo con la deriva socialdemócrata y entreguista del PP y que por eso se ha echado en brazos de un partido bastante menos ambiguo en cuestiones ideológicas. Parafraseando a Luis del Pino en algo que dijo hace un par o tres de semanas: ¿de qué sirve que “el PIB crezca dos puntos” (o diez) si la Nación se va a tomar por saco?». Bajo el ¿mandato? de Rajoy es posible decretar la muerte civil de una persona que se sienta orgullosa de ser española, en Cataluña y en otras partes de España. Todo ello financiado con el dinero de todos.

Tampoco es muy de recibo que, aprovechando la «lucha contra la corrupción», el PP socialdemócrata liquide a la vieja guardia aznarista. Personas que, al quedar en segundo plano «después de todo lo que hicieron por el Partido», se consideraron malpagás, como Vicente Martínez Pujalte, y que decidieron que lo que no les iba a dar el Partido se lo iban a tomar ellos por propia mano. Se da la circunstancia de que tanto él como Ana Torme conspiraron contra Rajoy. Es decir, que mientras no “conspiraron” no eran personas de interés y podían seguir trincando sin que nadie les dijera nada. Todo, en fin, de una bajeza increíble.

De nada sirve agitar el espantajo de «los hotros son peores», cuando precisamente eso es lo que ocurrió en Venezuela. Venezolanos huidos de aquella dictadura y con los que uno habla tienen una desagradable sensación de dejà vu al ver lo que ocurre aquí. Ellos saben que Chávez fue posible porque la corrupción galopante de los CAP, los Lusinchi y otros se comió el crédito espiritual (si es que se le puede llamar así) de la nación venezolana. Por eso, al ver aquí que la corrupción se ha contagiado a y desde las más altas instancias del Estado, no dejan de avisar. Y sería bueno tomar nota de ello, en vez de afirmar campanudamente que «esto en España no va a pasar nunca».

Otro problema sería el de por qué una ideología, completamente periclitada y de fracaso demostrado tanto en lo ideológico como en lo económico, sigue teniendo el suficiente predicamento como para allegar cinco millones de sufragios en España. Pero eso será materia para otra entrada. Por de pronto, retengamos esta frase, remedo de aquella frase de Churchil en 1938 que resultaría profética:

«Os dieron a elegir entre corrupción y revolución. Elegisteis la revolución ¡y además tendréis la corrupción!».

Tampoco pierdan de vista la frase original, que también podría ser verdad.

Para este viaje…

Bueno, pues ya está. Después de cuatro meses de marear la perdiz (o escenificar, que dicen los tertulianos pedantes), el Rey ha formalizado la convocatoria de elecciones. Volvemos, pues, a donde estábamos el 20-D: disponiéndonos nuevamente a soportar una campaña en la que los mensajes serán más o menos los de hace cuatro meses… para los mismos candidatos.

No es fácil evitar la sensación de ser Bill Murray en Atrapado en el tiempo, viviendo un eterno Día de la Marmota. Y a primera vista podría parecer que no ha cambiado nada: los políticos nos fríen a encuestas, por sí mismos o por persona interpuesta, los tertulianos siguen dando bandazos y especulando (o distrayendo) à tout plein sobre lo que harán unos u otros. O, más bien, hunos u hotros, para lo cual viene bien aquella frase que suele decir Lagente (antes pueblo): «Tós semos hunos». Y sigue el circo.

Fíjense, no obstante en que freírnos a encuestas no tiene detrás una verdadera voluntad de saber qué es lo que preocupa a Lagente para solucionarlo. La intención tras esas encuestas es adaptar el mensaje. Es decir, el grouchomarxismo de decir: «Como sé lo que te gusta oír voy a decírtelo, aunque no tenga la más mínima intención de cumplirlo». Lo que impulsa a estos partidos es simplemente el voto. De ustedes no quieren más que su voto; una vez que lo tienen, ustedes, sus problemas, sus necesidades y anhelos son tan olvidables como una hoja de calendario. Naturalmente, siempre quedan los irreductibles, los de la adhesión inquebrantable y la lealtad acrisolada. Pongo un ejemplo del PP, pero en realidad podría valer para cualquier partido…


Lo más llamativo de la nueva campaña es la voluntad de ahorrar. Ahorre, señor o señora, que «el futuro es muy oscuro, ay, trabajando en el carbón». Carbón nos han traído esos Reyes Magos travestidos de maris y tortis. No somos lo bastante progres, así que hay que insistir. Para empezar, han ahorrado en candidatos: se van a presentar casi los mismos. Y digo casi, porque en los últimos días se está produciendo algo que en este blog anunciábamos hace ya tiempo: que Pablemos y sus boys quieren convertirse en referencia única de la izquierda-pata-negra española. Hace un par de días Alberto Garzón firmó prácticamente la absorción de IU (izquierda burguesa y, por tanto, hundida) por Podemos. Como diciendo: «No. Punto. No me importa cargarme el partido. Punto. Con tal que yo esté en un puesto de los de salir. Punto». No le faltó más que insertar el correspondiente anuncio en el BORME.

Más ahorros. Dicen ahora los principales gerifaltes de las organizaciones políticas que van a ahorrar en «cartelería y en publicidad externa» (vallas y similares)… y que sólo se van a gastar 136 millones, frente a los 151 millones que dicen que costó la campaña anterior. Me da rabia que intenten tomarnos el pelo. Dan ganas de decirles que, por ahorrarse, podrían ahorrarse hasta los candidatos. Los mensajes ya los conocemos. Aparte, nunca faltan aquellos que, provistos de anteojeras votan al Partido haga bien o haga mal. Son los que salen con la papeleta de casa, porque la han recibido por mailing (ése, por lo visto, no se lo van a ahorrar).

Hablando de mailing y ya que estamos: ¿volverá a impedir el PP que unos sobres cubiertos por la bandera española puedan circular por España? Un servidor de ustedes no recuerda que al empleado de Correos de alta graduación que lo impidió porque eran de VOX (y no por otra razón) le cayera una sanción disciplinaria, cuando menos. Ni tampoco un proceso judicial por impedir el derecho constitucional de un partido político a realizar su propaganda.

Ahorrando, sobre todo ante un censo electoral hastiado y que sólo vibra con el fúrbo, se puede llegar muy lejos, oigan.

Sin calificativos (y III)

Pero en el intermedio también han sucedido otras cosas no menos curiosas. En primer lugar, la presión sobre Mariano se acentúa: toda esta corrupción del PP que sale ahora en los medios parece que lo hace a la orden. Por poner un ejemplo y como ya me pregunté en otra entrada: ¿desde cuándo sabían en Génova, 13, lo que ocurría en la Comunidad de Madrid, es decir, la Púnica y otras guarreridas? La investigación policial nos dice que la trama comienza a actuar en 2003; por lo que cuesta creer que en trece años no supieran nada en la famosa planta noble. Y ahora aparece toda esa porquería. Lo cual se resume en lo siguiente: Mariano todavía cosecha adhesiones inquebrantables, pero ya hay voces que hablan de sustituirle como candidato para las próximas elecciones, que si se cumple el pronóstico van a ser el 26 de junio.

Por si faltara algo, Mariano sigue cabreadísimo con el Rey porque éste, tras el previsible fracaso del pacto de los hermanos Marx, no le ha vuelto a encargar la formación de Gobierno. Algo que con 123 diputados no puede hacer y, además, porque los demás partidos podrían estar interesados en pactar con el PP… pero sin Mariano. Por lo tanto, como diría Lenin, Mariano no es parte de la solución, sino del problema. Como represalia, se ha dedicado —naturalmente, por persona interpuesta, que es como se hacen estas cosas— a enredar en el caso Nóos, que sienta en el banquillo a la hermana del Rey y a su marido, el ex-duque Engatillado. Ahora todos los encausados dicen, después de haber dicho que «el tejemaneje lo llevaba uno de ellos (Torres)» y que «no sabían nada de nada», que «la Casa Real» (sic) sabía y consentía», lo que es bastante falso, si no del todo, y habrá que deslindar los matices (las acusaciones al por mayor es lo que tienen).

No creo que a Mariano le salga bien la estrategia del ventilador. Entre otras razones, porque el Rey sabe que su mayor activo es la honradez a carta cabal, por mucho que algunos, con sorna, le llamen El Preparao (también a su padre el asesino Carrillo le llamaba con la misma sorna El Breve… y lo hemos aguantado tantos años como a Franco). Por ello, lo último que le interesa es verse pringado y lo que hace es mantenerse dentro de la ortodoxia constitucional más estricta. Lo cual enrabia lo indecible a Mariano, por supuesto, porque le pone en la posición del chiste: pacto (susto) o elecciones (muerte), cuando él querría, more suo, no tener que hacer nada y dejar que las cosas se pudrieran por sí solas.

Lo malo es que en la parte contratante de la segunda parte contratante (enorme doblaje de José María Ovies) estamos en las mismas: Mariano no quiere ni oír hablar (por lo menos, de puertas para afuera) de pactar con Pdr Snchz. Ni Grosse Koalition, ni pepinos en salmuera, oigan. Ni siquiera para sacar a España del atolladero institucional en que está metida aunque ésa fuera la única solución. Más aún: Susana sigue afilando la navaja cabritera, unos días más despacio y otros más deprisa, mientras quiere promocionarse como «valedora de la unidad de España» (no hemos oído que contestara a Carme(n) Chacón, cuando dijo que el pacto con C’s «llevaba implícito un referéndum para la independencia»… pero bueno, hagamos como que la creemos).

Menos mal que la Administración funciona porque se aprobaron a tiempo los Presupuestos Generales del Estado. El pueblo (hoy Lagente), ni está, ni se le espera. Como de costumbre, en esta especie de democracia que algunos dicen que tenemos.

Sin calificativos (II)

Continúa la tramoya nacional sin descanso. Recordemos que Mariano estaba cabreadísimo porque el Rey, cumpliendo con su función constitucional, ofreció la formación de Gobierno al segundo de la lista. Mariano debió pensar après moi, des elections. Aparte, Mariano es rencoroso y no se olvida de que Pdr Snchz le tildó de «indecente» en el debate preelectoral —dejemos aparte si tenía objetivamente razón o no—. Y el Rey, a su vez, estaba cabreadísimo porque a Mariano se le escapó que iba a haber elecciones el 26 de junio, como le dijo al premier británico Cameron.

Pues nada, allá que va el espadón de Mojácar a la investidura… que al final se transformó en embestidura. El morlaco le pasó por encima como un trolebús. Ni siquiera le sirvió el contrato de los Marx que firmó con Ciudadanos. En cuanto a Pablo Iglesias, su reacción recuerda a la frase aquella del poeta y dramaturgo inglés William Congreve: «El cielo no conoce rabia como la del amor convertido en despecho, ni el infierno furia como la de una mujer despechada» (Heaven hath no rage like love to hatred turned, nor hell a fury like a woman scorned).

Que, por si faltara algo, ahora le han salido unos granos en salva sea la parte. El primero de ellos, la pregunta del millón: ¿quiere seguir siendo una asociación estudiantil universitaria, en la que el voto se riega con toda la cerveza que uno pueda trasegar, o convertirse en un partido institucional, como el PSUV, y de paso convertirse en casta (¡horror!)? El becario black se pelea con su jefe por el control del magma podemita. Cúmplese así aquella retorcida afirmación de Giulio Andreotti (tomada del francés Talleyrand): «Il potere logora chi non ce l’ha».

Pero vamos por partes. La Constitución exige que haya una primera votación de investidura, cuyo quórum es de mayoría absoluta (51% de los escaños). Tuvo lugar el 2 de marzo y Pdr Snchz no la superó. En ese caso la Constitución, apostando por la seguridad institucional, permite aún una segunda votación, si bien esta vez se necesita únicamente mayoría simple (más síes que noes). Los despechados Mariano y Pablo juntaron armas y el pobre Pdr Snchz quedó más arrugado que un churro mojado en café. Y ello a pesar de que a todos (menos al PP) les prometió lo que querían oír: a los unos, la independencia; a los otros, un programa de progreso (¿qué es “progreso”? ¿Avanzar… hasta 1917? Tengan ustedes una de abusos verbales). Y es que en el intermedio todos se han dedicado a hacer campaña: hasta el pico (bec, en catalán) soviético de Pablo con el diputado catalán no es más que otra pista de por dónde irían los tiros si llegáramos a ese gobierno de progreso.

Sin calificativos (I)

Se acaban los calificativos. En este circo de los enanos, en que algunos crecen y otros siguen igual de enanos, andamos en esa espera sin esperanza —nunca mejor dicho—. Ya llevamos tres meses con un gobierno en funciones y sin perspectivas de que se forme uno que funcione. Si no fuera porque estamos hablando de un asunto muy serio, o que debería serlo (nada menos que el gobierno de un país), el guión representado parece el de uno de aquellos culebrones hispanoamericanos: Mariano, amenazado de sucesión por Soraya, quiere entenderse con Pablo. Ambos no tragan a Albert (y éste a Pablo tampoco), que busca apoyo en Pedro, que a su vez está amenazado por Susana por dentro… y también por Pablo, que por fuera le está comiendo la militancia. La última de este culebrón es que Pedro y Albert han parido un pacto con muchos puntos: treinta, nada menos. Como los setenta puntos que le puso C’s al PSOE en Andalucía —y que Susana se habrá pasado por donde ustedes se imaginan—, pero en versión reducida para que no parezca el contrato de los Marx. O sí que lo parece, pero eso se lo dejo a ustedes.

¡Más madera!, podría gritar Groucho. A Mariano se le escapa en una reunión europea hablando con el Premier inglés que «probablemente haya elecciones el 26 de junio», con el consiguiente y monumental cabreo del monarca, que se siente puenteado en el proceso marcado por el art. 99 CE. Todo lo cual añade más presión al pacto entre Albert y Pedro. Pacto que, por otro lado, Pedro ha intentado que su militancia aprobase como un aval de su gestión interna. La militancia, que no es tonta, no se ha dejado tomar el pelo: tan sólo un 51% fue a votarlo y por lo tanto, le da el visto bueno menos de la mitad. Por si faltara algo, se ha conocido el dato de que desde que Pedro se sienta en la Secretaría general el PSOE ha perdido 8.956 militantes, lo que hasta para un partido de implantación nacional es poca broma.

Pero la presión no acaba ahí. En el frente territorial hay lío. Cataluña tiene un president pels pèls: no sólo por la mopa que lleva en la cabeza, sino porque fue designado por Mas 11 minutos antes de que terminara el fatídico plazo de los dos meses que marca el EAC para convocar elecciones si no se ha formado gobierno. Con todo, lo peor no es eso. Lo peor es que está decidido a llevar adelante la desconnexió de l’Estat espanyol, aprovechando el vacío real de poder y el hecho de que a Mariano se le pondrá cara de recurso de inconstitucionalidad y poco más. Nunca trabajaron tanto los abogados del Estado: debían estar agradecidos, oigan. Por si faltara algo, la flamboyante alcaldesa de Barcelona ha conseguido que se largue de la ciudad una de las primeres peles de los hosteleros: el MWC busca un acomodo menos anticapitalista. Más o menos como lo de la yaya roja madrileña y los chinos, que son comunistas como ella, pero no tontos.

En Navarra la cosa no va mejor: gracias a los votos del PSN, un gobierno bilduetarra ha iniciado la euskaldunización de la parte castellanohablante gracias a que ningún Gobierno, ni siquiera el de Aznar, se atrevió a derogar la Transitoria Cuarta de la Constitución. Eso permite margen de maniobra a los nacionalistas del Anschluss vasco, de forma muy parecida a lo que ocurrió en los Sudetes checoslovacos, Konrad Heinlein y su Sudetendeutschenpartei. Tampoco a Mariano parece preocuparle el asunto: más bien está pensando en el que venga detrás, que arree.

Circolegislatura (y III)

Después de la pequeña interrupción que ha supuesto el artículo que les compartí en la entrada anterior, retomamos la marcha. Les decía que quedaba un tema, que ahora se ha puesto en sordina: la sucesión. ¿Dónde? En los dos grandes partidos. Se empezaba a hablar de ello, pero de golpe ya no se habla.

En el PP y como es natural, tras la pérdida de 60 escaños de una sola tacada (más o menos en paralelo a CiU, ahora Democràcia i Llibertat) la capa superior de la militancia empieza a dudar de las capacidades del líder para el liderazgo. En la empresa privada, en general, si un señor hace una pifia le echan. Mucho más si la pifia cuesta mucho dinero. Pero en política española no ocurre así. Un señor candidato pierde 60 escaños y, como controla al órgano que rige los destinos del partido (quis custodiet ipsos custodiet), nadie se atreve a decirle que se vaya.

No me resisto a citar el chiste que corrió no hace mucho, comparando a Rajoy con Stalin (comparación que no valdría sólo para Mariano). Murió el dictador de un ataque de apoplejía, quedando tendido en el suelo de su despacho. Los gerifaltes del Partido, pasadas unas horas, estaban seriamente preocupados y nadie se atrevía a entrar en el despacho del padrecito, por miedo a interrumpirle y que éste los mandara a Kolymá. Al final, quien entró después de veinticuatro horas de angustiosa espera (curiosa paradoja de las dictaduras) fue el valiente camarada Beria, el jefe de la NKVD, la terrorífica policía política de Stalin.

Para la militancia de bajo nivel y la votancia (que para los de la planta noble de Génova, 13, son asimilables), empieza a correr la idea también. Se oyen voces (no, no llamen a Íker Jiménez) de que a lo mejor habría que llevar adelante un Congreso. Pero Mariano se planta y dice que no. Él es el mejor candidato (pese al bofetón electoral) y por tanto nadie dentro del partido le va a discutir su derecho. Der Führer hat immer recht. Por si faltara algo, las ruedas que dicen que se movían para tentar la sucesión se han parado en seco después de aflorar el caso Acuamed, del cual los medios se han encargado de machacar que «afecta al número 3 de Soraya». Oli en un llum y aviso a navegantes. Los nombres de Feijóo y de Cifuentes, de momento, guardados en el cajón.

En Ferraz la cosa no anda mejor. Ya les decía que Pdr Snchz tira por un lado (presidente a todo trance, pactando con quien sea) y los barones por otro (no pactamos con el PP, que es el enemigo, pero tampoco con Podemos, que amenaza con fagocitarnos al igual que a IU). La vieja guardia, les decía también, ha querido dejar de ser un jarrón chino y decir algo. Posiblemente tengan razón; pero ni César Luena ni su jefe están para escuchar la voz de la experiencia, a pesar de haber horadado el suelo de Rubalcaba. Justamente eso les decía en la entrada anterior: qué raro suena que sea la vieja guardia socialista, la de Felipe, la que hoy no pinta gran cosa en el PSOE salvo como consejo de ancianos (en el peor sentido de la palabra), la que advierta de los peligros que acechan al candidato Snchz. Y todo ello poniendo cara de patriota nacional.

La situación es de enroque en ambos partidos. Para meter más presión, se emite un vídeo en televisión de origen desCNIonocido. En ese vídeo se ve a representantes tanto de Pablemos como de la CUP (aparece en él hasta Anna Gabriel, la egipcia) en el avión de Estado de presidencia de Venezuela. No sabemos qué negoci tiene la CUP con Maduro; pero el vídeo se emite con la clara intención de despejar dudas. Barrita el paquidermo venezolano y chillan los de aquí. También despeja dudas el comentario de uno de los periodistas que emite el video, Sandra Golpe: «Nos van a dar pero bien». Despeja dudas sobre el estado de la libertad de expresión cuando no se habla de los líos del mundo del petardeo (o del fúrbo) y se mete uno en lo que los partidos hacen cuando creen que nadie les ve.

En resumidas cuentas, la situación comienza a parecerse a la de Bélgica, que estuvo un año sin Gobierno porque flamencos y valones no se entendieron. Y a falta de otra cosa, las instituciones siguieron funcionando porque el Gobierno puede estar en funciones, pero la Administración no. A Dios gracias, hay unos presupuestos aprobados y eso, al menos, significa que hay acción de gobierno cuando menos, publicada. Mientras tanto y dado que nos obligan, habrá que estar pendientes de este circo, más allá de las apelaciones a la seriedad de algunos.

Circolegislatura

Con la mayor de las perezas me dispongo a abordar el asunto del circo que se ha montado en el panorama político nacional tras el 20-D y la rentrée en la vida política tras el período vacacional, que nuestros políticos todavía no se han atrevido a rebautizar como «vacaciones de invierno». Para más inri, es doblemente vacacional, porque los períodos de sesiones de las Cámaras son dos: de septiembre a diciembre y de febrero a junio. Luego sus señorías estarían aún de vacaciones cuando el resto del país ya hace rato que funciona.

Es un tiempo apasionante para los tertulianos: pueden decir cualquier barbaridad sin consecuencias acerca de lo que va a ocurrir en España en los próximos meses: «porque si el partido A pacta con el B, puede pasar esto. Y si el partido C pacta con el B y hace un arreglo con el A, pasará esto otro. Yo creo que…». Y venga a marear la perdiz. He perdido toda afición a las tertulias desde el momento en que supe que los tertulianos se imponían y se vetaban en la cadena X o Z, dependiendo del color político de la misma (viva la objetividad periodística y el artículo 20 de la muerta).

Pero partamos de donde hemos de partir: los resultados electorales. Vistos los cuales, no nos queda sino repetir algo fundamental, pero que a los trolls y los palmeros pro PP les sienta como a un vampiro el agua bendita: «Gana quien forma gobierno, no la lista más votada». Si al menos se leyesen la LOREG (Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General)… Vamos, que les reto a que encuentren un artículo de la LOREG en que se especifique que es la lista más votada la que gana. Pero no: la LOREG exige que, para ganar, uno haya obtenido la mayoría absoluta (es decir, al menos el 51% de los escaños, que no de votos). Y es extremadamente generosa respecto a la formación de pactos para llegar a esa mayoría, pero nada más.

A partir de esos resultados electorales, que demuestran de sobra que no ha ganado nadie, se mueven las maquinarias de los partidos alrededor del artículo 99 de la Constitución. Transcribo el primer párrafo del precepto porque ésa es la fase en la que estamos ahora:

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Antes de eso, no obstante, quiero referirme a un momento anterior: el de la constitución de las Cámaras. Esa fase previa nos ha deparado dos de los espectáculos más lamentables de la nueva legislatura (por ahora): la falta de respeto de los neocomunistas hacia la Cámara y el mercadeo de escaños entre formaciones políticas (que en algún caso ha fracasado y en otros no).

Es hasta cierto punto lógico que esos neocomunistas, que hablan del capitalismo como su mayor enemigo pero que no se descuelgan de su iPad 3 y su iPhone 6S («o sea, ¿saes cómo te digo, tía?»), no le tengan respeto alguno a la Cámara cuando aspiran a cerrar la barraca. Lo que les gustaría es que su Líder Brillante tomara el poder por medios legales e hiciera lo que hizo Hitler el 30 de marzo de 1933. Pero por ahora y gracias a Dios, no tienen aún el peso ni la masa crítica necesarios para llevar a cabo semejante proyecto. Para ser suficientemente progres y modernos, dejemos a un lado las cuestiones indumentarias y pediculares:


Éstos son los que se enfadan cuando uno les llama simplemente guarros y no «señorías» (uno se acostumbra rápidamente a lo bueno). Pero es lo de siempre: si al hemiciclo uno acude con rastas, un jersey, unos vaqueros y unas deportivas, no se le puede tomar por «señoría». Siendo benevolentes, habrá que tomarle por turista o así. Y sí, es una falta de respeto al recinto. Poco importa que fuera Celia Villacandycrush la que se lo afease, con lo mucho que tiene que callar. Cuestión de formas: antes los delincuentes iban de traje y ahora no se molestan en disimular. Nueva política, ya saben.

Igual falta de respeto mostraron en la jura del cargo. No podían limitarse a jurar defender la Constitución. Qué va. Tenían que dar el mítin:

—¿Jura o promete usted ejercer fielmente las obligaciones de su cargo, con lealtad a la Constitución y al Rey?

—Juro que… esteee… voy a trabajar para reformar y derogar la Constitución como expresión de la lucha de clases y de la dominación de la Iglesia, el Ejército y la burguesía sobre las empobrecidas clases trabajadoras por el capitalismo opresor de los mercados. (Pausa. Lo ha dicho prácticamente sin respirar). Ah… y otra cosa: ¡viva la Tercera República!

—Bueno, ¿pero jura o no?

—Eeeeeh…, sí, juro, juro.

«Ni de coña me pierdo el áipad, el áifon y la conexión gratis a Internet», piensa el imberbe y flamante padre de la patria.

En cuanto al mercadeo de escaños, ha ocurrido en la Cámara Alta. El PSOE ha cedido cuatro escaños para que los secesionistas, enemigos de España en tanto en cuanto quieren reventarla, puedan formar grupo parlamentario propio en vez de ser relegados al Tártaro del Grupo Mixto. Se ha levantado alguna vocecilla en contra, pero parece ser que el espadón de Mojácar ha hablado y ha sido como la Blasa: tós pa casa. Pero de eso hablaremos en la entrada siguiente.