“Libertad de explosión” (e IV)

Se plantea siempre el qué hacer, finalmente. En mi modesta opinión, Europa ha hecho todo lo que no se debe hacer: transigir, aceptar en su seno una fuerza capaz de destruirla y, sobre todo, ejecutar una conocida comedia al efecto de dar la impresión de que “se hace algo”, que es el caso de Bélgica: al parecer, va a mandar unos cuantos aviones a Irak “para lanzar unas bombas sobre posiciones del Daesh”. Pólvora en salvas.

Pienso, antes que nada, que el problema lo tenemos aquí. Y por aquí es por donde hemos de empezar a solucionarlo. Yo no digo que haya que tratar a todos los musulmanes como delincuentes, ni mucho menos. Pero no hemos de caer en ese buenismo idiota que profesan de todo corazón determinados grupos políticos. Tanta Europol y tanta Euromil… ¿de qué sirven? Todo el mundo quiere guardar bajo siete llaves sus propias cloacas, lo que a su vez provoca descoordinación e impide una respuesta global ante un terrorismo que no es local, sino también global, debilidad aprovechada por los terroristas. En este sentido, no puede haber barrios en Europa en los que la Policía no se atreva a entrar. Y me dan igual aquellos que cada vez que la Policía hace su trabajo berrean «¡Brutalidad policiaaaal!» y los liberales despistados que les hacen los coros diciendo: «¡Todas las costumbres son respetables!». Me da igual que me llamen «fascista represor»; pero entiendo que en facilitar la labor policial y judicial en este sentido nos va nuestra libertad y seguridad.

Todo ello hace que el caos administrativo sea un elemento más a aprovechar por los terroristas. Y lo que asusta, como decía yo en un comentario a una entrada anterior, es que España puede estar andando el mismo camino que Bélgica. Da la impresión de que hay muchos trabajando que así sea, ante un Gobierno que —ahora— se excusa en que «está en funciones» (curiosa manera de reconocer que la situación es completamente disfuncional). Sería terrible, decía yo, que se produjese un atentado islamista en España y que los terroristas, siquiera fuera de manera temporal, encontraran cobijo en Cataluña, donde hay por el orden de medio millón de musulmanes (gracias al Etern Gens Honorable y a sus continuadores) y no todos ellos contrarios a los «golpes de la Yihad». Igual que ocurrió en Molenbeek.

También hay un aspecto que es más complicado de detener, a estas alturas, a saber: las invasiones pacíficas. Sobre todo, cuando el resultado fácilmente puede ser éste:


Invasiones facilitadas por esos gobernantes memos que llevamos soportando desde hace decenios (no, no es tal o cual: han sido todos), en detrimento de los propios del país. Muchos Fluchtlinger musulmanes se han comportado como si el país de acogida fuese en realidad tierra conquistada; lo cual ha redundado en un gran cabreo en Francia (Front National), Alemania (Alternativ für Deutschland), Inglaterra (UKIP) o Finlandia (Verdaderos Finlandeses). Aparte de las naciones de tradición católica, pertenecientes al Imperio Austrohúngaro que también hablan directamente de invasión, señaladamente Hungría (Fidesz). El incremento de esas expectativas de voto de esos partidos ha “puesto de los nervios” a la eurocracia, que ha intentado incluso pagar a Turquía para que les hiciera el trabajo sucio. Aunque lo que quieren los turcos es entrar en la UE (gracias a Dios la UE conserva algo de sentido común y les ha dicho que no), que les den por la cara 6.000 millones de euros no les ha de desagradar.

Como punto final a esta larguísima exposición, déjenme decir un par de cositas. El respeto a las creencias individuales no puede estar por encima del respeto a las leyes civiles, que son para todos, creyentes o no. Los cristianos lo tenemos claro: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mc 12, 13-17). Los musulmanes quizá no tanto. A ellos les falta pasar por un Renacimiento y una Ilustración, como Europa, así como también una Guerra de los Treinta Años y una Revolución Francesa, que fue la que, después de mucha sangre (de nobles y religiosos, fundamentalmente y no pocos de ellos inocentes), consagró la separación entre Iglesia y Estado, algo que en Dar-al-Islam no se plantean ni por el forro. Ni “musulmanes moderados”, ni leches en vinagre. Tal y como algunos de ustedes habrán podido experimentar, la “moderación islámica” de algunos se acaba cuando son más de diez en un mismo sitio y además hay un clérigo que de entrada ya no es moderado. Hagan la prueba: echen un vistazo a aquellos países donde ellos mandan. Verán dónde queda esa “moderación islámica”.

Y a todos aquellos que no se integren, siempre les queda la solución de la puerta abierta. No pueden pretender hacer en nuestra casa lo que hacen en la suya. No podemos ser dhimmies en nuestro propio país, sólo porque tenemos unos gobernantes memos que no se atreven a obligarles a cumplir las leyes que son para todos, por miedo a las represalias. Y lo mismo podría decir de aquellos “europeos” que parecen estar diciendo: «Venga, que ya estáis tardando en invadirnos». Pueden irse todos al desierto, a tragar arena. En Europa no son bienvenidos. Y si creer esto me convierte en un neocruzado, como dice alguno por ahí, alabado sea Dios.

Libertad de explosión (III)

Nos faltaba por examinar la inoperancia de Europa, cosa que haremos en dos partes. O, más exactamente de la UE, que no es lo mismo que “Europa”. También dijimos en su momento que Bruselas fue responsable de la mal llamada crisis humanitaria al abrir sin más los brazos a los refugiados. No menos Angela Merkel, que se comprometió a acoger nada menos que a un millón de Fluchtlingern, como los llaman allí; medida que los gilipollas socialdemócratas, representados en la persona de un quídam que atiende por Falk Gebhardt, aplaudieron con las orejas justo antes de los hechos de Köln.

El buenismo idiota de la casta política europea (y de sus ramificaciones nacionales) ha llevado a decir que la cultura musulmana es “respetable”. ¿Respetable? ¿Es respetable someter a una mujer hasta límites inconcebibles, llegando al extremo de pegarla si hace falta? ¿Es “respetable” el hecho de que aplaudan el colgamiento de homosexuales en Irán (que aquí no practican porque no se les dejaría… aún)? ¿Es “respetable” practicar a las niñas la ablación genital (lo hacen en la UE, pero de extranjis porque saben que abiertamente no podrían?) Esto es lo que la merma entiende como “respetable”:


Como siempre, ¿qué tenemos enfrente, es decir, de nuestro lado? También como siempre, las redes sociales se han llenado de campanudas declaraciones de los políticos europeos, y los portadores de mecheritos están haciendo su agosto. “Tous sommes…“, ya saben. La UE no quiere darse por enterada de que le están haciendo la guerra. Ese pacifismo suicida que recorre el territorio de la UE del uno al otro confín. Es una táctica muy ensayada y muy eficaz: recuérdese a Miguel Ángel Blanco. La ola de ira que provocó su asesinato hizo que los etarras tuvieran miedo de salir a la calle. ¿Cómo se “calmó” esa ola de ira? Muy simple: en cuanto aparecieron las “manos blancas” (¿”manos blancas no ofenden”?) y los mecheritos, adjuntos a un argumentario del tipo “no somos iguales a ellos” y otras chorradas sentimentaloides. Lo que para ellos es la “señal” de que pueden seguir golpeando en el mismo sitio. Y lo que traducido a las circunstancias actuales es que hemos concedido a esos terroristas la “libertad de explosión”: no sólo de volarse ellos, sino y sobre todo, de llevarse a un buen puñado de infieles por delante. Qué democráticos somos, ¿verdad? Hasta permitimos que unos locos religiosos nos asesinen a bombazo limpio. Pero curiosamente, la culpa es de “las religiones”.

Ítem más: los ¿líderes? europeos no querrían ni por un momento que surgiese un Pierre d’Amiens que convocara a una Cruzada. Malísimo para sus negocios. Pas mal, mon ami! A los culs-gros de Bruselas les asusta tener que hacer su trabajo, una de cuyas facetas incluye el mantenimiento de la paz y la seguridad en el territorio europeo. Pero al mismo tiempo les asusta que surja alguien que, aunque no fuese al grito de Deus vult!, llamara a los europeos a defenderse de la invasión silenciosa musulmana.

Por eso, a alguien que sí podría y muy en serio, como Viktor Orbán, la eurocracia masónica de Bruselas y sus lacayos le persiguen con saña. No sólo por ser católico, que ya es anatema; sino por rebelarse ante el europeísmo de horchata promovido por Bruselas, que apenas encubre un ansia de esclavización. Quienes lo promueven saben perfectamente que mientras Europa siga siendo ejemplo histórico de valores humanos (aunque ya sólo sea “histórico” y no actual), siempre habrá posibilidad de resistencia. Y es peligrosísima —para los intereses de esa eurocracia masónica— una religión que proclama la dignidad esencial de la persona humana, frente a aquellos que quieren un “hombre nuevo” modelado a gusto del Estado (hombre-bonsai, sin duda). Es recomendable la lectura de 1984 a ese respecto. Por de pronto, ya han conseguido que la Iglesia (al menos en España) se dedique a contemporizar, en vez de defender vigorosamente sus principios cuando alguien los agrede. Delenda est Europa.

Libertad de explosión (II)

Pero hay más. Ya entonces les planteaba la cuestión de qué es lo que había en esa palabra “refugiados”, y si todos cabían en ella. Los hechos son tozudos y, al cabo del tiempo, demuestran que no todos son “refugiados”. También hay que considerar “migrantes económicos”, que no es que huyan de una guerra, sino que emigran hacia un porvenir mejor, como tantas veces hemos hecho los españoles.

Hasta aquí nada que objetar. Pero la prueba de que estas personas no son “refugiados” es que no les ha interesado ir a países como los emiratos árabes o Arabia Saudí (sunnitas), o a Irán (chiítas). En unos u otros hubieran podido establecerse en un medio conforme a sus creencias, sin más, contando además con la ventaja de la proximidad geográfica. Se vienen a Europa, con el concurso de las mafias de tráfico de personas, que habrán hecho su agosto y su diciembre también. Esto explica por qué a veces, cuando los han sacado en la televisión, han preguntado: «Merkel, ¿dónde estás?». Dato fundamental: la cifra de acogidos por esos países “presuntamente hermanos” es apenas el 5% del total. ¿Solidaridad? En fin.

Un segundo problema y no menor: un emigrante, tal y como lo conocemos, al ser acogido en un país se integra en sus tradiciones y costumbres. Lo han hecho desde siempre todos los que han venido de Europa: españoles, franceses, italianos, alemanes, judíos. No ha habido tensiones raciales por una razón fundamental: los emigrantes se han adaptado y aceptado cumplir las leyes de sus países de acogida. Pero éstos que vienen, que no son “refugiados”, sino migrantes económicos, se traen consigo unas costumbres que chocan frontalmente con los valores cristianos extendidos por toda Europa (por mucho que moleste a la banda rojomasónica). Lo peor: siguen considerando sus costumbres y su bárbara sharia por encima de las leyes del país de acogida. Y no sólo eso: desprecian también a los infieles que no tenemos la suerte de ser musulmanes como ellos. Es decir, básicamente no se integran.

Y no sólo no se integran, sino que además nosotros mismos les ayudamos a que no se integren. Declaraciones como las de Cameron (que tiene ese problema en casa, como ven) o gestos como éste de nuestro propio gobierno, no ayudan en nada. O los problemas derivados de la kafala musulmana, que exige que los padres que acojan al niño o sean ya musulmanes o se conviertan en todo caso. Si esto no es una violación flagrante de los derechos humanos y aún de los del niño… Naturalmente, la merma va a mencionar poco o nada estos detalles.

La guinda del pastel la pone el hecho —también comprobado— de que entre los «refugiados» se han colado, además de migrantes económicosterroristas de la Yihad. De ésos que toman al pie de la letra eso de que «el primer pilar del Islam es la guerra santa contra los infieles». Hecho que ha dejado en evidencia a todas las policías europeas, pues para éstos, al parecer, toda Europa ha sido espacio Schengen, con o sin control de fronteras.

“Libertad de explosión” (I)

Tomo prestada esta expresión de un tuit de Fernando Paz. Una más, aún. Colonia, París, Bruselas (dos veces)… El rosario empieza a hacerse interminable en los misterios de dolor. Las noticias son un tanto confusas, pero los hechos desnudos vuelven a poner sobre la palestra las cuestiones de siempre, que en mi opinión y en este momento son dos:

a) Las consecuencias de la “crisis humanitaria”.

b) La absoluta inoperancia de Europa.

Para ir por orden, un servidor se pronunció en esta serie y aquí sobre el primer tema en gran medida. Hoy no me cabe añadir más que aquellos que señalamos la incompatibilidad del Islam con los valores cristianos (al carajo el humanismo europeo de Cifuentes) somos tachados de “racistas” y de “xenófobos”, sin más conexión con la realidad que su propio animus iniuriandi. Quiero recordar dos párrafos del artículo de Mr. Voeten que explican bastante esa actitud:

Pero el factor más importante en Bélgica es la cultura de la negación. El debate político del país está dominado por una élite progresista complaciente, que cree firmemente que se puede diseñar y planificar una sociedad a medida. Los observadores que señalan verdades incómodas como el alto porcentaje de criminalidad entre los jóvenes marroquíes y las tendencias violentas en el Islam radical son acusados de ser propagandistas de la extrema derecha y son, por consiguiente, ninguneados y condenados al ostracismo.

 

Se intenta oponer a este debate un discurso paternalista en el cual los jóvenes musulmanes radicales se ven, sobre todo, como víctimas de la exclusión social y económica. A su vez, ellos interiorizan este marco de referencia, por supuesto, porque atrae la simpatía de los demás y les libera a ellos de la responsabilidad por sus propias acciones. El antiguo alcalde socialista de Molenbeek, Philippe Moureaux, que gobernó el barrio como su feudo particular entre 1992 y 2012, perfeccionó esta cultura de la negación y es en gran medida responsable del actual estado de cosas en el barrio.

El panorama, desgraciadamente, no es muy distinto en las Batuecas. De hecho, en toda Europa los gobiernos han decidido que el panorama sea el mismo. Del obispo húngaro que denunció la invasión no se sabe nada. Desaparecido. Ni siquiera en su momento se le prestó atención, salvo para tildar a la Iglesia de «retrógrada» e «insolidaria con los refugiados».

Con todo, lo que más llama la atención es que los que ahora prácticamente acusan de “xenófobos”, de “racistas” y de “insolidarios” a quienes decimos que esta “crisis” se ha gestionado de la peor manera posible (si es que realmente era una “crisis”), son los mismos que callaban como lo que ustedes se imaginan cuando el Daesh masacraba a los cristianos (¿tal vez haciendo el trabajo sucio que otros no querían hacer por no mancharse las manos?). Los cristianos no eran gente digna de ser salvada, al parecer.

La táctica del salami

Esta entrada está dedicada a Adela, con cariño

Ha escrito Alicia Delibes un artículo estupendo acerca de cómo el comunismo fue cercenando en un plazo razonablemente corto las libertades de los húngaros, y que lo mismo vale ahora para Venezuela. No me cabe duda de que Chávez, tras su golpe fallido, utilizó la misma técnica; si bien hay que notar que cuando surge el chavismo, Venezuela está sumida en una corrupción imposible de atajar por medios normales. Parece que con los garrotazos de Chávez ya nadie se acuerda del estado en que estaba Venezuela antes de él. Había un caldo de cultivo propicio, que terminó de formarse con la última presidencia de Carlos Andrés Pérez, alias CAP, con quienes algunos de los nuestros hicieron tan buenos negocios. Algunos creían entonces en Venezuela, como ahora en España otros, que el dinero podría seguir circulando pese a la corrupción y que habría para todos. El resto, como dice la frase consagrada, es historia. Pero quisiera ampliar un poco más la perspectiva.

El problema, como siempre es el contexto histórico previo que proporciona el éxito a esos regímenes totalitarios. En el caso de Alemania fue el marasmo económico en que la dejó la crisis de 1929, con seis millones de parados en 1930. La Rusia de 1917 está perdiendo la guerra europea y también cabe hablar de marasmo económico. Otro tanto se puede decir de la Italia de 1929. Y así, muchos otros ejemplos. Quedan para la historia también dos constantes: la sordina que se coloca a las voces sensatas que avisan de lo que viene por “derrotistas” o “agoreras” (síndrome de Casandra) y la aparición en escena de un hombre débil que entrega el poder a esos totalitarios. Papel que en Alemania cumplió von Papen al entregárselo a Hitler, y en Rusia, por citar otro ejemplo bien conocido, el liberal y (según parece, masón) Kerenski al no poder frenar el empuje de los bolcheviques.

Pero la táctica del salami no sólo ha sido útil en la transición de regímenes débiles a regímenes totalitarios. También lo ha sido en rebajar la calidad democrática del que en 1970 se llamaba mundo libre, hasta el punto de que hoy se puede hablar de la instauración o funcionamiento de democracias de baja intensidad en la práctica totalidad de ese mundo libre. Ocurre a nivel europeo y, por supuesto, también español. En 1970, Europa (y España, por mucho que los cenutrios de siempre lo nieguen) había alcanzado un nivel de bienestar sin precedentes en el mundo. De pronto, alguien debió pensar que aquello era demasiado bienestar, demasiada riqueza y demasiados derechos. Como hubieran dicho Les Luthiers, «¡Esa hormiguita está VIIIIIIVA! ¡Hay que matarla!». Y desde entonces hemos sufrido la palabra preferida de la izquierda española: recortes en todos los aspectos. Con el PSOE y con el PP, han sido una constante.

Fijémonos en un detalle. Yo no sé cómo estaría Alemania (occidental) en los 70. Pero me parece inconcebible que el Jugendamt (Entidad Pública de Protección de Menores, diríamos aquí) pueda prácticamente amenazar con la cárcel a una familia porque una hija suya de 14 años tiene miedo de ir al colegio debido a un tema de acoso escolar, sin que se les ocurra siquiera solucionar ese tema de acoso. Y todo porque la acosadora es lesbiana (al parecer ya sabe que lo es) y la acosada rechaza sus “requerimientos amorosos”. Lo normal sería separarlas para que tuvieran el menor contacto posible. Pero ni eso se plantean. Aun dejando aparte la posibilidad de que el famoso Jugendamt esté dirigido por personas emocionalmente taradas, considero esos hechos escandalosos. ¿Milagros de la socialdemocracia sueca o pervivencia de prácticas comunistas en la sociedad alemana?

La táctica del salami ha servido también para crear una sociedad que, tras una crisis provocada como voladura controlada de sistemas de derechos y libertades, berrea «¡Vivan las caenas!», jaleada por esos periodistas sometidos de los que habla D. Francisco Rubiales Moreno en su libro homónimo. Me horroriza pensar que puedan llegar a cumplirse estas palabras de Alexander Solzhenitsyn en 1975, que la intelligentsia comunista española de entonces declaró anatema (Juan Benet y otros), en una entrevista parcialmente reproducida aquí:

Rusia ha realizado un salto histórico. Rusia, por su experiencia social, se ha colocado muy por delante del mundo entero. No quiero decir con esto que sea un país adelantado: al revés, es un país de esclavos. Pero la experiencia que hemos vivido, las vicisitudes que hemos atravesado, nos coloca en la extraña situación de poder contemplar todo lo que pasa actualmente en Occidente en nuestro propio pasado, y prever el futuro de Occidente en nuestra presente situación actual. Todo cuanto ocurre aquí ya ha ocurrido en Rusia hace tiempo, hace muchos años. Es una perspectiva realmente de ciencia-ficción: estamos viviendo los hechos que están ocurriendo en Occidente hoy, y sin embargo, recordamos que esto mismo ya nos pasó hace muchísimo tiempo a nosotros.

No quiero imaginarme una Europa futura (y dentro de ésta, a España) sometida a los dictados de un totalitarismo comunista, aunque en ese momento no se le llame así.

Ofensiva “laicista”

Dado que ha pasado algún tiempo desde que escribí la última entrada y que los tiempos corren vertiginosamente hacia alguna parte, han pasado unas cuantas cosas y será necesario ir por orden.

Lo primero de todo, la más que esperable caradura de Rita-me-irrita. La concejala podemita ha dado la nota varias veces. La primera vez, entrando en la capilla de la Complutense berreando consignas anticatólicas (que no “laicistas”, como algunos pretenden). Y la segunda, negando en el juicio correspondiente haberlo hecho cuando está más que probado, grabado y fotografiado que esa tipa incurrió en el supuesto de hecho penado por el art. 525.1 del CP.

Lo mejor de la segunda parte ha sido, con todo, el tono con que lo ha negado. Uno la escucha y cree estar reviviendo la misma escena, pero ante la directora del colegio de monjas al que seguramente fue en su infancia, como si la hubieran pillado fumando en el lavabo: «No, no hice tal cosa». «No, no hice tal otra». Con la cabeza baja y la voz sumisa, como era la costumbre entonces. Y la Justicia, aplicando el Código Penal, le ha impuesto una pena de multa. Cuatro mil euritos del ala, que no van a suponer quebranto alguno para su partido, ya que reciben millones de Irán y de Venezuela. Bien es verdad que Belloch, el ministro bajo cuyo mandato se promulgó el pomposamente llamado «Código penal de la democracia», se preocupo muy mucho de que la multa fuera pequeñita. Así, contentos todos: el reo, porque no le iba a suponer un problema el pagarla y las acusaciones, porque así «se habría hecho justicia». Como siempre, sería interesante echar un vistazo al Derecho comparado; pero eso es algo que aquí a nadie se le pasa por la imaginación.

El espectáculo ha seguido aún más. Rita-me-irrita, en declaraciones posteriores al juicio, confundido interesadamente “libertad de expresión” con “infracción contenida en el Código Penal”. Doña Rojelia, que ya no es juez, recordemos, sino pensionista del Ministerio de Justicia, ha dicho poco menos que la sentencia era un atropello contra la “libertad de expresión”. Y Javier Barbero, el concejal que aplaude los escraches salvo cuando van dirigidos a él, definiéndose como “católico practicante” y diciendo que “él no se sentía ofendido”. Y la guinda para el final: Rita Maestre no dimite, después de haber afirmado categóricamente que si era imputada o condenada, iba a hacerlo.

Esta gentuza no tiene ningún sentido de la medida ni del ridículo. Lo mismo que esos católicos despistaos que andan de podemitas. No tengo noticia de que se hayan manifestado en contra de Rita-me-irrita. Ni tampoco contra la ofensiva laicista rampante y promovida hoy ya desde instancias oficiales.

Más aún. Ya denunciábamos en este blog el Padrenuestro blasfemo de Dolors Miquel, que queriéndole dar un toque “feminista” se pasó como cien pueblos. Ahora hay más: los alcaldes y concejales podemitas dejan de subvencionar tradiciones simplemente porque son católicas. Digamos que no me parece mal que el presidente de la Generalitat Valenciana felicite el Ramadán a los musulmanes, siempre que haga lo propio con los católicos valencianos, para los cuales también gobierna, por si no se ha enterado aún. Pero no sólo ocurren cosas en Valencia. En Cádiz, en Zaragoza…

Lo lamentable de todo es, como les vengo diciendo desde hace mucho, que enfrente no hay nadie. El PP está enfrascado en la geshtión y esto, naturalmente, son “cosas menores”. A ellos les está bien, porque todos los meses cuentan dinero. Pueden, como Mariano, decir que eso no va con ellos y acudir todos los jueves a la tenida. Pero para mucha otra gente cuya realidad no es precisamente el dinero, sino estirar el cumquibus para que alcance a fin de mes, lo que les queda son las tradiciones. Y por mucho que las pretendan sustituir con el fúrbo (“al pueblo le basta con unos ídolos a los que adorar”: clasistas de mierda), nada hay comparable a la emoción de las procesiones de Semana Santa en las distintas ciudades de España: Sevilla, Murcia, Valladolid… Cualquiera de ellas tiene una belleza plástica inigualable, que ningún de esos cenutrios tiene derecho a hurtar al pueblo.

Señor Kichi, señora Rita Maestre y demás pelabaudios: si no les gusta la Semana Santa, cojan el coche, lárguense (con cargo a su presupuesto, no al erario público) y no vuelvan en toda la Semana Santa. Nadie los necesita.

Sin calificativos (y III)

Pero en el intermedio también han sucedido otras cosas no menos curiosas. En primer lugar, la presión sobre Mariano se acentúa: toda esta corrupción del PP que sale ahora en los medios parece que lo hace a la orden. Por poner un ejemplo y como ya me pregunté en otra entrada: ¿desde cuándo sabían en Génova, 13, lo que ocurría en la Comunidad de Madrid, es decir, la Púnica y otras guarreridas? La investigación policial nos dice que la trama comienza a actuar en 2003; por lo que cuesta creer que en trece años no supieran nada en la famosa planta noble. Y ahora aparece toda esa porquería. Lo cual se resume en lo siguiente: Mariano todavía cosecha adhesiones inquebrantables, pero ya hay voces que hablan de sustituirle como candidato para las próximas elecciones, que si se cumple el pronóstico van a ser el 26 de junio.

Por si faltara algo, Mariano sigue cabreadísimo con el Rey porque éste, tras el previsible fracaso del pacto de los hermanos Marx, no le ha vuelto a encargar la formación de Gobierno. Algo que con 123 diputados no puede hacer y, además, porque los demás partidos podrían estar interesados en pactar con el PP… pero sin Mariano. Por lo tanto, como diría Lenin, Mariano no es parte de la solución, sino del problema. Como represalia, se ha dedicado —naturalmente, por persona interpuesta, que es como se hacen estas cosas— a enredar en el caso Nóos, que sienta en el banquillo a la hermana del Rey y a su marido, el ex-duque Engatillado. Ahora todos los encausados dicen, después de haber dicho que «el tejemaneje lo llevaba uno de ellos (Torres)» y que «no sabían nada de nada», que «la Casa Real» (sic) sabía y consentía», lo que es bastante falso, si no del todo, y habrá que deslindar los matices (las acusaciones al por mayor es lo que tienen).

No creo que a Mariano le salga bien la estrategia del ventilador. Entre otras razones, porque el Rey sabe que su mayor activo es la honradez a carta cabal, por mucho que algunos, con sorna, le llamen El Preparao (también a su padre el asesino Carrillo le llamaba con la misma sorna El Breve… y lo hemos aguantado tantos años como a Franco). Por ello, lo último que le interesa es verse pringado y lo que hace es mantenerse dentro de la ortodoxia constitucional más estricta. Lo cual enrabia lo indecible a Mariano, por supuesto, porque le pone en la posición del chiste: pacto (susto) o elecciones (muerte), cuando él querría, more suo, no tener que hacer nada y dejar que las cosas se pudrieran por sí solas.

Lo malo es que en la parte contratante de la segunda parte contratante (enorme doblaje de José María Ovies) estamos en las mismas: Mariano no quiere ni oír hablar (por lo menos, de puertas para afuera) de pactar con Pdr Snchz. Ni Grosse Koalition, ni pepinos en salmuera, oigan. Ni siquiera para sacar a España del atolladero institucional en que está metida aunque ésa fuera la única solución. Más aún: Susana sigue afilando la navaja cabritera, unos días más despacio y otros más deprisa, mientras quiere promocionarse como «valedora de la unidad de España» (no hemos oído que contestara a Carme(n) Chacón, cuando dijo que el pacto con C’s «llevaba implícito un referéndum para la independencia»… pero bueno, hagamos como que la creemos).

Menos mal que la Administración funciona porque se aprobaron a tiempo los Presupuestos Generales del Estado. El pueblo (hoy Lagente), ni está, ni se le espera. Como de costumbre, en esta especie de democracia que algunos dicen que tenemos.

Sin calificativos (II)

Continúa la tramoya nacional sin descanso. Recordemos que Mariano estaba cabreadísimo porque el Rey, cumpliendo con su función constitucional, ofreció la formación de Gobierno al segundo de la lista. Mariano debió pensar après moi, des elections. Aparte, Mariano es rencoroso y no se olvida de que Pdr Snchz le tildó de «indecente» en el debate preelectoral —dejemos aparte si tenía objetivamente razón o no—. Y el Rey, a su vez, estaba cabreadísimo porque a Mariano se le escapó que iba a haber elecciones el 26 de junio, como le dijo al premier británico Cameron.

Pues nada, allá que va el espadón de Mojácar a la investidura… que al final se transformó en embestidura. El morlaco le pasó por encima como un trolebús. Ni siquiera le sirvió el contrato de los Marx que firmó con Ciudadanos. En cuanto a Pablo Iglesias, su reacción recuerda a la frase aquella del poeta y dramaturgo inglés William Congreve: «El cielo no conoce rabia como la del amor convertido en despecho, ni el infierno furia como la de una mujer despechada» (Heaven hath no rage like love to hatred turned, nor hell a fury like a woman scorned).

Que, por si faltara algo, ahora le han salido unos granos en salva sea la parte. El primero de ellos, la pregunta del millón: ¿quiere seguir siendo una asociación estudiantil universitaria, en la que el voto se riega con toda la cerveza que uno pueda trasegar, o convertirse en un partido institucional, como el PSUV, y de paso convertirse en casta (¡horror!)? El becario black se pelea con su jefe por el control del magma podemita. Cúmplese así aquella retorcida afirmación de Giulio Andreotti (tomada del francés Talleyrand): «Il potere logora chi non ce l’ha».

Pero vamos por partes. La Constitución exige que haya una primera votación de investidura, cuyo quórum es de mayoría absoluta (51% de los escaños). Tuvo lugar el 2 de marzo y Pdr Snchz no la superó. En ese caso la Constitución, apostando por la seguridad institucional, permite aún una segunda votación, si bien esta vez se necesita únicamente mayoría simple (más síes que noes). Los despechados Mariano y Pablo juntaron armas y el pobre Pdr Snchz quedó más arrugado que un churro mojado en café. Y ello a pesar de que a todos (menos al PP) les prometió lo que querían oír: a los unos, la independencia; a los otros, un programa de progreso (¿qué es “progreso”? ¿Avanzar… hasta 1917? Tengan ustedes una de abusos verbales). Y es que en el intermedio todos se han dedicado a hacer campaña: hasta el pico (bec, en catalán) soviético de Pablo con el diputado catalán no es más que otra pista de por dónde irían los tiros si llegáramos a ese gobierno de progreso.