Campanudos

Muy campanudos se van a poner algunos el resto de la semana con el XL aniversario de las primeras elecciones libres que en España hubo. Pero no se llamen a engaño: muchas de esas personas defienden únicamente su trozo de pan o el que se comieron en aquellos entonces si ya tienen una edad provecta. En lo que a mí respecta, disculpen que no me apunte a los fastos oficiales.

Quizá lo único bueno de aquel año 1977 fue el hecho de que se había acabado con el franquismo y sus posibles continuaciones sin disparar un solo tiro. Y que a partir de ahí, sólo quedaba la ilusión de empezar de cero, porque en España, en materia política, estaba todo por hacer. El pacto entre las élites franquistas y las izquierdas que volvieron con el bagaje de «cien años de honradez… y cuarenta de vacaciones» es lo que posibilitó aquel «tiempo nuevo», que dicen hoy los pedantes.

A este respecto les recomendaría un libro, que no es una enmienda a la totalidad del régimen del 78 sino un listado bastante completo de sus vicios y defectos ab origine, que no todo el mundo se ha entretenido en enumerar: España sin democracia, del profesor Jesús Neira Rodríguez. Un profesor de Ciencias Políticas aclamado primero como un héroe por intentar defender a una señorita de los presuntos tortazos de su novio y que por ello recibió una paliza que lo mandó al hospital… y luego apuñalado de la forma más vil porque con su quehacer público molestó a tirios y troyanos. Los que manejaban los hilos empezaron a decir: «O nos quitamos a éste de encima o nos desmonta la barraca». Y lo apartaron de un plumazo. Aquí tienen un resumen de los principales temas del libro si quieren una previsualización, que se dice ahora.

Yo terminé de leer ese libro y quedé muy escéptico de todo lo que nos han vendido estos años. De hecho y para mí, el símbolo más claro de que hay un conjunto de manejos que sostienen la tramoya fue la abdicación por la puerta de atrás del Rey emérito, el 2 de junio de 2014. Los high five del régimen decidieron que, por sus pifias y su imagen deteriorada, ya no les servía de pantalla. Y se lo quitaron también de un plumazo, poniendo en su lugar al rey actual; sí, a ése que muchos con sorna llaman El Preparao y que, de momento y que se sepa, no se ha salido del papel institucional que le marca la Constitución.

Yo sigo en mis trece y sigo enunciando mi tesis. La democracia que tuvimos en España duró apenas cuatro años: los que van desde la fecha que conmemoramos hoy hasta el 23-F, que hoy sabemos que fue un real artilugio para limpiar de fascistas y nostálgicos del franquismo las FAS (luego Serra el Grande redondeó la faena). Después ya vino Felipe González y la casta política se afanó en construir el mecanismo de saqueo organizado del Estado y la colonización del frondoso árbol de la Administración añadiendo el ramaje autonómico. Ya no quedó tiempo para la nostalgia: élites nacionales, regionales, locales… todas al mismo son:


Quizá quienes tengan algo que celebrar hoy son los que chuparon y chupan del bote. Los demás, acaso lamentar que hoy hace cuarenta años hubo la oportunidad de crear una democracia verdadera y se desaprovechó miserablemente, tanto por intereses de dentro como de fuera del país.

Palabras sobre Ignacio Echeverría

Ya llevamos varios días hablando del héroe de la semana, que no es otro que Ignacio Echeverría. Me van a perdonar que no me una al discursito oficial de lo «héroe» que fue y que constate, como dijo cierta vez Rub-al-Kaaba, que «en España enterramos de puta madre». El discursito oficial pone el énfasis en su comportamiento individual y tal y cual. Mecheritos y velitas durante una semana en el telediario (en este caso «homenaje de telediario», que no «pena de telediario») y ya está.

Ignacio Echeverría es un «héroe» loado más allá de lo debido, porque en primer lugar, no ha hecho otra cosa que ponernos frente a nuestra propia cobardía en una situación semejante. Un héroe es el que «hace lo correcto» y no se lo piensa dos veces. Ignacio se abalanzó sobre unos terroristas para proteger a una mujer y éstos le cosieron a puñaladas. Resultado lamentable, pero acción correcta, después de todo. No menos lamentable es que hacer lo correcto se haya convertido en «heroico», cuando debería ser lo normal. Pero tiene su lógica: allí donde los unos se dedican a robar a los otros conforme a un escalafón —sociedad enferma—, el «heroísmo» no tiene cabida. Todo lo más, tienen cabida los panegiristas de tres al cuarto y el egoísmo del resto que piensa «menos mal que no me ha tocado a mí».

Tampoco voy a caer en un ejercicio de causalidad, conforme al cual el culpable de un adulterio podría ser hasta el carpintero que construyó la cama en la que el adulterio se consumó. No es un gran consuelo decir: «¡Ah, si el Gobierno inglés hubiera sido más valiente con los yihadistas, Ignacio viviría ahora!». En algún momento habremos de dejar los mecheritos, los panegíricos y las lágrimas de cocodrilo y tomar medidas serias para que esto no vuelva a ocurrir; pero las culpas, en su momento y ante quien corresponda.

En lo que sí me voy a centrar es en un aspecto: en el pudor estúpido de la prensa y los medios —con las debidas excepciones— en escamotear una parte importante de la verdad: Ignacio Echeverría era un muchacho católico que creció en una familia católica, que a su vez sólo pudo enseñarle valores católicos. Ignacio no actuó con ese «valor cívico republicano» al que parecen referirse algunos cuando hablan de su «acción valerosa» y piden hasta una calle para él. Simplemente por ser católico y haber aprendido en su familia, con sus padres y hermanos, el superior valor de la vida humana, se abalanzó sobre esos asesinos para proteger a esa mujer. Me duele que ni siquiera la Iglesia haya alzado la voz para subrayar esta verdad; y con esta campaña de sombreado que se le hace desde el poder, peor están las cosas.

Visbilidad para algunos, entre otros los lobbies gay y feminazi, que estarían llorando a «uno de los suyos» caso de que Ignacio hubiera sido de la acera de enfrente (si David Delfín no hubiera sido homosexual no hubiera habido tantas manifestaciones de duelo como hubo en redes sociales). Eclipse y sombreado para quienes no comulgamos con el discurso oficial, simplemente porque defendemos la vida y no somos ni chorizos ni cobardes, como nuestros presuntos líderes políticos.

Tal vez sea mejor así. Ignacio no se merece que lo «paseen» para tranquilizar la conciencia de algunos que no hacen lo que deberían y/o hacen lo que no deberían. Y de los que no hubieran hecho lo mismo que él y en el fondo de su corazón lo saben, aunque de labios afuera se llenen de palabras bonitas.

Necesitamos héroes vivos, héroes que nos impulsen a la acción y a mejorar nuestras condiciones de vida material y espiritual. Los héroes muertos, y particularmente en España, se entierran solos.

Macron (I)

Monsieur Le Président

A riesgo de parecer… bueno, lo que ustedes quieran, desconfío por sistema de un candidato en unas elecciones que es apoyado públicamente al mismo tiempo por la Logia y por la morisma. Más todavía si es un candidato casi sin partido ni programa, que en siete meses ha conseguido encaramarse al poder absoluto, cual petit Napoléon. Lo cual es la prueba, al menos en Francia, de que los mítines ya no son necesarios: basta que uno salga por la televisión un número suficiente de veces y que «dé bien», como dicen los profesionales de la cosa, y ya es candidato a lo que sea que se presente. Tout pour la image, podríamos decir.

En España vamos con retraso respecto de eso. Los fieles todavía van a la misa, aunque el descreimiento general va creciendo. Ya no funciona aquello de Hitler de «(…) ordeno a todos que vayan a los mítines, donde se vuelven parte de la masa, les guste o no, tanto los «intelectuales» y burgueses como los trabajadores. Yo me mezclo con el pueblo, y sólo hablo con ellos como masa». El Gran Hermano televisivo permite reproducir la emoción del mítin muchas veces y por eso sale a cuenta. Y por eso, como decía Federico no hace muchos días, si a Podemos se le quitan todas las cadenas en las que sus gerifaltes mueven el rabo con toda libertad, en cuatro meses la intención de voto caería a la mitad.

Otra cosa es el obsceno espectáculo que han ofrecido los medios, tomando partido (con las debidas excepciones) descaradamente y sin objetividad alguna por Macron. Incluso el diario ABC se ha prestado a ello. No les ha faltado más que llamar «nazi» all’zugleich a Marine Le Pen. No menos obscena ha sido la catarata de parabienes recibida por ese hombre una vez el escrutinio terminó y se supo que éste era el vencedor. Sobre todo, les propongo que hagan este ejercicio: sustituyan, en los titulares de todos los periódicos «Europa» por «Unión Europea», que son concetos distintos. Verán cómo la percepción cambia y se acerca más a la verdad. En otra próxima entrada discutiremos esa diferencia.

Finalmente y para esta primera entrada de la serie, tomo este dato: la abstención ha sido del 60%. De lo cual se deduce, claramente, que ha ganado le parti de l’abstention. Sin embargo, la maquinaria sigue, porque en ningún país se ha establecido un número mínimo de votantes para que el resultado de las elecciones sea representativo y legítimo. Es decir, que aunque votara el 10% del censo, se aplicarían los porcentajes y listo. La legitimidad de origen da igual en todas partes y a nadie se le caería la cara de vergüenza si tal cosa sucediese.

20 de abril (y II)

Continuando con la entrada anterior, podríamos remedar el comunicado que el 1 de abril de 1939 Franco hizo circular para decir que la guerra había terminado…


Situémonos ahora en el día 24 de abril de 2017 y digamos algo parecido a esto: «En el día de hoy, cautivas y desarmadas las fuerzas liberales y conservadoras, la facción progresista ha alcanzado sus últimos objetivos militares. LA GUERRA HA TERMINADO. El Presidente, Rajoy».

En esta fecha, hace unos días ya, veíamos cómo Esperanza Aguirre dimitía de todo o, más bien, de lo único que le quedaba: de concejala del Ayuntamiento de Madrid y, sobre todo de su posición de icono de cierta derecha que ahora mismo está replegada o lleva huyendo en desbandada por lo menos desde 2012 (desde que Esperanza dimitió como Presidenta de la CAM).

Como dice el anuncio, «permítanme que insista». Un servidor no termina de entender que, después de tantos avisos, Esperanza Aguirre se negara absolutamente a dar oídos a quienes le hablaban de las pifias de Paquito Granados o Nachete González, y a investigar siquiera un poquito. Consecuencia de lo cual, puede que en el gran juicio final del caso Lezo (vergüenza tendría que darle al policía que bautizó ese caso de delincuencia de cuello blanco con el nombre de uno de nuestros más insignes marinos. A nuestros cargos políticos y altos cargos funcionariales no se les caen los anillos al suelo por enmierdar la memoria de nuestros héroes), puede que no estén todos los que son.

De cualquier modo y a toro pasado, parece una estrategia de manual de cómo llevarse por delante a un rival o a un subordinado molesto:

a) Si es un corrupto, bastará con sacarle alguna pifia. Que es lo que intentaron al hacer pública la declaración de la renta de Aguirre: la campaña de descrédito, el mismo instrumento que usaron exitosamente contra María San Gil. No tanto con Esperanza, porque pese a las zancadillas de su propio partido salió de jefa de la oposición municipal (relegarla a la arena municipal ya fue un golpe duro). Del descubrimiento y revelación de secretos (197 CP) que se hubiera podido imputar al que facilitó la declaración de la renta nunca más se supo.

b) Si no lo es, hay que rodearle de corruptos y luego sacar las pifias de éstos. Se ha ido tirando del hilo y ha resultado que la única que —en principio— no estaba pringada era ella. Les ha quedado el consuelo de que ella reconociese, llorosa, su culpa in vigilando. Pero por encima de todo, consiguieron visibilizar su situación como insostenible y aún otra cosa: que saliera vergonzosamente por la puerta de atrás. «De cine», que hubiera podido decir Mauricio Casals.

La guerra ha terminado. Muy bien. ¿Qué es lo que queda en pie en el PP de Madrid, una vez laminado todo vestigio de la época de Aznar? Poco. Un PP genuflexo ante los postulados del vacío progresismo socialdemócrata, hacia el cual camina con acrisolado fervor y esforzado denuedo. Si es que uno ni sabe por qué lo siguen llamando «la derecha», cuando todo lo que oliese a «derechismo» ha sido barrido completamente (llevaban desde 2008 en ello y ya por fin lo han conseguido). Que Pedro Sánchez y otros en la pesoe hablen aún de «hay que ganar a la derecha» sólo puede significar dos cosas: o que son estúpidos o que toman por estúpidos a quienes les dan oídos.

Para quien quiera entenderlo: lo que ha ocurrido en Madrid, además de una emocionante escena de liquidación política de una persona, ha sido la visibilización del hecho de que la distinción izquierda/derecha ha saltado por los aires. Rajoy ha conseguido que hasta un troll desorejado como Ruby Marmolejo se plantee seriamente votarle, en caso de que condescendiera a leer su programa.

Hoy el PP y especialmente el de Madrid «progresa adecuadamente» hacia la ruina política. De entrada, por algo tan «fascista» como impedir que unos ciudadanos se manifiesten contra la ideología de género montados en un autobús. Y por otras leyes que han aprobado que, a quienes votamos al que en otro tiempo fue el partido que nos representaba, nos hiela la sangre. Eso sí, con el marchamo de calidad LGTB, que hoy es lo que parece preocuparle a Cifuentes y por ende, a Génova 13.

La desgracia de España es que nos gobiernan políticos, mientras que los estadistas batuecos piensan, idean y planifican contra España.

20 de abril (I)

Las casualidades las carga el diablo; y en política, que no existen, mucho más. Ha querido, pues, la casualidad, que el PP de Madrid estallara un 20 de abril. La referencia a Celtas Cortos es inevitable…

Ya no queda casi nadie de los de antes

y los que hay han cambiado…

Un servidor quitaría el «casi» porque Esperanza Aguirre acaba de dimitir como concejal. El cerco sobre ella empezó a cerrarse el 17 de septiembre de 2012, cuando dimitió (o fue cesada y lo hicieron pasar como dimisión) de la presidencia de la CAM y colocaron a su brillante segundo, el hoy recluso Ignacio González, que viene a engrosar la nómina de altos cargos del PP madrileño a la sombra, junto a Paquito Granados y otros. Y otros que han sido pero que al lograr «un pacto con el Fiscal» se van de rositas.

Al margen de otras consideraciones que puedan hacerse, hay una que para mí es evidente: ha saltado por los aires la doctrina en boga en el PP de que «Todo el mundo quiere vivir muy bien. Y en política uno puede hacer de todo siempre que no le pillen. Eso sí, si te pillan nadie te va a conocer». El problema en Madrid es que la hipótesis más benevolente deja a Esperanza Aguirre como una idiota que no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor. Por ello, un servidor piensa: una persona como Aguirre, de su edad y experiencia, sabiendo que la política es —desgraciadamente— oficio de tiburones, ¿cómo pudo estar rodeada de tantos pringados sin enterarse?

Y así, le asaltan a uno las dudas: ¿no sería que ella también conoció y consintió, aunque no metiera la mano en el cesto? Las lágrimas que dejó caer hace un par de días, así como las que dejó caer cuando la dimitieron de presidencia del PP parecen cada vez más de cocodrilo. Mucho más significativa es la frase de Ignacio González: «Este marrón no me lo voy a comer yo solo». Veremos si tira de la manta y a cuántos se va a llevar por delante al hacerlo. Mientras tanto, Aguirre y él, cada uno por su lado, pueden ponerse a recordar «aquella noche en la cabaña del Turmo (pongan ustedes cualquier chalet en la Moraleja o restaurante 5T)» y «las risas que nos echábamos todos juntos»…


Hoy exhala Génova, 13 un perfume cadavérico. El PP parece una de esas salas multicines. En una de ellas se está proyectando Der Untergang. En la otra, Kill Bill y Sé lo que hicisteis el último verano a días alternos…

Por qué han matado al padre

Artículo de José Javier Esparza publicado en el desaparecido semanario ALBA (Intereconomía) en 2012.

Este texto recoge lo esencial de la ponencia presentada al Congreso Mundial de Familias el 27 de mayo de 2012 y fue publicado después en el semanario ALBA el 1 de junio de ese mismo año. Como algún fiel lector me ha pedido que lo recupere, lo hago.

En la civilización materialista avanzada que hemos construido, la figura del padre sobra. Y no sólo sobra, sino que es sistemáticamente vejada, socavada, escarnecida y, finalmente, destruida por el discurso oficial. Basta pensar en la imagen del padre que aparece, por ejemplo, en las series de animación para niños y para adultos: un tipo primario, tosco, carente de toda calidad personal, absurdamente vago o, cuando no, neciamente absorbido por su trabajo, y siempre, en todos los casos, poco ejemplar, es decir, alguien a quien no se puede tomar como modelo de nada. Y este es el drama, porque hasta no hace mucho tiempo el padre, en el ámbito familiar y social, tenía precisamente por función servir de modelo.

Bien, ¿qué ha pasado? ¿Acaso los humanos contemporáneos hemos visto súbitamente la luz y hemos descubierto que el padre merece morir? No, no es eso lo que ha pasado. Ni esto es tampoco un fenómeno casual. Al revés, estamos ante un fenómeno deliberado. La destrucción de la figura del padre es un viejo propósito de todas las ideologías que desde el último siglo están intentando derribar los últimos vestigios de la sociedad tradicional, natural, para edificar una sociedad nueva, esa sociedad de tipo nihilista que hoy se extiende por todas partes. La destrucción de la figura del padre es uno de los pasos fundamentales de la ingeniería social autodenominada «progresista» y de la ideología «de género».

¿Cómo se ha llevado a cabo este proceso ideológico? Por dos vías. Por una parte, traduciendo a términos de lucha de clases la relación hombre-mujer, donde al hombre, al padre, le toca el desagradable papel de patrono explotador. Al mismo tiempo, haciendo una lectura estrictamente política del mito freudiano de la muerte del padre, de tal manera que exterminar al padre se convierte en paso ineludible para la libertad. Para quien lo haya olvidado, recordaré que Freud, en Tótem y tabú, describe el nacimiento de la civilización mediante un proceso de este género: en una imaginaria horda primitiva, un tiránico viejo macho disfruta de las mujeres y los bienes materiales imponiendo su despótica voluntad sobre los machos jóvenes; un día, sin embargo, los jóvenes se conjuran, dan muerte al viejo macho y devoran ritualmente su cuerpo en un banquete caníbal. Por eso, para ser libre, hay que matar al padre.

Es muy interesante esto de la muerte del padre en Freud, porque demuestra hasta qué punto estamos ante una gigantesca estafa intelectual. Como en tantas otras cosas, Freud coge un hecho antropológico y lo retuerce hasta convertirlo en aniquilación del alma humana. Porque en realidad el hombre, en su crecimiento personal, ha de liberarse de la figura paterna, sí, pero no para destruirla, sino para convertirse en padre a su vez. Es precisamente eso lo que asegura la transmisión de los linajes. Hasta hoy. Hoy está apareciendo ya una generación que ignora para qué sirve un padre. Más aún: una generación educada en la convicción de que la figura del padre es algo intrínsecamente negativo. Las consecuencias no se están haciendo esperar. Yo estoy convencido de que males sociales objetivos como la reducción drástica de la natalidad, el maltrato doméstico o la desorientación de los más pequeños están directamente relacionados con este hecho. ¿Y al menos hemos conseguido ser más libres? No. Y aquí es donde está la clave del asunto.

Como en tantas otras cosas, hoy ya hemos visto a la alimaña debajo de la piel de cordero. El objetivo final de este proceso de muerte del padre no es liberar a los mujeres de la explotación ni liberar a los jóvenes de la presión paterna. No. El objetivo es sustituir la función del padre por otra cosa. El objetivo es sustituir la autoridad paterna por el poder del Estado, del Mercado, del Sistema. Ya no será el padre quien proponga al hijo un modo de vida. Ahora será el Estado el que imponga al hijo un modo de pensar, será el Mercado quien imponga al hijo un modo de consumir, será el Sistema quien imponga al hijo un modo de vivir. Esto no es una amenaza de Casandra; esto lo estamos viendo ya a nuestro alrededor y lo vivimos todos los días en nuestras propias familias.

Por sorprendente que parezca, hay gente que considera que esto es bueno. Si manda el Estado en vez del padre, será más fácil construir una democracia. Por ejemplo. Si manda el Mercado en vez del padre, será más próspera la economía. Por ejemplo. Son argumentos que subyacen en las posiciones de quienes defienden asignaturas adoctrinadoras en la enseñanza o pautas de consumo emancipadas en los jóvenes. Y a lo mejor tienen razón. El problema es que si entregamos nuestras vidas al Estado y al Mercado, corremos el grave riesgo de perder nuestra libertad, porque nadie sabe qué rostro hay detrás de estos nombres tan rimbombantes. Esto ya sería suficiente para rebelarse. Pero es que hay un peligro aún mayor, y es el siguiente: si sustituimos al padre y a la madre por el Estado y el Mercado, estaremos yendo contra la naturaleza humana. Y esto es mucho peor, porque ir contra la naturaleza sólo conduce al desastre y al caos. Y sobre la pérdida de libertad se añadirá la demencia colectiva. Hoy no estamos lejos de ese punto.

Frente a esta situación, es urgente reivindicar la figura del padre. Una figura que encarna cosas muy simples: ordenación y ley. Donde la figura de la madre encarna el amor y la ternura, la del padre debe encarnar el deber, el orden, lo que hay que hacer para que la sociedad funcione. Por decirlo en términos muy simples: la madre cría al hijo y el padre lo orienta a la vida adulta. Eso no quiere decir que el padre no ame, al revés: nada de eso funciona sin amor. Pero sí quiere decir que la madre tiene una función y el padre tiene otra. Que el papá no puede ser una mamá suplementaria ni un colega del hijo.

Esta diferencia de funciones –padre y madre- no es algo que nos hayamos inventado nosotros ni es una ideología ni una religión. Es algo que está en nuestra naturaleza y que se deriva de nuestra propia condición de hombre y de mujer. Las mujeres y los hombres, iguales en muchas cosas, somos distintos en muchas otras; esa diferencia no nos hace enemigos, sino complementarios, y sobre esa complementariedad descansa no ya la civilización –que también—, sino la supervivencia de la especie humana.

Como mujer y hombre somos distintos, también es distinta nuestra proyección personal sobre la vida familiar y social. Y por un elemental hecho de la naturaleza, la mujer se proyecta como madre y el hombre se proyecta como padre. Esto no tiene nada que ver con las estructuras de producción ni con las peculiaridades étnicas, porque ocurre en todas las sociedades y en todos los tiempos, sino que es, insisto, un hecho de naturaleza, es decir, pura antropología. Sencillamente, los humanos somos así.

Hoy vivimos en la primera sociedad materialista de todos los tiempos, y también en la sociedad más artificial de la Historia. Los resultados están a la vista. La deshumanización de nuestras sociedades es un hecho. Por eso creo que ha llegado el momento de plantear con fuerza el rescate de la figura del padre como uno de los objetivos fundamentales de la regeneración social.

Nos han impuesto una sociedad sin columna vertebral. En vez de columna, han colocado una prótesis fabricada con una turbia mezcla de intereses económicos y políticos envuelta en un barniz de ideología igualitaria. Pero esa prótesis termina contaminando a todo el cuerpo. Hoy es preciso extirpar esa prótesis postiza y en su lugar poner de nuevo la columna vertebral de verdad. Recuperar la figura del padre, todo lo adaptada a los tiempos que se quiera, es un paso esencial de esta cirugía de reconstrucción. No hay un minuto que perder.

Paráfrasis de Niemöller

Original aquí.

Cuando la inquisición de género acosó a la profesora Alicia Rubio,
yo no dije nada.
No era Alicia Rubio.

Cuando la inquisición de género adoctrinó a los niños en las escuelas,
yo no dije nada.
No tenía hijos.

Cuando la inquisición de género llamó «maltratadores» a los provida,
yo no dije nada.
No era provida.

Cuando la inquisición de género convirtió las denuncias falsas en un negocio,
yo no dije nada.
No me habían denunciado.

Cuando la inquisición de género linchó a dos actores por elogiar la belleza de una actriz,
yo no dije nada.
No era ninguno de esos actores.

Cuando la inquisición de género prohibió a profesores decir «niños» y «niñas»,
yo no dije nada.
No era profesor.

Cuando la inquisición de género injurió y amenazó a un youtuber por parodiar el feminismo,
yo no dije nada.
No era youtuber.

Cuando la inquisición de género multó a un director de colegio por discrepar,
yo no dije nada.
No era director de colegio.

Cuando la inquisición de género persiguió a Hazte Oír por decir una obviedad,
yo no dije nada.
No era de Hazte Oír.

Cuando la inquisición de género tachó de «machismo» invitar a una mujer a un café,
yo no dije nada.
No me gustaba el café.

Cuando la inquisición de género vino a por mí,
ya no quedaba nadie que se atreviese a abrir la boca,
y nadie protestó.

(En homenaje a Martin Niemöller, autor del original, y a Alicia Rubio, que ayer fue objeto de un miserable acto de acoso organizado por Podemos. Un fuerte abrazo, Alicia).

P.D.: te animo a comprar el libro de Alicia en Amazon (pulsa aquí). Ya que los enemigos de la libertad ponen tanto empeño en prohibirlo, los que amamos la libertad deberíamos poner aún más empeño en difundirlo. No dejes que nadie decida por ti lo que puedes leer y lo que no.

Comentario nuestro. Aunque no comparto algunas de las «recomendaciones» del libro de Alicia Rubio (también hubiera estado mejor que lo hubiera escrito en primera persona en vez de redactarlo como «manual recomendado para la asignatura»), sí estoy de acuerdo en el fondo de lo que dice. Y, como dice Elentir, nadie es quién para decidir lo que podemos leer o no. Esos nietos del «prohibido prohibir», que sueñan con poder hacer nosotros lo mismo que Pol Pot en Camboya…



(texto tomado de El libro negro del comunismo, Stéphane Courtois et al., Planeta, 1998, pp. 697-698)

Dios nos libre de toda esa tropa, tanto de los descamisaos como de los encorbataos.

El autobús (y II)

Siendo malpensados, como hay que serlo respecto de toda falsa polémica, uno se pone a analizar y piensa: ¿con qué coincide en el tiempo esta falsa polémica? Y uno se encuentra con dos tipos de sucesos —al menos, de los que han salido en los papeles—, que son candidatos a ser tapados por la polémica:

a) Por un lado, los recientes escándalos judiciales, que afectan tanto a los delincuentes por ser quienes son (ex-miembros de la Casa Real y delincuentes white-collar de partido), como a miembros de la propia Administración de Justicia, que, olvidando su papel de defensores de la legalidad, se han puesto en algún caso a defender a alguno de los delincuentes. Con el consiguiente descrédito para las instituciones a las que esos delincuentes dizque representaban y de la Administración de Justicia, para quien corresponda. La sombra de Campechano I es alargada aún.

b) En segundo lugar, la tragicomèdia catalana d’en Quico i en Fregonet. Conviene poner sordina a lo que el Gobierno debería hacer y no hace en relación a todo lo que rodea al prusés, que no es solamente el mismo prusés sino el hecho de que están destrozando a través del adoctrinamiento nacionalista otra generación de niños y jóvenes… con el dinero que Montoro, generosamente, les regala porque no es suyo, sino nuestro. Cabría citar aquí la foto del masaje, que yo no sé si es verdaderamente masaje o esfuerzo de Junqueras para contenerse de estrangular a Soraya Umbridge.

c) En tercer lugar, la reciente marea anti-ISD. Muy puesta en razón porque el ISD, como impuesto directo que es, castiga la capacidad ahorrativa del contribuyente y le dice: «A la salida te espero». Es el desvalijamiento legalizado de los muertos y sus deudos. Como resulta que, además, es un impuesto de tramo autonómico, las autonosuyas cargan las tintas en ese impuesto, a excepción de Madrid, que aún resiste a Montoro (no sabemos por cuánto tiempo, visto lo visto). En Andalucía el asunto es sangrante (hay que pagar una Administración «oficial» y dos «paralelas»); y en Asturias ha comenzado la rebelión fiscal. Nadie quiere que de la herencia que dejan a sus deudos los caciques-chorizos regionales se queden para ellos un buen mordisco.

En Andalucía empiezan a aprender que para manifestarse no hace falta ir de la manita de un partido o un sindicato. Y eso es peligrosísimo para la casta de los cuatro. El antídoto frente a las esporádicas manifestaciones de coraje cívico es conocido: poca cobertura informativa y un trozo de carnaza para que miren a otro lado. Ése es el respeto que algunos tienen por el respetable. De cualquier forma, me encanta que la gente salga a la calle para algo más que protestar por el descenso de categoría de un equipo de fúrbo. Ya era hora y está bien.

Por último, concluiré con una afirmación y un ruego. Los mismos que berrean ahora defendiendo la transexualidad infantil son los mismos que berreaban hace tiempo contra la «pederastia sacerdotal». El ruego: que esta gentuza pro «derechos de los trans», que tanto critica a la Iglesia, quite sus sucias manos de los niños. Y que dejen a los niños ser niños en el ámbito protegido de una familia normal, en vez de intentar robarles su infancia, como pretendía el exministro socialista Maravall en 1983.

El autobús (I)

Menuda la que ha liado Hazte Oír con el famoso autobús. Poco ha importado que llevara estampada una obviedad. Como dijera alguien de cuyo nombre no puedo acordarme, «España es el único país del mundo en que se discuten los hechos». También da igual que la campaña surgiera como respuesta a esta aberración pagada con el dinero de los navarros:


Pues nada. Hazte Oír responde con esta otra campaña…


y se lían la mundial y la de Dios es Cristo juntas.

Sepan ustedes que a mí no me interesa perder el tiempo en discutir un hecho que es lo que es, como la muerte y los impuestos. Los niños tienen pilila y las niñas vagina. Y punto. Lo que se ha demostrado con esta polémica es también —ya que vamos de citas—, una frase de Machado: «En España, de cada diez cabezas una piensa y nueve embisten». Lo impresionante ha sido, en todo caso, la sarta de estupideces que se han dicho por algunos para defender la postura trans: apenas cuatro consignas (las de la cabeza pensante), y adjunta la habitual catarata de insultos (los de las nueve que embisten). Para un progre —ya ni menciono a los mercenarios de partido—, cuando la fisiología se topa con la ideología, peor para la primera. Es como demostrar que el comunismo fue un régimen asesino allí donde se implantó. Les da igual: «Yo seguiré siendo comunista».

Más aún, es sorprendente que en un país propugna como uno de sus valores superiores la «libertad» (art. 1.1 CE) no se pueda decir una obviedad como ésa y en cambio sí la barbaridad a la que se responde. Sorprende también, aunque desagradablemente, que entre aquellos que se quejan (sin haberla sufrido) de la «censura franquista» y de la «Inquisición» sean unos aspirantillos a Torquemadas de medio pelo y que la gayquisición que ejercen sea en realidad peor que lo de Torquemada y Franco juntos. Pero si lagente se sorprende es porque lee poca historia y no conoce la censura comunista, de la cual los gayquisidores han aprendido estos modos. En España siempre hay alguien dispuesto a cortarle la cabeza al vecino si no piensa como él, lo cual suele cuadrar admirablemente al comunismo. Para más información, algunos que se dicen «homosexuales y de izquierdas» deberían leer esto

Menos sorprendente es que la política se haya interpuesto. La presidente Cifuentes, más comprometida con el ideario LGTBI que con el de su partido (bueno, es que tras el último Congreso han demostrado que su única ideología es persistir en el poder, así que no hay que romperse mucho la cabeza con ello), ha tomado serias medidas, así como la Fiscalía de Madrid, deteniendo o reteniendo el autobús. Los ecos de la cosa han llegado hasta los USA, donde una llorosa (y pijaprogre) Chelsea Clinton pide: «Por favor, no nos traigáis ese autobús aquí… ¡Buaaaaaaaaaa!».

Sin embargo, mirado el fenómeno un poco más de cerca, nos damos cuenta de que es una falsa polémica. Hasta hace pocos días, los «derechos de los transexuales» han importado una eme pinchada en un palo al grueso de la gente que hoy sale en estampía criticando el autobús. Luego está el hecho numérico: ¿cuántos transexuales hay en España? ¿Se equipararán quizá al número de pacientes de enfermedades raras? Por si faltara algo, la ciencia choca frontalmente con la ideología: aquí se desmonta el argumentario para convencer de la «normalidad» de esa condición. Y debería bastar con eso.

Noticia de primera página

Visto lo que estos días es «noticia de primera página» en los diarios de prácticamente todo el mundo, me viene a la memoria esta frase (de dudosa atribución a tutti quanti):

 

Noticia es lo que alguien, en cualquier parte, no quiere que se sepa. El resto es publicidad.

 

También me confirma algo: que el periódico de más actualidad es… La Biblia. Nada se cuenta hoy en día que no aparezca en la Biblia contado y recontado varias veces. Resulta más instructivo leer la Biblia, aunque sea como un periódico, que leer esos papeles de ¿periodistas? genuflexos («tengo mujer e hijos y tengo que darles de comer») ante el poder que nos quiere adoctrinar poniéndonos la luz de gas y hacernos comulgar con ruedas de molino en nuestro propio perjuicio…

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

starcrazypie astrology

the astrology blog | sara shipman

Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

El vuelo del albatros

Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

VIA LIBRE

Escribo y difundo lo que me interesaría leer. Para todos los públicos

Verdades Ofenden

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. / "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin – (Bitácora-Biblioteca virtual y PERSONAL, recopilatória de aquellos artículos que despiertan mi interés)

C Y K L O S

Asociación de Astrología de Cataluña

Queremos salir de la Crisis

¿Los políticos Tambien?

Galicia Futura

Blogazine Independiente / Abierto 24 horas

La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)