«Mis reflexiones para estas elecciones», por Blas Piñar Pinedo

Comparto con ustedes las reflexiones para estas elecciones próximas del amigo Blas Piñar Pinedo. Las conclusiones a las que llega él son las propias de un militante de partido y tal vez haya quien no las comparta; pero entiendo que las reflexiones sí merecen la pena de ser tomadas objetivamente en cuenta. Naturalmente y sintiéndolo mucho, no son aptas para produtos LOGSE y similares. Original aquí.
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Cosas que posiblemente no te han contado de la II República


Por su interés reproducimos esta entrada del blog de Elentir «Contando estrelas». Es una colección muy interesante de detalles, que interesadamente olvidan los promotores de la tricolor, trapo sin abolengo en España, por más que hoy unos imberbes programados como ovejas eléctricas (y algunos nostágicos especialmente resentidos) insistan en ondearla, junto con banderas anarquistas e incluso banderas soviéticas. Original aquí.
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Rebrotes verdes

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

http://www.fpcs.es

Qué fino hilan las estadísticas gubernamentales. Los treinta y un parados contados que el pasado mes de agosto encontraron empleo han vuelto a alimentar la esperanza de un Gobierno preocupado por atravesar el ecuador de su mandato sin que la situación económica que prometió solucionar esté solucionada, mientras que los impuestos que reiteradamente prometió no subir están, digamos, subidos. ¿Qué base real tiene este renovado optimismo y cuánto hay de propaganda o de la cansina autocomplacencia de los que ahora nos gobiernan? Sigue leyendo

La enorme incultura política del periodismo español

Original aquí.

El golpe de estado contra el islamista Mursi en Egipto ha puesto en evidencia la vergonzosa incultura política y el servilismo al poder del periodismo español.


Decenas de periodistas españoles famosos exhibieron sin pudor su profunda incultura política al condenar en sus tertulias de radio y televisión el golpe de Estado contra el islamista Mursi, en Egipto, como un “retroceso” de la democracia, calificando de democrático a cualquier gobierno que haya sido elegido en las urnas e ignorando que la democracia es mucho más que eso y que desaparece siempre que un gobierno, aunque haya sido elegido por votación popular, frustra a sus electores, incumple sus promesas o suprime reglas básicas y derechos fundamentales del sistema. 

Resultaba penoso y vergonzoso escuchar las condenas al golpe militar de Egipto bajo el argumento de que representa un atentado contra la democracia, cuando el islamista Mursi era cualquier cosa menos un demócrata porque su gobierno había incumplido sus promesas, legislado de manera arbitraria y alterado el orden constitucional para acumular poder.

Esos mismos periodistas y comentaristas, dueños de tribunas de opinión que utilizan con parcialidad y que no merecen, son los mismos que se refieren siempre a España calificándola de “democracia”, sin asumir la triste verdad de que en España no se respeta ni una sola de las grandes reglas básicas y requerimientos de un sistema democrático: ni separación de poderes, ni igualdad ante la ley, ni unos procesos electorales plenamente libres y sin trabas, ni protagonismo del ciudadano, ni castigo para los corruptos, ni límites al poder de los partidos, ni una sociedad civil fuerte e independiente, ni unos medios de comunicación fiscalizadores del poder, ni el imperio de la verdad frente a la mentira, ni el respeto a las promesas electorales, ni otras muchas reglas y requerimientos de un sistema que, contrariamente a lo que ocurre en España, es incompatible con la mentira, el engaño, el abuso de poder y la corrupción.

España nunca podrá resurgir y regenerarse mientras que esa legión de periodistas incultos y secuestrados por el poder no digan la verdad a los ciudadanos, anteponiendo el derecho a una información libre e independiente a sus miserables servidumbres y oscuras alianzas con los partidos políticos, cuyos intereses defienden antes que los de los ciudadanos, incumpliendo así sus deberes básicos, éticos y profesionales, en democracia.

El golpe de Estado no siempre es condenable. Cuando se lanza contra un gobierno contaminado de mentiras e ignominias, que prefiere aplastar al pueblo antes que perder poder y privilegios o que irrespeta derechos fundamentales y ordenamientos claves de la sociedad democrática, como es la separación e independencia de los poderes básicos del Estado, entonces el golpe no sólo es lícito sino obligado y democrático.

Cuando los gobiernos saquean, roban, mienten a los ciudadanos, incumplen sus promesas y anteponen los propios intereses al bien común, no merecen respeto alguno y tanto los ciudadanos responsables como las fuerzas que deben cuidar la legalidad constitucional y la ética democrática tienen no sólo el derecho sino también el deber de alzarse contra la indecencia y el abuso del poder, por mucho que ese poder haya surgido de las urnas.

Las urnas, en democracia, no otorgan cheques en blanco ni impunidad, sino únicamente el derecho a gobernar bien, bajo el imperio de una ley igual para todos y siempre que siga gozando de la confianza de los electores.

Nuremberg 2013

Diferencias… o no :S

Seguro que si ustedes han seguido con alguna atención este blog, habrán notado que un servidor tiene, desde hace tiempo, una desagradable sensación: la de estar repitiendo la historia. Han cambiado los ropajes, pero los conceptos y los motivos son los mismos, al igual que la perversión del lenguaje. Pego aquí la próxima entrada del blog de José Rosiñol Lorenzo, muy ilustrativa a este respecto. Blog que, naturalmente, ha sido atacado «en nom de la llibertat». Ustedes ya saben: no hay derecho a la discrepancia en la Cataluña medieval a la que los nacionalistas-separatistas nos quieren conducir. No obstante, perderían ustedes perspectiva si creyesen que «el problema catalán» es algo estrictamente autóctono. En absoluto. Es parte de una partida que se está jugando en un tablero mayor. Por ahora, bástenos recoger las impresiones del amigo José, mientras rehace su blog, atacado por los luchadores de la libertad:

Concierto ¿por la Libertad?

No quiero detenerme en la injustificable profusión propagandística perpetrada por los medios de comunicación catalanes –públicos y subvencionados- previa al llamado “Concierto por la Libertad” (acapararon gran parte de los noticieros de TV3 y Catradio), ni en la cobertura en directo y en prime time –durante más de cinco horas- que hizo TV3 del concierto (con un coste de dinero público inadmisible) convirtiéndolo en un publirreportaje político, ni en la manipulación informativa posterior al evento que pretende hacer creer que la reivindicación de los asistentes era el eufemístico “derecho a decidir” cuando las soflamas y eslóganes que se escucharon durante todo el concierto fueron, como no podía ser de otra manera, “¡Independencia!”…

Tampoco quisiera reparar en la metamorfosis de la política catalana, desde hace unos años más tendente hacia los actos de masas de adhesión que al debate público, abierto y transparente de las propuestas de los distintos actores políticos, actos propulsados por unas organizaciones de la “sociedad civil” que no son más que el brazo ejecutor de los planes del poder oficial, actos que en último término parecen dividir a los catalanes entre aquellos que estuvieron (una minoría mediáticamente hipertrofiada) y los que no (una mayoría silenciada y cada vez más estigmatizada), actos de exaltación nacionalista que se otorgan la potestad de representar a toda la sociedad, a toda “Cataluña”…actos con los que crear un pensamiento único…disfrazado de reivindicación democrática…

Y esto es, en mi opinión, lo realmente relevante: es la perversión del lenguaje, es la utilización política de valores que deberían ser comunes, es la tergiversación de las palabras, es el cinismo y la falta de rubor con la que utilizan conceptos morales con los que enmascarar objetivos políticos… Son las autocontradicciones performativas con las que confunden a una ciudadanía asfixiada por el control social, político y mediático, vemos cómo los catalanes que defienden la independencia viven en un país democrático, España, en el que pueden convocar libremente un concierto en el que reivindicar la libertad… hablan de democracia, de “radicalidad democrática”, reduciéndola a un mero instrumento en forma de referéndum acotado con el que alcanzar sus objetivos políticos; reivindican pluralidad democracia pero exigen uniformización identitaria; reivindican libertad para “Cataluña” pero exigen la adhesión ciega de la ciudadanía; dicen representar a la sociedad civil mientras ignoran los auténticos problemas de los barrios invisibles de las ciudades catalanas, esos “no lugares” incómodos para los parámetros de los “catalanes de bien” nacionalistas; exigen poder ejercer una consulta “democrática” pero no cumplirían ni uno de los puntos que exige la Clarity Act canadiense ni los estándares de trasparencia exigidos por el Reino Unido para el referéndum escocés…

José Rosiñol Lorenzo