Adiós, Maduro… ¿Hola, democracia? (II)

La larga introducción anterior nos ha de servir para poner las cosas en su justo término. Lo primero de todo es que lo que Venezuela sufre es una dictadura comunista. Si no lo fuera, simplemente no recibiría apoyo de Cuba. Y tampoco, desde luego, de los podemitas que mueven el rabo aquí –cada vez menos, gracias a Dios–, que también son comunistas. En Venezuela no hay gulag; pero como saben muy bien los venezolanos, hay Ramo Verde, que ni es ramo ni mucho menos es verde.

Sin embargo, la cuestión en la que me quiero centrar en esta entrada no es tanto lo que ocurre dentro de Venezuela. Ya hay suficiente información acerca de la dinámica interna de un régimen comunista –suficientemente explícitos son los libros de Stéphane Curtois y colaboradores excomunistas, o, para lectores de habla hispana, la Memoria del comunismo, escrita por el también excomunista Jiménez Losantos, que está en el mismo caso que Pío Moa: la izquierda le odia a muerte porque fue uno de ellos, los conoce bien y puede desmontar todas y cada una de sus mentiras.

Me quiero centrar en el caso de lo que ocurrió fuera del país, aunque ambas esferas van camino de encontrarse a cuenta de la negación de entrada de la ayuda humanitaria por parte del régimen chavista. En el lamentable papel que interpretaron todos, desde la cacareada, pomposa e inoperante «comunidad internacional», la UE (que no «Europa») y España, que si su vínculo transatlántico se pareciera al que mantienen Estados Unidos y Gran Bretaña, otro gallo nos cantara. Aquí hay una explicación suficientemente plausible de cómo han ido las cosas.

Para empezar, la «comunidad internacional» se resume en intereses geopolíticos y económicos. Hablamos, pues, de petróleo e influencia política. Como un Risk, pero a lo grande. Aquí enredan todos los grandes, los del Consejo de Seguridad de la ONU, o por lo menos tres de ellos: Estados Unidos, Rusia y China, a la que a pesar de ser una dictadura comunista no se la puede ignorar porque se trata de un mercado potencial de 1.500 millones de personas. Al parecer a Putin y a Xi Jinping no les importa ensuciarse en Venezuela, porque no hay nadie dentro de sus países del suficiente fuste como para que su protesta valga algo.

En cuanto a la Unión Europea, que se cae a cachos y el asunto venezolano es una prueba de su irrelevancia, recuerdan demasiado a esto:


Tendría gracia si no fuera porque lo que ocurre en Venezuela no es una película, sino una pavorosa realidad.

Y, por fin, en cuanto a España… La verdad es que me duele en el alma reconocerlo: tenemos un Gobierno de payasos. No parece sino que le han dicho a Sánchezstein «Tú no te metas, que esto es para mayores». Le hemos visto retorcerse como una lombriz para no reconocer a Juan Guaidó, «presidente interino» de Venezuela. Sánchez ha ignorado las presiones de la oposición, siquiera para establecer una posición moral de apoyo a la democracia. Pero es claro: cuando quien te apoya para que tengas Gobierno son comunistas, proetarras y separatistas, es lógico que te retuerzas y retrases todo lo posible reconocer a alguien que es contrario a la dictadura chavista de Maduro. Hemos quedado fatal ante todo el mundo por ser casi los últimos –de entre quienes pueden tener algo que decir– en reconocer a Guaidó (hasta la inoperante UE, por boca de Romano Prodi, le reconoció antes que nosotros). Aunque sea adelantar acontecimientos, espero que Errejón tres-comidas-al-día se pegue un buen batacazo en las próximas elecciones.

Para terminar –y no porque no haya nada más que decir, sino todo lo contrario–, sólo quiero hacer referencia a un dato: se está empezando a correr la especie, que no sabemos cierta o no, de que Guaidó es un hijo de la logia. Eso tal vez explicaría la presencia de nuestro inefable ZP en los alrededores de Miraflores. Aunque yo estoy empezando a pensar que ZP es el «arma secreta» de España para la caída de Maduro: desde que está allí, las cosas no han hecho más que empeorar para Maduro –aunque, también y sobre todo, para el país–. También podría explicar los parabienes de la UE, cuya cuna mece también una mano masónica. Incluso para algún pitufo gruñón mañanero, explicaría los parabienes del Papa, que por supuesto «se sienta en la silla de Pedro gracias a los manejos de la logia lavanda».

Si así fuera, los venezolanos no lo sé… pero los venezolanos católicos están jodidos. Y repito la advertencia que se me ocurrió en otra entrada: sería lamentable que, tras la negra etapa chavista, volvieran al poder aquellos cuya ineptitud, corrupción, despreocupación y desprecio por la nación facilitaron que el pueblo venezolano se echara en manos de un salvapatrias intrigante que accedió finalmente al poder prometiendo una leche y una miel que al final nunca llegó.

Adiós, Maduro… ¿Hola, democracia? (I)

Admitamos una cosa de buen principio: si Venezuela, ese bello país hermano, fuera un secajo y no hubiera más que arena, como ocurre, un suponer, en Palestina, no estaríamos hablando de ella. Nada importarían las «violaciones de derechos humanos» y todos esos «valores» que desde la UE se afanan en poner en valor, como dicen los pedantes. Ah, pero es que Venezuela tiene petróleo. Ah, pero es que en Venezuela hay oro y otros diversos recursos naturales. Eso cambia mucho las cosas.

Resulta que eso de la posesión de recursos naturales, en nuestro industrializado mundo, no es una bendición, sino todo lo contrario: una verdadera maldición, sobre todo si esos recursos naturales recaen en los que se llama, sin tapujos, «países pobres» y, con tapujos, «países en vías de desarrollo». La última vez que hemos visto algo parecido ha ocurrido en Ruanda, en pleno siglo XXI. Nadie sabía mucho acerca de ese país: los que más, que estaba repartido entre dos tribus, hutus y tutsis.

Y a Ruanda le cayó encima una gran desgracia: resulta que en su subsuelo encontraron un mineral llamado coltán, que al parecer es superconductor eléctrico y tiene aplicación natural en la industria de componentes informáticos. Ya la tenemos liada. Las grandes compañías, de ésas cuyo presupuesto supera con creces al de un país de tamaño pequeño-medio, dan un paso al frente. Esas grandes compañías, entre otras, tienen dos formas de operar: si hay una casta dirigente, se aprovechan del vínculo colonial y la corrompen; y si no la hay, provocan una guerra civil.

Así, pues, ¿cómo extraer ese mineral sin ser molestados? Muy sencillo: se adoptó la segunda solución. Hagamos que las dos tribus que rigen el país se maten entre ellas, y así nadie nos molestará. Primero porque «son salvajes» y segundo, porque no hay «ruandeses», sino hutus y tutsis, que es un matiz importante. Luego, los periodistas tienen su parte del melón, que es enseñar los pueblos arrasados, los asesinados, las violadas, los supervivientes… todas esas imágenes que suelen ganar los «premios fotoperiodísticos del año», para que los occidentales tengamos nuestra pizca de mala conciencia y tal, suspirando con resignación: «Pobre gente…».

En el trasfondo, los intereses no solamente de las compañías, sino también de los países. Es decir: cuando hablamos de Elf en realidad estamos hablando de Francia, que defiende de paso los intereses de Elf; o si hablamos de Exxon, en realidad estamos hablando de Estados Unidos. Ésa es la nueva forma de guerra: conseguir que una parte de los lugareños pelee por tus intereses; porque si peleara por los suyos, echaría a todos los que no fueran del país. Lo hemos visto también en la guerra de Siria-Irak. Allí no sólo se enfrentan los que dicen que se enfrentan: Estados Unidos tiene sus intereses en la zona, que son menos los de «traer la democracia» –ilusos– que aprovecharse del petróleo. Rusia, con su apoyo a Siria, otro tanto.

Y en medio, los desventurados civiles, que son masacrados por una u otra facción y castigados con pena de telediario un día sí e outro tamén. Quizá los periodistas, los que aún se consideren como tales, en vez de mostrar imágenes de las víctimas, que bastante tienen con serlo y hallarse en la desgraciada situación en la que se hallan, deberían investigar más y mostrarnos imágenes de los culpables y, en su caso, de quienes están detrás de ellos.

Venezuela, una vez más (y III)

Finalmente, en esta última entrada de la serie quería hablarles de un par de cuestiones que me preocupan en relación a Venezuela.

Lo primero de todo, que sería lamentable —y corríjanme si me equivoco— que las mismas fuerzas «unidas contra Maduro» hoy, hubieran sido las que con su desidia y su «ocuparse de sus asuntos» hubieran propiciado la llegada al poder de Chávez, ese Tirano Banderas de cuarta. No conozco muy bien la historia de Venezuela; pero sí sé que antes de Chávez la corrupción galopante hacía de las suyas. De hecho, ahí está la amistad entre Felipe González y Carlos Andrés Pérez para demostrarlo. Chávez, que ya tenía experiencia como golpista cuando volvió a intentarlo, esta vez dejó que fuera el pueblo el que le hiciera el trabajo. Y con el par que llevan, Venezuela ha pasado de ser un país corrupto a ser un país corrupto y miserable. No sería, por tanto, menos lamentable que las fuerzas hoy unidas contra Maduro «volvieran por donde solían». Venezuela puede volver a ser un país próspero y amante de la libertad, pero a condición de que sus gobernantes tengan la mira puesta en el bienestar del pueblo en su conjunto en vez de sólo las clases dirigentes.

Y lo mismo que digo para Venezuela cabe para España, la «madre patria». No sirve de nada la estrategia del pudridero de Mariano. La teoría dice que Podemos existe porque el PP lo necesita para afirmarse como «partido de orden» (en realidad, como el menos malo de toda la patrulla). Pero déjenme decirles algo en materia de bien y mal: tan malo es el que hace mal como el que, debiendo hacer bien, no lo hace. Quizá Mariano y Soraya crean que tienen controlado al bicho. Pero yo digo que esa clase de bichos tienden a conseguir por las malas lo que no consiguen por las buenas, es decir, a crecer y a desbordar a quienes creían tenerlo controlado. Por de pronto, ya han propuesto una ley mordaza LGTBI, que probablemente saldrá adelante con la complicidad de PP y C’s. Y más cosas que vamos a ver.

Ya los amigos venezolanos nos avisan de que si no vamos con cuidado tendremos el mismo problema que ellos en algún tiempo y más pronto que tarde. Pero quiá: es vacaciones. Nadie hace guarreridas españolas después de la comida. O así piensan en Moncloa. Y así les va a ir a ellos, y a nosotros por ende.

Venezuela, una vez más (II)

Decíamos ayer… que el ¿gobierno? de Maduro ha arrebatado al pueblo venezolano la vida, la libertad y la propiedad. Hoy sabemos además que les han arrebatado la esperanza, pues los matones de Maduro (no me da la gana de llamarlos «fuerzas del orden») han secuestrado a Leopoldo López y a Antonio Ledezma, los dos iconos de la oposición democrática, con rumbo desconocido. Parafraseando a Churchill, «sabes que no estás en democracia cuando llaman a las dos de la mañana y no es el lechero».

Lo que me interesa destacar en esta segunda entrada son las reacciones de la presuntamente existente comunidad internacional. Que yo conozca, la mayoría de países, incluso de la zona, lo único que han hecho es levantar los brazos, o llevarse las manos a la cabeza y «condenar la brutalidad del régimen», con una hipocresía digna de mejor causa. Hace venir a la memoria el caso de Sudáfrica antes de salir del régimen del apartheid. Todos la condenaban, pero no pocos hacían bajo mano negocios con ellos. Ahhhhhhh, «es que los diamantes son diamantes aunque estén manchados de sangre». O, como decía Inglaterra en su etapa colonial, «Inglaterra no tiene amigos: sólo intereses». Axioma político internacional de un elevado seguimiento, lo que ha provocado que en la política internacional se haya alcanzado un considerable nivel de mierda. Conclusión: la comunidad internacional, según para qué cosas existe; y para otras no. Recordemos que al final la solución salió de los propios sudafricanos, como era de esperar.

Lo terrible del caso es que, aunque sea a «nivel regional» estamos repitiendo la historia. Si Maduro se va de la OEA, decidido a atrincherarse en su poder, no hará cosa distinta de la que hicieron Hitler y Mussolini en 1936, dando el portazo a la Sociedad de Naciones, sabiendo que, como tal organismo supranacional, no les impondrían sanciones y, todo lo más, se dedicarían a lloriquear sobre el «respeto a los principios de la carta». Si lo echan, otro tanto pasará. Las «naciones» son muy exquisitas en materia de intervención en países, por más que cuando les ha interesado, lo han hecho sin contemplaciones: recuérdese a Kissinger interviniendo en 1973 en Chile y en 1976 en Argentina. O Francia, que sigue metiendo las narices en los asuntos internos de sus excolonias en pleno siglo XXI.

No está de más plantearse de qué apoyos externos se vale Maduro para continuar. Son desconocidos hasta ahora. Imagino que ahora que la cosa se ha desbocado, harán como que no le conocen y será difícil encontrar rastros de su apoyo anterior. Como Teresita Rodríguez, la compañera-camarada de Er Kichi, alcalde accidental de Cádiz, desaparecida de los medios hoy, que, a preguntas de éstos, replicaba «¿Venezuela? ¿Qué es eso?». Claro que a ésa es imposible refrescarle la geografía cuando el dinero que recibe su partido para llevar un tren de vida nada proletario está manchado de sangre.

En otro orden de cosas, quisiera llamar la atención sobre dos hechos curiosos. El primero, la presencia de nuestro inefable ZP por aquellos pagos. Claro que lo entiendo: es normal que un señor como él, que no puede salir a la calle en su pueblo sin que le miren con odio, como mínimo, prefiera largarse al otro lado del charco. La pregunta, sin embargo, sigue en pie: ¿a quién representa ZP como expresidente español? Si creía Rajoy que era mejor dejarle en tierras venezolanas, por aquello de que, con lo gafe que es, Maduro iba a caer en cuatro días, se equivocó por completo. Yo mismo les responderé la pregunta: no representa a nadie en España. Hasta la logia que lo mandó allí se ha desentendido ante el estropicio. Se ha convertido en un paniaguado de Maduro y cuando éste tira de la cuerda, ZP «vuelve al orden».

El segundo hecho sobre el que quisiera llamar la atención es que algunos, en las redes sociales, han aprovechado el presunto «silencio del Papa» para atacarlo. Los mismos que se prodigan en decir que «este Papa es el demonio» y chorradas similares atacan ahora al Papa «echándole en cara su silencio ante la deteriorada situación venezolana». Lo que estas personas, que tanto se dicen católicas, no saben, es que el Papa sí ha mandado mensajes a Venezuela y sí se ha prodigado en medios de comunicación (extremo confirmado por personas que han huido de allí). Naturalmente, no se molestan en buscar. Al contrario de lo que algunos nos quieren hacer creer, los católicos venezolanos no han sido abandonados por el Papa. Otra cosa es que a los medios europeos ─y en lo que importa, los españoles─ no les ha interesado publicar esos mensajes. Añadamos a esto la pregunta de «quién maneja la información del Papa» ─me refiero a quién la maneja de verdad─ y tendremos un cuadro más completo del «silencio» del Papa. A ésos lo que les molesta es tal vez Jn 8:32.

Nota a pie de página. Valdría más que ésos que pierden el tiempo despotricando del Papa por motivos personales o de carácter más general, tratando de desacreditarle, ocultando o manipulando la información, dedicaran ese tiempo a asistir en los comedores sociales. Tampoco he visto a ninguno de ésos que pierden el tiempo acusando al Papa de «peronista», «comunista» o incluso «masón» dar un paso al frente para ayudar a esta señora. Tienen donde buscar, si quieren. No necesitamos cristianos de salón. Necesitamos cristianos de verdad. De los que creen en Jesucristo y su mensaje y no en los chiringuitos que se han montado algunos al abrigo de la Iglesia, que es Madre y Maestra, pero no tonta.

Venezuela, una vez más (I)

Una vez más hay que hablar de Venezuela. Como pasado, como presente y como futuro. Pero antes de nada, quisiera mandar mis condolencias a los familiares de las personas que han fallecido violentamente desde que están allí en el proceso de elecciones a la «fake-Asamblea Destituyente».

No es ningún secreto que la posición de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela es insostenible, pues no se sostiene por la fuerza del derecho, sino de las pistolas y de las rejas. Al pueblo venezolano —a cada uno de los venezolanos— le han arrebatado los tres bienes más preciados para cualquier ser humano: la propiedad, cosa que ya empezó con Chávez y sus «expropiaciones exprés», hasta el punto de que prácticamente no queda nada que comer y muchos venezolanos (especialmente, los que tenían la suerte de vivir en las fronteras), han salido despavoridos de un país en que tener algo sin ser de la boliburguesía es prácticamente delito.

Les han quitado igualmente la libertad. Un sistema comunista no se entiende con libertad; y era importante que para que los venezolanos se sintieran desgraciados, además de no poder comer, debían perder la libertad de pasear por sus calles a cualquier hora del día o de la noche. Debían perder la libertad de opinión, de enseñanza, de recibir información veraz. Hoy ya no se puede opinar libremente en Venezuela; no hay más que un medio de «información», en el que ya no aparece Maduro porque, por no tener, no tiene siquiera la capacidad discursiva de su predecesor. Éste era capaz de montarse un Aló Presidente de cinco horas en el mejor estilo de Fidel; pero Maduro no tiene esa capacidad. Más aún: como no quiere testigos, empieza a expulsar periodistas extranjeros del país.

Y a pesar de todo, el pueblo venezolano sigue saliendo a la calle para protestar. Por eso Maduro ha tenido que tomar medidas extremas. Si el pueblo venezolano no puede comer y no puede hablar, y aun así, todavía tiene fuerzas para protestar, hay que volarle la cabeza al que sobresalga. La vida es, lo único que les queda por entregar. Y Maduro lo pisotea, pues su policía política y fuerzas de asalto consideran «ratas» a los opositores y como tal plaga que son, hay que exterminarlas. Sólo por eso Leopoldo López sigue preso, aunque sea en casa: el régimen no quiere convertirlo en mártir por la causa. Eso galvanizaría el odio del pueblo y, tal vez, hiciera pensar a algunos que le apoyan que se ha pasado de la raya.

Macron (y II)

Le socialisme c’est mort

Menuda la lió Manuel Valls al otro lado de los Pirineos al decir que «el socialismo está muerto». Le expulsaron de le Parti (que allí, por lo menos, no tiene la desvergüenza de llamarse «obrero») e intentó asilo político en el partido de Emmanuel Macron, que en cuatro meses fue de la nada al palais de Matignon. Por lo demás, allí son un poco más comedidos que en las Batuecas y por de pronto no le han aceptado en sus filas, con lo que el futuro de Monsieur Valls en la política francesa está complicado.

No obstante, la frase no deja de tener su miga, pues el batacazo que se pegó el socialismo francés en la primera vuelta de las elecciones francesas fue de impresión. Tal y como se dijo entonces, esa primera vuelta había acabado prácticamente con los viejos partidos, o el modelo que se sostenía entre dos pilares: un partido de centro derecha (gaullistas) y otro de centro izquierda (socialistas). Los interlocutores son nuevos y el asunto se resume en dos: socialdemocracia sí en ambos casos y diferencias en cuanto a la inmigración y la pertenencia a Europa. Tampoco sabemos qué habría empezado a hacer Le Pen en otras materias que no estaban en el candelero, de forma muy parecida a lo que ocurrió con Hillary Clinton: venga a criticar a Trump… pero poco se sabe de lo que Billary tenía en mente llevar a cabo realmente.

En cualquier caso, Emmanuel Macron ha ganado las elecciones y todas las novias quieren casarse con él, no sólo Manuel Valls. Es la cobardía del grouchomarxismo: «Tengo mis principios, pero si hay caballo ganador me apunto a los de él». No puedo desear otra cosa que el que Macron sea bueno para los franceses, igual que lo dije en su momento respecto de Trump. También y que ojalá Macron sea bueno para los intereses de España; aunque visto el nivel, lo mejor es desear que nos den las patadas justas en el trasero.

El nivel español

Partamos de la base de que cuando Francia se resfría, aquí estornudamos a más y a mejor. En las Batuecas la cosa pinta castaño oscuro. Después de ZP, el PSOE quedó hecho unos zorros. Dejó de ser la alternativa al PP, sobre todo desde que nos enteramos de que tanto PP como PSOE colocan a los suyos en empresas estratégicas en pago de servicios prestados. La aparición de una formación más a la izquierda de la izquierda que ellos presuntamente representan no ha hecho más que perjudicarles.

De todo el sarao socialista que llevamos con las etapas Sánchez I-Gestora-Sánchez II, la resultante es clara: el socialismo español como tal está muerto. Y ahora mismo, lo que puede decirse es que está emparedado. Cuando tu presunto rival asume tus tesis, que es lo que ha hecho Rajoy convirtiendo al PP en un partido socialdemócrata, es que empuja por el centro-izquierda. Y a su vez, Pablemos empuja por el lado de la extrema izquierda, tratando de convertirse en el referente único de izquierda. Total, que entre los dos le están haciendo el sándwich: uno le vampiriza el espacio ideológico (vean, si no, las cabriolas progres de Cifuentes en Madrid) y el otro, por vía de cabreo, a los militantes.

Luego, más: el PP se ha ocupado con sin par diligencia de no crezca nada a su derecha, para poder vender el cuento de que son los únicos que representan a la derecha. Ni VOX (en parte por vicios propios), ni iniciativas como el Grupo Floridablanca (desactivado por los Soraya’s Boys), han tenido ocasión de desarrollarse y transmitir un verdadero discurso de derechas, (si es que se puede llamar así) toda vez que la distinción entre «izquierda» y «derecha» es cada vez más borrosa si es que no ha saltado por los aires.

¿Y qué le queda a Pdr Snchz? Pues declararse plurinacional, que ha sido la tesis de siempre del PSC. Parece que es la go-gó del Baix Llobregat la que lleva de la manita al Secretario General y no a la inversa. De un modo parecido a Ilich Ramírez (alias Carlos), el temido terrorista de izquierdas convertido al Islam, pues caído el comunismo, tenía que buscar una ideología/religión que justificara su resentimiento y que le permitiera hacer lo que sabe hacer sin cargo de conciencia. A muchos socialistas de bien que aún creen en la unidad de la nación española les habrá sentado esa declaración como una patada en el vientre; pero Pdr Snchz berrea: «¡Es la supervivencia, estúpidos!». La opción era:

a) o integrarse en Podemos, con lo que Snchz quedaría al nivel de maletilla de Pablemos, como Alberto Garzón (de izquierdas pero sin independencia ninguna) y remedando lo que ocurrió con Carrillo y sus Juventudes Socialistas Unificadas. Serían fagocitados por el radicalismo comunista de siempre y, de facto, supondría la recuperación del marxismo como ideología inspiradora, del que Felipe González abjuró en Suresnes y otros lugares.

b) o bien buscar un discurso diferenciado, que es lo que han hecho. Tienen independencia como partido de izquierdas. Pero ese giro ideológico no lleva a otra cosa que a romper España, sueño de la burguesía catalana desde los tiempos de la gauche divine; algo a lo que muchos socialistas no van a acceder y entre ellos Susana Díaz, aunque ésta tenga el deber de limpiar de mierda su corrala antes de abrir la boca. Distinto es que al PSOE nunca le haya sentado bien hacerse nacionalista: y en Cataluña lo sabemos bien, después de 8 años de Tripartit.

En consecuencia: renovarse o morir. ¿Pero para qué? «Para llegar a la Moncloa» o «para ganar a la derecha». El resto del programa ya nos lo sabemos. Y la maldita Ley de Memoria Histórica, sin derogar. Luego nadie se extrañe que repitamos la historia.

Macron (I)

Monsieur Le Président

A riesgo de parecer… bueno, lo que ustedes quieran, desconfío por sistema de un candidato en unas elecciones que es apoyado públicamente al mismo tiempo por la Logia y por la morisma. Más todavía si es un candidato casi sin partido ni programa, que en siete meses ha conseguido encaramarse al poder absoluto, cual petit Napoléon. Lo cual es la prueba, al menos en Francia, de que los mítines ya no son necesarios: basta que uno salga por la televisión un número suficiente de veces y que «dé bien», como dicen los profesionales de la cosa, y ya es candidato a lo que sea que se presente. Tout pour la image, podríamos decir.

En España vamos con retraso respecto de eso. Los fieles todavía van a la misa, aunque el descreimiento general va creciendo. Ya no funciona aquello de Hitler de «(…) ordeno a todos que vayan a los mítines, donde se vuelven parte de la masa, les guste o no, tanto los «intelectuales» y burgueses como los trabajadores. Yo me mezclo con el pueblo, y sólo hablo con ellos como masa». El Gran Hermano televisivo permite reproducir la emoción del mítin muchas veces y por eso sale a cuenta. Y por eso, como decía Federico no hace muchos días, si a Podemos se le quitan todas las cadenas en las que sus gerifaltes mueven el rabo con toda libertad, en cuatro meses la intención de voto caería a la mitad.

Otra cosa es el obsceno espectáculo que han ofrecido los medios, tomando partido (con las debidas excepciones) descaradamente y sin objetividad alguna por Macron. Incluso el diario ABC se ha prestado a ello. No les ha faltado más que llamar «nazi» all’zugleich a Marine Le Pen. No menos obscena ha sido la catarata de parabienes recibida por ese hombre una vez el escrutinio terminó y se supo que éste era el vencedor. Sobre todo, les propongo que hagan este ejercicio: sustituyan, en los titulares de todos los periódicos «Europa» por «Unión Europea», que son concetos distintos. Verán cómo la percepción cambia y se acerca más a la verdad. En otra próxima entrada discutiremos esa diferencia.

Finalmente y para esta primera entrada de la serie, tomo este dato: la abstención ha sido del 60%. De lo cual se deduce, claramente, que ha ganado le parti de l’abstention. Sin embargo, la maquinaria sigue, porque en ningún país se ha establecido un número mínimo de votantes para que el resultado de las elecciones sea representativo y legítimo. Es decir, que aunque votara el 10% del censo, se aplicarían los porcentajes y listo. La legitimidad de origen da igual en todas partes y a nadie se le caería la cara de vergüenza si tal cosa sucediese.

Anti-Trump (it sucks…)

Ya decíamos en su momento que era incomprensible todo el desarrollo del proceso electoral useño. No entendemos esas manifestaciones anti-Trump, ni los disturbios anti-Trump. Siempre habíamos puesto a los USA como ejemplo de democracia madura y bien asentada, capaz de aceptar sin chistar los resultados de unas elecciones en buena lid; y sin embargo, bien parece hoy que han vuelto a la edad infantil.

Supongo que habrá sesudos analistas que expondrán circunstanciadamente sus razones. En cuanto a mí, que no me considero en absoluto un sesudo analista, ni intelectual orgánico ni nada parecido, expondré algo que a lo mejor ustedes no han leído en estos últimos tiempos en todas partes, pero que puede darnos alguna clave de por qué pasa lo que pasa.

Primera afirmación: Obama fue un socialista europeo. Es decir, importó a la política useña los modos y modales que imperan a su otro lado del charco —es decir, el nuestro—. En consecuencia, se ha dedicado a subvencionar todo lo subvencionable. El Obamacare es un reflejo de los sistemas de Seguridad Social vigentes en Europa, pero sin ninguna tradición en the States. La idea no es que el Estado te ayude, sino que tú seas capaz de manejarte por ti mismo. Para el tradicional individualismo useño, el Estado te proporciona una muleta y luego te obliga a amar la muleta, por lo cual lo han rechazado siempre. Un servidor de ustedes siempre dijo que, en este aspecto, Obama era el doble negro de ZP; pero ahora se van enterando.

Segunda afirmación: entre esos modos y maneras importados de Europa está la famosa superioridad moral de la izquierda. No hay más que ver a los peliculeros de Jolibús, con la sonada excepción de Clint Eastwood, agitarse como groupies por el candidato demócrata de turno. Que es la réplica de lo que en las Batuecas hicieron algunos rascavoltios y cómicos de la legua con la zeja. Y todos, a ambos lados del charco, están convencidos de que su opción es la buena y no hay ninguna otra. Menos aún la de los hotros. Todo eso queda para la galería. En el fondo sabemos que en todos los sistemas hay vasos comunicantes entre las formaciones políticas que detentan el poder y el resto es propaganda para el populacho —así les consideran ellos, aunque no se lo digan—.

El caso es que, elegido Trump, una parte del pueblo useño no se comportó con la madurez y disciplina que se espera de una democracia asentada. Vieron que peligraban sus subvenciones y fondos. Y al final, todo se resume en eso: defender el cacho de pan y la clientela fácil que pende de la subvención (otra novedad importada de Europa, o más concretamente, de España). De ahí las asonadas, los disturbios y las manifestaciones. No muy diferentes a las que se produjeron en Francia tras la elección de Sarko —¿casualidad que se produjeran contra otro conservador?—.

Pero lo que ya me da la risa es esa Women’s March. A esa marcha se apuntaron todos (y todas y todes) los progres. Incluso dos de ellas —Madonna y Scarlett Johansson— se despacharon a gusto. Sin embargo, nos hemos enterado de que una de sus organizadoras, Linda Sarsour, profesa la religión islámica, que, como es sabido, tiene un largo historial de defensa de los derechos de la mujer. Dejemos aparte otros rumores que corren sobre esa señora…


Otra que también me da la risa. Trump dijo en campaña que iba a construir un muro entre México y los USA, y que lo iban a costear los mexicanos. Eso sentó muy mal en el DF, y de hecho Peña Nieto ya salió en la televisión afirmando que no iban a pagar un centavo de ese muro. Toda la prensa useña e internacional se echó contra Trump: «Hay que ver… este tío es un fascista… etc etc» (como si los hotros no supieran nada de muros). Bueno, ¿dónde estaban esos que truenan contra Trump cuando Bill Clinton hacía lo mismo? Y lo que tampoco cuentan: que México ya ha ordenado levantar su propio muro frente a Guatemala. Esto los progres no lo cuentan porque «no saben/no contestan» (traducción: «es propaganda perjudicial para la empresa»).

Sea como sea, la rabieta de los perdedores es monumental y no se han cortado un pelo en demostrarlo. Nada de «aceptación tranquila de resultados» ni leches. Nueva prueba de que Hillary era (más) candidata del establishment que Trump: lo único que ha hecho hasta ahora la prensa mundial ha sido demonizar sin matices a Trump, sin hablar de lo que Hillary pretendía. Algo así como un «Estos son mis poderes, Donald. Te vas a enterar». Por supuesto, todas las organizaciones y personas a las que Obama regó generosamente están ahora como perros rabiosos porque se les acaba la manduca. Y todo así. Quizá hayamos entrado calendariamente en el siglo XXI… pero en muchos otros aspectos seguimos en el XX.

Then we take Berlin

Da mucha pereza escribir sobre un tema en que ya llueve sobre mojado, de modo que me limitaré a tomar estas palabras de la famosa canción de Leonard Cohen, recientemente fallecido. En este blog mío y de ustedes nos hemos explayado con ganas acerca de que «no todos somos Charlie» o de la «libertad de explosión» de los radicales musulmanes. Hoy sólo queda añadir que era cuestión de tiempo que alguien intentara atentar en la capital del acogimiento al Fluchtlinger. En uno de esos Weinachtsmärkte (Mercados de Navidad) de la capital alemana (uno cercano a la Kurfürstendamm, en pleno centro) a un descerebrado musulmán se le ocurrió embestir con un camión a las gentes que paseaban tranquilamente por dicho espacio.

Tras la lógica confusión inicial, queda clara una cosa: que el Jefe de la Policía alemana es un progre, o que lo es su superior político inmediato. Tardaron bastante tiempo en admitir varias cosas. Primera, que el delincuente era un radical islamista y que el atentado sigue el mismo esquema que el de París. Sigue vigente la orden de ocultar la filiación del delincuente para que los alemanes no se solivianten más de lo que ya están después de que Angela Merkel dejara entrar, sin control alguno, un millón de «refugiados» en tierras alemanas. Luego resultó que al hombre que detuvieron en primer lugar «no era el asesino». Horas después nos enteramos de que el verdadero conductor del camión fue asesinado por el radical islamista. Finalmente, la odisea termina en Milán, donde una pareja de policías novatos, como Terence Hill y Bud Spencer, abaten a tiros al radical islamista. ¡Qué oportunidad y qué suerte!

Lo más chusco de todo —algo en lo que se han cebado las redes sociales— es que la mayoría uniforme de los medios se escandalizaba de que el tipo «se había radicalizado en la cárcel» cuando, por lo visto, la Policía ya le conocía por haber quemado una escuela. Pues menos mal que antes de entrar en la cárcel «no era un radical». Si llega a serlo, después hace saltar por los aires la puerta de Brandenburgo. ¿Qué menos, no?

Ahora, para tranquilizar a la opinión pública y a la «extrema derecha populista» (todo el que se opone a Merkel desde la derecha es «populista»), que pedirá cabezas, se sigue una estrategia ya conocida: salvaguardar la eficacia de las fuerzas del orden. En España conocemos esto bien, pues al margen de la inoperancia de mandos policiales corruptos, los medios se ocuparon de señalar que ya en diciembre de 2003 —tres meses antes del 11-M— «la Guardia Civil había evitado un atentado de similares características». Es lo que ha ocurrido ahora: según medios oficialistas, la Policía alemana habría evitado otro atentado que podría haberse cometido en alguna superficie comercial de Oberhausen, una pequeña ciudad cercana a Duisburg.

Europa sigue cogiéndosela con papel de fumar en materia antiterrorista y de relaciones con el Islam. Hay algo que huele muy mal en todo esto. He oído comentar por ahí que hay un pacto secreto entre Alemania y Turquía, según el cual Turquía puede presionar todo lo que quiera a Alemania debido a que aquélla es puerta de entrada para todos los refugiados (los verdaderos y los fake); y que si Alemania decide algo contrario a los intereses turcos, Erdogan (que ya va camino de la dictadura islamista) puede abrir el grifo e inundarnos de refugiados. Si es así, el pueblo alemán está vendido; y por extensión la UE. No es difícil de imaginar que ante la próxima avalancha Bruselas imponga cuotas de reparto. Los progres nacionales de cada país ayudarán a vender la operación como «acto de solidaridad» que tendremos que soportar todos, pero ellos no.

Parece que hay líneas de investigación que apuntan a que algunos países árabes financian a esta gentuza. Es decir: el lobo solitario no es tan solitario como parece. Más bien parece víctima propiciatoria, un tipo al que el reclutador islamista le ha lavado el cerebro y convertido ya en víctima antes de cometer el acto. Con la promesa, naturalmente, del Jardín de Alá y las setenta y dos huríes (¿o eran 32? En esto las versiones varían). Luego está la estructura logística: la que proporciona las armas o los explosivos, dependiendo del tipo de atentado que se esté pretendiendo cometer. Y detrás de éstos, que es a lo que vamos, hay alguien que lo está financiando todo. Es ahí donde todo huele muy mal. Mientras los empresarios occidentales hacen buenos negocios, miran a otra parte respecto de lo que hacen sus socios árabes, porque «a fin de cuentas, ellos no son políticos; sólo empresarios».

Pero a ras de suelo, hay algo más importante que nos han robado esta gentuza, más que las vidas de las víctimas de los atentados: la tranquilidad. Tranquilidad de que a uno no le va a pasar nada cuando pasea por la calle con su mujer y sus hijos y de que si pasa algo, las fuerzas del orden van a estar a la altura. Uno nunca sabe si en una aglomeración de gente como la que había en el Weihnachtsmarkt de la Ku’damm (podría haber ocurrido el día anterior y en Spandau, por donde paseaba yo con mi pareja y no cabía un alfiler) va a aparecer un cabrón de islamista conduciendo un camión y se va a llevar por delante a 12 personas y va a dejar 50 heridos. Los islamistas ya atentaron en Manhattan y ahora lo han hecho en Berlín. El peor miedo no es el de la gente que padece los atentados, sino de los políticos a quienes el miedo paraliza y no toman las decisiones necesarias y valientes que deben tomar.

Dicen que la dignidad es el vestido de la moral. Algunos deberían revisar qué clase de vestido llevan o si es que van desnudos. Y recordar que los islamistas tienen sus propios planes respecto de Europa, por mucho que algunos crean que pueden manejarlos o hacer tratos con ellos. Más aún: esos algunos deberían explicarnos si reciben algún pago o contraprestación a cambio de oponerse en los respectivos legislativos nacionales a la independencia energética de Europa respecto del petróleo musulmán. Toda la purria ultraizquierdista debería abrir la boca —ya que la abre para acusar a sus detractores de «extrema derecha», «extremo centro» y, por supuesto, «fascistas»— para explicar eso sin mentir. Por lo que hace a España, ya sabemos que han sido y son financiados por la dictadura islámica iraní. Respecto de los otros en otros países, uno no sabe, pero digamos que si se llega a saber, un servidor de ustedes no se sorprendería en absoluto. La estupidez, en la izquierda que juega a ser democrática, no tiene límites.

Españoles, Fidel ha muerto (II)

De cómo ha quedado Cuba después del reinado del compañero Fidel da idea esta esperpéntica imagen. Un vehículo militar —probablemente, los únicos que tengan una apariencia moderna en Cuba sin pertenecer a los miembros de la nomenklatura dirigente— transporta presuntamente las cenizas del dictador (ni siquiera hay certeza de eso). Pero sobre todo, un vehículo que o bien se ha estropeado o bien se ha quedado sin gasolina, imagen también del progreso comunista. Éste consiste que los vehículos no te llevan, sino que tú vas llevando a empujones los vehículos a través de una carretera sin arreglar desde hace años (¿para qué arreglarlas si el pueblo carece de vehículos con los que transitar por ellas?).

Lo importante de la muerte de Fidel no es tanto lo que deja atrás (hambre, corrupción y exilio), sino lo que ha de venir. Las opciones son variadas:

  1. Apertura democrática. Es lo que esperan los cubanos de fuera de la isla y no pocos de los de dentro. Sin embargo y en mi modesta opinión, la oportunidad para una verdadera apertura se producirá con la muerte de Raúl.
  2. Continuidad del régimen. Ése parece ser el propósito desde el momento en que Raúl ha dicho que dejaba el poder en 2018… tiempo suficiente para preparar a un sucesor y entregarle todos los resortes. Con lo que la dictadura se prolongará horizontalmente unos cuantos años más.
  3. Guerra civil. No sólo entre los primos (los hijos de Fidel y los de Raúl) sino entre partidarios del régimen (que tienen la sartén por el mango) y sus detractores. Para evitar eso debería existir, como en España en 1975, una masa crítica de población suficiente convencida de la necesidad de un cambio sin derramamiento de sangre.

La primera de las tres sería, naturalmente, la más deseable. Un tránsito sin violencia hacia un régimen de libertades y derechos humanos sería lo mejor sin duda para la mayoría de los cubanos. Pero tiene, a mi entender, dos problemas propios de las dictaduras moribundas. El primero, que los gerifaltes están dispuestos a resistir el vendaval democrático contra viento y marea. Y el segundo, la depuración de responsabilidades de los antiguos dirigentes.

Éste es el más importante de los dos. Dudo mucho que, en caso de producirse ese tránsito, los gerifaltes se dejaran juzgar por un tribunal guiado por principios democráticos. La solución fácil sería una de esas «leyes de punto final», ya que nadie espera tampoco que Cuba «se haga un Ceausescu». Lo triste, como siempre, va a ser que los emboscados, los que ahora tienen una parcela pequeña de poder y que han abusado de ella como carceleros, denunciantes profesionales y otra gente «afecta» que no sale en los papeles, se irán de rositas. Se convertirán en «probos funcionarios al servicio de la democracia», con derecho a que nadie, ni sus víctimas, les recuerde el pasado. Pasó con los nazis, ha pasado con los comunistas europeos y probablemente, en Cuba también si se abre el proceso democrático.

Me queda por decir algo en cuanto a reacciones. No es cierto que los gobiernos europeos hayan abandonado la posición común frente a Cuba; sólo que ya no es la posición que Aznar les obligó a consensuar. La pregunta que se hacen en muchos Ministerios de Exteriores es: «¿Con qué personaje del régimen cubano hemos de hacer negocios ahora?». Incluso, mucho me temo que algunos siguieron haciendo negocios a pesar de haber firmado esa famosa posición común. Ésa es la lamentable constatación para nuestro «civilizado» primer mundo: los «derechos humanos» ceden ante los negocios.

También es posible que la democracia sea una mala noticia para los que suelen ir a Cuba de turismo sexual. Quizá la democracia haga desaparecer las gineteras y arregle las carreteras. Quizá por primera vez los cubanos tengan trabajos decentes pagados con sueldos decentes y no tengan que prostituirse simplemente para comer. Quizá los cerdos que van a La Habana a buscar carne fresca deban pensar en rascarse el bolsillo algo más y llegar hasta otros países donde el turismo sexual esté «tolerado» (y sólo por los beneficios), porque en Cuba ya no. Supongo que ésos también se han unido al coro de plañideras por la muerte de Fidel.

Se abre un tiempo de esperanza para Cuba, si bien hay que recordar que no será para mañana mismo. Ojalá el bello país caribeño deje de ser una cárcel y sus habitantes puedan, por fin, respirar en libertad.