Pactos

Da miedito, ¿eh?

Parece que es la palabra de moda en el mundillo político estos últimos tiempos. Sobre todo aquellos que se las dan de estadistas (ya sean plumillas o políticos en ejercicio) no dejan de repetir como un mantra «… es necesario hacer un Pacto de Estado sobre esto o sobre lo otro», o «hemos de tener una posición común ante (Europa, el euro, la PAC o lo que a ustedes se les ocurra). Intentando hacernos creer como que ellos creen en la Nación española y en los españoles. Y los propios políticos batuecos se han puesto a ello… con resultados decepcionantes, por cierto. Lo más gracioso es que algunos ponen de ejemplo los Pactos de la Moncloa (¡horror!), en los que se escrituró el reparto del pastel español, remachados posteriormente con la socialdemócrata Constitución de 1978.

Pero es que el tema es otro. Verán: en mi opinión, en la cainita política española, a todos los niveles (general, de «nacionalidades», de «regiones» o municipal), un pacto se hace para fastidiar a un tercero: CiU y ERC «contra Espanya», PNV y Bildu contra el «Estado español opresor y torturador»… o Partido A – Partido B para quitarle la alcaldía al cuñado de alguno de los dos partidos del pacto. A veces también a aquella persona o formación con la que se pacta, también llamado abrazo del oso. Aquí no distinguimos a veces entre «amigo» o «enemigo». A mí se me ponen los pelos de punta cuando hoy se oye decir o se hace pasar por «noticia» que «los dos grandes partidos van a pactar» porque me imagino quien ostenta aquí la condición de tercero: es decir, el pueblo español.

Y es que hablan de pactos como si éstos fueran la panacea para todos los males de la Nación. Hasta Mariano se esfuerza en parecer «dialogante» en vez de usar el rodillo de su mayoría absoluta. Porque ésa es otra: la (presunta) izquierda tiene bula. Queda para la memoria histórica el «rodillo» que aplicaban los socialistas una y otra vez cuando aquella mayoría de los 202 diputados (ésa ya no volverá). Pero si Mariano hace lo mismo lo más bonito que le va a llamar la (presunta) izquierda es, como todos ustedes saben, «fascista» y «totalitario». La socialdemocracia española, ese monte en dos cumbres dividido, es lo que tiene.

Por lo demás, uno es más o menos anticuado y cree que los pactos se dan entre caballeros, entre gente leal y honesta. ¿Qué es lo que puede darse entre tratantes de feria de ganado, como parecen ser los dirigentes de los partidos políticos con mando en plaza? ¿Qué pacto es posible entre personas cuyo máximo afán es sacar ventaja de la desgracia del otro, prestos a apuñalarse al primer descuido? Que luego resulta que todos ellos están en la misma pomada, por más que de cara a la galería, a la carnaza y al deporte nacional (pesoe-pp, pp-pesoe y vuelta la burra al trigo), se tiren los trastos a la cabeza.

De la lealtad hacia quienes son «mandados» por ellos («gobernados» es una palabra que a la casta política actual le viene grande) mejor ni hablamos. Y decimos más: en este contexto de globulización (que no «globalización»), en el que resulta que no podemos crecer demasiado para no ofender a los vecinos y a los que se creen por encima de nosotros, esta casta política es precisamente lo que aquéllos (vecinos y presuntos superiores) necesitan para tenernos a raya. Bien parece que la casta nacional trabaja para ellos.

Finalizo: los pactos deben tener la divisa del bienestar de la Nación. Divisa que no tienen ni por asomo los partidos con mando en plaza. Los españoles nos estamos cansando y pagamos con desafección la lealtad de los políticos a aquellos que les ponen en los puestos de salir en las listas electorales. Yo sinceramente espero que no sea demasiado tarde para que políticos de formaciones diferentes sean capaces de pactar poniendo el interés y el bienestar de todos los españoles por encima del de sus partidos o de sus redes clientelares. Creo que, por ahora, el discurso de Albert Rivera es el más sensato de cuantos se oyen en el guirigay político nacional. A ver si surge otro político con la misma perspectiva.

El (presunto) retorno

¡Qué barbaridad, señores! ¡La que se ha armado! Hace una semana que entrevistaron a Aznar en Antena 3, que dejó caer unas cuantas perlas respecto de la situación económica, de su partido y de su Presidente. Todos a una se han puesto nerviosos, muy nerviosos. Lo más curioso es que el expresidente más odiado de este período que algunos todavía llaman «democracia» no aseguró en ningún momento que iba a volver. Pero la sola sospecha de que pudiera hacerlo ha puesto en guardia a tirios y troyanos, chascarrillos de El Jueves y otros aparte.

Mucho más curioso es que se diga que «Aznar no ha dejado la política» cuando su única vinculación con ésta es su actividad en la fundación FAES, el think-tank pepero. No es más que un comentario destinado a involucrarle en algo de lo que él ha querido mantenerse a distancia. Y sí, es posible que si volviese perdiese dinero: su cómodo asiento en Endesa y su pensión de expresidente serían suficientes para asegurarle la vejez tranquila que muchas personas parece que ya no vamos a tener. Sin embargo, Aznar sale en la tele intentando enhebrar un discurso nacional y se echan todos a temblar.

Por supuesto, cada uno hace la lectura política que más le conviene. Los de izquierda ya han sacado a pasear su espantajo favorito: el Prestige, la guerra de Irak y el 11-M. Es su bête noire y su odio es apocalíptico, absoluto y global. Todo porque tuvo la desfachatez de: a) ganar por primera vez unas elecciones con mayoría absoluta a la izquierda y b) por intentar sacar de su postración socialdemócrata a España. Han pasado diez años y, como si fuera ayer, la izquierda resentida, que no admite que pueda gobernar en España nadie más que ella, ha sacado toda la artillería contra Aznar.

Es verdad que, como recordaba hace pocos días Arcadi Espada, el discurso nacional de Aznar queda un poco deslucido si tenemos en cuenta el tamaño King size de las cesiones a los nacionalistas, tanto en su primera como en su segunda legislatura. Entre ellas, la de haber suprimido el servicio militar: a Pujol le reventaban los militares en Cataluña como exèrcit d’ocupació y, a pesar de que no pudo con los comerciantes de Tremp (beneficiados por la proximidad con la AGBS de Talarn), consiguió esto otro.

Pero lo que hay que reconocerle (aunque no les guste a algunos) a Aznar es que sí tuvimos unos años de prosperidad en que atábamos los perros con longaniza y soñamos ser nuevos ricos. Más allá de la burbuja inmobiliaria (durante la cual no oí quejarse a ningún socialista, según se les oye berrear ahora) y de la liberalización del suelo (que no explican lo que es pero machacan como consigna maoísta), hay que recordar que los tuvimos porque en 1998, el año del «examen del euro», cumplíamos los cuatro criterios de convergencia hacia la UEM (unión económica y monetaria), y que Alemania y Francia en aquel año no los cumplían. Y Aznar no se cortaba un pelo en jactarse de ello.

Pasemos al otro lado. Es «normal» que la izquierda cavernícola, troglodita y rencorosa que padecemos le tenga esa rabia apocalíptica y global a Aznar. Pero entre los propios también ha levantado ampollas. Y hay varias razones para ello. Durante la famosa entrevista, Aznar ofreció una imagen del liderazgo que no ofrece Mariano ni queriendo. ¿Por qué? Porque hablaba de algo más que de los garbanzosh. Después de la destructiva etapa de ZP y con un preshidente que «sólo se ocupa de la economía», era importante que un político alzara la voz y nos recordara que no vivimos para contar céntimos o el número de días que trabajamos para el Gobierno sin saberlo ni quererlo. Hacía falta un político que pensara en el interés de todos los españoles, y no sólo en el de su partido, o, todo lo más, en el de la casta.

En segundo lugar, porque en Génova, 13 saben perfectamente que si Aznar volviese realmente a la política activa, medio partido se iría con él de forma inmediata (y posiblemente con Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y Aleix Vidal-Quadras). Muchos militantes no entienden por qué, viniendo de donde viene, el gobierno del PP sigue aplicando la misma política que nos metió en el hoyo: las Administraciones siguen gastando con liberalidad y la fila de parados sube en proporción directa a ese gasto. Naturalmente, los que están en la pomada se cuidan muy mucho de guiñar el ojo al expresidente, no sea que el que «manda» de verdad (Mariano), los excluya de las listas para cualquier tipo de elección (como parece que le va a ocurrir a Mayor Oreja si los pronósticos se cumplen). Pero es que la mamandurria es la mamandurria y para algunos son preferibles los barcos sin honra y los principios marxistas (de Groucho… y tal vez también de Karl, dentro de esos algunos).

La herencia que dejó ZP sigue supurando porque Mariano, en vez de tomar medidas que solucionen el problema apoyado en su mayoría absoluta, busca el pacto y el consenso con los  enemigos de España (izquierdas y nacionalismo), cosa absolutamente incomprensible para los militantes de a pie. Tanto, como el hecho de que a Mas se le siga dando dinero a pesar de saber que éste lo derrochará en sus tonterías identitarias y de que se pasa y se pasará por el forro del arco de triunfo las sentencias y los recursos de inconstitucionalidad que le dicten o le interpongan.

La imagen de firmeza de Aznar, por más que se le puedan encontrar defectos, es lo que a mucha gente gustó (no hablo de los enemigos, por supuesto) de esa entrevista. Y contrasta agudamente con el laissez-faire de Mariano («eshque todavía no ha cometido ningún delito»). Pregúntense ustedes qué pasaría en Alemania si Baviera pillara el mismo resfriado que Cataluña. O en Francia si tal le ocurriera a Bretaña. Lo saben, ¿verdad? Y allí nadie hablaría de ejército de ocupación ni leches en vinagre.

O tal vez se trate de que la entrevista a Aznar nos ha despertado de este Día de la Marmota que parecía eterno y que parecía también que convenía a la casta. Si también es por eso, bienvenida sea esa entrevista. Aquí les dejo el enlace:

http://www.antena3.com/videos/noticias/entrevista-aznar-21-05-2013.html

¿Partido político o secta?

Original aquí.

 

*Por Ángel Rico

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Las declaraciones de líderes políticos, en la XIX Interparlamentaria Popular, han provocado los presentes comentarios al respecto, que pretenden ser constructivos. La Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, utilizó la seriedad en su discurso de inauguración para parar las opiniones de los responsables regionales que se oponen al «déficit regional asimétrico» que defiende ahora el Gobierno y que supondrá, de hecho, que unos territorios se beneficien más, en detrimento de otros que tendrían que beneficiarse menos. Por tanto las palabras de que –»no es negociable apoyar al Gobierno de Rajoy«—  obligan a releer la Ley Orgánica de Partidos Políticos que en su artículo 6, dice: –Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes— Por ello, la discrepancia y el debate interno es obligatorio.

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El Presidente de Extremadura, José Antonio Monago, puso los puntos sobre las ies, al manifestar que: –«la diversidad de opiniones dentro del PP en torno a los objetivos de déficit son democráticas, porque el PP es un partido político, no una secta y, por tanto, puede haber discrepancias«— (sic) Y las palabras de Cospedal deben analizarse porque «lo que no tiene que ser negociable» es avisar al Gobierno de Rajoy que si no se cambia el actual rumbo, se provocará un mal, peor que el que se pretende evitar. Por tanto, lo que no debe ser negociable es: –defender los intereses de España, antes que  los de los dirigentes de este o aquel partido político–.

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Es un hecho comentado, sotto voce, que en el seno del PP hay una especie de concurso de jaleadores, –donde unos y otros se miran de reojo para ver quién elogia y pondera más a los dirigentes del PP para, llegado el momento, que el halago y las carocas propias sean más resplandecientes que las de los demás – Tanto rendibú podría estar justificado si, además, dentro del PP existiese un, digamos, –departamento de control de calidad— que se encargase de analizar y hacer constar, para su rectificación, aquellos defectos en el funcionamiento del partido. Pero no existe tal departamento y a aquellos que, desde la lealtad, tratamos de comentar los fallos existentes, para ser reparados, se nos encasilla en el de los enemigos más recalcitrantes.

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Pero sea como fuere, al final la «verdad es la verdad» y Cospedal cuando hace uso de la autoridad de su cargo y la palabra, para coartar la democracia interna, debería ser consciente, por ejemplo, que: –la comunidad autónoma que preside, —Castilla-La Mancha–, tiene un índice de desempleo superior a la media nacional; el PIB de 2012 fue el 1,61% menor que en 2011; y en los últimos datos de comercio exterior queda claro que en esta región no se exporta. Y cuando no se exporta ¿qué es lo que queda? Los halagos, lisonjas, requiebros, piropos, lindezas a la cúpula dirigente, para que estos (la cúpula) se mantenga en la miopía y en el error, mientras que  los ciudadanos tienen que soportar los errores del gobierno miope. Es decir, Cospedal, tiene la autoridad del cargo, pero no la autoridad del ejemplo, sobre todo en lo referido a la creación de empleo. Porque este, el empleo en Castilla-La Mancha, no está, ni se le espera a corto, ni medio plazo.

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Se pronuncien los discursos políticos que se pronuncien, después de la retórica,   los ciudadanos siguen viendo que: –En España hay gobiernos que no cumplen las leyes, ni las sentencias de los tribunales, que con la mayor deslealtad posible, encabezan un movimiento secesionista; que en el seno de sus, carísimas,  embajadas por el mundo, vilipendian a España; que un representante de estos nacional separatistas, preside la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados de España; y además,
reciben de la Hacienda Pública, más dinero que el resto de territorios—  Urge recortar el gasto público, adecuado la estructura del Estado.

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Los ciudadanos piensan que –la distribución de los impuestos no debe ser ordenada entre todos los territorios, sino que, debe ser justa;  que las sentencias no se invocan, se hacen cumplir; que la igualdad en los territorios no debe ser una utopía, sino un hecho tangible. ¿Hace falta recordar los territorios donde tal igualdad no existe?

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Últimamente, algunos cargos del PP han utilizado su voz para pedir que: –no se vote a aquellos partidos que no tengan democracia interna–. La propuesta está bien, surgiendo la pregunta:–¿Mas democracia interna, significa listas abiertas, y primarias? ¿Un militante, un voto? Ningún demócrata podrá estar en contra de tales propuestas; solo se opondrán los «apparátchik» que se apoyan en la estructura partidista establecida, que impide la llegada de nuevas tendencias, oponiéndose a que se aplique la democracia en los partidos políticos, donde debiera imperar la democracia.

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Dicho lo anterior, es evidente, que debe aprovecharse la actual coyuntura para mejorar la actividad política, haciéndola más democrática y más transparente; donde primen los resultados políticos, más que las letanías de adulaciones, para desempeñar un cargo de responsabilidad política. Eso es lo civilizado, no apoyar sin justificación razonable, los desvaríos gubernamentales que mantienen a la sociedad civil al borde de la asfixia, mientras la casta política gobierna de espaldas a las necesidades de los ciudadanos, con el insaciable ministro Montoro, pidiendo más y más impuestos.

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Cuando los participantes en la mencionada Interparlamentaria vuelvan a sus circunscripciones, a curar su ronquera, de tanto ¡olé, olé, olé, olé, olé! Los votantes estarán buscando a alguien, que piense más en los ciudadanos, que en la casta política imperante, para otorgarle su voto en la próxima ocasión; para que los instrumentos que se utilicen en el inmediato futuro  para hacer política sean «partidos» en lugar de «sectas».

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…He dicho!

Comisiones

«Bueno, este… yo me tengo que ausentar porque he de seguir defendiendo
a esta gran nación en otro campo de batalla…»

Me hacen mucha gracia las noticias que salen en los medios de comunicación acerca de las comisiones de investigación. Se anuncian con todo bombo y platillo por parte del partido en la correspondiente oposición (nacional o autonómica). «¡Esto es una inmoralidad! ¡Vamos a pedir una comisión de investigación que se va a cagar la perra!», vocean algunos. Luego, claro, si el partido gobernante tiene mayoría absoluta, no necesita a nadie más para negar su constitución. Continuar leyendo «Comisiones»

Justicia socialista

A un año vista de las elecciones que presuntamente ganó la derecha (presunta), me queda clara una cosa: que quien ha ganado verdaderamente las elecciones es el socialismo (Hayek ya nos avisó del camino de servidumbre que iniciábamos), sin que importe demasiado a estas alturas quién lo lleve a cabo. Uno tiene la impresión de que los lloros y pataleos de la pesoe lo son más por haber perdido la mamandurria que por otra cosa, aunque haya algunos a los que todavía los batuecos les estamos pagando el sueldo.

No se sorprendan demasiado ustedes con esta afirmación. El gobierno que salió de las urnas el pasado año no es un gobierno de derechas. El candidato sí parecía ser de derechas, pero no así el presidente electo y mucho menos el gobernante. No habíamos visto en España un Gobierno con tal fervor por subir impuestos, que es la medida socialista por excelencia. Sí, lloriquean por la herencia recibida, pero sólo dan los grandes números: nos dicen que el déficit conjunto que la pesoe legó al nuevo Gobierno es del 9,4%, pero de los detalles nos vamos enterando muy lentamente. Así, los 27.000 millones (de euros) que dejó Chaconeta Metálica en Defensa, o los 40.000 millones que dejó Pepiño, hoy a las puertas del TS por el gas station blues. Por si faltara algo, en Sanidad la ministra Jaguaryou sigue subvencionando a las feminazis. Que para eso, mejor haber dejado a la Pajina, aunque ya no se subvencionen las organizaciones proderechos de la mujer en el África subsahariana (o en la Amazonia, a elegir).

Lo cierto es que con estos políticos con mando en plaza que nos han tocado, uno se acaba enterando de que hay una publicación periódica que no miente (o por lo menos, que miente menos que las demás): el Boletín Oficial del Estado (y en cada autonomía, el diario oficial que corresponda). Y se aficiona uno a leerlo, de veras: en esas publicaciones no hay noticias tales como que en Suecia una señora ha sido detenida por «mantener relaciones íntimas con un esqueleto» (que uno no sabe si la estupidez se predica de la señora o de la justicia sueca). Así es como se entera uno de que el Faraón ha decidido subirnos las tasas judiciales. El estado socialista en el que «vivimos, nos movemos y existimos» ha decidido quitarnos el derecho a una sentencia gratis que teníamos con ZP (teniendo en cuenta que antes todas, salvo las de muchas campanillas, eran gratis). Por eso y aunque los lacios me crucifiquen, les recordaré el consejo que da Jesucristo en el Evangelio, que es salud tanto para ustedes como para su bolsillo, visto lo visto:

«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano `imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame `renegado’, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» (Mt 5, 20-26).

Y en este artículo se explica perfectamente el porqué de este faraonazo. Clasista de mierda.

«Que se j…»

En la pasada semana hemos tenido otra prueba más del apabullante dominio que tiene la izquierda de la demagogia y del agit-prop frente a un PP absolutamente inerme. Es decir: funcionan como casta tras las bambalinas, pero de cara a la galería y cuando el PP menos se lo espera, garrotazo y tentetieso.

El asunto ha venido a cuenta de cierta expresión desafortunada de la diputada del PP por Castellón Andrea Fabra. En un pleno movido, en que Mariano anunciaba los reco… esteeeeeeeee ajushtesh que los españolitos de a pie vamos a sufrir en prácticamente toda nuestra esfera más cercana y justo en el momento en que Mariano anunciaba los recortes a los parados, los españolitos vimos como la susodicha profería una expresión poco acorde con la dignidad del lugar en que se encontraba.

Estaremos de acuerdo en que no fue una expresión afortunada. Incluso podemos argumentar que la dignidad de las paredes del vetusto edificio ya se demedió bastante con la autorización a ZP para «negociar» con ETA. A partir de aquí, la manipulación ha sido monumental. Primero, porque en el momento de la algarada, todas las cámaras enfocaban a la bancada del PP. A mi entender, éste es un detalle fundamental: los españolitos que vimos aquello podríamos haber determinado a quién verdaderamente se dirigía la soez expresión.

Y segundo, porque no podía ser otra la destinataria que la bancada socialista. Aquí la segunda manipulación: a alguien le faltó tiempo para anudar los recortes a los parados con la expresión de la nena Fabra. Lo cual, sin duda, fue como encender la mecha de un barril lleno de dinamita. Una mecha muy corta, dadas las circunstancias. A partir de ese momento hirvió Twitter, hirvió Facebook, Youtube repite una y otra vez las palabras de la diputada fuera de contexto. Y todo ello sirvió para caldear el ambiente aún más de lo que ya estaba.

Y aquí ya las cosas se salieron de madre. Los trolls socialistas metidos en las redes sociales repitieron las correspondientes consignas, que cito aquí de un usuario de Facebook:

Recortar la prestación a los parados y alegrarse de ello, y regodearse, es propio de hijos de puta. Y con perdón de las putas, que se merecen mayor respeto. No es un rifirrafe parlamentario, no le dijo «que os jodan», a los del PSOE, dijo ¡QUE SE JODAN!, a los parados, que son el pueblo español, que son de TODAS las ideologías. Yo te digo que eres una ¡HIJA DE PUTA! y que no puedes representar a nadie.

Esta sarta de mentiras y sandeces revueltas es lo que durante unas horas se convirtió en trending topic, dentro y fuera de Twitter. En la verdad absoluta que no admitía discusión. Fueron inútiles los intentos de hacer razonar al respetable, prueba de que la manipulación funcionó como un reloj. La manipulación consiguió, además, desviar el resentimiento y justificar la desviación. Es decir, se quitó al PSOE, que es el verdadero culpable de que haya que recortar (aunque eso, quién sabe por qué extraña cortesía, no se dice mucho desde Génova, 13), de la línea de fuego, y se redirigió éste contra el PP, sólo porque ahora está gobernando. Se borró del panorama de la actualidad el escándalo de los 97.000 euros que se auto-otorgó Patxi Nadie u otros asuntos que, de no haber prendido esta manipulación, la gente hablaría de ellos.

Y más aún: ley del embudo socialista. ¿Se imaginan ustedes si lo siguiente hubiera sido dicho por un personajo del PP?

Así, pues, el PP se comió el resentimiento nacional contra la casta política. Por sus privilegios, tan compartidos con el PSOE y con las demás fuerzas con representación parlamentaria (gracias, PSOE, por incluir en ellas a Amaiur, a quien no le importa que la subvencionen con dinero español). Resentimiento en el que hay que incluir al propio PSOE, destinatario real y verdadero del exabrupto pese a todo el chorreo que ha caído en otras direcciones. Resentimiento que ha servido para justificar la instigación de ataques contra personas del entorno de la nena Fabra:

  1. Por un lado, su padre, Carlos Fabra. Tal vez sea un digno discípulo de Don Vito Andolini di Corleone, pero eso es algo que deben determinar los Tribunales y no la ira del pueblo justiciero (bien dirigida y mantenida por los que ya sabemos).
  2. Por otro, su marido, Juan José Güemes. En el PSM de Fostiatus le tienen una inquina orgánica, fisiológica y fundamental porque, siendo consejero de Sanidad, no se arrugaba ante las tretas de la bruja Maru(ja). Además, los ridiculizaba una y otra vez (sus vídeos sobre el progresí son memorables) y eso justificó también el palo a la nena Fabra.

Caldeado el ambiente de todo caldeamiento, ya no importaron las explicaciones que diera la nena Fabra. Todo lo anterior, además, sirvió para justificar el ataque a sedes del PP y militantes y cargos públicos del PP. Ahí aparecieron los que se escudaban en la masa cobarde. Aquellos que en otro tiempo o lugar hubieran aplaudido el sambenito, la coraza de sapos y la hoguera. Los que hubieran aplaudido el ahorcamiento o lapidación en la plaza pública. Todos esos, escondidos cobardemente en la masa y en el clima propiciado por la miserable manipulación, agredieron verbal (y en algún caso físicamente) «al PP» en las personas de sus militantes, cargos públicos y electos. ¿Habrá quien se atreva, después de esto, a decir que la española es una «sociedad democrática»?

Qué lástima que estos hechos no los tuvieran que sufrir la pesoe y sus militantes dos años antes, cuando ZP aprobó sus recortes. No recuerdo que nadie saliese a la calle por eso. Bueno, sí, los sindicatos: pero con mucho cariño, porque lo hicieron tres meses después de aprobarse el famoso decretazo. Aparte de eso, nadie quemó, apedreó las sedes de la pesoe entonces. Nadie increpó o agredió a cargo de la pesoe alguno. ¿Es que acaso el PSOE es el único que puede manipular, insultar y agredir a quien, legítimamente, le arrebate el poder en las urnas? ¿Habrá quien se atreva a decir que, de puertas afuera, el PSOE es un «partido democrático»? Que de puertas adentro no lo es ninguno. Pero que no lo sean aquellos a quienes no se les cae la palabra «libertad» de la boca, pues… como que queda más feo aún.

El silencio de los peperos

Tomo prestado el título del post homónimo de mi amiga Candela, porque me parece muy expresivo del clima político que se respira en estos días post-navideños. El hecho es que muchos vamos rumiando nuestro descontento ante las primeras decisiones de Mariano, sorprendentes algunas y cabreantes algunas otras. La queja de quienes viven del Partido (en mayúsculas) es algo así como «Joooo… es que no le habéis dado los 100 días de cortesía, o sea».

Por otro lado, una cuestión que sigue siendo importante es «cuánto sabía el PP» de lo que le esperaba al llegar a Moncloa. Ellos dicen que «se esperaban un desastre, pero no tan grande como el que han encontrado». La pesoe, para añadir más leña al fuego, dice que ellos «informaron bien» (¡ja!). ¿Conclusión? Se trata de un teatrillo pactado entre unos y otros para que no nos enteremos de la real dimensión de la debacle. Sobre todo porque conocerla daría alas a quienes pensamos que hay que reformar el sistema político de arriba abajo y, sobre todo, seguir el ejemplo islandés, a saber: la aplicación analógica a los políticos (a falta de una regulación específica, que ellos por motivos obvios no se van a molestar en parir) de los capítulos del Código Penal relativos a la delincuencia económica de cuello blanco.

Seguro que si ustedes han dado de alta un perfil en alguna red social han sufrido de una forma u otra el bombardeo de los peperos adictos. Que si la situación era inaguantable (que lo era y lo sigue siendo), que si el ministro tal, que si el ministro cual… Todos los días había motivo para quejarse del gobierno de ZP. Al final, lo que funcionó fue el viejo argumento de Orwell en Rebelión en la granja: «¿O es que queréis que vuelva el señor Jones?», que traducido a términos nacionales era: «¿O es que quieres tener 4 años más de ZP?». Era, sin duda, el voto del miedo.

Y muchos votamos. Primero, porque el bombardeo en las redes sociales ha sido de tal calibre que prácticamente el que no votaba «no cumplía con un deber patriótico». Segundo porque, ingenuos de nosotros, pensábamos que el hecho de depositar una papeleta en una urna «nos daba derecho a exigir cuentas al partido que hubiésemos votado». Que no nos íbamos a encontrar con la prepotencia socialista frente a «la voz de la calle». «Lo importante es echar a ZP», repetían incansablemente los tamagotchis de Mariano. Finalmente, optamos por la teoría del «mal menor», porque decíamos: «El único partido que puede sustituir al PSOE es el PP. Y el PP no puede ser peor que el PSOE». Nos olvidamos de que el mal menor, por mucho que sea menor, también es un mal. No es menos notable que a quienes intentábamos usar un poco la cabeza y preguntábamos qué era lo que traía Mariano en las alforjas nos dijeran «que no teníamos derecho a sembrar la duda» o a «desanimar» a los votantes (malo cuando alguien quiere que votes sin usar la cabeza, sino las vísceras: señal de que tiene poco programa que ofrecer). Vamos, una especie de traidores a la causa pepera. Muy propio del sectario dar por sentado que quien no está con tu enemigo está contigo.

Y así, con la estrategia arriolina de a poquitos, el PP consiguió mayoría absolutita (186 diputados, que hubieran podido ser más si el PP le hubiera echado huevos; pero eso no va con ellos, al parecer). Una modosa y justita mayoría, para no enfadar (mucho) a la izquierda, la única (auto)legitimada para gobernar el país. De haber sacado la mayoría que era posible sacar, el PP se hubiese acercado bastante más a los 200 diputados y RbCb, poniéndose al frente de la izquierda toda, hubiera tocado a rebato para quemar la calle. Más o menos como en Francia cuando ganó Sarkozy. Pero claro: ése no era un escenario deseado por el PP.

Así pues, Rajoy obtiene mayoría absoluta malgré lui. Es decir: la libertad (sin hipotecas nacionalistas ni de ningún otro tipo) de sacar adelante los instrumentos normativos que nos saquen de la Championlí del paro, de la recesión y del desastre social, político, moral y espiritual en que ha quedado España tras los 8 años de Atila ZP. Hay mucha tela por cortar. Sin embargo, toda la energía usada anteriormente para criticar a ZP parece que ha desaparecido. Todo lo que hace Mariano «está muy bien» y los que le criticamos, aún habiéndole votado, es que «no tenemos piedad con él porque no le damos los famosos 100 días, o sea, joooo». Poco importa que se trate del incumplimiento de promesas electorales (subida de impuestos, una medida muy socialista, cómo no), de las condecoraciones al peor gobierno de nuestra democracia o determinados nombramientos en determinados puestos importantes: Gallardón, el niño bonito de la izquierda madrileña, en Justicia), Lassalle en Cultura (el «liberal simpático»… con la izquierda. No en vano está casado con una miembra), o la mayor de las sorpresas (hasta ahora): la mamporrera de Cristina Garmendia, Carmen Vela, como Secretaria de Estado de Ciencia e Investigación, pese a su vistoso currículum zejatero y su insuficiente currículum académico y científico. Menos mal que Cosidó ha puesto un punto de sensatez en los nombramientos…

Es decir: que apenas llevan 2 semanas en el gobierno y han conseguido que los tamagotchis tengan que defender lo indefendible. Sin mencionar el hecho de que allí donde son administradores de grupos de la red social laminan cualquier intento de razonamiento contrario a su ideología. Es decir: aplicando la filosofía del «talante» y del «diálogo» tan querida por sus (presuntos) enemigos…

Por último y para poner una nota de humor musical, la pregunta de moda en estos días es «¿dónde está Rajoy?». En honor a la verdad, esta canción se la cantaban a Miguel Sebastián cuando era candidato a alcalde en los Madriles. Pero hay que reconocer que Mariano empieza a ajustarse admirablemente a la letra de la canción…

Tamagotchis

Vuelvo hoy a asomarme por mi blog y dejarles lo que consideraremos una breve nota. ¿A cuenta de? Pues de algo que ocurrió ayer en Twitter e hizo que muchos recalibráramos a cierto conocido personaje, que pasa por ser periodista y aparece con cierta frecuencia en alguna cadena de televisión. Continuar leyendo «Tamagotchis»

Reforma …stitucional

Vean ustedes cómo este Gobierno en funcionísimas sigue tratando de diluir el cabreo por la situación económica que ellos mismos van a legar a Rajoy: primero, los indignaos de Sol, niños mimados de Rubalcaba y su arma secreta para hacer la vida a cuadritos a Rajoy. Seguramente, más allá del 20-N tendremos ocasión de hablar de ellos si el gobierno que salga de las elecciones es llamado «fascista» por reprimir las manifestaciones de vandalismo, marca de la casa entre los indignaos.

Luego fue la visita del Papa, sazonada con mentiras mil (nunca desmentidas por los mentirosos, por cierto, sino diluidas en un puerco y vergonzante silencio). Menos mal que el Papa sabe latín (y unos cuantos idiomas además del suyo) y no entró al trapo (lo siento por los antitaurinos, que habrán respingado al leer este modismo tan nuestro) ni quiso hacerse la foto con nuestro Mr. Bean (lo único que le importa a ZP, como ya ustedes saben). Claro que él se vengó: mandó a Bono, ese católico de conveniencias, a despedirle, aprovechando el protocolo o pasándoselo por el arco de triunfo, vayan ustedes a saber.

Y ahora estamos en lo que estamos. Que parece ser que en Bruselas (en rigor, Berlín y algo menos París), están hasta las narices de que aquí se siga tirando el dinero y han mandado una carta a ZP exigiéndole que «limite constitucionalmente el gasto». ¿Qué ha hecho ZP? De entrada, negar la mayor: él no ha recibido ninguna carta de Bruselas, eso son «mentiras de la derecha». No obstante, en el PP estarán informados y se la habrán restregado, así que ahora no tiene más narices que «reformar la Constitución». Y hacerlo con el jefe de la oposición (¡horror!), que es el único que le garantiza por sí solo los 3/5 necesarios en el Congreso.

Hay varias cuestiones que se suscitan al socaire de esta exigencia bruselense:

a) ¿Dónde hay que incluir esta cláusula de límite o techo constitucional de gasto?

b) ¿Hay que reformar algo para que quepa esa cláusula en nuestro texto constitucional?

c) ¿Sería necesario reformar algo más en nuestra llamada Carta Magna?

La respuesta a la primera pregunta parece clara: en el Título VII de la Constitución («Economía y Hacienda»). Aunque en realidad no importa dónde la pongan, si van a hacer como con el resto de la Constitución, a saber: pasársela por el forro del arco de triunfo cuando les convenga. De hecho, lo que ofende a la inteligencia es la necesidad de establecer un límite al gasto por Constitución. Eso significa que hasta ese momento, no se ha exigido a los gestores de nuestra economía la diligencia de un bonus pater familias, expresión que traduzco: que no hayan cuidado de los dineros de todos como si fueran los propios. Claro que con los precedentes de Carmencita Calvo («Er dinero público no é de nadien») no se podía esperar otra cosa.

La respuesta a la segunda pregunta es más difícil y comprenderán ustedes que se la deje a los expertos hacendistas. No obstante, déjenme que les diga que si nuestra casta política se hubiera conducido con la prudencia de un ama de casa promedio, que sabe que sus recursos son escasos y que, como decimos en Cataluña, no es pot estirar el braç més que la mànega, tal vez otro gallo nos cantara hoy en día.

Y la respuesta a la tercera pregunta es un clamoroso ¡sí! De hecho, de existir una reforma constitucional digna de tal nombre, habría que reformar el Título VIII de arriba abajo. Hay quienes piden incluso una nueva Constitución, o sea, la apertura de un proceso constituyente como el que se abrió en 1977. No sé si llega a tal punto nuestra coyuntura, pero sí estarán de acuerdo conmigo en que al menos una cosa sí que debe de ser reformada: el funcionamiento interno de los partidos. Ya que son los únicos que de verdad parecen tener «derechos políticos» (como dicen pomposamente las leyes), sería conveniente una higiene profunda, para evitar que entraran en ellos la cantidad de trepas, mediocres y lameculos que han entrado en estos últimos años. Y sería bueno para la nación que:

a) Los dirigentes de los partidos recordaran que esto todavía es España y que existe un interés general español, por más que haya quienes se sientan moralmente excluidos; y

b) que los políticos electos recordaran que no se deben a quienes les han puesto en los «puestos de salir», sino a aquellos a quienes por ley representan, a saber, los ciudadanos residentes en su circunscripción electoral.

No sé si un sistema de listas abiertas sería la panacea para la crisis política e institucional (y no sólo eso) que padece la nación. En los despachos de los jefes de los partidos a todos los niveles debería existir un cartel que dijese algo como esto: «Prohibidas las recomendaciones. Sólo perjudican al recomendado». Quizá sería un principio para evitar que determinados sujetos, individuos, especímenes, entren en política para enriquecerse a costa del eurario público.

Sin embargo, yo sólo soy un servidor de ustedes. Y aunque no son pocos los que piensan como un servidor, no nos van a hacer ni caso. La «tiranía del consenso» exige que éste ignore cualquier otra propuesta que no provenga de la endogamia política. Pero también les digo algo: la tensión crecerá en los aledaños de la burbuja política, y sería mejor que se desinflara en vez de explotar. Y vamos camino de esto último.

PD.- En este vídeo podrán encontrar a ZP… Les dejo que adivinen.

Parodias

Confirmado: la campaña electoral será no sólo larga, sino también a cara de doberman y todo lo sucia y repugnante que aguanten los estómagos de los españoles. Y cuando digo «sucia» y «repugnante» sabrán ustedes que me refiero específicamente al PSOE: ese partido que ni es E, ni es O y que no está en otra cosa desde hace años. Lo estuvo en 1996 (perdían el poder), lo estuvo en las de 2007 catalanas (no perdían el poder, pero temían no poder reeditar el monstruo de tres cabezas llamado Tripartit) y en las de 2009 europeas apelaron al mismo resorte (estaba la cosa difícil y perdieron de todos modos). Parece que ahora vuelven por sus fueros (si es que se fueron alguna vez).

¿Razón? Precisamente la falta de razones les conduce directamente a ese discurso visceral y nada racional (todo perdido por ese lado) o emocional (ya no convencen con escenas suaves y hasta sentimentales). Sólo les queda el recurso a la brocha gorda. La «agresividad» siempre les ha reportado pingües beneficios y por ello no salen de esa estrategia zafia. También, porque saben que el nivel medio cultural ha descendido mucho (si lo sabrán ellos, que han provocado dicho descenso desde la LODE de 1985, esa ley nefasta de la cual penden las demás desgracias educativas de este país).

Frente a esta avalancha de mala intención y, sobre todo, de mala leche, ¿qué es lo que piensa hacer el PP? Al parecer, poca cosa. Estarán pensando en Génova que no hay que hacer nada:

  1. porque la situación es la que es (política, económica y social) y que «sólo tienen que abrir la boca para que les caiga la fruta.
  2. porque ya les va bien que «el enemigo esté dividido» (hoy ya no es así, aparentemente) y que los capitostes se apuñalen entre ellos.
  3. porque creen que «si se mueven», creen que van a recibir el doble de lo que ellos den y que la gente «percibirá» que han dejado de estar en el centro, que es lo que al parecer le importa a Arriola
    Rajoy.

Sin embargo, lo extraño es que el PP no tendría por qué esforzarse mucho en sudar la camiseta. Le bastaría con la verdad. Con mostrar los 5 millones de parados, el desbarajuste autonómico (hablaremos de él en otra próxima entrada), la inexistencia de una política económica industrial y energética, que nos ha puesto de rodillas. Son tantas cosas que están reventadas que el PP puede escoger el campo que quiera. Extraño. Tendremos que ponernos en la piel de Mourinho y preguntar(nos): «¿Por qué?».

A todo esto, quisiera traer a colación un hecho reciente. Una de las cadenas amigas del Gobierno ha decidido hacerle la ola levantando una liebre que, además, ha resultado ser falsa. El elemento parodiado fue el spot publicitario de la pesoe para las europeas de 2009, lleno de odio hacia la derechona:

Y aquí la parodia (que, naturalmente, no ha gustado nada a los parodiados porque, al parecer, sólo la pesoe tiene el derecho de señalar a aquellos de los que se burla):

Intereconomía ha hecho (una vez más) el trabajo sucio que no quieren hacer los marianistas. Sin dudarlo. Pero lo más llamativo del asunto resultó ser no tanto el anuncio en sí mismo sino la cobertura que le dieron en Telahinco. Y el más que notable hecho de que allá estuviese la señora Ceaucescu, aka Celia Villalobos, departiendo amigablemente con la Rata Albina (Sopena) y la Albondiguilla (Iglesias) escupiendo sobre la cadena («Me repugna Intereconomía») y sobre el millón largo de telespectadores que no se pierden sus programas de debate, ya sean Dando Caña o El gato, entre otros. Y quiero añadir Alguien tenía que decirlo, conducido por Ramón Pi, que lo escuché de casualidad en un horario inmisericorde cual es el domingo a las 9 de la mañana y me gustó mucho también. En cualquier caso, llegarán ustedes a la misma conclusión que yo: que a los socialistas de todos los partidos no les gusta tomar la misma medicina que aplican a los demás.

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