Francisco Alegre

¡Qué veranito, señores, qué veranito! Parecía que, como todos los años, el españolito medio se iba a ir de vacaciones julianas o agosteñas con el país dormido y/o bostezando, y en cambio hemos tenido un verano caliente, no sólo por la temperatura, sino también por el juego que han dado las acciones y declaraciones de los dos principales gallitos del corral parlamentario. Sin embargo (por fin), parece que las cosas se van aclarando. Aclarando, naturalmente, en el sentido de que a los españoles nos espera un otoño electoral caliente, con jugadas de lo más sucio por parte de la pesoe y silencios cada vez más largos por parte del pepé, seguros de su estrategia de no entrar al trapo en ningún momento.

El veranito español pasado por los espejos de la Calle del Gato, sin embargo, nos deja unas cuantas imágenes más o menos definidas, que yo relaciono a ustedes pero no necesariamente en su orden cronológico.

La primera de todas es la escena de la carta. Lo peor no es, con todo, que haya carta, que ya sabemos que sí hay. Lo peor es que sólo parcialmente conocemos su contenido y que además será Rajoy quien tenga la obligación de leernos la carta completa (ZP es incapaz por definición de enfrentar a sus gobernados con la verdad). Más que nada, porque si no lo hiciera, demostraría para muchos lo que unos cuantos nos hemos maliciado siempre: que para la clase política somos unos niños de teta, unos imbéciles, y que no merecemos explicación alguna cuando se le pregunta qué hacen con nuestro dinero.

La segunda estampa es la de algunos tragando el sapo de la «reforma constitucional exprés», aunque por diferentes motivos:

a) Unos, como el candidato Alfredo P., porque les entraba la risa floja hace un poco más de un año cuando el PP propuso que sería una buena decisión para cortarle el suministro a esa bestia insaciable llamada «Administración autonómica». En aquel entonces el que aún era ministro de interiores se burlaba de la solución brindada por Rajoy, por la única y demencial razón de que «la había propuesto el PP». Hace pocos días, en cambio, hemos asistido al esperpento de oírle que «se declaraba convencido por ZP en un pispás».

b) Otros, como el nacionalista presuntamente moderado -«la cara amable del cavernícola nacionalismo catalán en Madrit»-, Duran i Lleida, emprenyat porque no se le había tenido en cuenta para decidir la reforma, después de todo el apoyo que han prestado al partido que ha creado el actual desastre. Claro que su postura es comprensible: se les pretende impedir que gasten dinero inútilmente, es decir, en ambaixadetes y en promoció del català; que racionalicen sus recursos y los dediquen a lo que es importante para los ciudadanos de aquí (entre otras cosas, la sanidad, que buena falta hace). Y claro: això no pot ser. Cataluña debe seguir siendo nacionalista gobierne quien gobierne, como patrimonio cultural y sobre todo administrativo que es del nacionalismo (particularmente de CiU), y además hay que tener influencia en Madrit (doctrina Cambó, si no me equivoco).

c) Y en un tercer grupo están el resto. Ese gran resto con el que los grandes partidos cuentan sólo cuando les conviene y que ahora, por mor de la reforma constitucional, parece que acaban de descubrir que no son bisagra, sino comparsa. Sería el caso de Llamazares, poco menos que exigiendo la posibilidad de refrendar la reforma (y de paso recoger algunas migajas del presunto mérito de la misma, aunque le queden apenas dos meses en el convento). No importa que se le explique que de acuerdo con el Título X de nuestra norma fundamental no es necesario el referéndum, sino una mayoría determinada en el Congreso para realizar la reforma. Él seguirá indignao.

La tercera (y no menos esperpéntica) que nos deja el verano es la de Alfredo P. escuchando un «No, gracias» de sus compañeros de partido ante la petición del «presunto líder» de acompañarles en la lista electoral. Parece en el PSOE que algunos se han puesto de acuerdo para fastidiarle, mientras Elenita Valenciano le canta el viejo pasodoble Francisco Alegre, aunque con algunas variaciones, claro…

En los carteles
te han puesto un nombre
que no lo quiero mirar,
Alfredo Pérez y olé, Alfredo Pérez y olá…

La gente dice «Me voy pa casa»
porque se va a presentar,
Yo estoy rezando por él
con la boquita cerrá…

Pueden imaginar ustedes cómo sigue la letra de la copla. Pero lo que no podían imaginar ustedes (ni yo mismo, desde luego) es el nivel de cutrerío alcanzado por el candidato en cuanto a propaganda. La foto del equipo electoral de Rubalcaba presentaba el siguiente aspecto:

Observen ustedes atentamente la foto. Está hecha en un patio interior, cuando lo suyo hubiera sido hacerla en la entrada principal o por lo menos en un lugar donde no se viese, según la coplera, la ropa tendía (nada más que faltaban dos chonis a voz en cuello: «¡Nenaaaaa, que a vé si me dá una poca de asúcaaaaaa!»).

Pero lo peor es el logo. Un logo sin rosa. Un logo sin puño (¡horror!). Y sobre todo, un logo sin fondo rojo (¡horror y horror!) y nada menos que de color azul (el color del ganador más que probable de las elecciones: ¡más horror!).

Créanme ustedes si les digo que esta foto se la ha hecho a Alfredo P. su peor enemigo por encargo. No falta un solo detalle para hundirle. ZP apoyó a Carme Chacón y la hundió. Y ha estado apoyando a Alfredo P. y lo está hundiendo. O casi: lo poco que se le ve al pobre candidato sobre el agua apenas es la coronilla. Más vale que manden a ZP de vuelta a León y que lo encierren en su casoplón (pagado con dinerito de todos los españoles) antes que el PSOE desaparezca, irremisiblemente hundido y necesitado de refundación, en el tsunami azul que se le viene encima.

Reforma …stitucional

Vean ustedes cómo este Gobierno en funcionísimas sigue tratando de diluir el cabreo por la situación económica que ellos mismos van a legar a Rajoy: primero, los indignaos de Sol, niños mimados de Rubalcaba y su arma secreta para hacer la vida a cuadritos a Rajoy. Seguramente, más allá del 20-N tendremos ocasión de hablar de ellos si el gobierno que salga de las elecciones es llamado «fascista» por reprimir las manifestaciones de vandalismo, marca de la casa entre los indignaos.

Luego fue la visita del Papa, sazonada con mentiras mil (nunca desmentidas por los mentirosos, por cierto, sino diluidas en un puerco y vergonzante silencio). Menos mal que el Papa sabe latín (y unos cuantos idiomas además del suyo) y no entró al trapo (lo siento por los antitaurinos, que habrán respingado al leer este modismo tan nuestro) ni quiso hacerse la foto con nuestro Mr. Bean (lo único que le importa a ZP, como ya ustedes saben). Claro que él se vengó: mandó a Bono, ese católico de conveniencias, a despedirle, aprovechando el protocolo o pasándoselo por el arco de triunfo, vayan ustedes a saber.

Y ahora estamos en lo que estamos. Que parece ser que en Bruselas (en rigor, Berlín y algo menos París), están hasta las narices de que aquí se siga tirando el dinero y han mandado una carta a ZP exigiéndole que «limite constitucionalmente el gasto». ¿Qué ha hecho ZP? De entrada, negar la mayor: él no ha recibido ninguna carta de Bruselas, eso son «mentiras de la derecha». No obstante, en el PP estarán informados y se la habrán restregado, así que ahora no tiene más narices que «reformar la Constitución». Y hacerlo con el jefe de la oposición (¡horror!), que es el único que le garantiza por sí solo los 3/5 necesarios en el Congreso.

Hay varias cuestiones que se suscitan al socaire de esta exigencia bruselense:

a) ¿Dónde hay que incluir esta cláusula de límite o techo constitucional de gasto?

b) ¿Hay que reformar algo para que quepa esa cláusula en nuestro texto constitucional?

c) ¿Sería necesario reformar algo más en nuestra llamada Carta Magna?

La respuesta a la primera pregunta parece clara: en el Título VII de la Constitución («Economía y Hacienda»). Aunque en realidad no importa dónde la pongan, si van a hacer como con el resto de la Constitución, a saber: pasársela por el forro del arco de triunfo cuando les convenga. De hecho, lo que ofende a la inteligencia es la necesidad de establecer un límite al gasto por Constitución. Eso significa que hasta ese momento, no se ha exigido a los gestores de nuestra economía la diligencia de un bonus pater familias, expresión que traduzco: que no hayan cuidado de los dineros de todos como si fueran los propios. Claro que con los precedentes de Carmencita Calvo («Er dinero público no é de nadien») no se podía esperar otra cosa.

La respuesta a la segunda pregunta es más difícil y comprenderán ustedes que se la deje a los expertos hacendistas. No obstante, déjenme que les diga que si nuestra casta política se hubiera conducido con la prudencia de un ama de casa promedio, que sabe que sus recursos son escasos y que, como decimos en Cataluña, no es pot estirar el braç més que la mànega, tal vez otro gallo nos cantara hoy en día.

Y la respuesta a la tercera pregunta es un clamoroso ¡sí! De hecho, de existir una reforma constitucional digna de tal nombre, habría que reformar el Título VIII de arriba abajo. Hay quienes piden incluso una nueva Constitución, o sea, la apertura de un proceso constituyente como el que se abrió en 1977. No sé si llega a tal punto nuestra coyuntura, pero sí estarán de acuerdo conmigo en que al menos una cosa sí que debe de ser reformada: el funcionamiento interno de los partidos. Ya que son los únicos que de verdad parecen tener «derechos políticos» (como dicen pomposamente las leyes), sería conveniente una higiene profunda, para evitar que entraran en ellos la cantidad de trepas, mediocres y lameculos que han entrado en estos últimos años. Y sería bueno para la nación que:

a) Los dirigentes de los partidos recordaran que esto todavía es España y que existe un interés general español, por más que haya quienes se sientan moralmente excluidos; y

b) que los políticos electos recordaran que no se deben a quienes les han puesto en los «puestos de salir», sino a aquellos a quienes por ley representan, a saber, los ciudadanos residentes en su circunscripción electoral.

No sé si un sistema de listas abiertas sería la panacea para la crisis política e institucional (y no sólo eso) que padece la nación. En los despachos de los jefes de los partidos a todos los niveles debería existir un cartel que dijese algo como esto: «Prohibidas las recomendaciones. Sólo perjudican al recomendado». Quizá sería un principio para evitar que determinados sujetos, individuos, especímenes, entren en política para enriquecerse a costa del eurario público.

Sin embargo, yo sólo soy un servidor de ustedes. Y aunque no son pocos los que piensan como un servidor, no nos van a hacer ni caso. La «tiranía del consenso» exige que éste ignore cualquier otra propuesta que no provenga de la endogamia política. Pero también les digo algo: la tensión crecerá en los aledaños de la burbuja política, y sería mejor que se desinflara en vez de explotar. Y vamos camino de esto último.

PD.- En este vídeo podrán encontrar a ZP… Les dejo que adivinen.

El adelanto del adelanto

Uno no entiende mucho de arcanos económicos, y cuando le dicen que «la prima de riesgo sube hasta 400 puntos» y que eso es «terrible», espera que se lo expliquen debidamente para poderse horrorizar a dúo o a trío si hace falta.

No obstante, siendo tan «terrible» como pueda ser, parece que la pregunta es si «los mercados», que según ZP son los culpables de todo, están empujando para que ZP pierda su silla. Ya la fecha del 20-N, más simbólica que otra cosa, resulta insuficiente. Lean ustedes «insuficiente para los mercados», puesto que ZP se hubiese quedado hasta marzo próximo.

Pero, ¿y nosotros? ¿Qué hacemos con esas personas que han perdido su trabajo y que lo tienen difícil para recolocarse, ya sea por edad, por condiciones o por su especialización? Será que no cuentan en las encuestas, ni en las listas del INEM. Probablemente sean de esos «pobres» de los que habla Serrat en su memorable Disculpe el señor.

Pero a ZP ya no le importan porque piensa que eso es tarea de RbCb o de Rajoy (el encargado más probable de gestionar el asunto si se cumplen las previsiones). Él sabe que va derechito al Consejo de Estado (cuando a donde debería ir derechito es a su casa o a ya saben ustedes dónde) y con eso le basta. Para nosotros también es dudoso qué puede aportar ese hombre al funcionamiento del Alto Organismo, pero es que en España somos así de agradecidos: damos la patada a los nombres que nos sacan del pozo y tratamos de borrar su memoria y premiamos a los que nos han metido en él.

Por más que «retrase sus vacaciones para atender el incremento de la prima de riesgo», yo (y creo que también muchos de ustedes) preferiría que no atrasara las vacaciones y que, desde luego, rectificara inmediatamente la fecha de las elecciones. Lo mismo da si quiere ponerlas en 28-O el 11-S. Pero, por favor, que las adelante. Para que de esta forma se vaya a su casa (o a donde ustedes se imaginan) un señor que jamás ha pensado en el conjunto de los españoles y que ha permitido que bandas de facinerosos se hayan ido apoderando de parcelas de la Nación que nunca debieron haber sido cedidas.

Foto incompleta. Detrás de él tendrían que correr los 5 millones de parados que deja.

Navajazos, nachetazos y rejoneos

No me cabe duda de que a estas alturas de la tragicomedia española que vivimos, ustedes habrán llegado a la misma conclusión que yo: que la política es un asunto de familia. O más exactamente, de familias. Últimamente asistimos a los navajazos entre el clan de la vieja guardia socialista, agrupada en torno a Grupo Prisa, y el clan de la nueva vía, agrupados éstos en torno a Mediapro. Que sólo por eso unos y otros deberían decidir de común acuerdo que desapareciese la «O» de la marca comercial y pasarse a llamar «Partido Socialista Empresarial Español». En realidad la última «E» también sobraría, pero eso es merecedor de otro post.

Todos los partidos grandes (los pequeños no, porque ya sería lo que faltaba: encima de pocos, mal avenidos) tienen ese problema: de que después de un largo recorrido (sobre todo, después de perder las elecciones), el partido se fracciona en familias que defienden formas distintas de hacer (a veces uno tiene la impresión de que en realidad lo que se contrapone son formas distintas de saquear el erario público). Y una vez formadas esas familias, el tema es que permanecen, ya sea en el odio, ya sea en el interés. Uno no puede dejar de acordarse en estos casos de cierta escena de esa obra maestra absoluta que es El Padrino I en la cual se reúnen i tutti capi para firmar la paz tras la entrada en el negocio de Sollozzo, il Turco, que casi provocó una guerra.

El caso es que llevamos muchos días jugando los que en el fúrbo se llaman «minutos de la basura». La legislatura estaba acabada incluso antes de llegar al Debate del Estado de la Nación de la canción. Si me permiten ustedes, hasta diría que se terminó en febrero pasado, cuando se retiró a un segmento de los 5 millones de parados los 420 euros de subsidio y Frau Merkel vino a este Bundesprotektorät a ver cómo iba la cosa.

Los únicos que sacan tajada de la situación son los nacionalistas vascos y catalanes. Lógico: si el odiado Estat espanyol se cae a cachos (en lo que ellos, apoyando a ZP, han tenido buena parte de responsabilidad), hay más terreno para los estaditos federalitos como el chiringuito político que quiere montar aquí la oligarquía catalana, tanto la de derechas como la de izquierdas (vulgo sociovergencia).

Por todo ello, porque las instituciones y su acción parecen absolutamente detenidas y aguardando la llegada del otoño salvador con la convocatoria de elecciones, la degradación de la vida política avanza imparable, bien aderezada de intereses económicos poco confesables, cobra interés el nachetazo (la colocación digital de la mujer de Nacho Escolar en RTVE, en un puesto para el que ni siquiera tiene currículum) que denuncia Carlos Carnicero, el más reciente despedido de Prisa (y además, bastante deprisa, según cuenta él) y el rejón que por persona interpuesta (en este caso, Cebrianito de la Sierra), manda RBLKGB a ZP, al margen de que Cebrianito de la Sierra respire por la herida de los contratos concedidos a Mediapro.

En esto, señores, ha quedado la política nacional a día de hoy. En navajazos, rejones y nachetazos diversos a la espera de que llegue alguien que diga que «este circo se ha acabado». No sabemos si será Rajoy esa persona. Pero si no es él, alguien debería llegar y decirlo. Y hacerlo.

Miedo, terror y pánico

La entrada será breve, porque la noticia no admite paliativos. Seguramente recordarán ustedes el viejo chiste sobre «la diferencia entre miedo, terror y pánico». Tres emociones que hoy parecen recorrer de parte a parte a los socialistas manchegos. Vean ustedes cuál es mi concepto:

  1. Miedo es perder las elecciones y que desalojen a los tuyos de todas partes.

Que sí, que también valdría para Camps o Gallardón, ese socialista de derechas que se ha ganado por derecho propio el título de «Alcalde más manirroto de España». Pero por de pronto, las auditorías de los ex-feudos socialistas son mucho más preocupantes. Aunque sólo sea porque afectan a media España. Y cuando el PP llegue a la Junta de Andalucía, que parece ser que sí hay posibilidades, a más de las dos terceras partes.

Jódete y baila

Facta est iniquitas. El Tribunal Constitucional, también llamado de esta otra forma, ha enmendado la plana al Tribunal Supremo, permitiendo que el engendro etarra de Bildu se presente a las elecciones municipales del próximo día 22. Muchas son las cuestiones, unas enigmáticas, otras no tanto, que se desprenden de esta decisión.

La primera es que no debería sorprender esta decisión, dado el marcado carácter político y no jurídico del Alto Tribunal. Deben recordar ustedes que los miembros del TC son elegidos de la siguiente manera: 8 por el poder legislativo (4 por cada Cámara), 2 por el Gobierno y 2 a propuesta del Consejo General del Poder Judicial, órgano cuya politización es también notoria (me vienen arcadas cuando recuerdo la cara de satisfacción de Rajoy y de ZP tras haber pactado la composición actual de dicho órgano).

Los miembros del TC, de acuerdo con su Ley Orgánica, están sometidos en su actuación a los principios de imparcialidad y dignidad inherentes a su función (art. 22 LOTC). Como ustedes no se lo creen, yo tampoco lo voy a hacer, visto lo visto. Digamos que más bien están sometidos al principio por ser Vos (quien me ha puesto donde estoy) y saben bien a quién se deben: a la ley cuando ésta no entorpezca la voluntad de Vos, y a Vos cuando la entorpezca. Tal ocurre con los magistrados progresistas, buenos lacayos togados de sus amos políticos (con la honrosa excepción de Manuel Aragón Reyes, filoprogresista, que votó en contra).

Una segunda cuestión es que el Gobierno sabía desde hacía semanas el resultado que nosotros conocimos ayer. Resultado del que ya avisó D. Jaime Mayor Oreja hace exactamente 14 meses, en febrero de 2010. D. Jaime avisó de que los terroristas estarían en las elecciones y por tanto, tendrían la oportunidad de estar en las instituciones también, manejando dinero público (o sea, de ustedes y mío). Ofende a la decencia más elemental que unos señores que no condenan específicamente los asesinatos de ETA y que no se colocan del lado de las víctimas puedan acceder a ese dinero.

Con todo, lo peor no es eso. También es mala noticia que puedan acceder a listados de datos personales, de forma que cuando les convenga no dudarán en amedrentar a quien haga falta dejándole caer lo de «sabemos dónde vives» (no muy diferente al «sabemos dónde estudian tus hijos», que denunciaba Urdaci de la época en que él era director de Informativos de TVE), lo mismo que se ha conocido que han presionado a personas abertzales limpias para rellenar sus candidaturas.

También supongo que a ustedes, como personas leídas y avisadas, les habrán llamado la atención dos reacciones: la primera, el silencio de Rajoy; la segunda, el ruido y la furia de la caverna socialista defendiendo la iniquitas perpetrada por ese Tribunal otrora llamado Constitucional. De la primera poco hay que decir. O Hamlet das Rías Baixas nos tiene acostumbrados a esos episodios de tancredismo y de dejar que sean otros los que hablen por él incluso en temas que él, como candidato a la presidencia del Gobierno, debería dar la cara primero. Más sorprende que le hayan dicho a Esperanza (Cospedal, probablemente) «que no se meta con lo de Bildu», algo que no se entiende sin sospechar acto seguido que hay gato encerrado.

Del ruido y la furia progres defendiendo la actuación de Rubalcaba –pues de eso se ha tratado, fundamentalmente– y sobre todo, intentando crucificar a los fachas que decimos que eso ha sido una indignidad, qué les voy a contar. Se pasean por la blogosfera con el argumentario bien aprendido y en parejas, como hacen los miembros de determinadas sectas. Fíjense ustedes en el nivelazo de la argumentación: «hay que dar una oportunidad a la paz». En plan Lennon, con bengalas, mecheritos y toda la parafernalia que ustedes quieran. Pero como decía el también inglés John Cleese en La vida de Brian: «¿¿La paz?? ¡¡Que te folle un pez!!». Da risa ver cómo la mala leche que gasta la izquierda reaccionaria de las Batuecas contra los disidentes desaparece cuando se trata de los asesinos etarras y de quienes les pretenden representar ante las urnas.

Con estos mimbres y dado el historial de los sujetos que han permitido la fechoría, era previsible que saliese una sentencia de las de jódete (por la parte que le toca al vicepresidente Gay) y baila (por la parte que le toca al presidente Pascual Bailón Sala, de fúnebre memoria en el Tribunal ex-Supremo y felipista de pro).

Tiranías buenas y malas

En mis mocedades, hace ya tantos años, me tropecé con este libro, martillo de escritores herejes y luz y guía de almas que no deseaban salirse de la via ad caelos. Era el tal libro la obra del resfriado ingenio del jesuita que lo firma y en el cual se pueden leer parabienes y anatemas según fuese el color del libro recensionado (plenamente recomendable por su visión amable, inocuo o directamente condenable dado su anticlericalismo). Libros como éste, émulos del Index, son afortunadamente en nuestros días una reliquia; pues acaso ustedes puedan pedir consejo a alguien formado respecto de determinados libros, pero jamás permitir que ese alguien se convierta en luz de su conciencia de ustedes.

Les cuento este detalle porque estos días he tenido una desagradable sensación de dejà vu. Los vientos de libertad que comentábamos hace unos pocos posts se han convertido en un ardiente siroco que barre de punta a punta el Magreb: Túnez, Egipto, Libia… y parece que en Marruecos también empiezan a sentirse dichos efectos. Se habla incluso de la posibilidad de participar en una acción militar en suelo libio. Se me ocurren varias ideas, que paso a exponer a ustedes brevemente.

En primer lugar, esos vientos de libertad han soplado donde menos lo esperaríamos: en las aparentemente inmovilistas sociedades de inspiración musulmana. Egipcios, libios y tunecinos han demostrado que para lograr el cambio y cuando no hay más remedio, hay que luchar. No se sabe qué saldrá de todo esto, pero por lo menos están en movimiento. Desde Europa se contempla con escepticismo, como siempre.

¿Qué tienen en común esos tres países? Aparte de ser todos ellos dictaduras, explícitas (Libia) o implícitas (Egipto y Túnez), uno de los puntos en común es su socialismo islámico. «Socialismo» que, de golpe y porrazo, ha desaparecido de los medios de comunicación. Ahora el «coronel» Gadafi ya no es un «líder socialista libio», sino un «tirano libio». Al parecer, todos aquellos que disfrutaron de las jaimas de Gadafi se han apresurado a tildarlo de tirano y de dictador, cuando no a silenciar el detalle para que no salgan retratados. Y, naturalmente, a expulsarlos de la Internacional Socialista. «Le dijo la sartén al cazo: «Quítate, que me tiznas»».

Pero vean ustedes cómo antes, la impresión que se tenía del régimen libio era como de una dictadura, «pero no tan mala como una de derechas» (pongamos por caso, la de Pinochet o la siempre presente dictadura franquista). Ésas sí que son malas malísimas. No hay nada que decir de las dictaduras de izquierda pura, como la soviética o la cubana (que es lo mismo que la soviética pero a ritmo sabrosón), hasta tal punto que los irredentos progres tienen dificultades para condenarlas. Sin olvidar que en esos deleznables manuales de EpC se observa el mismo patrón: el comunismo era una dictadura, «pero no tan mala como el franquismo». Claro que a los chavales nadie les menciona el detalle de que en poco más de 75 años han causado 100 millones de muertos. Lo que importa es el eslogan, la foto, la propaganda, en suma.

De forma que ahora resulta que, según la vara progre de medir, el régimen venezolano es «bueno» y el de Alemania, dirigido por la fracasada
Merkel es «malo malísimo» (a pesar de que nos dictan la política económica y casi han salido de la crisis, con un índice de paro descendente y nuestros mejores cachorros yéndose para allá en busca de pastos más verdes).

Adoctrinamiento, adoctrinamiento puro y duro. Y dejà vu.

Lo importante es la foto

… Y ésta en particular explicaría muchas cosas. ¿Tal vez el 11-M? Menos mal que nos merecemos que no nos mientan, que nos digan siempre la verdad. Si no nos lo llegamos a merecer…

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