Integrista

Las mañanas de Federico casi nunca dejan de depararme sorpresas. Ahora resulta que un servidor, por defender la vida y la familia frente al aborto (y el divorcio-capricho y la eutanasia) y la ingeniería social LGTB, es un integrista católico. Por pedir que el Estado ayude a las familias numerosas soy una especie de monstruo de la carcundia. De eso me enteré hace dos días.

Que sí, que está muy bien que Federico critique la abducción de VOX por HazteOír, el Yunque y otras hierbas integristas católicas –desgraciadamente las hay, aunque no ametrallen las redacciones de los diarios que no les gustan–. Particularmente, a mí tampoco me gusta la versión rigorista y formalista del catolicismo que propugnan, la del malleus maleficarum, porque olvida interesadamente algo que Jesucristo dijo respecto del poder terrenal: Regnum meum non est de hoc mundo (Jn 18:36). El poder de éstos, en cambio, sí que es de este mundo, por mucho que quieran vestirlo con ropajes «divinos».

Hasta admito que Federico se burle –sin pasarse– de Rocío Monasterio y de su «obsesión por la natalidad y la familia» como si esta obsesión fuera un rorro. Resulta que, en la facción integrista, su poder y su dinero van en proporción directa a su hipocresía en materia de religión. Y si me dijeran que van azuzados por miembros de la Curia y ratas de sacristía a los que les fastidia que el poder de Jesucristo «non est de hoc mundo», tampoco me sorprendería demasiado. De todos modos, a la futura marquesa consorte de Valtierra hay que reconocerle la coherencia: tiene cuatro hijos, aunque se los cuiden para que ella pueda dedicarse a la política y no esconda vergonzantemente, como otras, que tiene servicio.

Pero ahora viene la gran pregunta: si no defendemos la natalidad y la familia propias, ¿cómo creen Federico y otros libegales de vía estrecha que habrá españoles prestos a defender la «Nación española»? ¿Importándolos del otro lado del charco y vendiendo como «evolución» la degradación de lo específicamente español, que es lo que hacen la izquierda y la derecha lacayas del NOM? Tengo un gran respeto por nuestros hermanos del otro lado del charco, de verdad; pero si es posible, prefiero ayudarlos en su país.

Resumiendo: aunque uno pueda burlarse del «integrismo católico», lo cierto es que defender la vida, la natalidad y la familia cuando nuestro crecimiento vegetativo está bajo cero no es una mala idea. Hasta para los libegales y minarquistas con ínfulas (ésos que defienden la teoría del «Estado mínimo» y que suelen ser, curiosamente, gente de pasta) si quieren tener un ejército que defienda lo suyo y que no van a conseguir a golpe de talonario.

“Hacerse un Alejandro” (y II)

Los «anormales» de VOX

Antes de que los trolls a sueldo y otras hierbas me salten a la yugular, explicaré el significado del título de este epígrafe. Hay un pasaje en el libro de Federico Barcelona, la ciudad que fue, que viene a decir lo siguiente: al ganar Pujol las elecciones de 1980 frente a una postura más moderada (y sensata) de Tarradellas, se adueñó del discurso legitimador y estableció que un partido podía ser de izquierdas, de derechas, mediopensionista, autogestionario o internacionalista; pero que si no era «nacionalista» en algún grado, estaba fuera del sistema.

Algo parecido ocurrió a nivel nacional. Y ocurrió mientras la nación aún estaba en estado de shock por el atentado más sangriento de toda su historia moderna. Si la «derecha de Aznar» estableció el estándar político de la democracia con su Ley de Partidos de 2002, ZP hizo lo propio con el estándar ideológico: estableció la mierda del género como medida de la normalidad. Detrás de ese estándar vinieron otros, como el de la visibilidad de la mujer por encima del hombre («Todos los hombres son iguales… pero las mujeres son más iguales que los hombres»), el del adoctrinamiento de género en las escuelas (júzguese lo preocupante de la situación en Cataluña o Vascongadas, donde los niños ya soportan otra capa de adoctrinamiento) y la generalización de la cultura de la muerte: así, un aborto no es matar a un ser vivo, sino «quitarse una tripa»; entérese, señora. Y la eutanasia no es sólo matar a los que sobran o mejorar la raza (no hay eutanasia que no vaya de la mano de algún programa o motivación eugenésicos); es «asegurar el pan de nuestros nietos», porque la cantidad de pensionistas en relación a la cantidad de cotizantes «hundirá la Seguridad Social», que truenan los neomalthusianos de vía estrecha. Suena a argumentación comunista, pero con la base argumental de un reverendo hijo de su madre de hace 250 años.

Volviendo a nuestro tema, he aquí la razón de que VOX sea considerado una anomalía en el sistema político que padecemos. No tragaba con la mierda del género y, a pesar de que no rechaza el aborto en todos los supuestos, le han dejado fuera. No le sirvió de escarmiento que crujieran a Marta Rivera de la Cruz por denunciar ese estándar, siendo precisamente esa denuncia la que encumbró a VOX al puesto de partido bisagra para evitar cuatro años más de régimen socialista en Andalucía.

Sin embargo, tras esos momentos triunfales en Sevilla, parece que Madrid ha abierto la caja de los truenos, y además va pareciéndose cada vez más al juicio de Paris –tres beldades en competencia nada amistosa: Díaz Ayuso, Villacís y Monasterio–. Les dejo que elijan quién sea Hera, quién Atenea y quién Afrodita–.

Así las cosas, a Santiago Abascal… Conde han decidido hacerle un alejandro. La complicada posición del juez Francisco Serrano (que no debería serlo pero que lo es por culpa de los estándares citados) al frente de VOX Andalucía por criticar la sentencia del TS sobre la Manada le ha puesto en el disparadero. ¿Y quién ha sido el que con más saña ha tirado contra su todavía jefe? Alejandro Hernández, su número dos. Un verdadero alejandro, sin duda. No es historia nueva. Si en un puesto importante que quieren veinte personas pones a alguien capaz pero que no está entre esos veinte, los veinte conspirarán para que tu opción se caiga con todo el equipo, por muy capaz que demuestre ser.

La crisis murciana pretende dejar entrever que Abascal no controla su propio partido y que, al parecer, algunos de sus dirigentes van por libre. A mí, contemplándolo desde la lejanía castellana, donde apenas si se ha producido ruido en los relevos, me parece que ya empieza a ser una cuestión de grado… nobiliario. La futura marquesa consorte de Valtierra monta en cólera porque no le dan la alcaldía de Madrid, pese a que su formación no ha obtenido los votos suficientes para negociar desde una posición de fuerza. Además y por encima de todo: ¿desde cuándo tiene menos rango nobiliario un marqués… que un Conde?

La escena puede parecer ridícula, pero imaginémosla. Monasterio dando saltos en un escenario y cantando algo así como esto (dejo la indumentaria a la imaginación de ustedes)…

Don’t call my name,
Don’t call my name, Ivancito…

I’m not your babe,
I’m not your babe, Santiago…

Y su señor marido disimulado en el cuerpo de baile, que eso es otra cosa que no entiendo de la industria musical. Aunque ya me supongo la jugada: a Stephanie Germanotta no le hacía puñetera falta un bailarín, pero a Lady Gaga sí. Además, teniendo en cuenta que ha «experimentado con drogas» (debe ser la única manera de aguantar lo de ser icono LGTB), será buena idea que haya alguien en el escenario para sostenerla o socorrerla el día que se caiga redonda por habérsele ido la mano.

Lo que da un poco de tristeza del «fenómeno VOX» es que ahora que gracias a figuras externas a la política han logrado una representación con capacidad de influencia, los mediocres, trepas y lameculos hayan dado un paso al frente y comiencen a laminar a los primeros, con la excusa de que «la política no se debe dejar en manos de aficionados». ¿Será la época o es un mal endémico de España, lo de que existan más cortesanos e intrigantes que políticos de verdad? Esperemos que los que aún quedan no sean laminados con la excusa de «queremos ser un partido normal». Lo que más o menos sonaría como esto…

In Afrika die Negerlein
Rufen sie all’zugleich:
«Wir wollen deutsche Neger sein,
Wir wollen heim ins Reich!»

“Hacerse un Alejandro” (I)

Este verano, a diferencia de los últimos veranos, promete ser caliente. No sólo por la plaga de los incendios, que sufren un apagón informativo: se habla de las hectáreas quemadas, se usa la cámara para el porno emocional de los propietarios destrozados y se corre un tupido velo sobre causas y culpables, que nunca vuelven a salir en las noticias. Este verano promete ser caliente por otros motivos, que les explicaré más adelante.

Hago un inciso para contarles que he visto con mi pareja la película Ha nacido una estrella (A star is born, en la lengua del Imperio), con Bradley Cooper y Stephanie Germanotta, hoy conocida como Lady Gaga. Con esa película me he llevado dos sorpresas. La primera, que Cooper tenga la suficiente buena voz y dominio de la guitarra para dar el pego como guitarrista drogota y juguete roto de la industria de la música. La segunda, que Lady Gaga tuviera suficientes dotes interpretativas como para ser un personaje creíble aun interpretándose a sí misma (la película cuenta sus inicios en el mundo de la música). Al ver la película, uno siente una punzada de melancolía al ver que han convertido a la persona tras ese torrente de voz en un monstruo al servicio de los intereses LGTBI, cuando sin necesitar de eso hubiera podido llegar muy, muy lejos.

Algo así le ha ocurrido a la «nueva política» española: le han hecho un Alejandro. Nos hemos dado cuenta de que la «nueva política» es tan mala como la vieja. «¡Mis servicios por un cargo!», parecen gritar los nuevos. Ricardo III sólo pedía un caballo; pero éstos, naturalmente, quieren más. Y sin haber sudado la camiseta, a diferencia del rey shakesperiano. Vamos a desgranar un poco la cuestión.

A Ciudadanos le crecen los enanos

Éste podría ser el pareado del día para la formación naranja. Parece ser que ha sido dejar un retén en Cataluña (Lorena Roldán al frente) y, tot d’una, se ha iniciado un rosario de hechos extraños. Primero, el «roto» de Monsieur le Commissaire. Yo no entendía por qué se dedicó a reciclar viejos cargos del PSC: resulta que no los reclutaba para C’s, sino para su partidito de «próxima fundación», al parecer. Una operación que me recuerda la que montaron Diego López Garrido y Cristina Almeida (el «Partido Democrático de la Nueva Izquierda») para salirse del PCE y fichar al poco tiempo por la pesoe, la izquierda rentable.

Monsieur Valls es un tipo que, como recalcó Federico en alguno de sus editoriales, no es otra cosa –y por este orden– que masón, socialista y francés y que, según parece, es el envoyé spéciale de Charlemagne Macron a la Marque Hispanique para «vigilar a Rivera». No hará falta que Rivera le eche: se irá él, después de haber dejado el partido hecho unos zorros en Cataluña y, en todo caso, cuando Macron se lo indique. Más aún si contamos lo que ha hecho con los concejales de Barcelona: los suyos, tres, apoyando a la Colau y los otros, tres también, en contra.

Luego, las dimisiones. Primero, la de un quídam llamado Toni Roldán, que oficia(ba) de economista bajo el ala de Luis Garicano. Y ahora, Xavier Pericay, catalán trasplantado a Palma de Mallorca, ha dicho s’ha acabat el bròquil y dimite de todos sus cargos. Nadie sabe lo que pasa en las alturas de C’s; pero quizá no ande desencaminado Federico cuando les profetiza acabar en cascarón hueco si no cambian de rumbo. Uno de los problemas de C’s es que nunca ha cuidado demasiado a quién metía en su cama. Y así es como le pueden ir las cosas. Al ser un partido de aluvión, tenía éxito en Cataluña porque recogía votos de izquierda y derecha contra el nacionalismo. La marcha a Madrid hizo insostenible esa manera de cosechar votos. La dictadura nacionalista (hoy ya abiertamente separatista) no se entiende y aburre fuera de Cataluña; de hecho, en Madrit es una especie de «exotismo consentido por inevitable» (mal hecho). Y ahora los de izquierdas quieren tirar para su establo y los de derechas otro tanto. Quizá de eso hablaron en la reunión Bilderberg con la Ice Queen y Rivera sacó demasiado pecho, razón por la cual se va filtrando poco a poco que prefieren a Arrimadas al frente de la formación naranja. Lo cual a Rivera le pone de los nervios. Entre damas anda el juego. Podría ser que Arrimadas ganara la mano y que a Rivera le buscaran un retiro dorado –tal vez en La Caixa, incluso–… pero lejos de la política.

Pactos postelectorales

Por su interés, reproducimos esta Tercera, pues hace afirmaciones con las cuales coincido plenamente y porque sobre esas afirmaciones puedo basar mi «cabreo» con los medios de ¿comunicación? que llevan días y días hablando de cambalaches post-electorales. Original aquí.

La confluencia de cuatro elecciones, legislativas, europeas, autonómicas y locales, en el plazo de un mes, con cinco partidos nacionales con representación en los cuatro niveles, además de los regionales, con el antecedente inmediato de una moción de censura que desalojó al gobierno de España y lo sustituyó por otro con solo 84 diputados y un apoyo ideológico más variado que los colores del arco iris, ha conducido a la sociedad española a una situación no solo inédita e insólita, sino de gran confusión e incertidumbre.

La primera conclusión es que el partido que ha ganado las elecciones legislativas, de donde tiene que salir el próximo presidente del Gobierno de España, ha obtenido algo más de 7 millones de votos, de un electorado de más de 36 millones. Por tanto, ese partido, y también su líder, tienen el respaldo del 20 por ciento del electorado. O sea, cuatro de cada cinco electores españoles no han querido que ese líder sea su presidente.

Otra cosa es que ahora llega la hora de las negociaciones y chalaneos para tener el apoyo de la mitad más uno de los diputados electos al Congreso de los Diputados, o en última instancia, de la mayoría simple de la Cámara, si no hay una alternativa que cuente con una mayoría superior. Es decir, son ahora las cúpulas de los partidos las que están negociando, en el sentido literal del término (nada que ver con ideologías, programas electorales, o intereses y preferencias de los ciudadanos-electores-votantes-pagadores de impuestos). Pero, ¿cómo saben las cúpulas de los partidos cuáles son las preferencias o intereses de quienes les han votado?, ¿o dan y toman teniendo en cuenta solo sus propias preferencias e intereses como cúpulas de los respectivos partidos? ¿Cómo podemos saber los ciudadanos-electores-votantes-pagadores de impuestos, qué es lo que las cúpulas de los partidos dan y toman a cambio en esos chalaneos de feria?

Es evidente que los ciudadanos-electores-votantes-pagadores de impuestos somos sólo espectadores y monedas de cambio, no somos ciudadanos decisores. Por supuesto no estoy aquí planteando la necesidad de una democracia plebiscitaria permanente, ni mucho menos. Sólo planteo que si votamos a un partido (por no hablar de los que no han votado o han votado en blanco porque ninguna de las candidaturas les han animado a dar su apoyo a ninguna opción), nos gustaría poder decir cuál es nuestra segunda preferencia, es decir, con quién o quiénes queremos que el partido al que hemos votado llegue a algún acuerdo de gobierno. Tanto los políticos que forman parte de la cúpula de los partidos, y en muchos casos algunos comunicadores, o incluso medios de comunicación, empresas, bancos y otros «stake holders» nacionales o extranjeros, parecen sustituir la voluntad de los ciudadanos-electores-votantes-pagadores de impuestos sobre qué pactos apoyamos o rechazamos.

El problema está en la Ley Electoral. Algunos hemos pedido el cambio de esa ley desde su aprobación en 1977. Se dijo que era provisional, solo para las primeras elecciones, debido a que los españoles carecíamos de cultura política. Pero tanto el PP como el PSOE han tenido la responsabilidad del gobierno de España desde 1982, a veces con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, y no la han cambiado, a pesar de que la propia Constitución prevé la reforma de cualquiera de sus artículos, uno a uno sin que sea necesario cambiarla entera. Por mucho que algunos quieran confundirnos, se pueden cambiar uno, varios o muchos artículos de la Constitución sin que ello implique cambiar de Constitución. Y conviene recordar también que la UCD gobernó dos legislaturas sin tener mayoría absoluta, lo cual evidentemente es más difícil.

La Ley Electoral vigente no garantiza una representación igual de todos los ciudadanos, no a causa de la famosa regla (que no ley) D’Hont, que lo único que hace es facilitar la asignación rápida y sencilla de escaños proporcionalmente a los votos obtenidos por cada partido, sino por el establecimiento de la provincia como circunscripción electoral y por la asignación de dos escaños a cada una, con independencia de cuál sea su población, (más un escaño a cada una de las dos ciudades de Ceuta y Melilla), repartiéndose los restantes 248 escaños (hasta 350) proporcionalmente a su población. Por ello, y llevando las cosas al absurdo, si en la actualidad una provincia no tuviese ningún elector, es decir, ningún habitante con 18 o más años y derecho a voto, seguiría teniendo derecho a dos escaños. Esta falta de proporcionalidad ha llevado a que los partidos nacionalistas, que concentran sus votos en solo una o varias provincias, obtengan muchos más escaños que partidos nacionales con muchos más votos.

En resumen, la vigente ley favorece a dos partidos nacionales (que han sido el PSOE y el PP) y a los partidos regionales principalmente, pero no exclusivamente, catalanes y vascos. Y también da un poder excesivo a las cúpulas de los partidos, que son quienes confeccionan las listas de candidatos a las elecciones. En las primeras elecciones hemos votado conociendo a los cabezas de lista de los partidos y también a varios de los componentes de cada lista. No obstante, según las investigaciones postelectorales que he llevado a cabo desde 1993, más del 75% de los votantes no conocen, o mencionan erróneamente, el nombre del primero de la lista que han votado. Pero ahora es todavía peor, porque la tendencia al presidencialismo caudillista que se ha instaurado en todos los partidos, ha conducido a que la propaganda electoral se centre de forma casi exclusiva en el líder del partido, incluso en las elecciones municipales, de manera que los electores votan la sigla del partido, sin conocer para nada a los integrantes de cada lista, con frecuencia ni siquiera a quien la encabeza.

Desde 1977 he defendido públicamente la necesidad de cambiar la ley electoral española para evitar esas desigualdades, y el excesivo poder concedido a los líderes caudillistas de cada partido, acercándola a la que es propia de la mayoría de las democracias occidentales, y concretamente al distrito unipersonal, de manera que los electores voten directamente a la persona que quieren que les represente, no a un conjunto de personas, solo a una. Ese sería el sistema inglés, el que tiene más votos, tenga o no el respaldo de más de la mitad de los votantes, gana el escaño. Una variante es la francesa, que establece que si ningún candidato (debido al multipartidismo) obtiene el respaldo de la mitad de los votantes, debe haber una segunda votación, en la que solo participan los dos candidatos con mayor número de votos en esa circunscripción. De esa manera, los electores son quienes deciden los pactos, pues dan su voto a uno de los dos partidos, sin que lo hagan las cúpulas del partido al que han votado. Además, este sistema garantiza que el candidato elegido tenga el respaldo de al menos la mitad de los votantes, lo que evita la frase habitual en España de que los representantes «no nos representan», pues si un candidato ha obtenido el apoyo del 50% o más de los votantes, es obvio que representa a la mayoría. La variante alemana incluye además la posibilidad de que un reducido número de escaños se elijan en listas nacionales, como se hace habitualmente en las elecciones europeas.

Cualquiera de los tres modelos me parecería mejor que el actual, pero es cierto que personalmente preferiría el sistema francés. Lo que no es de recibo es que las cúpulas de los partidos negocien ahora, a espaldas de los ciudadanos, los pactos de gobierno, intercambiando pactos nacionales, regionales y municipales como si fueran cromos de jugadores de futbol. Son nuestros votos los que negocian en el mercado negro.

Paisaje después de la batalla (II)

Seguimos con la relación después de unos cuantos días de pausa. Nos ocupamos ahora de C’s, que ha hecho unos cuantos méritos en estos días para ello. Lo primero que cabe decir de la formación naranja en estos días posteriores a las elecciones es que, si el PP de Mariano era apostrofado por Federico como Partido Payudá, la formación que preside Albert Rivera bien podría definirse como Partido Paenredá. Porque enredar y no otra cosa es lo que ha hecho Rivera desde que han terminado las elecciones.

A veces lo pienso y me da la risa escuchando la radio. Los comunicadores, esos «creadores de opinión» (como si la nuestra no valiera mucho, lo cual no siempre es cierto), se pasan las horas muertas hablando primero de las elecciones, de los sondeos, que en no pocas ocasiones han fallado más que escopetas de feria y, por tanto, su fiabilidad está más que en entredicho. La verdad, simplemente, rara vez se encuentra en las encuestas. Luego, las elecciones: la noche electoral, en que se pasa de la categoría a la anécdota y viceversa en cuestión de segundos. Más pasar el rato. Y más vale que no nos acordemos de la terrible frase atribuida a Stalin: «No cuentan los votos, sino los que cuentan los votos». Luego, queda la suculenta materia de las componendas entre unos y otros: lo que harán y lo que no harán. A estas alturas se han ganado todos ellos una aureola de augures que, como dirían en Cádiz, no ze pué aguantá.

Me sigue dando la risa cuando unos y otros hablan como si los partidos no fueran, en el fondo, teledirigidos. Como si tuvieran ideas propias, vamos. Lo cual me daría para una digresión lateral para la que ahora no tengo espacio, acerca del hecho de que somos una democracia tutelada, así como para hacerme la pregunta del millón: «¿Cuándo se jodió la democracia en España, Zavalita?». Déjenme decirles que, en mi modesta opinión, se jodió cuando se terminó la Transición, que de hecho también fue controlada y teledirigida. Y para quien quiera abrir los ojos, le diré que el 11-M fue una buena muestra de ello. Non ti azzardare mai più a schierarti contro la famiglia, è chiaro? Mai più. A la casta política española, que había sacado pecho con Bush, le quedó eso più chiaro.

Pero a lo que íbamos. Ya sabemos de las andanzas de Rivera con Verhofstadt. Ahora se lo han dicho más claramente en una de las reuniones recientes del Bilderberg, a la que acudió acompañado curiosamente de Inés Arrimadas, degradada también recientemente a portavoz del Congreso. El mensaje le habrá llegado alto y claro en español, encargándose de ello la Ice Queen de la Banca española (Ana Patricia Botín). La idea es, fundamentalmente, arrinconar a los partidos «poco bizcochables», es decir, de convicciones más o menos sólidas y que presentan puntos no negociables, al efecto de que España se convierta en esclava disciplinada del NOM. Es decir, nada de comunismo (Podemos), porque no se cayó el Muro para volver a implantarlo otra vez. Y nada tampoco de «extrema derecha» (que tiene huevos que alguien que simplemente quiere lo mejor para su país sea tildado de «extremista»). Para la masonería que nos tutela C’s es ideal, porque en lo ideológico es impreciso y en la práctica es grouchomarxista. Si no me creen, acuérdense de lo corregidita que volvió Soraya de su primer encuentro con esos fulanos que tan mal resisten la luz y los taquígrafos.

Por eso ahora me da la risa (floja) cuando los «comunicadores», «creadores de opinión» y otras hierbas –HMV, en realidad– comienzan a hablar de que el mejor pacto de los posibles es uno entre Sánchez, cuya ideología se resume en aguantar en la poltrona a cualquier precio, sin que le importe que lo hayamos de pagar los españolitos de a pie, y Rivera, que desde que se fue a Madrid la unidad de España se resume para él en unas cuantas fotos con Abascal y Casado. Justo lo que quieren los bilderbergs y quien esté por encima de ellos, si es que hay alguien. Ese pacto aseguraría la implantación total de la mierda de género y de la ingeniería social a través del tridente apuntado contra la sociedad (divorcio, aborto y eutanasia), así como la destrucción de la identidad nacional, proceso necesario para la integración en un gran «gobierno mundial».

Tal vez hicieran algunos mejor en hablar menos del «Papacisco» y de la «mafia lavanda» y hablar un poco más de los masonazos que tiran de los hilos. Que conste que lo entiendo, ¿eh? Hablar mal del Papa y del lamentable problema de los ladrones, puteros y maricones dentro de la Iglesia no sólo sale gratis sino que, como hemos dicho muchas veces, hace que uno siente plaza de librepensador y suba su caché. En cambio, a los masonazos los tiene uno cerca de casa; y, si uno insiste en enfocarles, le pueden acabar cerrando la barraca. Es para pensárselo. Por cierto, Federico: ¿cuándo vas a invitar a Cristina Martín Jiménez a que hable en tu programa, ya sea como tertuliana o entrevistada?

Paisaje después de las batallas (I)

He tardado muchos días en escribir una entrada sobre los resultados electorales del 26 de mayo porque, al parecer, el proceso incluye tanto los resultados del 28 de abril como los del pasado 26 de mayo. La cosa ha estado bastante enrevesada porque, al margen de periodistas comentando las encuestas como si fuera un episodio de aquellos famosos dibujos animados de Los autos locos, han ocurrido cosas que le hacen a uno pensar: «¿Y eso cómo se come?».

A una semana vista de los últimos supercomicios (municipales, autonómicos, europeos), digamos que para aquellos que les gusta pasar el tiempo conectados a un micrófono la cosa está la mar de entretenida. Que a los demás no nos hace ni pizca de gracia, pero al parecer a ellos les pagan bien; y no pudiendo decir lo que no se puede decir, pues…

Empecemos por los batacazos. El primero y más importante quizá haya sido el del PP. No a nivel municipal y europeo, sino autonómico. Como ya les comenté, en el PP hay una panda de fulanos que están segando la hierba bajo los pies a Casado y que no les importa en absoluto que el partido quede hecho una ruina temblorosa, siempre y cuando manden ellos en las ruinas. La desaparición de lo que antes pudo haberse llamado la sección heroica del PP, producida en un contexto de vulgaridad, ramplonería e inanidad, simplemente da pena. Sin embargo, Alfonso Alonso, que ha quedado en pie dominando las ruinas del PP vasco, dice ahora que es «foralista». O «fuerista», que para el caso casi viene siendo lo mismo. El hecho es que, sabiendo que no le admitirían jamás en el PNV, parece que quiere crear una especie de tertia via, de «nacionalismo sui generis». «¡Ahora ya soy más vasco que Sabino Arana!», es su grito de guerra, mientras en Sabin Etxea ni se inmutan.

En Galicia, por su parte, Feijóo ya pone sus barbas a remojar. Lo único que le queda a este partido en Galicia es el control de las redes caciquiles. Ni espíritu, ni proyecto ni nada de nada. Es visible en toda España, pero sobre todo allí donde una formación política ha dominado durante años el panorama, que es el caso del PP gallego. La semilla plantada por Fraga, despechado porque lo echaran sin contemplaciones de Madrid, ha dado un esplendoroso fruto separatista con el tema de la lengua. Lo mismo después de una posible debacle nos sale con alguna gilipollez del estilo de los feitos diferenciais respecto del «Estado español». Que pregunte por tierras catalanas, que de fets diferencials usados como chantaje para sacar más dinero y más competencias se sabe mucho en el Palau de la Generalitat.

De cualquier modo, el que más pena da de todo el conjunto es el ex-PP José María Lassalle,  compendio de las nuevas degeneraciones en que cayó el PP con Mariano. que ha pedido la baja en su partido y se despacha a gusto contra los «fascistas» de VOX. Ya tuvo su momento brillante cuando enfiló a María San Gil, que si hubiera quedado algo de vergüenza en ese partido a Lassalle le hubieran dado entonces una patada en el culo y no hubiera llegado jamás a Secretario de Estado de Cultura en tándem con el ex-ministro Wert. Pero es sabido a estas alturas que a Mariano y a su eficaz Soraya los pusieron en lo alto del tótem para cargarse el tótem. Y a decir, verdad, casi lo consiguen. En cuanto al pobre Lassalle, supongo que no querrá seguir en política. No tendría acomodo en ningún sitio; y menos que en ninguno, en la pesoe en el que su ex-mujer es una de las reinas del cotarro. Claro que sus hermanos ya le encontrarán un acomodo por los servicios prestados.

Lo de Podemos es más explicable en términos breves. Primero, lo de jugar al «comunismo democrático» ya lo hace la pesoe, gracias. Que en España, por si queda alguien que no lo sepa, el comunismo se escindió de la pesoe en 1911, pero manteniendo el mismo espíritu de «con la ley cuando nos convenga; contra ella cuando no». Segundo, la imagen tan poco proletaria de los barones de Villatinaja ha dado al traste con la imagen revolucionaria de los primeros tiempos. De «asaltar el cielo» han pasado a «saltar del cielo» y a pegarse un hostión de reglamento. Y la puntilla, aunque no lo quieran reconocer, ha sido el desprecio a los millones de Amancio Ortega, que han servido para comprar unos aparatos que servirán en la lucha contra el cáncer de lagente (sí, incluso de ellos, a pesar de su rechazo). Pero el comunismo es esto, señores, por si quedaba alguno sin enterarse. El pueblo ha valorado debidamente el gesto de D. Amancio y ha aplicado un severísimo ─y merecido─ correctivo a estos cantamañanas pijoprogres de manual que han creado un partido en un laboratorio.

 

En la muerte de «Freddy el Químico»

Para empezar, hemos de separar la persona del político que fue. Como persona no le conocimos y por tanto es lógico que podamos desearle, como a cualquier hijo de vecino, que descanse en paz… o como se diga en el rito masónico funerario correspondiente. Como político, lo menos que se puede decir es lo que ya dijimos en esta entrada.

Lo más que se puede decir es que, como político, fue nefasto para los intereses de España. Para los intereses de su partido no lo sé, porque para eso debería saber cuáles son los «intereses» de la pesoe a nivel nacional. Cosa harto difícil, porque a estas alturas ya sabemos que no es O ni E. Es decir, que solamente es un contenedor. Da grima oír a sus candidatos hablar de «progreso» (sin especificar en qué se traduce… y que cuando explican un poco de qué va ese «progreso», resulta que es un retroceso) o de «ganar a la derecha» (sin especificar qué es «derecha» ni qué ganamos supuestamente los ciudadanos con un gobierno que «no sea de derechas»).

Lo verdaderamente estomagante de la muerte de Freddy el Químico no han sido las lágrimas de sus deudos políticos. Eso es lo normal. Que llore Carmencita la de Cabra por él es lo lógico (sin él ella tampoco hubiera sido nada). Un poco menos que el monstruo de Sánchezstein, aún caliente el cadáver, aprovechara para hacer campaña. Al contrario: ha sido el total rendez-vous protagonizado por lo que Abascal llama, con desprecio (y con su parte de razón), «derechita cobarde». Resulta increíble que personas que no tienen nada que agradecerle, sino más bien al contrario, se juntasen al coro de lloronas rojas. Y si no, que se lo pregunten al pobre Floriano, hoy oculto en la Cámara Alta, y al que el finado apostrofó de la siguiente manera: «Oigo todo lo que dices y veo todo lo que haces». Es decir, Rubalcaba espiaba a sus rivales políticos, los que hoy dan su perruno y compungido pésame. Lamentable, pues, el papel de Casado y sus mariachis haciendo el panegírico de quien les estuvo jostidiando mientras vivió en el planeta político. Si quieren una colección más completa de fechorías, les remito a esta entrada de Elentir.

Lo de C’s… tampoco sé muy bien a qué viene. Quieren quedar bien a lo mejor porque esperan que Sánchezstein les llame para formar Gobierno, una posibilidad abiertamente aplaudida por el IBEX-35… y seguramente también por los bilderbergs, que últimamente no hacen otra cosa que enredar aquí, cuando podrían enredar en casa de su señora madre.

Sinceramente, me ha parecido que la postura más digna ha sido la de VOX, que no ha querido participar en el paripé. Había montones de razones por las cuales un español de bien no debería participar en el adiós al político Rubalcaba. Y lo siento por los políticamente correctos: que se muera este señor no va a hacer que se me reblandezca el cerebro y empiece a glosar sus «servicios a la Nación y a la Corona» y bla-bla-bla. Me recuerda un poco, a escala española, la beatificación de Madiba… que pasó por alto que antes de ser un mito había sido comunista –y no precisamente de los más pacíficos– y que si le arrearon 27 años de prisión no fue por leer las obras completas de Lenin, sino por tratar de llevarlas a la práctica.

Y oigan: está bien que alguien diga que el rey está desnudo, aunque sólo sea para mostrar al respetable que no todo es consexo entre los políticos.

Incomprensible (y III)

Y ahora vamos con lo que es perfectamente ilógico desde lo que podríamos llamar «sentido común», que dicen que es el menos común de los sentidos.

A mí me resultan perfectamente ilógicos los 123 escaños del PSOE. No tanto porque no trague a ese partido o a Pedro Sánchez, que no los trago. Simplemente, me parece que un señor que miente hasta en su currículum doctoral…

Ya hay un español que quiere
vivir y a mentir empieza…

(que diría Machado), un señor cuyo gobierno ha sido una colección de delincuentes a los que, aplicando su propio código ético, tendría que haber echado a patadas y que todo lo que tiene de alto lo tiene de vacío… Digo pues, que resulta incomprensible que este señor esté nuevamente en situación de pactar con los enemigos de España para formar gobierno. Lo que me dio la pista para empezar a pensar es que en Andalucía, con las pifias que se van descubriendo prácticamente cada día del anterior gobierno socialista, el PSOE-A de Susana Díaz haya ganado en cuatro meses 500.000 votos, aunque no tengan aplicación directa en territorio andaluz. Y modestamente, creo que el electorado andaluz no tiene tan comío er seso como para tragarse sin más esa trola.

Ahora la pregunta del millón es: ¿ha habido pucherazo? La historia de España no es en modo alguno ajena a esta práctica, desde que es posible elegir a los gobernantes mediante el voto. Ya en los tiempos de la Restauración 1.0, la de 1875, el pucherazo era práctica corriente ¡hasta para elegir Diputados provinciales! Luego, el pucherazo más famoso de esa época fue el que preludió la guerra civil, el de febrero de 1936. Hoy ya ha quedado sobradamente demostrado que aquellas elecciones las ganaron las derechas; y que las izquierdas de entonces, no muy distintas a las de ahora, secuestraron los resultados y se apoderaron por la fuerza del poder.

¿Y ahora, pues? Como explica en esta entrada de su blog José M. Magallón, si esta vez sí ha habido pucherazo no sería la primera. De hecho, en las europeas de 2014 VOX ya denunció las irregularidades que dejaron a la formación verde fuera del Europarlamento. El asunto quedó rápidamente tapado, pero no olvidado. Dando esto como cierto, el foco se centraría en las empresas encargadas del recuento, algunas conocidas ya de la Justicia por enjuagues diversos con hunos y hotros. Hablamos, naturalmente, de lo que ha saltado a los medios. ¿Cuántos habrá de los que no se habla porque se han conseguido tapar completamente?

Y luego, dando esto también por cierto, lo que llama la atención es el silencio. El de la izquierda no tanto, porque para ellos «la mentira es un arma revolucionaria» y por lo tanto es «legítimo» usarla para conseguir el poder. Más sorprendente es el del PP, que ha visto reducidos a cenizas la mitad de los escaños que tenía en 2016. Como creo que tampoco son tontos, va a ser que callan porque tienen algo que ocultar. La única formación que ha pedido un recuento en toda España es VOX.

Y dando todo esto por cierto, cabe preguntarse para qué vamos a votar si las empresas de recuento electoral son las que dan la victoria al mejor postor. La devaluación del espíritu democrático –tanto por arriba como por abajo– es peligrosísima, como ya demostró con millones de víctimas el siglo XX. Aunque esto a los aprendices de brujo que nos dirigen les importe poco.

 

Incomprensible (II)

El otro hecho que es lógico es el desplome de Podemos. El «efecto Pablo» hace rato que ya ha pasado. Se dijo, con toda razón, que si a Podemos se le quitaba el toque mediático, le pasaría como a un bistec de cerdo engordado con clembuterol: soltaría mucha agua y se quedaría en la mitad. Y así ha sido: de los 71 escaños que tenía, UnidAs PodemAs se ha quedado en 42, perdiendo así la mitad de sus apoyos. En parte, también, porque el «voto del cabreo» en la izquierda no vende y porque Pablo Iglesias, de coletudo líder revolucionario ha pasado a ser Barón de Villatinaja, «con aprovechamiento, ¿eh?», que diría el gran Pazos (de una tacada ha hecho dos dianas y ya va por la tercera).

Será una coincidencia o no, pero después de cómo está su «valedor» Maduro, en paradero desconocido y habiendo dejado a buen recaudo nada menos que dos toneladas de oro (nada que no hayamos visto antes: aquí, con el famoso «oro de Moscú»), es evidente que los tiempos que corren ya no son los que corrían. Me apuesto lo que ustedes quieran a que cuando se produzca el relevo efectivo en el gobierno venezolano ninguno de los que «estaban a muerte con Maduro» habrá sido comunista. En fin. Sic transit. La próxima vez que Alberto Garzón quiera posar con un chándal de la DDR se lo pensará mejor. O no.

Que C’s haya casi doblado su representación (de 32 a 57 escaños) lo debe a su indefinición ideológica, cogiendo un poco de esto y otro poco de aquello, que le ha permitido rebañar votantes de ambos lados del sistema. Aparte de los convencidos, a Rivera le habrán votado quienes, al mismo tiempo que dicen estar por la unidad de España, se tragan con toda la guarnición las conquistas sociales progres, entre ellas toda la parafernalia del género, su decidida no-oposición al aborto y a la eutanasia, concebidos como «derechos» (en la próxima reunión del Bilderberg podrá venderlo para tener su apoyo como en su momento hizo Soraya). De momento han evitado que el poder les coloque frente a sus contradicciones ideológicas. Pero todo se andará. Con el tiempo tendrán también el problema de que C’s en Cataluña se les convierta en un PSC bis… («jo vull ser federal asimètric») y con ello reproducirán el problema que ahora mismo tiene la pesoe. Como hemos dicho, todo se andará.

Lo de VOX, como dirían en Galicia, é cousa de meigas. Si extrapolamos los resultados de las andaluzas al ámbito nacional, VOX hubiera debido obtener 38 o 39 escaños. Sin embargo, se ha quedado en 24. A mi modesto entender, han jugado en contra dos factores: el sombreado mediático y las constantes alusiones al «que viene la ultraderecha» de los medios generalistas progres (es decir, todos: gracias, Soraya y Mariano, que se los regalasteis). Ya dijimos en una entrada anterior que ha sido una cacicada de la JEC, que en 2019 ha prohibido lo que permitió en 2016.

La pregunta es: supuesto que Abascal pudiera haber participado en los debates, ¿a quién no le interesaba que estuviera presente? En mi opinión, a sus socios en el Gobierno andaluz, PP y C’s. Abascal también es joven y guapo y con desparpajo sin papeles, como los otros dos. Pero a diferencia de los otros dos, no tiene un bagaje progre que ensombrezca su ideario –por ahora–. Hubiera dado vida a unos debates que, al decir de quienes los han visto, fuera por obligación profesional o por masoquismo, unos pestiños. Y Abascal sí hubiera hablado de Andalucía. Está clarísimo que los otros dos no lo han hecho por no mencionarle y para no incluirlo en el debate sin estar presente, porque el demiurgo progre ha decretado que Abascal es el coco, l’home dels nassos, el nom del porc.

De cualquier modo, al menos el objetivo de entrar en el Congreso está conseguido. No deberían hacerse mucha mala sangre. C’s entró en el Parlament catalán con 3 diputados y en la actualidad Inés Arrimadas ha oficiado hasta el lunes pasado como jefa de la oposición al ser la lista más votada y no gobernante gracias a que la LOREG permite los pactos postelectorales.

Y otro recadito para Casado: si C’s primero y VOX después han aparecido en el horizonte ha sido porque el PP no hizo sus deberes en Cataluña (C’s) y resto de España después (VOX) dejando huérfanos y desamparados a muchos votantes por conveniencias de partido. Antes de echar en cara a Abascal que «vivió a cuerpo de rey dentro del PP», que recuerde que él no tiene ni pajolera idea de lo que es crecer con escolta policial permanente por miedo que a ti o a tu padre os hagan saltar por los aires u os peguen un tiro.

Incomprensible (I)

Por más que miro y miro el medio queso, no me termino de creer que ésta sea la configuración que hemos pedido los españoles. Pero vamos por partes.

Empezando por lo lógico, digamos que es bastante lógico el batacazo del PP. Y es lógico porque Casado es apenas un recién llegado en un partido cuya maquinaria interna pertenece en cuerpo y alma al sorayomarianismo. No importan los vibrantes discursos que suelte a la concurrencia; ¿o es que te creías, Pablo, que por tu cara bonita, juventud y desparpajo sin papeles te iban a poner la alfombra roja en tu partido tras «ganar» unas primarias? Así hubiera debido ser en buena ley. Pero tú y tu ¿equipo? olvidasteis que te enfrentabas a una bilderberg, es decir, una alimaña de la peor especie, que por ahora se ha puesto a sí misma a buen recaudo en un bufete al que perdonó ciertas pifias como carta de presentación. Lo que no significa que se haya retirado del todo. Espera y verás.

Hiciste el canelo, Pablo, hablando de «concordia» y de «integración» con una gente que sólo quiere que gobiernen los de su clan. El Partido les importa un carajo, hasta el punto de que no les importa herirlo de muerte con tal de que nadie extraño se entrometa en sus asuntos; y tú, que no eres de su clan, les importas otro carajo. Vas a tener que llevar a cabo una limpieza parecida a la de los establos de Augías, a fin de que el partido sea tuyo. Más o menos como debería hacer el Papa con la Iglesia. Mientras no hagas eso nadie va a tomar en serio tus palabras. Mientras no tengas un partido limpio y un discurso aseado orientado al interés general de los españoles, esas personas que sólo os interesan cuando hay que votar y nada entre votación y votación, nadie te va a tomar en serio. Lo que significa que no sólo vas a tener que echar a Maroto, que afortunadamente se ha quedado sin escaño por Álava, a pesar de que eso significa –desafortunadamente– que el PP vasco ha desaparecido de la escena política en Vascongadas. Vas a tener que echar a todo el sorayomarianismo que quede en el Partido. Por más que te quedes en cuadro, vale más eso que una organización que no controlas y que te contraprograma y desdice al siguiente lo que tú dijiste el día anterior. Y enhorabuena si Maroto se va a Bildu, con los que parece llevarse tan bien. De regalo de despedida te aconsejo una garrafa de vaselina de 5 litros. Le vendrá muy bien.

En resumen: en tu favor únicamente puedes alegar que no has tenido tiempo suficiente para formar tu equipo, se deba a las circunstancias que se deba. Y que lo que digo para ti, vale también para el campeón de lanzamiento de hueso de aceituna, que por ahora y al igual que tú, no ha demostrado nada. Ni siquiera ha sido capaz de poner firmes a los progres de su partido en su propia tierra, que han votado como un solo hombre las mamarrachadas incluidas por las izquierdas en el «nuevo Estatuto» de la Región de Murcia, aprobado por unanimidad. Algo que me esperaría de C’s, que son progres de nacimiento, pero no del PP.

Una última recomendación: deja de echar balones fuera y empieza por limpiar tu propia casa. Serás más creíble.

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