El nuevo tablao (II)

Vista el ala izquierda del espectro parlamentario, echemos un vistazo al ala derecha del mismo. Dividiremos nuestra exposición en dos bloques, en función de la representación parlamentaria o no de la formación.

Respecto de los partidos con representación parlamentaria, la idea con que me quedo es que los verdaderos candidatos a la Junta debieron ser Pablo Casado e Inés Arrimadas. Fueron ellos los que les hicieron la campaña a sus candidatos locales, ante el pobrísimo balance que podían exhibir por sí mismos. Un poco al modo de lo que le ocurre al PSC en Cataluña: cuando va solo no se come un colín y necesita de su big bro nacional para ser alguien. El problema es que Casado y Arrimadas fuerzan una lectura nacional de los problemas andaluces –sólo pueden hablar de lo que conocen bien para que les consideren auténticos y no un bluff–, a pesar de que Arrimadas es jerezana con gracia, salero y olé. Juanillo Marín, según le veo, no tiene gracia, ni salero ni olé. Y los andaluces, después de ejercer él de palafrenero de Susana durante tres años, no le han considerado suficientemente digno para ejercer de líder de la oposición –para presidente de la Junta le falta aún más–. Aun así, ha más que doblado su representación, lo cual es de reconocer.

Parte de lo que hemos dicho se aplica también a Juanma Moreno Bonilla. La cuestión, para el elector andaluz no adscrito era: ¿cómo se come un candidato sorayo con un presidente que no lo es? El dilema se resolvió el domingo: el PP perdió siete escaños. Los andaluces no han perdonado a Moreno Bonilla que, al igual que su predecesor Javier Arenas, se instalara en la oposición cómoda –y supongo que también con el aditamento del reparto de algunas prebendillas para tenerlos contentitos y calladitos–. Con esa clase de oposición, la pesoe hubiera durado cuarenta años más. Lo dijimos en otro momento: el PP andaluz no es un mal boxeador, pero pelea drogado en un combate amañado. Así es imposible ganar. Ha tenido que salir Pablo Casado, que ni es sorayo ni marianista, al ring a pelear por él. Ha logrado salvar los muebles. Pero eso también tiene una lectura en clave nacional, que veremos luego.

El triunfador de la jornada, naturalmente, fue VOX. La irrupción de esa formación (aunque ya advertimos que habría que decir «VOX, segunda época») ha puesto nerviosos a todos. Es muy gracioso cómo hasta un periodista de ABC trata a ese partido como de «extrema derecha» (¿siguiendo tal vez los dictados de Génova, 13?). Todos quieren dar la impresión de que «sé d’ehtrema deresha é mu malo», pero ninguno de ellos da una definición muy exacta de lo que es eso. Reclamar el «orgullo y la satisfacción», que diría Campechano I, de ser y sentirse español es «facha», otro vocablo vaciado de significado…

–Papá, ¿qué es un facha?

–Pues… no lo sé muy bien, hijo. Pero teniendo en cuenta quién te lo llama y el odio con que lo hace, «facha» es todo aquel que no piense como él.

Volviendo al tema, Santiago Abascal los ha puesto nerviosos a todos. A la pesoe, porque ha iniciado ya el camino de la pérdida del poder, que puede seguir con las municipales y terminar en las nacionales. Y porque sacar el espantajo de «que vienen los fachas» ya no funciona. Es más: ésa es una señal de que a uno lo toman por imbécil. Y hasta ahí podíamos llegar. Este mismo argumento vale para los comunistas de Podemos, que, si Dios quiere y la CEE no lo estorba, dejarán de ser una amenaza para la Nación.

Al PP le pone nervioso simplemente porque VOX es, en lo ideológico, una escisión. Lo hemos comentado alguna vez: el sector conservador católico, que formaba la base electoral del PP hasta los tiempos de Aznar, se hartó de las bofetadas que un día sí e outro tamén recibía del gallego y su cuadrilla. Y se ha ido quedando en casa, de forma que el PP ha desaparecido prácticamente en Vascongadas y Navarra y es minoritario en Cataluña (vamos a ver si a Alejandro Fernández, a diferencia de García Albiol, le dejan hacer). Y en Galicia sólo sigue en la poltrona porque se ha plegado a no pocos postulados separatistas y porque la red clientelar formada desde los tiempos de O Abuelo aún goza de buena salud.

¿Y qué puede tener VOX que pueda poner nervioso a Rivera en Andalucía? A mi modo de ver, la novedad y la frescura, rasgos que se notan mucho más en Andalucía. Juanillo Marín es del partido de Juanillo Marín, que circunstancialmente se ha prestado a colaborar con C’s. Ya no dice el espejo que Rivera es la más bella del reino. Y claro: poco puede hablar de novedad y frescura un partido que se prestó a sostener a la corruta e ineta presidenta de la pesoe como presidenta de la Junta durante tres años. Lo del corazón con tres ventrículos (el autonómico, el español y el europeo) se ha quedado obsoleto: lo del terruño está más o menos bien, pero lo que iguala a un señor de Bilbao con otro de Alcalá de Guadaira es la bandera española. O a un extremeño o murciano con un señor de L’Hospitalet del Llobregat –lazos familiares aparte: si no, que se lo digan al señor Rufián, cuyo apellido es un compendio de su persona–. Y lo de identificarse con la UE… qué quieren que les diga: para mí, una cosa es Europa y otra la UE. Hablaremos de ello en una próxima entrada.

El nuevo tablao (I)

Bueno, pues esto es lo que dijeron los andaluces que fueron a votar. Sería interesante, no obstante, que los gráficos incluyeran el porcentaje de abstención, lo cual nos podría dar una idea de la desafección del respetable andaluz respecto del sistema político. Aunque, vistos los resultados, ese porcentaje podría haber descendido en los tres años que median entre unas y otras elecciones. Significaría eso que los andaluces han desandado el camino que lleva a la abstención vía resignación fatalista y, yendo en sentido contrario, quieren cambio vía cabreo.

Respecto a la influencia en estos resultados de la política nacional, supongo que hay opiniones divididas: unos que sí y otros que no. En mi opinión y objetivamente hablando, lo cierto es que la problemática andaluza, por sí sola, ya da para pensar en un cambio después de cuarenta años –ya más que Tut-Frankh-Amón– de Régimen, al margen de que pueda hacerse una lectura nacional.

Naturalmente, la mayor damnificada ha sido Susana Díaz, cuyo batacazo ha sido morrocotudo. En Ferraz están decidiendo si la mantienen como encargada de la tienda o no; y en Sevilla han decidido apretar las filas en torno a su lideresa. Ha habido declaraciones en ambos sentidos, lo que significa marear la perdiz mientras se piensa con calma –más o menos– y se toma una decisión. Y eso que a Carmen la de Cabra le encantaría pegarle el hachazo, pero probablemente tenga que esperar. No en vano la andaluza es la más numerosa de las federaciones socialistas y su granero tradicional de votos; por lo que todo lo que afecte a esa federación debe considerarse con cuidado.

El problema de Susana es que la tienda de la que todavía es encargada es una tienda venezolana: no hay género o éste se ha vuelto rancio. Y claro, con eso no vas a unas elecciones. La gente te tiene tomada la medida y te aguanta mientras no pueda votar otra cosa. Pero a la que se ha presentado una opción vistosa, con cara i ulls, como dicen en Cataluña, muchos andaluces que vivían de la paguita han recordado que tienen una diznidá y han votado otra cosa. Y ninguna cantidad de gracias de Los Morancos en TeleSusana les iba a hacer cambiar de opinión.

Lo de Podemos también tié guasa, como dirían más abajo de Despeñaperros. Resulta que Adelante Andalucía, la confluencia dirigida por Teresita la Maestra, ha obtenido menos votos que Podemos y resto de la confluencia por separado en 2015. Se les han ido trescientos mil votos, nada menos, a la abstención o a otras formaciones. Y dado que es una confluencia, habría que conocer el desglose de votos para saber cuál es el peso real de la formación podemita, tanto dentro de la confluencia como en el conjunto andaluz. Es decir, un verdadero desastre. Quizá el acierto de la candidata fue mantener a su jefe de filas nacional a una distancia respetable: acercándolo, el daño hubiera podido ser aún mayor. En cualquier caso, a los comunistas andaluces les ha pasado lo que a Pepiño en Palas do Rei, su villa natal: que no le votan porque ya le conocen.

Silencio, se vota (y II)

¿Y qué nos queda? Pues, por descarte dos opciones: VOX o quedarse en casa. En alguna entrada de este blog se han criticado cosas de ese partido. Ahora se presenta como «VOX, nueva época». Y la verdad es que ha sido una especie de revulsivo: la presunta izquierda andaluza y nacional ha tratado de demonizarlos como «extrema derecha». Que, permítanme que les diga: con esa expresión ocurre un fenómeno extraño. La «extrema derecha» existe sólo en los medios, pero no en la realidad. Por el contrario, la «extrema izquierda» está muy viva, pero en la prensa del Movimiento (rojo) es difícil que aparezca, incluso cuando hay follones en la calle, que es su hábitat natural.

El mérito de «VOX, 2ª época» ha sido galvanizar al electorado y conseguir que resto de los re-partidos (todos los que participan del reparto) se pongan nerviosos. Particularmente Susana Díaz, que está histérica porque sabe que está sentada sobre una roca en un magma de lava. Los otros dos algo menos, pero también preocupados por la lectura nacional que pueda hacerse de su gestión. VOX, que por ahora no tiene nada que perder, ha dado muy duro y ha ido marcando la campaña, entre acusaciones de «financiación ilegal» (PP, C’s) y de «no respetar los derechos de la mujer» (PSOE). Y banderas. Recordar que tenemos una bandera común y que nos representa a todos es importante. Al PP ya no le vale ese recurso porque llega tarde. C’s, como quiere quedar bien con todo el mundo, no la va a sacar. Y la presunta izquierda simplemente detesta esa bandera.

Respecto de VOX, la cuestión es si es resistente al paso del tiempo o cronodegradable, como los demás. Y en este segundo caso, la segunda cuestión es cuánto tiempo tardará en derretirse o en convertirse en polvo. Es decir, que el votante andaluz medio tiene hoy que elegir entre cuatro certezas y un misterio. Habrá ocasión de comprobarlo si VOX entra en el Parlamento andaluz.

Pero lo más ridículo de todo el asunto es la cobertura que algunos han dado a la campaña. Se ponen sesudos y dicen: «Esta campaña se ha puesto muy interesante» y venga a citar encuestas. Como un periodista deportivo que se ponga en plan sesudo y diga: «Esta Liga se ha puesto muy interesante». A algunos comentaristas políticos sólo les falta hablar de los «fichajes» y del «mercado de invierno».

¿Y quedarse en casa? Bueno. Al margen de que si uno se queda en casa (es decir, vota al partido de la abstención) no puede quejarse después de lo que salga, le es de aplicación cierta frase del historiador Arnold J. Toynbee: «El mayor castigo para quienes no se interesan por la política… es que serán gobernados por personas que sí se interesan». Para quienes decidan ir a votar, sepan que deben haber meditado lo que van a votar, pues si la opción por la que voten resulta ganadora, ese voto les convierte en cómplices de lo que ocurra, para bien… o ─más corrientemente─ para mal.

Silencio, se vota

En Andalucía hoy se vota. Pero, como dice el dicho «los vientos que corren ya no son los que corrían». Hoy los andaluces deciden si quieren más Andalucía de los Morancos (dicho con todo el respeto para esos cómicos que comen de TeleSusana) u otra cosa, cualquiera que sea esa «otra cosa». Se enfrentan la Andalucía de la paguita y del PER frente a la Andalucía que se levanta por las mañanas para ganarse el pan honradamente y «con el sudor de su frente».

Hoy yo me planteo qué haría yo si viviera, un suponer, en Almería, de donde soy oriundo. Almería y, en general, todo lo que se denomina Andalucía oriental, es la expresión gráfica de lo que podría ser Andalucía: una verdadera tierra de las oportunidades. Baste decir que esa zona de la región Comunidad Autónoma ha crecido a pesar de los esfuerzos de la Junta por chuparles la sangre. Tan es así que los almerienses, oliéndose la tostada en 1980, quisieron formar Comunidad Autónoma con los murcianos, con quienes les unen más lazos geográficos y comerciales que con la casta corrupta que vegeta en el palacio de San Telmo. Pero geografía y política mandan; y así, aunque se dice que votaron hasta los muertos, Almería permaneció en Andalucía.

Por lo tanto, ya tengo un primer descarte. No votaría a Susana Díaz, que pretende ahora varias cosas: envolverse en la bandera andaluza (tras las declaraciones de García Tejerina, que no son otra cosa que la puritita verdá dicha en castellano de Valladolid), llamarse andana respecto de la corrupción que su partido lleva administrando desde hace 40 años (ya más que Franco, al que han querido convertir en el espantajo de niños y no lo han conseguido) y fingir que no conoce de ná ni a Chaves ni a Griñán. Y por último –y en eso, siguiendo la consigna nacional–, escandalizarse ante el ascenso de la extrema derecha. Tramoya y nada más: está acojonada porque podría ser que hoy dejara de dirigir/administrar el chiringuito de la pesoe; lo que a su vez, podría provocar que la Justicia andaluza despertara de su sopor y la pusiera también a ella caminito de Jeré.

El PP también es un descarte. No tanto por sus bases, en las que seguro que milita gente decente, trabajadora y capaz. Me refiero a su cúpula directiva. Visto el panorama, que Susana Díaz les acuse de «extrema derecha» da risa y sólo se la creen los fanáticos y los tontos que tragan con todo. No he visto una cosa más perruna en un partido que debía haber gestionado una oposición sólida a un proyecto de miserización (si se me permite el vocablo) de tanta duración como el de la pesoe. En eso sigue la estela de Arenas Movedizas. Pero no es menos cierto que a Juanma lo puso el dedazo de Soraya, en vez de la elección más natural que hubiera sido el alcalde de Tomares. El PP andaluz es así víctima del sudoku autonómico –léase cambalaches territoriales entre los mandarines de los partidos: si tú me tocas las narices en X yo te las tocaré en Y; y como todos tenemos cosas que tapar, ¿verdad?–. Por eso ha tenido que ir a Sevilla Pablo Casado: para intentar que la gente interprete las elecciones en clave nacional y así de paso, desviar el foco de la pobrísima gestión de Juanma. Lo cual crea otro problema: ¿qué va a hacer Pablo Casado en Madrid, con un partido que todavía no es suyo, sino de Soraya?

El tercer descarte es Juanillo Marín. Personalmente no le votaría ni jarto de mal vino. Tié cohone que él preconice el cambio cuando ha estado sosteniendo al susanismo, que es lo de siempre, durante tres años. No cabe duda de que a él el «cambio» le ha sentado estupendamente: de AP al PA (Partido Andalucista), de ahí a Ciudadanos Independientes de Sanlúcar y de ahí a C’s: todo un carrerón, oiga. Y ya en C’s, de palafrenero de Susana. Y que tengan la cara de decir que «somos lo bastante flexibles como para apoyar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía» sólo es una muestra más de su grouchomarxismo. De verdad, cuando C’s estaba sólo en Cataluña era una altra cosa.

Y el cuarto y sin discusión es Teresita Rodríguez, la comunista. Podemos ya no es lo que era y por eso el marqués de Villatinaja ha sido mantenido a prudente distancia, no fuera a ser que el olor de su bien peinada melena a champú del caro y su estudiada pose proletaria espantaran a los proletarios de verdad, que se supone son su nicho electoral. Resulta enternecedor oír hablar a un comunista de «derechos sociales» (como los que tenían los trabajadores en la URSS) y a Teresita Rodríguez de los «derechos de la mujer» (¿nadie le ha contado a esa maestrilla los «derechos» que tenían las mujeres en la RDA?). Quizá haya convencido al Kichi de compartir la cama; pero a los demás no nos va a convencer de que no va a pactar con Susana si se le presenta la ocasión, a pesar de la muy publicitada mala relación entre ambas. Presuntas izquierdas, pendientes siempre del reparto…

Alsasua

Por su interés, reproducimos este artículo sobre lo ocurrido el domingo en la navarra y española (mal que les pese a algunos) villa de Alsasua. Original aquí.



Entre las hordas separatistas que se manifestaron en Alsasua se encontraba «el carnicero de Mondragón», etarra culpable de 17 asesinatos.


El mensaje del mundo separatista es claro: ya no pegamos tiros, pero no te atrevas a dar la cara porque te la partimos.

 

 

SERTORIO

No nos puede sorprender mucho el jaleo que se montó en Alsasua este domingo; es casi normal ver a los abertzales adueñarse de la calle con la complaciente mirada de unos y el cobarde abandono de otros. A nadie extraña, pues, que se insultara, se amenazara y hasta se lanzasen piedras a los que asistieron al acto en ese pueblo de una Navarra que se está entregando atada de pies y manos a la Gran Euzkadi. La violencia rige en Vasconia; si no se hace patente de forma tan brutal como hace unos años es por dos razones: los separatistas mandan y, por eso mismo, no les conviene que haya gresca todos los días. Sólo cuando alguien que no son ellos se atreve a plantarse en la calle se desencadena la brutalidad y el matonismo abertzale. El mensaje del mundo separatista es claro: ya no pegamos tiros, pero no te atrevas a dar la cara porque te la partimos.

Que Podemos y la Televisión Ex-pañola que controla se solidaricen con los hijos de ETA e insulten a los que fueron a defender el cumplimiento de la ley tampoco nos pilla de nuevas: batasunos y podemitas son una y la misma cosa. Es normal que quienes normalizan a ETA y hablan con falsa imparcialidad de un conflicto entre Euzkadi y España, se coloquen del lado de los que tiran las piedras. Que Pablo Iglesias vaya de la manita de Otegui y del Carnicero de Mondragón entra en la categoría de lo previsible. En cambio, es preocupante que el PSOE se alinee claramente con los separatistas y censure a los asistentes al acto de Alsasua diciendo que se fomenta la crispación. Por lo visto, el mundo abertzale, los bufones del catalanismo y la izquierda extrema no «crisparon» nunca; han sido civilizadísimos interlocutores que jamás han echado mano de tácticas tan reprobables como el atentado terrorista o el escrache.

Cuando un quidam llamado Ander Gil (en maketo: Andrés Gil), mandamás socialista de provincias, tiene la desfachatez de afirmar que gente como Ortega Lara o Santiago Abascal no saben lo que es el terrorismo de ETA, la mentira, la desvergüenza y el cinismo se conglomeran para concebir un triple monstruo moral: la mofa de las víctimas de ETA, la traición a España y la rendición sin condiciones al separatismo. Con declaraciones como ésta, ya sabemos que el Gobierno del doctor Sánchez está en la equidistancia y en no poner obstáculos al descuartizamiento de la nación unitaria por las nuevas taifas semisoberanas. El PSOE es también enemigo de la nación. En Alsasua se ha retratado.

La derecha liberal no queda mejor. Casado afirma que el PP ya estuvo en Alsasua, pero «sin hacer ruido». Es decir: estuvo como si no estuviera, sin molestar a los señoritos separatistas, en petit comité, de puntillas, no vaya a ser que se enfaden en Sabin Etxea. Es propia del PP su legendaria cobardía y su férrea voluntad de someterse siempre, en el gobierno y en la calle, al chantaje separatista, algo que demostró de sobra durante la crisis catalana. No olvidemos que si los caricatos de la republiqueta de los diez segundos están en la cárcel, ello se debe a los abogados de VOX, no a la inexistente iniciativa de Rajoy, al que sostuvo Casado hasta su deshonroso y merecido final. No es mucho mejor Ciudadanos, partido que sólo juega según el cálculo electoral, tan fluctuante y aleatorio como el caos ideológico que supone ser socialdemócrata-liberal-de-centroderecha según cómo vengan las encuestas. Rivera tiene tanta responsabilidad como Rajoy en la imbécil aplicación del 155 en Cataluña.

Y es que la derecha no defiende a España. Defiende en primer lugar algo tan frío, reptiliano y desalmado como la Unión Europea, ese consorcio financiero concebido para aniquilar a las naciones y crear un tinglado mercantil en el que los Estados pierdan su soberanía para beneficiar a una recua de burócratas y banqueros a los que nadie elige y que de nada responden. En segundo término, lo que los liberales defienden es la Constitución. No España, sino el orden jurídico derivado del código de 1978. No es cuestión baladí. La legalidad vigente no es la patria. Y olvidamos que el liberalismo actual es apátrida, al revés de lo que pasaba en el siglo XIX. Durante los episodios de la crisis catalana, apenas se recurría al nombre de España, mientras se esgrimía continuamente el de Europa, es decir, la entelequia funcionarial de Bruselas, verdadera patria de todo nuestro liberalismo. Conviene recordar que España no es la Constitución, preexiste a ella y la sobrevivirá. Constituciones hemos tenido muchas, pero España sólo hay una, aunque los que somos nostálgicos austracistas prefiramos el término plural pero unitario de Las Españas.

La Constitución ahora vigente debe ser defendida a causa de la identidad y los fines de quienes la atacan, no por los principios que proclama. Es una mala ley y ha producido unos frutos detestables, pero peor aún sería ver a nuestra patria convertida en un caos de taifas bolivarianas. La monarquía restaurada en la progenie de Isabel II es tan responsable del desastre actual como los separatistas y los politicastros que han degradado la nación hasta el trance actual, pero es un mal menor frente a lo que nos amenaza. Felipe VI, que jugó a ser el rey de los rojos, sabe que el futuro de su institución depende de la unidad del Estado. No puede permitir que quiebre la integridad de España porque su trono caería con ella. Ahora el principal obstáculo al bolivarianismo es la Corona y debe ser apoyada por esa fortísima razón. Esto no impide que, pasado el peligro, se ajusten cuentas.

VOX ha surgido como un banderín de enganche de la resistencia patriótica, como un último recurso frente la descomposición del Estado y la ruptura de la patria. Ha plantado cara a los separatistas y con sus pobres medios ha enviado a los saltimbanquis del Procès a prisión. Ha obligado a los partidos de la derecha cobarde a envolverse en la rojigualda y a cacarear con retóricos trinos de impostado patriotismo para no perder más votos. VOX ha hecho mucho en muy poco tiempo y con muy pocos recursos, al revés que el PSOE, Ciudadanos y PP, que desde todos los centros privilegiados de poder que dominan no han hecho nada, pero nada de nada, por frenar a los orates de la Generalidad desde mucho antes de octubre del año pasado. VOX los ha dejado en evidencia: a los grandes partidos España les da igual, lo suyo es Uropa.

No es de extrañar que, en un artículo dedicado al acto de Alsasua en El Mundo,[1] la autora tuviera la desfachatez de colocar a VOX en el mismo saco que a los abertzales y podemitas, igualando a Ortega Lara con Josu Ternera y a Santiago Abascal con Pablo Iglesias. Incluso habla de la «caverna carlista» para referirse a los batasunos. No estaría de más recordar que UPN, ese partido esencial para mantener la personalidad de Navarra, viene del carlismo, como buena parte de los que se oponen al chantaje bizkaitarra en la españolísima Vasconia y que en no pocos casos han pagado su compromiso con su vida. Alguien debería recordarle a la articulista quién fue, entre otros muchos, José María Arrizabalaga, por ejemplo. Cualquiera que tenga una mínima idea de la historia del Carlismo y de la secta separatista abertzale sabe de la irreductible oposición entre las dos tendencias hasta la disolución de la Santa Causa en los nefastos años sesenta. La autora no es una podemita ignorante ni una descerebrada socialista de cuota, sino justo todo lo contrario. Por lo tanto, la mala intención de los términos es premeditada y bien consciente del insulto.

Pero no nos lamentemos más. Ladran, luego cabalgamos.


 

Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

A la vista del bajísimo nivel cultural de la clase política en general y del de la mayoría de los miembros y miembras de este insólito gobierno variopinto, en el que no faltan astronautas de menos luces que un barco de contrabando pero fiscalmente astutos, multimillonarias que ocultan su elevadísimo patrimonio inmobiliario, sancionados por tráfico […]

a través de Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

Prueba de liderazgo

Pablo Casado tiene un panorama interesante ante sus ojos. Digamos que, al margen de esa ventana de oportunidad que algunos le conceden, está todavía en situación de decidir si hace las cosas bien o mal. Todo está en cómo va a gestionar la pesadísima herencia que le han dejado Mariano, ya felizmente retirado en Santa Pola, Alicante, y Soraya, que creíamos escondida en Valladolid y resulta que ahora, por servicios prestados (¿a quién?), ha sido designada como consejera en mal Estado, donde la ha recibido con alborozo la Fashioniaria (ya no más Voguemomia, desde que se alisó el careto a costa de nuestros bolsillos). Claro que es natural que no quiera volver a Valladolid: con la de amigos que se ha creado en todas partes cuando era la Vicetodo, lo suyo es que hiciera las maletas permanentemente y se buscara un cargo bien remunerado y, por supuesto, al abrigo del ojo público.

En nuestra opinión, gestionar bien esa herencia significa no aceptarla ni a beneficio de inventario. Le ha tocado a Casado deshacer el camino andado por sus predecesores para que el PP se convirtiera en una mala copia del PCP (Partido Campesino Polaco), al que graciosamente dejaban presentarse a las elecciones comunistas polacas… y que siempre ganaba Wladyslaw Gomulka, ¡faltaría más!


Por de pronto y como ya dijimos en alguna otra entrada, tiene, cual cirujano, que extirpar el osteoscarcoma Soraya-Rajoy del cuerpo del PP y barrer a personajes como éstos de arriba de la foto. Eso estaría bien para empezar.

En segundo lugar, también debería coger la escoba y barrer a la nulidad de Moreno Bonilla, bajo cuyo mando el PP andaluz es una mala copia del «Partido Campesino Polaco». Cómo será el poderío del Palacio de San Telmo que hasta le dicen al PP qué candidato deben poner para que las cosas sigan igual que siempre. Es como ese combate de boxeo amañado entre un boxeador malo contra uno bueno, pero drogado-. O uno que se deje ganar a cambio de unas migajas. Sin duda alguna, los sufridos militantes del PP andaluz merecen algo mejor, más allá de componendas territoriales de las cúpulas de los partidos en Madrid, que siempre queda muy lejos. No es posible que en una región como Andalucía, con ocho provincias, no haya nadie que pueda sustituir al experto en el ars umbelaria et incedaria. Y Andalucía merece que gobierne un partido cuyo lema no sea «qué hay de lo mío». La suerte que ahora ha tenido Moreno Bonilla es que las elecciones son prácticamente dentro de un mes y en ese brevísimo lapso no se puede construir un candidato sólido, máxime cuando se acaba de salir de una renovación en la cúpula. Pero si yo estuviera en el lugar de Casado, daría por despedido al experto en protocolo una vez pasadas esas elecciones.

Y finalmente, lo más importante: Galicia. Casado y su equipo deben entrar a matar a ese miura que es Núñez Feijóo, que cuando va a Madrid es Núñez y cuando está en Santiago es Feijóo. Debería pedirle cuentas de la galleguización a marchas forzadas aplicando la infame Llei de Normalització Lingüística de Pujol de 1983 (la inició incomprensiblemente Fraga, «el de los tirantes nacionales»: «Vou ser mais galego que ninguén», diría el prócer con su ore rotundo). Que ahora ya ni hablamos de «galleguización»: Núñez Feijóo ha dado el paso a la más delirante lusificación. O quizá habría que decir rusificación, habida cuenta de quien da el paso en realidad son las mareas podemitas con las que tanto gusta de pactar Núñez Feijóo. Aljubarrota ampliada y Portugal, pared atlántica de la de Península del uno al otro confín. Por ahora a los portugueses el tema no les hace mucha gracia… pero veremos.

Pues eso: que Casado debería pedirle cuentas a Núñez Feijóo de tantos enredos. Porque sólo de esa manera Casado puede tener alguna auctoritas para pegar un puñetazo en la mesa al hablar de la imposición catalana, que no es solamente lingüística, y decirle a Alejandro Fernández que sea más agrresivo –aunque de vuelta le pintarrajeen o le rompan los cristales de las sedes–. O de la euskaldunización de Navarra o la valencianización del mal llamado País Valencià (acelerada con el PSOE pero iniciada en tiempos del PP, que entonces no le daba importancia). O de la catalanización directa de Baleares, contra la que el PP no movió dedo alguno. Tal vez Bauzá hiciera algo, pero llegaba tarde y era a todas luces insuficiente, debido también a la falta de respaldo del PP ¿nacional? sorayo-rajoyesco. Todo sea porque Casado recupere en esas regiones a un partido capaz de plantar cara a las imposiciones totalitarias de los orcos separatistas.

Si quiere hacerlo, Casado tiene mucho trabajo por delante. Si no, da lo mismo y seguiremos en lo de siempre: cada vez una mayor desafección ciudadana por los políticos tradicionales, con lo peligroso que es eso. La Historia lo demuestra una y otra vez.

Sobre Andalucía, de nuevo

Parece ser que el 2 de diciembre habrá elecciones autonómicas en Andalucía. Los pronósticos, por ahora, dicen que tras los comicios todo va a seguir más o menos igual. A Susana le da igual con quién tenga que pactar siempre que le dejen hacer su política —y mantener el chiringuito que tienen montado los suyos de tejas abajo—, aunque ciertamente Podemos no sea la IU ancilar de la que disfrutaron sus predecesores Chaves y Griñán.

El interés de estas elecciones está más bien por la parte baja: es decir, si VOX podrá horadar el espeso muro en torno al Parlamento andaluz y penetrar en él o no, al margen de las etiquetas estúpidas de «extrema-extrema derecha» y «ultras» que los partidos y los medios del sistema les pegan a todas horas (más o menos como hacen con AfD en Alemania todos los que tienen miedo de perder su mamandurria). Por su historia anterior no es para mí una opción muy simpática; pero la verdad, viendo el patio y cómo la opción que podría ser el PP andaluz está siendo ¿dirigida? por una nulidad como Juanma en vez de serlo por el alcalde de Tomares, que hubiera sido el candidato natural conforme a su exitosa gestión, uno sopesa más las cosas. Por cierto: qué pena que a Juanma, que tanto se afana —por encargo— en no molestar al PSOE, no le mandaran a Madrid, como experto en protocolo que es, a decirle a Sànches que no estorbara en el besamanos del Rey. Y bueno, que si en Andalucía no se puede decir que la reina está desnuda cuando lo cierto es que lo está (aunque no valga ni para portada de revista ligera), apaga y vámonos.

Pero hoy dejaré que otro hable por mí. La entrada que yo podría haber escrito hoy de Andalucía en estos últimos tiempos me la ha dicho, palabra por palabra, D. Luis del Pino el pasado domingo. Escuchen los 12 primeros minutos de este audio y verán lo que quiero decir.

Otra cacicada más

La otra pifia de la que les quería hablar y que los plumillas y loros radiofónicos parecen ignorar (en esto, extrañamente, algunos se han vuelto radio-afónicos) es la que se ha plasmado en el Real Decreto Ley 9/2018, de «medidas urgentes» contra la violencia de género. Dejando aparte la quincalla ideológica feminazi que luce esplendorosa en su Exposición de Motivos, ¿subyace una «extraordinaria y urgente necesidad», como exige el art. 86 CE? Desde luego. Pero no para el pueblo, precisamente. La prisa, en realidad, es la de los ingenieros sociales, que quieren cabrear aún más el ambiente. Todo ayuda a aumentar la presión en la olla y a disminuir lo que Pío Moa denomina en alguno de sus libros «índice de salud social», o quizá menos formalmente, diríamos «paz social», que es lo suyo en el comunismo. En el comunismo todo el mundo está en guerra con todo el mundo; y es a eso a lo que se quiere llegar para evitar que el pueblo, hoy degradado a «la gente», se una contra los que manejan el cotarro y cortan el bacalao.

Pero «vamos al dato» interesante. De la lectura del Art. Único 2.2 de esa norma se desprende que, a partir de ahora, la acreditación de situaciones de violencia de género no lo será únicamente por sentencia judicial y, excepcionalmente, por informe del Ministerio Fiscal, como rezaba antes el art. 25 LIVG. Hoy tenemos lo siguiente:

una sentencia condenatoria por un delito de violencia de género, una orden de protección o cualquier otra resolución judicial que acuerde una medida cautelar a favor de la víctima,

o bien por el informe del Ministerio Fiscal que indique la existencia de indicios de que la demandante es víctima de violencia de género.

Primer problema: ¿cualquier resolución judicial? ¿Un Juez puede, por providencia o auto, determinar que existe situación de violencia de género y retirar la patria potestad, con las consecuencias que ello acarrea en materia de relaciones paterno-filiales? Pero sigamos, que la cacicada es mayor aún:

También podrán acreditarse las situaciones de violencia de género:

mediante informe de los servicios sociales, de los servicios especializados, o de los servicios de acogida destinados a víctimas de violencia de género de la Administración Pública competente;

o por cualquier otro título, siempre que ello esté previsto en las disposiciones normativas de carácter sectorial que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos.

Dicho de otro modo: bajo el paraguas de esta norma, ahora hasta un funcionario (o funcionaria, no vayan a cabrearse las feminazis) del Ministerio de Agricultura –supongo que acogiéndose al axioma general de «todos los hombres son unos cerdos machistas»– podría acreditar una situación de «violencia de género». El segundo inciso aleja dicha decisión por completo del control judicial, que no es menos grave en tanto que significa que a un hombre –nunca a una mujer: detalle– se le puede privar de patria potestad sin el más mínimo control judicial de forma inmediata, con independencia de que de esa situación acreditada se derive un proceso judicial posterior o no.

Añadamos a esto dos detalles más. El primero, la fecha del RDL: 9 de agosto, que es el mes en que los malos gobiernos aprovechan para cometer sus fechorías legislativas. Tradición canalla iniciada en nuestra democracia –o lo que sea– por Felipe González y sus Gobiernos. Y luego, la convalidación del RDL prácticamente sin oposición política –¿dónde estaban Casado y Rivera? ¿En Valencia y Tossa de Mar, respectivamente, tostándose al sol?– y poco o casi nada de ruido en los medios. Quizá es que aquellos que podrían haber dicho algo han creído que «a ellos no les iba a afectar», ya se trate de políticos o de plumillas.

Y para que tengan ustedes el cuadro completo, añadamos la peripecia de una mujer en lucha contra los servicios «asociales», concretamente los de Protecció de Menors de la Generalitat catalana. Imagínense lo que puede resultar de la coyunda inmunda entre el incremento de atribuciones a los servicios «asociales» y el caos reinante en éstos: es decir, imposible poner orden e imposible evitar que actúen. Algo así como un cáncer en plena metástasis. Allende nuestras fronteras la cosa no está mejor: una de las palabras que a los padres y madres alemanas normales (sí, aún quedan) pone los pelos de punta es Jugendamt, organismo todopoderoso y cuasicomunista. Basta una mera denuncia para que se metan en la vida de los otros y en sus cuentas –a cuál peor de las dos cosas–. Ni siquiera hace falta que pongan micros en las casas, como hacía la vieja Stasi bajo el mando de Erich Mielke. Los propios alemanes se denuncian entre ellos. Pregunten y verán.

Lo que a algunos se les olvida decir es que con esta cacicada –y van…– los hombres quedamos un poco más desprotegidos. Algún día se escribirá la historia de cómo se pretendió acabar con el hombre como enemigo de la humanidad, como lo fueron los nazis para los judíos y los burgueses para los comunistas.

¿Traspaso de poder?

Pasan las semanas y volvemos al ruhig fließender Bewegung y a la Lo único que ha parecido agitar un poco el panorama ha sido el acto de Vox en Vistalegre, donde al parecer hubo un llenazo total. No hace tanto que C’s provocaba el mismo efecto, si bien ahora que ya han sido fagocitados por el sistema (no en vano Rosa Díez le llamaba «el niño bonito del Ibex-35») el naranja ha quedado un tanto deslucido. Todos los partidos del sistema han tomado una postura: unos (C’s) «no hablan» y otros (representados por Carmen la egabrense: bendito D. Adolfo Muñoz Alonso, que nos abrió una vía al insulto fino) hablan de «extrema-extrema derecha». Lo malo es que, en realidad, todo son etiquetas para uso de tontos. Porque eso es lo que unos y otros (o hunos y hotros) nos consideran.

Por lo demás, el hecho más relevante que se ha producido en estas últimas semanas es un cierto traspaso de poder: Pablenin ha recibido de manos de un cada vez más menguante Sànches la llave de la caja de los dineros. Vamos, que el primero le ha dicho «Me aprobarás estos presupuestos si quieres comer el turrón este año en Moncloa». Y el otro, que tanto sabe de negros, ha dicho: «Sí, bwana». Es todo un acontecimiento, pues ya vamos camino de la revolución socialista: primero gastas hasta lo que no tienes porque hay mucho. Todo sea por cargarse la gran obra de Franco, que no fue el Valle, sino la clase media. Sí, esa clase media con un sueldo decente, piso en propiedad y vacaciones pagadas. Y luego, como hay poco o casi nada después de lo robado/gastado, hay que racionar lo que quede. El máximo logro de la revolución es, pues… la cartilla de racionamiento. O, dicho de una forma menos amable: «En tiempo de rojos, hambre y piojos». Quizá C’s y PP, dentro de la burbuja política, consigan detener la aprobación de esos presupuestos comunistas, como alguno los ha llamado ya. Y de aquí al Plan Quinquenal, donde todo tenía su precio menos la vida de la gente, un paso, nen. Apriétate el cinturón un poco más, que ya llegamos.

Miren que esto es un baile de máscaras. Parece ser que todo cambia menos una cosa: la ingeniería social. Que la lleva adelante la izquierda y la derecha (recordemos la última frase de Rebelión en la granja), inclinando graciosamente la cabeza. Según veo, eso es lo único que va hacia delante, porque los hunos lo mandan y los hotros lo permiten porque, a fin de cuentas a ellos no les va a afectar. Los abortos se siguen practicando bajo el mando de hunos y hotros, porque son un «derecho», pero sobre todo, un negocio boyante. Y la aprobación de leyes eutanásicas mientras la presunta derecha hace una graciosa reverencia a la izquierda abre también un nicho empresarial (dicho en pedante) y muchos nichos más para los que seguramente ya «sobramos». Todo sea por el negocio.

Y con la mano de Podemos en la caja de los dineros… y una oposición blandengue, que se deja llamar «extrema-extrema-derecha» con una sonrisa estúpida en la cara (piensen en Cuco, personaje de Torrente 2), sigue ese movimiento incesante y la cháchara insulsa. Pero al igual que en el movimiento sinfónico de Mahler, en algún momento llegará el grito de angustia. Para entonces, un servidor espera que las cosas tengan aún remedio.

 

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