Rectificaciones

Pues he aquí que estábamos equivocados y es justo reconocerlo. Resulta que Génova, 13 no era la House of Blue Leaves ni iba a sonar la música de Hotei Tomoyasu. La pelea a cara de perro —aunque públicamente «están abiertos al diálogo»— tendrá lugar entre Soraya, la chica de los recados del Bilderberg, y Pablo, el Renovaó. Cospedal, contrariamente a lo que creíamos, se ha quedado para vestir al santo (o santa, en su caso): con los votos de sus compromisarios puede, al parecer, inclinar la balanza. Quizá por eso Soraya —pues no me imagino que pudiera ser otra persona, con la cantidad de información que manejaba y maneja—, habiéndole salido bien la jugada con Cifuentes (y con Floridablanca, aunque eso no se mencione), intentara otro ataque preventivo contra quien preveía iba a ser su futuro rival, Pablo Casado. Sólo que esta vez no parece haberle salido tan bien.

Dejando de lado el interés real del asunto (inversamente proporcional al interés mediático que despierta), lo cierto es que el PP es un partido muerto, por más que traten de vestirlo para la ocasión. La prueba de ello es que la presunta renovación tras el incendio marianista la quieren dirigir gentes que deberían estar en una Unidad de Quemados. Soraya es la principal culpable —junto con el capitán Pescanova, ya huido hacia Santa Pola— de una política que ningún votante medio del PP aceptaría: la del fracaso catalán, que llegó hasta el punto de no ayudar a Inés Arrimadas a ser presidenta de Cataluña por el peligro que eso suponía para SSS en Madrid. Lo de C’s merece una entrada aparte.

Volviendo a Génova, 13, la verdad es que no me interesa personalmente ninguno de los candidatos. Ni Soraya, por ser la candidata del establishment (que además controla en una gran parte porque a muchos de sus miembros los ha nombrado ella o partidarios de ella), ni los otros dos, que han demostrado pensar en términos de poder y no de España, por mucho que se desgañiten. Como están en campaña (¡de primarias!), no parecen estar obligados a nada y prometen la Luna y lo que haga falta para llegar donde quieren llegar. Luego, al modo del viejo profesor, tiempo habrá de desdecirse de las promesas que se hicieron al calor de los mítines. Son guerritas internas de partido, de consumo interno, como su propio nombre indica. A los demás, que nunca pinchamos ni cortamos nada (ni nos dejaron hacerlo), nos importan poco.

Lo peor para el PP ahora mismo son dos cosas: que el respetable se ha enterado de que es un partido ful de Estambul (que diría el Jonan de Baraka), pues de «800.000 militantes» nada de nada: 60.000 y gracias, que son los que estaban realmente al corriente de pago. Pareciera que la primera de las cifras está gafada desde que la usó Felipe González para prometer los puestos de trabajo que iba a crear si le votaban en 1982.

Y lo segundo es que los muertos pretenden liderar la renovación de los todavía vivos. No es de extrañar que, cuando empezó a sonar el nombre de Feijóo como posible delfín de Rajoy, el hombre bajó a los Madriles cachazudamente… vio brevemente el panorama… habló un ratito en castellano para que le entendieran… y se volvió corriendo a Santiago de Compostela, mucho más fresquito. Puedo imaginar lo que pensaba Feijóo de vuelta a Galicia (y mira que es difícil saber qué piensa un gallego en ejercicio como él es): «Os mortos falan polos vivos! Mesmo parescía a Santa Compaña!»

Liquidación y cierre (IV)

Dejemos por un momento las cosas en casa PSOE y volvamos a Génova, 13. La debacle es total y el sentimiento de que el marianismo se ha cargado al PP, una plaga. No hace falta que nadie le diga a Mariano la de Boabdil, porque Mariano nunca tuvo intención de defender nada que no fuera su propio culo. Sus amos, se trate de quienes se trate, han de estar muy contentos: la destrucción del centro derecha español es un hecho. Sobre todo, del sector conservador católico, que era el que más resistencia opondría a las reformas mundiales y europeas sobre el aborto y la eutanasia, que ahora el partido en el Gobierno quiere impulsar a través de un proyecto de ley presentado antes de la moción de censura.

Ahora las espadas están en alto. Feijóo se ha retirado a Galicia, mucho más fresca que las calientes arenas madrileñas. Aparece Casado, al que quisieron tumbar (fuego amigo, que no sé por qué lo llaman «amigo» cuando proviene de tus propios compañeros de partido) por un quítame allá ese máster; pero la pelea de verdad está entre las niñas asesinas, con un regusto muy Kill Bill (volumen 1, naturalmente). Cospedal sería La Novia y Soraya, O-Ren Ishii. Estarán de acuerdo conmigo en que el fondo musical de esta película sería Battle Without Honor or Humanity. Quizá los 88 locos podrían ser el ejército que tiene Soraya dentro del Partido y de las cadenas de televisión que controlaba cuando era la Vicetodo y, que a pesar de lo que diga Federico, no se han pasado totalmente al enemigo; algunos fieles le quedarán aún.


No obstante, parece que Casado va ganando puntos. Cospedal no tiene gran cosa —no hay tras ella una gran gestión ni de partido ni de ministerio— aparte de palmito y ganas de dirigir el Partido. Y en cuanto a Soraya, todo lo más que tiene son dossieres de todos aquellos a los que dio cargo, que se llevó de Moncloa tan pronto supo que los iban a echar a todos. El problema es que Soraya puso en funcionamiento la máquina de picar carne demasiado tarde, por lo que «sólo» pudo llevarse por delante a Cifuentes. Casado ha resultado ser más correoso y por ahora resiste el embate de los másteres. Con eso, al parecer, Soraya no contaba. Y es que el juego sucio, incluso dentro de los partidos, tiene su límite.

Permítanme un aparte respecto de la expresidenta. Tiene su aquél llevarse por delante a toda una Presidenta de Comunidad Autónoma por un quítame allá ese máster y un vídeo guardado como oro en paño durante siete años para que salga a la luz en el momento apropiado en el que Cifuentes sale actuando de una forma cuestionable. En cualquier caso, lo que entonces no se planteó ni se va a plantear ahora es la reforma de la financiación de las Universidades a través de másteres y otras filfas destinadas a políticos en ciernes al efecto de ganárselos para la causa. Tampoco creo que nuestro hombre en la Luna, Pedro Duque, consiga hacer nada. Creo también que si intentara hacer algo en la buena dirección se lo cargarían. No tomaron en su momento la Universidad al asalto para que venga ahora un pipiolo y les diga lo que pueden gastar y cómo, ¡no faltaba más!

El caso es que, los unos por los otros, .la casa sin barrer. Y a nadie —de la casta, se entiende— le importa. Volveremos sobre ese particular en la próxima entrada.

Queridas señoras de la limpieza: gracias

(Visto aquí)

Addah Monoceros es Médico Interna Residente de Familia y resistente

Están en todas partes. En los pasillos del hospital, en los ambulatorios, en Urgencias. Se pueden hallar a cualquier hora, tanto a las cinco de la tarde como a las tres de la madrugada. Siempre con una sonrisa, siempre con un comentario bonito, siempre inculcándonos fuerza, como si a ellas les sobrase, como si ellas no pusieran toda su dedicación y todo su esfuerzo para mantener el sistema en pie. Y es que, ¡qué poco se valora a las señoras de la limpieza! Y digo «señoras» en femenino porque sigue imperando ese componente machista en el que son ellas mayoría. Una mayoría infravalorada, una mayoría despreciada, porque cuando se habla de la Sanidad sólo se mira a los médicos y, en última instancia, a enfermeros o auxiliares. Como si fuera una pirámide, como si unos fueran más que otros.

Ya hablé de Enfermería en su momento. Ya he recalcado incontables veces la importancia y el valor de todos y cada uno de los profesionales sanitarios, y de cuánto dependemos unos de otros para funcionar. Pero, ¿y las señoras de la limpieza? Poco se habla de ellas. Poco se alude a su incansable voluntad de ayudar. Poco se habla de cómo se apresuran a dejar un box limpio para que otro paciente pueda contar con un entorno aséptico en el que el sanitario ejerza cómodamente su labor. Poco se habla de cómo desinfectan los inodoros, de cómo hacen las camas, de cómo se sumergen en ambientes sucios, malolientes, incluso contaminados, de forma totalmente desinteresada, todo para que nosotros, los renombrados médicos, y ellos, los pacientes, protagonistas del sistema, cuenten con un entorno pulcro, agradable a la vista.

Los hay que ni las miran. Que pasan por el suelo húmedo sin ni siquiera pedirles permiso, sin emitir una disculpa. Los hay que no apartan la vista de la pantalla de su ordenador cuando ellas llaman tímidamente a la puerta de la consulta para vaciar esa basura colmada de gasas ensangrentadas y jeringas. Los hay quienes se impacientan porque «aún no han pasado a limpiar el box», sin detenerse a pensar que, tal vez, se demoran porque cuentan con varios boxes más que higienizar. Raras veces se las nombra cuando hablamos de sanidad, y me preocupa. Me preocupa inmensamente. Me preocupa este escalafón, esta injusta jerarquía. Parece que, para ser respetable como persona, alguien con estudios universitarios merece más admiración que quien arrastra un carrito y una fregona por salas y pasillos. ¿Acaso ellas no contribuyen a la sociedad? ¿Cómo podríamos trabajar en un estado sucio, hediondo, con un riesgo mayor de contagio de enfermedades? ¿Acaso sería seguro para nosotros? ¿Lo sería para los pacientes?

Queridas señoras de la limpieza: gracias. Gracias por sostener el sistema en silencio, con esa modesta reserva que os caracteriza, con vuestro sacrificio incansable. Gracias por esas palabras de ánimo, por esas muecas de apoyo, por esos ojos brillantes que se maravillan por nuestro trabajo tanto como nosotros deberíamos admirarnos por el vuestro. Gracias por todo, gracias por tanto. Y ojalá algún día el mundo sepa estimar vuestros méritos y la relevancia que tenéis en sociedad. Yo lo hago más y más con cada día que pasa.

Origen: Queridas señoras de la limpieza: gracias | Redacción Médica

Liquidación y cierre (III)

Pues ya tenemos nuevo Gobierno, señores. Parece que se ha echado a los anteriores y se ha puesto a otros. Ha sido un relevo en las alturas que no va a significar cambio alguno en los asuntos importantes. ¿Asuntos importantes? Los que interesan a la casta, de la que ahora Pablemos también forma parte, lo admita públicamente o no. El divorcio entre la casta y el censo electoral sigue siendo total. En este punto disiento con el editorial de Rosa Cuervas-Mons, de la Gaceta: lo «importante» no está en los matices, sino en el hecho de que el «consexo socialdemócrata» español funciona como una máquina bien engrasada y que ahora C’s participa también de ella (¿por qué, si no, iba Albert Rivera a Bilderberg, acompañado de la ex Vicetodo Soraya? ¿A pedir la hora?).

Pedro Sánchez, aka Monstruo de Sánchezstein, resurgió de sus cenizas y ha vuelto triunfante para… lamer las botas del separatismo. Sabe muy bien que su entrada en Moncloa es legal, pero no legítima. Legítima hubiera sido tras convocar unas elecciones. Pero, como ya explicamos en una entrada anterior, de haberse convocado elecciones Sánchez no hubiera ocupado de ninguna de las maneras el sillón. Hubiera sido, casi con toda probabilidad, Albert Rivera. El R78 se defendió de esa posibilidad y no convocó elecciones, como hubiera sido su obligación moral. Y así estamos como estamos y donde estamos.

Lo mollar, lo importante en estos momentos, es el gobierno de Sánchez. O, mejor dicho, el que le han montado a Sánchez para que pague la hipoteca del poder. Se puede ver desde varios puntos de vista; pero a mi modo de ver, el gobierno actual tiene tres capas: la de los jarrones chinos, como Borrell (¿qué hace un economista en Asuntos Exteriores?) o Margarita Robles, venerable de la época felipista, pero que ha conseguido devolver el CNI a Defensa (quizá su lugar natural). Luego está la capa zapatera, cubierta sobradamente con la Vice Pixidixi, de la que en una próxima entrada comentaremos cierto detallazo. Finalmente, la capa de los nuevos, de los que unos son del montón y otros de la huerta valenciana.

Huerta valenciana que se ha revelado podrida, hasta el punto de que al ya exministro de Cultura no le cuadra otro mote que Brevis Maximus. Nada que ver con Gladiator: el retiarius (Libertad Digital, aunque el resto de diarios afectos no se haya tomado la molestia de reconocerlo) le ha echado la red y le ha metido un forcazo (un vídeo del propio Sánchez) tal que Sancius Imperator no ha tenido más remedio que bajar el pulgar. Creo que Huerta ostenta el dudoso honor de haber sido el ministro más breve de toda la democracia. Hasta la inútil de Aído duró más —aunque también es verdad que por eso mismo hizo mucho más daño—.

Mientras los medios se pierden en disquisiciones acerca de tal o cual ministro y de si los votos de tal o de cual o de si hubiera prosperado o no una moción de censura, a un servidor le interesan dos cosas. La primera, que se constituya el gobierno que se constituya, no va a tocar ni la ley electoral, que perpetúa el desgobierno de esas mafias políticas llamadas partidos, ni el sistema autonómico, ruinoso para el españolito de a pie pero fundamental para la casta, porque estratifica sus niveles extractivos, que dijera el otro. También me interesa la acción de gobierno que van a desarrollar. Pero de eso hablaremos en otra entrada.

Liquidación y cierre (II)

Querría haber empezado por otra cosa, pero hoy sí que no hay más tema que éste: la sorprendente marcha de Zidane del Real Madrid. Bueno, en realidad no. Como esta semana no habíamos de ganar para sorpresas, no sólo el francés un poco más y se despide a la francesa, sino que en 24 horas hemos cambiado de presidente del Gobierno. Supongo que todas las cabeceras subrayarán que «es la primera moción de censura que sale bien», pero les diría que no es lo importante.

Importante de esta moción de censura que «ha salido bien» son otros detalles. Lo primero de todo, que se han juntado todos para echar a Rajoy. ¿Hay algo que une a esos «todos», aparte de su aversión al capitán Pescanova? Pues sí. Resulta que todos son enemigos de la Nación española. Todos se frotan las manos: se les ve contentos y no aspiran más que a colonizar la Administración y vivir del cuento ocho años (como está estipulado en el pacto no escrito del régimen del 78).

¡Esh que me eshtoy haciendo mishtosh…!

En Génova, caras largas. Sale María Dolores de Cospedal, que se ha librado de salir en el desplegable central de Interviú porque esa revista, testigo de la Transición, ha desaparecido y porque convocándose elecciones, ni ese desplegable central hubiera podido salvar a su partido de la débacle. Pone Cospedal cara de palo y dice: «Lo sentimos por España». Pero vamos a ver, Mariloli: ¿puedes decirme qué puñetas habéis hecho por España? Apenas arreglar el forraje —«lo importante esh la economía», ¿te acuerdas?— para seguir tirando. En lo demás, lo único que os ha preocupado es salvar vuestro culo de la quilla judicial —que no— y no arreglar el problema del encaje de los separatistas vascos y catalanes. En esto último ya deberíais saber que el único sitio donde encajan de verdad es la cárcel.

Resumiendo muchísimo, se podría decir que lo que hemos visto en estos últimos días ha sido un paripé. Como diría Frank Herbert, «fintas dentro de fintas dentro de fintas». Mi conclusión: con la moción de censura el régimen del 78 se ha defendido contra su único y verdadero enemigo, que no es otro que Ciudadanos. Podemos no es enemigo, sino que servía a los intereses de Rajoy sólo para que éste pudiera dar una «imagen de mal menor». Y al resto, empezando por Tardà, siguiendo con Rufián y acabando por Esteban, ya los conocemos de sobra. El PPSOE sabía que si ahora se convocaban elecciones anticipadas, C’s no solamente las hubiera ganado, sino que además hubiera formado gobierno en solitario, pues las encuestas les iban viento en popa. Curiosamente, una situación muy parecida a la de los meses anteriores al 11-M. Era preciso evitarlo.

Y lo era porque aunque nadie tiene la seguridad, era posible que C’s arreglara el pifostio vasco-catalán (también han apedreado y pintarrajeado sus sedes) y tal vez se acabaran las prebendas que tanto PP como PSOE han concedido durante cuarenta años a los separatistas mientras éstos se dejaban llamar «garantes de la gobernabilidad», que tiene narices. El harakiri de Mariano nos sale carísimo a los españoles (si alguien cree que Mariano no ha sido sacrificado por la pervivencia del régimen del 78, pues…). O simplemente, se trata de que C’s no estaba en la pomada del régimen, que a lo que parece funciona así: turno de partidos entre PP y PSOE, con dobles legislaturas, sobre la base del apoyo alternativo de otros partidos. Pero oigan, que hasta Cánovas y Sagasta lo hicieron mejor: no necesitaron nunca el apoyo de partidos enemigos de España. Enemigos de España que además hacen caja con la debilidad de hunoshotros con cargo a nuestros bolsillos

Por otro lado, lo que ha ocurrido está en el abanico de posibilidades lógicas. Las dos legislaturas marianas se han marcado por la desidia criminal respecto de los problemas de España. Mariano es un presidente que no ha querido gobernar y que ha intentado (o ha dejado) que los demás le hicieran el trabajo (los jueces, el TC…). No ha arreglado lo que tenía que arreglar, pues para eso le votamos en masa en 2011; y ahora, al irse por la puerta de atrás, deja un zafarrancho mayor que el que se encontró. Cuando él llego, sólo Cataluña y Vascongadas estaban «en llamas»: hoy, que ya sabemos que hubiera vendido a su madre, lo están Valencia, Baleares y Navarra, además de las citadas.

No creo que Sánchez, siendo hijo político de ZP, vaya a arreglar las cosas. Seguirá avanzando en la idea de la nación de naciones porque son las órdenes que tiene nuestra casta política: deshacer España. El divorcio con el pueblo —hoy «gente»— es total. Y si el Monstruo de Sánchezstein va a ser igual —sólo digo igual, aunque admito que puede llegar a ser peor— de malo que ZP, que Dios nos coja confesados.

 

Liquidación por cierre (I)

Contra lo que algunos pudieran pensar, no, no es este blog el que se cierra. Lo que parece que sí se está cerrando es España. Y se preguntarán ustedes: «¿Pero qué dice este hombre?». Asumo también las críticas por conspiranoico, como también las asumí en su momento cuando los trolls gilipollas de ZP se reían de uno por sumarse al grupo de los que entonces decíamos «España se rompe».

Hoy, después de cuatro legislaturas zapateras en el Gobierno (las dos de ZP y las dos de Rajoy), cada vez es más claro que España va por el derrotero malo. En mi opinión, bastaba simplemente con no hacer nada. Bastaba con dejar intacto el corpus zapatericus (las leyes degeneradas, la de la desmemoria histérica…). Cosa que, de hecho, advirtió la Voguemomia —hoy más restaurada que un cuadro de Van Eyck—: «Ustedes no van a cambiar nada» respondió, acre, cuando algún diputado del PP le dijo —no recuerdo si antes o después de 2008— lo que harían al llegar al Gobierno.

Pero tanto Rajoy como sus ministros se apuntan a la regla del Jefe: si Mariano oficia como «el hombre que nunca estuvo allí», sus ministros lo mismo, si es que quieren seguir siendo ministros. ¿Que el PP está que lo tira con sus ministros de rompe-y-rasga? Da igual. Si al Gobierno le quedaban amigos en el Poder Judicial, los acaba de perder todos gracias a las declaraciones del «borroso Catalá» relativas al magistrado ponente de la sentencia de La Manada. ¿Que hasta una Secretaria de Estado como Carmen-por-favor se cisca en los jubilados? Da igual. Se pide disculpas y listos (no me hagan reír con eso de «pedimos su dimisión»: en España lo habitual es el cese). Tampoco importa que esas declaraciones se hayan cargado el vergonzoso proceso de compra de votos entre los jubilados. ¿Qué Méndez de Vigo, presunto ministro de Des-educación no hace absolutamente nada en Cataiuña? Da igual. Lo que él quiere es tener contentos a los de su logia de eurócratas y poco más. Los españoles le importamos poco.

¿Que la desidia criminal de este Gobierno, juntamente con el cumplimiento punto por punto de los designios zapateros, van por el camino de partir España en cuatro cachos? Da igual. Mariano piensa que «a mí me queda un año y medio y deshpuésh, a vivir de los 80.000 eurosh que me quedarán de penshión». Lo siento por los carboneritos que aún le quedan a Génova, 13. Bastará hacerles esta reflexión: ¿por qué iban a hacer por España con un gobierno con respiración asistida lo que pudieron hacer y no hicieron entre 2011 y 2015, cuando tenían mayoría absoluta?

Remedando a Carmen-por-favor, «¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: «¡Pues os jodéis!»». Vale la pena decir que cuando no se tienen principios, o éstos se dejaron por el camino cambiándolos por otros, se corre más rápido hacia el final.

Alsasua y la doble vara de medir (II)

Siguiendo la relación anterior, podríamos enlazarla con esta entrada mediante una paráfrasis de la célebre frase de Herr Doktor Stammler: «Tres palabras de rectificación de unos agitadores de cuarta y trescientas setenta páginas de una sentencia se convierten en basura» (Drei berichtigende Worte des Gesetzgebers und ganze Bibliotheken werden zu Makulatur). Como apuntábamos en la entrada anterior, una sentencia que a lo mejor alguien se ha leído a estas alturas, pero no desde luego quienes berrean en la calle.

Todo esto, sin duda, despide el tufo contaminante de las manipulaciones comunistas de manual, cuyo primer y exitoso ejemplo fue el caso de Sacco y Vanzetti. Pero empecemos por el principio. A quienes han promovido las asonadas y berreos callejeros varios no les importa en absoluto lo que la ley, de consuno con el buen sentido, tiene que decir acerca de los hechos. Parece ser que los hechos se contienen en un vídeo que esos pitecántropos grabaron para pavonearse de su hazaña. Vídeo que sólo han visionado sus señorías por tratarse de una prueba en sede judicial. Pero eso, a los promotores, les da igual. Sin tener en cuenta ese vídeo, han decidido que es violación. Habló la Blasa (en este caso la Cheka): tós pa casa.

Los hechos, en sí mismos, sólo importan en la medida en que sustentan la campaña. Es decir: llega un momento en que da igual si fue o no fue violación. El griterío es tan ensordecedor que, si un juez no es lo suficientemente firme en sus principios o no se siente apoyado suficientemente por sus compañeros de profesión y sus superiores, puede dejarse llevar y dictar, cual Calígula redivivo, en el sentido en que la chusma (bien teledirigida) quiere. En esta sentencia ha habido una de cal y otra de arena. Es decir: un ceder, pero poquito. Se califican los hechos como «abusos sexuales»… pero, para contentar al populacho teledirigido (los inocentes, que diría Münzenberg), se impone una pena a todas luces desproporcionada a tenor de los hechos probados. Eso sí, dentro de los límites del Código Penal.

Un servidor de ustedes empieza a tener la firme convicción de que, tratándose de una manipulación comunista (el feminismo hoy no es más que uno de los disfraces del comunismo de toda la vida, como antes lo fueron el «pacifismo» o la «defensa de los derechos de los gays»), la mentira tiene que estar en alguna parte. Y es lamentable que haya de ser en sede del Tribunal Supremo donde tenga que salir a flote la verdad. Pues, analizados cuidadosamente los hechos, se suscitan dudas razonables acerca de la efectiva producción de algunos de ellos; sobre todo, teniendo en cuenta el comportamiento más o menos «estándar» de una persona que ha sido violada y que cualquier psicólogo les puede relatar.

Y es así como prende una manifestación de histeria colectiva: dar una pequeña porción de verdad de un hecho escandaloso para que el respetable trague un montón de mierda mentiras creyendo que también forman parte de la verdad. Pero, como veremos en la siguiente entrada, mirado más de cerca, este montaje no resiste mucho.

Alsasua o la doble vara de medir (I)

Cuenta mi admirado Fernando Díaz-Plaja, en su libro El español y los siete pecados capitales el siguiente sucedido, que nos sirve de exordio a esta entrada:

Una vez oí una retransmisión por radio en la que unos escritores comentaban el Doctor Zhivago, de Pasternak. Los juicios eran duros, tan tajantes y negativos, que una señora del grupo con acento extranjero, probablemente ruso, se asombró y preguntó humildemente:

—Pero ¿cómo puede usted decir…, en qué parte ha leído usted eso?

No he leído el libro, señora (cursiva nuestra) —fue la asombrosa respuesta. Resultó que de los cuatro escritores que se habían reunido para discutir la obra sólo la había leído ella.

Naturalmente, esto forma parte de la Soberbia española. Y si viviera hoy D. Fernando, seguramente lo aplicaría a terrenos que son más cercanos al común de las gentes. Como por ejemplo, el fúrbo. Es de todos sabido que la Selección española de Fútbol (o de lo que sea) tiene un entrenador… y cuarenta millones de asesores; con la particularidad de que cualquiera de esos asesores cree tener más conocimiento y experiencia que el entrenador y el resto juntos. Al menos, si hay que oír los comentarios en los bares, juramento y puñetazo en la barra incluidos.

No menos lo aplicaría D. Fernando a los lenguaraces comentarios que se sueltan en redes sociales acerca de todo lo opinable (y muchas veces, de lo que no lo es). «No necesito leer el artículo (o libro) para saber que si lo ha escrito Fulano es una porquería facha/progre» o «No necesito haber vivido en tal o cual país para saber que su sistema político es una porquería/maravilla». El troleo no es más que otra manifestación (pagada) de la Soberbia española. Eso puede pasar porque, como dijo alguien: «las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno». Siempre he dicho que si en redes sociales se hablara sólo de lo que se sabe de verdad, en éstas habría un silencio sepulcral, roto ocasionalmente por algún comentario inteligente.

La cosa queda más fea cuando se aplica a asuntos judiciales. Naturalmente, no a cualesquiera, sino a aquellos que «causan alarma social». ¿Y quién decide que un asunto causa «alarma social»? En España no me cabe duda de que son los partidos políticos a través de sus terminales mediáticas y redes sociales. La forma de dar una noticia, que puede ser en sí una manipulación, puede echar a la calle a miles de personas. El caso más reciente es el de la sentencia de la Audiencia Provincial de Pamplona acerca del delito cometido por unos seres pertenecientes a la subespecie Erectus de los pitecántropos, que se hacían llamar a sí mismos La Manada.

El caso es que ha faltado que saliese la antedicha sentencia para que, como por arte de magia, surgieran penalistas de tres al cuarto, creyéndose la cuádruple encarnación de von Liszt, Beccaria, Lombroso y Stammler y pontificando acerca de unos hechos que no conocen en su totalidad y sobre los cuales ha recaído una sentencia que no se han leído… como esos críticos presumidos respecto del libro de Pasternak. Transponiendo el conceto, en estos días se ha oído mucho lo de «No necesito ser abogao para… saber que lo que le hicieron a esa chica es una violación». Para estas personas una frase (¿consigna?) vale más que las trescientas setenta páginas de la sentencia. Sentencia de la que, dada su extensión, nadie podría haber dado una opinión más o menos mesurada nada más salir (a lo que se han apuntado políticos de todos los tamaños y pelajes); salvo, naturalmente, esos juristas de saldo y ocasión.

Turu-rull (I)

Da una pereza grandísima escribir sobre algo parecido a un bucle melancólico como ése en el que está atascado Cataluña desde hace meses. Hoy, no obstante, me apetecía decir algo al respecto, pues llevaba muchos días sin aparecer por el blog y aquí va. Como católico que intenta mantenerse en la línea, cada vez soy más apolítico, pues a mí ninguno de los cuatro grandes «me representa», que se dice ahora. Pero si quisiera ejercer mi derecho al voto, por el que «tantos murieron» (y otros tantos tiran a la basura cada cuatro años), encontraría al menos dos razones para no votar a Rajoy, cuyo partido sólo Dios sabe en qué se ha convertido hoy (me dan pena los que mantienen la fe del carbonerito en el gallego barbudo y que sólo pueden justificarlo como mal menor):

a) Primero, obligar a todos los españolitos de a pie a tragarnos el culebrot que todos los días tiene lugar en Barcelona debido a la aplicación de un 155 CE emasculado. Culebrot que tiene visos de durar tanto como «El secreto de Puente Viejo» o «Amar es para siempre» (secuela de «Amor en los tiempos revueltos», que ya llevaba sus mil y pico capítulos cuando sufrió esa mutación genética).

b) Segundo, permitir que Montoro nos meta la mano en el bolsillo para que el culebrot se siga emitiendo, en vez de dejar caer a la indigna casta catalana, que ya nació podrida pero que durante el pujolismo alcanzó niveles increíbles de indignidad y de podredumbre. Y de paso, dejar que aumente la deuda de ese Govern con el resto de España, que los optimistas cifran por ahora en más de 50.000 millones de euros.

A estas alturas ya se entiende que hay pacto entre el Gobierno y los sepa-ratas. Sólo así se entiende la inacción del Gobierno central, aunque no se entienda muy bien para qué. Quizá todo el meollo de la cuestión se halle en que, como dijo alguno hace algún tiempo, se trata de meter con calzador al respetable la idea de que «España se gobierna mejor de forma confederal». Poco les importa que nuestra primera experiencia confederal (1873) fuera un desastre y terminara con el caballo del general Pavía entrando en el Congreso. Esa insistencia en seguir procedimientos fracasados sólo tiene una causa y una consecuencia: destruir España como nación, tanto política como espiritualmente. No tengo duda de ello.

Otro detalle que llama la atención y que también explicaría unas cuantas cosas son unas declaraciones que hizo en 2011: «Yo soy un mandao; hago lo que me dicen». Quizá alguno se enfade (me da igual) y diga que «son declaraciones sacadas de contexto» (también me da igual). Pero la pregunta hoy y en relación a este asunto, cobra cada vez mayor relevancia: «¿Quién le dice a usted lo que tiene que hacer en esta materia?». Si jugáramos a las conspiraciones, podríamos enunciar enfáticamente lo siguiente: «España es un país plenamente comprometido con el Nuevo Orden Mundial; y Soraya Sáenz de Santamaría oficia como chica de los recados entre el grupo Bilderberg, conectado con ese NOM y Rajoy». Un servidor no es quizá tan conspiranoico, sino que se ajusta más a Mt 7, 16: «Por sus frutos los conoceréis». Y dichos frutos no dan para tirar cohetes, ni mucho menos.

8-Milongas (y II)

La manifestación del pasado jueves, en vez de ser una huelga política (prohibida por la Ley) debió acordarse, entre otras, de las mujeres del campo, cuyo trabajo es duro y mal pagado. Otro tanto se diga de las empleadas de hogar: trabajo duro y mal pagado. Ninguna de las manifestontas se prestaría a fregar lavabos por 6 euros la hora; para algo tienen conciencia de clase… alta. Niñatas mimadas y bienpagás, que para esa tarea suelen disponer de esas empleadas de hogar, faltaría más. Hay que evitar a toda costa que se manche el traje de Versace o el bolso de Loewe. Pero parece ser que la explotación de la mujer por la mujer «no es verdadera explotación».

También hubieran debido acordarse, porque para algo ése es un Día Internacional, de las mujeres que en los países islámicos están obligadas a llevar velo bajo pena de cárcel o castigo físico. Pero a estas señoritingas de pan pringao, a estas privilegiadas, se les entiende todo. Sabemos quién está detrás de ese artilugio manifestativo. Sin los billetes del petróleo iraní y venezolano, el comunismo en su versión violácea no se hubiera comido un colín. Y da la risa, por no decir rabia, ver como esas pedorras comunistas, cuando son pilladas en un renuncio, defienden ardorosamente el hiyab, cuando no el niqab o directamente el burka.

Hubieran debido acordarse de las madres de familia numerosa: trabajo duro, sin sueldo y rara vez reconocido, ni siquiera por la propia familia. Para estas pedorras comunistas la mujer que elige tener muchos hijos, cuidarlos y educarlos no sólo no es una «verdadera mujer», sino que es poco menos que una «retrasada mental» y una «esclava del heteropatriarcado machirulo». Me ahorraré los chistes zafios porque ésa es la especialidad de otros («chúpame-la-minga-Dominga»).

De Osoro y sus lamentables declaraciones pro-huelga nos ocuparemos en otra entrada. Aquí baste terminar con el hecho de que la famosa «tolerancia comunista» se acaba a las puertas de la Iglesia. Confesiones registradas en el Ministerio de Justicia hay unas cuantas: pero pintadas sólo recibieron las católicas. Las pedorras comunistas no se atrevieron a ir a las mezquitas a dar la brasa con su manifiesto. Y tuvieron suerte de que el 8-M ha caído en jueves: si hubiera caído en viernes un servidor las hubiera invitado a pintarrajear una de las varias mezquitas que se reparten por toda la geografía española. Y sé lo que me hubieran contestado: que no, que ellas con los moros no se metían.

Habría valido más usar la efeméride para recordar que se promulgó el Estatuto de los Trabajadores (1980) y que ésa es la ley que, en democracia, rige las relaciones laborales contractuales, como antes lo fuera el Fuero del Trabajo (1938), dictado en unas circunstancias muy distintas. Pero quiá: nos quieren robar la memoria histórica de la fetén a punta de pistola y multa.

Si hubiera vivido ahora Marie Curie, les hubiera dicho algo parecido a esto: «Las únicas que berrean «cuota, cuota» son las que no valen para otra cosa». Por supuesto, la hubieran tratado de «perra fascista» y de «esclava del heteropatriarcado». Sic transit.

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Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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