El «problema catalán» (III)

Hoy la desidia de todos los Gobiernos y especialmente el de Rajoy (en tanto que es el último que sigue la tradición), nos ha llevado donde estamos. ¡Cuántos habremos dicho que el artículo 155 de la Constitución no está para hacer bonito y que es tan aplicable como el 24, el de la tutela judicial efectiva, y desde hace cuánto! Pero tenemos un ¿Gobierno? que sólo es valiente con los suyos: se quita de encima sin despeinarse a los leales a España y al resto le da cuatro prebendas para que sigan callados. En cambio, es tolerante con los enemigos de España, a los que siempre está ofreciendo «diálogo». Pero esto ya lo dijo Aristóteles, que era un griego muy listo:


Aviso para navegantes y para que «el que tenga oídos, que oiga». Rajoy lleva seis años jugando con fuego, por mucho que los palmeros a los que tanto le gusta oír le digan otra cosa. No sabemos por qué se ha llegado a este desgavell; pero hay unas cuantas ideas que corren por ahí que vale la pena recoger:

a) El procés no es otra cosa que un negocio. Y que el punto básico de ese negocio es anar-hi anant… sin llegar jamás a Ítaca. Porque si llegan a Ítaca se acaba el chantaje al Estado. Ya no tendrán de qué vivir, a menos que vayan edificando la Großkatalonien: es decir, la vieja Corona de Aragón, pero con capital en Barcelona y el catalán oriental impuesto en toda su extensión.

b) Segundo, que el sabio señala la Luna y los tontos ven sólo el dedo. Lo importante en esta astracanada no es tanto la independencia (ruido), sino romper España en cuatro cachos (furia). El expansionismo territorial nacionalista es una constante: ocurrió con el nacionalsocialismo alemán, ocurrió con el paneslavismo ruso… y ahora con el pancatalanismo. En cualquier caso, uno se pregunta a quién le interesa (fuera de España, porque aquí sabemos ya quiénes son) que España se vaya a tomar viento y para qué.

c) Hay quien dice que todo este sainete, astracanada o entremés se está ejecutando porque en el fondo lo que se persigue es reformar la Constitución. Si tal reforma se llevara a cabo para eliminar el Título VIII de la Constitución y echar el cierre al insostenible «Estado de las Autonomías», yo firmaría. Es verdad que los números del paro aumentarían y mucho si todos los chupópteros puestos a dedo en las Administraciones autonómicas por los caciques correspondientes fueran a engrosar la cola del INEM. Pero me temo que en lo que están de acuerdo tres de los grandes partidos es en dar más poder a las Autonomías. Incluso Cs, que se retuerce como una lagartija para no confesarlo.

En el campo socialista las cosas no andan mejor. Por un lado tenemos al monstruo de Sánchezstein hablando de la gilipollez zapatera de la nación de naciones. Según él «Madrid es una nación», ¡y todavía no nos habíamos enterado! Según eso también, «Castilla puede independizarse de España», otra gilipollez propia de quienes no han leído poca o ninguna historia de España. Y luego tenemos a Miquel Iceta, la gogó del Baix Llobregat, que un día baila La gozadera con los indepens, al otro La barbacoa con los constitucionalistas y con todos La yenka. A todos estos pedorros yo les recomendaría esta obra. Y a Iceta, ahora que sus alcaldes reciben incluso amenazas de muerte, quizá se le acabe el bailoteo y se defina de una vez.

De Pablemos poco hay que decir: gran macho alfa de la ultraizquierda, ésa que existe en la calle pero no en los telediarios (al contrario que la «ultraderecha», que existe en los telediarios pero no en la calle), sigue la máxima de su mentor Lenin: «Cuanto peor, mejor». La política como noble arte de ocuparse de la res publica le da igual. Son como los aficionados de cierto club de fúrbo:

Alcohooool,
Alcohooool,
Alcohol, Alcohol, Alcohooooool
Hemos venido a emborracharnos
El resultado nos da igual…

El “problema catalán (II)”

Pero, en realidad, el mal llamado «problema catalán» arranca de mucho antes. Vean aquí cómo Cataluña se va enriqueciendo a expensas de otras regiones con igual derecho a un mejor porvenir. Es decir: Cataluña nunca fue un territori d’ocupació, como rebuznan los merluzos catborregos. Todo lo contrario: fue siempre una región privilegiada, cuya burguesía, fueran las cosas bien o mal, reclamó siempre «lo suyo», es decir, lo de todos, que decían que les correspondía porque «ellos no eran como los demás». De hecho, fueron los que más lloraron la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, por los pingües beneficios que dejaron de percibir tras el desastre. De algún modo, la reivindicación catalana era únicamente de la burguesía, que se arrogó una representación total del poble català y que en la llamada Renaixença comenzó a fraguar una cultura distinta y separada de la española.

Incluso Franco entendió aquello del «fet diferencial» y por eso, la primera gran fábrica de automóviles tras la guerra no se construyó en Valladolid, primera ubicación tentativa, sino en Barcelona: fue la SEAT y ocurrió en 1950. Pero los indepens importantes, muchos de ellos hijos, nietos y parientes de franquistas importantes, están resentidos con Franco por haberles dado tan buena vida. A tal punto que, cuando llegó la democracia, de algunas figuras importantes como Samaranch (sempiterno presidente del COI) se borró su pasado como altos directivos de la Administración franquista.

Que el «projecte», que en principio era sólo de la burguesía, pasase a formar parte del imaginario popular es mérito, en primer lugar, de la Iglesia catalana, también resentida contra Franco porque no les dejaban decir la misa en catalán a pesar de que Franco, en expresión de Jon Juaristi, les limpió el patio trasero a sangre y fuego. Y a pesar, también, de que el Concilio Vaticano II había sancionado el derecho a decir misa en la «lengua vernácula». En los últimos diez años del franquismo, la doctrina nacionalista empezó a colarse por los esplais parroquiales, el escoltisme (irónico, por lo poco que escuchan) y, naturalmente, a través de las associacions culturals. A la vuelta de los años vemos el magro pago recibido por la Iglesia catalana tras sus esfuerzos: iglesias cada vez más vacías y huida en masa de la grey hacia el prado de la religión política nacionalista, moralmente mucho menos exigente. Por no hablar de los mossèns trabucaires, que tanto daño hacen a la institución eclesiástica ayer, hoy y siempre.

Todo ese núcleo eclosionó en los años posteriores a la primera Diada, de signo reivindicativo neutro («Llibertat, amnistía / i Estatut d’Autonomia»). Ésa fue la primera etapa de transfusión. Luego, con la llegada de Pujol al poder, sobrevino la de la inmersión obligatoria tras decidir que la relación entre las dos lenguas cooficiales había de ser de conflicto o de diglosia en vez de una coexistencia pacífica. La diferenciación con España se constituye como principi fonamental del Moviment nacionalista y se aplica directamente y a la fuerza en una materia tan sensible como la educación. Y a partir de aquí es donde podemos rastrear las primeras cobardías de los Gobiernos centrales españoles —de todos ellos, por cierto—. Que si González y Guerra hubieran tenido lo que hay que tener, todo el tema nacionalista se hubiera acabado de un plumazo en 1984: Pujol hubiera dado con sus huesos en la cárcel por lo de Banca Catalana, se hubiera intervenido la autonomía y aquí paz y después gloria. Pero todos los gobiernos se han ido pasando la patata caliente catalana de unos a otros sin barrer la casa. De tantas ocasiones que hubo para acabar con la anomalía nacionalista, ninguna fue aprovechada por los Gobiernos centrales en treinta y siete años, que se dice pronto.

Siempre digo que si en Baviera hubieran pillado este mismo sarampión, Berlín no hubiera tardado ni veinticuatro horas en mandar las tanquetas. Pero los bávaros saben lo que se juegan con esa clase de algaradas y se resignan a ser «la locomotora alemana». Desgraciadamente, las Batuecas son otra cosa.

El “problema” catalán (I)

En estos dos últimos días hemos asistido a algo que no sé cómo llamarlo: si «sainete», «entremés» o «ensaladilla variada». Ha tenido lugar en Barcelona, cómo no. Y vamos a comentar algo de esto, aunque con cansancio, porque ya hemos hablado antes y llueve sobre mojado.

La pendiente comienza con los atentados de Barcelona de hace dos semanas. Una camioneta, conducida por un terrorista —nada de «yihadista»: siempre la verdad antes que la corrección política—, se lleva por delante a unas cuantas personas —16 fallecidos a fecha de hoy y casi 80 heridos de diversa consideración. El dato importante de todo el follón es la descoordinación entre los Mossos d’Esquadra y el resto de FCSE, especialmente la Guardia Civil. Descoordinación que se puso de manifiesto en este hecho: los Mossos recibieron un comunicado o información de la CIA en que avisaban de que habría un atentado en BCN y no hicieron maldito el caso, ni tampoco trasladaron esa información al resto de FCSE. Si fuéramos malpensados, diríamos que el conseller Forn obvió esa información para poder cargar los muertos a Madrit. Ni investigar la fiabilidad de esa fuente, ni nada. En un país decente al conseller Forn, dadas las consecuencias de su negligencia (por decirlo suavemente), ya lo hubieran metido en el ídem. Pero como en las Batuecas importa más el teatro y la tramoya que la verdad y la acción, ese senyor sigue al frente de los Mossos como comissari polític. ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

El segundo acto de esta obra de teatro fue la manifestación contra los atentados, a la que decidió asistir Felipe VI. Los indepens montaron el numerito de intentar cargarle los muertos del atentado por la «venta de armas»; incluso, algunos de ellos desempolvaron pancartas de la guerra de Irak («Vuestras guerras, nuestros muertos»), lo que da idea de lo desnortados que iban los pobres, llevados de su irracional odio a la «puta Espanya». Poco importa que después se filtrara la noticia de que la participación de Cataluña en la venta de armas españolas es del 25%. La imagen ya estaba hecha. Por si faltara algo, la casta política echó mano de la «serenidad y la firmeza», que como ETA estaba «derrotada», hacía tiempo que no utilizaba. Señal de que, como dice la vieja canción ecologista de La Trinca, iban a «tomar serias medidas, és a dir, a no fer res». ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

Ahora estamos en que se va a hacer algo. Hay querellas contra Puigdemont, contra Forcadell, contra varios miembros de la Mesa del Parlament… Mucho trabajo para los Abogados del Estado. Para ellos esto es vida. De hecho la Vicetodo, como Abogada del Estado que es, se recrea en el papeleo. Estará convencidísima —al menos, de cara a la galería— de que hundiendo a los susodichos en una montaña de papeles jurídicos les va a detener. Mentar a la Guardia Civil o a la Policía, que es de verdad lo único que les podría detener, ¡ni hablar! Ya se preocuparon de pasar esa patata caliente a sus empleados del TC, vía modificación legislativa. En cuanto a nosotros, creo que hay división de opiniones: para unos es un coñazo insufrible. Para otros, una vergüenza insoportable. Y para un tercer grupo, la primera secesión televisada en directo —por forzar el símil con la guerra de Irak, «la primera guerra televisada en directo»—. Por eso, el Gobierno ni está ni se le espera.

Y como el Gobierno ni está ni se le espera, ellos siguen.

CIS estival

Por su interés, colgamos este interesante artículo de Alfonso Ussía en La Razón del día de hoy que disecciona la realidad del Gobierno.

Los gobernantes, aislados y rodeados de pelotas e interesados, no se aperciben del cansancio que causan a sus partidarios y sus votantes. Y vienen los sustos. Rajoy ha triunfado en su política macroeconómica al tiempo que asaltaba a mano armada, por medio de los matones a las órdenes de Montoro, a la clase media, la gran creación del franquismo y motor económico durante el reinado de Juan Carlos I. Con una clase media destruida, la macroeconomía no sirve para ganar unas elecciones. Tenemos un Gobierno antipático presidido por un apático. Lo que nos presentan los otros partidos es mucho peor, pero eso no es mérito de Rajoy. A eso se le llama miedo. Y a pesar del miedo, y a pesar de la macroeconomía triunfante, Rajoy desciende en la estimación popular por un motivo tan poco reflexivo como evidente. Millones de españoles que hemos votado a Rajoy -me incluyo-, que hemos confiado en Rajoy y que hemos creído que Rajoy sería un buen presidente del Gobierno, estamos hasta el gorro de Rajoy, de Soraya, de Montoro y de la política almibarada y dulce del Gobierno de España con los destructores de España.

Soraya tejió el plan de fulminar al socialismo, que es un plan rebosado de riesgo. Casi lo consigue, pero el PSOE, como el PP, en momentos puntuales puede alcanzar techos inesperados desde la seguridad que concede el saber que los suelos se mantienen en millones de votos fieles y seguros. El plan de Soraya no fue otro que alentar a «esos desgarramantas» -según Arriola-, de Podemos y agrietar la fidelidad de los votantes del PSOE. Pero el ratón se ha convertido en león. Podemos ha disfrutado de una publicidad gratuita imposible de superar. Las televisiones, las radios y la prensa han regalado a Podemos sus mejores espacios. Resulta inconcebible que en una sociedad del siglo XXI un partido con hechuras de 1918 y fracturas de 1936 a 1939, reúna la ilusión renovadora de cinco millones de españoles. No se trata de un milagro. Esta realidad pavorosa responde al cálculo errado del perverso plan sorayino. Y si a ello añadimos la benevolencia con Cataluña y sus dirigentes separatistas, y la amenaza de la escisión unilateral respondida desde el Gobierno con palabras que ya nadie cree, y la descomposición de nuestras costumbres gracias a las alianzas municipales y autonómicas de Podemos con el peor PSOE imaginable, se entiende el varapalo del CIS al Gobierno del Partido Popular. No es Rajoy un instigador de iras. Pero sí un generador de cansancios, hastíos e indiferencias.

El Presidente de un Gobierno que simultáneamente es el presidente de su partido, carece de la capacidad de oír. La lealtad se oye, pero en el caso de Rajoy la lealtad se resume en un coro interesado de ambiciones y ascensos que nada tienen que ver con la lealtad. Rajoy es un hombre poderoso poderosamente asustado. Y cuando oye, sólo escucha a quienes le dicen lo que saben que desea oír. La clase media no puede ofrecer puertas giratorias, y la política fiscal, brutal e implacable, se ha desahogado, no en los poderosos, sino en los españoles que viven de su trabajo. El milagro macroeconómico viene de la ruina de la clase media, no de la inteligencia de Rajoy y su equipo económico o sus agentes de la Gestapo tributaria.

Pero aun así, y ante el temor de un comunismo bolivariano o un socialismo sostenido por las ansias vengativas de Podemos -el invento de Soraya-, el PP ganaría cómodamente unas próximas elecciones si sus votantes recibieran un mensaje claro de regeneración ética y firmeza constitucional. Y está a tiempo de hacerlo. Pero nadie, exceptuando a sus colaboradores por la cuenta que les trae, confía ya en Rajoy y en su firmeza para cumplir la ley y obligar a los demás a cumplirla. Ante la claridad y la chulería del separatismo catalán, la ley no se ha cumplido. El diálogo y los trapicheos han tumbado al cumplimiento. El cumplimiento de la ley puede ser engorroso y antipático, pero es obligatorio. Se ha llegado a un punto de desconcierto y desánimo, que sólo un gesto de firmeza, puede impedir su expansión.

Los marcadores económicos anuncian magníficos resultados, y el Gobierno cae estrepitosamente. No todo es la economía, y España lo demuestra. Rajoy ha cansado. Se ha cansado y nos ha cansado a los demás, propios y ajenos. Y España está en juego por culpa de protagonismos y ambiciones personales. Las vacaciones sirven para eso. Para meditar. En el caso de Rajoy el descanso es innecesario porque está suficientemente descansado. O el PP cambia de imágenes y actitudes o el próximo CIS será un ¡Zas!

 
 

Venezuela, una vez más (y III)

Finalmente, en esta última entrada de la serie quería hablarles de un par de cuestiones que me preocupan en relación a Venezuela.

Lo primero de todo, que sería lamentable —y corríjanme si me equivoco— que las mismas fuerzas «unidas contra Maduro» hoy, hubieran sido las que con su desidia y su «ocuparse de sus asuntos» hubieran propiciado la llegada al poder de Chávez, ese Tirano Banderas de cuarta. No conozco muy bien la historia de Venezuela; pero sí sé que antes de Chávez la corrupción galopante hacía de las suyas. De hecho, ahí está la amistad entre Felipe González y Carlos Andrés Pérez para demostrarlo. Chávez, que ya tenía experiencia como golpista cuando volvió a intentarlo, esta vez dejó que fuera el pueblo el que le hiciera el trabajo. Y con el par que llevan, Venezuela ha pasado de ser un país corrupto a ser un país corrupto y miserable. No sería, por tanto, menos lamentable que las fuerzas hoy unidas contra Maduro «volvieran por donde solían». Venezuela puede volver a ser un país próspero y amante de la libertad, pero a condición de que sus gobernantes tengan la mira puesta en el bienestar del pueblo en su conjunto en vez de sólo las clases dirigentes.

Y lo mismo que digo para Venezuela cabe para España, la «madre patria». No sirve de nada la estrategia del pudridero de Mariano. La teoría dice que Podemos existe porque el PP lo necesita para afirmarse como «partido de orden» (en realidad, como el menos malo de toda la patrulla). Pero déjenme decirles algo en materia de bien y mal: tan malo es el que hace mal como el que, debiendo hacer bien, no lo hace. Quizá Mariano y Soraya crean que tienen controlado al bicho. Pero yo digo que esa clase de bichos tienden a conseguir por las malas lo que no consiguen por las buenas, es decir, a crecer y a desbordar a quienes creían tenerlo controlado. Por de pronto, ya han propuesto una ley mordaza LGTBI, que probablemente saldrá adelante con la complicidad de PP y C’s. Y más cosas que vamos a ver.

Ya los amigos venezolanos nos avisan de que si no vamos con cuidado tendremos el mismo problema que ellos en algún tiempo y más pronto que tarde. Pero quiá: es vacaciones. Nadie hace guarreridas españolas después de la comida. O así piensan en Moncloa. Y así les va a ir a ellos, y a nosotros por ende.

Venezuela, una vez más (II)

Decíamos ayer… que el ¿gobierno? de Maduro ha arrebatado al pueblo venezolano la vida, la libertad y la propiedad. Hoy sabemos además que les han arrebatado la esperanza, pues los matones de Maduro (no me da la gana de llamarlos «fuerzas del orden») han secuestrado a Leopoldo López y a Antonio Ledezma, los dos iconos de la oposición democrática, con rumbo desconocido. Parafraseando a Churchill, «sabes que no estás en democracia cuando llaman a las dos de la mañana y no es el lechero».

Lo que me interesa destacar en esta segunda entrada son las reacciones de la presuntamente existente comunidad internacional. Que yo conozca, la mayoría de países, incluso de la zona, lo único que han hecho es levantar los brazos, o llevarse las manos a la cabeza y «condenar la brutalidad del régimen», con una hipocresía digna de mejor causa. Hace venir a la memoria el caso de Sudáfrica antes de salir del régimen del apartheid. Todos la condenaban, pero no pocos hacían bajo mano negocios con ellos. Ahhhhhhh, «es que los diamantes son diamantes aunque estén manchados de sangre». O, como decía Inglaterra en su etapa colonial, «Inglaterra no tiene amigos: sólo intereses». Axioma político internacional de un elevado seguimiento, lo que ha provocado que en la política internacional se haya alcanzado un considerable nivel de mierda. Conclusión: la comunidad internacional, según para qué cosas existe; y para otras no. Recordemos que al final la solución salió de los propios sudafricanos, como era de esperar.

Lo terrible del caso es que, aunque sea a «nivel regional» estamos repitiendo la historia. Si Maduro se va de la OEA, decidido a atrincherarse en su poder, no hará cosa distinta de la que hicieron Hitler y Mussolini en 1936, dando el portazo a la Sociedad de Naciones, sabiendo que, como tal organismo supranacional, no les impondrían sanciones y, todo lo más, se dedicarían a lloriquear sobre el «respeto a los principios de la carta». Si lo echan, otro tanto pasará. Las «naciones» son muy exquisitas en materia de intervención en países, por más que cuando les ha interesado, lo han hecho sin contemplaciones: recuérdese a Kissinger interviniendo en 1973 en Chile y en 1976 en Argentina. O Francia, que sigue metiendo las narices en los asuntos internos de sus excolonias en pleno siglo XXI.

No está de más plantearse de qué apoyos externos se vale Maduro para continuar. Son desconocidos hasta ahora. Imagino que ahora que la cosa se ha desbocado, harán como que no le conocen y será difícil encontrar rastros de su apoyo anterior. Como Teresita Rodríguez, la compañera-camarada de Er Kichi, alcalde accidental de Cádiz, desaparecida de los medios hoy, que, a preguntas de éstos, replicaba «¿Venezuela? ¿Qué es eso?». Claro que a ésa es imposible refrescarle la geografía cuando el dinero que recibe su partido para llevar un tren de vida nada proletario está manchado de sangre.

En otro orden de cosas, quisiera llamar la atención sobre dos hechos curiosos. El primero, la presencia de nuestro inefable ZP por aquellos pagos. Claro que lo entiendo: es normal que un señor como él, que no puede salir a la calle en su pueblo sin que le miren con odio, como mínimo, prefiera largarse al otro lado del charco. La pregunta, sin embargo, sigue en pie: ¿a quién representa ZP como expresidente español? Si creía Rajoy que era mejor dejarle en tierras venezolanas, por aquello de que, con lo gafe que es, Maduro iba a caer en cuatro días, se equivocó por completo. Yo mismo les responderé la pregunta: no representa a nadie en España. Hasta la logia que lo mandó allí se ha desentendido ante el estropicio. Se ha convertido en un paniaguado de Maduro y cuando éste tira de la cuerda, ZP «vuelve al orden».

El segundo hecho sobre el que quisiera llamar la atención es que algunos, en las redes sociales, han aprovechado el presunto «silencio del Papa» para atacarlo. Los mismos que se prodigan en decir que «este Papa es el demonio» y chorradas similares atacan ahora al Papa «echándole en cara su silencio ante la deteriorada situación venezolana». Lo que estas personas, que tanto se dicen católicas, no saben, es que el Papa sí ha mandado mensajes a Venezuela y sí se ha prodigado en medios de comunicación (extremo confirmado por personas que han huido de allí). Naturalmente, no se molestan en buscar. Al contrario de lo que algunos nos quieren hacer creer, los católicos venezolanos no han sido abandonados por el Papa. Otra cosa es que a los medios europeos ─y en lo que importa, los españoles─ no les ha interesado publicar esos mensajes. Añadamos a esto la pregunta de «quién maneja la información del Papa» ─me refiero a quién la maneja de verdad─ y tendremos un cuadro más completo del «silencio» del Papa. A ésos lo que les molesta es tal vez Jn 8:32.

Nota a pie de página. Valdría más que ésos que pierden el tiempo despotricando del Papa por motivos personales o de carácter más general, tratando de desacreditarle, ocultando o manipulando la información, dedicaran ese tiempo a asistir en los comedores sociales. Tampoco he visto a ninguno de ésos que pierden el tiempo acusando al Papa de «peronista», «comunista» o incluso «masón» dar un paso al frente para ayudar a esta señora. Tienen donde buscar, si quieren. No necesitamos cristianos de salón. Necesitamos cristianos de verdad. De los que creen en Jesucristo y su mensaje y no en los chiringuitos que se han montado algunos al abrigo de la Iglesia, que es Madre y Maestra, pero no tonta.

Venezuela, una vez más (I)

Una vez más hay que hablar de Venezuela. Como pasado, como presente y como futuro. Pero antes de nada, quisiera mandar mis condolencias a los familiares de las personas que han fallecido violentamente desde que están allí en el proceso de elecciones a la «fake-Asamblea Destituyente».

No es ningún secreto que la posición de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela es insostenible, pues no se sostiene por la fuerza del derecho, sino de las pistolas y de las rejas. Al pueblo venezolano —a cada uno de los venezolanos— le han arrebatado los tres bienes más preciados para cualquier ser humano: la propiedad, cosa que ya empezó con Chávez y sus «expropiaciones exprés», hasta el punto de que prácticamente no queda nada que comer y muchos venezolanos (especialmente, los que tenían la suerte de vivir en las fronteras), han salido despavoridos de un país en que tener algo sin ser de la boliburguesía es prácticamente delito.

Les han quitado igualmente la libertad. Un sistema comunista no se entiende con libertad; y era importante que para que los venezolanos se sintieran desgraciados, además de no poder comer, debían perder la libertad de pasear por sus calles a cualquier hora del día o de la noche. Debían perder la libertad de opinión, de enseñanza, de recibir información veraz. Hoy ya no se puede opinar libremente en Venezuela; no hay más que un medio de «información», en el que ya no aparece Maduro porque, por no tener, no tiene siquiera la capacidad discursiva de su predecesor. Éste era capaz de montarse un Aló Presidente de cinco horas en el mejor estilo de Fidel; pero Maduro no tiene esa capacidad. Más aún: como no quiere testigos, empieza a expulsar periodistas extranjeros del país.

Y a pesar de todo, el pueblo venezolano sigue saliendo a la calle para protestar. Por eso Maduro ha tenido que tomar medidas extremas. Si el pueblo venezolano no puede comer y no puede hablar, y aun así, todavía tiene fuerzas para protestar, hay que volarle la cabeza al que sobresalga. La vida es, lo único que les queda por entregar. Y Maduro lo pisotea, pues su policía política y fuerzas de asalto consideran «ratas» a los opositores y como tal plaga que son, hay que exterminarlas. Sólo por eso Leopoldo López sigue preso, aunque sea en casa: el régimen no quiere convertirlo en mártir por la causa. Eso galvanizaría el odio del pueblo y, tal vez, hiciera pensar a algunos que le apoyan que se ha pasado de la raya.

Si me queréis, irse

MIRA que admiro a Arturo Pérez-Reverte, siempre en la brecha de dar la cara por la Real Academia más que muchísimos numerarios pacatos, agazapados tras la mata de lo políticamente correcto, con más miedo que siete viejas a señalarse. Mira que, hablando de lo políticamente correcto, le gusta a mi querido Arturo pisar y traspasar la segunda raya de picadores de la dictadura del progresariado y proclamar las obviedades que nadie se atreve ni a pensar, porque van contra los dogmas de la Nueva Inquisición de la Chusma y la Gentuza. Mira que está Pérez-Reverte a la que salta, ahora en el territorio comanche de las redes sociales, donde todos los días corta las dos orejas con lo que está tristemente ocurriendo en España: que la proclamación de la verdad, cuando no de la obviedad, se ha convertido en un acto heroico.

Pues bien, a pesar de todos estos pesares y que la RAE ha aprobado que como no hay casera se van, se van a tomar por saco formas del verbo «ir» que, aunque corrientísimas, quedaban por arcaicas, a Pérez-Reverte, así como a todos sus compañeros de la Real Academia Española se les ha ido la mejor. Si la RAE, Reverte dixit, es un notario de cómo hablamos, no un policía que te denuncia si no lo haces como debes (eso queda para los inquisidores de la igualdad de género, el racismo, la xenofobia, la homofobia y esos nuevos dogmas civiles), en esta ocasión se les ha ido la mejor, a la hora de poner al día la forma imperativa plural del verbo «ir». Como una gran concesión (vamos, como al que le dan en su pueblo la exclusiva de venta de los BMW para los que viven de cobrar el paro), la RAE ha aceptado que junto con «idos» o «íos», la segunda persona del plural del imperativo de «ir» puede ser también «iros». A mí, la verdad, ese plural, más que al verbo «ir», me suena a río de la provincia de Cádiz. «Iros» me suena al plural del Iro, hermosísimo río que no sólo tiene la suerte de desembocar en la Bahía más hermosa de España, sino, encima, por un lugar que tiene un nombre poemático, que suena a verso de Pemán o de Alberti: Caño de Sancti Petri.

Hablando de caño: ¡caño con los académicos, que aprueban formas verbales imperativas sin consultar el verdadero Diccionario de Autoridades, el de la calle, y muy especialmente el del habla gaditana! En Cádiz desmontaron casi todas las industrias, y el Astillero está pendiente de que haya carga de trabajo de fragatas para la morería o no la haya. Pero la reconversión industrial no pudo con la principal fábrica de Cádiz y Jerez: la creación de lenguaje. Desde «liberal» a «pelotazo», aquello es una industria con una cadena de montaje de palabras ingeniosas y divertidas, en producción continua. Y ese Diccionario de Autoridades, o por lo menos «El habla de Cádiz» de Pedro Payán, tenía que haber consultado la RAE a la hora de najarse, o sea, de irse a lo popular y callejero con el imperativo del verbo «ir». Y entre esas autoridades, con toda la gracia de Jerez, se les ha ido la mejor, la más auténtica, la más creadora de lenguaje: Lola Flores. Señores: antes que la RAE admitiera ese imperativo plural de «ir», Lola Flores ya puso en su DRAE particular la forma más correcta: no es ni «idos», ni «íos», ni «iros»; es «irse», a la gaditana. Lo proclamó el 25 de agosto de 1983 en la iglesia de la Encarnación de Marbella, cuando su hija Lolita iba a casarse con Guillermo Furiase y aquello estaba hasta la corcha, empetado. Fue entonces cuando La Faraona, desde la alta pirámide de su gracia jerezana, dijo la frase que se les ha ido viva a los académicos. En esa bulla imposible, Lola proclamó: «Con tanta gente mi hija no se puede casar. Si me queréis, irse.» Pues eso debes decir a tus compañeros de Academia, Arturo querido: «Si me queréis reflejar cómo el pueblo habla, irse. Irse a consultar las obras completas de la gracia infinita de Lola Flores».

No pone esta vez D. Antonio Burgos su dedo en la llaga de la cuestión, en su artículo de hoy en ABC. Se queja, eso sí, de que la RAE no se ha dignado siquiera a consultar Diccionarios de Autoridades populares. Hombre de Dios: si no consultan ni el Covarrubias ni el María Moliner, ¿iban a hacerlo con otros de menor fuste? La cuestión, no obstante, sigue ahí: la RAE, desde hace ya algún tiempo, ni limpia, ni fija, ni da esplendor, limitándose a «aceptar graciosamente» las expresiones emitidas por un pueblo cada vez más deseducado, pues la LOGSE y la LOE hicieron estragos. La RAE, hoy en día, se dedica a raer el lenguaje para que no empiece alguien a decir que es una institución «achacosa e inútil» y que «Hay que lavala» (que dirían los de La Charanga del Tío Honorio). Algo así como «renovarse o morir».

Nada hace prever que la LOMCE del PP-de-Rajoy mejore la situación y los chavales seguirán saliendo de la escuela teledirigidos a una formación superior «sin zarandajas humanísticas». En una «educación» donde se posterga la filosofía y se eliminan las lenguas clásicas, nada va a impedir que en un futuro haya burros (humanísticamente hablando) con grado de Doctorado, más cercanos a los autómatas (con lo que gusta eso a las empresas, más cuanto más grandes son) que a las personas.

Ya he contado alguna vez cómo, en cierta ocasión, me vi apostrofado como «fascista ortográfico» por insistir en la corrección usual del lenguaje frente a una señora cuyo argumento máximo fue «yo escribo como me sale del alma» (hoy probablemente mencionaría una parte más inferior). Y bueno, porque le insistí también en que dedicara menos horas muertas a las redes sociales y más a estudiar la ortografía. En aquel entonces se me echaron encima y no tuve más argumento contra esa marabunta rugiente. Hoy sí. Hoy tengo a mano la frase del teórico marxista Gramsci, que murió en el seno de la Iglesia, para variar: «La primera perversión es la del lenguaje». Y la RAE se plega dócilmente a ese axioma, confundiendo al respetable, en el marasmo del descrédito general de la Cultura con mayúscula. «¿La curtura? Eso no sirve pa ná», que le podrían decir a D. Antonio en su querida Tacita de Plata

Macron (y II)

Le socialisme c’est mort

Menuda la lió Manuel Valls al otro lado de los Pirineos al decir que «el socialismo está muerto». Le expulsaron de le Parti (que allí, por lo menos, no tiene la desvergüenza de llamarse «obrero») e intentó asilo político en el partido de Emmanuel Macron, que en cuatro meses fue de la nada al palais de Matignon. Por lo demás, allí son un poco más comedidos que en las Batuecas y por de pronto no le han aceptado en sus filas, con lo que el futuro de Monsieur Valls en la política francesa está complicado.

No obstante, la frase no deja de tener su miga, pues el batacazo que se pegó el socialismo francés en la primera vuelta de las elecciones francesas fue de impresión. Tal y como se dijo entonces, esa primera vuelta había acabado prácticamente con los viejos partidos, o el modelo que se sostenía entre dos pilares: un partido de centro derecha (gaullistas) y otro de centro izquierda (socialistas). Los interlocutores son nuevos y el asunto se resume en dos: socialdemocracia sí en ambos casos y diferencias en cuanto a la inmigración y la pertenencia a Europa. Tampoco sabemos qué habría empezado a hacer Le Pen en otras materias que no estaban en el candelero, de forma muy parecida a lo que ocurrió con Hillary Clinton: venga a criticar a Trump… pero poco se sabe de lo que Billary tenía en mente llevar a cabo realmente.

En cualquier caso, Emmanuel Macron ha ganado las elecciones y todas las novias quieren casarse con él, no sólo Manuel Valls. Es la cobardía del grouchomarxismo: «Tengo mis principios, pero si hay caballo ganador me apunto a los de él». No puedo desear otra cosa que el que Macron sea bueno para los franceses, igual que lo dije en su momento respecto de Trump. También y que ojalá Macron sea bueno para los intereses de España; aunque visto el nivel, lo mejor es desear que nos den las patadas justas en el trasero.

El nivel español

Partamos de la base de que cuando Francia se resfría, aquí estornudamos a más y a mejor. En las Batuecas la cosa pinta castaño oscuro. Después de ZP, el PSOE quedó hecho unos zorros. Dejó de ser la alternativa al PP, sobre todo desde que nos enteramos de que tanto PP como PSOE colocan a los suyos en empresas estratégicas en pago de servicios prestados. La aparición de una formación más a la izquierda de la izquierda que ellos presuntamente representan no ha hecho más que perjudicarles.

De todo el sarao socialista que llevamos con las etapas Sánchez I-Gestora-Sánchez II, la resultante es clara: el socialismo español como tal está muerto. Y ahora mismo, lo que puede decirse es que está emparedado. Cuando tu presunto rival asume tus tesis, que es lo que ha hecho Rajoy convirtiendo al PP en un partido socialdemócrata, es que empuja por el centro-izquierda. Y a su vez, Pablemos empuja por el lado de la extrema izquierda, tratando de convertirse en el referente único de izquierda. Total, que entre los dos le están haciendo el sándwich: uno le vampiriza el espacio ideológico (vean, si no, las cabriolas progres de Cifuentes en Madrid) y el otro, por vía de cabreo, a los militantes.

Luego, más: el PP se ha ocupado con sin par diligencia de no crezca nada a su derecha, para poder vender el cuento de que son los únicos que representan a la derecha. Ni VOX (en parte por vicios propios), ni iniciativas como el Grupo Floridablanca (desactivado por los Soraya’s Boys), han tenido ocasión de desarrollarse y transmitir un verdadero discurso de derechas, (si es que se puede llamar así) toda vez que la distinción entre «izquierda» y «derecha» es cada vez más borrosa si es que no ha saltado por los aires.

¿Y qué le queda a Pdr Snchz? Pues declararse plurinacional, que ha sido la tesis de siempre del PSC. Parece que es la go-gó del Baix Llobregat la que lleva de la manita al Secretario General y no a la inversa. De un modo parecido a Ilich Ramírez (alias Carlos), el temido terrorista de izquierdas convertido al Islam, pues caído el comunismo, tenía que buscar una ideología/religión que justificara su resentimiento y que le permitiera hacer lo que sabe hacer sin cargo de conciencia. A muchos socialistas de bien que aún creen en la unidad de la nación española les habrá sentado esa declaración como una patada en el vientre; pero Pdr Snchz berrea: «¡Es la supervivencia, estúpidos!». La opción era:

a) o integrarse en Podemos, con lo que Snchz quedaría al nivel de maletilla de Pablemos, como Alberto Garzón (de izquierdas pero sin independencia ninguna) y remedando lo que ocurrió con Carrillo y sus Juventudes Socialistas Unificadas. Serían fagocitados por el radicalismo comunista de siempre y, de facto, supondría la recuperación del marxismo como ideología inspiradora, del que Felipe González abjuró en Suresnes y otros lugares.

b) o bien buscar un discurso diferenciado, que es lo que han hecho. Tienen independencia como partido de izquierdas. Pero ese giro ideológico no lleva a otra cosa que a romper España, sueño de la burguesía catalana desde los tiempos de la gauche divine; algo a lo que muchos socialistas no van a acceder y entre ellos Susana Díaz, aunque ésta tenga el deber de limpiar de mierda su corrala antes de abrir la boca. Distinto es que al PSOE nunca le haya sentado bien hacerse nacionalista: y en Cataluña lo sabemos bien, después de 8 años de Tripartit.

En consecuencia: renovarse o morir. ¿Pero para qué? «Para llegar a la Moncloa» o «para ganar a la derecha». El resto del programa ya nos lo sabemos. Y la maldita Ley de Memoria Histórica, sin derogar. Luego nadie se extrañe que repitamos la historia.

Mala conciencia

Yo no sé si es mala conciencia lo del Gobierno, pero me da que algo debe haber. De otra forma no se explica esa orden no escrita que parece haberse dado desde el Gobierno para que los españolitos tuviéramos «moción por la mañana, moción por la tarde, moción por la noche». La importancia del acontecimiento, como suele ocurrir, va en dirección inversa a la atención que se le presta. Los plumillas, incluso aquellos que se supone que tienen una cierta altura para distinguir lo que es importante de lo que no, han seguido como un solo hombre la orden de Soraya (o de María González Pico, tanto monta) de dar el coñazo con la famosa moción de censura como si fuera un partido de fúrbo: la pre-moción, la moción y la post-moción.

Esta moción de censura, en realidad, a los españolitos no nos ha servido para nada. No ha sido en modo alguno constructiva. A los señorías sí, por supuesto: ellos son los que tienen algo que celebrar cada 15 de junio. De paso, les ha servido también para decir a sus presuntos representados que «ellos también trabajan». Y el pueblo, hoy LaGente™, se ha aprestado (o la han aprestado desde las redes sociales) a ver un espectáculo digno de las luchas de gladiadores romanas, como las que se recrean en la serie australiana Espartaco. Al decir de los que lo han seguido no ha defraudado: unos se han metido con los pelos de la barba de Rajoy y otros han criticado la coleta de Pablemos, la bisoñez de su first lady y muchos han alabado el «momento heroico» de Ana Oramas, que en realidad dijo lo que pudo haber dicho perfectamente Rajoy, pero que éste prefirió dejar en manos de alguien de menor fuste.

Sin embargo, todo el ruido mediático generado artificialmente no puede hacernos perder de vista la idea fundamental. La moción de censura tan cacareada por Pablemos, sus corifeos y sus groupies no ha servido para nada práctico. Tan inútil como la que en sus tiempos presentara Hernández Mancha contra Felipe González, con 30 años de diferencia y casi coincidentes. Luego entonces, ¿qué es lo que ha tapado todo el ruido mediático? Ésa puede ser la pregunta del millón de la semana. Y les voy a dar tres opciones:

a) La escandalosa excarcelación de la terrorista etarra Idoia López Riaño, La Tigresa, con 23 asesinatos en su haber que le han salido a cadáver por año. Y por supuesto, sin arrepentirse de nada. Se sigue cumpliendo el pacto del PPSOE con la ETA de «irlos sacando poco a poco». Suponemos que, tal y como están las cosas en Euskadi o Navarra, la acabarán enchufando en una oficina o negociado de «derechos humanos».

b) La no menos escandalosa «compra» del Banco Popular por un euro. Compra que está siendo investigada debido a las irregulares y fulminantes retiradas de activos que se produjeron en un tiempo realmente breve aunque los problemas, según parece, dataran de hace por lo menos seis meses. Lo notable, con todo, no es esto, sino el propósito final: que en España queden, como mucho, cuatro bancos. Dudo que esa concentración del poder bancario en tan pocas manos sea beneficiosa para el país. Y dudo también de que eso se lo cuenten en detalle en el mainstream.

c) Finalmente, nos queda el sempiterno prusés. A los dirigentes indepens les sale un sarpullido si no son portada en los medios de Madrit los lunes por la mañana. Nadie entiende que se siga dando dinero a una comunidad que está quebrada y que debe 70.000 millones de euros a estas alturas por su gestión de la Sanidad y la Educación. Ahora están que no botan por el hecho de que tienen «data i pregunta» para su segundo refotèndum; y el Gobierno sigue negociando con ellos. Cualquier día se nos descuelga Rajoy hablando en catalán, a este paso. Era conveniente poner sordina a toda esta historia, para lo cual la moción de censura ha servido admirablemente.

Lo más gracioso —si es que puede decirse que tiene alguna gracia—: que Pablemos hable, hable y hable de «corrupción» mientras obliga a gastar tiempo y dinero públicos en una moción de censura en la que, además de no proponerse él como candidato, Rajoy prácticamente desapareció a las 18:00 del mismo día en que respondió a Pablemos.

Por favor: no estamos para esos circos. Que ya tenemos claro que, aunque Pablemos sea peor que las siete plagas bíblicas —y Dios nos libre de que este señor tenga poder algún día—, Rajoy no es precisamente la panacea, por mucho que salgan sus trolls a sueldo y palmeros pro bono a decir que «ha ganado la moción de censura»…