Cortina de humo

Créanme ustedes, señores, que de lo que está pasando en este Cataluñistán de mis pecados hay para contar y no acabar. Que parece mentira lo que está ocurriendo y antes del verano ni siquiera nos maliciábamos cómo iba ser de mala la cosa. Los sindicatos están guardando las pancartas porque ya nadie importante les hace caso (en todo caso, subcontratan las gamberradas, que apenas duran un par de días en el océano de la información inútil en que nos bañan). El testigo ahora lo ha recogido el nacionalismo catalán. Que éste, aunque sea tan pesado como el vasco, tiene una ventaja: por lo menos no pone muertos en la mesa para negociar. No obstante, después de la «experiencia vasca», los españoles estamos hartos de oír la cantarella del «Espanya ens roba» o su variación «Madrit ens roba». Cansinos son.

Ei, tius, de bon rotllo!

Sin embargo, todo huele a monumental bluff. Se habla (y se gasta) tanto en la construcció nacional, que prácticamente no queda espacio para hablar de lo importante, a saber: ¿qué deuda dejó el monstre de tres caps (aka Tripartit) al que vino detrás? ¿Y en cuanto se ha incrementado la deuda que hay que plantear elecciones sólo dos años después del cambio de Gobierno? Claro que la convocatoria podría tener algún fundamento ideológico: sabido es que en 2014 se cumple el tricentenario del sarao felipequintista (es trabajo perdido razonar con los nacionalistas que aquello no fue «pels drets de Catalunya», sino un tema sucesorio más general) y tal vez Mas quiera asegurarse de ser él o su partido quienes lo celebren.

De ninguna de las preguntas sabemos nada. Lo que sí sabemos es que recortan en sanidad y en seguridad ciudadana, mientras riegan de millones a todas aquellas entidades propicias o proclives a extender el mito de la construcció nacional. Mas, que muestra la misma querencia del mestre Yoda con los medios, los quiere a todos bajo su ala: amenaza, y cuando el amenazado se rinde, le premia con la correspondiente subvención, sin la cual difícilmente se puede subsistir en un territorio absolutamente colonizado… por el nacionalismo. Los últimos en caer han sido e-noticies y Justo Molinero, quien probablemente vea descender significativamente su parroquia. A partir de la recepción de la subvención deja uno de usar el cerebro y se convierte en un catborrego al uso.

Lo peor, para Mas y sus mas-riachis (que no son sólo los de su partido), es que poco a poco hay una sociedad que se les está poniendo en contra. A la que antes tapaban con cuatro palabras porque la cosa económica parecía ir bien. Entonces, a los que hablaban de totalitarismo nacionalista (el Partido se come al Estado, en este caso Administración) los miraban mal. Nadie quería problemas, nadie se metía. La represalia de la muerte civil como la que sufrieron Boadella y otros flotaba en el aire. Un poco a lo Richard Bach, cuando a Juan Salvador Gaviota lo mandaron poner en el Centro (no reformishta):

–Se ha roto la Hermandad –entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y le dieron la espalda.

Sin embargo, la cosa se ha puesto muy fea y empiezan a salir sapos y culebras. Por eso Mas arrecia en su política de medios de subvenció-o-calbot. Porque ahora han aparecido unos señores que dan una explicación más que razonable de lo que pasa en la Sanidad catalana y, claro, no se puede permitir que expliquen la verdad. O por lo menos, hay que convencer al poble català de que esa verdad «ni les importa ni les afecta para nada». Por eso desde la Generalitat han planteado una demanda y un juez «del sistema» les ha dado la razón. Como dice el dicho, hòsties vingueren i de casa ens tragueren. Hay 700.000 parados reconocidos (oficiosamente serán unos cuantos miles más). Las empresas se van ante la amenaza de la independencia. Hasta Fainé habrá pedido a Mas que modere su discurso, que como siga así no podrá convertirse en el Banc Nacional de Catalunya por falta de clientes. Pero eso no es importante, ca, barret! Y el poco dinero que hay se usa en promoción de la construcció nacional.

Y en toda esta película, ¿quiénes son los malos, se preguntarán ustedes? Pues los que presuntamente van a subir más en estas elecciones: C’s. Los diputados Rivera y Cañas, que son de los que más han levantado la voz contra los abusos del nacionalismo (de «izquierdas» o de «derechas», si es que a fecha de hoy se pueden seguir usando esas categorías en Cataluña), son el objetivo a batir. Les han negado el pan y la sal en los medios públicos, de tal manera que Rivera ha tenido que empezar la campaña en Madrit; les han caído encima toda clase de epítetos injuriosos (más para el injuriante que para el injuriado, por cierto).

Lo estomagante en todo este sainete es la propaganda nacionalista, que la JEC ha obligado a retirar en un alarde de sensatez. Y el infatuamiento de Mas y de sus mas-riachis, que ya se adjudican la mitografía bíblica y se consideran nada menos que el pueblo jodío conducido por Moisés listo para atravesar el desierto. Que oigan: en los tiempos de nuestros abuelos, cuando te creías Napoleón ya te encerraban. Pues verán, hay dos noticias para Mas, si es que pretenden seguir ese guión: la primera, que el pueblo judío sí llegó a la tierra prometida… pero después de vagar durante 40 años y por haberse vendido al becerro de oro. Y la segunda, que Moisés no llegó a entrar en la «tierra prometida».

Que sí, que Moisés en realidad no nació en Egipto, sino que lo recogieron en la playa de la Barceloneta.

A todo esto, se me ocurre una idea. A raíz de esta noticia quizá podríamos hacer el experimento. Se construye un pedazo de nave con la tecnología más avanzada y se mete en ella a todos los que quieran marcharse de España. Seguramente la NASA nos cobraría un pastón; pero a nosotros nos valdría la pena sólo por no escuchar continuamente la cantarella llorona y chantajista de aquellos que pretenden al mismo tiempo librarse de España y que ésta los siga alimentando.

Madrid Arena

Descansen en paz

Disculpen ustedes el tiempo transcurrido entre la última entrada de producción propia y ésta que hoy someto a su consideración. Han sido unos días importantes y llenos de asuntos significativos, que comentaremos en las próximas entradas.

Sobre el asunto que encabeza hoy la entrada, antes de nada, vaya mi más sentido pésame a las familias de las jóvenes fallecidas. Katia, Rocío, Belén y Cristina ya son pérdidas irreparables para sus familias. Como católico, sólo puedo desear que Dios haya acogido en su seno a estas muchachas con toda la vida por delante, aceptando la injusticia que ello supone y también el hecho de que Dios sabe por qué hace las cosas.

Para los que nos quedamos de tejas abajo existe un deber inexcusable: conocer con toda la extensión y detalle posibles el conjunto de hechos que llevaron a la tragedia, así como exigir –y que se cumpla– las correspondientes responsabilidades civiles, penales y políticas a todas las personas que intervinieron de algún modo en los acontecimientos.

De todo lo que se ha dicho en estos días, hay un hecho que a mí me llama poderosamente la atención. ¿Cómo es posible que un señor que tiene 236 expedientes de impago con Hacienda pueda obtener una licencia para organizar un evento de dimensiones grandes? La explicación: ese señor no es un mindundi. Así como a ustedes y a mí nos hubieran comprobado que hasta los pelos de nuestras posaderas tuvieran la longitud adecuada, a este señor no le hubieran hecho tal examen. Al parecer está (o estaba: ahora supongo que declararán que «no le conocían» o que «nunca tuvieron gran trato con él») en buenas relaciones con los concejales intervinientes en la autorización y, según parece, también fue padrino de boda del anterior alcalde Gallardón. Esa tarjeta de presentación fue suficiente para obviar la molesta circunstancia de los expedientes tributarios.

A mayor abundamiento en lo anterior, y sólo a los efectos de exigir la correspondiente responsabilidad, ¿se podría aplicar analógicamente el artículo 60.1.d de la Ley de Contratos del Sector Público, que establece la prohibición de contratar con aquellos que no estén al corriente de sus obligaciones con la Hacienda Pública y la Seguridad Social? Sugerimos este detalle porque en la legislación madrileña sobre espectáculos públicos no se establece ninguna prohibición expresa de autorizar en estos casos. En este tramo también es interesante el hecho de que el Ayuntamiento ha intentado borrar toda prueba de que promocionó el evento. ¿Por qué?

«Las pruebas hablan» (y en este caso también deberían hacerlo)

Otra cuestión candente es el tema del aforo. Según esta información, el empresario organizador no comunicó a la SGAE la celebración del evento, por lo cual no se puede auditar la taquilla del mismo. Por tanto, el empresario sabía muy bien que el aforo se iba a superar con creces y actuó en consecuencia. Así pues, el recinto, con capacidad para 10.000 personas cómodamente instaladas, se vio invadido por una marabunta 2 veces mayor (el estado actual de las investigaciones policiales apunta a 23.000 personas) entre «legales», «dejados pasar» y «colados». El personal de vigilancia y seguridad resultó claramente insuficiente, e incluso hay quien afirma que en un momento determinado se dejó de controlar quién entraba. He aquí uno de los ingredientes de la tragedia.

Otro de los ingredientes de la tragedia: la bengala. Uno se pregunta a qué clase de descerebrado se le ocurre traer una bengala a un recinto cerrado y atestado de gente… y encenderla. Obviamente los restos de la bengala no han quedado muy bien, pero los investigadores creen posible la obtención de huellas dactilares a pesar de lo deteriorado del material. Esto ya es entrar en terreno CSI y casi rezar para que en el equipo investigador aparezcan un Gil Grissom o una Catherine Willows que sepa y pueda encontrar esas huellas.

Pero no se acaba aquí la cosa. Según parece, tras la catástrofe la alcaldesa Botella se marchó a reposar a un hotel de lujo. Lo de menos, naturalmente, es que el hotel fuera «de lujo» o una choza en medio del desierto. Lo que importa, en todo caso, es que decidió la muerte de tres muchachas no le haría interrumpir por completo su puente en los Portugales. Tal vez le parecería que «estando alguien a cargo» (¿?) ella no tenía por qué quedarse en Madrid. Imaginen ustedes…

Ring, ring…

–Alcaldesa Botella al habla, dígame.

–Hola, Ana. Soy Miguel Ángel y tengo que decirte que lo del Madrid Arena es serio. Piden mi cabeza.

–¿Quién pide tu cabeza?

–Los de IU.

–¿Cómo es posible que pidan tu cabeza si ya les concedimos una calle para Carrillo? Desagradecidos…

–Como te lo cuento. Y además ha fallecido una cuarta joven.

–La verdad es que pinta mal, sí…

–Bueno, ¿vas a volver a Madrid o no?

–Claro que no, Miguel Ángel. Tengo hora para el spa y no me da tiempo a coger ningún avión de vuelta, o sea. Ah, y a los de la prensa les dices que próximamente el Ayuntamiento va a prohibir la cesión de espacios públicos para macroconciertos… o que quitamos la fiesta de Halloween… No sé, cualquier cosa que se te ocurra… Huy, qué tarde se me está haciendo. Tengo que colgar.

–De acuerdo, Ana. Disfruta de tu spa.

(clic)

O también…

Ring, ring…

–Hola Pedro, soy Miguel Ángel.

–Hola, Miguel Ángel. Por cierto, te aviso desde ya que tengas cuidado con lo que vas a decir. Uno de los dos móviles o los dos pueden estar intervenidos.

–Me da igual. La alcaldesa me acaba de dar puerta y estoy muy cabreado.

–Tranquilo, hombre, ya verás cómo…

–¡Nada de tranquilo, hombre! La alcaldesa está en Portugal y no va a volver, los rojos se frotan las manos y piden mi cabeza… ¿Cómo quieres que esté tranquilo?

–Ya, bueno… El lío que se ha montado es monumental…

–¡Valiente cabronazo el tal Flores! ¡Nos ha vendido el tío éste! Pero vamos a ver, ¿tú de qué le conocías?

–Yo fui invitado a la boda de Gallardón en la que él ofició de padrino, pero desde entonces he tenido poco o ningún trato con él.

–¿Seguro? Mira que por ahí nos van a machacar…

–¿Nos? Es tu cabeza la que está en juego, no la mía.

–¡Vaya, tú también te lavas las manos!

–Claro, Miguel Ángel. El que dio la autorización final fuiste . Por eso piden tu cabeza. No la mía.

–No te creas que la tuya va a estar muy segura cuando sepan de las deficiencias técnicas del recinto, que no controlaste en absoluto.

–¡No te atreverás!

–Tú déjame de lado, como la alcaldesa, y verás. Y como dice Mas, «atente a las consecuencias».

–¡Eres un cabrón! ¡No voy a parar hasta joderte! ¿Cómo te atreves a amena….?

–Yo también te quiero, Pedro. Adiós.

(clic).

Sigan atentos a las noticias. El culebrón no ha terminado aún.

La caída de los Patxis

Máis do mesmo (ou non)

Empezando por las buenas noticias, en Galicia el PP ha literalmente arrasado en las elecciones autonómicas. Ha aumentado sus escaños y por tanto, ha afianzado aún más su mayoría absoluta. Era un resultado previsible, a la vista de las campañas de los demás partidos que podían disputar la silla a Alberto Núñez Feijóo. El Pachi gallego, en cambio, se ha pegado el trompazo electoral de su vida (más bien «bajada») y, como sus homólogos nacional y vasco, ha dejado la formación bajo mínimos. No obstante, contados los votos, resulta que el PP ha perdido en Galicia 132.000 votos, nada menos. Como apunta en su análisis Elentir, el factor principal ha sido la abstención. No debería Feijóo lanzar las campanas al vuelo, pese a que menudean los discursos triunfalistas a cuenta de los escaños.

Por supuesto, los gallegos sabrán lo que hacen cuando dan por buena la política lingüística de Feixóo, que aunque no sea un área «de gestión» (ya que por lo visto se pondera su «gestión económica»), sí es importante. Máxime cuando esa política es importada de Cataluña (concretamente, fue Fraga quien copió de pe a pa la Llei de Normalització Lingüística de 1983), con los resultados conocidos aquí, y que allí, con el tiempo, no tardarán en aparecer. Ha sido escorarse un poco con el tema de la lengua y así quitar aire y espacio a los bloqueiros y otras hierbas, cuyos resultados modestos dan idea del poco recorrido que tenían estas opciones entre la población.

El caso más llamativo, cómo no, es el de SCD. Una formación a la que se ha tratado de ningunear: desaparecida de los medios, desaparecida de las encuestas, con intentos de actualizar el pasado presuntamente delictivo de su presidente, Mario Conde y con puesta en circulación de consignas tipo «es un delincuente» y similares, que los peperos a machamartillo han repetido hasta la saciedad. Partían también con el hándicap de que su asamblea constituyente fue hace poco más de un mes. Y en política española lo de llegar y besar el santo… como que no funciona. Y los gallegos, que son más bien pausados en estas cosas de las elecciones, le han mandado el mensaje de «que espere».

Tal vez sea bueno el resultado para el PP. ¿Lo será para los gallegos? En tres meses, la respuesta. En todo caso, en las celebraciones y felicitaciones eché de menos a Galicia. Como si las elecciones las hubiera ganado el Dépor o el Celtiña. Todo el mundo hablaba de la victoria del PP; pero pocos o nadie se acordaron de que Feijóo no gobierna sólo para ellos, sino para todos los gallegos y además en un contexto nacional, pues todavía son España. Y, contra lo que piensan algunos, no sólo los gallegos pueden hablar de Galicia…

Ahí va la hostia que se ha pegado, pues

Hablar de los resultados de Vascongadas es casi para llorar. El Patxi vasco, sabedor de que no tenía futuro en Euskadi tras las elecciones, se blindó ese peazo de pensión vitalicia, que dudo que el presidente electo Urkullu le revoque. Y se irá a Madrid a enredar, a ver si le dan algún cargo en la renovación que se perfila. La posición de Urkullu es sin duda muy cómoda: puede jugar al juego de las dos boinas: puede pactar tanto con Bildu (gracias PPSOE por inducir al TC a dejarles participar contra la opinión del TS) para acelerar la cosa independentista como con el PSE-EE para dar un cariz más moderado a su gobierno.

Está claro que el pacto constitucionalista ha fracasado, lo cual ha de ser apuntado en el debe de los líderes nacionales. Si ZP, por un lado, no hubiera defenestrado a Redondo Terreros acusándole de «seguidismo del PP» y por otro, Basagoiti no hubiera ejecutado la limpieza en su partido (apoyado por la complacencia silente de Mariano), barriendo a aquellos que aportaban peso y valor al mismo (María, Regina, Nerea y otros), tal vez los resultados hubieran sido otros. Aparte de eso, algunos patinazos de personajes públicos del PP vasco han hecho el resto: así, la foto de los concejales del PP compartiendo brindis con los bilduetarras («somos compañeros, joder, pues»), o la última, en que en una entrevista con Isabel San Sebastián, Oiartzabal acusa a la periodista «de beneficiarse del PP mientras a ellos los mataba la ETA» (sic). Con estos mimbres no se construye un partido ganador… y así lo ha entendido el electorado vasco.

La mala noticia es que Bildu ha pegado un salto espectacular: de los 5 a los 21 escaños. Veremos de qué forma podrá condicionar la política de Urkullu, arrimar el ascua a su sardina y conducir a las Vascongadas por el pedregoso sendero de la independentzia. Nuevamente y como decimos, gracias PPSOE, por dejar que la marca blanca de ETA tenga presencia política en las instituciones, sin que la organización nodriza abandone las armas y mucho menos se disuelva, como pedían (con la boca pequeña, además) algunos políticos ilusos. Creen que vistiéndolos de lagarterana los van a «civilizar». Pues creo que van de lado. Y en los próximos meses se va a ver.

Permítanme finalizar con una anécdota, que esta vez será gráfica. La imagen no tiene desperdicio y la anécdota es de envergadura

Y el voto es VÁLIDO…

La in-Diada

Sepan ustedes que anteayer los catalanes tuvimos la Diada más «reivindicativa» desde hace mucho tiempo. Tras años de Diadas «institucionales», en que los únicos que tenían algo que celebrar eran los miembros de la clase política, hoy la cosa ha cambiado. Queda muy lejos del año 1976, en que al parecer no se necesitó ni Facebook ni Twitter para salir a la calle y reclamar «Llibertat, amnistia, Estatut d’Autonomia». Pero el Govern de Catalunya, encabezado por el president Mas, se ha liado la manta a la cabeza. Eso sí, él no estaba ayer. Continuar leyendo «La in-Diada»

Res.cat

Bueno, pues ya está. Ha ocurrido lo que no tenía que haber ocurrido, como tantos otros acontecimientos del retonno nacionalista al Pati dels Tarongers. Nunca hablaron, ni mucho ni poco, del agujero que el monstre de tres caps (el Tripartit) dejó en las arcas catalanas, ni de lo mucho que eso iba a condicionar la política catalana de los próximos cuatro años. La pela és la pela, pero por encima de todo, l’oasi és l’oasi: los viejos compañeros nunca mueren, y los que quieren salirse del corro lo hacen con los pies por delante.

Estás que lo flipas, tío.

Así que el Príncep Encisador ha heredado el desbarajuste proletario-identitario del Tripartit, ha dicho muts i a la gàbia… y ha mantenido el nivel de gasto. ¿Gasto en qué? No precisamente en mejorar las condiciones de vida del poble. Se cierran hospitales, se dejan de prestar servicios públicos. No es una mejora, sino un retroceso. Ha vuelto CiU a la Generalitat, pero seguimos en las mismas. Se gasta en política identitaria: en ambaixadetes de nula utilidad práctica para el poble-ramat, pero que nos cuestan muy caras. Se gasta en construcció nacional, no siendo el menor gasto el destinado a los medios de comunicación directamente dependientes de la Generalitat, por aquello de que «son un instrumento imprescindible para la construcción nacional». En cambio, se quema el bosque y resulta que no hay medios suficientes como para que no se convierta en una catástrofe.

Cada vez más (valga la redundancia) se parece Artur Mas a Charlot en El gran dictador: flota intentando abrazar el globo terráqueo con el combustible de sus delirios identitarios. Como consecuencia de ello, no quedan en la caja ni las telarañas y ante la opción de caixa o faixa, el divorcio es total: mientras el poble escoge faixa porque no tiene otro remedio, los nens de casa bona han escogido caixa. Eso sí, con la cabeza alta y sin concesiones. Sin concesiones a la humildad, se entiende. Para justificar la petición de rescate, tal como nos temíamos algunos, resulta que no se trata de una petición. Había que rentabilizar el Madrit ens roba, ¿no? Pues aquí está: el rescat no es una transferencia de dinero del Estado a Cataluña, sino una devolución de lo que Madrit ha expoliado a Catalunya. ¡Faltaría más (valga nuevamente la redundancia)!

Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que mientras aquí daban la matraca con que se trataba de «una devolución» y con que «la Generalitat nunca iba a pedir rescate», el conseller Mas-Colell se confesaba en la BBC de los Londones y en inglés, pensando que aquí no le iban a captar porque la plebe ha sido educada únicamente en català. Total, que con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, el gobierno Mas está dispuesto a bajar la cerviz y solicitar el rescate al «Estado español ladrón, opresor y torturador». Y además, «con sus condiciones». Menos mal que Bruselas, que no tiene tantos miramientos como Mariano Fuma-puros, les ha dicho que no están en situación de imponer condiciones sino al contrario, de soportarlas. Y eso, por mucha cara que ponga Artur Mas, el titella del clan Pujol, de Uncle Sam.

I want you as a new recruit!
«O pacte fiscal o…»

Además, no te creas que es tonto el nen: pide –exige– 5.023 millones de leuros. No es de extrañar que su homólogo valenciano eleve su propio precio a 4.500 millones. Si más arriba del Ebro lo pueden hacer, mosatros també. Y por si fuera poco, Mario Conde ya ha levantado la liebre de que si gana las elecciones gallegas (para él ya sería un triunfo ser bisagra, como lo es el haber provocado el adelanto de elecciones) reclamará a Madrit la hasta ahora desconocida deuda histórica galega, que no creo que se trate de que les «devolvamos a Franco», pero que está por cuantificar. Y así el pifostio nacional se recargola todavía más, y los que intentan poner algo de paz o sensatez son mandados a callar o a esa parte que ustedes saben por «españoles», «fascistas» (palabra ya desgastada por el abuso) y demás apóstrofes en boga.

La cuestión ahora es: ¿seguirá Mariano fumándose sus puros? Lo que me temo es que si Mas llega al nivel histérico, Mariano le concederá lo que pida, en vez de meterle por salva sea la parte el puro que se esté fumando en el momento. Es lo que tiene el consenso: que funciona sólo cuando los nacionalismos pueden chantajear al Gobierno central. Cuando éste no se deja, vuelve a salir de paseo el espantajo del «fascismo» y de la «represión» y del «Catalonia is not Spain». ¿Harás algo, Mariano, o te seguirás revolcando en la inanidad de tu política autonómica, en perjuicio del conjunto de los españoles?

Creo que la respuesta está en el título: res. El res-cat no servirá para nada más que para lo que Mas y sus mariachis quieran, si únicamente se les da el dinero. Que seguirán enterrando en esa entelequia denominada Països Catalans (no te descuides, Fabra, que la ACPV no descansa y te la acabará clavando por detrás).

Bolinaga


Sin duda, es el apellido de moda estos días. Sí, ya sé qué me van a decir ustedes: que no es solamente «Bolinaga», sino Uribetxeberría Bolinaga. Los apellidos de alguien presuntamente perteneciente al género humano y uno de los captores de José Antonio Ortega Lara, el señor de los «532 días». Ese hombre que al parecer va a salir de prisión por «padecer una enfermedad terminal», diagnóstico que se está poniendo en duda. Y que lo va a hacer porque, como dijo el maestro Carrascal, «no somos como ellos».

Por supuesto que no lo somos. Sin embargo, el argumento tiene un pequeño fallo: el maestro Carrascal omite que entre el «no somos como ellos» y el «somos como ellos» hay una inmensa zona gris por la cual transitan muchos Estados y cuya división es establecida mediante los criterios «legalidad» y «moralidad». No es una división rígida, desde luego; y en no pocos casos existen acciones que no tienen cobertura de la una o de la otra, si bien es cierto que en estos tiempos que corren la moralidad cotiza a la baja y para determinadas personas o situaciones es prácticamente prescindible.

A partir de ahí, la cuestión es la siguiente: ¿cuánto poder es posible ceder sin que los beneficiarios de esa cesión no tomen al Estado por el pito del sereno y le den por rendido? Francia o Alemania no tienen piedad con los terroristas, y sin embargo no se hacen campañas contra ellos por el trato dispensado a éstos, sean islámicos o no.

Todo lo cual me hace recordar haber oído ese apellido en otro contexto. Concretamente, en relación a cierto teniente coronel (entonces) de la Guardia Civil, de cuyo nombre tuvimos noticia porque al parecer, estuvo machacando a un inferior con grado de teniente (entonces) y que hoy, ascendido a coronel, machaca las teclas en Toledo. Qué extrañas coincidencias tiene la vida. O no.

Patxi se larga

A partir de hoy habemus notitiam por lo menos durante tres meses. Patxi Nadie ha decidido que ya no puede más y, tal como resalta ABC, «tira la toalla». Todos los ojos estarán puestos en el País Vasco por lo menos hasta el 21 de octubre, lo cual sin duda servirá para tapar las verdaderas noticias, de acuerdo con el cínico pero verídico aserto de Lord Northcliffe («Noticia es todo aquello que alguien en algún lado no quiere que se publique; lo demás es sólo publicidad»).

Parece ser que el adelanto electoral obedece a una razón principal: impedir la efectividad del voto del llamado exilio vasco. Las discusiones sobre el mismo concepto de lo que sea «exilio vasco» retratan a quienes discuten. Por un lado, quienes lo niegan: lo hace la izquierda destronada, para dar fuerza a su mentira del «fin del terrorismo» y del «éxito del proceso de paz». En este bando milita también, curiosamente, Jon Juaristi, un señor de San Sebastián que vive y trabaja en Madrid, en la odiada España. Y digo sorprendente por ser él el autor de esa excelente disección del imaginario nacionalista que es El bucle melancólico (y de una continuación, Sagrada Némesis, que a día de hoy creo que está descatalogada). Y en el otro bando, los que consideramos que el exilio vasco sí ha existido: como colectivo de personas que tras un período de presión ambiental por todos los medios (incluido el asesinato), han decidido que su lugar está lejos de la tierra que los vio nacer o crecer. El clásico «o te vas, o te callas, o te mato».

Y Patxi se larga, después de haberse blindado una jugosa pensión de exlehendakari. Naturalmente, no iba a ser menos que sus homólogos catalanes, que desde 2003 tienen garantizado el 80% del sueldo que cobraban en activo. Lo cual no deja de ser una vergüenza, tratándose de personas que en realidad no lo necesitan (Pujol o Maragall, originarios del rovell de l’ou de la burguesía nacionalista catalana, antes devota franquista), o que fuera de la política no tienen dónde caerse muertos (Montilla y también el actual president Mas).

Un poco de historia

No sé si ha llegado el momento de hacer balance de una legislatura que a duras penas puede considerarse «constitucionalista». No obstante, en nuestra opinión hay que mirar un poco hacia atrás: concretamente, al momento y circunstancias en que Patxi López asciende a presidente regional del PSE. Patxi López es el sucesor de Nicolás Redondo Terreros, de la mano de ZP. Pero no lo es conforme a un proceso democrático y/o representativo: unas primarias, por ejemplo. En absoluto: ZP defenestró a Redondo, Jr. porque según la apestosa, consagrada y gramaticalmente incorrecta expresión, «hacía demasiado seguidismo del PP».

Pero no sólo eso: todo tenía que cambiar en el mapa político vasco de 2005. Y vaya si cambió. Había que romper el verdadero frente constitucionalista que en aquellos años formaban el PSE y el PP. De un lado, Redondo Terreros; de otro, María San Gil, apoyada hasta 2004 por Jaime Mayor Oreja, el mejor ministro de Interior que España ha tenido en el período que algunos todavía llaman «democracia», y después por sus convicciones y principios. Ése sí habría sido un pacto que podría haber acabado con el terrorismo de verdad, sin negociaciones ni precios políticos. Pero a alguien no le interesaba ese pacto, lo cual sin duda pudo haber «justificado» el atentado del 11-M (entre otras razones que probablemente no haya que buscar en suelo nacional ni en «desiertos lejanos»).

Demos ahora un salto a 2009. La situación ha dado un giro radical: ZP hace un año que ha ganado, incomprensiblemente, las elecciones de 2008. También hace un año de la excursión ultramarina de Rajoy en la que, previsiblemente, le metieron en la logia. María San Gil ha sido vilmente defenestrada por sus compañeros de partido tras una campaña infame, en la que destacan los exabruptos del hoy flamante Secretario de Estado de Cultura, el burlón Arribaspaña del también flamante hoy Ministro de Turismo y la puñalada de Labiotoldo Sánchez Camacho. Asimismo, se procede a laminar a los elementos del PP-verdadero, es decir, a los que creen aún que la política debe incorporar principios morales. Mayor Oreja, Iturgaiz y otros representantes de esa corriente son enviados a Bruselas para que no estorben la labor de los basagoitis y demás comparsa. Y a los que por trayectoria política no los pueden mandar a Bruselas, los aíslan o son objeto de mobbing político (señaladamente el caso de Nerea Alzola).

Planteadas así las cosas, la legislatura de Patxi López se ha caracterizado por el apoyo sin fisuras al mal llamado proceso-bajada de pantalones de ZP. Así, subraya con silencios o con declaraciones vomitivas los distintos jalones de ese «proceso», o incluso con acciones de propaganda, como la de impedir la entrada de dirigentes del PP en la capilla ardiente de Isaías Carrasco, asesinado por ETA y cuya muerte huele que apesta a gato encerrado.

Hoy

El último paso que faltaba por dar en el cambio del mapa político vasco era el de convertir en verdaderos
hombres de paz a los asesinos etarras y a su konparsa civil. Terroristas vestidos de lagarterana con mando en plaza sin intermediarios. Se trataba de ofrecerles en bandeja todo lo que ellos quisieron conseguir aunque fuese a tiros. Y se consiguió, desde luego: tras la conferencia de los pavos al Currin los asesinos etarras «declararon unilateralmente el fin del terrorismo». El comunicado que emitió en aquella ocasión el PP es la prueba de que las víctimas del terrorismo ya no eran una prioridad y de que también molestaban al PP en sus manitas bajo la mesa con el PSOE. No es sorprendente que la indocumentada de Elenita Valenciano defienda como éxito de Patxi el famoso «proceso de paz».

En el plano jurídico han sido necesarias tres sentencias: dos del TC y una del TEDH. Las dos primeras, las de legalización-bendición de Sortu y Bildu, las marcas blancas de ETA (ignominia que un servidor de ustedes espera que quede en los anales de la Historia de España). La del TEDH, por su parte, se refiere a la desautorización de la Ley de Partidos, contra la que Adela Asúa, aún magi-astada del TC designada por los nazionatas vascos, ha cargado desde que aceptó el cargo.

Sólo queda que ETA aparezca en escena con una lehendakari de transición, como es Laura Mintegi, la que calentará la silla mientras llega Otegi, el mesías de Euskal Herria. El bloque constitucionalista está virtualmente deshecho, gracias a la miopía y falta de altura de miras de sus dos protagonistas principales. Volverá el PNV y volveremos a la comedia de sacudir el Gernikako arbola, que no sé si será un nogal, pero desde luego se le parece mucho.

Las cosas no han mejorado políticamente en las tierras vascas (aunque es la cuarta CA en términos de buena administración económica). Para pensarlo.

Serpiente roja de verano

Todos los veranos hay una noticia que, según la frase consagrada, se convierte en serpiente de verano, cuya virtualidad es no durar más allá de la calurosa estación. Durante estos últimos años ha habido serpientes de verano de los más variados tipos, tamaños y pelajes: desde rumores del corazón hasta noticias de calado más serio. A medio camino, a nuestro entender, se sitúa la noticia que hoy nos ocupa.

Trata la noticia del asalto y robo «acción revolucionaria de reivindicación como propiedad del pueblo de una superficie comercial», con agresión a «lacaya del capital» honrada trabajadora de la misma incluida. Lo sorprendente es que el Curro Jiménez del siglo XXI al frente de la cosa es el alcalde de la villa de Marxinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo y los autores materiales unos 200 valientes muchachos, autodenominados «sindicato» y que, como es habitual, no representan a nadie más que a sí mismos.

De cualquier modo, no hay que sorprenderse mucho. El que avisa no es traidor, dice el dicho. Sánchez Gordillo ya dio muestras de estar imbuido (más bien emborrachado) de toda esa retórica revolucionaria de la acción directa y de la toma del Palacio de Invierno en el acto de su juramento o promesa como parlamentario autonómico. Entonces hubo mucha gente a quien le entró la risa floja y a no pocos les vino a la mente la palabra «payaso». Hoy las cosas presentan un cariz mucho más feo y el valiente alcalde de Marxinaleda podría ser acusado de cometer e incitar a cometer un delito de robo.

Como dice Hermann Tertsch en su columna Montecassino del día 10 de agosto (la negrita es nuestra):

«(…) Con mucha ideología y manipulación de la ignorancia, la apología sistemática del frentepopulismo ha hecho mucho daño a la cultura política de este país. Y aumentado el nefasto prestigio de eso que se dio en llamar la acción directa: desde un saqueo, una ocupación, una paliza o un secuestro a –¿por qué no?– el crimen. El grotesco espectáculo dado por el alcalde de Marinaleda va en ese sentido. Se trata de animar al mayor número de ciudadanos posibles a cruzar las líneas rojas de la violación de la ley. Y cuestionar la propia validez de las leyes violadas. Primero las de la propiedad. Y las del orden público. Y llegado el momento se pondrían en cuestión todas. Acabar con el imperio de la Ley y con el Estado de Derecho es el principal objetivo de cualquier fuerza revolucionaria. Y da la impresión de que en sectores radicalizados de nuestra izquierda ya se ha declarado enemigo al Estado de Derecho

Para entenderlo, que no justificarlo, habría que acudir a un tópico específicamente andaluz: la popularidad del anarquismo en el campo andaluz, justificada por los abusos de los señoritos (que hoy votan o pertenecen en su mayor parte al PSOE, curiosamente). Quizá por eso en Andalucía no se ha producido una reacción apreciable, fuera del distanciamiento público de los socios socialistas y del silencio de Diego Valderas, coordinador general de IU en Andalucía. En Madrid sí; pero en fin, a Llamazares ya lo conocemos.

Pero tal como pone de relieve Tertsch en las líneas que hemos transcrito, lo peligroso no es tanto el revival de las «alegrías revolucionarias» de 1917 o de 1931, sino el carácter de ejemplo que pueden tener esas acciones revolucionarias hoy en día, con un umbral reconocido de 5.700.000 parados y de 11 millones de personas que viven en el umbral de la pobreza (sí, según Cáritas). Personas pertenecientes a la antes extendida clase media que hoy, gracias a los políticos y otros bergantes vestidos de lagarterana, se ven en el dilema moral dar de comer a sus familias o de cometer un delito.

Además del carácter propagandístico de la acción, hay otra dimensión. Sánchez Gordillo no para de berrear «Zoi aforao». Es clarísimo que esa expresión va dirigida a los ignorantes: lo que éstos interpretan sin esfuerzo es «soy intocable y hago esto porque a mí no me van a tocar un pelo». No es muy distinta la actuación a la de cierto Joan Puig, que hace unos cuantos calurosos veranos intentó allanar la residencia de Pedro Jota en Mallorca, carnet de diputado en la boca. Con los demás no cuela, desde luego: eso sólo significa que por su cualidad de parlamentario autonómico no le enjuiciará un Tribunal cualquiera, sino el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Pero para ello, como siempre, harán falta dos cosas:

  • que los funcionarios del senyor ministre reciban la orden de cumplir con la misión que les encomiendan las leyes.
  • que la Justicia juzgue y condene a este señor, que ha pretendido presentarse como el Curro Jiménez del siglo XXI (eso sí, con cargo electo y viajes en first class) y no es más que un delincuente que apela a una presunta razón superior.

Que por otro lado, lo que no dice el alcalde de Marxinaleda y revolucionario de tres al cuarto es también «Zoi zuvencionao» y no sólo por lo que él recibe como diputado y demás, sino por las cantidades que le llueven al sindicato del que es patrón pueblo tanto desde la Junta como desde el Estado. Pero ya es sabido, y es cosa que también decía Maggie, que el socialismo solamente es boyante cuando funciona con el dinero de los demás y que cuando se acaba el dinero, se acaba el zozializmo.

Hablando de eso, ayer falleció el actor Sancho Gracia, quien encarnara para la posteridad precisamente al bandolero de la época napoleónica, a los 75 años y debido a un cáncer de pulmón que padecía desde hacía tiempo. Quizá ha sido casualidad; pero poéticamente se podría decir que el actor no ha querido presenciar en vida la degradación del personaje por el que siempre le recordaremos en las barbas marxistas del alcalde de Marxinaleda.

Diez años

Hoy recordamos a la niña Silvia, que tal día como hoy hace diez años tuvo la «mala suerte» –al decir de los cínicos– de encontrarse con una mochila sospechosa paseando por las calles de Santa Pola (Alicante) y que esa mochila sospechosa explotara arrancándole la vida y la de su abuelo, que la acompañaba. A las 8 de la tarde se celebrará un acto en esa población en recuerdo de Silvia y en apoyo de sus padres, Joaquín y Toñi. Un servidor de ustedes no podrá, desgraciadamente, asistir a dicho acto; pero sí quiere dejar cumplida constancia de cumplir la promesa de acordarse de Silvia e intentar estar en espíritu en su celebración.

Si la violencia etarra no se hubiera cruzado en su camino, hoy Silvia sería una adolescente de 16 años, no muy diferente a tantas otras muchachas que hoy tratan de aprender a elegir un camino en la vida. Probablemente escogería el camino del Bachillerato y de la Universidad. O tal vez hubiera preferido colgar los libros y decir a sus padres: «Mirad, no me gusta estudiar y quiero buscar curro». Lo terrible de la muerte a los seis años es eso: que ya nunca tendremos la certeza de saber qué hubiera escogido esa persona cuando llegara el momento de elegir. Y lo terrible del terrorismo es su indiscriminación: no importa quién seas, ni de qué trabajes, ni quién sea tu familia, o tu filiación política. Si estás en el sitio equivocado en el momento equivocado la bomba se te lleva por delante. Como a tantos ciudadanos de Vallecas. O tantos otros en el Hipercor. O tantos otros en Atocha y Santa Engracia. Ninguna de esas personas era enemiga de la tierra y la patria vasca, como no lo eran los niños que murieron en el atentado a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.

No. Todos ellos, incluida Silvia, fueron víctimas colaterales del conflicto vasco, ese conflicto que ETA y sólo ETA, el último rescoldo del franquismo, mantiene con los Estados español y francés «opresores y torturadores». Aunque más con el nuestro, claro. Que si nosotros tratáramos a los terroristas como los tratan en Francia, pronto se acababa la broma terrorista y el cuento de los recogenueces, incluso de los que lo son ad maiorem Dei gloriam. Pero aquí somos más garantistas que nadie, más «demócratas» que nadie, más «progresistas» que nadie. Al parecer, ante cierta opinión internacional todavía hemos de hacernos perdonar los 40 años de «dictadura franquista». Eso explica probablemente que a uno de los captores de José Antonio Ortega Lara no haya que dejarle morir como a un perro, a pesar de que como a un perro tuvieron al funcionario de prisiones Ortega Lara 532 días en un zulo.

Hoy recordaremos a la niña Silvia, la alegría de sus padres y de todos los que la trataron y conocieron. Y afortunadamente, sus padres se verán acompañados de gente que los aprecia y los quiere. No habrá declaraciones campanudas de políticos con cara de palo hablando de «serenidad y firmeza». El senyor ministre, ese traidor, no será bienvenido en ese ambiente. Todo el mundo sabe que tras la conversación (¿tenida?) con ZP, el Ministerio del Interior ha profundizado en la misma política, a saber: la de convertir a unos asesinos brutales en saqueadores del erario público vestidos de lagarterana –«¿es puta o puta como nosotras?»–. Olvidando que la violencia no es un fin en sí mismo para esas malas bestias, sino un medio para conseguir sus objetivos. Eso sí, sin obligarles a renunciar al objetivo de la independentzia, porque eso es «criminalizar ideas» y nosotros, como somos tan «demócratas» y tan «progresistas», no podemos hacer eso.

Dos palabras más me quedan. La primera para los que hablan del «coñazo de las manifestaciones de las víctimas del terrorismo». Mientras no se haga justicia total y completa con esas personas, las víctimas tienen todo el derecho a manifestarse en demanda de memoria, dignidad y justicia todas las veces que quieran. Mientras quienes han asesinado no paguen conforme a la ley sus crímenes y no cumplan íntegramente sus penas en prisión (que un servidor de ustedes preferiría que fueran de 25 años en vez de 1.000, pero sin beneficios penitenciarios y posibilidad de realizar servicios a la comunidad tales como prevención de incendios), no habrá verdadera justicia. Mientras los tribunales se laven las manos y se excusen en que «ellos sólo aplican la ley» y que «la culpa es de los que hacen las leyes» no habrá verdadera justicia. Mientras un político pueda redactar una sentencia a un juez, no habrá verdadera justicia.

Las víctimas solamente piden eso: justicia. No piden «venganza», como han insinuado algunos miserables a quienes hemos tenido la desgracia de leer. Venganza sería el ojo por ojo. Y ni mucho menos ser víctima del terrorismo es una «profesión» o una «lotería» (Sorrocloco, otro miserable del que no nos vamos a olvidar). Es una desgracia, que no entienden aquellos que creen que ETA nunca les va a matar a nadie o aquellos que, siendo víctimas, resulta que están bien protegidas por el aparato de su partido. Ninguna de esas personas a quienes les mataron un un hijo, un marido, un padre, hizo la cola en el INEM ni tuvo una conversación como ésta:

–¿Y usted de qué quiere trabajar?

–Yo, de víctima del terrorismo.

–¿Y eso? –preguntará, extrañado, el funcionario–.

–Hombre, porque podré salir a protestar todos los días contra el Gobierno, cualquiera que sea su color, y siempre tendré razón, aunque no me hagan ni caso…

Y el funcionario escribirá en la ficha: «Manifestante-agitador social fascista».

Y mi segunda (y última) palabra va para quienes ante un atentado terrorista se apresuran a mirar hacia otro lado y a ser equidistantes. A ésos que acusan de «ser ultras» a quienes piden justicia. A ésos que, mirando a otro lado, creen que están fuera de la quema, porque es mejor no significarse, no levantar la voz (signo inequívoco de que no estamos en democracia). A ésos bastaría con recordarles las palabras de Martin Niemöller. Pero quizá ya sea tarde para esas personas bienpensantes, envenenadas por la corrección política (de uno y otro partido), que en esos sitios consiste en pensar que quien no cree en la fantasmagórica entelequia de Euskal Herría simplemente no tiene derecho a vivir. Con la complicidad de muchos políticos de variado tamaño y pelaje, naturalmente: sin esa inestimable colaboración ETA (aunque ahora traten de encajarle un esmoquin y arreglarle la barba, fuera la txapela y las cananas) ya no seguiría siendo posible. Todos esos que no estarán hoy en Santa Pola a las 8 de la tarde acompañando a Toñi y a Joaquín. Los demás sí estaremos, como siempre, en persona o en espíritu.

Un abrazo, Toñi y Joaquín, y ojalá llegue algún día un Gobierno que os haga la justicia que merecéis. Aunque sepamos bien que «justicia que tarda no es justicia».

El carajal de la OTAN

Hoy, aprovechando que el domingo no hubo minuto musical y que dado el magno acontecimiento nos olvidamos de la «competencia» con nuestro compadre Noatodo, traigo a su consideración esta reliquia musical que ya tiene 31 años. Es un éxito de La Trinca, de cuando en Ferraz, a la pregunta sobre la OTAN, respondían «De entrada, no» (y 5 años después entrábamos: la coherencia no es un atributo conspicuo del socialismo). Y de cuando ellos, los trincaires, estaban más próximos a Nicaragua, 75. Ahora son burgesos, es decir, todo lo que criticaban en sus años mozos (que para eso eran mozos, cony!). El caso es que la OTAN sigue siendo el carajal que era entonces; la diferencia está en que los trincaires lo celebraban al ritmo alegre del bayón y ahora, con la crisis, hasta la sonrisa es un hecho imponible…

Aquí la versión «auténtica» en catalán, cuando aún no gobernaba la pesoe (1981)…

Aquí la versión en castellano, con alguna «variación» porque ya gobernaba la pesoe (1983)…

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

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Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

El vuelo del albatros

Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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