Vergüenza ajena

Yo creo que el bueno de mi amigo Daniel es un poco gafe. Me explico. Cada vez que él me dice «no tienes nada de qué avergonzarte como catalán» yo le creo, sinceramente; pero no pasan dos días o un breve lapso de tiempo y ya hay algo de qué avergonzarse. No recuerdo a cuenta de qué me lo comentó la primera vez; pero al cabo de una semana ocurrió lo de la vergonzosa comparecencia de Francisco Caja en el Parlament. Y digo vergonzosa no por él, puesto que le asistía el derecho de presentarse a esa noble Cámara con el aval de las correspondientes 50.000 firmas. Vergonzosa lo fue por la actitud de sus señorías, los de la ceba y los de la otra: de 135 escaños quedaron nada más que 11; e incluso, más de un señoría agarró un oportuno catarro que le impidió asistir a la sesión de marras.

Estoy seguro de que mientras escribía su penúltimo post, en el que nos cuenta que Cataluña empuja hacia Aragón, en una curiosísima inversión de la Historia, pensaba que los catalanes como yo no teníamos por qué avergonzarnos de ser catalanes. Pues otra vez va a ser que no. Este verano hemos tenido que asistir con cara impertérrita y de circunstancias a un espectáculo bastante lamentable. O sea: de cómo a un senyor llamado Joan Puig, que por su aspecto debería ponerse a la cola porque se acerca el día de San Martín, se le «ocurrió» llamar «malnacidos» a los habitantes de la por muchos títulos noble región de Extremadura. Tampoco dice mucho a favor del presunto seny català que ese señor no fuese fulminantemente relevado de todos sus cargos y expulsado a perpetuidad de su partido.

La realidad sigue siendo tozuda, amigo Daniel. Y sigo teniendo motivos para avergonzarme, aunque éstos pertenezcan a la vergüenza ajena. Otro senyor de por aquí, Salvador Sostres, se ha descolgado con lo del «genocidio de la conquista de América». Lo del senyor Puig es malo, pero es lo que tiene no tener dónde caerse muerto fuera de la política: hay que hacer méritos. Lo del senyor Sostres, en cambio, tiene más delito, porque su familia vive –y muy bien, al parecer– de personas que compran en las empresas que ésta posee y que, también al parecer, no son catalans de soca-rel, ni mucho menos, sino de todas las partes de España.

Al margen de las bajanades de estos dos clowns de cuarta, todo parece muy bien preparado. Se lanza una boutade, como esa barbaridad de los niños extremeños. Naturalmente los extremeños, insultados en su honor e indignadísimos, se acuerdan unos del padre y otros de la madre del salvaje. El Gobierno extremeño anuncia una querella contra el susodicho. De todo esto, el salvaje y quienes están detrás de él concluyen brillantemente que «En España no nos quieren porque decimos la verdad».

Lo que sigue ya lo pueden adivinar ustedes. El resto de España empieza a pensar aquello de «con estos catalanes hay que tener mano dura». Y luego esa cantinela de «España no nos quiere» sirve, por arte de birlibirloque, como argumento para colocarse en el puesto más alto del podio de la insolidaridad. «Es que nos han ofendido», «es que nos roban», «es que…». Y todo eso deriva en «es que queremos ser independientes y no nos dejan», pensamiento que no compartimos ni mucho menos la mayoría de los catalanes. Aún más les digo a ustedes: me molesta sobremanera que me echen en el mismo saco que a los nazis quatribarrats que quieren imponer una lengua y una cultura a personas que por definición son pluriculturales (dos lenguas, dos culturas).

¿Se imaginan ustedes la polvareda que levantaría una imagen que llevase como leyenda algo así como «Adopta a un catborrego y sálvalo de la ignorancia. Ellos también lo merecen»? El catborrego, claro, con la cara cuatribarrada y haciendo el gesto de gritar contra España. Les confieso que no sé hacer eso con el Photoshop, esa maravilla que lo mismo agranda las tetas sin operación (que se lo pergunten a Keira Knightley) que nos trae a un ZP con la cara descompuesta; pero seguro que habrá alguien que sí se atreva. Sin embargo, tal vez lo inteligente sea no darles pie a que saquen la cantinela de «España no nos quiere» poniéndose a su nivel y responder al insulto con la correspondiente querella.

Así que al amigo Daniel le voy a «recomendar» que no me diga que «no tengo motivos para avergonzarme de ser catalán». Yo ya sé que lo dice con toda su buena voluntad; pero es que al rato, los hechos le desmienten. O tal vez tenga razón después de todo: quizá no tengo que avergonzarme de ser catalán, sino de estar obligado a compartir mi condición de catalán con semejante gentuza. Y ya ves tú lo que son las cosas: Joe Pilla-Pilla Montilla, siendo más xarnego que yo, ha llegado a Molt Honorable. De él abajo, pues, todos.

La nación del PSC

Por su interés, reproducimos este artículo de Leopoldo Cuesta en MD (hoy borrada de ese digital, que ahora se dedica a «otras cosas»).

Pues sí queridos míos. Este verano ha sorprendido a cronistas tanto de izquierda como de derecha, la conversión del Partido Socialista de Cataluña (PSC) a la fe nacionalista. A unos les ha parecido una traición; a otros, simple oportunismo. Y no estoy de acuerdo con ninguno de ellos.

Defiendo la tesis de que la evolución del socialismo en general, y del PSC en particular, hacia posiciones nacionalistas, forma parte del desarrollo coherente del colectivismo, del culto a la Comunidad, y del desprecio al individuo.

El socialismo se basaba en una supuesta ventaja económica de la planificación centralizada, frente a la búsqueda individual de la felicidad a través de la consecución de objetivos personales. Esta suposición se podía contrastar con la realidad; y eso ha sido precisamente lo que ha ocurrido a lo largo de todo el siglo XX: el fracaso del Socialismo ha sido total y sin paliativos… pero…

¿Dónde se iban a refugiar los quienes no creen en la persona? Muy fácil: en la Nación Planificada. En el Nacionalismo.

Y hablo de Nación Planificada para distinguirla de la «Comunidad Popular» nacionalista, de las Naciones Históricas realmente existentes. Que, de todos modos es un concepto nazi: la Volskgemeinschaft.

Nadie planifica la existencia de las Naciones Históricas. Son fruto de millones de hechos aislados independientes entre sí. Fruto de victorias y derrotas militares, de habilidades y torpezas. Los hechos que modelan una Nación Histórica, podían haber ocurrido de otra manera, pero entre todas las infinitas posibilidades, solo una es históricamente cierta.

En las Naciones Históricas los individuos conservan la libertad, porque no deben ajustarse a ningún modelo preconcebido: es la Nación la que se nutre de ellos. ¿Ejemplos concretos?, tenemos uno muy cerca: España.

España es una Nación Histórica.

Las Naciones Planificadas de la mitología nacionalista obedecen a un proyecto ideológico abstracto. Sus fronteras, su cultura y su idioma no son fruto de las decisiones de sus ciudadanos, sino del proyecto alucinado de los «verdaderos patriotas». Las naciones Planificadas son un mero artificio, diseñado por burócratas, al margen de cualquier control democrático.

Las Naciones Planificadas, al ser falsas, hay que fabricarlas. Y a ese objetivo deben plegarse las vidas y las haciendas de las personas. Quien no lo haga queda excluido de la «comunidad nacional». ¿Ejemplos concretos? También los tenemos muy cerca: «Euskal Herria», «Països Catalans» o «Galiza» son Naciones de diseño, Naciones Planificadas, Falsas Naciones, que no han sido producidas por la Historia. Esta ideología, prácticamente una religión, es el refugio ideal para quienes huyen del fracaso del socialismo. Al ser mística, no hay que demostrar nada: pase lo que pase, el mito se mantiene. ¿Alguien tiene una idea mejor para seguir viviendo del cuento?

Por supuesto, esta «Construcción Nacional» supone la destrucción de las personas que tienen la desgracia de vivir en esos territorios. Incluso la destrucción de la cultura que el nacionalismo dice defender.

Les voy a contar una historia… Puede que a los lectores más jóvenes les cueste creerlo, pero hace más de 30 años, en pleno franquismo, el catalán fue un idioma de enorme prestigio, tenia amigos en todas partes y estaba en plena expansión.

A día de hoy, el catalán está perdiendo terreno demográfico. Es un idioma poco atractivo para los estudiantes y no es económicamente rentable. Cuando la gente puede elegir, elige el castellano. Socialmente, el catalán sólo se habla cuando se impone coactivamente. No es autónomo, depende de subvenciones y prebendas. Si el régimen nacional-socialista se desmorona, el idioma catalán va a tener grandes dificultades para sobrevivir al siglo XXI.

¿Qué ha pasado en estos años? ¿Cómo es posible que, después de 3 décadas de gastar ingentes sumas de dinero en potenciar el catalán, su crecimiento esté paralizado?

La verdad es tan simple que un nacionalista es incapaz de verla: la ciudadanía percibe que el catalán ha dejado de ser un idioma para convertirse en un arma, un instrumento sectario de segregación social y política, con el único objetivo de crear una «comunidad popular» mística, cultural y lingüísticamente pura, cuya identidad se basa en el odio a España.

El mito se alimenta a sí mismo, pues el retroceso social del catalán, es utilizado por el nacionalismo para aumentar el victimismo y la presión sobre la población al grito de… ¡el catalán se extingue!. El separatismo jamás podrá asumir la realidad de que el retroceso del idioma catalán, su perdida de prestigio, y su inutilidad económica, son fenómenos de su exclusiva responsabilidad.

Pero asumiendo la realidad de esa decadencia, ¿está justificada la imposición del catalán? Desde el respeto a la libertad de la persona, en absoluto. Si el nacionalismo cree realmente que el catalán, el vasco, o el gallego están en vías de extinción ¿existe mayor crueldad que formar a una generación de niños en idiomas que se extinguen? ¿Alguien ha pensado en ellos como personas? En sus vidas, en sus opciones de futuro, ¿a alguien se le ocurriría imponer el latín en la escuela para «salvar» ese idioma?

La supuesta nación catalana se ha convertido así, en la nación de los nacionalistas. Sus fronteras son sus prejuicios, su bandera el totalitarismo, y su futuro, el rencor y la pobreza.

Esta «Nación» es la que en su último congreso, asume el PSC como parte de su proyecto. ¿De verdad les parece tan extraño? ¿Creen que hay grandes diferencias entre la «construcción del socialismo» y la «construcción nacional»?

El Socialismo y el Nacionalismo son ideologías anti-persona. No pueden soportar que la gente haga lo que desea hacer, y no «lo correcto». Por eso los puentes entre ellas están siempre abiertos para transitarlos en ambos sentidos.

Si el PSOE todavía no se ha colgado del nacionalismo, es porque no encuentra Nación de la que ahorcarse. En España, el nacionalismo español está desprestigiado y es prácticamente inexistente…

Aunque no crean: en otras latitudes nuestro idioma también se utiliza para destrozar países. De eso entienden mucho los Estados Unidos, donde grupitos indigenistas quieren romper la unidad lingüística de la gran república norteamericana utilizando el español como ariete…

Aunque eso ya es otra historia… y es demasiado larga para un solo artículo.

Por hoy basta de charla…quizás volvamos a encontrarnos.

¡Hasta otra, amigos!

La célula más peligrosa

Ayer nos tuvimos que meter entre pecho y espalda el asesinato del Brigada D. Luis Conde de la Cruz. Vaya por delante nuestro más sentido pésame a la familia de la víctima y permítasenos, de paso, unas consideraciones.

Está muy bien que persigan a esas alimañas, las juzguen y las encarcelen conforme a Derecho. Es algo que el P(SOE) hace ahora, después de 5 años de llamar a los etarras «hombres de paz» y de propiciar rocambolescos episodios judiciales. Todo ello, eso sí, pasado antes por el tamiz del criterio electoral (al P(SOE) no le interesa otra política que la que da votos, aunque el país se vaya a la eme, que diría mi amigo Daniel). Debe ser que como están jugando con las cosas del comer, han hecho sus encuestas y ven que perderían votos. De ahí la mayor presión sobre ETA, para distraer la atención.

Ahora bien. Yo me pregunto por qué no incluyen en ese grupo a personas como el señor Azcárraga, Joseba, infumable Consejero de Injusticia de Euskadi. Con sus declaraciones ha dado siempre oxígeno a los etarras, mientras su partido juega a eso del «nacionalismo democrático». No parece sino que Azcárraga ha tomado el relevo a otro Joseba (Eguíbar, por más señas). Sí, ése que cada vez que la Guardia Civil hacía su trabajo y detenía a una alimaña etarra, salía «dudando» del trato que los miembros de la Benemérita habían dispensado al etarra detenido. Y no pocas veces, sugiriendo directamente «torturas».

Sobre este tema, como siempre, dos puntos: primero, los etarras tienen la «obligación» de denunciar al «Estado español opresor y torturador», siempre y en todo caso. Con lo cual es su palabra contra la de la Benemérita. Segundo, en particular, soy persona que opina que el trato a los etarras debe ajustarse a la ley y que no caben, por tanto, «idas de mano». Pero no es menos cierto, que somos humanos y que a no pocos miembros de la Benemérita les costaría contenerse a la vista de quien ha podido ser el asesino de un padre, de un hermano, de un compañero. Hay que castigar esas «idas de mano», por supuesto; pero también hay que comprender las emociones que se remueven en el momento concreto.

Por todo ello son especialmente indignas las declaraciones del señor Azcárraga y de otros como él. Ponen cara de bacalao hervido en los entierros y comparecencias públicas, «condenando» a ETA, al mismo tiempo que dudan de la profesionalidad de la Guardia Civil. No hemos olvidado a Arzallus cuando hablaba, en tono entre quejicoso y condescendiente, de los «chicos de la gasolina», pobrecillos ellos, ovejas descarriadas del redil aranista. Nadie echará el guante a Azcárraga por sus declaraciones (lo mismo que estoy seguro de que Arzallus se morirá de viejo y en la cama, como Franco). Y la Guardia Civil seguirá haciendo su estupendo trabajo, con su entrega total y sacrificio habituales, para escarnio y despecho de quienes se dicen «demócratas» y dan la mano a ETA por debajo de la mesa.

¿Por qué ladran y rebuznan? (I)

Hace casi un mes que salió, los ladridos y los rebuznos no han cesado. Lo que salió, claro, es el famoso Manifiesto por una lengua común. Como residente en una Comunidad Autónoma oficialmente bilingüe (y pónganle toda la cursiva que quieran), tenía especial interés en leerlo, para ver por qué ha generado tanta polvareda.

Para acortar el camino, voy directamente a analizar las propuestas del Manifiesto:

A. Lengua y educación. Lo que se pide aquí no es otra cosa que se garantice el derecho de los padres a elegir la lengua en que han de ser educados los hijos. ¿O es que los padres no tienen ese derecho? Y concretamente, que el sistema educativo garantice, en todo el territorio español, el conocimiento de la lengua común, que es la castellana. Nada hay que objetar a ello, puesto que el artículo 3 de la Constitución establece que los españoles tienen el deber de conocer la lengua española y el derecho de usarla, como lengua oficial que es de la nación española.

Es decir: nada de ghettos lingüísticos, nada hay de lo que dicen los que ladran o rebuznan. El sistema educativo público debe garantizar que un/a muchacho/a (para no ser sexistas), al terminar la educación secundaria obligatoria, conoce suficientemente ambas lenguas. Si atendemos al hecho de que al menos en Cataluña es imposible hoy encontrar una escuela pública (claro que hay privadas: que se lo pregunten a Montilla, que escolariza a sus niñas en el trilingüe Colegio Alemán, no en la escuela pública, como podría deducirse de su presunta ideología) en la que se escolarice a los niños en castellano, convendremos en que esa obligación es sistemáticamente incumplida por Cataluña, en donde, además, se racanean horas de castellano.

B. Lengua, Administración y comercio. Tampoco aquí se pide nada del otro jueves. Se pide que el ciudadano entienda a la Administración cuando ésta le exige algo. También se incumple sistemáticamente esta obligación, puesto que en Cataluña los impresos oficiales suelen llegar a los domicilios exclusivamente en catalán.

Tampoco está de más sugerir que el castellano sea la lengua vehicular entre Administraciones. Lo digo más que nada para evitar el sonrojo y el ridículo de ciertos episodios ocurridos entre la Generalitat y las Juntas de Extremadura y Andalucía. La Generalitat, dando muestras de aldeanismo supino, les mandó sendos oficios en catalán fabriano sin traducción (som una nació) y las Juntas, naturalmente, respondieron en su lengua propia: castúo y andalú cerrao, respectivamente.

En cuanto a los bares… ¿qué quiere que le diga? Pues que está bien que cada propietario de bar hable como quiera: que el que quiera hacerlo en catalán, lo haga en catalán; y el que quiera hacerlo en castellano, que lo haga en castellano. Oponerse a esto significa colocar en cada bar un chivato, que informará debidamente al comisario lingüístico de turno sobre el abuso de la lengua extranjera en un determinado local; lo que, naturalmente, se traducirá en una hermosa multa lingüística de 600 euros mínimo. En el mejor estilo nazi, desde luego. Retengan esta palabra: Blockleiter.

C. Lengua y rótulos. Tampoco está fuera de razón que las señales de tráfico, los rótulos en los edificios oficiales consten en ambas lenguas. Un señor de Ciudad Real que no reside en Lleida, por ejemplo, no tiene por qué conocer lo que significan los rótulos escritos en la lengua propia (qué eufemismo) de la tierra cuando va conduciendo o cuando debe dirigirse a una dependencia administrativa para algún tipo de gestión. En otro post examinaremos motivaciones e implicaciones de lo que estamos exponiendo aquí.

D. Lengua y políticos. Bueno, hemos llegado a la madre del cordero. Ya avanzamos aquí que esto de la lengua es un problema político, no social. Pero volviendo al Manifiesto, dice así en su apartado 5º:

Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Me imagino que cuando dice «ocasiones características» se refiere a la Diada «nacional», o a la de Sant Jordi. En lo demás sigo estando de acuerdo: no hay necesidad de llevar consigo un traductor de euskera cuando Ibarretxe pretenda hablar con Juan Vicente Herrera, o Touriño con Álvarez Areces: se pueden entender todos ellos perfectamente en castellano. Y en cuanto a los Parlamentos autonómicos, allí donde exista cooficialidad de lenguas no debe existir problema alguno para usar cualquiera de las lenguas cooficiales.

Palabras sabias

«Una comunidad que ha sucumbido a esta grave enfermedad espiritual [el nacionalismo] tiende a resentirse por su deuda cultural con la civilización de la cual ella misma no es nada más que un fragmento, y en esta disposición moral dedicará gran parte de sus energías a crear una cultura nacional restringida, a la que se pueda proclamar libre de influencias extranjeras. En sus instituciones sociales y políticas, su cultura estética y su religión intentará recobrar la pretendida pureza de una era de independencia nacional previa a ésta en que se encuentra incorporada a la sociedad, más amplia, de una civilización supranacional».

(Arnold J. Toynbee, Estudio de la historia, donde se define el nacionalismo como «una forma arcaica de utopía»; cursiva nuestra).

Un paseo matinal

Para quien no lo sepa, la Rambla Nova de Tarragona es la main street de la ciudad. Cualquier manifestación importante empieza, continúa o termina en ella. El kilómetro largo que va desde la Plaza Imperial Tàrraco hasta el Balcó del Mediterrani, barandilla desde la cual se atisba el Mare Nostrum en toda su inmensidad y lejanía, sirve lo mismo para ubicar el mercadillo los martes y los jueves como para todo otro tipo de actos, autorizados o no.

Ha sido el caso de esta soleadísima mañana de sábado. Hallándome de paseo en la citada vía, han aparecido unos defensores del aborto libre y gratuito. Atronaban con la versión Communards de la canción Don’t leave me this way, (No me abandones así), bastante en contradicción con lo que andaban predicando. Me he convencido de que no sabían inglés; de otro modo no habrían puesto esa canción. Y desde luego, desconocían que la canción había sido o es un icono musical de la cultura gay (como gays eran Jimmy Sommerville y Richard Coles), con lo cual en absoluto la canción tenía que ver con sus reivindicaciones.

Despropósitos musicales aparte, no eran una manifestación multitudinaria, ni mucho menos. Y me dio pie a la reflexión que va en estas líneas. ¿Por qué o para qué el aborto libre? Ya hemos hablado del aborto como delito aquí y aquí, así que no repetiremos argumentaciones que van en esas entradas. En mi opinión, quien pide el «aborto libre» es alguien que pretende ser irresponsable. Es decir: hemos aceptado que la carne es débil (¿?) y que el goce del sexo debe ser inmediato y no se puede prohibir o limitar (como cualquier goce en nuestra sociedad hedonista). Cuesta menos decirle a una adolescente «toma un par de condones y confío en tu buen juicio» que tomarse la molestia de educar en los valores de una sexualidad responsable y respetuosa con el propio cuerpo, habitualmente tachada de rancia por las autoridades progres de las Consejerías de Educación.

Así, pues, la mujer —o lo que es peor, la adolescente— se acuesta con quien le parece, porque el ambiente invita a ello y se recita como un mantra «lo que da placer no puede ser malo». Como ya hemos quitado la barrera del autodominio y la educación sexual, hay que fiarse de elementos externos. Si tras el fornicio la mujer no se queda embarazada, miel sobre hojuelas. Puede buscar otra ocasión de placer con el mismo u otro compañero. Si el condón falla o era de mala calidad, siempre nos queda la pastilla del día después. Y si la pastilla falla, bien porque no se tomó a tiempo, bien porque «falló» por cualesquiera otras causas, ¿qué nos queda?

La ley es muy clara: y si el producto de la concepción o fornicio no lo es por causa de violación (presumamos aquí el consentimiento), ni hay peligro para la madre ni ha de nacer con algún tipo de malformación, no permite el aborto. Ni tampoco, aun cuando concurra cualquiera de las tres circunstancias, si el aborto se practica tras el plazo de 12 semanas. En todos esos casos el aborto es delito (correctamente entiende la ley que se trata de un delito equiparable al asesinato).

Pues bien: quienes defienden el aborto libre y gratuito pretenden, simplemente, «evitar las desagradables consecuencias del fornicio», para que «lo que da placer siga siendo bueno». En una palabra, eludir la responsabilidad del nacimiento y educación del ser que llevan en el vientre. Rasgo que, en mi opinión, no denota sino inmadurez, puesto que la persona madura acepta y sobrelleva las responsabilidades de la vida y las consecuencias de sus actos, mientras que la persona inmadura rechaza unas y otras, amparándose en vanas excusas, que encubren el imposible deseo de seguir siendo puella aeterna

-¿Qué pasa? -volvió a exclamar.
Ella tuvo que decírselo.
-Soy mayor, Peter. Tengo mucho más de veinte años. Crecí hace mucho tiempo.
-¡Prometiste que no lo harías!
-No pude evitarlo. Soy una mujer casada, Peter.

(James M. Barrie, Peter Pan)

Qué duda cabe que para algunas es un trauma salir a la fuerza del País de Nunca Jamás.

Pero no solamente eso. Pretenden además que la tal práctica médica abortiva, contra la cual yo me declaro, sea financiada con dinero público. O sea, con dinero mío y de usted, señora, que también se opone al aborto. Lo cual es el colmo de la irresponsabilidad: ni me hago cargo de mi bebé porque es un engorro, «no estoy preparada» o simplemente porque no me da la gana, ni hago el desembolso necesario para que me lo quiten de la barriga porque mamá Sanidad pública me lo va a quitar gratis.

Pues miren ustedes, señores y señoras abortistas: yo digo NO. Con mi dinero NO.

Visca Sant Jordi :P

De risa, ¿no? La foto está tomada en la playa «de la Comandancia» en Tarragona. Por si quedaran dudas, vamos a actualizar un texto que ya tiene algunos años y que con frecuencia citan quienes hablan de la «represión» lingüística ocurrida en aquellos llamados años (por cierto, copiado y pegado en varios blogs con errores gramaticales incluidos):

Restin a la recòndita intimitat els coqueteigs lingüístics, l’expansió més o menys romàntica o més o menys reticent d’altres llengües. Però en presència d’un català, davant els seus compatriotes i davant el món -i vostè, senyor de la fleca, es presenta davant el món i els seus compatriotes quan ven el seu pa-, tingui vostè la dignitat de la seva pròpia redempció i honori degudament al seu redemptor. La consigna és clara i no és defugible: si volem ser dignes d’aqueixa redempció i honorar qui ens ha redimit, tots els catalans hem de fer tres coses: pensar com en Carod, sentir com en Carod i parlar com en Carod, que, parlant, naturalment, en l’idioma nacional, ha imposat la seva Victòria…»

(«Quédense para la recóndita intimidad los coqueteos lingüísticos, la expansión más o menos romántica o más o menos reticente de otras lenguas. Pero en la presencia de un catalán, ante sus compatriotas y ante el mundo —y usted señor de la guantería, se presenta ante el mundo y ante sus compatriotas cuando vende sus guantes— tenga usted la dignidad de su propia redención y haga usted el honor debido a su redentor. La consigna és clara y no tiene efugio: Si queremos ser dignos de esa redención y honrar a quién nos ha redimido, todos los catalanes debemos hacer tres cosas: pensar como Carod, sentir como Carod y hablar como Carod, que, hablando, naturalmente, en el idioma nacional, ha impuesto su Victoria…»)

¿Verdad que suena actual? Pues eso. Ni «trescientos años de resistencia», ni mucho menos «trescientos años de ocupación». En todo caso, treinta años largos de coñazo identitario (y lo que te rondaré, morena, si siguen los que ahora están…)

P.D.- El texto original es de Luis de Galinsoga, director de «La Vanguardia Española«, aparecido el 8 de agosto de 1939. En todo caso, si uno es de nacionalista de derechas puede sustituir a Carod por Pujol. El sentido del texto no cambia sustancialmente (incluso gana en expresividad).

Silencio, se rueda… hacia la España asimétrica

Por su interés, reproducimos este artículo de Pedro de Tena en Libertad Digital de hoy.

El silencio es la abstención de hablar. Menciona Cicerón en una de sus obras las fiestas de las abacias, fiestas en honor de Baco instituidas por Dionisio de Capua, en el Asia Menor, en las que estaba prohibido hablar. En Andalucía, algunos desean instalar lo que llamaremos las «abacias» del Sur, una feria sin precedentes por su extensión y población invitada cuya característica esencial es que en ella se puede hacer de todo menos hablar, sobre todo de política, de lo que pasa, de la realidad. Podemos estar de fiesta todo lo que queramos, pero tenemos prohibido hablar, sobre todo, si es hablar de lo importante.

La libertad de expresión, manifestación y esas zarandajas democráticas están muy bien cuando se está en la oposición y como armas de combate, pero cuando se llega al poder, lo mejor es predicar el silencio, incluso el administrativo. El silencio es la expresión verbal de aquel icónico-dinámico: «El que se mueve no sale en la foto». Cuando se dice mover, también se refiere a los labios, claro. Una palabra tuya bastará para arruinarte. «No te va a ir bien», te dicen los amigos del poder. Por eso, el silencio es lo mejor en tiempos de régimen. Lo supo Franco con pericia suprema. En su tiempo, hablar de política era casi pecado. Pero, claro, los que hablamos entonces y pagamos por ello, ¿haremos caso de estos mindundis por más que con el dedo avisen o amenacen?

Cuando en una sociedad supuestamente democrática, la gente te dice al oído «Es que no puedo hablar porque me puede perjudicar», «Es que si te contrato no me contratan a mí», «Oye, compréndeme, es que si digo lo que pienso no volveré a ganar un concurso» o incluso «Es que la beca de investigación depende de que me quede calladito» es que algo suena a podrido y no en Dinamarca. Es decir, por hablar claro, que la losa del silencio del régimen se extiende como el miedo entre quienes pudiendo hablar, no es conveniente que lo hagan. Decía Aristóteles en su Ética que el silencio deshace muchas amistades. Pero podemos añadir que el silencio, además, deshace muchas libertades.

Ah, ya. Los que hablamos, los que señalamos, los que denunciamos, los que subrayamos, los que informamos somos unos radicales que no entienden que el secreto de la vida política está en el centro. O sea, las cosas no son verdad o mentira, infames o nobles. Las cosas, ahora, son centradas o no centradas, centristas o no centristas, moderadas y no radicales o insoportables y fuera del tiesto. Cuando decimos que puede estarse preparando la operación «balanceo» para dar en el morro a andaluces, extremeños y demás pobres de España con los datos del PIB o del IRPF, ¿somos extremistas, locos o fanáticos? Cuando Maragall diseño la asimetría nacional traicionando al socialismo y abrazando el nacionalismo, muchos socialistas, entre ellos Chaves, rieron y callaron. No, señor Chaves, no. Usted se inviste, otra vez, presidente de la Junta de Andalucía la semana que viene. Diga algo. ¿Qué hará usted? ¿Ser cómplice de la dirección de su partido en la desigualación de España o irá de mano con Javier Arenas recuperando el valor constitucional de la cohesión nacional y la igualdad de oportunidades?

¿Dónde están los intelectuales andaluces, esos que dicen que usan el «intelecto» (que eso será lo que quiere decir ese palabro infecto heredado de la Revolución Francesa según el cual parece que los demás mortales no disponen de tal órgano, función o capacidad intelectual), ante la reforma del Estatuto de Cataluña, ante el golpe de mano en el Tribunal Constitucional, ante la divulgación de supuestas balanzas fiscales, ante el monopolio del poder de comunicación público de la Junta de Andalucía? A ver, Clavero, Catedrático. A ver, Rafael Escuredo, que estás en el Consejo Consultivo de Andalucía y en otro, paralelo, vinculado al señor Chaves. A ver, Manolo Pimentel, tú que tanto pecho echaste cuando Aznar. A ver, Alejandro Pacheco. A ver, todos. ¿O esto no es un cachondeo? A ver, economistas que sabéis hacer las cuentas de lo que perdería Andalucía si se impone el método de cálculo de la financiación autonómica propiciado por el nacionalismo catalán. A ver, juristas. A ver, profesores de historia. A ver, hombres y mujeres de esta tierra. ¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? ¿Dónde, dónde los hombres y las mujeres? (Lo decía el viejo Alberti, ¿Recordáis?) Ah, ya. La cosa va de Chiqui Chiqui. En época de Franco, al menos, se iba de porrompompero que musicalmente era mejor.

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

starcrazypie astrology

the astrology blog | sara shipman

Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

El vuelo del albatros

Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

VIA LIBRE

Escribo y difundo lo que me interesaría leer. Para todos los públicos

Verdades Ofenden

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. / "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin – (Bitácora-Biblioteca virtual y PERSONAL, recopilatória de aquellos artículos que despiertan mi interés)

C Y K L O S

Asociación de Astrología de Cataluña

Queremos salir de la Crisis

¿Los políticos Tambien?

Galicia Futura

Blogazine Independiente / Abierto 24 horas

La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)