Media sentencia (II)

Y sigue la historia. Un caluroso día de julio lo presentaron al poble català para que dijese si le gustaba o no… y la mayor parte del poble català decidió que hacía una calda de collons (o como dicen los gallegos, un sol de carallo) y se fue a la playa. Continuar leyendo «Media sentencia (II)»

¿Justicia?

La justicia es una necesidad humana, de orden espiritual; pero dentro de ese orden, tan importante como el comer o el dormir. Del concepto romano de justicia (dare tribuere cuique suum, o dar a cada uno lo suyo) hemos derivado nosotros una de las columnas que sostienen nuestro Estado de Derecho y podemos decir, entonces, que estamos en un Estado de Derecho porque hay justicia. Continuar leyendo «¿Justicia?»

Jamerooooooooben

Sepan ustedes, queridos lectores, que el surrealismo no lo inventó Dalí. En absoluto. El genial artista gerundense se limitó a copiar alguna cosilla de la realidad que señor padre, Notario de Figueres, a veces le podría comentar. Se preguntarán ustedes quién es, pues, el «inventor» de ese movimiento artístico. Ahí va: el inventor del surrealismo –en puridad «los inventores»– son esas criaturas togadas que llamamos «jueces». No es poco que gracias a ellos sepamos distinguir la verdad verdadera de la verdad oficial (y que la que cuenta es ésta última, no la otra); y mucho más, que la colisión entre ambas dé a luz a una creación surrealista, como ahora veremos. Continuar leyendo «Jamerooooooooben»

Memorias de un preso y otras consideraciones (I)

Acabo de terminar el libro Memorias de un preso, de Mario Conde. Es, por un lado, un libro deprimente; pero por otro lado, supone lo que podríamos decir un chute de realidad. Más allá de las palabras altisonantes, de los grandes discursos, de las lecciones magistrales y de esos bien encuadernados manuales de cualesquiera ramas del Derecho, el libro de don Mario Conde rezuma realidad prácticamente por todas sus páginas, aunque algunas de ellas parezcan perderse en disquisiciones filosófico-carcelarias, disculpables en un texto tan denso. Pero ello no quita al libro un ápice de interés. Continuar leyendo «Memorias de un preso y otras consideraciones (I)»

Carta abierta en apoyo del juez don Francisco Serrano

Ante todo, mis felicitaciones, Señoría. Felicitaciones por haber ejercido su sentido de la justicia y haber creído que en un régimen como éste que tenemos todavía se pueden decir las cosas en voz alta pese a la amenaza de represalias. Y por dar una esperanza a los ciudadanos de a pie de que todavía se puede opinar cuando algo es criticable.

Lo segundo, mostrar mi completo apoyo. También yo soy de los que cuando leyó ese aborto jurídico llamado «Ley Integral contra la Violencia de Género» dedujo que era una ley injusta porque dejaba al hombre completamente desprotegido frente a la mujer. Máxime cuando la mujer sólo podía ocupar el rol de víctima, jamás el de victimario/a, papel que estaba reservado en exclusiva al hombre, derivándose de ese principio todas las demás injusticias que propicia la ley. Con ello, la ley convierte al hombre, por el mero hecho de ser hombre, en un «cerdo machista» y a la mujer en «víctima inocente» de la «crueldad» de éste.

Por eso, lo que usted ha hecho es dar un golpe de ariete contra ese tabú hembrista. Gracias a usted, señoría, nos hemos enterado de que también hay hombres (30 durante el año pasado, para ser exactos) que mueren a manos de sus mujeres, sin que nadie se haya hecho eco de ello. Y gracias a otros juristas y jueces que han levantado la voz (no demasiado, por cierto), sabemos que hay mujeres que se aprovechan de las ventajas que les concede la ley para humillar al hombre más allá de todo punto razonable y justo.

Al hilo de lo que vamos desgranando, Señoría, quisiera comentarle que el tratamiento informativo (en la televisión) de este tipo de hechos me parece sencillamente deleznable. Probablemente existan instrucciones precisas del Ministerio de Igual-dá (como sé que existen del Ministerio de Trabajo e Inmigración desde Caldera respecto a cómo deben darse las noticias referentes a los inmigrantes) para que el tratamiento informativo sea ése y no otro. Pero el caso es que se pretende que en el cerebro de cualquier miembro del rebaño (porque para el poder no somos otra cosa que rebaño) quede sin más la idea de que «el hombre, por ser hombre, es un bestia y la pobre mujer tiene que defenderse», sin mayores matizaciones.

Dicen: «Una mujer ha sido apuñalada por su marido (o novio, o exmarido, o persona conviviente con ella). Con esto ya son x mujeres las que llevamos en lo que va de año…». Pero no dicen por qué ni dan mayores detalles del asunto (hay que dejar espacio para el fúrbo, que paga muy bien sus propias noticias). Los «detalles» irán en la resolución judicial que se dicte sobre el particular; pero ¡qué curioso!: eso ya no es noticia. Dicho tratamiento no hace sino reforzar la «compasión» hacia el «sexo legalmente débil» y la «justificación emocional» (que no racional) de las injustas medidas legales.

A mi modesto parecer, Señoría, esta ley crea otro efecto perverso: introduce la desconfianza en las relaciones personales cuando los miembros de la relación son de distinto sexo (curiosamente, la dichosa Ley no dice nada de las relaciones entre miembros del mismo sexo). Sabido es que sin confianza una relación personal no puede existir o, si existe, se va al carajo. De esta forma, poco a poco, lentamente se va desintegrando el tejido social. Se aprobó el divorcio pensando que era bueno que dos personas se separaran si su convivencia era imposible (ahora más de cuatro parejas arrojan la toalla a la primera dificultad). Se aprobó la despenalización del aborto considerando que era bueno despenalizarlo en determinados supuestos (que se han convertido en un colador).

Y si a ello añadimos las dificultades prácticas de vivir en pareja, que se concretan en una hipoteca variable o la escasa estabilidad del mundo laboral (por citar dos de ellas que ya estaban presentes antes), resulta que si antes la heroicidad era divorciarse (por el reproche social que conllevaba), hoy en día la heroicidad es formar una familia en el sentido tradicional del término. Por eso decimos que se destruye lentamente el tejido social con todo este conglomerado de medidas, siendo como es la familia parte esencial de la sociedad.

Y me despido ya, don Francisco. No le importe que las hembristas le amenacen; eso significará que va usted por el buen camino. Lamente, en todo caso, el silencio de personas que deberían hablar, sabiendo lo que saben, y callan por miedo ante la nueva y non sancta Inquisición o, como usted dice, «por oportunismo o interés puro y duro». Es muy lamentable que en nuestra sociedad se llame «héroe» al que cumple con su deber moral y ejercita sus derechos de ciudadano. Dentro de esos parámetros, sería usted un «héroe», aunque eso no cotice hoy muy al alza.

Muchas gracias, Señoría, y siga por ese camino.

El balance 2009 (II)

Seguimos con el balance del llamado annus horribilis para la mayoría de los españoles (y sobre todo para ese mogollón de parados reales, que no son los de la Casa Real, por supuesto).

La Justicia española ha visto ZP ha cambiado en un pispás al titular ministerial (dábamos cuenta aquí de ello). El camarada Bermejinsky, el que soltó la estupidez ésa de «luchamos contra los padres y ahora tenemos que luchar contra los hijos», estaba preso de un profundo complejo freudiano (el ansia de «matar al padre», ya saben, en sentido figurado). El mismo que dijo que moverían ficha contra ETA «cuando la jugada lo aconseje» y otras lindezas. El caso es que se lo llevó por delante una fotografía, de la cual su padre, jefe local del Movimiento (Nacional, claro) de su pueblo, hubiese estado plenamente orgulloso. «Mi hijo, cazando como Franco. ¡Presente!», hubiese dicho el prócer, poniéndose firmes y levantando el brazo derecho. Diríase que el subconsciente fue el que le jugó una mala pasada, porque además, alguien tuvo la genial idea de acordarse de La escopeta nacional, genial película de Berlanga, de ésas que ya no se harán porque nuestra casta política no tiene sentido del humor. Todo junto mandó al carajo al camarada.

Y cambió el titular ministerial, pero el ramo no cambió en absoluto. Desde el punto de vista del usuario, la justicia que llega tarde no es justicia y sólo puede esperar quien tiene dinero. Todavía algunos jueces valerosos denuncian la clamorosa falta de medios personales y materiales en la que tratan de desempeñar con alguna dignidad la función que pomposamente les encomienda el artículo 117.3 de la Constitución: «juzgar y hacer ejecutar lo juzgado». Recordemos que el instructor del caso Filesa, D. Marino Barbero Santos, tuvo que hacerlo con una maquinilla de escribir de mala muerte. Pero el ¿Gobierno?, más atento a sus prioridades que a las de los jueces y aún de los usuarios, pasa olímpicamente. Diríase que le conviene más una justicia lenta, aleatoria y cara que no una rápida, económica y ajustada a la ley bien hecha. Por eso hay personajes como Garzón que, por desgracia para la Justicia, siguen viendo amanecer.

Y cuando el juez despertó, Caamaño ya estaba allí. Ya en su momento dijimos que nos parecía sospechoso su entusiasta apoyo al Estatut (los hermanos deben ayudarse y tal y tal… ¿pero por encima de la ley y de la justicia? Parece que sí). Aparte de eso, no le hemos oído mucho de «planes de modernización de la justicia», por lo dicho en el párrafo anterior: bien les va a ellos que a la criminalidad del siglo XXI se enfrente un aparato judicial del siglo XIX. Tomen nota de este detalle: la Ley de Enjuiciamiento Civil era de 1881 (la vieja) y, como muchas otras leyes venerables de nuestro ordenamiento, sobrevivió con innumerables parches y contrahechuras hasta el 2000, año en que el PP se las compuso para aprobar la vigente. A ésa ley tendrán que sujetarse ustedes, por ejemplo, si quieren recabar indemnizaciones de daños y perjuicios privados o reclamar cantidad cierta a otra persona privada. Sin embargo, la Ley de Enjuiciamiento Criminal (la que se ocupa de enjuiciar delitos y faltas) es de… 1882. Han pasado 128 años. Es también una viejecita venerable y sobrevive desde luego con diversos parches y contrahechuras… ¡pero ni siquiera el PP quiso meterle mano! ¿No les parece sospechoso el detalle a ustedes?

La cascada es sumamente predecible. Las Asambleas legislativas aprueban leyes técnicamente deficientes (por error o a sabiendas). La Administración las aplica en unos casos como puede y en otros aprovechando el margen para favorecer al amigo, al conocido o al conseguidor. De eso se siguen problemas porque hay damnificados que no se resignan a estar callados y a aguantar la injusticia. El juez, dado el esqueleto de la ley, se ve atado de pies y manos las más de las veces si quiere hacer las cosas bien. Para hacerlas mal, por desgracia, siempre hay mucho más margen. Si a ello agregamos el proverbial atasco judicial que las leyes y las tácticas dilatorias de los abogados experimentados crean (entre otros), comprenderemos que es imposible que exista una Justicia rápida funcionando dentro de unos carriles normales. De esa imposibilidad nacieron las astillas y otras corruptelas que gozan de buena salud en los juzgados. Son las rémoras que impiden que la Justicia vaya como debe. Y dudamos mucho de que Caamaño pueda o quiera arreglar el panorama.

Fianza

La fianza es esa institución procesal penal a la que muy probablemente ustedes y yo no tengamos derecho si un mal día las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado nos echan el guante. La fianza parece ser un privilegio reservado a delincuentes de altos vuelos, así que si a ustedes o a mí nos trincan, nos meten sin remisión en el maco, que dirían los habituales de ese tipo de establecimientos.

Digo esto porque, al parecer, si uno ostenta un cargo público y además tiene buenas agarraderas (los bien conocidos «amigos del alma»), no pisa el calabozo ni por casualidad. O, en el peor de los casos, pasa un par de noches para que la ciudadanía estabulada entienda que «se ha dado su merecido a los delincuentes». Tal fue el caso de los senyors Alavedra y Prenafeta, vacas sagradas (y gordas y lustrosas) del nacionalismo más ceballut. O de Bartu Muñoz, de cuyo caso nos ocupamos ya en otra entrada y que ahora, por una módica cantidad –100.000 leuros de nada– no pisará la cárcel. Fianza que, por si faltara algo, le han pagado sus amigos del alma del PSC según cuenta su abogado, el catedrático Fermín Morales Prats.

Pero en éste y en casi todos los demás casos, para los que somos legos en temas de casta, sobrevuela una pregunta: ¿dónde está el dinero robado? Es decir, a un señor le juzgan por, pongamos, malversación de caudales públicos (delito propio de los políticos y altos cargos de la Administración) y, previo el pago de una fianza, es puesto en libertad provisional porque, como establece el art. 492 LECr, la fianza se paga como medio de evitar la detención. Por eso Bartu puede celebrar las Navidades tranquilamente, como los senyors Alavedra y Prenafeta. Y del dinero nunca más se supo. Estará a buen recaudo, eso sí: en un paraíso fiscal o en manos de quien corresponda dentro de la organización beneficiaria de dicha malversación; pero ni ustedes ni yo volveremos a oler dicho dineral.

Creo sinceramente que en estos casos el Juez aprecia con demasiada ligereza la concesión de la libertad con fianza. La casta mueve los hilos para que sus recaudadores no caigan en prisión y el Juez, al final, es ese funcionario comprensivo que asegura al presunto: «Mira, me ha llamado Fulano de Tal, que es nosequénosecuántos (pez gordo, por supuesto) del partido y hemos quedado en que con una fianza arreglamos el asunto». Y tot queda a casa porque todos somos arrieros y nunca sabe uno en qué recodo del camino nos podemos volver a encontrar. Y si no, que se lo pregunten a Pascual Estevill; o también a Garzón, cuya toga está por ahora más que cuestionada.

En cambio, queridos lectores, prueben ustedes a cometer un delito medianamente parecido al que acabamos de describir. Pongamos por caso: rompan ustedes un cajero automático y llévense 500 euros. Caerá sobre ustedes todo el peso de la ley (y posiblemente, por su condición plebeya, un poco más). Seguramente les salvará que si es la primera vez que delinquen o que la pena que se les imponga sea inferior a 2 años de privación de libertad no olerán los barrotes (se les suspende la ejecución de la pena: art. 81 CP). Y la aplicación de la ley para su caso será estricta al milímetro, como no lo ha sido para estos senyors (¿dónde iríamos a parar si la justicia no funcionase para nadie?). Tendrán ustedes que devolver hasta el último céntimo de lo robado y además, pagar las costas del juicio, que todo tiene que seguir el cauce procesal adecuado.

Pero oiga, ¿y el artículo 14 de la Constitución? Bueno, este… ha sido sustituido de facto por este otro: «Todos los españoles son iguales ante la ley… pero algunos españoles son más iguales que otros». Y cabría añadir incluso que algunos españoles que no se sienten tales son también más iguales que otros.

Les confesaré algo: si yo pudiese legislar, la fianza en estos casos sería el montante de todo lo robado. Sería una medida inaudita, porque en todo lo que llevamos de dictadura parlamentaria (31 años, ni más ni menos) ningún bergante, condenado o no, ha devuelto la total cantidad de lo robado (creo que el único que devolvió algo fue Roldán, y aún ése sólo devolvió un mísero 25%). Pero tal vez contribuyese a que los políticos, ésos que dicen que «nos arreglarán nuestros problemas» (y luego arreglan el suyo y poco más), tuviesen un poco más de cuidado en administrar lo que es de todos y no del viento.

Bosque a bosque, fuego a fuego

Parece una canción de Serrat hablando de Machado, pero no. El caso es que el tema de los incendios debería causar más alarma, porque no hay año que no se quemen menos de 10.000 hectáreas de arbolado. La gente llora si en los incendios pierde sus pertenencias, o si por desgracia pierde la vida el miembro de algún retén o bombero. Pero no he visto a nadie «llorar» todavía porque España se esté convirtiendo en un secarral, en una extensión natural del Sahara. ¿A nadie le importa, verdaderamente?

Más que a nadie, les debería importar a los Ayuntamientos de los términos municipales de los bosques que se queman. Sin embargo, no tengo noticia (y corríjame alguien si me equivoco) de que en el otoño o invierno anterior los Ayuntamientos de los bosques que se han quemado en verano hicieran campaña alguna de prevención. No se quita la maleza, fácil yesca para cualquier desaprensivo. No se hacen los necesarios cortafuegos. No se toman las correspondientes medidas de prevención. Luego, claro está, se hacen barbacoas sin permiso (o sin tomar las más elementales precauciones) en días ventosos, entre varios hechos posibles y pasa lo que pasa. La desidia nos indica, además, que «para lo que cuesta mantenerlos limpios y arregladitos, mejor se queman y así ya no hay que cuidarlos».

Pero no es sólo eso. La legislación vigente impide sacar provecho económico de las zonas devastadas en un período no menor a 20 años; ¿pero se cumple esa legislación? Porque teniendo en cuenta que el 90% de los incendios son provocados y no estamos hablando de desidia o piromanía, diríase que hay un interés en que se quemen. ¿Habrá, pues, algún ayuntamiento damnificado que permita algún tipo de aprovechamiento económico, pasándose la ley por el arco de triunfo?

Y ya que mencionamos la piromanía, resulta curioso que en las noticias digan que se ha detenido a «52 o 53 pirómanos» y no den más información. A mí me gustaría saber cualquier cosa de esos hijos de puta. Es verdad que las noticias nos dicen que «se enfrentan a penas de 20 años de cárcel», pero no nos dicen por qué esas «personas» son capaces de quemar un bosque. Yo no digo que no existan verdaderamente pirómanos; pero no me basta que se anuncie la detención de uno de ellos y después «nunca más se supo». En lo que a mí respecta, son terroristas ecológicos y como tales terroristas habría que tratarles.

Me gustaría que todos aquellos a quienes la ley encomienda la responsabilidad de cuidar de los montes lo hiciesen. No solamente porque puedan fallecer personas o producirse daños materiales. Entiendo que los bosques, suficientemente bien cuidados, atenúan el efecto del cambio climático e impiden que las temperaturas alcancen niveles inviables para no pocas personas mayores, para los agricultores, etc. Es un patrimonio que hay que cuidar y que hemos de legar a nuestros descendientes en el mejor estado posible. No permitamos que el egoísmo brutal de unos pocos y la indiferencia de muchos destruya nuestro propio hábitat.

Actualización diciembre 2009.- El amigo Tercera Opinión ha escrito un estupendo artículo que creo complementa (con datos absolutamente descorazonadores, por desgracia) las reflexiones de nuestra entrada.

… Y era Titadyne

Todos nos acordamos de lo nerviosa que se puso la fiscal Olga Sánchez cuando los abogados de la acusación empezaron a desgranar sus argumentos contra la llamada versión oficial. «¡Estalló Goma 2 Eco y valeyá», estalló la fiscal. Ese valeyá, que a la fiscal le ha valido la proposición de su jefe (que de cándido tiene lo que un servidor de ustedes de astronauta) de ascenso a Fiscal del Tribunal Supremo, ha quedado para los anales de la coletilla como símbolo de auctoritas y de que el tema está terminado y no hay más que hablar (y deje usted de joder la marrana, señor letrado, que lo empapelo por desacato).

Recordamos todos también la sonrisa de oreja a oreja de Pepiño (hoy señor ministro de Fomento en trance de adelgazamiento, por culpa de los 600 metros que hay entre su despacho y el de su subordinado más inmediato), cuando decía aquello de «Ya sabemos lo que va a decir la sentencia». La sentencia, al final, no dejó contento a nadie: ni al Gobierno, que pretendía saber lo que iba a decir su señoría Bermúdez; ni a las asociaciones de víctimas del terrorismo, las cuales conocían los flecos y agujeros de la versión oficial, y que además, habían sido atacadas por el Gobierno en su afán de desactivarlas (no solamente para ese proceso, sino para el otro de la «negociación», que oficialmente hoy está «roto»). En dicha sentencia, Bermúdez se cuidó muy bien de enfocar demasiado la luz; y así, lo único que quedaba claro es que no se sabía quiénes habían sido los autores materiales, no se sabía quiénes habían sido los autores intelectuales y, finalmente, no se sabía qué había explotado en aquellos trenes.

El caso es que aquella sentencia, según unos, cerraba el proceso. Y para otros, entre los que yo me cuento, solamente lo cerraba en falso. Además, hubo varios movimientos sospechosos: por ejemplo, el ascenso o cambio de destino de algunos de los mandos de la Policía y Guardia Civil de los que ahora empieza a decirse que presionaron a sus subordinados para que mantuviesen la versión oficial. A mí esos movimientos me chirriaban mucho. Mucho más cuando empecé a leer el libro del letrado de aquella causa D. José María de Pablo La cuarta trama (si alguien puede saber algo de esa intrincada causa es uno de los letrados intervinientes, desde luego). Libro que recomiendo encarecidamente a quien de ustedes no se crea la versión oficial y tenga suficiente estómago para aguantar algunas verdades que en él se cuentan.

El caso es, también, que en este país de salsa rosa y pandereta (y ya no tan «devota de Frascuelo y de María», como decía el poeta), alguien se ha tomado las cosas en serio y después de cinco años del horroroso atentado, ha hablado. Me refiero al perito químico D. Antonio Iglesias, uno de la terna que investigó el 11-M. El señor Iglesias, después de haber analizado pacientemente las muestras que quedaron tras la voladura de los trenes, ha determinado sin género de dudas que lo que explotó en éstos no fue Goma-2 Eco, sino Titadyne.

Se preguntarán ustedes, como el fiscal Zaragoza: ¿qué importa lo que explotara en los trenes? Por de pronto, se me ocurre una primera razón: si hubiera sido indiferente, los trenes todavía seguirían ahí, puesto que analizarlos no hubiese arrojado datos relevantes para la investigación. Dado que no era el caso, los hicieron desaparecer. Lo cual nos lleva a otra cuestión: ¿quién hizo desaparecer los trenes? ¿Contaba ese alguien con alguna autorización? La primera pregunta es difícil de responder, pues con ella tendríamos a los autores «materiales»; la segunda, en cambio, apuntaría al Juez Del Olmo –siempre que la hubiese concedido, claro está–, instructor del caso y curiosamente desaparecido de la escena «por motivos de salud».

Pero no sólo eso. Que sea Titadyne y no Goma 2 Eco también apunta, posiblemente, a un modus operandi que no tiene nada que ver con los radicales islamistas que salieron condenados en esa especie de juicio, sino a otros radicales, pero de casa: concretamente a los de la ETA, para quienes el Titadyne es instrumento habitual. Recordemos que salió Ibarretxe primero diciendo que «fue la ETA» y después, curiosamente, se corrigió y se apuntó a la tesis de los islamistas.

Quizá la madeja tiene visos de desenredarse. Por lo que vamos viendo, si España fuera un país «decente», determinadas conductas merecerían el calificativo de alta traición. Quizá lleguemos a saber a quién le interesaba realmente un cambio de Gobierno. Y quizá, sólo quizá, lleguemos a enterarnos de las razones que tuvo Aznar para no detener en seco el proceso electoral hasta tanto la investigación policial y judicial determinara qué ocurrió realmente. Que ya sabemos que «no están en desiertos lejanos»; pero queremos concretar un poco más, porque hay 192 muertos y 1.500 heridos. Lo menos que se merecen las víctimas y sus familiares es LA VERDAD.

Muchas gracias a los señores Antonio Iglesias, Casimiro García Abadillo y Luis del Pino (entre otros varios) por tratar de hacer el trabajo que en su momento debieron haber hecho algunos jueces y policías, y que no sólo no hicieron, sino que ahora nos enteramos de que trataron de torpedear todo lo posible el esclarecimiento de la verdad. Pues sólo la verdad proporcionará descanso a los muertos y consuelo a los vivos.

Bulo y bula


Seguramente, éste es uno de los pocos casos en que la lengua española trata mejor al género femenino que al masculino. Porque «bulo» viene a significar, en primera y única acepción, «noticia falsa propalada con algún fin». Por el contrario, «bula» significa «documento pontificio relativo a materia de fe o de interés general, concesión de gracias o privilegios o asuntos judiciales o administrativos, expedido por la Cancillería Apostólica y autorizado por el sello de su nombre u otro parecido estampado con tinta roja».

En eso me ha hecho pensar lo que podríamos llamar el caso Garzón, también conocido como Balty Joe y su mono. Que uno no sabe cuál de ellos es más mono: si el simpático primate de la foto o su señoría, al que ZP tiene saltando de rama en rama intentando que el personal se distraiga y no dé la brasa con lo importante. Pues no son divertidas ni nada –reímos para no llorar, aunque no esté el horno para bollos, ni mucho menos– las monerías resultantes: lo de «pedir el certificado de defunción de Franco» no lo hubiese superado ni Berlanga, que ya es mucho decir.

El caso es que su señoría, con una base débil (unos cuantos bulos cocinados en los subterráneos de Moncloa y del Falansterio del Interior), se ha lanzado a la feroz caza y captura del «corruto e ineto», porque así se lo ha ordenado ZP (o Rubalcaba, que parece tener más cerebro). Bueno, por eso y porque en su desmedida ambición, el despacho de juez de la Audiencia Nacional se le ha quedado pequeño y aspira a más. ¿Y dónde hay mayor densidad de corrutos e inetos? En Madrid y Valencia, naturalmente. Y con un pie en los Madriles y otro en la tierra de la luz, de las flores y el amor, empezó a repartir mandobles a diestro y siniestro (sobre todo a diestro).

¿Y qué ha pasado, después de tanto mandoble? Pues que los bulos se han demostrado como tales bulos: acusaciones sin fundamento. Como si a Don Garzote de la Plancha un mago malvado le hubiese transformado a los «corrutos e inetos» en inofensivos cueros de vino. Vamos: que ni ha habido trajes para Francisco Camps (en todo caso, el único traje es el que le han querido hacer desde Moncloa y ha salido con las hechuras contrahechas), ni el sastre era tal sastre (aparte de dejar, eso sí, un roto de nada menos que 600.000 leuros, toma del frasco).

Y mira tú por dónde, Don Garzote, el martillo de herejes peperos, ha pasador de enfocador a enfocado. Y la luz con la que le han enfocado desde Valencia ha desenfocado un poco la imagen de este fiel servidor de Moncloa. Ha hecho que todos recordemos el rosario de pifias que ha cometido desde que en 1992 intentara ser ministro de Justicia… y le dieron el cargo a otro (desagradecidos políticos: ¡con todo lo que él ha hecho por ellos!), mientras a Garzón le dejaban con la consolación del Plan Nacional de Drogas, a todas luces insuficiente.

Y es que además, el famoso rosario ha ido in crescendo. Mientras él se emperraba en juzgar a Pinochet, los presuntos iban saliendo libres de su juzgado por exceder del plazo de prisión preventiva legalmente establecido. De los misterios de dolor que suponen las sucesivas negativas para ocupar un cargo de relumbre y tronío, cual es el de Ministro de la cosa. De los misterios de gloria, como la que debió sentir al tirar de la manta en el caso Filesa o al intentar juzgar a Pinochet (¿por qué no a Fidel? Ah, claro: porque la historia le absolverá, faltaría más). Y, por supuesto, los de la luz, como la luz de esas extensiones selváticas centroamericanas en las que se le ha visto últimamente.

Uno mezcla todo el cóctel, ¿y cuál es la resultante? Pues que su señoría tiene bula. Es uno de los varios lacayos del PZ(OE) en el –presuntamente independiente: otro bulo– Poder Judicial y eso, al parecer, le da bula para muchas cosas. Siempre, claro está, que la prensa no se entere y de enterarse ésta –Jakin y Boaz no lo permitan– que sea la del movimiento. Ahora parece que van a pedirle cuentas, pero uno no sabe si es por aquello de que las irregularidades son demasiado manifiestas y «algo hay que hacer para que no parezca que no podemos hacer nada» o porque realmente han decidido que «van a tomar serias medidas».

En un país normal, un juez en la posición y situación de Garzón hubiese sido expulsado de la carrera judicial, cuando no juzgado por prevaricación y retirado de la circulación jurídica. Pero ya sabemos que desde que estamos en ¿democracia?, Spain is different. ¿Y a la democracia de verdad? La están dando por el bulo y nosotros haciendo como que no nos enteramos. Y así nos va.

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General Dávila

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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