El mercadillo

El miércoles pasado fui al mercado. Mercurii dies, el día del dios Mercurio entre los romanos (equivalente al Hermes griego). El dios del comercio, de los viajes (protector de los viajeros)… y de los ladrones. Llovía, pero ¡qué caray!, era día de mercado y yo tenía ganas de pasearme. Naturalmente, iba con mi recién estrenado uniforme negro del MAZP. Estoy contento con ellos: buen rancho, buena paga y buenos camaradas. ¿Qué más se puede pedir?

A pesar de la lluvia, había gente paseándose por los puestos. Era algo verdaderamente curioso. Me acerqué un poco más, a ver qué decían. El primer puesto está servido por una bella joven. «¡Pisos gratis! ¡Piiiiiiiisos gratisssssssss! ¡Bueno-bonito-baratooooooooo, paisaaaaaaaaaa!», se desgañita la joven. Me acerco a la señorita:
—Buenos días.
—Salaam aleikhum.
—¿Cómo te llamas?
Kharma al-Shakum, siñor.
—Y a ver, ¿cómo es eso de los pisos?
Siñor, es sinsillo. Tú alquila piso treinta metro. Yo pago a ti dosintos-dis iuro. Pero tú joven. Si tú mayor treinta año, patada en culo —explica, como una profesional—.
—Oye, pero que eso no es gratis… —protesté, a medias—.
La muchacha pierde la paciencia por momentos. Ve que se le cae el cliente.
—Sí gratis. Dosintos-dis iuro pago a ti. Yo ayudo a tú paga alquiler.
—No, no es gratis. ¡Esto es una engañifa! —empecé a calentarme—.
—¡Patada en culo sí gratis! —respondió la muchacha, furiosa y roja como un tomate—. Allah el Akbar! Allah el Akbar!
La joven estaba histérica y empezó a chillar y patalear. Inmediatamente apareció un señor ma-yor, carilargo y barbado. Se acercó a la joven, le dijo unas palabras en árabe y pareció que ésta se consolaba un poco. Luego se encaró conmigo y me dijo:
—Tú, infiel. No molesta hija mía. Si no gusta género, tú larga. Pero tú no hacer llorar a hija mía o yo llamo Juani y ella clava esto —y al decir «esto» sacó un kriss muy afilado y lo blandió delante de mis narices—. Tú acordar nombre Rub Al-Kabah.
—Bueno, no se preocupe, hombre, que ya me voy —repuse, un poco espantado, porque los moros, según y cómo, no se van por las ramas, no—.

La escena era bastante surrealista, pero bueno, seguí andando. Más adelante, atraído por los gritos, me acerqué a otro puesto. Esta vez era una señora más mayor, que gritaba mucho: «¡Carreterah! ¡Carreterah que llegan hahta lah mihmísimah perah!». Decía llamarse Magdal Al-Baris. Interesado, inicié un diálogo con ella:
—Buenos días.
—A la pá de Dió —contestó ella, muy garbosa—. ¿Qué se l’ofrese?
—Pues verá… He visto que anunciaba carreteras y…
—Pozí, carreterah y caminoh y arupuertoh y atasione de trén, mi arma. ¿Qué é lo que tú vá a queré?
—Bueno, verá… Yo lo que quería saber es si cuesta muy caro eso de una estación de tren.
—Po verá, quiyo —empezó a explicarme ella—. Yo t’hago la atasión ande tú quierah, meno en Al-Madrí.
—Ah, ¿y por qué no en Madrí? —repuse, extrañado, mientras me preguntaba qué era eso de «Al-Madrí»—. ¿No decía que me la ponía donde yo quisiese?
—Zí, quiyo, pero no allí. —Al ver mi cara como un signo de interrogación continuó—. Allí hay una perzona mu malaje que dise que tó lo que hay en Al-Madrí lo ha hesho ella, ¡azí la vea yo corgá d’una catenaria! Y que dise que no le he dao ná pa suh cosah. —Sacó un pañuelo para secarse la frente—. ¡Ojú y qué sofoco me da la hodía!
—Bueno, pero a ver —intenté razonar yo—. ¿No es lógico que si ella paga la estación de su bolsillo diga que es suya?
La señora se empezaba a sulfurar.
—Cusha al esaborío éhte… Que no, que no y que no. La atasione de tren son cosa mía y nadien me quita a mí, ¿antendío? Que yo no le pago la vacasione a nadien, ¿ein?
—Pues así le deben de ir los aeropuertos y las carreteras, que se le deben de colapsar cada dos por tres…
La señora me echó una mirada asesina y gritó más fuerte:
—¡Eh, tú, pirtrafiya! ¿Tú ha venío a mirá o a tocarme lah nariseh? ¡Mardita sea tu ehtampa, so pahmao! ¡Anda y que te ondulen la permanente que no tieneh! ¡Como te vuerva a a vé por aquí te tiro una pedrá y te dehgracio!

A esta señora ya no le dije nada, temiendo que volviese a aparecer el responsable de seguridad. Fui por los demás puestos del mercadillo. Era muy curioso ver cómo se exponían los diferentes productos, cómo la gente iba y venía de un puesto a otro, preguntando acá y acullá. Siguiendo mi camino llegué hasta el límite donde se extendía el mercadillo. Parece ser que mi sentido de la orientación me jugó una mala pasada y entré por el lado que no tenía que haber entrado. El caso es que sentado en lo que tenía que ser la entrada, un poco retirado, estaba un señor, rodeado de bolsas de dinero, barbado y con gafas, muy preocupado mientras mascullaba por lo bajo: «Esto no puede ser… No puede ser…». Y otro señor, que estaba a su lado, le decía: «Tranquilo, no te preocupes. Yo te apoyo en lo que haga falta» y le daba palmaditas en la espalda. Y el señor sentado lanzaba un suspiro todavía más preocupado.

Total, que traspasé la entrada y vi que había un gran cartel, visible desde muy lejos. El cartel, con letras grandes, decía así:

«SE VENDE ESPAÑA. GRANDES OPORTUNIDADES, GRANDES DESCUENTOS. ABIERTO HASTA MARZO PRÓXIMO».

Españesia

¿Cómo? ¿Que no saben ustedes qué país es Españesia? Pues sí que estamos arreglados. Españesia es un país conformado por varios miles de islas, en las cuales algunos hablan español y otros no, pero que en cada isla el idioma oficial es el propio de cada una (hay mucha gente que todavía usa el español, pero se está abogando por su uso marginal).

Españesia está habitada por varias tribus, cada una a cual más brava e irreductible. Todas ellas en lucha contra la tribu mayoritaria, que de momento no les hace demasiado caso y soporta pacientemente las bravuconadas de las demás. Periódicamente cada tribu celebra una fiesta ante su tótem: se le ponen flores, se le cantan himnos y algunos, incluso, ataviados con pinturas de guerra, se permiten amenazar a los tontos del culo que hablan la lengua mayoritaria, invitándoles a irse bajo pena de sacrificio ritual y caníbal.

En Españesia la vida transcurría plácidamente, excepción hecha de estas manifestaciones totémicas. Ah, bueno, y de algunos miembros de una tribu asentada al norte, que sí practican el sacrificio ritual. Los jefes de la tribu mayoritaria han intentado parlamentar con ellos, siempre con resultado negativo. Hubo uno que no parlamentó y que verdaderamente estuvo a punto de acabar con esos caníbales. Pero eso fue hace bastante tiempo. Vino otro después que les ha dado casi todo lo que han pedido. Ahora, en ese territorio sólo admiten un tótem y los que no adoran al tótem son acusados directamente de injurias al tótem e invitados a marcharse o comidos en sacrificio ritual.

Hoy las cosas no pintan muy bien para Españesia. La tribu del nordeste ha tenido contactos con las tribus del norte y del noroeste y ha creado su tótem. Últimamente se dedican a quemar tótems de la tribu mayoritaria, con la que —dicen— no quieren estar unidos. Y obligan a los que están en su territorio a adorar al tótem y cantarle himnos en la lengua ritual, bajo pena de reducción de cabeza. Pero no sólo eso: quieren que sus vecinos del sur y del este canten también himnos en la lengua ritual, a lo cual éstos se oponen y les dicen que se metan su lengua ritual por donde les quepa. También amenazan a los de la tribu del nordeste con que el néctar que éstos venden se lo van a tener que beber ellos solitos.

Los de la tribu del noroeste, de momento, se conforman con obligar a cantar el himno ritual a los aborígenes bajo pena de ser considerados enfermos; pero cualquier día se ponen a la altura de los del nordeste en cuanto a la reducción de cabeza. La tribu del noroeste va en sentido contrario a las demás: quiere unirse a otra gran tribu; pero éstos les han dicho que no quieren saber nada. De hecho, un aborigen de esta otra gran tribu dijo que todas las tribus tenían que unirse en una sola y casi se lo comen y pinchan su cabeza en lo más alto de su tótem.

Y ahora, el gran jefe actual de la gran tribu ha regresado de Estados Unidos, donde fueron a discutir sobre el cambio climático. Fue recibido por George Bush. Bueno, en realidad sólo le ha dicho «Hola, ¿cómo está? Me alegro de verle de nuevo». El jefe de la tribu mayoritaria se ha quedado de una pieza y le ha dicho «Gracias». No es que él domine mucho las lenguas, pero parece que el saludo de Bush, de no haber mediado la diplomacia, hubiera sido éste: «Hola, mamoncete. ¿Otra vez por aquí? Anda y que te follen». Una cámara de televisión le filmó después del saludo. Se muestra cocido y avergonzado; pero logra mantener la sonrisa y bien parece como que esté pensando: «Bueno, ya me han visto con él. Cuando llegue a casa le diré a Curro que lo venda como que hemos tenido una gran conversación».

Ah, pero por eso Bush le colocó en el mismo grupo que a la Micronesia y a la Polinesia. Gente de muchas islas. Gente de diferentes tribus. Y muy multicultural y multicolor. Y, por supuesto, sin peso alguno en el concierto de las naciones.

¡Ah, Españesia, qué gran país!

Adiós al Bachillerato

Por su interés, reproducimos aquí un artículo de José García Domínguez aparecido en Libertad Digital con fecha de hoy.

A lo mejor deberíamos felicitar a la Cabrera por su valentía. A fin de cuentas, se ha atrevido a tomar la única medida eficaz con tal de acabar de una vez con las tasas ecuatoguineanas de abandono en el Bachillerato: suprimir por ley el propio Bachillerato. No obstante, podría haberlo reconocido abiertamente, sin ambages. ¿Para qué esa burda coartada de los cuatro suspensos? ¿Para engañar a los padres? Quizás. Aunque sólo a ellos. Porque todos los que hemos sido profesores alguna vez conocemos de antiguo la broma.

Hace muchos años que los presuntos bachilleres españoles saltan de curso con cuatro –o más– asignaturas suspendidas, sin traba alguna. Quien sienta curiosidad por descubrir cómo funciona un mercado persa, debería colarse en cualquier junta de evaluación final, de ésas que se concelebran en los institutos públicos todos los finales de julio. Y es que en la aritmética deontológica del probo docente LOGSE, dos ya solía significar cinco; por lo que el enternecedor cuatro de la Cabrera equivaldrá, ningún profano lo dude, a ocho, nueve o todo y más.

Ahora mismo, mientras me contemplo emborronando otra vez la pizarra, también vuelve a mi memoria la pobre R. ¿Qué habrá sido de ella? Catedrática de Geografía, definitivamente era un personaje de otra época; uno de aquellos profesores que imponían respeto sin necesidad siquiera pronunciar una palabra, sólo con la autoridad que desprendían sus formas. La pobre R. todavía se tomaba en serio su trabajo. Era de prever, pues, que entre un título oficial rubricado por el Rey de España y aquella docena de cafres acabaría interponiéndose su anacrónico sentido del deber.

Los suspendió. Y es que R. se negaba en redondo a mercadear en la junta. Atónitos, protestaron ante la Dirección. Alegaron, airados, que no sólo había rehusado evaluarlos a través de exámenes de los de poner crucecitas, sino que incluso se les prohibió consultar los apuntes durante la prueba. El director, inquieto por si el asunto llegaba a oídos del APA y a través de ella a la Inspección, optó por reunirnos a los demás profesores del grupo. Seríamos nosotros, mediante sufragio universal, libre, directo y secreto, es decir de un modo inatacable desde el punto de vista democrático, los llamados a pronosticar si los cafres sabrían de Geografía Universal o no. Triunfó el «sí» por aplastante mayoría absoluta, y a los cafres, igual que al resto, se les regaló su flamante título de Bachiller.

Me acerqué a estrecharle la mano cuando, sola, recogía sus cosas en el departamento. Después, se dirigió a la puerta de la calle. Nunca más la he vuelto a ver.

Comentario de uno de los cafres.- Be-e-e-e-e-e-e-h! – Viscacatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-h -Mortalsespanyols – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-h – PPtraïdoracatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-e-h!

Comentario nuestro.- Transformación en catborrego completada con éxito.

¡Retirada!

«¡Retirada! ¡Nos vamos a casa!». Esto tronaba el general y la tropa, como un solo hombre, inició la retirada. ¿A quién se enfrentaba el Ejército? Simplemente, a unos políticos. Si nuestro Ejército hubiese tenido enfrente a otro ejército, seguramente hubiésemos sido testigos de una magnífica exhibición de testosterona. Pero no. Y es que los politiquillos a los que se enfrentaba el Ejército español no eran poca cosa, no. Vascos, ¡no faltaba más! Vascos que dan gracias a Jaungoikoa por ser vascos y no maketos. Vascos que cuando los asesinos etarras se cobran una pieza miran al cielo con cara de pescado hervido, rezan un avemaría y dicen, con fingida lástima: «Otra víctima más. Recemos para que no nos toque a nosotros».

Del otro lado tenemos al ministro de la cosa, añorando los tiempos en que era un simple juez o, todo lo más, miembro distinguido de JpD. Alonso ha visto cómo se le encabritaban los vascos por unas maniobras de nada. Pero es lo que tiene bailar con la más fea. Alonso estaba más en su elemento en Interior (lo propio, habida cuenta de su pertenencia a la carrera judicial, hubiese sido Justicia). Ocurría, no obstante, que ese ministerio tenía demasiadas goteras. Por muy socialista que sea, Alonso no podía olvidarse de su toga. Y en un momento en que se estaba dirimiendo (en rigor, todavía se dirime: estamos esperando la sentencia) el feo asunto del 11-M, las goteras eran extremadamente peligrosas. Y su amigoZapo le castigó a dirigir la Defensa de nuestro país, como antes lo hiciera con Bono, su rival político.

En algún otro artículo hemos visto que ser ministro de Defensa tiene sus ventajas. No hay que entender de la cosa militar, lo cual queda claro con sujetos como García Vargas o incluso Narcís Serra, que por no hacer no había hecho ni la mili. Además, al subordinado de ese ministerio le va mejor si no tiene opinión y se limita a obedecer, sin plantearse si lo que dice su jefe cuando opina por todo el Ejército es sensato o una solemne estupidez. Véase, si no, lo que le pasó al teniente general Mena simplemente por recordar el artículo 8 de la Constitución: en horas veinticuatro, arrestado y a casita por «indisciplina».

Sin embargo, el repliegue del ejército tiene también un componente simbólico. Es otra señal de la retirada del Estado ante la presión y el chantaje nacionalistas. Con todo lo que se podría reprochar a Bono, hay que reconocerle al menos que no cedió ante los nacionalistas, por mucho que se burlaran de él sacando «pecho lata». Pero esta vez el Ejército se repliega. El Ejército puede luchar contra otro ejército en igualdad de condiciones; pero contra los políticos, sencillamente va vendido y lleva totalmente las de perder. Y eso que, según el art. 181 de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, «el Estado vela por los intereses del militar». Y para más inri, añadimos el art. 99 de esas mismas ordenanzas, que hoy, según están las cosas en lo militar, podría sonar a chacota:

(Funciones del militar en el ejercicio del mando). «Tratará de conocer a sus subordinados; cuidará solícitamente sus condiciones de vida, inquietudes y necesidades y velará por sus intereses, para que todos estén persuadidos de que se les trata con respeto y se les guarda la consideración que merecen».

Pero claro. Cuando el progreso de tu carrera profesional depende de la decisión de un civil que, además, no te tiene demasiada simpatía, dejas en la cuneta a quien sea necesario. Se le llama «disciplina», que es lo bastante inconcreto para incluir ese tipo de comportamientos. No así «espíritu de sacrificio», como no sea el sacrificio útil de las personas e intereses que nos estorban para llegar donde queremos llegar.

Finalmente, el repliegue no es solamente físico. Los valores también están en retirada. Y destruyendo los valores que defiende el Ejército (amor a la Patria, espíritu de sacrificio, austeridad y valor), se destruye al Ejército. Y el Ejército se destruye también cuando su máximo responsable está al vaivén de las circunstancias políticas y no exige que se respeten los valores que el Ejército ha jurado defender hasta con la propia vida si ello es necesario.

Leçon de français


Veamos aquí a nuestro inefable Zapo perorando en francés. O un intento (fallido) de francés. Hay que reconocerle a le petit Nicolas grandes facultades como monsieur le Président: la primera y principal, la de dominar su primer impulso de arrojarse al suelo y retorcerse de risa ante la exhibición idiomática de su homónimo español. En fin, pasen, vean y disfruten, que sólo podremos tener espectáculos así hasta marzo…

Alasbarricadas.org

No, no es lo que parece. Aunque podría serlo. Acabo de leer una noticia en «Libertad Digital» que nos cuenta que a una web llamada Alasbarricadas.org le han metido un puro de 6.000 leuros, pero no por difamar ni atentar contra el honor del Rey del Pollo Frito, sino por permitir que otros lo hagan. Y además, sin importar que esos otros sean usuarios anónimos, que tal vez entraron una vez en la página para dejar su opinión sobre el ínclito personaje. De nada ha servido la cláusula habitual en estos casos de que «la web no se hace responsable de las opiniones vertidas por quienes comenten los contenidos presentados en la misma».

He aquí el resultado de la irresistible transformación de Ramoncín en un miembro de la nomenklatura progre. Quedan ya muy lejos los tiempos en que cantaba aquello de «oled mi mierda», pero algunos todavía nos acordamos. Ramoncín, con más de 50 tacos cumplidos, es vicepresidente de la $$$$GAE. Poco importa que su carrera de cantante languideciese en las postrimerías del siglo pasado. Poco importa que como literato no le llegase a la suela de los zapatos a Cela o al recientemente fallecido Umbral (se atrevió incluso a perpetrar un libro llamado El tocho cheli: como si sólo alguien de Vallecas pudiese «recuperar» la jerga de los marginados de Madrid). Poco importa que como presentador de TV no diera la talla, y menos aún como comentarista de las Crónicas marranas de Xavier (que no Javier: seamos políticamente correctos), el hermano torracollons de Rosa Maria Sardà.

Es decir. El Rey del Pollo Frito (no, antes no trabajaba para KFC) se ha transformado en miembro conspicuo y rutilante del poder cultural progre español. Y como miembro plenamente ejerciente. Por eso ahora se permite decir «al hijo de mi padre nadie le toca un pelo» y el «usted no sabe con quién está hablando», tan españoles y tan de toda la vida. Y obviamente, no puede consentir que en la web de unos «mequetrefes anarquistas» le pongan cual chupa de dómine, porque eso es «atentar contra el honor, la intimidad y la buena imagen» de don José Ramón Julio Martínez Márquez, al que sólo falta añadirle grandeza de España con derecho a no descubrirse en presencia del Rey.

Por eso, el señor poderoso ha pegado un puñetazo en la mesa y ha vociferado «¡De mí no se ríe nadie!». Y tan amplio es ese «nadie» que, a criterio de ese señor, incluye la libertad de expresión. Uno se pregunta si Ramoncín denunciaría, un suponer, a Arturo Pérez-Reverte si éste, en uno de sus excelentes artículos, le llamase «soplapollas» (término que el insigne escritor suele usar con habitualidad para fustigar las progrerías). Quizá con él no se atrevería. Pero claro, los chicos de Alasbarricadas.org han hecho uso de su libertad de expresión y como son «poca cosa» para el señor Ramoncín, se los ha merendado en dos patadas. Los radicales independentistas en Cataluña también «han hecho uso de su libertad de expresión» y han quemado imágenes del Rey y han amenazado de muerte a Alberto Fernández Díaz y otros dirigentes del PP en Cataluña. Sin embargo, y como se trata de «ejercicio legítimo de un derecho constitucional» (algo que estaría encantado de decir Alfons López Tena), quedará impune. Por lo tanto, todo depende de quién ejerza y cómo ese derecho, ¿no? La justicia romana tenía los ojos vendados; la nuestra también, pero últimamente mira demasiado por debajo del vendaje.

No nos queda sino materializar el dicho de Voltaire y defender lo que otros dicen en pleno ejercicio de la libertad de expresión, por más que no nos guste. No comparto para nada el ideario anarquista, pero Alasbarricadas.org merece toda mi solidaridad frente a aquellos que nos quieren tapar la boca y que creen que están por encima de toda crítica. No hay sino recordar al pastor Martin Niemöller

Vinieron a por los judíos

y yo no protesté porque no era judío…

Y como dicen ellos: ¡Salud, compañeros!

Premio al Blog Solidario

Mi amigo Daniel, de Este país se va a la mierda, ha tenido a bien concederme mi primer Premio al Blog Solidario. Como ya he dicho en más de una ocasión, solidario soy con aquellos que se han visto privados de la voz y la palabra gracias a la censura sutil de los países «civilizados» o no tan sutil de países como Venezuela. Solidario, sobre todo, con aquellas personas que hablan mi mismo idioma en otras longitudes: los amigos de Argentina, Colombia, Venezuela, México, Ecuador… Con todos aquellos para quienes la libertad no es algo que se encuentre en los mercadillos.

Así, pues, conforme a las reglas de este premio, va mi felicitación para los siguientes:

Blog de Jesús Salamanca

Lobeznox

Respuesta a progres

Elentir.info

Aquiles en Madrid

Es la libertad de expresión, idiotas

Noticias de Eurabia

Las reglas para este galardón (que no gallardón), son éstas:

1.- Escribir un post mostrando el PREMIO y citar el nombre del blog que te lo regala y enlazarlo al post que te nombra. (De esta manera se podrá seguir la cadena).

2.- Elegir un mínimo de 7 blogs que creas que se han destacado alguna vez por ayudar, apoyar y compartir. Poner sus nombres y los enlaces a ellos. (Avisarles).

3.- Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que escribes sobre él y lo otorgas a otros.

Esto NO se puede consentir


Ya se sabe que los españoles (incluyendo a Marc Palacios Manuel) hablamos muy alto, muy fuerte y muy duro. Es algo que en nuestra cultura se admite. Porque, ¿cuántas veces hemos oído a una madre decirle a su hijo «¡Te voy a matar!» cuando se enfada con él y no pasa nada? Ahora bien, las imágenes hablan por sí solas. No se puede consentir, no se puede dejar impune a un «señor» que amenaza de muerte a otro simplemente porque sus ideas políticas difieren. Ahí se ve el crédito que entre los independentistas tiene la democracia. Para ellos, la democracia sólo existe para socavarla desde dentro.

Y lo siento por mi amigo Daniel, que me decía no hace muchas fechas que no tenía que avergonzarme yo de sentirme catalán. Ante estos hechos, todavía me avergüenzo más de serlo. Los políticos han dejado el seny en casa, maniatado y amordazado. Veinte años de dictadura nacionalista han servido para que la gente «no se meta en política» y asista indiferente a este espectáculo denigrante cuyo protagonista es un inmigrante de primera o segunda generación que tiene que hacerse perdonar su «origen impuro».

Dudo mucho que lo expulsen de su partido, pero por esta vez, concederé a ERC el beneficio de la duda. Si lo expulsan, quizá todavía crean en la democracia, aunque sea un poco, que pueden hacernos pensar que son independentistas pero no salvajes. Y si no lo expulsan quedará demostrado bien a las claras el respeto que tienen por las ideas de los demás. Como ocurría en la RDA. O en Polonia (la de verdad). O en Rusia.

Vaffanculo!

O dicho en castellano rotundo: «¡A tomar por (el) culo!». Ya se sabe que el italiano es un idioma más meloso y parece que estén cantando un aria de Puccini en vez de insultarte. Al castellano le ocurre al revés: aunque te estén diciendo «hola», parece que te estén increpando (y a mucha honra, oiga. Que los españoles somos la re… pera).

El caso es que allí ha surgido un movimiento ciudadano-popular que trae causa del hartazgo generalizado del sistema italiano de partidos. En la bella Italia están hasta las narices de que el político de turno aparezca también como consigliere de quién sabe qué agrupaciones. Están hartos de que haya políticos sentenciados por la Justicia que se sienten todavía en sus escaños sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Hartos de que en determinadas regiones, gobierne el partido que gobierne, sea la mafia local (calabreses, corleoneses, sicilianos, etc.) la que imponga su ley. Hartos del sistema con todas sus letras.

En fin, que un cómico italiano llamado Beppe Grillo (Pepito Grillo sería, para nosotros) está haciéndole cosquillas a los políticos a través de su movimiento, estructurado a través de un blog (www.beppegrillo.it). No sabemos en qué terminará la cosa, pero il signor Grillo ya ha bendecido a quien se presente como partido político con su ideario y sin conexión alguna con los partidos «oficiales». Naturalmente, il signor Grillo es un intruso. Y por eso todos los partidos sin excepción se han lanzado a criticarlo duramente. Grillo es un pezzonovante de la política, es esto, lo otro y lo de más allá. Lo curioso es que donde il movimento V hace estragos es en el centro-izquierda (hasta un 17% de italianos que se declaran de centro-izquierda le votarían si se presentara a elecciones y un 33% simpatizan con el movimiento).

¿Y qué decir de España? El hartazgo de los ciudadanos respecto del «sistema» es considerable, en diversos grados según la región de la que estemos hablando. Un sistema abocado a ser bipartidista (PP y PSOE son los dos grandes partidos en la cumbre) y una serie de partidos pequeños que, cuando la «voluntad del pueblo» y el sistema d’Hont así lo deciden, pueden estar gobernando la nación por partido interpuesto. Recordemos las dos últimas legislaturas de Felipe González: gano él, pero como necesitó el apoyo de CiU, en algunos puntos muy básicos la política que se llevó a cabo fue la impuesta por Pujol (gracias, Jordi, por implantar las ETT, que se llevan un buen cacho de un sueldo di merda de tantos jóvenes).

Claro que aquí somos especiales. Nos impresionamos en seguida y nuestra supuesta furia dura un segundo. Los gobernantes que han durado, para bien o para mal, saben esto muy bien: que a los españoles hay que «dejar que se desahoguen, que ya se les pasará». Por eso, incluso en los períodos más negros de la dictadura franquista, La Codorniz podía volar más o menos libremente, haciendo gala de un humor fino, que para sí quisieran algunos grajos cuyos graznidos han dado últimamente la vuelta al mundo.

Ha habido iniciativas ciudadanas (o no ciudadanas, pero no vinculadas a partido alguno), claro que sí. Sin ir más lejos, el Foro Ermua, Basta Ya o Los Peones Negros. En cuanto a lo de Ciutadans… yo lo saludé con esperanza, porque parecía algo diferente. No obstante, la realidad y las rencillas entre unos y otros han ido desinflando el proyecto. Porque para formar un partido no basta sólo con cabrearse: tiene que haber algo más que cohesione ese mismo partido y, por encima de todo, que ayude a colocar el ego de cada uno al servicio de un proyecto común, que es el del partido. Y el fin del partido no es otro que servir a la sociedad, sin esperar mayor recompensa que una sociedad mejor que antes de la existencia de ese partido (mentira: el fin de un partido es servirse a sí mismo y a quienes lo manejan). Lástima que esto sí sea pedir demasiado, tal como están las cosas.

De todas formas, mientras dure el cabreo, griten todos conmigo: Vaffanculo! ¡A tomar por culo! Seguramente, la próxima vez que a los españoles la impresión nos dure más de un segundo volveremos a la trinchera. Y lo peor será que ni Zapo ni nadie de los capitostes de su partido estará para verlo. Ni les va a importar.

Galescola rima con ikastola

¿Quién iba a decir que los gallegos, con su variante de «nacionalismo tranquilo» (falar galego formaba parte de la normalidad y podía convivir perfectamente y sin fricciones con el hablar castellano) hayan escogido la senda de la histeria a la catalana o a la vasca? Todo fue salir O Abuelo de la poltrona y empezarse a cocer estos desaguisados. Que sí, que Fraga tal vez llevaba demasiado tiempo en la silla presidencial y que tal vez no era malo un cambio de aires (pero «veinte años no es nada», que dice Gardel). Los nubarrones no se hicieron esperar en cuanto la coalición «de progreso» ganó las últimas elecciones.

Y así como en Baleares, gracias al Pacte dels Pobrets (huy, no: se dice de Progrés), han recuperado la cabra autóctona, en Galicia, con el Pacto dos Pobriños, ese monstruo bicéfalo que gobierna las dulces terras galegas, están «recuperando» el tiempo supuestamente perdido tras veinte años de gobierno del PP. Y ahora está resultando también que son más nacionalistas que nadie y que quieren formar nacionalistas desde la cuna. Han «aprendido» la lección vasco-catalana y si antes resulta que quien no quería o no podía falar galego seguía siendo un gallego más, hoy resulta que es «un enfermo», merecedor además de tratamiento de choque.

Me imagino que para este cambio tan brutal han servido las amistades que Anxo Quintana ha cosechado en esa cosa llamada «Galeuscat». No es difícil ver la mano de Spock Ibarretxe o de Mas, que parece salido de Shrek (sí, es el príncipe encantador, ése a quien su mamaíta Pujol no ha conseguido sentar en la poltrona de la Generalitat) en algunas iniciativas del verdadero Presidente de la Xunta.

Mientras tanto, ¿es casualidad, coincidencia o acción del enemigo? Aparecen grupos radicales de extrema izquierda a quienes no les importa montar un cirio con tal de mandar. La seguridad ciudadana se va por el retrete, algo que en Cataluña viene ocurriendo hace tiempo con los que discrepan en voz alta del discurso oficial. Vamos, que al lado de éstos de ahora, los miembros del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe eran unos aprendices, a pesar de haber colocado unos explosivos en la casa de Fraga de Perbes.

Y ahora, por fin, la guinda: un señor pretende que os nosos filliños aprendan el Fogar de Breogán a la tierna edad de… 0 años. Bueno, que te dan tres; pero como a los tres años el niño no lo haya aprendido, prepárate para que la criatura sea tratada como una enferma y que le administren tratamiento de choque. Claro, eso es lo primero y principal: que os nenos aprendan a amar la terra galega a golpe de himno. Y de paso, que aprendan también que la naiciña de los gallegos buenos es Galiza (eso de «Galicia» sólo lo dicen os bobos do cu como Francisco Vázquez y los del PP, claro)

Después, cuando crezcan un poco —pero no demasiado— se les explica que más abajo del Tuy está la tierra prometida de los gallegos buenos, o séase, Portugal. Tierra de la que se separaron en 1385, volvieron a unirse en 1580 y se separaron definitivamente en 1640. Claro, ellos no pueden decir Galiza Sur como los vascos dicen Euskadi Sur o los catalanes podríamos decir Catalunya Sud refiriéndonos a Valencia, porque Portugal es nación independiente y soberana. No. Los independentistas gallegos, que como se sabe, no se sabe si suben o si bajan, quieren en realidad cambiar de naiciña. Quieren ser portugueses. El problema es que a éstos ya les cayó de la patada que Saramago, ese gurú progre, propusiera una reedición del Pacto Ibérico, así que tampoco es probable que quieran completar su vista al Atlántico llegando a la Costa de Morte.

Por otro lado, Galiza padecerá siempre de espacio vital. Hacia abajo ya hemos visto que no puede ser. Más al Norte y al Oeste tienen o ancho mar. ¿Y al Este? Bueno, la cosa se pone espesa: al Este tenemos a Asturias, que arrogantemente dice «Esto es España y lo demás, tierra conquistada». Y que aunque son tan celtas como los gallegos, los asturianos les miran por encima del hombro. De hecho, posiblemente la única forma de que un gallego y un asturiano confraternicen sea a través de una buena ronda de cerveza. Eso sí, sería difícil saber quién la iba a pagar… El caso es que por el Este la cosa está cerrada; y si algún día las huestes de Anxo Quintana pretendiesen comer terreno a Asturias, no es difícil imaginar que éstos contraatacarían al son de la Busindre Reel de Hevia.

Con estas hebras no es difícil imaginar que Anxo Quintana cree un problema para dentro de veinte años. Jóvenes a quienes se les habrá explicado el mito de Galiza y que tarde o temprano estarán dispuestos a dar su vida (y sobre todo la de los demás) por esa supuesta patria nacida de la imaginación calenturienta de los Beiras y compañía. Y que a diferencia de sus colegas vascos o catalanes, pondrán bombas para integrarse. Ya lo decían Os Resentidos hace veinte años: «Galicia, sitio distinto». El caso es poner bombas y no ser menos que los independentistas catalanes o vascos. Oruxo de Porriño, queimada de Monforte y lacón do Ferrol: no hay nada mejor bajo el sol.

Eso sí. Que vigile mucho Anxo Quintana, que como se pase de la raya y empiece a brillar más que Zapo, éste le echará meigallo y entonces ya se puede retirar. Y no le salvarán ni las meigas ni la Santa Compaña, pobriño…

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