Falsos mitos vascos

En solidaridad con el bloguero Nacho Sierra, Noggia para los amigos, creo interesante traducir su serie sobre «falsos mitos vascos». Él escribe en inglés, pero ello no ha impedido que un proetarra descerebrado le haya amenazado de muerte (estos proetarras, tan demócratas ellos). Por eso, repito, y como muestra de solidaridad con él, irán apareciendo en mi blog los falsos «mitos vascos» de los que él habla.

Falso mito vasco número 1. El País Vasco y España han sido siempre entidades separadas y antagónicas a lo largo de la historia.

Los vascones, juntamente con los caristios, várdulos y autrigones, forman el sustrato básico de lo que todavía hoy se conoce como «pueblo vasco». Si a ellos se añade la población de la época pre-romana formada por los celtas, los ligures y los íberos, los visigodos y los continuos movimientos de población causados por la conquista musulmana y la reconquista cristiana, tendremos en última instancia la configuración no solamente del pueblo vasco, sino del que hoy se conoce como español.

Tras la caída de los reinos visigodos, todos los pueblos españoles sin excepción tomaron parte en el proyecto común de restauración de la «España perdida» y lucharon contra los musulmanes. Al igual que el resto de los españoles, los vascos, siempre aliados con Castilla, hicieron de la lucha por su religión y por el proyecto hispánico el fundamento de su identidad.

El verdadero origen de Castilla tiene un componente esencialmente vasco. El más importante medievalista español del siglo XX (y presidente de la Segunda República en el exilio) Claudio Sánchez Albornoz sostiene que Castilla y los castellanos fueron el producto de la simbiosis racial y cultural entre los visigodos, los cántabros y los vascos.

Durante siglos, los vascos lucharon y murieron por la reconquista de España, participaron en su gobierno y fueron a repoblar en masa allí donde fue necesario. En la Era Moderna, los vascos exploraron el planeta en nombre de España, pues no eran otra cosa que españoles.

En 1808, durante la invasión napoleónica, los vascos lucharon y murieron por España, su rey y su religión, con el mismo entusiasmo que los vascofranceses como el general Harispe lucharon bajo el mando de Napoleón.

Como escribió Miguel de Unamuno, «los vascos no realizaron jamás una proeza o labor de alcance universal desligados de España o contra ésta». Los vascos formaron siempre parte de lo que conocemos como España y construyeron España conjuntamente con el resto de los españoles.

La mera existencia de un sentimiento «nacionalista» no explica por sí mismo la existencia de la nación. Dicho de otro modo: la existencia de la nación no es una condición sine qua non para que exista ese sentimiento nacionalista que la reivindique. Ello es debido a que dicho sentimiento puede crearse de forma artificial, falsificando la historia, reescribiéndola y colocando en ella a los nacionalistas como las figuras más importantes de esa supuesta «nación».

La «nacionalidad vasca» es un invento de principio a fin. Aunque para algunos sea difícil de aceptar, su percepción y sentimiento de pertenencia a la «nación vasca» está basado en enormes falacias, falsificaciones y ocultaciones de datos. Para ello, se lo han inventado todo: la historia, los personajes, la bandera, incluso los nombres Euskadi y Euskal Herría, utilizados por los separatistas vascos para denominar su «nación» soñada… Todo eso es artificial. La bandera (ikurriña) fue diseñada por Luis de Arana (hermano de Sabino) tomando como base ¡la bandera de un equipo de fútbol inglés!(*)

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(*) Corregimos en este punto una pequeña imprecisión histórica. No es realmente relevante para el relato, pero sí en cuanto verdad histórica. Tomamos el dato del libro de Jon Juaristi El bucle melancólico (Espasa, 1997).

Personajes 1

Hoy seré breve porque el post de hoy hay que verlo y oírlo, más bien, jeje.

Aquí están los links para descargarlo:


DivShare File – Montilla_97_2003.pps

Calvin TTF (tipo de letra CALVIN, imprescindible para leer los bocadillos).

Otros tipos de letra usados: Arnold Boecklin TTF, Cooper Blk TTF(suelen estar presentes ya en paquetes ofimáticos tipo Office o OpenOffice.

Que lo disfruten…

La mentira

Dicen que el tiempo es sabio, que acaba poniendo las cosas en su lugar y a las personas en su sitio. Así le ha pasado a Z: tal día como ayer, reconoció ante Pedrojota que mintió y además, que sostuvo la mentira contra viento y marea durante un año. Y el contenido de la mentira no es baladí: dijo que el Gobierno no había vuelto a mantener contactos con ETA desde el atentado de la T-4. Viniendo del Presidente, es todo un reconocimiento de hechos y además, un desmentido a Rubalcaba, que fue quien dijo, «en nombre del Presidente», que el proceso estaba roto. Si recuerdan, en ningún momento de su primera comparecencia dijo Z que el proceso estuviese roto.

Bueno, ¿y ahora qué? Claro que no es ésa la única perla que deja caer Z en su entrevista-mítin; pero por desgracia, hay que recordar aquí al pobre Rubalcaba, que afirmó petulantemente la noche del 12/03/2004 aquello de «Los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos mienta, que diga siempre la verdad».

Vaya por delante que el que crea en la total pureza de algún Gobierno ya puede esperar sentado. En la práctica política de los Gobiernos suele funcionar en asuntos «sensibles» la raison d’Ètat. Es, por ejemplo, la que se suele esgrimir para proteger la intimidad de los políticos o la de la familia real. Que eso nos plantearía otro debate: ¿se imaginan ustedes a, un suponer, a la Voguemomia soportando el mismo grado de acoso periodístico que Paris Hilton? Claro que a la niñata le encanta que le hagan fotos, pero seamos amplios en el ejemplo. No lo soportaría. Cuando se miente por razón de Estado, se hace normalmente para evitar asonadas populares espontáneas, para evitar alterar en demasía, en suma, el orden público.

Sin embargo, Z ha mentido por puro interés político. Aznar ya demostró que era inútil cualquier tentativa de diálogo con los terroristas. Sin embargo, Z repite. ¿Por qué? ¿Realmente «había que intentarlo», o sólo era por hacer lo contrario que Aznar y contentar al PNV, que siempre ha recogido las nueces de la «negociación»? Creemos que el apoyo del PNV estaba condicionado a eso precisamente: a que hubiese nueces para recoger, lo cual sólo se iba a conseguir sentando al Gobierno y a ETA en la misma mesa a «negociar».

Pues bien: no «sólo» porque el famoso proceso de pazzzzz ha sido una mentira mantenida durante un año (y fracasando); no sólo porque, entre otros, ha costado la vida a dos ecuatorianos y a dos guardias civiles; no sólo porque el proceso de pazzzzzz ha servido para ignorar a las víctimas del terrorismo acusándolas de «connivencia con el PP» y para echar mierda sobre su presidente (desde la «lotería» de Sorrocloco hasta las «informaciones contrastadas» que le tachan poco menos que de nazi), pasando por los intentos de dividirlos (la «vía Peces-Barba») y de controlarlos (la «vía elecciones»), que no les han salido bien…

… no sólo por eso, decimos, debe Z dimitir. Recordemos que en una democracia más avanzada que la nuestra, la americana, a Clinton no se le abrió un impeachment (proceso de destitución) por el quítame allá esas manchas de la Lewinski, sino porque negó los hechos. En una palabra: porque mintió. En España esto es, tras treinta años de democracia, inconcebible. No existe el delito de perjurio en el Código Penal; ¿cómo, pues, se va a exigir a los políticos moralmente que digan la verdad? Ésa es la lógica del P(SOE), al menos respecto de los que no son de su partido. Los propios, como siempre, tienen bula.

Así, pues: váyase, señor Z, váyase.

Actualización 21/01/2008.- Estoy acollonado. Acabo de leer un artículo de Martha Colmenares en su blog que me deja pensando. ¿Será verdad que Z ha hecho esta «pequeña» confesión para evitar tener que confesar otras mentiras mayores? Y, en ese caso, ¿cuáles serían esas otras mentiras «mayores»? Tiemblo de pensarlo…

 

Hay motivo para la vergüenza

Me decía hace ya algunas fechas mi amigo Daniel que «no tenía por qué avergonzarme de sentirme catalán». Pues va a ser que no. O sea, que hay que avergonzarse. Y el miércoles pasado tuvimos la prueba más palpable de esta lamentable verdad. Llegó Francisco Caja al venerable Parlament de Catalunya, avalado por las 50.000 firmas necesarias en las autonomías para cursar una iniciativa legislativa popular. Y en cuanto subió al estrado a defender dicha iniciativa, los diputados de ERC, IC-V y CiU abandonaron la sala.

¿Cómo es posible tamaña grosería? Pues porque dicha iniciativa trataba simplemente de promover el bilingüismo en Cataluña y, en especial, la educación bilingüe. Trataba de recordar a los diputados catalanes que la UNESCO pone énfasis en que la primera enseñanza se dé en la lengua materna, con independencia de cuál sea ésta. Recomendación o precepto que el miércoles pasado los diputados catalanes (cuando menos, los 111 que se fueron) tiraron por el retrete, porque «no convenía». Y así, Francisco Caja se tuvo que enfrentar a un Parlament casi vacío. Solamente permanecieron en sus escaños los diputados del PP y los de Ciutadans.

Si alguien dudaba del divorcio entre la clase política catalana y la ciudadanía que le vota, a partir de hoy no quedará ninguna duda. A los señorías de estómago agradecido no les interesa lo que el pueblo vaya a decirles, sobre todo si es en contra de sus «principios». Está claro que se consideran «políticos profesionales» y que creen firmemente que no hay que dejar la política en manos del pueblo.

Pero lo más chusco llegó a la hora de los argumentos para rechazar dicha iniciativa:

  1. La diputada convergente Irene Rigau (estómago muy agradecido por haber sido consellera en el último gobierno Pujol) rechazó la iniciativa porque, según ella, «crea guetos»… justo lo que está haciendo la normativa actual.
  2. La diputada republicana Maria Mercè Roca abundó en la posibilidad de la «segregación».

Y al final, la traición. Concretamente, la del PSC. Del PSC se dijo siempre que su base era el cinturón rojo de Barcelona, que es de donde viene la mayoría de sus dirigentes: Manuela de Madre, Celestino Corbacho, el propio Montilla… Dicho cinturón se nutre de la emigración de los años 60: andaluces, extremeños, murcianos… todos ellos castellanoparlantes. Antes, a Montilla le bastaba con ponerse la chaqueta de pana y desgañitarse con aquello de «¡¡Zomo de lo vueztro!!» en Cornellà, al igual que Chaves en Sevilla (o en Iznájar). Se supone, pues, que el PSC iba a defender los derechos de estos castellanoparlantes. Pues no. Votaron en contra de la iniciativa legislativa popular.

Francisco Caja, aparte de ser una persona respetable y catedrático, ha devenido en símbolo de lo que ocurre en Cataluña desde hace bastantes años. Representa a la Cataluña agredida (verbal y físicamente) e ignorada, inexistente en los medios de comunicación; a esa Cataluña que no tiene sitio porque prefiere que sus hijos sean educados en lengua castellana aun siendo ésta lengua materna.

Porque, ¿creen acaso ustedes que la comparecencia del señor Caja fue registrada por algún medio de comunicación de ámbito general catalán? Como mucho, mereció sueltos para que no se dijera que «no se había registrado la noticia». Pero, como todos los avisados saben aquí en Cataluña, la prensa es una fiel aliada del poder político, de tal forma que lo que al poder político no le interesa que se sepa difícilmente se encontrará en los diarios o en las emisoras de radio o televisión (salvo en los medios no directamente vinculados, como la COPE o La Razón, que aquí son el nom del porc y que muchas veces acarrean el apóstrofe de «facha de mierda» a quien los lee o escucha). Y cuando no hay forma de escurrir el bulto se recurre al suelto, ese recuadrito ínfimo que lo mismo sirve para anunciar crecepelos que para dar noticias incómodas.

Cataluña está gobernada por una clase política que considera la política como su «coto privado», repetimos. Una clase que expulsa al pueblo de los ámbitos en los que éste tiene algo que decir porque normalmente no coincide con lo que ellos quieren escuchar. Una clase política que ejecuta sus juegos de ingeniería social sin contar para nada con la sociedad a la que se dirigen. Eso sí, se autodenominan orgullosamente «representantes del pueblo»; expresión que, hoy por hoy, es tan gaseosa como aquella de «ámbito de decisión vasco».

Pero los políticos han tomado ya una decisión. Han decidido que «no se les moleste más» y están viendo las posibilidades de limitar la iniciativa legislativa popular. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, en el mejor de los casos. Constatamos, finalmente, que la Cataluña educada y tolerante, tal vez la Cataluña evocada con nostalgia por Jiménez Losantos en aquellos turbulentos setenta ha desaparecido y ha sido sustituida por la Cataluña del batlle, el hereu i la pubilla, que a ratos cantan el Virolai, a ratos Els Segadors y a ratos y con la boca muy, muy pequeña, La Internacional.

Actualización 26 diciembre 2007.- Siempre es bueno que de la vergüenza quede constancia. En el vídeo se ve claramente cómo abandonan el Parlament el de Iznáha y Miquel Iceta, «socialistas». Y algunos de los que se quedan tampoco es que tengan una actitud muy respetuosa que digamos. ¿Para esto les pagamos? Por otro lado, Francisco Caja no está muy distanciado del personaje de Amerigo Bonasera (cuando menos, en lo iluso de creer que «el sistema americano» iba a hacerle justicia..).

«.cat» versus «.ibs»

Apareció anteayer en La Razón y francamente, me quedé pensando (aparte de acordarme de mi amigo Daniel). ¿Así que los políticos desgobernantes baleares quieren formar parte de los mal llamados Païssos Catalans? Ésa es la resultante que se deduce de dicha decisión y de otras anteriores que, miradas desde el Principat, producen cuando menos cierta perplejidad.

Sin ánimo de ofender, parece que algunos diputados baleares estén cantando algo parecido a esto…

Die Negerlein in Afrika
Sie rufen all’ zugleich:
«Wir wollen deutsche Neger sein,
wir wollen heim ins Reich!»

Lo curioso es que tan alegre canto lo entonan all’ zugleich (todos a una) los diputados del Pacte dels Pobrets, bien aleccionados por Maria Antònia Munar, Sa Nina, y por el propulsor de la medida, el diputado Miquel Meli. Una buena muestra de que «los extremos se tocan» cuando conviene, puesto que UM en teoría es «izquierdoso nacionalista balear» y los otros son izquierdosos sui generis, con la notable excepción de… ERC, que es la de siempre aquí y allí. Juega allí un papel parecido al del PNV en Navarra, es decir: el de cuerpo extraño, pero no rechazado, que consigue que las iniciativas del poder local vayan por los raíles que ERC quiere, desea y necesita.

De momento volver, lo que se dice volver, ya han vuelto al Institut Ramon Llull, el regulador de la cultura catalana en el llamado «domini lingüístic català» (es decir, la institución que se ocupa de controlar que todo el que esté bajo sus amorosas alas sea adecuadamente nacionalista). Se recupera una ley de Francesc Antich de 2001, que va en la misma dirección que la nuestra de normalització lingüística: ¿se acuerdan de los 600 leuros que Carod y sus muchachos querían imponer de multa a la horchatería La Valenciana por no rotular en catalán? Pues ahora eso mismo puede ocurrir en las Baleares. Claro que, según el doble rasero nacionalista, se atreverán sólo con aquellos que rotulen en castellano, no con los demás. ¿Se imaginan a Antich imponiendo multas a todos los establecimientos que en Baleares cuelgan el rótulo «English speaking only» o «Deutsch sprechen nur»? No, ¿verdad? Pues yo tampoco.

Que el nacionalismo, en su expresión más rancia y decimonónica, es expansionista, no lo discute hoy por hoy nadie con dos dedos de frente. Porque por encima de todo está el lebensraum. Lebensraum que para el orbe nacionalista se extiende desde Perpinyà a Orihuela y desde Fraga a Mahón (por lo menos). Ése es un reconocimiento implícito de que Cataluña, sin «esclavizar» económica y culturalmente a Valencia y Baleares, no podría pensar siquiera en la independencia. Vamos, que solos no íbamos a ninguna parte.

Pero hay más. Distinguen entre buenos y malos (aunque sean «malos» como Miquel Ángel Nadal, a mi juicio un excelente embajador de su tierra y a quien desde mi humilde blog expreso mi solidaridad), sino que también expresan el derecho de los «malos» a ser conquistados, ya sea política o culturalmente. No es una actitud muy diferente respecto de la de los musulmanes de Al-Qaeda, seguidores radicales del Corán. Sonaría algo así como: «Os concedemos el derecho de uniros a la gran nación catalana. Si no os unís, iremos a por vosotros».

En público, Carod ya no dice gran cosa (para su desgracia y la de muchos comerciantes catalanes, el boicot no sólo no ha terminado, sino que toma nuevos bríos cada Navidad), salvo ir a Frankfurt a brindar por el «gran éxito de las letras catalanas» (sin Eduardo Mendoza, sin Carlos Ruiz Zafón, sin Juan Marsé…); pero en privado no es difícil imaginarle en la escena del globo de El gran dictador, delirando a más (no, no es un juego de palabras facilón) y a mejor con el asunto de la Grosskatalonien.

El caso es que ERC tiene ya metido en el bolsillo al Gobierno balear para que «se integre» en esa gran nación que son los llamados Païssos Catalans. De hecho, la diputada socialista balear Rosa Alberdi afirma que «el catalán (cursiva nuestra) es la lengua materna de la mayoría de los ciudadanos de las Islas». Es decir, para esta señora el mallorquín no existe como lengua diferenciada del catalán que hablamos en el Principat (de su variedad oriental, al menos). Lo que significa, en términos políticos, que se forma parte de una misma comunidad cultural y que por tanto, debe haber instituciones culturales comunes que van limando las «diferencias» entre unos y otros. Comunidad institucional que, de acuerdo con la ideología pancatalanista (o pangermanista, o paneslavista, etc.), acaba transformándose en política. Y en ésas estamos.

¿Y Valencia? Pues nada. Valencia resiste, fruto de una personalidad histórica de la que los valencianos sí han sido conscientes en el devenir de los siglos. Regían una legislación y unas consuetudines diferentes (entre ellas, si no me equivoco, los Furs o Fueros del Reino de Valencia) y por ello, los intentos que desde Barcelona se han dado para «colonizar culturalmente» la región valenciana han fracasado estrepitosamente (el último fracaso, el definitivo desmantelamiento de las antenas de TV3 en la región). Y no sólo eso: la región valenciana en su conjunto aventaja a Cataluña tanto en lo económico, como en lo cultural, como en lo social. No es de extrañar que en «el norte» se coman los codos de envidia y proclamen a voz en cuello que Valencia «también» forma parte de los Païssos Catalans. También es cierto que en Valencia, gracias a Dios, no están hechos de la materia blanda de que está hecho políticamente Jaume Matas (lo cual es palpable incluso en el hecho de pegar la espantá y decirle a su segunda: «Estarás en la oposición», en vez de dejar las cosas bien arregladas).

En fin, para no alargarme más y pasarle el testigo a mi amigo Daniel, que siendo de allí tendrá un conocimiento de las cosas más sobre el terreno que este humilde servidor, decir que poco a poco, ante la impotencia, inactividad o indiferencia de la oposición (o las tres cosas: prefiero pensar que no hay nada de connivencia), allí acabarán cantando lo que poníamos al principio. Lo traduzco, aunque seguramente para muchos de ses Illes no necesitará de traducción…

En África los negritos
gritan todos a una voz:
«¡Queremos ser alemanes negros,
queremos volver al Reich!».

Castilla, la gran olvidada

Quizá también Castilla-La Mancha, pero en esta entrada mi intención es referirme a Castilla-León (mejor aún: Castilla La Vieja, denominación de rancio abolengo). Olvidada de siempre, a pesar de ser el fundamento de España (mucho, en verdad, le debe la esencia de lo español a Castilla). Debo agradecer aquí al amigo Alberto Esteban que un post suyo sea la inspiración para esta entrada. Parte de mis raíces están en esa región (concretamente, se reparten entre Valladolid y Segovia), así que me considero suficientemente legitimado como para dar opinión.

Que Castilla es la gran olvidada de España, estamos todos de acuerdo. Es la Comunidad donde menos dinero se da y menos se invierte. Ahora bien, en mi modesta opinión, Castilla es la gran olvidada por lo menos desde 1898, desde que perdimos Cuba y Filipinas. En ese año —o en esos años— eclosionan las nacionalismos periféricos, que vistos ahora con la distancia del siglo, suenan más a «¿España no nos da de comer? Pues nos vamos de España». Y nace la famosa generación del 98, a la que «le duele España» (Castilla, en realidad), que ha dejado de ser reina y señora para convertirse en poco menos que campesina con abarcas…

… abarcas traigan calzadas,
que non zapatos con lazo…

le dice Rodrigo Díaz de Vivar al futuro rey Alfonso VI. El rey, aunque espantado, jura; pero al mismo tiempo, expulsa al Cid de sus dominios por haberlo humillado tan notoriamente. Esta soberbia castellana es capaz del mayor heroísmo cuando se ve puesta a prueba. Véase, si no, el gesto de Guzmán el Bueno, que a muchos gusta referir todavía con el comentario admirativo: «Hay que ver cómo somos, ¿eh?». Pero es también (en parte, al menos) la culpable del atraso de la región: quien más, quien menos, en la historia, ha cambiado las oportunidades de progreso de la región por el reconocimiento de su condición de castellano viejo (no mezclado con sangre judía o morisca). La insistencia en el linaje («Nos no venimos de reyes, que reyes vienen de nos») es la que ha dejado atrás a Castilla muchas veces. Se criticó esta insistencia en el Lazarillo (recordemos el hidalgo toledano) y la criticó también José Cadalso en sus Cartas marruecas. Nada que hacer. Tan castellano viejo era el hidalgo de 1780 como su antepasado de 1080, que se batió el hierro contra los moros.

¿Y en la Edad Contemporánea? Desde que perdió los últimos restos de su esplendor imperial, Castilla se volvió sobre sí misma y quiso permanecer fuera del tiempo. La estructura caciquil heredada de la Restauración funcionaba perfectamente e impedía que el progreso llegase a las tierras castellanas. Poca industria, poca comunicación, poca cultura. Era esencial que todo se mantuviese «como siempre». Pero así como en otras tierras esta situación provocó el éxodo hacia las ciudades industrializadas (concretamente, a Barcelona, a Madrid o a Bilbao), en Castilla apenas se produjo éxodo alguno. Ni siquiera el régimen franquista, que tanto alardeaba de símbolos españoles, se acordó de Castilla. Las mejores industrias se fueron a Cataluña o a Vascongadas, dejando a Castilla apenas el trigo, las viñas de Rueda y el yermo restante.

La democracia, que supuestamente iba a traer la felicidad a los españoles, tampoco ha sido muy misericordiosa con Castilla. Tal como menciona el amigo Alberto Esteban, le quita su salida al mar (Cantabria) y legitima la escisión en dos Castillas, colocándose Madrid como una especie de isla independiente por su condición de Villa y Corte. Pero lo peor no ha sido eso. Lo peor es que Castilla-León ha padecido una sucesión de gobernantes grisáceos, poco o nada visibles para el resto de España. Por decir algo, yo apenas si sé qué aspecto tiene Juan Vicente Herrera y si dice cosas puestas en razón o bobadas solemnes. Todo lo contrario de los nacionalistas protestones o del extremeño Ibarra, caracterizado por abrir su gran bocaza. Quizá también haya que achacar la culpa a buena parte de la sociedad castellana, no demasiado interesada en que cambien las cosas y de que el proletario se acerque socialmente al oficinista y éste al funcionario de alta graduación. No es más —ni menos, desde luego— que la rémora histórica del orgullo y del linaje. ¿Dónde se vio que un castellano viejo se ocupara de las artesanías o del comercio? Eso es cosa de moros y de judíos y está maldito de la religión como ocupación baja que es.

Suponemos que hoy en día poco debe quedar de eso. Hoy los veterocastellanos pueden sentirse tan orgullosos de su historia como los navarros o los asturianos. Y francamente, da pena ver como yo vi una pintada en una pared de Segovia que rezaba así: «Castilla, sin León, mucho mejor» (igual que me da pena ver pegatinas con la leyenda: «Esto es el país leonés»). El virus nacionalista penetrando —o siendo inoculado— en la polvorienta tierra castellana, a la que sólo le falta pelearse consigo misma para acabar en la nada. No queda sino acordarnos precisamente de ese verso del Cantar de Mio Cid, recitándolo por lo bajo, no sea que nos traten de «fachas peperos» y no sé cuántas maldades más…

¡Oh, qué bon vassallo si oviesse bon señor!

Ésta ha sido la desgracia de Castilla La Vieja: que casi nunca ha tenido buenos señores. Como España.

P.D.- Me permito copiar aquí el comentario del usuario Chinito, que no tiene desperdicio.
Castilla es la gran olvidada de España y la más perjudicada por el nefasto sistema autonómico que destroza nuestra Nación desde hace treinta años.
Puedes ver como se fragmentó en cinco trozos sin apenas ningún fundamento histórico ni cultural. No tiene ningún sentido, por ejemplo, desgajar a Cantabria, que siempre fue el puerto y la sede de la Armada de Castilla, ni lo que nos hicieron a los madrileños dejándonos solos, cuando la mayoría nos sentimos castellanos ¿Qué vamos a ser si no? (Y menos mal que aquí se ha gobernado bien, menos cuando estaban los sociatas).
Algunos piensan que los nacionalistas periféricos debieron de meter baza en este asunto. No interesaba una Comunidad grande y con fuerza que les hiciera sombra. Únase a esto la ambición de algunos políticos castellanos y manchegos que prefirieron crearse un chiringuito propio y ya tenemos el despropósito hecho.
Por otra parte, tienes razón cuando dices que desde la Junta no se hace lo suficiente. Deberían ser más enérgicos y menos complacientes. De otro modo, Castilla, la esencia de España, languidecerá lentamente y eso no conviene nada más que a los enemigos de nuestra Patria.
Saludos afectuosos.-

Adiós al Bachillerato

Por su interés, reproducimos aquí un artículo de José García Domínguez aparecido en Libertad Digital con fecha de hoy.

A lo mejor deberíamos felicitar a la Cabrera por su valentía. A fin de cuentas, se ha atrevido a tomar la única medida eficaz con tal de acabar de una vez con las tasas ecuatoguineanas de abandono en el Bachillerato: suprimir por ley el propio Bachillerato. No obstante, podría haberlo reconocido abiertamente, sin ambages. ¿Para qué esa burda coartada de los cuatro suspensos? ¿Para engañar a los padres? Quizás. Aunque sólo a ellos. Porque todos los que hemos sido profesores alguna vez conocemos de antiguo la broma.

Hace muchos años que los presuntos bachilleres españoles saltan de curso con cuatro –o más– asignaturas suspendidas, sin traba alguna. Quien sienta curiosidad por descubrir cómo funciona un mercado persa, debería colarse en cualquier junta de evaluación final, de ésas que se concelebran en los institutos públicos todos los finales de julio. Y es que en la aritmética deontológica del probo docente LOGSE, dos ya solía significar cinco; por lo que el enternecedor cuatro de la Cabrera equivaldrá, ningún profano lo dude, a ocho, nueve o todo y más.

Ahora mismo, mientras me contemplo emborronando otra vez la pizarra, también vuelve a mi memoria la pobre R. ¿Qué habrá sido de ella? Catedrática de Geografía, definitivamente era un personaje de otra época; uno de aquellos profesores que imponían respeto sin necesidad siquiera pronunciar una palabra, sólo con la autoridad que desprendían sus formas. La pobre R. todavía se tomaba en serio su trabajo. Era de prever, pues, que entre un título oficial rubricado por el Rey de España y aquella docena de cafres acabaría interponiéndose su anacrónico sentido del deber.

Los suspendió. Y es que R. se negaba en redondo a mercadear en la junta. Atónitos, protestaron ante la Dirección. Alegaron, airados, que no sólo había rehusado evaluarlos a través de exámenes de los de poner crucecitas, sino que incluso se les prohibió consultar los apuntes durante la prueba. El director, inquieto por si el asunto llegaba a oídos del APA y a través de ella a la Inspección, optó por reunirnos a los demás profesores del grupo. Seríamos nosotros, mediante sufragio universal, libre, directo y secreto, es decir de un modo inatacable desde el punto de vista democrático, los llamados a pronosticar si los cafres sabrían de Geografía Universal o no. Triunfó el «sí» por aplastante mayoría absoluta, y a los cafres, igual que al resto, se les regaló su flamante título de Bachiller.

Me acerqué a estrecharle la mano cuando, sola, recogía sus cosas en el departamento. Después, se dirigió a la puerta de la calle. Nunca más la he vuelto a ver.

Comentario de uno de los cafres.- Be-e-e-e-e-e-e-h! – Viscacatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-h -Mortalsespanyols – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-h – PPtraïdoracatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-e-h!

Comentario nuestro.- Transformación en catborrego completada con éxito.

¡Retirada!

«¡Retirada! ¡Nos vamos a casa!». Esto tronaba el general y la tropa, como un solo hombre, inició la retirada. ¿A quién se enfrentaba el Ejército? Simplemente, a unos políticos. Si nuestro Ejército hubiese tenido enfrente a otro ejército, seguramente hubiésemos sido testigos de una magnífica exhibición de testosterona. Pero no. Y es que los politiquillos a los que se enfrentaba el Ejército español no eran poca cosa, no. Vascos, ¡no faltaba más! Vascos que dan gracias a Jaungoikoa por ser vascos y no maketos. Vascos que cuando los asesinos etarras se cobran una pieza miran al cielo con cara de pescado hervido, rezan un avemaría y dicen, con fingida lástima: «Otra víctima más. Recemos para que no nos toque a nosotros».

Del otro lado tenemos al ministro de la cosa, añorando los tiempos en que era un simple juez o, todo lo más, miembro distinguido de JpD. Alonso ha visto cómo se le encabritaban los vascos por unas maniobras de nada. Pero es lo que tiene bailar con la más fea. Alonso estaba más en su elemento en Interior (lo propio, habida cuenta de su pertenencia a la carrera judicial, hubiese sido Justicia). Ocurría, no obstante, que ese ministerio tenía demasiadas goteras. Por muy socialista que sea, Alonso no podía olvidarse de su toga. Y en un momento en que se estaba dirimiendo (en rigor, todavía se dirime: estamos esperando la sentencia) el feo asunto del 11-M, las goteras eran extremadamente peligrosas. Y su amigoZapo le castigó a dirigir la Defensa de nuestro país, como antes lo hiciera con Bono, su rival político.

En algún otro artículo hemos visto que ser ministro de Defensa tiene sus ventajas. No hay que entender de la cosa militar, lo cual queda claro con sujetos como García Vargas o incluso Narcís Serra, que por no hacer no había hecho ni la mili. Además, al subordinado de ese ministerio le va mejor si no tiene opinión y se limita a obedecer, sin plantearse si lo que dice su jefe cuando opina por todo el Ejército es sensato o una solemne estupidez. Véase, si no, lo que le pasó al teniente general Mena simplemente por recordar el artículo 8 de la Constitución: en horas veinticuatro, arrestado y a casita por «indisciplina».

Sin embargo, el repliegue del ejército tiene también un componente simbólico. Es otra señal de la retirada del Estado ante la presión y el chantaje nacionalistas. Con todo lo que se podría reprochar a Bono, hay que reconocerle al menos que no cedió ante los nacionalistas, por mucho que se burlaran de él sacando «pecho lata». Pero esta vez el Ejército se repliega. El Ejército puede luchar contra otro ejército en igualdad de condiciones; pero contra los políticos, sencillamente va vendido y lleva totalmente las de perder. Y eso que, según el art. 181 de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, «el Estado vela por los intereses del militar». Y para más inri, añadimos el art. 99 de esas mismas ordenanzas, que hoy, según están las cosas en lo militar, podría sonar a chacota:

(Funciones del militar en el ejercicio del mando). «Tratará de conocer a sus subordinados; cuidará solícitamente sus condiciones de vida, inquietudes y necesidades y velará por sus intereses, para que todos estén persuadidos de que se les trata con respeto y se les guarda la consideración que merecen».

Pero claro. Cuando el progreso de tu carrera profesional depende de la decisión de un civil que, además, no te tiene demasiada simpatía, dejas en la cuneta a quien sea necesario. Se le llama «disciplina», que es lo bastante inconcreto para incluir ese tipo de comportamientos. No así «espíritu de sacrificio», como no sea el sacrificio útil de las personas e intereses que nos estorban para llegar donde queremos llegar.

Finalmente, el repliegue no es solamente físico. Los valores también están en retirada. Y destruyendo los valores que defiende el Ejército (amor a la Patria, espíritu de sacrificio, austeridad y valor), se destruye al Ejército. Y el Ejército se destruye también cuando su máximo responsable está al vaivén de las circunstancias políticas y no exige que se respeten los valores que el Ejército ha jurado defender hasta con la propia vida si ello es necesario.

Esto NO se puede consentir


Ya se sabe que los españoles (incluyendo a Marc Palacios Manuel) hablamos muy alto, muy fuerte y muy duro. Es algo que en nuestra cultura se admite. Porque, ¿cuántas veces hemos oído a una madre decirle a su hijo «¡Te voy a matar!» cuando se enfada con él y no pasa nada? Ahora bien, las imágenes hablan por sí solas. No se puede consentir, no se puede dejar impune a un «señor» que amenaza de muerte a otro simplemente porque sus ideas políticas difieren. Ahí se ve el crédito que entre los independentistas tiene la democracia. Para ellos, la democracia sólo existe para socavarla desde dentro.

Y lo siento por mi amigo Daniel, que me decía no hace muchas fechas que no tenía que avergonzarme yo de sentirme catalán. Ante estos hechos, todavía me avergüenzo más de serlo. Los políticos han dejado el seny en casa, maniatado y amordazado. Veinte años de dictadura nacionalista han servido para que la gente «no se meta en política» y asista indiferente a este espectáculo denigrante cuyo protagonista es un inmigrante de primera o segunda generación que tiene que hacerse perdonar su «origen impuro».

Dudo mucho que lo expulsen de su partido, pero por esta vez, concederé a ERC el beneficio de la duda. Si lo expulsan, quizá todavía crean en la democracia, aunque sea un poco, que pueden hacernos pensar que son independentistas pero no salvajes. Y si no lo expulsan quedará demostrado bien a las claras el respeto que tienen por las ideas de los demás. Como ocurría en la RDA. O en Polonia (la de verdad). O en Rusia.

Galescola rima con ikastola

¿Quién iba a decir que los gallegos, con su variante de «nacionalismo tranquilo» (falar galego formaba parte de la normalidad y podía convivir perfectamente y sin fricciones con el hablar castellano) hayan escogido la senda de la histeria a la catalana o a la vasca? Todo fue salir O Abuelo de la poltrona y empezarse a cocer estos desaguisados. Que sí, que Fraga tal vez llevaba demasiado tiempo en la silla presidencial y que tal vez no era malo un cambio de aires (pero «veinte años no es nada», que dice Gardel). Los nubarrones no se hicieron esperar en cuanto la coalición «de progreso» ganó las últimas elecciones.

Y así como en Baleares, gracias al Pacte dels Pobrets (huy, no: se dice de Progrés), han recuperado la cabra autóctona, en Galicia, con el Pacto dos Pobriños, ese monstruo bicéfalo que gobierna las dulces terras galegas, están «recuperando» el tiempo supuestamente perdido tras veinte años de gobierno del PP. Y ahora está resultando también que son más nacionalistas que nadie y que quieren formar nacionalistas desde la cuna. Han «aprendido» la lección vasco-catalana y si antes resulta que quien no quería o no podía falar galego seguía siendo un gallego más, hoy resulta que es «un enfermo», merecedor además de tratamiento de choque.

Me imagino que para este cambio tan brutal han servido las amistades que Anxo Quintana ha cosechado en esa cosa llamada «Galeuscat». No es difícil ver la mano de Spock Ibarretxe o de Mas, que parece salido de Shrek (sí, es el príncipe encantador, ése a quien su mamaíta Pujol no ha conseguido sentar en la poltrona de la Generalitat) en algunas iniciativas del verdadero Presidente de la Xunta.

Mientras tanto, ¿es casualidad, coincidencia o acción del enemigo? Aparecen grupos radicales de extrema izquierda a quienes no les importa montar un cirio con tal de mandar. La seguridad ciudadana se va por el retrete, algo que en Cataluña viene ocurriendo hace tiempo con los que discrepan en voz alta del discurso oficial. Vamos, que al lado de éstos de ahora, los miembros del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe eran unos aprendices, a pesar de haber colocado unos explosivos en la casa de Fraga de Perbes.

Y ahora, por fin, la guinda: un señor pretende que os nosos filliños aprendan el Fogar de Breogán a la tierna edad de… 0 años. Bueno, que te dan tres; pero como a los tres años el niño no lo haya aprendido, prepárate para que la criatura sea tratada como una enferma y que le administren tratamiento de choque. Claro, eso es lo primero y principal: que os nenos aprendan a amar la terra galega a golpe de himno. Y de paso, que aprendan también que la naiciña de los gallegos buenos es Galiza (eso de «Galicia» sólo lo dicen os bobos do cu como Francisco Vázquez y los del PP, claro)

Después, cuando crezcan un poco —pero no demasiado— se les explica que más abajo del Tuy está la tierra prometida de los gallegos buenos, o séase, Portugal. Tierra de la que se separaron en 1385, volvieron a unirse en 1580 y se separaron definitivamente en 1640. Claro, ellos no pueden decir Galiza Sur como los vascos dicen Euskadi Sur o los catalanes podríamos decir Catalunya Sud refiriéndonos a Valencia, porque Portugal es nación independiente y soberana. No. Los independentistas gallegos, que como se sabe, no se sabe si suben o si bajan, quieren en realidad cambiar de naiciña. Quieren ser portugueses. El problema es que a éstos ya les cayó de la patada que Saramago, ese gurú progre, propusiera una reedición del Pacto Ibérico, así que tampoco es probable que quieran completar su vista al Atlántico llegando a la Costa de Morte.

Por otro lado, Galiza padecerá siempre de espacio vital. Hacia abajo ya hemos visto que no puede ser. Más al Norte y al Oeste tienen o ancho mar. ¿Y al Este? Bueno, la cosa se pone espesa: al Este tenemos a Asturias, que arrogantemente dice «Esto es España y lo demás, tierra conquistada». Y que aunque son tan celtas como los gallegos, los asturianos les miran por encima del hombro. De hecho, posiblemente la única forma de que un gallego y un asturiano confraternicen sea a través de una buena ronda de cerveza. Eso sí, sería difícil saber quién la iba a pagar… El caso es que por el Este la cosa está cerrada; y si algún día las huestes de Anxo Quintana pretendiesen comer terreno a Asturias, no es difícil imaginar que éstos contraatacarían al son de la Busindre Reel de Hevia.

Con estas hebras no es difícil imaginar que Anxo Quintana cree un problema para dentro de veinte años. Jóvenes a quienes se les habrá explicado el mito de Galiza y que tarde o temprano estarán dispuestos a dar su vida (y sobre todo la de los demás) por esa supuesta patria nacida de la imaginación calenturienta de los Beiras y compañía. Y que a diferencia de sus colegas vascos o catalanes, pondrán bombas para integrarse. Ya lo decían Os Resentidos hace veinte años: «Galicia, sitio distinto». El caso es poner bombas y no ser menos que los independentistas catalanes o vascos. Oruxo de Porriño, queimada de Monforte y lacón do Ferrol: no hay nada mejor bajo el sol.

Eso sí. Que vigile mucho Anxo Quintana, que como se pase de la raya y empiece a brillar más que Zapo, éste le echará meigallo y entonces ya se puede retirar. Y no le salvarán ni las meigas ni la Santa Compaña, pobriño…

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