Campanudos

Muy campanudos se van a poner algunos el resto de la semana con el XL aniversario de las primeras elecciones libres que en España hubo. Pero no se llamen a engaño: muchas de esas personas defienden únicamente su trozo de pan o el que se comieron en aquellos entonces si ya tienen una edad provecta. En lo que a mí respecta, disculpen que no me apunte a los fastos oficiales.

Quizá lo único bueno de aquel año 1977 fue el hecho de que se había acabado con el franquismo y sus posibles continuaciones sin disparar un solo tiro. Y que a partir de ahí, sólo quedaba la ilusión de empezar de cero, porque en España, en materia política, estaba todo por hacer. El pacto entre las élites franquistas y las izquierdas que volvieron con el bagaje de «cien años de honradez… y cuarenta de vacaciones» es lo que posibilitó aquel «tiempo nuevo», que dicen hoy los pedantes.

A este respecto les recomendaría un libro, que no es una enmienda a la totalidad del régimen del 78 sino un listado bastante completo de sus vicios y defectos ab origine, que no todo el mundo se ha entretenido en enumerar: España sin democracia, del profesor Jesús Neira Rodríguez. Un profesor de Ciencias Políticas aclamado primero como un héroe por intentar defender a una señorita de los presuntos tortazos de su novio y que por ello recibió una paliza que lo mandó al hospital… y luego apuñalado de la forma más vil porque con su quehacer público molestó a tirios y troyanos. Los que manejaban los hilos empezaron a decir: «O nos quitamos a éste de encima o nos desmonta la barraca». Y lo apartaron de un plumazo. Aquí tienen un resumen de los principales temas del libro si quieren una previsualización, que se dice ahora.

Yo terminé de leer ese libro y quedé muy escéptico de todo lo que nos han vendido estos años. De hecho y para mí, el símbolo más claro de que hay un conjunto de manejos que sostienen la tramoya fue la abdicación por la puerta de atrás del Rey emérito, el 2 de junio de 2014. Los high five del régimen decidieron que, por sus pifias y su imagen deteriorada, ya no les servía de pantalla. Y se lo quitaron también de un plumazo, poniendo en su lugar al rey actual; sí, a ése que muchos con sorna llaman El Preparao y que, de momento y que se sepa, no se ha salido del papel institucional que le marca la Constitución.

Yo sigo en mis trece y sigo enunciando mi tesis. La democracia que tuvimos en España duró apenas cuatro años: los que van desde la fecha que conmemoramos hoy hasta el 23-F, que hoy sabemos que fue un real artilugio para limpiar de fascistas y nostálgicos del franquismo las FAS (luego Serra el Grande redondeó la faena). Después ya vino Felipe González y la casta política se afanó en construir el mecanismo de saqueo organizado del Estado y la colonización del frondoso árbol de la Administración añadiendo el ramaje autonómico. Ya no quedó tiempo para la nostalgia: élites nacionales, regionales, locales… todas al mismo son:


Quizá quienes tengan algo que celebrar hoy son los que chuparon y chupan del bote. Los demás, acaso lamentar que hoy hace cuarenta años hubo la oportunidad de crear una democracia verdadera y se desaprovechó miserablemente, tanto por intereses de dentro como de fuera del país.

20 de abril (y II)

Continuando con la entrada anterior, podríamos remedar el comunicado que el 1 de abril de 1939 Franco hizo circular para decir que la guerra había terminado…


Situémonos ahora en el día 24 de abril de 2017 y digamos algo parecido a esto: «En el día de hoy, cautivas y desarmadas las fuerzas liberales y conservadoras, la facción progresista ha alcanzado sus últimos objetivos militares. LA GUERRA HA TERMINADO. El Presidente, Rajoy».

En esta fecha, hace unos días ya, veíamos cómo Esperanza Aguirre dimitía de todo o, más bien, de lo único que le quedaba: de concejala del Ayuntamiento de Madrid y, sobre todo de su posición de icono de cierta derecha que ahora mismo está replegada o lleva huyendo en desbandada por lo menos desde 2012 (desde que Esperanza dimitió como Presidenta de la CAM).

Como dice el anuncio, «permítanme que insista». Un servidor no termina de entender que, después de tantos avisos, Esperanza Aguirre se negara absolutamente a dar oídos a quienes le hablaban de las pifias de Paquito Granados o Nachete González, y a investigar siquiera un poquito. Consecuencia de lo cual, puede que en el gran juicio final del caso Lezo (vergüenza tendría que darle al policía que bautizó ese caso de delincuencia de cuello blanco con el nombre de uno de nuestros más insignes marinos. A nuestros cargos políticos y altos cargos funcionariales no se les caen los anillos al suelo por enmierdar la memoria de nuestros héroes), puede que no estén todos los que son.

De cualquier modo y a toro pasado, parece una estrategia de manual de cómo llevarse por delante a un rival o a un subordinado molesto:

a) Si es un corrupto, bastará con sacarle alguna pifia. Que es lo que intentaron al hacer pública la declaración de la renta de Aguirre: la campaña de descrédito, el mismo instrumento que usaron exitosamente contra María San Gil. No tanto con Esperanza, porque pese a las zancadillas de su propio partido salió de jefa de la oposición municipal (relegarla a la arena municipal ya fue un golpe duro). Del descubrimiento y revelación de secretos (197 CP) que se hubiera podido imputar al que facilitó la declaración de la renta nunca más se supo.

b) Si no lo es, hay que rodearle de corruptos y luego sacar las pifias de éstos. Se ha ido tirando del hilo y ha resultado que la única que —en principio— no estaba pringada era ella. Les ha quedado el consuelo de que ella reconociese, llorosa, su culpa in vigilando. Pero por encima de todo, consiguieron visibilizar su situación como insostenible y aún otra cosa: que saliera vergonzosamente por la puerta de atrás. «De cine», que hubiera podido decir Mauricio Casals.

La guerra ha terminado. Muy bien. ¿Qué es lo que queda en pie en el PP de Madrid, una vez laminado todo vestigio de la época de Aznar? Poco. Un PP genuflexo ante los postulados del vacío progresismo socialdemócrata, hacia el cual camina con acrisolado fervor y esforzado denuedo. Si es que uno ni sabe por qué lo siguen llamando «la derecha», cuando todo lo que oliese a «derechismo» ha sido barrido completamente (llevaban desde 2008 en ello y ya por fin lo han conseguido). Que Pedro Sánchez y otros en la pesoe hablen aún de «hay que ganar a la derecha» sólo puede significar dos cosas: o que son estúpidos o que toman por estúpidos a quienes les dan oídos.

Para quien quiera entenderlo: lo que ha ocurrido en Madrid, además de una emocionante escena de liquidación política de una persona, ha sido la visibilización del hecho de que la distinción izquierda/derecha ha saltado por los aires. Rajoy ha conseguido que hasta un troll desorejado como Ruby Marmolejo se plantee seriamente votarle, en caso de que condescendiera a leer su programa.

Hoy el PP y especialmente el de Madrid «progresa adecuadamente» hacia la ruina política. De entrada, por algo tan «fascista» como impedir que unos ciudadanos se manifiesten contra la ideología de género montados en un autobús. Y por otras leyes que han aprobado que, a quienes votamos al que en otro tiempo fue el partido que nos representaba, nos hiela la sangre. Eso sí, con el marchamo de calidad LGTB, que hoy es lo que parece preocuparle a Cifuentes y por ende, a Génova 13.

La desgracia de España es que nos gobiernan políticos, mientras que los estadistas batuecos piensan, idean y planifican contra España.

Lo que el ruido esconde (III)

Sigue la relación. Ya tenemos formado el Gobierno, el Gobierno «del diálogo y del talante», así que ahora se disponen a ¿gobernar? La rueda de las noticias, importantes o intrascendentes, no se para y lo primero que ha hecho el nuevo Gobierno es subirnos los impuestos schon wieder. Claro que no lo hace por fiestas, sino con efectos del mes que viene, para cuadrarlo con el debate de presupuestos que tendrá lugar en febrero. Montoro se frota las manos, además, con las percepciones por la derogación de la cláusula-suelo, que ha tenido que venir de Europa porque aquí nadie se atreve a toser al sistema bancario. Nota para los que dicen que no hubo rescate: es verdad, no hubo rescate. Pero para los bancos sí lo hubo. Se dejó caer a las familias, pero a los bancos, ¡Dios nos libre de que un banco quiebre! Con el agravante de las indemnizaciones que algunos banqueros se otorgaron a sí mismos antes de largarse a su casa y que después nadie les ha reclamado. Y tocan, prácticamente, todos los impuestos.

Otra más. Ayer tocó el Gordo y no sólo al Partido Comunista. Ya sé que no ocurrirá —el soviet dominante allí lo va a impedir—, pero estaría bien que TVE o bien emitiera o bien repusiera la película o capítulo de serie de Don Camillo, el socarrón personaje de Giovanni Guareschi, para recordarnos qué le pasó a Peppone, el alcalde comunista, cuando le tocó la lotería. Donde también tocó la lotería es en Barcelona y a los indepens. Más dinero para Cataluña en la lotería del FLA. Los indepens, revoltosos, y el Gobierno, que quiere la fiesta en paz. Más estructures d’Estat para Cataluña, mientras el Gobierno, con el dinero de todos los españoles, paga simplemente para que se vayan el año que viene, no éste, que no les viene bien. Un servidor se imagina que en algún momento la fiesta del dinero habrá de terminar, bien porque no haya más dinero, bien porque no quede más paciencia. Pero, por lo visto y mientras tanto, ¡viva la Nicolasa!, que nos permite vivir tan de puta madre del país veí y sin consecuencia alguna. Supongo que Llanos de Luna se habrá quedado bien descansada después de estar partiéndose la cara con los indepens sin haber recibido apoyo alguno del Gobierno, ni expreso, ni tácito, ni presunto porque éste aplicaba la doctrina Bermejo: cuando la jugada lo aconseje, que en el caso de los indepens es nunca. Lo dicho: ¡viva la Nicolasa!

Y la última, que no es ninguna bomba sino algo más o menos esperado. José María Aznar, que fundó el PP de las cenizas de AP, echa el cierre. Deja de ser Presidente de Deshonor del partido que antes se llamó PP y ahora se llama «PMR» (Partido de Mariano Rajoy). De Mariano Rajoy abajo, muchos le deben todo lo que son; pero en política las lealtades son volátiles y ahora lo que toca es seguir a otro líder. La transformación del PP en un partido socialdemócrata (hoy uno puede votar al PMR o al PSOE indistintamente y sin despeinarse) tras echar a la base conservadora católica y a los liberales anunciada en Alcoy en 2008 y cuya unión consiguió Aznar en 1996, es hoy completa. No hay más que ver a especímenes como Cifuentes, Andrea Levy o Maroto el de la moto. Suena como aquello de: «En el día de hoy, cautiva y desarmada la oposición liberal-conservadora, han alcanzado las huestes marianescas sus últimos objetivos políticos. La oposición a Mariano Rajoy ha terminado».

Feliz Año Nuevo a todos… y que Dios y Montoro nos cojan confesados.

Lo que el ruido esconde (II)

Sigo contándoles. Les decía que este ruido mediático ha servido para que Mariano vuelva a ser presidente de las atribuladas Batuecas, con una minoría vergonzante —le importa poco, con tal de ser él quien vaya al frente del desfile—. Nos hemos ido enterando de lo que tramaban mientras nosotros estábamos mirando hacia otro lado. Para lo que nos importa ahora, hay unos cuantos cambios remarcables. Veamos…

Cambio número uno: en Exteriores han puesto a un señor (Alfonso Dastis) que es diplomático de carrera. Parece lógico que el Ministro entienda de su parcela y que no sea como en aquel diálogo de la película De camisa vieja a chaqueta nueva (inencontrable hoy porque retrata demasiado bien a unos cuantos prohombres de la cosa pública que han sido y algunos aún son. Ríanse de la censura franquista): «Te han nombrado Director General para Orense de la cosa forestal». «¿Y eso de qué va?». «Ya te irás enterando». Pero es de agradecer que al frente del Ministerio haya un señor que haga poco ruido, tras el pirómano que le ha precedido. Aunque en Barcelona estuvieran encantados con él.

Cambio número dos: En Defensa han cambiado de titular. Morenés sale como embajador. Si fuera por los servicios prestados a la Nación en general y a las Fuerzas Armadas en particular, se hubiera merecido un consulado en Nueva Guinea. Pero ser amiguete de Mariano le ha valido la codiciadísima e importante Embajada en los USA. No tenemos noticia de su pericia diplomática, pero bueno: los amigos están para hacerse favores… no necesariamente mutuos, como hubiera dicho Tom Highway.

A cambio, han ganado de ministra a Mª Dolores de Cospedal. No se conoce que la flamante ministra de la cosa militar pueda exhibir tradición castrense alguna: su tradición es más bien la de cobrar mucho de muchos sitios a la vez. Por lo demás, que la hayan metido en Defensa, en estos tristes tiempos para la cosa militar, suena a castigo. Quizá por no compaginar bien la Secretaría General del Partido con la Presidencia en Castilla-La Mancha durante la legislatura de la mayoría absoluta (hubiera sido deseable sólo uno de los cargos; pero conociendo su tradición…).

Cambio número 3: Le han quitado a Montoro la parcela de «Administraciones Públicas (hoy «Territoriales»)» y se la han dado a Soraya. Se conoce que a Montoro tanta concentración de poder no le ha sentado bien y por eso a Soraya, sin quitarle la Vicepresidencia, le dan poder sobre todos los funcionarios públicos. Pero lo curioso es que Soraya, ni corta ni perezosa, se ha montado un despacho en Barcelona, cerca de la Delegación del Gobierno, en la que también hay cambios: sale Llanos de Luna, que se ha partido la cara con los revoltosos del Govern, y entra el ex-UDC Enric No-passa-res Millo. Quizá por esa condición de ex de Duran i Lleida —de quien nunca se supo del todo a qué jugaba— quiere vigilarlo más de cerca Soraya.

Ha habido otros cambios menores: así, a Álvaro Nadal le han dado Turismo y Agenda Digital, cualquier cosa que la «Agenda Digital» sea. La cosa es que a Nadal le han dado un Ministerio «porque no podían no dárselo, después de todo lo que ha trabajado en la Oficina Económica» y tal. Ah, y también porque al ser el único de todo el Gobierno que habla alemán, es el único también que puede entenderse, de buenas o a cara de perro con Merkel o Schäuble.

Y finalmente, el gran triunfo de los LGTBI: Dolors Montserrat, menestra de Sanitat i Consum, que lo es porque los LGTBI le han dado el visto bueno. En Sanidad no tiene que hacer nada, porque prácticamente todo está transferido (gracias, Ernest Lluch); y otro tanto se diga de Consumo. Se preguntarán ustedes: «Y si está todo transferido, ¿para qué queremos un Ministerio de Sanidad?». Pues porque desde los tiempos de la Bibiana queda el chiringuito de la Igualdad a nivel nacional. Y para facilitar el cambio de sexo en toda España, y la «visibilización» de los sesenta géneros presuntamente existentes y otras locuras de la agenda LGTBI (eso es una «agenda» y no esa chorrada de la «Agenda Digital»).

Me concederán ustedes que para esto hacía falta todo este tiempo. Pero no queda aquí la cosa, que va. En la próxima entrada seguimos.

Lo que el ruido esconde (I)

Sepan ustedes en esta democracia de baja intensidad que padecemos hay algo que es de muchísima utilidad. Se llama ruido mediático y sirve a los Gobiernos, como el nuestro, que controlan el flujo de información que discurre por los canales del país. Ahora mismo acabamos de tener una demostración excelsa del uso de ese ruido mediático. Llevamos desde la debacle socialista y las elecciones USA con ese ruido: Trump-Trump-Trump en una sola dirección (qué malo es, es el demonio, nos va a meter en la tercera guerra mundial): diarios, tertulias televisivas, radiofónicas… Un empacho, vamos. Ya dijimos en su momento que donde más importa Trump es en los USA, no aquí; pero quiá: vox clamans.

Luego, se ha muerto Fidel Castro. Otra vez el chumba-chumba mediático, igualmente unidireccional: se nos ha muerto el líder, la revolución, las plañideras… Más ruido mediático. Si a usted, señor, no le gusta la política siempre le quedara el fúrbo con la última ventosidad genialidad de algún astro del mundillo. Y si a usted, señora, no le gusta ni la política ni el fúrbo, podrá disfrutar de las noticias sobre la Pantoja, que por fin ha salido de la trena: el concierto, el disco, la polémica… O de los problemas de algún famosillo de medio pelo con algún exnovio o exnovia. Vamos, que han tenido ustedes dónde elegir.

El caso es que en este tiempo nuestros politicuchos no han perdido el tiempo, valga la redundancia. Les ha ido muy bien que la prensa (a la que en buena parte tienen comprada o acojonada) no les echara un ojo. Mientras todos miraban a otra parte, Mariano se las ha arreglado para ser presidente de nuevo, aunque con una minoría vergonzante. Por eso repetían tanto lo de «Esh la legishlatura del diálogo». A juzgar por cómo van a ir las cosas, «del diálogo y del talante», porque gobernar en minoría sólo para no ir a unas terceras elecciones es lo que tiene: no llevas a cabo tu programa político —en el caso de que tengas uno y le concedas algún valor—, sino el de tu socio, que puede vetar todo lo que no le guste. Pero de eso hablaremos en la entrada siguiente.

Sic transit


Ha muerto Rita Barberá de repente y nadie sabe cómo ha sido. Pero no se crean que esta entrada vaya a ser un panegírico a su memoria. Eso lo dejo a su familia y a aquellos que la conocieron bien. Lo que me interesa destacar aquí son los hechos, hasta donde uno puede tener conocimiento de ellos; y sobre todo, las reacciones, algunas muy llamativas.

De entrada y como dicen los pedantes que usan un extranjerismo para tapar su nulo dominio del español, hay que poner en valor (fíjense el trecho que va de put in value a considerar) los 24 años que Rita Barberá estuvo al frente del Ayuntamiento de Valencia. La ciudad de Valencia, para bien o para mal, es lo que es hoy gracias a Rita Barberá. Que la izquierda troglodita que hoy gobierna allí no lo quiera reconocer… bueno, es como no reconocer que un señor que estuvo 39 años en el poder no dejó una huella profunda en la nación que dirigió y llamar a su mandato «los llamados años». Igualito que Fernando VII respecto del trienio constitucional-masónico.

Pero nuestra izquierda es así: no le importa darse de puñetazos con la realidad. Y tampoco con la coherencia. De hecho, si tanto tienen que criticar a la difunta, ¿por qué no se largaron de Valencia mientras ella fue alcaldesa? Es el mismo reproche que se les puede hacer a los comunistas cuando empiezan con su discursito —que ya hiede— de «España-mierda–de-país». ¿Por qué no se largan de una vez a Cuba o Venezuela, esos paraísos cuyas alabanzas cantan sin cesar? Los Baldoví, el valencià de Terrassa Joan Ribó, los Ximo Puig… ¿qué hacen que no se fueron de Valencia mientras Rita iba ganando todas las elecciones y todos los candidatos de la oposición se estrellaban contra ella?

No obstante, el ejercicio más impresionante de hipocresía al que hemos asistido en estas últimas horas es el de sus excompañeros de partido. Los que por 50.000 euros blanqueados —en su propio partido hay gentuza que ha robado mucho más— la defenestraron hoy ponían cara de felpudo doliente y decían con voz campanuda «el Partido fue su vida». Y su muerte, podríamos decir. Es de vergüenza. Si por Rita Barberá se ponen así de estupendos, ¿qué no harán por Francisco Granados o Francisco Correa cuando la parca llame a su puerta?

Quizá sea por eso que la familia ha prohibido expresamente la asistencia de políticos al funeral. Y muy especialmente a Mariano Rajoy, que ha visto cómo se le escapaba la ocasión de hacerse la foto, vicio en el que caen los políticos tan a menudo. «¿Cómo? ¿Que no me dejan ashishtir al entierro de Rita? Pero shi le debo todo lo que shoy deshde 2007… Desagradecidosh, deshpuésh de haberla blindado como shenadora…».

El numerito de los de Pablenin boys es para recordar el dicho español de le dijo la sartén al cazo. Se invisten de una impostada superioridad moral y pretenden que nos olvidemos de dónde salen sus dineros y las pifias que han perpetrado algunos, perteneciendo a Podemos o incluso antes de pertenecer a esa formación. Y luego, para que Ana Pastor simplemente los echara del hemiciclo. Pero claro que no: ¿con quién iba a coleguear Mariano si la Presidenta del Congreso echa a sus coleguitas?

Pero lo más «interesante» de este asunto es lo conveniente que ha resultado su muerte. Ateniéndonos al dicho «en política las casualidades no existen» y según el grado de maquiavelismo alcanzado en la política nacional, imagínense ustedes. Cospedal podría pasar de «profeta» a «sospechosa» sólo por haber dicho hace nueve meses que, «con el acoso que está sufriendo, Rita Barberá podría morir de un ataque al corazón». Demos un paso más en nuestra imaginación e imaginemos que Rita Barberá, ante los desplantes, el desprecio y el ninguneo «por orden superior» de sus antiguos compañeros de partido, hubiera tomado la decisión de tirar de la manta, expresión de moda en los Juzgados y Tribunales. No era una persona que le arredrase cualquier cosa y, tal vez, sintiendo que no tenía nada que perder, era el petardo que le quedaba para poder decir: «Yo he hecho cosas feas, pero éstos que voy a decir, mucho más». Y antes de que lo diga, ¡zas! Un muy conveniente ataque al corazón se la lleva por delante. Entre todo lo que puede haber sentido Mariano seguro que no falta el alivio.

Y luego, lo de siempre: los que ponen cara de felpudo doliente habiendo ordenado su ostracismo, los que montan el numerito… El follón es impresionante y nadie sabe muy bien qué ha ocurrido. Pero como todo el mundo estaba pendiente de Trump-Trump-Trump y aquí, en esta última semana, del primer concierto de la Pantoja después de salir de la trena (otra que por mucho menos que otros ha pringado mucho más), los detalles del asunto pasan desapercibidos. Como lo del extraño robo de información en la Red Floridablanca (mi convicción personal es que fueron los chicos de Soraya, tan eficientes ellos). Total, que al final unas noticias como ésta o ésta no importan a nadie. Mucho menos aún los propósitos del nuevo Gobierno. Ya saben que el Gobierno sólo dice la verdad cuando ha de dar malas noticias. Y como mal rollito ya lo tienen o en el trabajo o en su casa, sólo quieren la diversión y el entretenimiento completo por el que clamaba Beatty, de Fahrenheit 451.

Dejen que ponga una nota final de insolidaridad. Rita Barberá era lesbiana y toda Valencia lo sabía. Nada tendría eso de particular si no fuera porque no tenemos noticia de que ningún colectivo LGTBI (Arcopoli y similares) ha manifestado condolencia alguna por el deceso. Resulta que si no eres «de izquierdas» no eres «de los suyos». Ni siquiera entre ellos son capaces de mostrarse piedad.

En cualquier caso y dado que somos católicos, descanse en paz Rita Barberá i Déu l’hagi perdonada

Actualización

Vean ustedes la prueba del trato que dispensó el PP a su ex-militante. Es como esos anuncios de crecepelo de «antes y después», si bien aquí el protagonista es el Hernando malo (el otro, Antonio, es el «peor»)…

España, año mil (y II)

Pero lo más sorprendente es lo que está ocurriendo en Aragón. Los ¿representantes? De los oscenses, zaragozanos y turolenses han decidido que el catalán, sub specie «fabla», tiene un lugar en la oficialidad lingüística de Aragón. Se produce aquí una extraña —o no— confluencia de conceptos: por un lado, el lebensraum nacional-socialista, travestido en domini lingüístic; por otro, el expansionismo nacional-catalanista, traducido en la «recuperación» del territorio de la mal llamada Corona catalanoaragonesa, cuyo fundamento es además económico, como hemos explicado alguna vez en este blog y que, en lo que importa, recuperaremos aquí.

Los separatistas (llamemos a las cosas por su nombre y dejémonos de pamplinas de “nacionalistas” o “independentistas”) catalanes saben de sobra que ells sols no van a ninguna parte. De la tradicional fortaleza del textil catalán, con sus aranceles proteccionistas y demás, ya no queda prácticamente nada: la mayor parte de empresas están desaparecidas o deslocalizadas en Marruecos, donde por la mitad que en Terrassa se trabaja el doble que allí —gracias al cònsol Àngel Colom, el gegant del PI—. Les mançanes lleidatanes, si alguna vez se despiertan los andaluces del soPERífero régimen socialista, ya se las pueden ir comiendo en Almatret y Camarasa. Las avellanas turcas sustituyen en precio —aunque no en calidad— a las de les Terres de l’Ebre. Y el fuet de Girona, aun siendo original, lo mismo no resiste la competencia de otros embutidos castellanos. Vamos que ni fent país sale la cosa adelante. Por el contrario, una Grosskatalonien que incluyera la rica huerta valenciana con su potencial turístico, el igualmente potente turismo balear y, por lo que se ve ahora, la rica gastronomía aragonesa, igual podría salir adelante.

¿Dónde nos lleva eso? Bien, nos lleva a partir España en unos cuantos cachos. Como recogimos en nuestra entrada «Castilla, la gran olvidada», si dejamos que se formen los cachos catalán y vasco, dejamos también a su aire a los cachos castellanos, que tendrán más motivos para reunirse si quieren sobrevivir: las dos Castillas, Madrid y Santander. Está claro que ninguno de los presidentes autonómicos quiere saber nada de los demás; pero así fue cómo un enemigo externo, que lleva tiempo infiltrándose en España, llegó a hacerse con toda ella.

Poco a poco vamos llegando a la razón de mi titular. Puestas así las cosas, sigamos con la invención. Imaginemos que tenemos unos gobernantes memos que no hacen nada por atajar ese peligro debido a sus intereses personales, que son lo único que les interesa. Pongamos que hay personas que mueven hilos para, desde dentro, romper la resistencia moral y espiritual a ese enemigo externo. Pongamos que ese enemigo externo crece en número porque se le deja y porque en España, como democracia —depauperada, pero democracia al fin y al cabo— cuentan los votos, es decir, el número. Quisiera equivocarme, pero si no se hace nada al respecto, seguro que acabaremos como en el año 1000: la frontera española, en el Tajo; y los españoles (o lo que quede de ello después de su destrucción), mandando cien doncellas a Sevilla para solaz y disfrute de los moros ricos. Preferentemente, niñas, como se sabe y no se quiere mirar en las atrocidades del IS.

Pero a nadie le importa esto. La mayoría cree que cuando pase esto —ante lo cual no habrán hecho nada— criarán malvas y se cumplirá el españolísimo refrán el que venga detrás que se joda. Claro que a lo mejor esos optimistas se llevan una sorpresa.

España, año mil (I)

Aún desde la lejanía germánica sigo la actualidad española con inquietud. Quizá alguno piense que me estoy repitiendo en ciertas entradas; pero la actualidad, vista desde lejos, no deja lugar a muchas invenciones y puede que a ésta que les voy a proponer tampoco. Pero vamos a ello.

Desde hace algún tiempo vengo observando que existen fuerzas que quieren descomponer España. Ya no sé si son “internas” o “externas”. Lo que sí recuerdo es que Heinrich Kissinger, un señor más malo que la tiña, le dijo a Carrero Blanco que «España, cuando es importante, es peligrosa». Carrero se opuso a esa declaración en un momento en que, si las cosas hubieran ido de otro modo, España podría haber acabado teniendo su propio programa nuclear; y Carrero, a través de la subcontrata de ETA, voló por los aires.

Sea como sea, la entrada de España en un “nuevo tiempo”, de la mano del Rey —antes Juan Carlos I y hoy Campechano I—, supuso el inicio de la tensión sobre la cohesión territorial, especialmente desde Vascongadas y Cataluña. Justamente los más favorecidos por el antiguo Régimen se ponían a la cabeza de los agraviados. El sonsonete «Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia» fue el mantra de esa primera fase. Nadie quería que lo tildaran de «franquista» (a pesar de que buena parte de la clase política de todos los colores de entonces había entonado el Cara al sol con fervor renovado y en lo alto los luceros). El PNV negoció poniendo los muertos de ETA sobre la mesa y Cataluña el dinero (los entonces nacionalistas catalanes hicieron buena la frase la pela és la pela). Y UCD, que no quería revivir las tensiones de los años 30 que nos llevaron a la guerra civil, cedió. Y cedió. Y cedió. Y volvió a ceder, como los peces en el río.

Tras la fase del Estatut, conseguido éste (en Cataluña, en 1979), los entonces nacionalistas se dedicaron a otra cosa. Emulando a Stalin, podría decirse que se dedicaron a construir el nacionalismo en un solo país y en dos direcciones:

a) Hacia dentro, a través de la lengua y la cultura. Construyeron un discurso que los niños de hoy se saben de la primera a la última letra y que, años después, se sintetizaría en un eslogan que por desgracia haría fortuna: Espanya ens roba. Aunque todo empezó con aquello del fet diferencial, que es como decir: «Nosaltres no sóm espanyols» (lo que, a su vez, en cierto modo recuerda aquel verso de Al vent: «Nosaltres no sóm d’eixe món»). Que, además, haya censura y muerte civil en esas tierras es un accidente y un exotismo. O al menos eso piensan en Madrit.

b) Hacia fuera, a través primero de la queja continua e inconsolable; después, del previo pago para tener la fiesta en paz. Craso error de los Gobiernos centrales que en España han sido, pues eso al final se ha convertido en «Vamos a hacer que nuestra permanencia en el Estat Espanyol sea más cara que nuestra salida».

A partir de ahí se entiende toda la vesania fundamental que se ha ido inoculando en las distintas regiones de España, ante la que los Gobiernos centrales no han hecho absolutamente nada. Y cuando uno lee que hasta los andaluces (algunos de ellos, al menos) dicen querer la independencia, se da cuenta de lo lejos que se ha llegado al tensar la cuerda de la cohesión territorial anulando de paso la influencia de los Gobiernos centrales en los territorios autonómicos. Lo que en la práctica significa pasarse por donde yo les diga el art. 152.1 de la muerta.

Solas


Así de solas fueron al —o salieron del— Juzgado las señoritas a los que unos salvajes agredieron por haber montado una carpa en la ciudad. Su única compañía fueron los reporteros que cubrieron la noticia. ¿Ocurre esto en Minsk, o en Caracas, o en Pekín? No. Esto es Barcelona, nen. I què passa a Barcelona, nen? Pues pasa lo que pasa desde hace años sin que importe demasiado el color del Govern. Que a aquellos que tienen la osadía de sentirse orgullosos de pertenecer a la puta Espanya los machacan de todas las formas posibles. En el caso presente no fue necesario que todo un pueblo se echara encima de ellas, como ocurrió con una familia que pretendió escolarizar a su hijo en español (concretamente, en Molerussa, territorio tradicionalmente CiU). Bastó con que cinco brètols pegaran una patada a la paradeta —que hubiera dicho el recordado Josep Maria Bachs— y atizaran a las señoritas dejándolas com un sant Crist.

Naturalmente, han ido al juzgado a presentar la correspondiente denuncia. Pero no las ha acompañado nadie. Estaban todos muy ocupats preparando el inicio de la campaña electoral. Ahí está  García Albiol, que uno no sabe si es que no le dejan decir lo que le gustaría decir o es que tiene otras preocupaciones: alt com un Sant Pau, ni está, ni se le espera. No fuera a ser que los brètols de siempre volviesen a pintarrajear y a apedrear las sedes del PP. Muts i a la gàbia. Y no quiero hacer más sangre con un partido que lleva años de gangrena catalana.

Lo de Ciudadanos tiene más delito. Siendo uno de sus puntos estrella en Cataluña la lucha contra la imposición nacionalista, ¿dónde coño estaba Inés Arrimadas, jefa de la oposición en el Parlament? ¿Preparándose para lucir palmito en la debata? En esto hay que reconocer que Dolores Agenjo, de quien ya hablamos en este blog, ha tenido igual suerte, aun siendo de C’s, que tiene fama de «cuidar de los suyos» en las lides separatistas. La soledad de estas señoritas es mayor, no obstante. No me consta que estas señoritas ostenten militancia alguna en alguno de los dos partidos citados, que son los únicos que defienden —sobre el papel— la españolidad de Cataluña. Por lo cual y dado que no eran de los suyos, C’s no ha considerado conveniente mostrarles su apoyo. Quizá cuando sólo estaban implantados en Cataluña podría haber habido algo de apoyo. Pero parece que ahora que son un partido nacional tienen otras miras.

De los hotros, ni qué decir tiene: el silencio será la norma. La go-gó del Baix Llobregat habrá pensado que ya tiene bastante con haberse entregado con armas y bagajes al prusés —lo que, incomprensiblemente, no ha movido a Pdr Snchz a ponerle firmes—. Se conoce que la enorme bandera española que mostró en cierto discurso no fue más que una boutade destinada a tranquilizar a la vieja guardia (y evitar que el voto socialista se escapara a C’s) que otra cosa. Perder aceite es lo que tiene. Sólo falta que salga Montilla a decir lo de «son casos aislados, chiquilladas que no merecen mayor atención».

Curiosamente, las feminazis tampoco han salido en defensa de estas señoritas. Debe ser que, como son fachas, está muy bien que les enseñen que no pueden ir por la calle con la bandera española y orgullosas de ello. Lo de siempre: si no eres de ellos, no eres mujer «de verdad» o gay «de verdad». No tienes derechos, eres una «no-persona» y te pueden partir la cara en la calle sin más.

No tengo idea de cómo irán las cosas en el juzgado. Desearía que detuviesen a los cinco brètols y se les aplicara el Código Penal cual corresponde en estos casos. Lamentablemente, la iniquidad empieza en el hecho de que para los Mossos los hechos sólo constituyeron un delito leve de lesiones. O sea, poco más que un tortazo. Luego falta que un juez bien aleccionado no los condene porque es la primera vez y no tienen antecedentes.

Pero el silencio más atronador es el de la Selección. Sí, ésa Selección a causa de la cual a esas señoritas les han partido la cara. Parece ser que el Marquès Del Bosc no ha considerado oportuno pronunciarse. Y que algunos jugadores tienen problemas más importantes que ése, explicados aquí y aquí.

Resulta una ironía sangrienta que al mismo tiempo que ocurren estos hechos, salga Sergio Ramos con esta gilipollez:

Hubiera sido preferible que Ramos hubiera mostrado como mínimo solidaridad con esas señoritas, ya que clamorosamente ha faltado la de los políticos, la de plumillas deportivos de medio pelo bienpagaos y poco dispuestos a meterse en líos. Y, por supuesto, la de muchos patrioteros de golpecitos de pecho y puñetazo en la barra del bar. Aparte de que si Ramos se muere, ya no podrá seguir cobrando el sueldazo que le pagan por dar patadas a un balón en nombre de España. Así está el patio.

Reitero mi solidaridad con estas señoritas y mi deseo de que los brètols que las agredieron sean convenientemente castigados. Aunque no doy por sentado que vaya a ocurrir así, quiero confiar en que, como decía Kant, es gibt noch Ritter in Spanien.

“Dignidad” ante la blasfemia (II)

Pero el cuadro más lamentable, naturalmente, no es el del hecho en sí. El cuadro más lamentable es el de las reacciones ante el hecho. Veamos.

La autora dice que «no quería ofender con su poema». Eso es como si a uno le dan un puñetazo y después, mientras a uno le sangra la nariz, le presentan excusas: «Perdona, no quería hacerte daño». O aún peor, como hace la izquierda paternalista y condescendiente, «es por tu bien». Todas las demás explicaciones que da la autora no son más que humo bioideológico feminista y poco más. Lo mollar del asunto es que se permitió con plena conciencia de lo que iba a suponer.

La flamante (o flamboyante) alcaldesa de Barcelona se agarra al manido argumento de la «libertad de expresión». Pero ya sabemos que la libertad de expresión, en el progrerío, es one-way: dicho pronto y muy mal, ellos pueden ofender impunemente tus sentimientos religiosos, pero tú, en respuesta, no te puedes cagar en ellos y en su puta madre. Por otra parte, como hemos dicho alguna vez en este blog mío y de ustedes y otros usuarios remarcan, el contexto es de ataque únicamente a la religión católica. No atacan a la religión judía (a los judíos sí, no obstante, por lo del «genocidio palestino») y menos aún a los musulmanes, respecto de los que ni siquiera levantaron la voz cuando se masacraban a los cristianos en Siria. Están muy presentes las imágenes de París, de los charlies y claro, «cuando las barbas de tu vecino veas quemar…». ¿Religión de paz? Aprendieron la lección.

Pero la reacción más interesante de todas fue la de Alberto Fernández Díaz. Al parecer, nada más oír los versos, se levantó y se fue. Una reacción valiente, sin duda. También la que se espera de los católicos: es decir, que no hagan nada. Si los católicos hubiéramos actuado como los musulmanes, un cura católico hubiera gritado un anathema sit! (el probable equivalente católico a la fatwa musulmana) y a esa ¿señora? cualquier creyente la hubiera podido matar donde la hubiera encontrado. Claro que una Asociación de Abogados Católicos va a interponer una querella contra ella y a lo mejor contra el Ayuntamiento también; pero es probable que la cosa quede en nada: una multa, que el Ayuntamiento pagará religiosamente y aquí paz y después gloria (la Justicia ya está bien aleccionada sobre ese particular).

Quizá el señor Fernández Díaz debería haber montado el escándalo él mismo y haber parado los pies a esa ¿señora? De la misma manera que a él un passerell (extranjero, para más inri) le impidió colocar una bandera española en el balcón de un Ayuntamiento español. Quizá así se vería que los católicos (y dentro de éstos, los del PP) no están muertos, ni acollonados. No hay apelaciones a la dignidad de la huida cuando se insultan no sólo los sentimientos religiosos de buena parte de los barceloneses, sino que a ello se añade la ofensa de pagar el hecho con dinero público (es decir, de todos). Seguramente, Fernández Díaz hubiera tenido que tragarse los apóstrofes habituales de la izquierda cainita («opusiano», «meapilas», y otros del mismo jaez) y deposiciones periodísticas en los digitales habituales. Pero es lo menos que hubiera podido hacer, en vez de despacharse en las redes sociales sobre su presunta «gallardía».

Frente a una agresión ilegítima y completamente gratuita (el formato del Pare Nostre usado también por Martí i Pol no es ofensivo e incluso se puede decir que tiene su gracia, absolutamente incomparable con la ventosidad emitida por la ¿señora? Miquel) creo sinceramente que no hay que esconderse (Benedicto XVI, Jn 16, 33). Por mucho que nuestra casta política (de la que ya forma parte Podemos) quiera primero retirarnos de las calles, después relegarnos a las catacumbas y finalmente perseguirnos, como todavía se sigue haciendo hoy en otras partes del mundo. Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Debería haber una forma de hacer entender a los rojelios y a los masones que se parapetan tras ellos que esa clase de ofensas no sale gratis. Pero no espero que eso se produzca ni mañana ni pasado mañana.

Finalmente, un recordatorio para la ¿señora? Miquel. Por cosas como ésta acaban haciendo las personas la guerra: contra «els fills de puta que avorten l’amor (cristià)».

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