El nuevo tablao (I)

Bueno, pues esto es lo que dijeron los andaluces que fueron a votar. Sería interesante, no obstante, que los gráficos incluyeran el porcentaje de abstención, lo cual nos podría dar una idea de la desafección del respetable andaluz respecto del sistema político. Aunque, vistos los resultados, ese porcentaje podría haber descendido en los tres años que median entre unas y otras elecciones. Significaría eso que los andaluces han desandado el camino que lleva a la abstención vía resignación fatalista y, yendo en sentido contrario, quieren cambio vía cabreo.

Respecto a la influencia en estos resultados de la política nacional, supongo que hay opiniones divididas: unos que sí y otros que no. En mi opinión y objetivamente hablando, lo cierto es que la problemática andaluza, por sí sola, ya da para pensar en un cambio después de cuarenta años –ya más que Tut-Frankh-Amón– de Régimen, al margen de que pueda hacerse una lectura nacional.

Naturalmente, la mayor damnificada ha sido Susana Díaz, cuyo batacazo ha sido morrocotudo. En Ferraz están decidiendo si la mantienen como encargada de la tienda o no; y en Sevilla han decidido apretar las filas en torno a su lideresa. Ha habido declaraciones en ambos sentidos, lo que significa marear la perdiz mientras se piensa con calma –más o menos– y se toma una decisión. Y eso que a Carmen la de Cabra le encantaría pegarle el hachazo, pero probablemente tenga que esperar. No en vano la andaluza es la más numerosa de las federaciones socialistas y su granero tradicional de votos; por lo que todo lo que afecte a esa federación debe considerarse con cuidado.

El problema de Susana es que la tienda de la que todavía es encargada es una tienda venezolana: no hay género o éste se ha vuelto rancio. Y claro, con eso no vas a unas elecciones. La gente te tiene tomada la medida y te aguanta mientras no pueda votar otra cosa. Pero a la que se ha presentado una opción vistosa, con cara i ulls, como dicen en Cataluña, muchos andaluces que vivían de la paguita han recordado que tienen una diznidá y han votado otra cosa. Y ninguna cantidad de gracias de Los Morancos en TeleSusana les iba a hacer cambiar de opinión.

Lo de Podemos también tié guasa, como dirían más abajo de Despeñaperros. Resulta que Adelante Andalucía, la confluencia dirigida por Teresita la Maestra, ha obtenido menos votos que Podemos y resto de la confluencia por separado en 2015. Se les han ido trescientos mil votos, nada menos, a la abstención o a otras formaciones. Y dado que es una confluencia, habría que conocer el desglose de votos para saber cuál es el peso real de la formación podemita, tanto dentro de la confluencia como en el conjunto andaluz. Es decir, un verdadero desastre. Quizá el acierto de la candidata fue mantener a su jefe de filas nacional a una distancia respetable: acercándolo, el daño hubiera podido ser aún mayor. En cualquier caso, a los comunistas andaluces les ha pasado lo que a Pepiño en Palas do Rei, su villa natal: que no le votan porque ya le conocen.

Silencio, se vota (y II)

¿Y qué nos queda? Pues, por descarte dos opciones: VOX o quedarse en casa. En alguna entrada de este blog se han criticado cosas de ese partido. Ahora se presenta como «VOX, nueva época». Y la verdad es que ha sido una especie de revulsivo: la presunta izquierda andaluza y nacional ha tratado de demonizarlos como «extrema derecha». Que, permítanme que les diga: con esa expresión ocurre un fenómeno extraño. La «extrema derecha» existe sólo en los medios, pero no en la realidad. Por el contrario, la «extrema izquierda» está muy viva, pero en la prensa del Movimiento (rojo) es difícil que aparezca, incluso cuando hay follones en la calle, que es su hábitat natural.

El mérito de «VOX, 2ª época» ha sido galvanizar al electorado y conseguir que resto de los re-partidos (todos los que participan del reparto) se pongan nerviosos. Particularmente Susana Díaz, que está histérica porque sabe que está sentada sobre una roca en un magma de lava. Los otros dos algo menos, pero también preocupados por la lectura nacional que pueda hacerse de su gestión. VOX, que por ahora no tiene nada que perder, ha dado muy duro y ha ido marcando la campaña, entre acusaciones de «financiación ilegal» (PP, C’s) y de «no respetar los derechos de la mujer» (PSOE). Y banderas. Recordar que tenemos una bandera común y que nos representa a todos es importante. Al PP ya no le vale ese recurso porque llega tarde. C’s, como quiere quedar bien con todo el mundo, no la va a sacar. Y la presunta izquierda simplemente detesta esa bandera.

Respecto de VOX, la cuestión es si es resistente al paso del tiempo o cronodegradable, como los demás. Y en este segundo caso, la segunda cuestión es cuánto tiempo tardará en derretirse o en convertirse en polvo. Es decir, que el votante andaluz medio tiene hoy que elegir entre cuatro certezas y un misterio. Habrá ocasión de comprobarlo si VOX entra en el Parlamento andaluz.

Pero lo más ridículo de todo el asunto es la cobertura que algunos han dado a la campaña. Se ponen sesudos y dicen: «Esta campaña se ha puesto muy interesante» y venga a citar encuestas. Como un periodista deportivo que se ponga en plan sesudo y diga: «Esta Liga se ha puesto muy interesante». A algunos comentaristas políticos sólo les falta hablar de los «fichajes» y del «mercado de invierno».

¿Y quedarse en casa? Bueno. Al margen de que si uno se queda en casa (es decir, vota al partido de la abstención) no puede quejarse después de lo que salga, le es de aplicación cierta frase del historiador Arnold J. Toynbee: «El mayor castigo para quienes no se interesan por la política… es que serán gobernados por personas que sí se interesan». Para quienes decidan ir a votar, sepan que deben haber meditado lo que van a votar, pues si la opción por la que voten resulta ganadora, ese voto les convierte en cómplices de lo que ocurra, para bien… o ─más corrientemente─ para mal.

Silencio, se vota

En Andalucía hoy se vota. Pero, como dice el dicho «los vientos que corren ya no son los que corrían». Hoy los andaluces deciden si quieren más Andalucía de los Morancos (dicho con todo el respeto para esos cómicos que comen de TeleSusana) u otra cosa, cualquiera que sea esa «otra cosa». Se enfrentan la Andalucía de la paguita y del PER frente a la Andalucía que se levanta por las mañanas para ganarse el pan honradamente y «con el sudor de su frente».

Hoy yo me planteo qué haría yo si viviera, un suponer, en Almería, de donde soy oriundo. Almería y, en general, todo lo que se denomina Andalucía oriental, es la expresión gráfica de lo que podría ser Andalucía: una verdadera tierra de las oportunidades. Baste decir que esa zona de la región Comunidad Autónoma ha crecido a pesar de los esfuerzos de la Junta por chuparles la sangre. Tan es así que los almerienses, oliéndose la tostada en 1980, quisieron formar Comunidad Autónoma con los murcianos, con quienes les unen más lazos geográficos y comerciales que con la casta corrupta que vegeta en el palacio de San Telmo. Pero geografía y política mandan; y así, aunque se dice que votaron hasta los muertos, Almería permaneció en Andalucía.

Por lo tanto, ya tengo un primer descarte. No votaría a Susana Díaz, que pretende ahora varias cosas: envolverse en la bandera andaluza (tras las declaraciones de García Tejerina, que no son otra cosa que la puritita verdá dicha en castellano de Valladolid), llamarse andana respecto de la corrupción que su partido lleva administrando desde hace 40 años (ya más que Franco, al que han querido convertir en el espantajo de niños y no lo han conseguido) y fingir que no conoce de ná ni a Chaves ni a Griñán. Y por último –y en eso, siguiendo la consigna nacional–, escandalizarse ante el ascenso de la extrema derecha. Tramoya y nada más: está acojonada porque podría ser que hoy dejara de dirigir/administrar el chiringuito de la pesoe; lo que a su vez, podría provocar que la Justicia andaluza despertara de su sopor y la pusiera también a ella caminito de Jeré.

El PP también es un descarte. No tanto por sus bases, en las que seguro que milita gente decente, trabajadora y capaz. Me refiero a su cúpula directiva. Visto el panorama, que Susana Díaz les acuse de «extrema derecha» da risa y sólo se la creen los fanáticos y los tontos que tragan con todo. No he visto una cosa más perruna en un partido que debía haber gestionado una oposición sólida a un proyecto de miserización (si se me permite el vocablo) de tanta duración como el de la pesoe. En eso sigue la estela de Arenas Movedizas. Pero no es menos cierto que a Juanma lo puso el dedazo de Soraya, en vez de la elección más natural que hubiera sido el alcalde de Tomares. El PP andaluz es así víctima del sudoku autonómico –léase cambalaches territoriales entre los mandarines de los partidos: si tú me tocas las narices en X yo te las tocaré en Y; y como todos tenemos cosas que tapar, ¿verdad?–. Por eso ha tenido que ir a Sevilla Pablo Casado: para intentar que la gente interprete las elecciones en clave nacional y así de paso, desviar el foco de la pobrísima gestión de Juanma. Lo cual crea otro problema: ¿qué va a hacer Pablo Casado en Madrid, con un partido que todavía no es suyo, sino de Soraya?

El tercer descarte es Juanillo Marín. Personalmente no le votaría ni jarto de mal vino. Tié cohone que él preconice el cambio cuando ha estado sosteniendo al susanismo, que es lo de siempre, durante tres años. No cabe duda de que a él el «cambio» le ha sentado estupendamente: de AP al PA (Partido Andalucista), de ahí a Ciudadanos Independientes de Sanlúcar y de ahí a C’s: todo un carrerón, oiga. Y ya en C’s, de palafrenero de Susana. Y que tengan la cara de decir que «somos lo bastante flexibles como para apoyar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía» sólo es una muestra más de su grouchomarxismo. De verdad, cuando C’s estaba sólo en Cataluña era una altra cosa.

Y el cuarto y sin discusión es Teresita Rodríguez, la comunista. Podemos ya no es lo que era y por eso el marqués de Villatinaja ha sido mantenido a prudente distancia, no fuera a ser que el olor de su bien peinada melena a champú del caro y su estudiada pose proletaria espantaran a los proletarios de verdad, que se supone son su nicho electoral. Resulta enternecedor oír hablar a un comunista de «derechos sociales» (como los que tenían los trabajadores en la URSS) y a Teresita Rodríguez de los «derechos de la mujer» (¿nadie le ha contado a esa maestrilla los «derechos» que tenían las mujeres en la RDA?). Quizá haya convencido al Kichi de compartir la cama; pero a los demás no nos va a convencer de que no va a pactar con Susana si se le presenta la ocasión, a pesar de la muy publicitada mala relación entre ambas. Presuntas izquierdas, pendientes siempre del reparto…

Alsasua

Por su interés, reproducimos este artículo sobre lo ocurrido el domingo en la navarra y española (mal que les pese a algunos) villa de Alsasua. Original aquí.



Entre las hordas separatistas que se manifestaron en Alsasua se encontraba «el carnicero de Mondragón», etarra culpable de 17 asesinatos.


El mensaje del mundo separatista es claro: ya no pegamos tiros, pero no te atrevas a dar la cara porque te la partimos.

 

 

SERTORIO

No nos puede sorprender mucho el jaleo que se montó en Alsasua este domingo; es casi normal ver a los abertzales adueñarse de la calle con la complaciente mirada de unos y el cobarde abandono de otros. A nadie extraña, pues, que se insultara, se amenazara y hasta se lanzasen piedras a los que asistieron al acto en ese pueblo de una Navarra que se está entregando atada de pies y manos a la Gran Euzkadi. La violencia rige en Vasconia; si no se hace patente de forma tan brutal como hace unos años es por dos razones: los separatistas mandan y, por eso mismo, no les conviene que haya gresca todos los días. Sólo cuando alguien que no son ellos se atreve a plantarse en la calle se desencadena la brutalidad y el matonismo abertzale. El mensaje del mundo separatista es claro: ya no pegamos tiros, pero no te atrevas a dar la cara porque te la partimos.

Que Podemos y la Televisión Ex-pañola que controla se solidaricen con los hijos de ETA e insulten a los que fueron a defender el cumplimiento de la ley tampoco nos pilla de nuevas: batasunos y podemitas son una y la misma cosa. Es normal que quienes normalizan a ETA y hablan con falsa imparcialidad de un conflicto entre Euzkadi y España, se coloquen del lado de los que tiran las piedras. Que Pablo Iglesias vaya de la manita de Otegui y del Carnicero de Mondragón entra en la categoría de lo previsible. En cambio, es preocupante que el PSOE se alinee claramente con los separatistas y censure a los asistentes al acto de Alsasua diciendo que se fomenta la crispación. Por lo visto, el mundo abertzale, los bufones del catalanismo y la izquierda extrema no «crisparon» nunca; han sido civilizadísimos interlocutores que jamás han echado mano de tácticas tan reprobables como el atentado terrorista o el escrache.

Cuando un quidam llamado Ander Gil (en maketo: Andrés Gil), mandamás socialista de provincias, tiene la desfachatez de afirmar que gente como Ortega Lara o Santiago Abascal no saben lo que es el terrorismo de ETA, la mentira, la desvergüenza y el cinismo se conglomeran para concebir un triple monstruo moral: la mofa de las víctimas de ETA, la traición a España y la rendición sin condiciones al separatismo. Con declaraciones como ésta, ya sabemos que el Gobierno del doctor Sánchez está en la equidistancia y en no poner obstáculos al descuartizamiento de la nación unitaria por las nuevas taifas semisoberanas. El PSOE es también enemigo de la nación. En Alsasua se ha retratado.

La derecha liberal no queda mejor. Casado afirma que el PP ya estuvo en Alsasua, pero «sin hacer ruido». Es decir: estuvo como si no estuviera, sin molestar a los señoritos separatistas, en petit comité, de puntillas, no vaya a ser que se enfaden en Sabin Etxea. Es propia del PP su legendaria cobardía y su férrea voluntad de someterse siempre, en el gobierno y en la calle, al chantaje separatista, algo que demostró de sobra durante la crisis catalana. No olvidemos que si los caricatos de la republiqueta de los diez segundos están en la cárcel, ello se debe a los abogados de VOX, no a la inexistente iniciativa de Rajoy, al que sostuvo Casado hasta su deshonroso y merecido final. No es mucho mejor Ciudadanos, partido que sólo juega según el cálculo electoral, tan fluctuante y aleatorio como el caos ideológico que supone ser socialdemócrata-liberal-de-centroderecha según cómo vengan las encuestas. Rivera tiene tanta responsabilidad como Rajoy en la imbécil aplicación del 155 en Cataluña.

Y es que la derecha no defiende a España. Defiende en primer lugar algo tan frío, reptiliano y desalmado como la Unión Europea, ese consorcio financiero concebido para aniquilar a las naciones y crear un tinglado mercantil en el que los Estados pierdan su soberanía para beneficiar a una recua de burócratas y banqueros a los que nadie elige y que de nada responden. En segundo término, lo que los liberales defienden es la Constitución. No España, sino el orden jurídico derivado del código de 1978. No es cuestión baladí. La legalidad vigente no es la patria. Y olvidamos que el liberalismo actual es apátrida, al revés de lo que pasaba en el siglo XIX. Durante los episodios de la crisis catalana, apenas se recurría al nombre de España, mientras se esgrimía continuamente el de Europa, es decir, la entelequia funcionarial de Bruselas, verdadera patria de todo nuestro liberalismo. Conviene recordar que España no es la Constitución, preexiste a ella y la sobrevivirá. Constituciones hemos tenido muchas, pero España sólo hay una, aunque los que somos nostálgicos austracistas prefiramos el término plural pero unitario de Las Españas.

La Constitución ahora vigente debe ser defendida a causa de la identidad y los fines de quienes la atacan, no por los principios que proclama. Es una mala ley y ha producido unos frutos detestables, pero peor aún sería ver a nuestra patria convertida en un caos de taifas bolivarianas. La monarquía restaurada en la progenie de Isabel II es tan responsable del desastre actual como los separatistas y los politicastros que han degradado la nación hasta el trance actual, pero es un mal menor frente a lo que nos amenaza. Felipe VI, que jugó a ser el rey de los rojos, sabe que el futuro de su institución depende de la unidad del Estado. No puede permitir que quiebre la integridad de España porque su trono caería con ella. Ahora el principal obstáculo al bolivarianismo es la Corona y debe ser apoyada por esa fortísima razón. Esto no impide que, pasado el peligro, se ajusten cuentas.

VOX ha surgido como un banderín de enganche de la resistencia patriótica, como un último recurso frente la descomposición del Estado y la ruptura de la patria. Ha plantado cara a los separatistas y con sus pobres medios ha enviado a los saltimbanquis del Procès a prisión. Ha obligado a los partidos de la derecha cobarde a envolverse en la rojigualda y a cacarear con retóricos trinos de impostado patriotismo para no perder más votos. VOX ha hecho mucho en muy poco tiempo y con muy pocos recursos, al revés que el PSOE, Ciudadanos y PP, que desde todos los centros privilegiados de poder que dominan no han hecho nada, pero nada de nada, por frenar a los orates de la Generalidad desde mucho antes de octubre del año pasado. VOX los ha dejado en evidencia: a los grandes partidos España les da igual, lo suyo es Uropa.

No es de extrañar que, en un artículo dedicado al acto de Alsasua en El Mundo,[1] la autora tuviera la desfachatez de colocar a VOX en el mismo saco que a los abertzales y podemitas, igualando a Ortega Lara con Josu Ternera y a Santiago Abascal con Pablo Iglesias. Incluso habla de la «caverna carlista» para referirse a los batasunos. No estaría de más recordar que UPN, ese partido esencial para mantener la personalidad de Navarra, viene del carlismo, como buena parte de los que se oponen al chantaje bizkaitarra en la españolísima Vasconia y que en no pocos casos han pagado su compromiso con su vida. Alguien debería recordarle a la articulista quién fue, entre otros muchos, José María Arrizabalaga, por ejemplo. Cualquiera que tenga una mínima idea de la historia del Carlismo y de la secta separatista abertzale sabe de la irreductible oposición entre las dos tendencias hasta la disolución de la Santa Causa en los nefastos años sesenta. La autora no es una podemita ignorante ni una descerebrada socialista de cuota, sino justo todo lo contrario. Por lo tanto, la mala intención de los términos es premeditada y bien consciente del insulto.

Pero no nos lamentemos más. Ladran, luego cabalgamos.


 

Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

A la vista del bajísimo nivel cultural de la clase política en general y del de la mayoría de los miembros y miembras de este insólito gobierno variopinto, en el que no faltan astronautas de menos luces que un barco de contrabando pero fiscalmente astutos, multimillonarias que ocultan su elevadísimo patrimonio inmobiliario, sancionados por tráfico […]

a través de Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

Sobre Andalucía, de nuevo

Parece ser que el 2 de diciembre habrá elecciones autonómicas en Andalucía. Los pronósticos, por ahora, dicen que tras los comicios todo va a seguir más o menos igual. A Susana le da igual con quién tenga que pactar siempre que le dejen hacer su política —y mantener el chiringuito que tienen montado los suyos de tejas abajo—, aunque ciertamente Podemos no sea la IU ancilar de la que disfrutaron sus predecesores Chaves y Griñán.

El interés de estas elecciones está más bien por la parte baja: es decir, si VOX podrá horadar el espeso muro en torno al Parlamento andaluz y penetrar en él o no, al margen de las etiquetas estúpidas de «extrema-extrema derecha» y «ultras» que los partidos y los medios del sistema les pegan a todas horas (más o menos como hacen con AfD en Alemania todos los que tienen miedo de perder su mamandurria). Por su historia anterior no es para mí una opción muy simpática; pero la verdad, viendo el patio y cómo la opción que podría ser el PP andaluz está siendo ¿dirigida? por una nulidad como Juanma en vez de serlo por el alcalde de Tomares, que hubiera sido el candidato natural conforme a su exitosa gestión, uno sopesa más las cosas. Por cierto: qué pena que a Juanma, que tanto se afana —por encargo— en no molestar al PSOE, no le mandaran a Madrid, como experto en protocolo que es, a decirle a Sànches que no estorbara en el besamanos del Rey. Y bueno, que si en Andalucía no se puede decir que la reina está desnuda cuando lo cierto es que lo está (aunque no valga ni para portada de revista ligera), apaga y vámonos.

Pero hoy dejaré que otro hable por mí. La entrada que yo podría haber escrito hoy de Andalucía en estos últimos tiempos me la ha dicho, palabra por palabra, D. Luis del Pino el pasado domingo. Escuchen los 12 primeros minutos de este audio y verán lo que quiero decir.

Liquidación y cierre (III)

Pues ya tenemos nuevo Gobierno, señores. Parece que se ha echado a los anteriores y se ha puesto a otros. Ha sido un relevo en las alturas que no va a significar cambio alguno en los asuntos importantes. ¿Asuntos importantes? Los que interesan a la casta, de la que ahora Pablemos también forma parte, lo admita públicamente o no. El divorcio entre la casta y el censo electoral sigue siendo total. En este punto disiento con el editorial de Rosa Cuervas-Mons, de la Gaceta: lo «importante» no está en los matices, sino en el hecho de que el «consexo socialdemócrata» español funciona como una máquina bien engrasada y que ahora C’s participa también de ella (¿por qué, si no, iba Albert Rivera a Bilderberg, acompañado de la ex Vicetodo Soraya? ¿A pedir la hora?).

Pedro Sánchez, aka Monstruo de Sánchezstein, resurgió de sus cenizas y ha vuelto triunfante para… lamer las botas del separatismo. Sabe muy bien que su entrada en Moncloa es legal, pero no legítima. Legítima hubiera sido tras convocar unas elecciones. Pero, como ya explicamos en una entrada anterior, de haberse convocado elecciones Sánchez no hubiera ocupado de ninguna de las maneras el sillón. Hubiera sido, casi con toda probabilidad, Albert Rivera. El R78 se defendió de esa posibilidad y no convocó elecciones, como hubiera sido su obligación moral. Y así estamos como estamos y donde estamos.

Lo mollar, lo importante en estos momentos, es el gobierno de Sánchez. O, mejor dicho, el que le han montado a Sánchez para que pague la hipoteca del poder. Se puede ver desde varios puntos de vista; pero a mi modo de ver, el gobierno actual tiene tres capas: la de los jarrones chinos, como Borrell (¿qué hace un economista en Asuntos Exteriores?) o Margarita Robles, venerable de la época felipista, pero que ha conseguido devolver el CNI a Defensa (quizá su lugar natural). Luego está la capa zapatera, cubierta sobradamente con la Vice Pixidixi, de la que en una próxima entrada comentaremos cierto detallazo. Finalmente, la capa de los nuevos, de los que unos son del montón y otros de la huerta valenciana.

Huerta valenciana que se ha revelado podrida, hasta el punto de que al ya exministro de Cultura no le cuadra otro mote que Brevis Maximus. Nada que ver con Gladiator: el retiarius (Libertad Digital, aunque el resto de diarios afectos no se haya tomado la molestia de reconocerlo) le ha echado la red y le ha metido un forcazo (un vídeo del propio Sánchez) tal que Sancius Imperator no ha tenido más remedio que bajar el pulgar. Creo que Huerta ostenta el dudoso honor de haber sido el ministro más breve de toda la democracia. Hasta la inútil de Aído duró más —aunque también es verdad que por eso mismo hizo mucho más daño—.

Mientras los medios se pierden en disquisiciones acerca de tal o cual ministro y de si los votos de tal o de cual o de si hubiera prosperado o no una moción de censura, a un servidor le interesan dos cosas. La primera, que se constituya el gobierno que se constituya, no va a tocar ni la ley electoral, que perpetúa el desgobierno de esas mafias políticas llamadas partidos, ni el sistema autonómico, ruinoso para el españolito de a pie pero fundamental para la casta, porque estratifica sus niveles extractivos, que dijera el otro. También me interesa la acción de gobierno que van a desarrollar. Pero de eso hablaremos en otra entrada.

Liquidación y cierre (II)

Querría haber empezado por otra cosa, pero hoy sí que no hay más tema que éste: la sorprendente marcha de Zidane del Real Madrid. Bueno, en realidad no. Como esta semana no habíamos de ganar para sorpresas, no sólo el francés un poco más y se despide a la francesa, sino que en 24 horas hemos cambiado de presidente del Gobierno. Supongo que todas las cabeceras subrayarán que «es la primera moción de censura que sale bien», pero les diría que no es lo importante.

Importante de esta moción de censura que «ha salido bien» son otros detalles. Lo primero de todo, que se han juntado todos para echar a Rajoy. ¿Hay algo que une a esos «todos», aparte de su aversión al capitán Pescanova? Pues sí. Resulta que todos son enemigos de la Nación española. Todos se frotan las manos: se les ve contentos y no aspiran más que a colonizar la Administración y vivir del cuento ocho años (como está estipulado en el pacto no escrito del régimen del 78).

¡Esh que me eshtoy haciendo mishtosh…!

En Génova, caras largas. Sale María Dolores de Cospedal, que se ha librado de salir en el desplegable central de Interviú porque esa revista, testigo de la Transición, ha desaparecido y porque convocándose elecciones, ni ese desplegable central hubiera podido salvar a su partido de la débacle. Pone Cospedal cara de palo y dice: «Lo sentimos por España». Pero vamos a ver, Mariloli: ¿puedes decirme qué puñetas habéis hecho por España? Apenas arreglar el forraje —«lo importante esh la economía», ¿te acuerdas?— para seguir tirando. En lo demás, lo único que os ha preocupado es salvar vuestro culo de la quilla judicial —que no— y no arreglar el problema del encaje de los separatistas vascos y catalanes. En esto último ya deberíais saber que el único sitio donde encajan de verdad es la cárcel.

Resumiendo muchísimo, se podría decir que lo que hemos visto en estos últimos días ha sido un paripé. Como diría Frank Herbert, «fintas dentro de fintas dentro de fintas». Mi conclusión: con la moción de censura el régimen del 78 se ha defendido contra su único y verdadero enemigo, que no es otro que Ciudadanos. Podemos no es enemigo, sino que servía a los intereses de Rajoy sólo para que éste pudiera dar una «imagen de mal menor». Y al resto, empezando por Tardà, siguiendo con Rufián y acabando por Esteban, ya los conocemos de sobra. El PPSOE sabía que si ahora se convocaban elecciones anticipadas, C’s no solamente las hubiera ganado, sino que además hubiera formado gobierno en solitario, pues las encuestas les iban viento en popa. Curiosamente, una situación muy parecida a la de los meses anteriores al 11-M. Era preciso evitarlo.

Y lo era porque aunque nadie tiene la seguridad, era posible que C’s arreglara el pifostio vasco-catalán (también han apedreado y pintarrajeado sus sedes) y tal vez se acabaran las prebendas que tanto PP como PSOE han concedido durante cuarenta años a los separatistas mientras éstos se dejaban llamar «garantes de la gobernabilidad», que tiene narices. El harakiri de Mariano nos sale carísimo a los españoles (si alguien cree que Mariano no ha sido sacrificado por la pervivencia del régimen del 78, pues…). O simplemente, se trata de que C’s no estaba en la pomada del régimen, que a lo que parece funciona así: turno de partidos entre PP y PSOE, con dobles legislaturas, sobre la base del apoyo alternativo de otros partidos. Pero oigan, que hasta Cánovas y Sagasta lo hicieron mejor: no necesitaron nunca el apoyo de partidos enemigos de España. Enemigos de España que además hacen caja con la debilidad de hunoshotros con cargo a nuestros bolsillos

Por otro lado, lo que ha ocurrido está en el abanico de posibilidades lógicas. Las dos legislaturas marianas se han marcado por la desidia criminal respecto de los problemas de España. Mariano es un presidente que no ha querido gobernar y que ha intentado (o ha dejado) que los demás le hicieran el trabajo (los jueces, el TC…). No ha arreglado lo que tenía que arreglar, pues para eso le votamos en masa en 2011; y ahora, al irse por la puerta de atrás, deja un zafarrancho mayor que el que se encontró. Cuando él llego, sólo Cataluña y Vascongadas estaban «en llamas»: hoy, que ya sabemos que hubiera vendido a su madre, lo están Valencia, Baleares y Navarra, además de las citadas.

No creo que Sánchez, siendo hijo político de ZP, vaya a arreglar las cosas. Seguirá avanzando en la idea de la nación de naciones porque son las órdenes que tiene nuestra casta política: deshacer España. El divorcio con el pueblo —hoy «gente»— es total. Y si el Monstruo de Sánchezstein va a ser igual —sólo digo igual, aunque admito que puede llegar a ser peor— de malo que ZP, que Dios nos coja confesados.

 

Turu-rull (I)

Da una pereza grandísima escribir sobre algo parecido a un bucle melancólico como ése en el que está atascado Cataluña desde hace meses. Hoy, no obstante, me apetecía decir algo al respecto, pues llevaba muchos días sin aparecer por el blog y aquí va. Como católico que intenta mantenerse en la línea, cada vez soy más apolítico, pues a mí ninguno de los cuatro grandes «me representa», que se dice ahora. Pero si quisiera ejercer mi derecho al voto, por el que «tantos murieron» (y otros tantos tiran a la basura cada cuatro años), encontraría al menos dos razones para no votar a Rajoy, cuyo partido sólo Dios sabe en qué se ha convertido hoy (me dan pena los que mantienen la fe del carbonerito en el gallego barbudo y que sólo pueden justificarlo como mal menor):

a) Primero, obligar a todos los españolitos de a pie a tragarnos el culebrot que todos los días tiene lugar en Barcelona debido a la aplicación de un 155 CE emasculado. Culebrot que tiene visos de durar tanto como «El secreto de Puente Viejo» o «Amar es para siempre» (secuela de «Amor en los tiempos revueltos», que ya llevaba sus mil y pico capítulos cuando sufrió esa mutación genética).

b) Segundo, permitir que Montoro nos meta la mano en el bolsillo para que el culebrot se siga emitiendo, en vez de dejar caer a la indigna casta catalana, que ya nació podrida pero que durante el pujolismo alcanzó niveles increíbles de indignidad y de podredumbre. Y de paso, dejar que aumente la deuda de ese Govern con el resto de España, que los optimistas cifran por ahora en más de 50.000 millones de euros.

A estas alturas ya se entiende que hay pacto entre el Gobierno y los sepa-ratas. Sólo así se entiende la inacción del Gobierno central, aunque no se entienda muy bien para qué. Quizá todo el meollo de la cuestión se halle en que, como dijo alguno hace algún tiempo, se trata de meter con calzador al respetable la idea de que «España se gobierna mejor de forma confederal». Poco les importa que nuestra primera experiencia confederal (1873) fuera un desastre y terminara con el caballo del general Pavía entrando en el Congreso. Esa insistencia en seguir procedimientos fracasados sólo tiene una causa y una consecuencia: destruir España como nación, tanto política como espiritualmente. No tengo duda de ello.

Otro detalle que llama la atención y que también explicaría unas cuantas cosas son unas declaraciones que hizo en 2011: «Yo soy un mandao; hago lo que me dicen». Quizá alguno se enfade (me da igual) y diga que «son declaraciones sacadas de contexto» (también me da igual). Pero la pregunta hoy y en relación a este asunto, cobra cada vez mayor relevancia: «¿Quién le dice a usted lo que tiene que hacer en esta materia?». Si jugáramos a las conspiraciones, podríamos enunciar enfáticamente lo siguiente: «España es un país plenamente comprometido con el Nuevo Orden Mundial; y Soraya Sáenz de Santamaría oficia como chica de los recados entre el grupo Bilderberg, conectado con ese NOM y Rajoy». Un servidor no es quizá tan conspiranoico, sino que se ajusta más a Mt 7, 16: «Por sus frutos los conoceréis». Y dichos frutos no dan para tirar cohetes, ni mucho menos.

Problema nacional

Un servidor de ustedes no tiene el prurito de un tertuliano de barra de bar, de ésos que en cuatro patadas arreglan un país y especialmente, estas Batuecas de nuestros pecados. No obstante, si yo tuviera ese prurito, pegaría el consabido puñetazo en la barra y declararía enfáticamente: «España tiene dos problemas: uno, el Gobierno; y el otro, la oposición». La afirmación tiene más miga de la que parece, así que vamos a por ella.

El Gobierno —o, más concretamente, este Gobierno— es un problema porque su visión de la realidad no traspasa ni las puertas de la Moncloa ni las escaleras del Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Está por otros intereses que, desde luego, no son los nuestros. Si se preocupara de nuestros intereses, el circo del procés habría terminado hace meses y con un montón de gente en la cárcel. Y, a más largo, plazo, al no haberse rendido ante la machacona «superioridad moral» de la izquierda, quizá nuestros hijos estuvieran más protegidos de la invasión ideológica de esa misma izquierda.

La semana pasada, en el programa de Luis del Pino, Isabel San Sebastián contó una anécdota sobre el autista de la Moncloa que es para saber de sobra de qué pasta está hecho quien ¿dirige? los destinos de las Batuecas.

De la oposición, ¡qué decir! No le interesa ejercer de contrapeso de la acción del Gobierno poniendo la Nación por encima de sus intereses de partido —de acuerdo: acepto que me llamen «ingenuo»—. Sólo les interesa una cosa: tomar el poder y ejercerlo contra los intereses de la Nación y en su propio provecho personal. Porque, desgraciadamente, no tenemos una izquierda nacional, cosa que sí ocurre, según tengo entendido, en Francia o Alemania. En esos países primero son franceses y alemanes; y luego, todo lo demás. Aquí no. Pero ése es un problema del que ya hemos hablado en otras entradas de este blog, así que no nos vamos a repetir.

La pregunta del millón es: ¿en manos de quién estamos? Quien, teniendo tiempo y ganas, se acerque a la cuestión política, no podrá por menos de sentirse espectador de un guiñol siniestro y surrealista. Nadie con un poco de sentido común entiende por qué en las Batuecas pasan cosas que ningún país civilizado de veras toleraría. Parece ser que, en el nivel político, todo el mundo está de rodillas ante todo el mundo, con los pantalones bajados.

Y el votante que quiere dejar de ser oveja y dejar de seguir un color por el mismo color, o dejar de considerar un partido como un equipo de fúrbo, lo tiene crudo. No digamos ya el votante que pretende votar en católico, que no puede votar a ninguno de los cuatro grandes sin taparse la nariz. En un panorama educacional, cultural y comunicacional dominado absolutamente por una izquierda que lo menos feo que se puede decir de ella es que es antiespañola (gracias, Mariano, Soraya y Méndez de Nada, en cuya logia estarán muy contentos), la matraca es de tal calibre que el día de las elecciones casi es mejor que uno se quede en casa.

¿Que con el tiempo aquí habrá un sarao de proporciones considerables? Casi seguro. Pero los que hoy manejan el cotarro esperan no estar para verlo. Puede que se equivoquen. Y no les valdrá en absoluto el «paz, piedad y perdón» de Azaña… después de ver la hazaña el estropicio provocado y de salirse de la logia, naturalmente. Pena que no lo hubiera visto antes. Como éstos de ahora. ¿Nos han condenado a repetir la historia? ¿O es que, en aplicación de la famosa frase de Bismarck, es mejor tenernos entretenidos peleándonos entre nosotros mismos para que no alcancemos demasiado poder, que dijera Kissinger a Carrero Blanco en 1973? El tiempo lo dirá.

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