Monos envidiosos (II)

De la relación anterior se desprenden dos cosas: primera, que las mujeres son tan capaces de dirigir una Comunidad de Madrid como los hombres, con lo cual queda vedada la posibilidad de llamar cerdo machista a quien dirija la Comunidad de Madrid. Y aunque, nuevamente, algunos comunicadores han jugado esa carta contra los ocupantes de la planta innoble de Génova, 13, un servidor de ustedes no cree que la cosa vaya por ahí. Tengo mi teoría, que ahora mismo les presento.
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Monos envidiosos (I)

A riesgo de que parezca que uno padece madricentrismo, que podríamos definir como esa visión de la realidad que afecta a gran parte de los comunicadores según la cual «todo lo que sucede fuera de Madrid no existe», hoy seremos un poco menos so-malos, interrumpiremos nuestra serie sobre el korona (se promete continuarla) y pondremos que hablo de Madrid.
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«Libertad Digital», ¿para qué? (II)

Vamos por el segundo tramo de esta larga diatriba, como un día calificó mis entradas (de manera no muy misericorde, por cierto), Hermann Tertsch. A lo mejor después de una estancia en Bruselas se le bajan un poco los humos. En esta entrada vamos a por la parte sanitario-circense de Der Fall Korona.

Y digo «sanitario-circense» porque, en la distancia eso es lo que parece ahora el lío que se formó, «eso sí fue puro cuento», que dirían Los Manolos (y antes que ellos, Peret). No vamos a realizar la cronología, porque ésa ya hay otros que la han realizado con mucho más mérito que yo.

Empecemos por lo obvio: ¿para qué se ha creado todo este escenario? Es, como diría Frank Herbert, «complots dentro de complots dentro de complots». Como si fuera un pastel de hojaldre de mil hojas. Ya hemos tratado de la vertiente estrictamente médica, que demuestra que no había ningún porqué médico. Desarrollar esta segunda capa implica identificar quién y cómo. Hay varias capas:

  1. Supranacionales: Aquí hemos de incluir a los verdaderos responsables de todo el circo. Citaremos los siguientes: uno oficial (la OMS) y otros no oficiales, públicos (China) y privados (farmacéuticas y fundaciones colgantes de Gates, Soros, Kissinger, Rockefeller et al.).
  2. Nacionales, que aquí ofician como colaboradores necesarios: Gobiernos (nacional y regionales), centros sanitarios y medios de comunicación.

Desde el punto de vista internacional, yo creía que la OMS servía para algo. No es exactamente un Ministerio de Sanidad de un presunto Gobierno mundial; pero digamos que cuando todavía tenía algún prestigio, no estaba mal seguir sus recomendaciones. Hoy en día, sin embargo, la OMS da la imagen de una viejecita temblorosa que vive de declarar pandemias: el sida, las vacas locas, el SARS, el MERS, la gripe aviar, el zika, el ebola, la E.colli… y ahora, el korona. Para los «avisados», 2008 es un año importante: antes de ese año hubo alguna que otra pandemia, pero a partir de ese año las alarmas fueron continuas. Eso no tiene nada de extraño cuando uno sabe que en ese organismo internacional todas las farmacéuticas (o por lo menos las importantes) tienen silla, voz y voto.

Así que resulta que no. Que la OMS no sirve para algo: sirve a algo. Resulta que la OMS es ahora la criada siempre dispuesta de China (toda vez que Trump le retiró la financiación) y de las farmacéuticas. Digámoslo de una vez: otra de las bases del problema era que la tasa de vacunación por gripe había descendido de una forma alarmante, por lo que las farmacéuticas fabricaban un producto que no se usaba en absoluto. ¿Por qué? Según tengo entendido, las vacunas de la gripe y del catarro se fabrican con restos del año anterior. Así que ahora entiendo por qué, cada vez que me vacunaba contra la gripe y el catarro, pillaba cuando menos el catarro religiosamente. Había que recuperar beneficios. Las farmacéuticas no son Hermanitas de la Caridad: existen para hacer dinero. Que lo hagan a costa de nuestra salud es indiferente. Y ése, como veremos más adelante, es uno de los quids de la cuestión.

En cuanto a la posición de China, es un poco más compleja de explicar. Ha comprado a la OMS (y a buena parte del África subsahariana: algún día alguien hablará de esto), pero sigue siendo una asquerosa dictadura comunista. Con el agravante de que ha aprendido tanto las lecciones derivadas de la caída de la URSS como del manejo capitalista, por lo que ahora son una dictadura comunista con dinero. ¿Cómo es eso posible? Mi explicación es la siguiente: oficialmente, China es una dictadura comunista, con un aparato represor perfectamente engrasado y modernizado (es decir, que incluye las nuevas tecnologías de la información y comunicación), aplicado a más de mil millones de personas. Sin embargo, a los capitostes de las grandes empresas de telecomunicación como Huawei o Xiaomi, que también son gerifaltes del PCCh, se les permite comportarse como magnates capitalistas… o mandarines. Dicho de otro modo, comunismo capitalista: comunismo (e ignorancia y pobreza) para los de abajo, capitalismo para los de arriba. Que eso se parezca, además, al Ancien Régime o que podamos decir, de algún modo, que en lo que será el futuro Imperio Celeste reina la dinastía Mao… bueno, es pura coincidencia. O no.

China, además, ha extendido sus tentáculos por todo el mundo en los últimos tiempos. Su modelo depredador de todo a cien está acabando con el pequeño comercio occidental (mayormente europeo): lo de ahora de obligar prácticamente a comprar online (que en Occidente es básicamente comprar en Amazon) con base en la falsche pandemie es el golpe de gracia a una estructura que esos comercios de todo a cien llevan años royendo sin que nadie haga nada por proteger a los comerciantes autóctonos (ya se sabe que a los chinos, como a los moros, más vale no cabrearlos). Además, ahora que parece estar demostrado que estuvieron tras los disturbios post-Trump, también parece claro que China se prepara para reclamar el trono mundial.

Me reservo para la siguiente entrada la referencia a los personajes supranacionales privados, porque su peso y relevancia serán mayores más adelante.

Novell (I)

Estos días, en que la noticia era la celebración de la Diada, ha habido otro asunto que le ha quitado un poco el protagonismo. Bien es verdad que no está nada mal lo de que ahora la Gencat exija al ¿Gobierno? central que le ceda el «control absoluto del Aeroport del Prat»… pagado con nuestro dinero. Vergüenza de los hunos por exigir semejante cosa y en esas condiciones y no menos vergüenza de los hotros por sentarse a discutirlo en plan «Parlem-ne» Sigue leyendo «Novell (I)»

El diablo viste de Prada (I)

—Tengo un amigo en Guantánamo que trabaja en Intendencia. Nos hacemos favores mutuos. Tengo muchos amigos. Claro está que nunca viene mal tener otro.

—¿Para haceros favores mutuos?

(El sargento de hierro, 1986)

 

Aunque los hechos que vamos a tratar aquí daten de hace dos años, ha llegado a nuestro conocimiento ahora y queremos realizar unas cuantas consideraciones sobre ellos.

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El Papa no tiene quien le escriba (y II)

Bueno, pues no uno, sino dos artículos han sido publicados tergiversando las palabras del Santo Padre. Para empezar, debería dar vergüenza a esas personas tan leídas y escribidas hacer tan flaco servicio a la verdad (y de rondón, a la libertad, «digital» o no).

Como ya hay un artículo que habla de ello, les remito a él y me permitiré ser breve y decir sólo unas cosillas.

La primera, que la Iglesia ha sido siempre contraria al capitalismo, en cuanto «explotación del hombre por el hombre» (homo homini lupus). Una de las condenas más importantes proviene del Papa Pablo VI, que en su Octogesima adveniens decía esto:

Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.

Más esclarecedor resulta Juan Pablo II, quien simbolizó como pocos la lucha contra el comunismo… lo cual no le hizo en absoluto adepto al capitalismo. De Centessimus Annus extraemos una coletilla que a los «liberales católicos» (sea lo que sea eso) se les olvida mencionar:

Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

Y por decir esto a Juan Pablo II nunca le llamaron ni «comunista», ni «montonero», ni ninguna de esas soplapolleces que le llaman al actual Papa quienes van ahítos de odio contra la Iglesia y ayunos de lectura y verdad… o que no soportan en realidad que exista Alguien al que tendrán que rendir cuentas en su último día.

Es decir, el Papa Francisco no ha podido decir nada distinto de lo que dijeron sus predecesores. De ahí, por un lado, los intentos de manipulación de sus palabras y, por otro, la desilusión de los progres: «Es que parece que sí, que va a modernizar la antigualla que es la Iglesia… pero luego, bah, vuelve al discurso tradicional de siempre». Que vale tanto para los LGTB como para esos «católicos libegales desorejaos».

Si me preguntan por qué la Iglesia se sitúa a la misma distancia del capitalismo «liberal» que del comunismo, tengo una respuesta: tanto el capitalismo liberal como el comunismo niegan la trascendencia y arrebatan la esperanza. Todo queda circunscrito a lo que ocurra en este mundo. La diferencia, si es que hay alguna, está en la forma de negarlo: en el comunismo más brutal y en el capitalismo más a lo Huxley (aunque nada impide que se acojan a la fórmula comunista, en caso dado). Ése es un punto que la Iglesia no puede ignorar y tampoco puede dejar de rechazar.

Dejando de lado la disquisición filosófica, lo cierto es que el libegalismo no lo sé, pero el liberalismo sí ha sido condenado por la Iglesia en lo que suponga de explotación del hombre por el hombre. Remarquémoslo: el Papa Francisco no puede, ni en éste ni en otros puntos, decir algo distinto de lo que ya dijeron el Papa León XIII y sus sucesores inmediatos. Y es que, ciertamente, colocar el máximo beneficio (como cualquier otro interés humano) por encima de la ley divina, aparte de «estar mal» (para los católicos auténticos, no para los del «mal menor»), nunca ha traído buenas consecuencias. En esto, la Historia es maestra.

Ideas políticas aparte (el carlismo de D. Javier me pilla lejos), creo que lo que se dice en el artículo que les he recomendado al principio está puesto en razón. Valga decir que esa manipulación, al menos a mí, no me sorprende viniendo de quien viene, que ya no sólo ataca a la «Iglesia española» (que, en verdad, hay ocasiones en que no ha estado a la altura), sino que ya se mete en camisa (teológica) de once varas sin ser católico ni teólogo. Permítanme citarles lo que creo que es el núcleo de su argumentación en un comentario-respuesta a un usuario demasiado «sobrao»:

Por último -y ahí va la denuncia fuerte al sistema de producción capitalista que es lo que en realidad ha despertado las alarmas entre los manipuladores liberales, conservadores y neocon anticomunistas-, dice el Papa que: “la multiplicación de los bienes (no) resuelve los problemas sin una justa distribución”.

El sistema capitalista calcula los datos macroeconómicos, la renta per cápita y hasta el nivel de felicidad de la gente teniendo en cuenta la producción, una fabricación masiva, admirable e ingente de bienes… que suele ser una producción sin sentido, producción de cosas que en gran medida terminan en la basura antes que en manos de una persona que las necesita. ¿Es comunismo denunciar esto? No. Es una denuncia del sistema económico liberal. Es pura y simple Doctrina Social Católica. No es justo interpretar esta denuncia del Papa al modelo hiperproductivo liberal como una bendición del sistema económico socialista, porque el socialismo o comunismo, no lo olvidemos, no rechaza el sistema de producción liberal sino que simplemente lo pone al servicio de un partido.

Así, pues, los libegales ya van servidos. En cuanto a los neocons (y los avisados sabrán a quienes me refiero), alguien tan prominente como el P. Gabriele Amorth, el mejor exorcista del siglo XX, dijo esto: «Juan Pablo II los quería, pero no los entendía; Benedicto XVI los entendía, pero no los quería; y el Papa Francisco, ni los entiende ni los quiere». En lo demás, como se decía en las películas americanas de antaño, «… con la ayuda de Dios».

P.D.- Por cierto, qué genialidad la de llamar «papólatras» a los que simplemente respe-tamos la autoridad del Papa, sea quien sea y estemos de acuerdo con él o no. Y pensar que el antecesor de éste, según parece, mojaba la ropa interior de algunas pollinas. Pero supongo que dirán que eso no es papolatría, qué va… De él nos ocuparemos en una próxima entrada.