La otra cara de la moneda

La otra cara del día de ayer, no obstante, apareció en Levante. Un pavoroso incendio que entre Castellón y Valencia quemó casi 30.000 hectáreas de bosque pilló desprevenido prácticamente a todo el mundo. No sé ustedes, pero yo estoy en que no fue una casualidad: alguien sabía muy bien que todos estarían viendo el partido o celebrando el triunfo y que por tanto, a la tarea de sofocarlo la gente se apuntaría suficientemente tarde como para que el destrozo fuera significativo. Por si faltara algo, el incendio comenzó en 5 sitios distintos a la vez. ¿Creen todavía que es una casualidad o, como yo, que no sólo no lo fue sino que hubo la intencionalidad necesaria como para desviar la atención de la Eurocopa? Con el agravante de que es sumamente difícil detener a los culpables en estos casos. También es significativo que el incendio ocurriera en Valencia (gobernada por el PP) en vez de haber ocurrido en Andalucía (gobernada de siempre por la pesoe y que quema judicialmente ahora).

Repetiremos (lamentablemente) algunas de las cosas que ya dijimos en este blog:

  1. Debe llevarse a cabo una limpieza de bosques. Es una tarea de los Ayuntamientos y de nadie más (acaso, con la coordinación de la Comunidad Autónoma y del SEPRONA).
  2. La limpieza debe hacerse en noviembre. No en abril, ni mucho menos ahora. Podemos estar de acuerdo en que no hay dinero, pero la tarea sigue siendo necesaria y no se puede dejar al albur de unos desaprensivos que el bosque se queme o no se queme.
  3. Seguro que muchos me van a tachar de fascista por proponer esto; pero habiendo población carcelaria suficiente, ¿no se puede seleccionar a personas en número suficiente para que ese trabajo se haga sin coste económico para el Estado? Hasta se podría establecer un cupo de redención de días de pena por día trabajado. O tal vez se puede acudir a la lista de parados. ¿No habrá quienes, aunque sea por precio módico, puedan realizar ese trabajo que, al parecer, nadie quiere realizar?
  4. Tal vez, con la experiencia que ya tenemos y con todos los casos que han salido, sería conveniente revisar eso de otorgar la competencia urbanística a los Ayuntamientos sin más cortapisas. Ha quedado bastante claro que la Local es «la Administración más cercana al… chanchullo» (no «al ciudadano», como se nos vendió en la nada santa Transición.

Guadalajara, Canarias, Galicia… y ahora Valencia, son los negros hitos de la nefasta (o nula, en su caso) política contraincendios que se lleva desde hace años en España.

No debería haber paz para los malvados

Hoy la indignación casi no me deja escribir. Éste era el último favor que ZP pidió a Mariano y éste, graciosamente, se lo ha concedido. La sentencia que hoy ha cagado el Tribunal …stitucional es la mejor prueba de su prescindibilidad. Un «Tribunal» que, como se enseña en las Facultades de Derecho, «no se integra en el Poder Judicial aunque lo corona». También es la mejor prueba de que se trata de un Tribunal creado por políticos para asuntos políticos (por más que también resuelva recursos de amparo y cuestiones de inconstitucionalidad).

Ya anteriormente el TC se había bajado los pantalones por orden superior. Vimos con horror cómo la marca blanca de los asesinos accedía al poder en San Sebastián y en una porción de municipios que les asegura un territorio y, sobre todo, un suministro. Un partido que tenía que haber sido ilegalizado conforme a la Ley de Partidos resulta que ahora, gracias al enjuague entre los dos partidos nacionales, es clave en Vascongadas. Y ahora nos encontramos con la indignidad que remacha el clavo: otra de las marcas blancas de los asesinos etarras puede presentarse a las próximas elecciones vascas y, tal vez, conseguir que un etarra se siente en el despacho principal de Ajuria Enea.

Constato que ambos partidos han perdido la vergüenza: los hunos, por despreciar y ningunear a las víctimas. La última pedrada de ese lado, creo, la de la portavoza Gabriela Bravo, «progresista», cuando dijo esto.

Y los hotros, por pecados de omisión y de interés. Y todo por echar el incienso ante el altar del dios Voto: resulta que defender a las víctimas era aparecer como un «exaltado» y no convenía a la imagen («lo importante es la foto») de centrishta reformishta que quería dar Mariano después de 2008.

Así se entiende que saliese ese merluzo a la vasca, un tal Iñaki Oiartzabal, acusando de ultras a personas como Salvador Ulayar por preguntar todos los días al senyor ministre cuándo era llegada la hora de detener al bestia de Josu Ternera. Si Salvador Ulayar, al que tengo por hombre de bien, fuese un ultra, no se hubiera quedado de brazos cruzados ante el vil asesinato de su padre. Hubiera comprado un arma y primero le hubiera pegado dos (o cuatro) tiros al cobarde de Vicente Nazábal y otros tantos a Eugenio Ulayar Huici, un sobrino suyo, colaborador (¡!) del comando etarra que asesinó a su padre, don Jesús Ulayar Liciaga, cuyo delito contra la tierra y la patria vasca, al parecer, fue haber sido alcalde de Etxarri-Aranatz por UCD. Imperdonable, oigan.

Nuevamente, pues, facta est iniquitas. Seis «magi-astados», seis, han corneado la dignidad de todo un pueblo. Su ley no es muy explícita, pero los «magi-astados» podrían acogerse a la excusa de «cumplimiento de órdenes», porque en la parte del estatuto jurídico de los miembros del TC no se habla en ningún momento de que «no puedan estar sometidos a mandato imperativo alguno» (que sí rige para los jueces, aunque sólo en su relación con sus superiores: 12 LOPJ). Saben muy bien a quién se deben. Y lo han vuelto a demostrar. Ítem más: el TC está ya para el descabello.

Retengan estas caras y estos nombres. Tómense su tiempo. Estos señores (y otros que no salen en la foto pero que no se han movido) son los responsables directos de la infamia. No debería haber paz para ellos. Y se van a morir de viejos y en la cama, después de haber cobrado una buena pensión (que los partidos acuerdan para ellos por los servicios prestados), nada de los miserables 400 euros que cobran muchas viudas en este país. Triste país en que la memoria, la dignidad y la justicia (y casi que la legalidad también) salen echando leches por el retrete cuando la política aparece en escena.

Pájaros cantores

Retomo un ámbito que había dejado un poco abandonado ante las graves cuestiones que se han suscitado en este tiempo en el ámbito nacional: la política catalana. Ya sabrán quienes han seguido un poco mi blog que ésta nos ha dado jornadas gloriosas, como la jornada en que Francisco Caja se decidió a defender el bilingüismo en Cataluña y los diputados de CiU, ERC e ICV decidieron que aquello no iba con ellos. Ese fue un mérito muy importante para la hoy Hble. Consellera d’Educació, Irene Rigau.

Hoy someto a consideración de ustedes esta intervención del diputado Cañas, de C’s. Ocurre en medio de un debate sobre un proyecto de ley para regular la captura y posesión de pájaros cantores (tiene huevos el nombre de la futura norma). Naturalmente, no podemos estar más de acuerdo con el diputado Cañas. Con todo lo que nos está cayendo, lo deseable es que el Govern nos hablase de otros pájaros, que por desgracia todavía no han cantado todo lo que saben.

Y que conforme avanzan las investigaciones policiales, la jaula se va haciendo mayor. Vean si no la interpelación al Molt Hble. por parte de Albert Rivera… y la respuesta de aquél, nada profesional, como la de alguien a quien han pillado con el carrito de los helados:

Es evidente que eso no preocupa al senyor Mas. No es de extrañar que en el Estatut de 2006 se pergeñara un Consell de Justícia de Catalunya, a saber, embrión o criatura hecha y derecha de un Poder Judicial Català. Si la Generalitat pudiera disponer de algo así, como dispone el partido único PPSOE en Madrit, cuánto más fácil sería lo de financiar el partido. Las denuncias por cobro de comisiones ilegales serían rechazadas de plano. Antes de llegar a Estrasburgo hay que «agotar los recursos internos», con lo cual échenle ustedes no menos de 5 años.  Y debido a lo que tardan en Estrasburgo, no pasarían menos de 10 años antes de que se hiciera justicia. Y aún si llegara una sentencia contraria, ya tienen experiencia en el incumplimiento de sentencias: exhiben la prepotente seguridad de que no les pasará nada si decidiesen incumplirla.

A los catalanes (no a los nacionalistas catalanes) nos importa una mierda la captura y posesión de pájaros cantores. Nos importa, como dice el diputado Cañas, que 600.000 catalanes no tenemos trabajo. Nos importa que España (de la cual Cataluña forma parte, les guste o no a los nacionalistas y otras hierbas) está siendo objeto de rescate (o como quieran ustedes llamarlo, que aquí la polisemia es la norma). Así que sería bueno que els senyories del Parlament dedicaran su tiempo menos a untar a aquellos que se deben y más a pensar a aquellos a quienes, según la ley, representan (en teoría, los catalanes)…

El resultado les da igual

Ya saben ustedes que no soy nada furbolero. Básicamente por una razón: porque antes que nada es un negocio en el que se mueven millones de euros sin que a nadie se le mueva un pelo del bigote (y a pesar de que la deuda de los clubes de Primera está calculada en unos 780 millones de euros), en segundo lugar un espectáculo (sobre eso hablaremos más abajo) y, a mucha distancia de los dos anteriores, es un deporte (para ver simplemente deporte, sin negocio ni espectáculo, deben ustedes descender a las catacumbas de las divisiones regionales). Continuar leyendo «El resultado les da igual»

Más madera

No ganamos para sustos en materia económica. Desde que el 20-N España cambió de color político (y antes, el 22-M, sus Ayuntamientos y algunas Comunidades), los españolitos de a pie hemos asistido impávidos al espectáculo de ver cómo el déficit real español aumentaba a ojos vistas. Continuar leyendo «Más madera»

Batacazo

Se la pegó Arenas por cuarta vez en Andalucía. Parece mentira, pero el frío relato de los hechos así lo demuestra. Por un lado, la participación descendió significativamente un 16% respecto de la última convocatoria, hecho que perjudicó precisamente al candidato popular. En segundo lugar, otro dato a considerar es que obtuvo casi 500.000 sufragios menos que en 2008, cosa aún más increíble teniendo en cuenta que la Comunidad andaluza está social y económicamente postrada, razón por la cual era más que deseable un cambio.

De lo anterior cabe deducir dos cosas: personas que en 2008 votaron PP han dejado de hacerlo en 2012. Parece posible que el impuestazo del jienense Cristóbal Montoro, mal explicado por éste y metido a los españolitos con calzador, por el fuero y por el huevo, no ha gustado nada a sus paisanos. Por otro lado, la reforma laboral de Fátima Báñez, bien jaleadas sus maldades por aquellos que, cuando nadie les ve, la aplican sin contemplaciones, tampoco ha entrado por el ojito derecho a los paisanos de la ministra. Son argumentos de Rubalcaba, así que cabe sospechar que arrima el ascua a su sardina si lo leemos en clave nacional.

Cabe preguntarse si Arenas era un buen candidato para Andalucía. Tiene ya 55 años, 20 de los cuales gastados en intentar ser el inquilino pepero del Palacio de San Telmo. Es la cuarta vez que le derrotan. ¿Era idóneo? Parece ser que le han encajado demasiado bien la etiqueta de señorito cortijero (cuando Chaves lo es tanto o más que él). Por otro lado y aunque en principio parecía buena idea, Arenas hizo mal en no aceptar el envite de la izquierda respecto al famoso debate, siquiera en TVE. Que sí, que aquello era una encerrona; pero Arenas tal vez debió ir, para dejar bien claro que acepta debates y no encerronas.

Al margen de esas causas sociológicas y políticas referidas exclusivamente a Andalucía, apunta Almudena Negro una causa más general: la dimisión de los principios.

Dicen desde la izquierda, que no está tan tranquila como aparenta, que el fracaso ha sido consecuencia de las reformas emprendidas por Mariano Rajoy. Sí y no. La debacle del PP comenzó en realidad mucho antes de las generales de 2012, en que sólo consiguió subir unos míseros 600.000 votos, pese a la que estaba cayendo. La cuarta derrota de Javier Arenas -que se vaya ya- comenzó a fraguarse cuando los votantes populares empezaron a otear la rendición ideológica de su formación política ante el consenso socialdemócrata entre la derecha y la izquierda.  El día en que José Antonio Ortega Lara abandonó la formación de centro-derecha. El día en que intuyeron que el PP, con sus diecisiete baroncitos, dejaba de ser un partido político para transformarse en una burocracia tan apegada al consenso y tan desapegado de la realidad como el PSOE, pero con menos garra.

Ha sido denigrante esa dimisión, cuyo último hito ha sido el ninguneo (me perdone D. Fernando Lázaro Carreter por el palabro) al que se ha sometido a las víctimas del terrorismo por seguir (¡!) la hoja de ruta marcada por ETA, uno de cuyos puntos posiblemente sea «que las víctimas no molesten», dicho así o con otras palabras. Sólo así se explican las expresiones del lumbrera Oyarzábal (que cualquier día se nos cambia a la grafía euskaldún y se nos llama Oiartzabal) llamando ultras a quienes no piensan como él en ese tema concreto. Sólo así se explica que la (presunta) Soraya buena no acuse recibo de la carta que le envió Rosa Alcaraz, cuando ha sido publicada por varios medios.

Posiblemente con todo eso comulgue el señor Arenas. Por algo es alguien tan cercano a Mariano Rajoy. Pero no su electorado (mucho menos el electorado natural del PP) y tampoco buena parte de su militancia, que no se cree el mensaje de buen rollito arriolista y ven que su jefe se va a peces con la izquierda un día sí e outro tamén. El elector, confuso, dice: «Para votar a una mala copia del socialismo, me quedo con el original». Otros en cambio, han dicho: «Me quedo en casa. Más aún cuando no queda nadie que defienda mis principios». Y unos por otros, la casa sin barrer. Quizá en el PP andaluz debiera calar este mensaje: que para cambiar Andalucía deben cambiar ellos antes, dejando de formar parte del paisaje. No estaría mal la idea de un Congreso extraordinario. Veremos por dónde respira la cosa.

El Régimen se cae a cachos

Es un hecho constatable: después de más de 30 años (igualando casi a los 36 del franquismo), el régimen socialista andaluz se cae a cachos. Y no se cae porque su máximo exponente se muera de viejo y en la cama (grandísima oposición la que tuvo). Se cae porque sus máximos exponentes están siendo rastreados por los sabuesos judiciales, dirigidos éstos por S. Sª. M. Alaya. Que ya es casualidad que su nombre coincida en parte con el de un caso famoso y repleto de famosos que ocurriera también en la Andalucía de Chaves, y en que los únicos que no estaban pringaos en aquella ocasión fueron los del PP porque no les dejaron entrar a chupar.

Uno lee la prensa y se da cuenta de que en estos momentos cobra perfecto sentido la frase del fundador
Pablo (Paulino, en realidad) Iglesias: aquello de «estaremos con la legalidad cuando ésta nos permita conseguir nuestros fines y fuera de ella cuando no nos lo permita». No es cita literal, pero la idea es básicamente ésa. Se hace patente que el fin del PSOE-A no era otro que vivir del cuento (público) sin trabajar; fin al que se preordenaban todas las acciones. Y a fe que 30 años viviendo del cuento público sin dar golpe es mucho tiempo.

La cuestión es: ¿por qué ha durado tanto este régimen? La respuesta no es muy complicada. Basta acudir al símil del Lazarillo, el ciego y el racimo de uvas. Es decir: el PSOE-A permitió que determinados personajillos de su partido (pequeños y/o medianos, pero muchos) comieran las uvas de dos en dos (las pequeñas injusticias y sinecuras ante las que la Junta miraba invariablemente para otro lado) para poder así comer las uvas (el presupuesto andaluz) de tres en tres. Así, las pequeñas corruptelas y sinecuras tapaban bocas… mientras hubo dinero. Todos los que podían, decían: «Si los peces gordos lo hacen, ¿por qué yo no puedo?». No obstante, cuando se acabó el dinero, se acabó el silencio. La gente habla, y el mejor argumento que tienen aquellos a los que se les pilla de marrón es el grito de «¡Manipulación, manipulación!».

El resultado es que Andalucía está al borde del abismo, imparablemente. Por si faltara algo, el consejero de Economía de la Junta monta el numerito de «no vamos a aceptar los límites de déficit que nos imponga Montoro». Que no es más que una pantomima (a dos semanas de las elecciones andaluzas, from lost to the river, que dijo el otro), porque el que realmente se lo va a tener que comer va a ser el más que probablemente próximo Presidente de la Junta, Javier Arenas.

Respecto a cómo están las cosas ahora, uno se siente dividido. Dividido entre el cabreo mayúsculo y la admiración. Cabreo mayúsculo, por ver que los pirómanos que han provocado que España se incendie por los cuatro costados quieren aparecer ahora como los bomberos salvadores de la patria. Pero es que, además, uno no puede sino admirarse de la (durísima) cara con que los socialistas mienten y tratan de usar la demagogia a su favor. Lo tienen prácticamente todo perdido en Andalucía: los casos de los fondos de reptiles y de los EREs falsos les están estallando en la cara porque cada vez hay más personas que pierden el miedo a hablar. La cosa se pone fea, muy fea, para Griñán y Rubalcaba por debajo de Despeñaperros. Mucho más si tenemos en cuenta que arrecian los rumores sobre la destrucción de papeles en la Junta.

Oír a Rubalcaba en el mítin de ayer era comprobar cómo, palabra por palabra, esculpía un monumento a la demagogia más rastrera. Ya fuera porque cree que repetir esa sarta de medias verdades y mentiras completas puede llegar a calar en los votantes (lo cual demuestra su nulo respeto por la inteligencia de éstos), ya fuera porque cree que la parroquia que le escucha está con el mismo ánimo de los años triunfales, Rubalcaba descerrajaba sus críticas contra Cospedal, como si él fuera otro hombre «que nunca estuvo allí» (en el Gobierno). Como si no hubiera sido el que dijo que «él sabía lo que había que hacer para solucionar el problema del paro». Con esta clase de ayudas y si en las Batuecas la justicia y la decencia valiesen algo, Griñán y sus mariachis empezarían a decidir dónde quisieran pasar los próximos años de vacaciones forzosas: si en Alhaurín el Grande o en El Puerto II. Dudo que Arenas les toque un pelo, siguiendo con ello la consigna de su jefe.

Discriminación… positiva

Vía mi compadre Noatodo me entero que la Xunta de Galicia se ha rendido al pijiprogrismo de izquierdas (que unos vienen de la parte progre y otros, como Feijóo, de la pija). Ya no es solamente que en Galicia se aplique la misma política lingüística que en tierras catalanas (aunque sea con gaitas). Porque sí: Feijóo engañó a su electorado prometiéndoles que se respetaría la opción de los padres en las escuelas y ha sido y es que no.

Pues bien: ahora le toca el turno a la discriminación positiva, ese invento de los americanos y del 68 que la izquierda patria ha abrazado con entusiasmo. Y todo envuelto en el papel de celofán de la apestosa corrección política. «Todos tienen derecho a que Papá Estado les ayude», salmodian los progres de todos los partidos. ¿Todos? Bueno… hay matices:

  • si eres hombre, tienes menos derecho a que te ayuden que una mujer (caso presente). Discriminación mucho más flagrante en tema de maltrato, aunque eso daría para otra entrada.
  • si eres católico, puede ser que también tengas más problemas que un musulmán.
  • si te declaras «español» en tu propio país, dependiendo de la CA en que vivas también puedes tener problemas (especialmente si no conoces la «lengua propia» de dicha CA).
  • si estás completamente sano, no tienes derecho o tienes menos derecho (el desequilibrio psicológico no cuenta porque no se ve; es mucho mejor una pata rota).
  • si eres heterosexual, según para qué tipo de ayudas lo tienes peor que un homosexual…

Recordemos a este respecto lo que dice el art. 14 de la CE:

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Podríamos ir repasando todas las circunstancias del art. 14 de la CE y probablemente en todas ellas nos encontraríamos con discrepancias entre la Constitución y la realidad. Y es que al final, la discriminación mal llamada «positiva» no deja de ser discriminación. Igual que el «mal menor» no deja de ser un «mal», como muchos aprendimos el 20-N…

Spank-Air

Las empresas son como los seres vivos: nacen, crecen, se reproducen y, bajo los efectos de una crisis tremebunda como la que soportamos, mueren. Convendrán ustedes conmigo en que el hecho de que una empresa se vaya al carajo hoy en día no es una gran noticia. Es, por el contrario, demasiado habitual: ahí están los miles de autónomos que enterraron sus ilusiones (y sobre todo dineros propios y prestados) en un negocio que finalmente no funcionó y del que han tenido que echar el cierre.

Sin embargo, que una compañía aérea se vaya al carajo ya no es tan normal. En un sector tan hiperregulado como el de la navegación aérea, en que a las empresas se les exigen unas garantías muy específicas para poder empezar a operar, el hecho causa no poco de sorpresa. Ya no digamos el hecho de que tiene su parte de servicio público, por aquello de que mueve muchos pasajeros y que cuando un avión se cae, no queda ni el apuntador. En el caso que nos ocupa, la honorabilidad y fiabilidad de la empresa quedaron además muy dañadas por el accidente del vuelo JK 5022, de infausta memoria.

En el caso que nos ocupa, Spanair sorteó bastante bien los primeros años de la crisis. Ubicada en Mallorca, uno de nuestros destinos turísticos más importantes, pudo capear el temporal con fortuna. Sin embargo, empezaron a ocurrir cosas raras. La trayectoria económica de la compañía dejó de ser una línea recta y empezaron los zigzagueos. Generosamente, la Generalitat catalana (o sea, nosaltres) acudió al rescate, por aquello de la solidaridad entre hermanos.

Pero pasaron más cosas raras: la sede de la compañía se trasladó a Barcelona. Y ahí fue el principio del fin, entre otras cosas porque Barcelona, por mucho que la bossa soni, no es ni de bon tros destino tan turístico como Palma de Mallorca. Montilla, que había echado ejecutoria de catalanismo acompañado del Dalai Carod, necesitaba un signo externo de tal ejecutoria para que los nacionalistas de casa bona le aceptaran (nunca le aceptaron del todo y hasta el final le consideraron un intruso). Todavía me lo puedo imaginar diciendo «Nosartre hen de fer paí» ante una multitud de sus juventudes, bien regada de dinero público porque queda feo un mitin sólo con los cuatro entusiastas que ya por entonces le quedaban. Y vaya si no lo hicieron païr.

Dit i fet. Spanair pasó a ser el proyecto apenas disimulado de Aerolínies Nacionals Catalanes del monstre de tres caps (aka Tripartit), en el que con más generosidad se enterraron millones. Hasta la revista de cabina se editaba en català, sin almenys. No como esos cabrones de Air Berlin que se negaban a la megafonía en catalán. Y de un día para otro, nos enteramos de que la empresa se va al carajo, que con ella pierden su trabajo 2.000 personas y que entre 80.000 y 100.000 pasajeros se quedan en tierra. El Príncep Encantador, transmutado ahora en Rei Artur, tiene que abandonar el proyecto. Ya no puede seguir ignorando los projectes nacionals en sus recortes. Ha soliviantado y mucho a sus votantes (hoy tal vez exvotantes) con los recortes en temas tan básicos como Sanidad y Educación y ha de tomar serias medidas.

Lo peor de todo es que esos 80.000 pasajeros compraron el pasaje sin saber que la compañía se había ido ya a hacer puñetas. No pocos tienen problemas para recuperar el dinero. Y los que compraron billetes de ida y vuelta, además, se han quedado tirados en sus países de destino hasta que la Embajada española (¿dónde coño estaban los ambaixadorets?) hizo las correspondientes gestiones allí donde fue necesario. Pero sobre todo, que del dinerazo que enterró la Generalitat (nuevamente nosaltres) en esa compañía ruinosa (que lo sabían desde antes de acogerla en su seno), nunca más se ha sabido. Alguien tendría que buscarlo. Preferentemente, un juez.

Como dice el religioso verso, guieu-nos cap al cel. Pero no con Spanair (D.E.P.) y mucho menos con Montilla o Mas a los mandos.

#Savethesocs

(Original aquí).

El sistema de organización social en el que vivimos es la socialdemocracia.

Ésta se diferencia del socialismo real en dos cosas fundamentales: en primer lugar, la socialdemocracia es socialismo sin crímenes «violentos». Los dirigentes socialistas de Europa occidental, y tras la experiencia traumática del expansionismo soviético en Europa oriental y central, cayeron en la cuenta que implantar el socialismo mediante la fuerza, el asesinato, el encarcelamiento y la deportación, no aseguraba su permanencia, puesto que los ciudadanos tarde o temprano se rebelarían. Y de esta manera, aceptaron el juego democrático y la vía electoral para llegar al poder.

En segundo lugar, la socialdemocracia se diferencia del socialismo en que éste último se derrumbó porque no era económicamente viable que toda la población trabajara para el Estado, es decir, que todos los ciudadanos fueran empleados de empresas públicas o funcionarios. Su sistema productivo penalizaba el beneficio y la competitividad, y por tanto, exigía inyección constante de dinero freso para compensar las continuas pérdidas. Por ello las economías de las naciones socialistas de Europa oriental y central vivían en un déficit permanente y dependían de la emisión continua de deuda pública y nueva moneda. Así, en Europa, el bloque socialista se vino abajo cuando se acabó el dinero.

Ante esta evidencia, los líderes socialistas de Europa occidental aceptaron la democracia liberal, en la confianza que podrían transformarla en democracia social, o socialdemocracia. La socialdemocracia en un sistema de organización social cuyo objetivo es el control de la sociedad civil mediante dos estructuras claras: una vertical, el Estado del bienestar, y otra horizontal, el sistema de subvenciones como instrumento director de la planificación económica, algo consustancial al socialismo.

Y todo ello está fundamentado en una idea simple pero muy pragmática: una parte de la población está obligada a trabajar en la economía privada para mantener mediante sus impuestos a la otra parte que vive directamente del Estado.  El socialismo resolvió así el problema de la inviabilidad económica que le es inherente y que en el pasado lo llevó a su fracaso.

Este proyecto político además tomó alas y velocidad de vértigo con la creación de la Unión Europea. No porque ésta en sí misma fuera mala, sino porque la UE constituyó el patio ideal para el logro del otro gran objetivo del socialismo: la añorada internacionalización.

Pero el mayor éxito del socialismo en Europa ha sido la conversión de los partidos conservadores de toda Europa a su sistema de organización social.  ¿Y cómo ha sido ello posible? Sencillamente porque los conservadores, que no son tontos, rápidamente visualizaron que todo este sistema quedaba bajo su control y a su servicio si eran ellos los que gobernaban.

En España el PP y el PSOE, ejerciendo el duopolio del voto, se han alternado en el gobierno durante los últimos 25 años, y se han servido de este sistema para ejercer poder político real y coercitivo en la sociedad civil. Esto es, se han valido de ello para observar, controlar y decidir acerca de la vida de las personas y en los aspectos más pequeños y personales, y sobre todo, en lo relativo a su dinero y autonomía económica. Y lo que es más evidente a los ojos de todos nosotros, este sistema constituye el modo de vida y el sustento de la casta política, burocrática y sindical, que son quienes al final, reparten cargos, puestos de trabajo y subvenciones por criterios de afinidad política. Tal y como sucede en los sistemas socialistas.

Lo que la actual crisis financiera ha puesto de manifiesto es que el dinero, aunque no se acaba porque el Banco Central Europeo siempre puede imprimir más billetes, deja de circular, es decir, tiende a ser ahorrado antes que consumido, invertido o prestado. Y ello provoca recesión económica, y por tanto acarrea un formidable desplome de ingresos fiscales necesarios para mantener la costosa socialdemocracia en la que vivimos.

Si el socialismo real se acabó cuando se acabó el dinero, la socialdemocracia en la que vivimos se acaba si se acaban los ingresos fiscales. Y eso es lo que quiere evitar Rajoy.

La primera prioridad de Rajoy, antes incluso que la recuperación económica, es salvar la socialdemocracia, es decir,  salvar el actual sistema de organización social. Y para ello, está decidido a estrujar y coaccionar a los ciudadanos, haciéndoles caer todo el peso de un Estado hipertrofiado y que es un sumidero de gasto improductivo.

En sólo 10 días, el PP ha subido los impuestos aún más de que lo que proponía Izquierda Unida en su programa electoral,  ha recortado la libertad económica, ha implantado un «minicorralito» limitando el uso del dinero en efectivo, y ha decretado la persecución de emprendedores y autónomos, principales creadores de empleo. Y para conseguirlo, Rajoy va a convertir la Agencia Tributaria en la Gestapo de la actividad económica. De la «base imponible» a la «base punible».

Por todo esto, lo que está detrás de estas medidas, es su firme intención y compromiso de proteger y prolongar el sistema socialista de organización de la sociedad, porque éste en realidad es sólo una herramienta para ejercer el poder sobre los ciudadanos. Porque todos los servicios que provee el estado del bienestar podrían ser desarrollados por la sociedad civil, por los particulares y las empresas, a menor coste y con mayor calidad y efectividad. Y porque las subvenciones son un instrumento para el clientelismo político y el reparto de prebendas, son ineficaces en el estímulo de la actividad económica, y atropellan la igualdad de oportunidades y la libre competencia.

Rajoy, Montoro y De Guindos ignoran intencionadamente que hay otro sistema de organización social que no incurre en una tributación elevada para los ciudadanos. Y lo ignoran porque, si se implantase, el PP y PSOE inevitablemente perderían su poder político y coercitivo sobre la sociedad civil, a pesar de que ello nos permitiría a los españoles acceder a cotas de libertad personal y económica desconocidas para nosotros.

Si se desmontara el estado del bienestar y el sistema de subvenciones, ¿cómo podrían ejercer el mismo poder que tienen actualmente? ¿Cómo podrían acostumbrarse a vivir sin ejercerlo? ¿Cómo podrían subsistir como partidos, y por tanto, como organizaciones de poder? ¿Y qué sería de todas las personas que han parasitado de ello?

Rajoy ha desvelado estos días en qué va a consistir su manera de gobernar durante los próximos cuatro años, y lo tiene bien claro: sacrificar nuestra libertad y nuestro dinero para mantener el sistema de organización social que les asegura el control de la sociedad civil. Lo mismito que hizo Zapatero. Y Aznar. Y González.

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