Recámara (y II)

Les decía en la entrada anterior que todo eso era una tramoya y que desconfiaba profundamente del espectáculo de luz y sonido que se ha montado alrededor de Mario Conde y su nueva pifia. Desconfío de todo el lío que se ha montado por una razón: hay control de agenda y por tanto, el momento en que aparecen las noticias —o en que deberían aparecer y no aparecen— no es casual.

Vean ustedes este caso de los Panama Papers. De entrada, quien realizó la filtración ya sabía a quién filtraba. Filtró la información (nada menos que 40 años de historia de paraíso fiscal: un bombazo, sin más) a un diario alemán, el Süddeutsche Zeitung. Si lo hubiera filtrado a un diario español, la noticia simplemente no hubiera aparecido. Soraya, ese arácnido completamente desarrollado, hubiera mandado recao a la dirección del diario y ésta hubiera captado rápidamente el mensaje. O si el filtrador se lo hubiera mandado a Pedro J. Ramírez, éste tanto hubiera podido publicarlo tal cual como hacerse un salami para mantener la intriga y el negocio.

En una democracia digna de tal nombre, esa información no habría tardado en llegar a la prensa, digital o escrita. Pero como lo que tenemos se podría llamar democracia de baja intensidad, la información llega con cuentagotas. Y por eso los nombres de los implicados van apareciendo poco a poco. Es decir: por ejemplo, les ha interesado sacar a colación los nombres de ciertas personas y no otros. Así, el caso de Pedro Almodóvar y de su hermano. Me imagino que el primero saldría en los papeles a título ejemplar de castigo de progres, de ésos que son solidarios… siempre que el dinero sea de los demás.

Otro tanto pudiera decirse de Imanol Arias, el que nos cuenta lo que no pasó. Tampoco me cuesta entender por qué ha salido tan pronto a relucir la infanta Pilar: es una patada en la espinilla del Rey por no haberle hecho el favor a Mariano. O incluso el caso de Bertín Osborne, que se fue a Telecinco (¡traidor!) porque no se emitió una entrevista que hizo a Pedro J. Ramírez: quien debía dar el visto bueno vio el programa y no lo dio, de forma parecida a lo que ha ocurrido con Jordi Évole y su Salvados contra la Banca. Évole prefirió autocensurarse antes que quedar mal con Ada Colau (en el material a emitir se vertían duras críticas contra ésta) y con la Banca (con la Banca hemos topado, amigo Sancho).

Sin embargo, ante la magnitud de la filtración hasta la opinión publicada (con las consabidas excepciones) se empezaba a hacer preguntas. De pronto, sale el nombre del ministro Soria, porque hace como bastante tiempo estuvo al frente o administró una sociedad opaca (me gusta más ese término que el pedante off-shore, que usan los que quieren dar a entender que saben algo del tema, que les pregunta uno y le dicen: «Sí, son sociedades que operan fuera de la playa«). Las preguntas, más allá de las habituales y cansinas peticiones de dimisión, han empezado a ser incómodas. Era necesario tapar ese nombre y otros que puedan salir. Aparte, ha habido la gran suerte de que Conde no se ha estado quieto y se le podía empapelar por algo que efectivamente ha hecho.

Parece como si, efectivamente, lo hubieran tenido en la recámara por si otros medios más ortodoxos de tapar la pifia fallaban. Es más o menos la misma táctica del PSOE de los últimos diez años: cuando se percibe que hay una cierta acomodación o dispersión en el militante o votante, se le da un buen palo a la Iglesia, venga o no venga a cuento («vamos a denunciar el Concordato», con sus variantes «vamos a reclamar que la Iglesia pague el IBI», «vamos a pedir una escuela laica y de calidad» o «vamos a pedir que la Mezquita de Córdoba sea también lugar de culto para los musulmanes»). Así se intenta recuperar —algo— el nervio socialista de la militancia o votancia. Sólo que, como es el Gobierno quien usa de la táctica, suscita muchas más preguntas.

A nadie le importa hoy —a los periodistas menos— que por lo visto tener dinero en un paraíso fiscal no es delito si se declara a la Hacienda del país de uno. Es más fácil disparar a bulto y decir que todo el que tiene dinero en un paraíso fiscal es porque no quiere pagar a Hacienda o quiere pagar menos. Lo cual tiene su pro y su contra: el pro es que estas personas piensan que no vale la pena dejar su dinero en manos de un Estado confiscador que se lo gastará en financiar a ladrones a los que, además, no puede meter en cintura (Comunidades Autónomas). La contra, naturalmente, es que no todos pueden sacar ese dinero del país. Defraudadores todos. ¿Y Hacienda? Somos todos. Todos los que tenemos nómina o pagamos impuestos indirectos (al consumo).

Entre tanto, disfruten del espectáculo de luz y sonido organizado para detener al bergante de Mario Conde (o para atar cabos sueltos que no se ataron en 1994), que tan bien sirvió a algunos que hoy callan debiendo hablar o que ya no pueden hablar porque están muertos (Jesús Polanco, por ejemplo).

Recámara

Ha saltado a la actualidad la noticia de la detención de Mario Conde, casi justo cuando ya le teníamos perdido de vista, después de sus experiencias en la política (SCD, que terminó como el rosario de la aurora) y en la comunicación (accionista mayoritario de Intereconomía, de la que también tuvo que irse). Parece ser que ahora le trincan por «repatriación fraudulenta de capital». El mundo de la política está, aparentemente, «escandalizadísimo» con la nueva pifia del caballero. Tanto, que a sus dos hijos y a un yerno también los han trincado. La excusa oficial es una denuncia de unos trabajadores que no iban a cobrar una nómina, cosa que también podría ser verdad. Pero siendo desconfiados (y uno, después de un cierto tiempo, lo acaba siendo respecto de nuestros políticos), se pregunta qué puede haber tras todo ese aparato de luz y sonido, igual que ocurrió con Rodrigo Rato.

Lo primero de todo es deshacer la propaganda oficial sobre el personaje, la que dice que «es un bergante condenado por sentencia firme». Ése era el argumento que los palmeros peperos repetían como loros para que no se le votara en Galicia, en las últimas autonómicas. Efectivamente, así es y así consta en los escritos. Es verdad que cometió un desfalco en Banesto dejando a la entidad con el culo al aire, dicho en román paladino. Y es posible, como él mismo cuenta en Memorias de un preso, que el juez que le condenó —García Castellón— llevara ya la sentencia escrita de casa, por mano distinta de la del juez.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que lo que robó Mario Conde no lo robó sólo para él. Además de él, otras personas se beneficiaron. Y siendo masón como era entonces (ahora no lo sé), mi convicción personal es que los beneficiarios del robo fueron otros hermanos. En su editorial de las 7, Federico afirma que buena parte de ese dinero se empleó en fabricar el antenicidio, la pifia que les echó a él, a Luis Herrero y a Antonio Herrero (conjuntamente con Manuel Martín Ferrand). Y todo porque el felipismo de entonces, que «aceptaba el juego democrático» por haber renunciado al marxismo en Suresnes ’73, no aceptaba la libertad democrática de crítica legítima, barriendo sin piedad a quienes querían ejercer la libertad establecida en el art. 20.1.d de la Constitución.

Pero no sólo eso. Ocho años después (las cosas de palacio van despacio), el Tribunal Supremo declara que el antenicidio es una pifia (así debió haber sido considerada desde el principio) y que hay que devolver las empresas afectadas al mercado, para que puedan volver a ser objeto de compra y venta o, en todo caso, de nuevo comienzo empresarial. Pero, ¡ay! Gobierna Aznar, que no ha sido «el mejor presidente de la democracia», sino el menos malo, y actuando —suponemos— por consejo de Rodrigo Rato, guarda la dichosa sentencia en un cajón para que permanezca inejecutada per saecula saeculorum. Ahora que está tan de moda esa palabreja, Aznar representaba entonces el cambio frente a las porquerías socialistas que explotaban todos los días en El Mundo. Sí, El Mundo, ese diario que a Génova, 13 le encantaba leer porque todos los días suministraba munición (escándalos) al PP antes de 1996… y que, 20 años después, su director es defenestrado porque a Génova, 13 le disgustan las noticias sobre la Gürtel (aunque también sobre los EREs andaluces y sobre el caso Nóos: vamos, que ya estaba bien de tanto joder).

Pero todo eso, en mi opinión, no es más que tramoya, como les mostraré en la entrada siguiente.

El cambio era esto (II)

Volviendo al tema del «cambio» y del «progreso», sepan ustedes que cuanto más miedito me dan esas palabras es en boca de un comunista como Pablemos. No importa que Pdr Snchz las introduzca en su discurso a todas horas, venga a cuento o no. No obstante, ya conocemos el «cambio» y el «progreso» del PSOE: lo temimos con Felipe, lo sufrimos con ZP y ahora parece que se vuelve a la carga. Pero el peligroso de verdad es, en mi opinión, Pablemos. Todo este paripé resulta en juego de intenciones: Snchz tiene la intención de usar a Podemos para llegar a Moncloa y dilatar luego tanto como sea posible el pago de la factura. Pablemos, a su vez, comparte la intención de Snchz, es decir, desalojar a Rajoy del sillón… pero para ponerse él. Es decir, usar a Pdr Snchz para lograr el mismo fin.

Pero aquí los Pablemos boys tienen dos problemas: el primero, que al parecer, para éstos las palabras «cambio» y «progreso» no significan lo mismo que para Snchz y los suyos. ¿Hasta dónde querrán «progresar» los Pablemos boys? ¿Hasta 1953? ¿Hasta 1936? ¿Hasta 1917? Y luego tienen otro problema: ya han recibido su bautismo de fuego ejerciendo el poder en determinados Ayuntamientos, algunos principales en España. Han perdido la virginidad y, visto lo visto, se han adaptado rápido a la casta que decían querer combatir. Todo lo cual ha hecho que se les vea el plumero antes de lo previsto: inepcia, amiguismo y ganas de cabrear a quienes no piensan como ellos. Por no hablar de los trapos sucios de su financiación extranjera, que Montoro no se ha molestado en investigar demasiado por alguna extraña razón.

Pasando a C’s, dicen las encuestas que sube porque «es el único dispuesto a pactar» y que muestra una disposición al diálogo y al talante (con la excepción de Podemos) que no se percibe en los otros tres. Sin embargo, no nos dejemos llevar por las encuestas y su cocina y vayamos más allá: ¿qué es lo que proponen? La última noticia que yo tengo es que piden nada menos que una «nueva Transición», lo que significa que la «vieja» es completamente impugnable, según la formación naranja.

Les comentaré que no me gusta el tono hagiográfico y de «Tó güeno» de algunos que hablan de la Transición como «modélica» y otros adjetivos laudatorios que no vienen al caso. Tampoco me gustan aquellos que pretenden una enmienda a la totalidad de la Transición: «Tó malo», podríamos decir. En mi modesta opinión —y se me puede objetar que yo no viví aquella época por cuestiones de edad—, el único mérito que tuvo aquella Transición fue que se cambió de régimen sin disparar un solo tiro. El resto, a estas alturas ya queda demasiado claro: chalaneo entre las élites del Régimen y las nuevas, ayunas de poder tras 40 años de vacaciones, la negociación-chantaje de los Estatutos de Autonomía, con amenazas de «que nos vamos» o poniendo muertos sobre la mesa… la puñalada final a Adolfo Suárez

En realidad, no sabemos muy bien qué quiere Albert Rivera. ¿Quiere ser una especie de Suárez reloaded, entre lloriqueos de su hijo de «no uséis el nombre de mi padre en vano»? Por si no lo sabe, él ha perdido también la virginidad, dando apoyo tanto a populares (Madrid) como a socialistas (Andalucía); apoyo este último que muchos no le perdonamos después de haber sufrido los rigores nacionalistas del Tripartit en Cataluña. Y no menos porque apoyan al régimen más corrupto de España con permiso del pujolisme. Así que suponemos que Rivera quiere progresar, aunque no tanto como Pablemos. Digamos, más o menos… que hasta aquí:

El cambio era esto (I)

Una breve mirada al circo nacional me ha llevado a darme cuenta de que en todo este paripé con el que llevamos tres meses y dos días (por hoy) a dos de sus payasos hay dos palabras que no se les caen de la boca: el «cambio» y el «progreso», con sus variantes. Bueno, eso y que los dos quieren finiquitar con un «gobierno de cambio y de progreso el gobierno de Mariano Rajoy«.

En alguna entrada anterior hemos hablado de que lo que tiene Pdr Snchz no es exactamente «ambición», sino necesidad de ser Presidente. Recuerda a cierto gag en un programa que presentaba en tiempos —fíjense si hace de ello— Silvia Tortosa. En ese gag intervenían la citada presentadora y Bigote (hoy «Edmundo») Arrocet. Si no recuerdo mal, el humorista hacía su entrada en tromba en escena. Silvia le preguntaba: «¿Pero dónde vas tan deprisa, Bigote?»:

—Huy, Silvita, mira lo que me han hecho (y aquí contaba una retahíla de desgracias que unos malos le habían causado).

—¿Y te vengaste?

—¡Cómo! Es que si no me vengo, me matan.

Pues ése es el punto de Pdr Snchz. Susana Díaz sigue afilando la cuchilla noche tras noche. El consejo que parecen haberle dado es «paciencia y barajar». A pesar del apoyo de C’s, sabe que está sentada sobre el polvorín de los EREs, aunque la juez asignada al caso le está echando bolaños en desbrozarle el camino, sin duda. Si fuera Alaya, Susana podría echarse a temblar. ¿Pero qué es un juez molesto por cumplidor de su deber, que es aplicar la ley le toque a quien le toque, inmune a los insultos y amenazas de los matones del sindicato? Para el español medio, un milagro; y para el CGPJ, al que desde 2012 y gracias a Gallardón nombran los políticos en su totalidad, una cagada de mosca en una ventana. No ha costado nada que ella misma pidiera el traslado a la Audiencia Provincial… porque es que ya estaba jodiendo mucho.

Por si faltara algo, la vieja guardia no está a favor de Pdr Snchz. Pero llegan tarde. Lo mejor que pueden hacer es mutis por el foro, como Alfonso Guerra. El mismo que, después de tronar durante años contra la derechona, se fue en silencio porque los jóvenes ya no le escuchaban. Y porque gracias a la educación que promovieron, sus jóvenes son ahora más radicales, tanto en el trinque como en la revolución. Y tan radicales son que algunos se han ido a Podemos porque lo del PSOE ya les sonaría a «carcundia» y «hay que renovarse, chaval». Choca bastante ver a Rodríguez Ibarra, en tiempos el bellotari, escribir una Tercera en ABC, igual que choca ver a Corcuera meterle zascas y con razón al burguesito de Alberto Garzón. Pero el tiempo es lo que tiene: que no perdona a nadie y que nos quita la tontería de encima.


 

“Libertad de explosión” (e IV)

Se plantea siempre el qué hacer, finalmente. En mi modesta opinión, Europa ha hecho todo lo que no se debe hacer: transigir, aceptar en su seno una fuerza capaz de destruirla y, sobre todo, ejecutar una conocida comedia al efecto de dar la impresión de que «se hace algo», que es el caso de Bélgica: al parecer, va a mandar unos cuantos aviones a Irak «para lanzar unas bombas sobre posiciones del Daesh». Pólvora en salvas.

Pienso, antes que nada, que el problema lo tenemos aquí. Y por aquí es por donde hemos de empezar a solucionarlo. Yo no digo que haya que tratar a todos los musulmanes como delincuentes, ni mucho menos. Pero no hemos de caer en ese buenismo idiota que profesan de todo corazón determinados grupos políticos. Tanta Europol y tanta Euromil… ¿de qué sirven? Todo el mundo quiere guardar bajo siete llaves sus propias cloacas, lo que a su vez provoca descoordinación e impide una respuesta global ante un terrorismo que no es local, sino también global, debilidad aprovechada por los terroristas. En este sentido, no puede haber barrios en Europa en los que la Policía no se atreva a entrar. Y me dan igual aquellos que cada vez que la Policía hace su trabajo berrean «¡Brutalidad policiaaaal!» y los liberales despistados que les hacen los coros diciendo: «¡Todas las costumbres son respetables!». Me da igual que me llamen «fascista represor»; pero entiendo que en facilitar la labor policial y judicial en este sentido nos va nuestra libertad y seguridad.

Todo ello hace que el caos administrativo sea un elemento más a aprovechar por los terroristas. Y lo que asusta, como decía yo en un comentario a una entrada anterior, es que España puede estar andando el mismo camino que Bélgica. Da la impresión de que hay muchos trabajando que así sea, ante un Gobierno que —ahora— se excusa en que «está en funciones» (curiosa manera de reconocer que la situación es completamente disfuncional). Sería terrible, decía yo, que se produjese un atentado islamista en España y que los terroristas, siquiera fuera de manera temporal, encontraran cobijo en Cataluña, donde hay por el orden de medio millón de musulmanes (gracias al Etern Gens Honorable y a sus continuadores) y no todos ellos contrarios a los «golpes de la Yihad». Igual que ocurrió en Molenbeek.

También hay un aspecto que es más complicado de detener, a estas alturas, a saber: las invasiones pacíficas. Sobre todo, cuando el resultado fácilmente puede ser éste:


Invasiones facilitadas por esos gobernantes memos que llevamos soportando desde hace decenios (no, no es tal o cual: han sido todos), en detrimento de los propios del país. Muchos Fluchtlinger musulmanes se han comportado como si el país de acogida fuese en realidad tierra conquistada; lo cual ha redundado en un gran cabreo en Francia (Front National), Alemania (Alternativ für Deutschland), Inglaterra (UKIP) o Finlandia (Verdaderos Finlandeses). Aparte de las naciones de tradición católica, pertenecientes al Imperio Austrohúngaro que también hablan directamente de invasión, señaladamente Hungría (Fidesz). El incremento de esas expectativas de voto de esos partidos ha «puesto de los nervios» a la eurocracia, que ha intentado incluso pagar a Turquía para que les hiciera el trabajo sucio. Aunque lo que quieren los turcos es entrar en la UE (gracias a Dios la UE conserva algo de sentido común y les ha dicho que no), que les den por la cara 6.000 millones de euros no les ha de desagradar.

Como punto final a esta larguísima exposición, déjenme decir un par de cositas. El respeto a las creencias individuales no puede estar por encima del respeto a las leyes civiles, que son para todos, creyentes o no. Los cristianos lo tenemos claro: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mc 12, 13-17). Los musulmanes quizá no tanto. A ellos les falta pasar por un Renacimiento y una Ilustración, como Europa, así como también una Guerra de los Treinta Años y una Revolución Francesa, que fue la que, después de mucha sangre (de nobles y religiosos, fundamentalmente y no pocos de ellos inocentes), consagró la separación entre Iglesia y Estado, algo que en Dar-al-Islam no se plantean ni por el forro. Ni «musulmanes moderados», ni leches en vinagre. Tal y como algunos de ustedes habrán podido experimentar, la «moderación islámica» de algunos se acaba cuando son más de diez en un mismo sitio y además hay un clérigo que de entrada ya no es moderado. Hagan la prueba: echen un vistazo a aquellos países donde ellos mandan. Verán dónde queda esa «moderación islámica».

Y a todos aquellos que no se integren, siempre les queda la solución de la puerta abierta. No pueden pretender hacer en nuestra casa lo que hacen en la suya. No podemos ser dhimmies en nuestro propio país, sólo porque tenemos unos gobernantes memos que no se atreven a obligarles a cumplir las leyes que son para todos, por miedo a las represalias. Y lo mismo podría decir de aquellos «europeos» que parecen estar diciendo: «Venga, que ya estáis tardando en invadirnos». Pueden irse todos al desierto, a tragar arena. En Europa no son bienvenidos. Y si creer esto me convierte en un neocruzado, como dice alguno por ahí, alabado sea Dios.

Libertad de explosión (III)

Nos faltaba por examinar la inoperancia de Europa, cosa que haremos en dos partes. O, más exactamente de la UE, que no es lo mismo que «Europa». También dijimos en su momento que Bruselas fue responsable de la mal llamada crisis humanitaria al abrir sin más los brazos a los refugiados. No menos Angela Merkel, que se comprometió a acoger nada menos que a un millón de Fluchtlingern, como los llaman allí; medida que los gilipollas socialdemócratas, representados en la persona de un quídam que atiende por Falk Gebhardt, aplaudieron con las orejas justo antes de los hechos de Köln.

El buenismo idiota de la casta política europea (y de sus ramificaciones nacionales) ha llevado a decir que la cultura musulmana es «respetable». ¿Respetable? ¿Es respetable someter a una mujer hasta límites inconcebibles, llegando al extremo de pegarla si hace falta? ¿Es «respetable» el hecho de que aplaudan el ahorcamiento de homosexuales en Irán (que aquí no practican porque no se les dejaría… aún)? ¿Es «respetable» practicar a las niñas la ablación genital (lo hacen en la UE, pero de extranjis porque saben que abiertamente no podrían?) Esto es lo que la merma entiende como «respetable»:


Como siempre, ¿qué tenemos enfrente, es decir, de nuestro lado? También como siempre, las redes sociales se han llenado de campanudas declaraciones de los políticos europeos, y los portadores de mecheritos están haciendo su agosto. «Tous sommes…«, ya saben. La UE no quiere darse por enterada de que le están haciendo la guerra. Ese pacifismo suicida que recorre el territorio de la UE del uno al otro confín. Es una táctica muy ensayada y muy eficaz: recuérdese a Miguel Ángel Blanco. La ola de ira que provocó su asesinato hizo que los etarras tuvieran miedo de salir a la calle. ¿Cómo se «calmó» esa ola de ira? Muy simple: en cuanto aparecieron las «manos blancas» (¿»manos blancas no ofenden»?) y los mecheritos, adjuntos a un argumentario del tipo «no somos iguales a ellos» y otras chorradas sentimentaloides. Lo que para ellos es la «señal» de que pueden seguir golpeando en el mismo sitio. Y lo que traducido a las circunstancias actuales es que hemos concedido a esos terroristas la «libertad de explosión»: no sólo de volarse ellos, sino y sobre todo, de llevarse a un buen puñado de infieles por delante. Qué democráticos somos, ¿verdad? Hasta permitimos que unos locos religiosos nos asesinen a bombazo limpio. Pero curiosamente, la culpa es de «las religiones».

Ítem más: los ¿líderes? europeos no querrían ni por un momento que surgiese un Pierre d’Amiens que convocara a una Cruzada. Malísimo para sus negocios. Pas mal, mon ami! A los culs-gros de Bruselas les asusta tener que hacer su trabajo, una de cuyas facetas incluye el mantenimiento de la paz y la seguridad en el territorio europeo. Pero al mismo tiempo les asusta que surja alguien que, aunque no fuese al grito de Deus vult!, llamara a los europeos a defenderse de la invasión silenciosa musulmana.

Por eso, a alguien que sí podría y muy en serio, como Viktor Orbán, la eurocracia masónica de Bruselas y sus lacayos le persiguen con saña. No sólo por ser católico, que ya es anatema; sino por rebelarse ante el europeísmo de horchata promovido por Bruselas, que apenas encubre un ansia de esclavización. Quienes lo promueven saben perfectamente que mientras Europa siga siendo ejemplo histórico de valores humanos (aunque ya sólo sea «histórico» y no actual), siempre habrá posibilidad de resistencia. Y es peligrosísima —para los intereses de esa eurocracia masónica— una religión que proclama la dignidad esencial de la persona humana, frente a aquellos que quieren un «hombre nuevo» modelado a gusto del Estado (hombre-bonsai, sin duda). Es recomendable la lectura de 1984 a ese respecto. Por de pronto, ya han conseguido que la Iglesia (al menos en España) se dedique a contemporizar, en vez de defender vigorosamente sus principios cuando alguien los agrede. Delenda est Europa.

Libertad de explosión (II)

Pero hay más. Ya entonces les planteaba la cuestión de qué es lo que había en esa palabra «refugiados», y si todos cabían en ella. Los hechos son tozudos y, al cabo del tiempo, demuestran que no todos son «refugiados». También hay que considerar «migrantes económicos», que no es que huyan de una guerra, sino que emigran hacia un porvenir mejor, como tantas veces hemos hecho los españoles.

Hasta aquí nada que objetar. Pero la prueba de que estas personas no son «refugiados» es que no les ha interesado ir a países como los emiratos árabes o Arabia Saudí (sunnitas), o a Irán (chiítas). En unos u otros hubieran podido establecerse en un medio conforme a sus creencias, sin más, contando además con la ventaja de la proximidad geográfica. Se vienen a Europa, con el concurso de las mafias de tráfico de personas, que habrán hecho su agosto y su diciembre también. Esto explica por qué a veces, cuando los han sacado en la televisión, han preguntado: «Merkel, ¿dónde estás?». Dato fundamental: la cifra de acogidos por esos países «presuntamente hermanos» es apenas el 5% del total. ¿Solidaridad? En fin.

Un segundo problema y no menor: un emigrante, tal y como lo conocemos, al ser acogido en un país se integra en sus tradiciones y costumbres. Lo han hecho desde siempre todos los que han venido de Europa: españoles, franceses, italianos, alemanes, judíos. No ha habido tensiones raciales por una razón fundamental: los emigrantes se han adaptado y aceptado cumplir las leyes de sus países de acogida. Pero éstos que vienen, que no son «refugiados», sino migrantes económicos, se traen consigo unas costumbres que chocan frontalmente con los valores cristianos extendidos por toda Europa (por mucho que moleste a la banda rojomasónica). Lo peor: siguen considerando sus costumbres y su bárbara sharia por encima de las leyes del país de acogida. Y no sólo eso: desprecian también a los infieles que no tenemos la suerte de ser musulmanes como ellos. Es decir, básicamente no se integran.

Y no sólo no se integran, sino que además nosotros mismos les ayudamos a que no se integren. Declaraciones como las de Cameron (que tiene ese problema en casa, como ven) o gestos como éste de nuestro propio gobierno, no ayudan en nada. O los problemas derivados de la kafala musulmana, que exige que los padres que acojan al niño o sean ya musulmanes o se conviertan en todo caso. Si esto no es una violación flagrante de los derechos humanos y aún de los del niño… Naturalmente, la merma va a mencionar poco o nada estos detalles.

La guinda del pastel la pone el hecho —también comprobado— de que entre los «refugiados» se han colado, además de migrantes económicosterroristas de la Yihad. De ésos que toman al pie de la letra eso de que «el primer pilar del Islam es la guerra santa contra los infieles». Hecho que ha dejado en evidencia a todas las policías europeas, pues para éstos, al parecer, toda Europa ha sido espacio Schengen, con o sin control de fronteras.

“Libertad de explosión” (I)

Tomo prestada esta expresión de un tuit de Fernando Paz. Una más, aún. Colonia, París, Bruselas (dos veces)… El rosario empieza a hacerse interminable en los misterios de dolor. Las noticias son un tanto confusas, pero los hechos desnudos vuelven a poner sobre la palestra las cuestiones de siempre, que en mi opinión y en este momento son dos:

a) Las consecuencias de la «crisis humanitaria».

b) La absoluta inoperancia de Europa.

Para ir por orden, un servidor se pronunció en esta serie y aquí sobre el primer tema en gran medida. Hoy no me cabe añadir más que aquellos que señalamos la incompatibilidad del Islam con los valores cristianos (al carajo el humanismo europeo de Cifuentes) somos tachados de «racistas» y de «xenófobos», sin más conexión con la realidad que su propio animus iniuriandi. Quiero recordar dos párrafos del artículo de Mr. Voeten que explican bastante esa actitud:

Pero el factor más importante en Bélgica es la cultura de la negación. El debate político del país está dominado por una élite progresista complaciente, que cree firmemente que se puede diseñar y planificar una sociedad a medida. Los observadores que señalan verdades incómodas como el alto porcentaje de criminalidad entre los jóvenes marroquíes y las tendencias violentas en el Islam radical son acusados de ser propagandistas de la extrema derecha y son, por consiguiente, ninguneados y condenados al ostracismo.

 

Se intenta oponer a este debate un discurso paternalista en el cual los jóvenes musulmanes radicales se ven, sobre todo, como víctimas de la exclusión social y económica. A su vez, ellos interiorizan este marco de referencia, por supuesto, porque atrae la simpatía de los demás y les libera a ellos de la responsabilidad por sus propias acciones. El antiguo alcalde socialista de Molenbeek, Philippe Moureaux, que gobernó el barrio como su feudo particular entre 1992 y 2012, perfeccionó esta cultura de la negación y es en gran medida responsable del actual estado de cosas en el barrio.

El panorama, desgraciadamente, no es muy distinto en las Batuecas. De hecho, en toda Europa los gobiernos han decidido que el panorama sea el mismo. Del obispo húngaro que denunció la invasión no se sabe nada. Desaparecido. Ni siquiera en su momento se le prestó atención, salvo para tildar a la Iglesia de «retrógrada» e «insolidaria con los refugiados».

Con todo, lo que más llama la atención es que los que ahora prácticamente acusan de «xenófobos», de «racistas» y de «insolidarios» a quienes decimos que esta «crisis» se ha gestionado de la peor manera posible (si es que realmente era una «crisis»), son los mismos que callaban como lo que ustedes se imaginan cuando el Daesh masacraba a los cristianos (¿tal vez haciendo el trabajo sucio que otros no querían hacer por no mancharse las manos?). Los cristianos no eran gente digna de ser salvada, al parecer.

La táctica del salami

Esta entrada está dedicada a Adela, con cariño

Ha escrito Alicia Delibes un artículo estupendo acerca de cómo el comunismo fue cercenando en un plazo razonablemente corto las libertades de los húngaros, y que lo mismo vale ahora para Venezuela. No me cabe duda de que Chávez, tras su golpe fallido, utilizó la misma técnica; si bien hay que notar que cuando surge el chavismo, Venezuela está sumida en una corrupción imposible de atajar por medios normales. Parece que con los garrotazos de Chávez ya nadie se acuerda del estado en que estaba Venezuela antes de él. Había un caldo de cultivo propicio, que terminó de formarse con la última presidencia de Carlos Andrés Pérez, alias CAP, con quienes algunos de los nuestros hicieron tan buenos negocios. Algunos creían entonces en Venezuela, como ahora en España otros, que el dinero podría seguir circulando pese a la corrupción y que habría para todos. El resto, como dice la frase consagrada, es historia. Pero quisiera ampliar un poco más la perspectiva.

El problema, como siempre es el contexto histórico previo que proporciona el éxito a esos regímenes totalitarios. En el caso de Alemania fue el marasmo económico en que la dejó la crisis de 1929, con seis millones de parados en 1930. La Rusia de 1917 está perdiendo la guerra europea y también cabe hablar de marasmo económico. Otro tanto se puede decir de la Italia de 1929. Y así, muchos otros ejemplos. Quedan para la historia también dos constantes: la sordina que se coloca a las voces sensatas que avisan de lo que viene por «derrotistas» o «agoreras» (síndrome de Casandra) y la aparición en escena de un hombre débil que entrega el poder a esos totalitarios. Papel que en Alemania cumplió von Papen al entregárselo a Hitler, y en Rusia, por citar otro ejemplo bien conocido, el liberal y (según parece, masón) Kerenski al no poder frenar el empuje de los bolcheviques.

Pero la táctica del salami no sólo ha sido útil en la transición de regímenes débiles a regímenes totalitarios. También lo ha sido en rebajar la calidad democrática del que en 1970 se llamaba mundo libre, hasta el punto de que hoy se puede hablar de la instauración o funcionamiento de democracias de baja intensidad en la práctica totalidad de ese mundo libre. Ocurre a nivel europeo y, por supuesto, también español. En 1970, Europa (y España, por mucho que los cenutrios de siempre lo nieguen) había alcanzado un nivel de bienestar sin precedentes en el mundo. De pronto, alguien debió pensar que aquello era demasiado bienestar, demasiada riqueza y demasiados derechos. Como hubieran dicho Les Luthiers, «¡Esa hormiguita está VIIIIIIVA! ¡Hay que matarla!». Y desde entonces hemos sufrido la palabra preferida de la izquierda española: recortes en todos los aspectos. Con el PSOE y con el PP, han sido una constante.

Fijémonos en un detalle. Yo no sé cómo estaría Alemania (occidental) en los 70. Pero me parece inconcebible que el Jugendamt (Entidad Pública de Protección de Menores, diríamos aquí) pueda prácticamente amenazar con la cárcel a una familia porque una hija suya de 14 años tiene miedo de ir al colegio debido a un tema de acoso escolar, sin que se les ocurra siquiera solucionar ese tema de acoso. Y todo porque la acosadora es lesbiana (al parecer ya sabe que lo es) y la acosada rechaza sus «requerimientos amorosos». Lo normal sería separarlas para que tuvieran el menor contacto posible. Pero ni eso se plantean. Aun dejando aparte la posibilidad de que el famoso Jugendamt esté dirigido por personas emocionalmente taradas, considero esos hechos escandalosos. ¿Milagros de la socialdemocracia sueca o pervivencia de prácticas comunistas en la sociedad alemana?

La táctica del salami ha servido también para crear una sociedad que, tras una crisis provocada como voladura controlada de sistemas de derechos y libertades, berrea «¡Vivan las caenas!», jaleada por esos periodistas sometidos de los que habla D. Francisco Rubiales Moreno en su libro homónimo. Me horroriza pensar que puedan llegar a cumplirse estas palabras de Alexander Solzhenitsyn en 1975, que la intelligentsia comunista española de entonces declaró anatema (Juan Benet y otros), en una entrevista parcialmente reproducida aquí:

Rusia ha realizado un salto histórico. Rusia, por su experiencia social, se ha colocado muy por delante del mundo entero. No quiero decir con esto que sea un país adelantado: al revés, es un país de esclavos. Pero la experiencia que hemos vivido, las vicisitudes que hemos atravesado, nos coloca en la extraña situación de poder contemplar todo lo que pasa actualmente en Occidente en nuestro propio pasado, y prever el futuro de Occidente en nuestra presente situación actual. Todo cuanto ocurre aquí ya ha ocurrido en Rusia hace tiempo, hace muchos años. Es una perspectiva realmente de ciencia-ficción: estamos viviendo los hechos que están ocurriendo en Occidente hoy, y sin embargo, recordamos que esto mismo ya nos pasó hace muchísimo tiempo a nosotros.

No quiero imaginarme una Europa futura (y dentro de ésta, a España) sometida a los dictados de un totalitarismo comunista, aunque en ese momento no se le llame así.

Ofensiva “laicista”

Dado que ha pasado algún tiempo desde que escribí la última entrada y que los tiempos corren vertiginosamente hacia alguna parte, han pasado unas cuantas cosas y será necesario ir por orden.

Lo primero de todo, la más que esperable caradura de Rita-me-irrita. La concejala podemita ha dado la nota varias veces. La primera vez, entrando en la capilla de la Complutense berreando consignas anticatólicas (que no «laicistas», como algunos pretenden). Y la segunda, negando en el juicio correspondiente haberlo hecho cuando está más que probado, grabado y fotografiado que esa tipa incurrió en el supuesto de hecho penado por el art. 525.1 del CP.

Lo mejor de la segunda parte ha sido, con todo, el tono con que lo ha negado. Uno la escucha y cree estar reviviendo la misma escena, pero ante la directora del colegio de monjas al que seguramente fue en su infancia, como si la hubieran pillado fumando en el lavabo: «No, no hice tal cosa». «No, no hice tal otra». Con la cabeza baja y la voz sumisa, como era la costumbre entonces. Y la Justicia, aplicando el Código Penal, le ha impuesto una pena de multa. Cuatro mil euritos del ala, que no van a suponer quebranto alguno para su partido, ya que reciben millones de Irán y de Venezuela. Bien es verdad que Belloch, el ministro bajo cuyo mandato se promulgó el pomposamente llamado «Código penal de la democracia», se preocupo muy mucho de que la multa fuera pequeñita. Así, contentos todos: el reo, porque no le iba a suponer un problema el pagarla y las acusaciones, porque así «se habría hecho justicia». Como siempre, sería interesante echar un vistazo al Derecho comparado; pero eso es algo que aquí a nadie se le pasa por la imaginación.

El espectáculo ha seguido aún más. Rita-me-irrita, en declaraciones posteriores al juicio, confundido interesadamente «libertad de expresión» con «infracción contenida en el Código Penal». Doña Rojelia, que ya no es juez, recordemos, sino pensionista del Ministerio de Justicia, ha dicho poco menos que la sentencia era un atropello contra la «libertad de expresión». Y Javier Barbero, el concejal que aplaude los escraches salvo cuando van dirigidos a él, definiéndose como «católico practicante» y diciendo que «él no se sentía ofendido». Y la guinda para el final: Rita Maestre no dimite, después de haber afirmado categóricamente que si era imputada o condenada, iba a hacerlo.

Esta gentuza no tiene ningún sentido de la medida ni del ridículo. Lo mismo que esos católicos despistaos que andan de podemitas. No tengo noticia de que se hayan manifestado en contra de Rita-me-irrita. Ni tampoco contra la ofensiva laicista rampante y promovida hoy ya desde instancias oficiales.

Más aún. Ya denunciábamos en este blog el Padrenuestro blasfemo de Dolors Miquel, que queriéndole dar un toque «feminista» se pasó como cien pueblos. Ahora hay más: los alcaldes y concejales podemitas dejan de subvencionar tradiciones simplemente porque son católicas. Digamos que no me parece mal que el presidente de la Generalitat Valenciana felicite el Ramadán a los musulmanes, siempre que haga lo propio con los católicos valencianos, para los cuales también gobierna, por si no se ha enterado aún. Pero no sólo ocurren cosas en Valencia. En Cádiz, en Zaragoza…

Lo lamentable de todo es, como les vengo diciendo desde hace mucho, que enfrente no hay nadie. El PP está enfrascado en la geshtión y esto, naturalmente, son «cosas menores». A ellos les está bien, porque todos los meses cuentan dinero. Pueden, como Mariano, decir que eso no va con ellos y acudir todos los jueves a la tenida. Pero para mucha otra gente cuya realidad no es precisamente el dinero, sino estirar el cumquibus para que alcance a fin de mes, lo que les queda son las tradiciones. Y por mucho que las pretendan sustituir con el fúrbo («al pueblo le basta con unos ídolos a los que adorar»: clasistas de mierda), nada hay comparable a la emoción de las procesiones de Semana Santa en las distintas ciudades de España: Sevilla, Murcia, Valladolid… Cualquiera de ellas tiene una belleza plástica inigualable, que ningún de esos cenutrios tiene derecho a hurtar al pueblo.

Señor Kichi, señora Rita Maestre y demás pelabaudios: si no les gusta la Semana Santa, cojan el coche, lárguense (con cargo a su presupuesto, no al erario público) y no vuelvan en toda la Semana Santa. Nadie los necesita.

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