No_os vamos a condenar (mucho)

Hace unos días salió, por fin, la sentencia del llamado caso Nóos. Tiene setecientas cuarenta y dos páginas, por lo que puede compararse, al menos en tamaño, a una novela de Ken Follett. Como siempre, mientras que en la novela el interés está en la trama, en la sentencia lo verdaderamente interesante es el fallo. Y el fallo evidencia, una vez más, que hay doble vara de medir, dependiendo de quién sea el justiciable. Es verdad que los delitos por los que se condena no los puede haber cometido un servidor o cualquiera de ustedes; pero incluso entre las clases altas hay clases, lo cual queda claro en el fallo.

Dentro del fallo, una vez más, también distinguimos: por un lado, los cuatro acusados principales; por otro, el resto. El cerebro de toda la trama es, sin duda, Diego Torres. Por eso es el acusado al que han condenado con mayores penas. Él es quien armó toda la trama, poniendo hasta las sociedades instrumentales que sirvieron para el desfalco. Y, sobre todo, él es quien consiguió que Urdangarín actuara de gancho para todo.

El segundo de la lista, el ex-duque de Palma, que seguro que ya no se empalma. Tal y como se cuenta en Urdangarín, un conseguidor en la corte del Rey Juan Carlos, parece ser que sus reales cuñados le detestaban porque le consideraban un montón de músculos y poco más. Eso hizo, como vasco con Rh negativo, que le picara el gusanillo de la ambición: por Dios que iba a «ser alguien» y que sus cuñados no se iban a reír de él. Ése es el punto en que todo se vuelve «íntimo y personal».

Sorprendente la semi-absolución de las esposas de los dos principales condenados. Se conoce que la doctrina Cristina (ya no más «doctrina Botín») ha funcionado. Ahora, cualquier esposa de pez gordo que cometa una pifia siempre podrá decir que «firmó enamorada» y que «no se enteraba de nada», aunque sea secretaria personal del pez gordo y por sus manos pasen montones de papeles comprometidos. Tampoco me queda claro que una fianza prestada para evitar la cárcel (carcelaria, en términos técnicos) se pueda aplicar posteriormente al cumplimiento de responsabilidades civiles (casi nada los 265.000 pavos del ala que le han caído en tal concepto), aunque parece ser que es legal.

Todo ha ido como debía ir. La infanta Cristina no olerá los barrotes y el ex-duque tampoco. Ni siquiera van a tener que pagar fianza. Y algunos todavía hablan de «rehabilitación de la infantal pareja» (los monárquicos de «el Rey no se toca y su familia tampoco»). Este caso, conjuntamente con otros que vamos conociendo, es la mejor prueba de que la fase instructora de los procesos penales no debe entregarse a los Fiscales. Es la única forma de visibilizar que, a determinadas alturas políticas e institucionales, la independencia judicial simplemente no existe, sin que importe el color político. La dependencia jerárquica de los Fiscales haría bueno lo que hoy queda fatal en las togas judiciales.

La orden era «salvarlos a todos», debido al desastre institucional que ha supuesto la imputación tantos peces gordos; pero no sólo por eso. ¿Se imaginan que estos casos salpicasen de un modo u otro al Gobierno y a su presidente? Sólo por eso valía la pena dar esa orden. Y van a cumplir, porque además se huelen la recompensa-ascenso, igual que los ascensos tras la grandísima pifia del 11-M. El único que parece va a ser salpicado es el Rey en cuanto al prestigio de la institución, bastante deteriorado tras los años de campechanadas de su señor padre. El Rey se mantiene en el exiguo papel que le deja la Constitución, aunque muchos ignorantes deseen que «dé un puñetazo en la mesa» y tal y tal.

España, asombro de vagamundos…

Nota afectuosa para D. Antonio Burgos. Para el diccionario que tal vez nunca escriba Politiqués-Español, le sugiero añada estas dos entradas: «Hay que dejar trabajar a la Jushticia» y «Yo shiempre reshpetaré lash decishionesh judicialesh», en la certeza de que en todo esto ha sido Mariano Rajoy quien más inocente parece y más hilos ha movido, motu proprio o por «indicación» de Campechano I…

«Spain Weekend Congress»

Ha sido este último fin de semana uno de congresos de partido. El PMR (antes conocido como PP) y hoy más PMR que nunca) ha hecho el suyo y los Pablemos boys también, intentando contraprogramarse. Que lo hayan conseguido o no, no es el debate. Para explicar la conclusión a la que yo he llegado de los congresos, tanto en uno como en otro caso, acudiré a la química y les recordaré que el sodio, en estado puro, explota al contacto del aire. De igual modo, la democracia interna de los partidos sigue en estado estable: es decir, ninguna. Nada de «una persona, un voto». Sigue en el PP el sistema de compromisarios, algo parecido a los superdelegados del sistema americano —que allí tiene algo más de sentido porque su censo electoral es varias veces el nuestro—. Sigue Cospedal con su tradición de cobrar mucho de varios sitios a la vez. «Ya hice losh cambiosh hace un año», dice, campanudo, Rajoy. Pero Rajoy ha conseguido lo que buscaba: revalidar sus tesis a la búlgara —lejos del poder hace mucho frío— y regularizar in extremis la «situación democrática» del Partido convocando el congreso, pues el plazo estatutario para convocarlo reglamentariamente había caducado hacía bastante tiempo.

Por lo que hace a los Pablemos boys, después de toda la matraca que nos han dado con Vistalegre II, resulta que su líder sale reforzado, aunque no a la búlgara. Errejón ha sido desarbolado por ahora, pero un servidor no cree ni por un momento que se haya enterrado el hacha de guerra. La defección de Bescansa —esperemos que no producida tras una ingesta masiva del laxante que venden en la digna cadena de farmacias que su familia regenta— ha sido un toque de atención. Quizá al final ha ocurrido lo que alguno ha dicho: que ya tiene bastante con el niño al que paseó en las sesiones constitutivas de la anterior legislatura y que no tiene intención de mediar en peleas de niñatos bien. No queda muy claro el futuro de la formación violeta.

En cuanto al desarrollo de los congresos, un servidor de ustedes tiene la sensación de que ha sido bastante parecida. Sí, la dialéctica es distinta: en un caso (PMR) se trata de «mantener lo conseguido» (el poder) y de «seguir avanzando por la senda socialdemócrata» (traducción: seguir friendo al respetable a impuestos y en hacer el PMR tan indistinguible del PSOE que cueste votar a uno o a otro). Y en el otro, recuperar la argumentación comunista de los años veinte y «cazar al fascista», que entonces era el campesino rico, el sacerdote, el terrateniente… y a los que últimamente han añadido a aquellos que, simplemente, están orgullosos de pertenecer a su país.

Como sea, estoy casi seguro de que el desarrollo de los congresos se ha parecido a esto:


La guinda final, esta vez, pertenece a Rafael Hernando por derecho propio. Es, al mismo tiempo una declaración de grouchomarxismo y de amor a su líder: «Mantener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil». Por tanto, por un lado acepta que «si no le gustan mis principios, tengo otros (o acepto los de usted)». Por otro, «el Jefe siempre tiene razón, y si cambia de principios, nosotros debemos cambiar con él».

Para esto ha quedado un partido de gobierno que no quiere enfrentarse a los principales problemas de la Nación..

Genocidios olvidados

Parece ser que anteayer fue día de recordar a las víctimas del Holocausto, las de la Shoah. Ésas víctimas, por suerte para ellas, han tenido siempre quién les escribiese. Desde Eisenhower, que, con toda razón, pidió a fotógrafos y cineastas que sacaran fotos y películas, «para evitar que en algún punto del camino surgiera un hijo de puta y dijera que eso no había ocurrido», hasta quienes ayer se reunieron para recordar esos sucesos terribles.

Sin embargo, parecen existir genocidios de primera y de segunda clase. El Holocausto judío es high-profile y por lo tanto, todo el mundo sabe algo, y unos hablan a favor de recordarlo y otros —tal y como predijo Eisenhower— en contra, tildándolo de Holocuento. Pero no vamos a entrar en eso. Otros genocidios, les decía, no gozan de esa visibilidad. No entran en las celebraciones oficiales quién sabe por qué extraña razón. Sólo tienen sitio en los canales temáticos de documentos y sólo en caso de insomnio es posible pescar un documental sobre ellos.

En esta categoría entra uno que me interesa especialmente recordar: el holodomor ucraniano. Como les decía antes, los ucranianos no tienen quien les escriba y por eso, lo que sucedió en sus tierras allá por el 1935 no ha tenido prácticamente eco en la historia. Stalin, ese bestia, dejó morir de hambre a cinco millones de ucranianos por una cuestión de simple propaganda. Había que contrarrestar la propaganda de que en el «nuevo Estado soviético» nada era lo que se había prometido y que la ineficiencia era la norma en cuanto al funcionamiento. Había que dar la impresión de que la URSS nadaba en la abundancia. Y al Padrecito no se le ocurrió más brillante idea que exportar a toneladas el grano ucraniano. Ucrania, que tradicionalmente había sido el granero de Rusia, quedó totalmente arrasada y empobrecida. Empezaron las requisas y el hambre asolaba el territorio de parte a parte.

Pero esto, para los progres y a los analfabetos por causa ideológica, no es relevante. Todo lo que hizo Stalin no es relevante, pese a que consta en la página correspondiente de la Wikipedia. Y lo que queda es que Hitler era muy malo por el modo en que eliminó a los judíos (gaseamiento), pero Stalin era «menos malo» porque sólo «mataba de hambre» a sus víctimas. Es como decir que un hombre es menos malo porque no pega a su mujer, aunque en la cotidianeidad la trate como si no existiese o fuese una especie de fantasma.

Algo parecido ha pasado con el holodomor. Se sigue pasando de puntillas. No hay casi testimonios gráficos —¡horror!— y los testimonios más fiables son los de la bábushka que por aquellos años era una niña y tuvo la suerte de sobrevivir. Todo es visibilidad, al final. Mucho hablar de los campos de exterminio nazi, pero poco se habla del Gulag, que era un gigantesco sistema de trabajo esclavo, y al que se accedía… por ninguna causa. Además, no hay fotos ni películas del Gulag, una creación personal del demonio estalinista. Les recomiendo el estupendo libro de la autora Anne Appelbaum, Gulag, sobre el particular. Para los progres, les dejo el enlace en Wikipedia, para que se informen y al menos, cuando quieran cantar las bondades del comunismo, bajen un poco la voz para no hacer el ridículo…

Y mencionamos éste porque es de los más significativamente silenciados. Pero lo mismo cabría decir del genocidio armenio de 1915. Han pasado más de 100 años y los turcos siguen sin reconocer que se pasaron por la piedra nada menos que a un millón de armenios. Y no, no es una estadística, como hubiera dicho el Padrecito…

Anti-Trump (it sucks…)

Ya decíamos en su momento que era incomprensible todo el desarrollo del proceso electoral useño. No entendemos esas manifestaciones anti-Trump, ni los disturbios anti-Trump. Siempre habíamos puesto a los USA como ejemplo de democracia madura y bien asentada, capaz de aceptar sin chistar los resultados de unas elecciones en buena lid; y sin embargo, bien parece hoy que han vuelto a la edad infantil.

Supongo que habrá sesudos analistas que expondrán circunstanciadamente sus razones. En cuanto a mí, que no me considero en absoluto un sesudo analista, ni intelectual orgánico ni nada parecido, expondré algo que a lo mejor ustedes no han leído en estos últimos tiempos en todas partes, pero que puede darnos alguna clave de por qué pasa lo que pasa.

Primera afirmación: Obama fue un socialista europeo. Es decir, importó a la política useña los modos y modales que imperan a su otro lado del charco —es decir, el nuestro—. En consecuencia, se ha dedicado a subvencionar todo lo subvencionable. El Obamacare es un reflejo de los sistemas de Seguridad Social vigentes en Europa, pero sin ninguna tradición en the States. La idea no es que el Estado te ayude, sino que tú seas capaz de manejarte por ti mismo. Para el tradicional individualismo useño, el Estado te proporciona una muleta y luego te obliga a amar la muleta, por lo cual lo han rechazado siempre. Un servidor de ustedes siempre dijo que, en este aspecto, Obama era el doble negro de ZP; pero ahora se van enterando.

Segunda afirmación: entre esos modos y maneras importados de Europa está la famosa superioridad moral de la izquierda. No hay más que ver a los peliculeros de Jolibús, con la sonada excepción de Clint Eastwood, agitarse como groupies por el candidato demócrata de turno. Que es la réplica de lo que en las Batuecas hicieron algunos rascavoltios y cómicos de la legua con la zeja. Y todos, a ambos lados del charco, están convencidos de que su opción es la buena y no hay ninguna otra. Menos aún la de los hotros. Todo eso queda para la galería. En el fondo sabemos que en todos los sistemas hay vasos comunicantes entre las formaciones políticas que detentan el poder y el resto es propaganda para el populacho —así les consideran ellos, aunque no se lo digan—.

El caso es que, elegido Trump, una parte del pueblo useño no se comportó con la madurez y disciplina que se espera de una democracia asentada. Vieron que peligraban sus subvenciones y fondos. Y al final, todo se resume en eso: defender el cacho de pan y la clientela fácil que pende de la subvención (otra novedad importada de Europa, o más concretamente, de España). De ahí las asonadas, los disturbios y las manifestaciones. No muy diferentes a las que se produjeron en Francia tras la elección de Sarko —¿casualidad que se produjeran contra otro conservador?—.

Pero lo que ya me da la risa es esa Women’s March. A esa marcha se apuntaron todos (y todas y todes) los progres. Incluso dos de ellas —Madonna y Scarlett Johansson— se despacharon a gusto. Sin embargo, nos hemos enterado de que una de sus organizadoras, Linda Sarsour, profesa la religión islámica, que, como es sabido, tiene un largo historial de defensa de los derechos de la mujer. Dejemos aparte otros rumores que corren sobre esa señora…


Otra que también me da la risa. Trump dijo en campaña que iba a construir un muro entre México y los USA, y que lo iban a costear los mexicanos. Eso sentó muy mal en el DF, y de hecho Peña Nieto ya salió en la televisión afirmando que no iban a pagar un centavo de ese muro. Toda la prensa useña e internacional se echó contra Trump: «Hay que ver… este tío es un fascista… etc etc» (como si los hotros no supieran nada de muros). Bueno, ¿dónde estaban esos que truenan contra Trump cuando Bill Clinton hacía lo mismo? Y lo que tampoco cuentan: que México ya ha ordenado levantar su propio muro frente a Guatemala. Esto los progres no lo cuentan porque «no saben/no contestan» (traducción: «es propaganda perjudicial para la empresa»).

Sea como sea, la rabieta de los perdedores es monumental y no se han cortado un pelo en demostrarlo. Nada de «aceptación tranquila de resultados» ni leches. Nueva prueba de que Hillary era (más) candidata del establishment que Trump: lo único que ha hecho hasta ahora la prensa mundial ha sido demonizar sin matices a Trump, sin hablar de lo que Hillary pretendía. Algo así como un «Estos son mis poderes, Donald. Te vas a enterar». Por supuesto, todas las organizaciones y personas a las que Obama regó generosamente están ahora como perros rabiosos porque se les acaba la manduca. Y todo así. Quizá hayamos entrado calendariamente en el siglo XXI… pero en muchos otros aspectos seguimos en el XX.

A cuatro manos y Dios

Realmente no sé si debería ser yo quien publicara esta entrada. Digamos que porque queda feo que uno «hable de su libro», por mucho que fuera un escritor (Umbral) quien popularizara el dicho. De todos modos quiero hoy hablarles de una pequeña obra que ha escrito Adela, mi pareja, acerca de un variado caleidoscopio de imágenes de su vida y de otras cosas, en que yo he tenido una participación importante en cuanto a edición y ampliación del material.

De entrada, no es un libro para cualquiera. Se habla de variados temas, se dicen cosas fuertes. Tal vez los que anden buscando morbo encuentren algún párrafo del que puedan sacar punta, como los cotorros esos del «corazón» (a todo esto, me pregunto qué tendrá que ver el «corazón» con todos esos asuntos de los famosetes de medio pelo que se promocionan por ahí previo pago).

Por encima de todo, es un libro que habla de Dios y de su intervención en una vida concreta. Quizá por eso no es un «libro para todos». Y luego, de esa intervención penden todos los demás temas que se hablan, como esos colgantes en los que, de un hilo principal, cuelgan otros hilos. Hilos que cuentan otras historias. Historias que hablan de desesperación, pero también de esperanza. Historias que son un grito de rabia, pero también de fe en Dios.

Me gustaría adelantar que quien piense que estamos ligados a movimiento alguno de Iglesia se verá seriamente decepcionado. No, no pertenecemos ninguno de los dos al Opus Dei, ni al Camino Neocatecumenal, ni a nada. Somos nosotros dos, como miembros de la Iglesia de Jesucristo, aquella de la que Jesucristo dijo a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno nada podrán contra ella». No debemos el favor a nadie y eso nos ha dado completa libertad para hablar de lo que queríamos hablar y de decirlo como queríamos decirlo. Quizá en otras épocas este libro no hubiera obtenido el nihil obstat; pero hoy es posible, gracias a servicios de publicación electrónica, que un libro como el nuestro se abra camino a la posibilidad de ser leído por otras personas.

No pretendemos en modo alguno hacer negocio con el libro. Así como otros escriben porque ésa es su profesión, nosotros no nos lo planteamos así. Creemos que lo que se dice en el libro es algo que debe ser dicho, ante quien sea necesario y con el debido respeto —o sin él, según los casos—, no desde el punto de vista de la teología o de la política o de la sociología, sino desde el punto de vista de dos creyentes de a pie. Así que, si va bien, alabado sea Dios: tendremos para pipas. Y si no va bien, alabado sea igualmente Dios. Nos queda la satisfacción de haber escrito el libro que queríamos escribir: nosotros solos, sin equipo, sin asesores de imagen, sin agentes literarios ni contratos de edición… ni toda la maquinaria que se pone en marcha cuando se trata de uno de los grandes. Que, total, los 50 truños de Grey (los normales, los oscuros y los liberados) han sido un éxito editorial sin tener gran cosa que decir.

En cualquier caso, esperamos que su lectura sea del agrado de quien nos escoja. Dejamos aquí el enlace a la tienda virtual.

Then we take Berlin

Da mucha pereza escribir sobre un tema en que ya llueve sobre mojado, de modo que me limitaré a tomar estas palabras de la famosa canción de Leonard Cohen, recientemente fallecido. En este blog mío y de ustedes nos hemos explayado con ganas acerca de que «no todos somos Charlie» o de la «libertad de explosión» de los radicales musulmanes. Hoy sólo queda añadir que era cuestión de tiempo que alguien intentara atentar en la capital del acogimiento al Fluchtlinger. En uno de esos Weinachtsmärkte (Mercados de Navidad) de la capital alemana (uno cercano a la Kurfürstendamm, en pleno centro) a un descerebrado musulmán se le ocurrió embestir con un camión a las gentes que paseaban tranquilamente por dicho espacio.

Tras la lógica confusión inicial, queda clara una cosa: que el Jefe de la Policía alemana es un progre, o que lo es su superior político inmediato. Tardaron bastante tiempo en admitir varias cosas. Primera, que el delincuente era un radical islamista y que el atentado sigue el mismo esquema que el de París. Sigue vigente la orden de ocultar la filiación del delincuente para que los alemanes no se solivianten más de lo que ya están después de que Angela Merkel dejara entrar, sin control alguno, un millón de «refugiados» en tierras alemanas. Luego resultó que al hombre que detuvieron en primer lugar «no era el asesino». Horas después nos enteramos de que el verdadero conductor del camión fue asesinado por el radical islamista. Finalmente, la odisea termina en Milán, donde una pareja de policías novatos, como Terence Hill y Bud Spencer, abaten a tiros al radical islamista. ¡Qué oportunidad y qué suerte!

Lo más chusco de todo —algo en lo que se han cebado las redes sociales— es que la mayoría uniforme de los medios se escandalizaba de que el tipo «se había radicalizado en la cárcel» cuando, por lo visto, la Policía ya le conocía por haber quemado una escuela. Pues menos mal que antes de entrar en la cárcel «no era un radical». Si llega a serlo, después hace saltar por los aires la puerta de Brandenburgo. ¿Qué menos, no?

Ahora, para tranquilizar a la opinión pública y a la «extrema derecha populista» (todo el que se opone a Merkel desde la derecha es «populista»), que pedirá cabezas, se sigue una estrategia ya conocida: salvaguardar la eficacia de las fuerzas del orden. En España conocemos esto bien, pues al margen de la inoperancia de mandos policiales corruptos, los medios se ocuparon de señalar que ya en diciembre de 2003 —tres meses antes del 11-M— «la Guardia Civil había evitado un atentado de similares características». Es lo que ha ocurrido ahora: según medios oficialistas, la Policía alemana habría evitado otro atentado que podría haberse cometido en alguna superficie comercial de Oberhausen, una pequeña ciudad cercana a Duisburg.

Europa sigue cogiéndosela con papel de fumar en materia antiterrorista y de relaciones con el Islam. Hay algo que huele muy mal en todo esto. He oído comentar por ahí que hay un pacto secreto entre Alemania y Turquía, según el cual Turquía puede presionar todo lo que quiera a Alemania debido a que aquélla es puerta de entrada para todos los refugiados (los verdaderos y los fake); y que si Alemania decide algo contrario a los intereses turcos, Erdogan (que ya va camino de la dictadura islamista) puede abrir el grifo e inundarnos de refugiados. Si es así, el pueblo alemán está vendido; y por extensión la UE. No es difícil de imaginar que ante la próxima avalancha Bruselas imponga cuotas de reparto. Los progres nacionales de cada país ayudarán a vender la operación como «acto de solidaridad» que tendremos que soportar todos, pero ellos no.

Parece que hay líneas de investigación que apuntan a que algunos países árabes financian a esta gentuza. Es decir: el lobo solitario no es tan solitario como parece. Más bien parece víctima propiciatoria, un tipo al que el reclutador islamista le ha lavado el cerebro y convertido ya en víctima antes de cometer el acto. Con la promesa, naturalmente, del Jardín de Alá y las setenta y dos huríes (¿o eran 32? En esto las versiones varían). Luego está la estructura logística: la que proporciona las armas o los explosivos, dependiendo del tipo de atentado que se esté pretendiendo cometer. Y detrás de éstos, que es a lo que vamos, hay alguien que lo está financiando todo. Es ahí donde todo huele muy mal. Mientras los empresarios occidentales hacen buenos negocios, miran a otra parte respecto de lo que hacen sus socios árabes, porque «a fin de cuentas, ellos no son políticos; sólo empresarios».

Pero a ras de suelo, hay algo más importante que nos han robado esta gentuza, más que las vidas de las víctimas de los atentados: la tranquilidad. Tranquilidad de que a uno no le va a pasar nada cuando pasea por la calle con su mujer y sus hijos y de que si pasa algo, las fuerzas del orden van a estar a la altura. Uno nunca sabe si en una aglomeración de gente como la que había en el Weihnachtsmarkt de la Ku’damm (podría haber ocurrido el día anterior y en Spandau, por donde paseaba yo con mi pareja y no cabía un alfiler) va a aparecer un cabrón de islamista conduciendo un camión y se va a llevar por delante a 12 personas y va a dejar 50 heridos. Los islamistas ya atentaron en Manhattan y ahora lo han hecho en Berlín. El peor miedo no es el de la gente que padece los atentados, sino de los políticos a quienes el miedo paraliza y no toman las decisiones necesarias y valientes que deben tomar.

Dicen que la dignidad es el vestido de la moral. Algunos deberían revisar qué clase de vestido llevan o si es que van desnudos. Y recordar que los islamistas tienen sus propios planes respecto de Europa, por mucho que algunos crean que pueden manejarlos o hacer tratos con ellos. Más aún: esos algunos deberían explicarnos si reciben algún pago o contraprestación a cambio de oponerse en los respectivos legislativos nacionales a la independencia energética de Europa respecto del petróleo musulmán. Toda la purria ultraizquierdista debería abrir la boca —ya que la abre para acusar a sus detractores de «extrema derecha», «extremo centro» y, por supuesto, «fascistas»— para explicar eso sin mentir. Por lo que hace a España, ya sabemos que han sido y son financiados por la dictadura islámica iraní. Respecto de los otros en otros países, uno no sabe, pero digamos que si se llega a saber, un servidor de ustedes no se sorprendería en absoluto. La estupidez, en la izquierda que juega a ser democrática, no tiene límites.

Lo que el ruido esconde (III)

Sigue la relación. Ya tenemos formado el Gobierno, el Gobierno «del diálogo y del talante», así que ahora se disponen a ¿gobernar? La rueda de las noticias, importantes o intrascendentes, no se para y lo primero que ha hecho el nuevo Gobierno es subirnos los impuestos schon wieder. Claro que no lo hace por fiestas, sino con efectos del mes que viene, para cuadrarlo con el debate de presupuestos que tendrá lugar en febrero. Montoro se frota las manos, además, con las percepciones por la derogación de la cláusula-suelo, que ha tenido que venir de Europa porque aquí nadie se atreve a toser al sistema bancario. Nota para los que dicen que no hubo rescate: es verdad, no hubo rescate. Pero para los bancos sí lo hubo. Se dejó caer a las familias, pero a los bancos, ¡Dios nos libre de que un banco quiebre! Con el agravante de las indemnizaciones que algunos banqueros se otorgaron a sí mismos antes de largarse a su casa y que después nadie les ha reclamado. Y tocan, prácticamente, todos los impuestos.

Otra más. Ayer tocó el Gordo y no sólo al Partido Comunista. Ya sé que no ocurrirá —el soviet dominante allí lo va a impedir—, pero estaría bien que TVE o bien emitiera o bien repusiera la película o capítulo de serie de Don Camillo, el socarrón personaje de Giovanni Guareschi, para recordarnos qué le pasó a Peppone, el alcalde comunista, cuando le tocó la lotería. Donde también tocó la lotería es en Barcelona y a los indepens. Más dinero para Cataluña en la lotería del FLA. Los indepens, revoltosos, y el Gobierno, que quiere la fiesta en paz. Más estructures d’Estat para Cataluña, mientras el Gobierno, con el dinero de todos los españoles, paga simplemente para que se vayan el año que viene, no éste, que no les viene bien. Un servidor se imagina que en algún momento la fiesta del dinero habrá de terminar, bien porque no haya más dinero, bien porque no quede más paciencia. Pero, por lo visto y mientras tanto, ¡viva la Nicolasa!, que nos permite vivir tan de puta madre del país veí y sin consecuencia alguna. Supongo que Llanos de Luna se habrá quedado bien descansada después de estar partiéndose la cara con los indepens sin haber recibido apoyo alguno del Gobierno, ni expreso, ni tácito, ni presunto porque éste aplicaba la doctrina Bermejo: cuando la jugada lo aconseje, que en el caso de los indepens es nunca. Lo dicho: ¡viva la Nicolasa!

Y la última, que no es ninguna bomba sino algo más o menos esperado. José María Aznar, que fundó el PP de las cenizas de AP, echa el cierre. Deja de ser Presidente de Deshonor del partido que antes se llamó PP y ahora se llama «PMR» (Partido de Mariano Rajoy). De Mariano Rajoy abajo, muchos le deben todo lo que son; pero en política las lealtades son volátiles y ahora lo que toca es seguir a otro líder. La transformación del PP en un partido socialdemócrata (hoy uno puede votar al PMR o al PSOE indistintamente y sin despeinarse) tras echar a la base conservadora católica y a los liberales anunciada en Alcoy en 2008 y cuya unión consiguió Aznar en 1996, es hoy completa. No hay más que ver a especímenes como Cifuentes, Andrea Levy o Maroto el de la moto. Suena como aquello de: «En el día de hoy, cautiva y desarmada la oposición liberal-conservadora, han alcanzado las huestes marianescas sus últimos objetivos políticos. La oposición a Mariano Rajoy ha terminado».

Feliz Año Nuevo a todos… y que Dios y Montoro nos cojan confesados.

Lo que el ruido esconde (II)

Sigo contándoles. Les decía que este ruido mediático ha servido para que Mariano vuelva a ser presidente de las atribuladas Batuecas, con una minoría vergonzante —le importa poco, con tal de ser él quien vaya al frente del desfile—. Nos hemos ido enterando de lo que tramaban mientras nosotros estábamos mirando hacia otro lado. Para lo que nos importa ahora, hay unos cuantos cambios remarcables. Veamos…

Cambio número uno: en Exteriores han puesto a un señor (Alfonso Dastis) que es diplomático de carrera. Parece lógico que el Ministro entienda de su parcela y que no sea como en aquel diálogo de la película De camisa vieja a chaqueta nueva (inencontrable hoy porque retrata demasiado bien a unos cuantos prohombres de la cosa pública que han sido y algunos aún son. Ríanse de la censura franquista): «Te han nombrado Director General para Orense de la cosa forestal». «¿Y eso de qué va?». «Ya te irás enterando». Pero es de agradecer que al frente del Ministerio haya un señor que haga poco ruido, tras el pirómano que le ha precedido. Aunque en Barcelona estuvieran encantados con él.

Cambio número dos: En Defensa han cambiado de titular. Morenés sale como embajador. Si fuera por los servicios prestados a la Nación en general y a las Fuerzas Armadas en particular, se hubiera merecido un consulado en Nueva Guinea. Pero ser amiguete de Mariano le ha valido la codiciadísima e importante Embajada en los USA. No tenemos noticia de su pericia diplomática, pero bueno: los amigos están para hacerse favores… no necesariamente mutuos, como hubiera dicho Tom Highway.

A cambio, han ganado de ministra a Mª Dolores de Cospedal. No se conoce que la flamante ministra de la cosa militar pueda exhibir tradición castrense alguna: su tradición es más bien la de cobrar mucho de muchos sitios a la vez. Por lo demás, que la hayan metido en Defensa, en estos tristes tiempos para la cosa militar, suena a castigo. Quizá por no compaginar bien la Secretaría General del Partido con la Presidencia en Castilla-La Mancha durante la legislatura de la mayoría absoluta (hubiera sido deseable sólo uno de los cargos; pero conociendo su tradición…).

Cambio número 3: Le han quitado a Montoro la parcela de «Administraciones Públicas (hoy «Territoriales»)» y se la han dado a Soraya. Se conoce que a Montoro tanta concentración de poder no le ha sentado bien y por eso a Soraya, sin quitarle la Vicepresidencia, le dan poder sobre todos los funcionarios públicos. Pero lo curioso es que Soraya, ni corta ni perezosa, se ha montado un despacho en Barcelona, cerca de la Delegación del Gobierno, en la que también hay cambios: sale Llanos de Luna, que se ha partido la cara con los revoltosos del Govern, y entra el ex-UDC Enric No-passa-res Millo. Quizá por esa condición de ex de Duran i Lleida —de quien nunca se supo del todo a qué jugaba— quiere vigilarlo más de cerca Soraya.

Ha habido otros cambios menores: así, a Álvaro Nadal le han dado Turismo y Agenda Digital, cualquier cosa que la «Agenda Digital» sea. La cosa es que a Nadal le han dado un Ministerio «porque no podían no dárselo, después de todo lo que ha trabajado en la Oficina Económica» y tal. Ah, y también porque al ser el único de todo el Gobierno que habla alemán, es el único también que puede entenderse, de buenas o a cara de perro con Merkel o Schäuble.

Y finalmente, el gran triunfo de los LGTBI: Dolors Montserrat, menestra de Sanitat i Consum, que lo es porque los LGTBI le han dado el visto bueno. En Sanidad no tiene que hacer nada, porque prácticamente todo está transferido (gracias, Ernest Lluch); y otro tanto se diga de Consumo. Se preguntarán ustedes: «Y si está todo transferido, ¿para qué queremos un Ministerio de Sanidad?». Pues porque desde los tiempos de la Bibiana queda el chiringuito de la Igualdad a nivel nacional. Y para facilitar el cambio de sexo en toda España, y la «visibilización» de los sesenta géneros presuntamente existentes y otras locuras de la agenda LGTBI (eso es una «agenda» y no esa chorrada de la «Agenda Digital»).

Me concederán ustedes que para esto hacía falta todo este tiempo. Pero no queda aquí la cosa, que va. En la próxima entrada seguimos.

Lo que el ruido esconde (I)

Sepan ustedes en esta democracia de baja intensidad que padecemos hay algo que es de muchísima utilidad. Se llama ruido mediático y sirve a los Gobiernos, como el nuestro, que controlan el flujo de información que discurre por los canales del país. Ahora mismo acabamos de tener una demostración excelsa del uso de ese ruido mediático. Llevamos desde la debacle socialista y las elecciones USA con ese ruido: Trump-Trump-Trump en una sola dirección (qué malo es, es el demonio, nos va a meter en la tercera guerra mundial): diarios, tertulias televisivas, radiofónicas… Un empacho, vamos. Ya dijimos en su momento que donde más importa Trump es en los USA, no aquí; pero quiá: vox clamans.

Luego, se ha muerto Fidel Castro. Otra vez el chumba-chumba mediático, igualmente unidireccional: se nos ha muerto el líder, la revolución, las plañideras… Más ruido mediático. Si a usted, señor, no le gusta la política siempre le quedara el fúrbo con la última ventosidad genialidad de algún astro del mundillo. Y si a usted, señora, no le gusta ni la política ni el fúrbo, podrá disfrutar de las noticias sobre la Pantoja, que por fin ha salido de la trena: el concierto, el disco, la polémica… O de los problemas de algún famosillo de medio pelo con algún exnovio o exnovia. Vamos, que han tenido ustedes dónde elegir.

El caso es que en este tiempo nuestros politicuchos no han perdido el tiempo, valga la redundancia. Les ha ido muy bien que la prensa (a la que en buena parte tienen comprada o acojonada) no les echara un ojo. Mientras todos miraban a otra parte, Mariano se las ha arreglado para ser presidente de nuevo, aunque con una minoría vergonzante. Por eso repetían tanto lo de «Esh la legishlatura del diálogo». A juzgar por cómo van a ir las cosas, «del diálogo y del talante», porque gobernar en minoría sólo para no ir a unas terceras elecciones es lo que tiene: no llevas a cabo tu programa político —en el caso de que tengas uno y le concedas algún valor—, sino el de tu socio, que puede vetar todo lo que no le guste. Pero de eso hablaremos en la entrada siguiente.

Españoles, Fidel ha muerto (II)

De cómo ha quedado Cuba después del reinado del compañero Fidel da idea esta esperpéntica imagen. Un vehículo militar —probablemente, los únicos que tengan una apariencia moderna en Cuba sin pertenecer a los miembros de la nomenklatura dirigente— transporta presuntamente las cenizas del dictador (ni siquiera hay certeza de eso). Pero sobre todo, un vehículo que o bien se ha estropeado o bien se ha quedado sin gasolina, imagen también del progreso comunista. Éste consiste que los vehículos no te llevan, sino que tú vas llevando a empujones los vehículos a través de una carretera sin arreglar desde hace años (¿para qué arreglarlas si el pueblo carece de vehículos con los que transitar por ellas?).

Lo importante de la muerte de Fidel no es tanto lo que deja atrás (hambre, corrupción y exilio), sino lo que ha de venir. Las opciones son variadas:

1. Apertura democrática. Es lo que esperan los cubanos de fuera de la isla y no pocos de los de dentro. Sin embargo y en mi modesta opinión, la oportunidad para una verdadera apertura se producirá con la muerte de Raúl.

2. Continuidad del régimen. Ése parece ser el propósito desde el momento en que Raúl ha dicho que dejaba el poder en 2018… tiempo suficiente para preparar a un sucesor y entregarle todos los resortes. Con lo que la dictadura se prolongará horizontalmente unos cuantos años más.

3. Guerra civil. No sólo entre los primos (los hijos de Fidel y los de Raúl) sino entre partidarios del régimen (que tienen la sartén por el mango) y sus detractores. Para evitar eso debería existir, como en España en 1975, una masa crítica de población suficiente convencida de la necesidad de un cambio sin derramamiento de sangre.

La primera de las tres sería, naturalmente, la más deseable. Un tránsito sin violencia hacia un régimen de libertades y derechos humanos sería lo mejor sin duda para la mayoría de los cubanos. Pero tiene, a mi entender, dos problemas propios de las dictaduras moribundas. El primero, que los gerifaltes están dispuestos a resistir el vendaval democrático contra viento y marea. Y el segundo, la depuración de responsabilidades de los antiguos dirigentes.

Éste es el más importante de los dos. Dudo mucho que, en caso de producirse ese tránsito, los gerifaltes se dejaran juzgar por un tribunal guiado por principios democráticos. La solución fácil sería una de esas «leyes de punto final», ya que nadie espera tampoco que Cuba «se haga un Ceausescu». Lo triste, como siempre, va a ser que los emboscados, los que ahora tienen una parcela pequeña de poder y que han abusado de ella como carceleros, denunciantes profesionales y otra gente «afecta» que no sale en los papeles, se irán de rositas. Se convertirán en «probos funcionarios al servicio de la democracia», con derecho a que nadie, ni sus víctimas, les recuerde el pasado. Pasó con los nazis, ha pasado con los comunistas europeos y probablemente, en Cuba también si se abre el proceso democrático.

Me queda por decir algo en cuanto a reacciones. No es cierto que los gobiernos europeos hayan abandonado la posición común frente a Cuba; sólo que ya no es la posición que Aznar les obligó a consensuar. La pregunta que se hacen en muchos Ministerios de Exteriores es: «¿Con qué personaje del régimen cubano hemos de hacer negocios ahora?». Incluso, mucho me temo que algunos siguieron haciendo negocios a pesar de haber firmado esa famosa posición común. Ésa es la lamentable constatación para nuestro «civilizado» primer mundo: los «derechos humanos» ceden ante los negocios.

También es posible que la democracia sea una mala noticia para los que suelen ir a Cuba de turismo sexual. Quizá la democracia haga desaparecer las gineteras y arregle las carreteras. Quizá por primera vez los cubanos tengan trabajos decentes pagados con sueldos decentes y no tengan que prostituirse simplemente para comer. Quizá los cerdos que van a La Habana a buscar carne fresca deban pensar en rascarse el bolsillo algo más y llegar hasta otros países donde el turismo sexual esté «tolerado» (y sólo por los beneficios), porque en Cuba ya no. Supongo que ésos también se han unido al coro de plañideras por la muerte de Fidel.

Se abre un tiempo de esperanza para Cuba, si bien hay que recordar que no será para mañana mismo. Ojalá el bello país caribeño deje de ser una cárcel y sus habitantes puedan, por fin, respirar en libertad.

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