Ésa es la conclusión a la que llego después de hablar con mucha gente acerca de los últimos acontecimientos. La gente está muy harta y «sólo quiere salir adelante». No quiere oír nada de «política», y «quiere centrarse en su lucha diaria». Verdaderamente, los nacionalistas lo han conseguido: han sido tan «coñazo» que los que viven fuera de sus dominios han dicho «basta» y, aunque no esperan que Mariano arregle el problema (probablemente porque no son ésas sus órdenes), ya están hasta el gorro del temita. Continuar leyendo ««Coñazo» y encuesta»
Autor: Aguador
Das Wohltemperierte Klavier
Créanme que después del disgusto que me he llevado (y probablemente algunos de ustedes también) con lo de la liberación del secuestrador y asesino Bolinaga, que se morirá en breve o no se morirá pero que en su pueblo lo recibirán como un héroe de la tierra y la patria vasca; después del infame papel que ha interpretado el Gobierno, mi Gobierno, que ha tenido además la desfachatez de decir que «se ha cumplido la ley»; después de que la justicia se manchara la toga no sólo con el «polvo del camino», sino con eso otro que ustedes se imaginan, el único refugio que me queda es la música. Continuar leyendo «Das Wohltemperierte Klavier»
La in-Diada

Sepan ustedes que anteayer los catalanes tuvimos la Diada más «reivindicativa» desde hace mucho tiempo. Tras años de Diadas «institucionales», en que los únicos que tenían algo que celebrar eran los miembros de la clase política, hoy la cosa ha cambiado. Queda muy lejos del año 1976, en que al parecer no se necesitó ni Facebook ni Twitter para salir a la calle y reclamar «Llibertat, amnistia, Estatut d’Autonomia». Pero el Govern de Catalunya, encabezado por el president Mas, se ha liado la manta a la cabeza. Eso sí, él no estaba ayer. Continuar leyendo «La in-Diada»
La pornoconcejala
El asunto tiene en sí muchos ingredientes de comedia berlanguiana o de esperpento de la España profunda, que dirían los pedantes. Dado que hay ya muchas personas que han dado su opinión, no es cuestión repetir los dimes y diretes, así que esta vez seré breve. Continuar leyendo «La pornoconcejala«
Alégrame el día
Las elecciones useñas siempre me han parecido un parto de ballena. Sus primarias, sus caucus, el fund scoring que es el que hace que salga un candidato y no otro… Todo eso siempre me pareció aburridísimo, además de un modo de rellenar tiempo en los informativos patrios para justificar que no se hable de las pifias nacionales. Pero hombre, ¡con lo sencillo que es que en el Partido se reúna una comisión (o mejor, se designa a una sola persona) para que haga las listas y se ponga a los lameculos por orden de importancia y mérito en eso que se llama lista electoral! ¿Campañas electorales? Con quince días es suficiente y sobran catorce. En fin, que como dirían los galos: «¡Estos americanos están locos!».
Y sin embargo, en el coñazo electoral ha aparecido una figura que ha sido un revulsivo para la campaña: el viejo Clint, imagino que un apestado de Jolibús porque allí son todos millonarios y cienciólogos y, sobre todo, progres (los demócratas de allá son los primos estadounidenses de los progres europeos, hoy mucho más gracias a Obama). El viejo Clint ha sacado la Magnum 357 (o el AK-47, «el arma preferida de vuestro enemigo»), la ha apuntado a la silla vacía del Obamesías y le ha pegado unos buenos tiros (dialécticos, se entiende).
Mi listening comprehension es muy mala, pero he encontrado el texto y a él me ceñiré. Clint tiene los tics de alguien que no se dedica a la política de forma profesional (aunque en tiempos fue alcalde de Carmel, CA, la ciudad en la que residía, por los republicanos). Sin embargo, dice algo que por conocido no es ni mucho menos reconocido por los ciudadanos, porque toda la propaganda y las historias que se cuentan sotto voce van en sentido contrario:
I would just like to say something, ladies and gentlemen. Something that I think is very important. It is that, you, we — we own this country.
We — we own it. It is not you owning it, and not politicians owning it. Politicians are employees of ours.
And — so — they are just going to come around and beg for votes every few years. It is the same old deal. But I just think it is important that you realize, that you’re the best in the world. Whether you are a Democrat or Republican or whether you’re libertarian or whatever, you are the best. And we should not ever forget that. And when somebody does not do the job, we got to let them go.
Este fragmento, naturalmente, es el discurso de un facha. Alguien orgulloso de su país, que no olvida que los políticos son nuestros empleados (cuando en España prácticamente se comportan al revés). Que no olvida que el país nos pertenece. No es de las multinacionales; no es de los caciquillos de pelaje mayor o menor que por cuenta de los partidos nos hacen la vida entretenida y además se llevan su comisión. Pero no se queda ahí y dice más. Dice que no importa si eres republicano o demócrata o lo que sea: tú eres lo mejor. Y que cuando alguien no hace su trabajo, hay que echarle.
Ahora se oye mucho: hay que echar a Rajoy porque no hace su trabajo. Son los de siempre, es decir: los que no protestaban cuando era ZP el que nos estaba llevando a la ruina, los comprados, los estómagos agradecidos. Esa zeja que hacía de claque del peor presidente de la democracia, digno de ocupar sillón al lado del Rey Felón. Y francamente, ni uno ni otro hicieron o están haciendo su trabajo. Así que habría que echarlos a ambos y mandar a tomar por saco el bipartidismo.
Lo mejor de todo ha sido la reacción del Obamesías al discurso (bastante educado, por lo demás) de Clint: ha twitteado una foto del sillón presidencial con el pie: «Este sillón ya está ocupado». Tal vez debiera decir temporalmente ocupado; pero eso, según creo, se verá en noviembre. Mientras tanto, me hubiera gustado que Clint, en vez de ser tan educado, hubiera empleado este otro tono (que tampoco veremos, obviamente, por las Batuecas)…
Pues eso: gracias por alegrarnos el día, Clint.
Res.cat
Bueno, pues ya está. Ha ocurrido lo que no tenía que haber ocurrido, como tantos otros acontecimientos del retonno nacionalista al Pati dels Tarongers. Nunca hablaron, ni mucho ni poco, del agujero que el monstre de tres caps (el Tripartit) dejó en las arcas catalanas, ni de lo mucho que eso iba a condicionar la política catalana de los próximos cuatro años. La pela és la pela, pero por encima de todo, l’oasi és l’oasi: los viejos compañeros nunca mueren, y los que quieren salirse del corro lo hacen con los pies por delante.

Así que el Príncep Encisador ha heredado el desbarajuste proletario-identitario del Tripartit, ha dicho muts i a la gàbia… y ha mantenido el nivel de gasto. ¿Gasto en qué? No precisamente en mejorar las condiciones de vida del poble. Se cierran hospitales, se dejan de prestar servicios públicos. No es una mejora, sino un retroceso. Ha vuelto CiU a la Generalitat, pero seguimos en las mismas. Se gasta en política identitaria: en ambaixadetes de nula utilidad práctica para el poble-ramat, pero que nos cuestan muy caras. Se gasta en construcció nacional, no siendo el menor gasto el destinado a los medios de comunicación directamente dependientes de la Generalitat, por aquello de que «son un instrumento imprescindible para la construcción nacional». En cambio, se quema el bosque y resulta que no hay medios suficientes como para que no se convierta en una catástrofe.
Cada vez más (valga la redundancia) se parece Artur Mas a Charlot en El gran dictador: flota intentando abrazar el globo terráqueo con el combustible de sus delirios identitarios. Como consecuencia de ello, no quedan en la caja ni las telarañas y ante la opción de caixa o faixa, el divorcio es total: mientras el poble escoge faixa porque no tiene otro remedio, los nens de casa bona han escogido caixa. Eso sí, con la cabeza alta y sin concesiones. Sin concesiones a la humildad, se entiende. Para justificar la petición de rescate, tal como nos temíamos algunos, resulta que no se trata de una petición. Había que rentabilizar el Madrit ens roba, ¿no? Pues aquí está: el rescat no es una transferencia de dinero del Estado a Cataluña, sino una devolución de lo que Madrit ha expoliado a Catalunya. ¡Faltaría más (valga nuevamente la redundancia)!
Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que mientras aquí daban la matraca con que se trataba de «una devolución» y con que «la Generalitat nunca iba a pedir rescate», el conseller Mas-Colell se confesaba en la BBC de los Londones y en inglés, pensando que aquí no le iban a captar porque la plebe ha sido educada únicamente en català. Total, que con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, el gobierno Mas está dispuesto a bajar la cerviz y solicitar el rescate al «Estado español ladrón, opresor y torturador». Y además, «con sus condiciones». Menos mal que Bruselas, que no tiene tantos miramientos como Mariano Fuma-puros, les ha dicho que no están en situación de imponer condiciones sino al contrario, de soportarlas. Y eso, por mucha cara que ponga Artur Mas, el titella del clan Pujol, de Uncle Sam.


Además, no te creas que es tonto el nen: pide –exige– 5.023 millones de leuros. No es de extrañar que su homólogo valenciano eleve su propio precio a 4.500 millones. Si más arriba del Ebro lo pueden hacer, mosatros també. Y por si fuera poco, Mario Conde ya ha levantado la liebre de que si gana las elecciones gallegas (para él ya sería un triunfo ser bisagra, como lo es el haber provocado el adelanto de elecciones) reclamará a Madrit la hasta ahora desconocida deuda histórica galega, que no creo que se trate de que les «devolvamos a Franco», pero que está por cuantificar. Y así el pifostio nacional se recargola todavía más, y los que intentan poner algo de paz o sensatez son mandados a callar o a esa parte que ustedes saben por «españoles», «fascistas» (palabra ya desgastada por el abuso) y demás apóstrofes en boga.
La cuestión ahora es: ¿seguirá Mariano fumándose sus puros? Lo que me temo es que si Mas llega al nivel histérico, Mariano le concederá lo que pida, en vez de meterle por salva sea la parte el puro que se esté fumando en el momento. Es lo que tiene el consenso: que funciona sólo cuando los nacionalismos pueden chantajear al Gobierno central. Cuando éste no se deja, vuelve a salir de paseo el espantajo del «fascismo» y de la «represión» y del «Catalonia is not Spain». ¿Harás algo, Mariano, o te seguirás revolcando en la inanidad de tu política autonómica, en perjuicio del conjunto de los españoles?
Creo que la respuesta está en el título: res. El res-cat no servirá para nada más que para lo que Mas y sus mariachis quieran, si únicamente se les da el dinero. Que seguirán enterrando en esa entelequia denominada Països Catalans (no te descuides, Fabra, que la ACPV no descansa y te la acabará clavando por detrás).
Una fijación progresista
por Juan Manuel de Prada (ABC, 27 de agosto de 2012)
A los socialistas, con el Opus Dei, les ocurre como a Hitchcock con las rubias, que en verdad padecen una fijación obsesiva, quizá reminiscente de algún trauma infantil, algo como para hacérselo mirar por el médico. Claro que Hitchcock con las rubias hizo de su obsesión arrebatadora marca de estilo; en cambio, los socialistas con el Opus Dei no hacen más que dar la matraca en verano; como si los ardores estivales les hubiesen derretido la sesera y ya sólo viesen miembros del Opus Dei por doquier, como el enfermo de delirium tremens sólo ve faunas verdes y ofidias.
-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei!- nos advierte el socialista.
-Que no, hombre, que no, que es una señal de tráfico.
Esta manía quijotesca (pero de un quijotismo ful y pelmazo) de ver al Opus Dei hasta en la sopa la inició el socialista Tomás Gómez, a quien sus conmilitones, viéndolo más quemado que un currusco, echan de vez en cuando al monte para que suelte cuatro alaridos, como aquel tronado de Amarcord que se subía a un árbol para reclamar una mujer. A Tomás Gómez le dio por pedir que los miembros del Opus Dei no pudieran acceder a puestos de responsabilidad pública, lo que denota que al menos es hombre más casto que el tronado de Amarcord, aunque tal vez con su fijación opusdeísta Freud le hubiese hecho algún traje. El testigo de Tomás Gómez lo recogió enseguida la prensa de progreso, reclamando que Andrés Ollero se abstuviera de emitir su juicio sobre al aborto; y enseguida la judicatura patria, para que nadie pueda dudar de su progresismo, se puso a dictar sentencias en contra de la enseñanza diferenciada que promueve el Opus Dei, a la que considera discriminatoria por separar a los chicos de las chicas, como hacen los reglamentos de todos los deportes olímpicos o los baños de los garitos no excesivamente guarros. Pero lo que vale para los deportes olímpicos o para los baños de los garitos no vale para el Opus Dei, cuya mera mención actúa sobre el hipotálamo de los socialistas como la campanilla sobre el perro de Pavlov, nublando su sentido común y haciéndoles proferir las sandeces más rocambolescas, a modo de salivilla viscosa.
-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! -insiste el socialista de antes.
-Que no, hombre, que no, que es una acacia.
La última floración de esta peculiar manía la ha tenido Óscar López, gerifalte socialista a quien conocíamos por el ridi que hace cada vez que presenta su candidatura en Castilla y León, donde tan sólo lo vota su tía la de Valladolid (y aun con reticencias). Ha dicho López que Rajoy legisla tan sólo para la gente del Opus y para los que ganan un pastón (en esto último, a López le resta el consuelo de saber que Rajoy legisla para él). Pero en esta fijación del socialismo por el Opus Dei descubrimos el mismo encono que la zorra de la fábula mostraba ante el racimo de uvas: un encono que empieza por ser rabia ante la virtud que no puede alcanzar; y, como la zorra de la fábula hace cuando por fin se convence de que el racimo le resulta inaccesible, los socialistas empiezan por consolar su despecho desdeñando al Opus Dei, para después denigrarlo ante el mundo y hacerlo causa de todos los males. Porque nada alivia tanto el resentimiento y la mezquindad como desprestigiar la virtud ajena; nada halaga tanto los bajos instintos y el resentimiento como ver echado por tierra, rebozado en el fango, lo que ha nacido para procurar un bien que el resentido no puede alcanzar.
-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! – se desgañita el socialista.
-Que no, hombre, que no, que es tu tía la de Valladolid, la que te vota siempre.
Interesante reflexión de Ansón. Aunque a veces no me guste, creo que en este caso tiene razón.
Escribe Luis María Anson
Esperanza Aguirre ha dicho lo que era necesario decir. Hay que revisar el informe médico sobre el cáncer de Bolinaga. Los etarras han hecho tantas trampas, disponen de una capacidad de coacción tan grande, incluso sobre muchos médicos, que parece obligado someter a Bolinaga a una segunda opinión emitida por un hospital fuera de las provincias vascongadas. El País Vasco vive bajo la dictadura del miedo y el diagnóstico de Bolinaga levanta todas las sospechas como vengo reiterando desde hace un mes. La opinión pública tiene derecho a saber la verdad sobre el cáncer “terminal” del asesino etarra.
Bien por Esperanza Aguirre. Le ha dado una lección a Jorge Fernández y le ha propinado un sonoro
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Lecturas recomendadas
Las tardes de verano son largas; lo bastante como para que a ustedes se les ocurra alguna idea para combatir el tedio y el aburrimiento vacacionales. Así, unos se dedicarán al bricolaje, otros al windsurfing, otros a matar el tiempo en la barra de un bar, otros a… bueno, a toda esa larga de aficiones o hobbies que durante el curso «dejamos para el verano» porque no tenemos tiempo durante el año laboral.
Un servidor de ustedes ha escogido la opción, aparte de dar largos paseos por una ciudad mesetaria, de leer aquello que durante el curso ha tenido que postergar. Tampoco quiero engañarles, por otro lado: lo que hoy traigo a su consideración se trata más bien de una relectura, que a la luz de los acontecimientos recientes y la crisis de fondo ayuda a colocar las cosas en su sitio y a llamarlas por su nombre verdadero.
El libro en cuestión se titula España sin democracia, del profesor don Jesús Neira (Planeta, 2010), conocido por las masas a través de la televisión y también por su ascensión y caída en medios políticos al intentar hacer de la sinceridad una virtud política; como decía el gran Quevedo en el Buscón, «hay cosas que aunque sean verdad no se pueden decir». No se puede intentar abrir los ojos al pueblo acerca de la farsa política que está viviendo y quedar impune. Así que le montaron una operación de acoso y derribo. De tal modo que el profesor Neira acabó volviendo a su profesorado, y sobre todo y muy convenientemente, a su anonimato. Imagino que bastante asqueado por lo que habrá visto en aquellas alturas.
En cualquier caso, el libro es recomendable porque no es un sesudo tratado de Ciencia Política, sino que en apenas 250 páginas trata de condensar las acepciones buenas y malas del término «democracia» e intenta mostrar lo mal que calza ese término en el sistema que padecemos hoy y que sólo quienes se aprovechan al completo de él lo llaman «democracia». Y, lo más interesante: ofrece claves históricas, políticas y jurídicas que nos ayudan a entender que la sacrosanta Transición fue más bien una señorita de compañía de alto standing de la que todos (los caciques) tomaron lo que les convino, y que la Constitución fue la hija jorobada que salió de la coyunda (consenso) entre los caciques viejos del franquismo y los nuevos del progresismo, hambrientos tras «cuarenta años de vacaciones». No es de extrañar que se elaborara en secreto y se presentó al pueblo para que éste la ratificara y nada más.
El libro del profesor Neira pincha uno tras otro los globos de la hipocresía de los defensores del consenso como sistema político, cuyo último argumento, extrañamente, se parece al «¿O es que quieren que vuelva Jones?» de Orwell en Rebelión en la granja. Pero que no se preocupen estos defensores. Si la nación sigue este camino, pueden ocurrir dos cosas: que nos encasqueten un Bundesprotektor o que vuelva un «señor Jones» de verdad y que esos «defensores» tengan que pasarse cuarenta años más de vacaciones.
Muerte indigna (I)
La noticia a la que se refiere el post es un poco «antigua», pero pueden ustedes rastrearla aquí. Viene muy a cuento, dados los medicamentazos que el Ministerio de Sanidad ha propinado a nuestros mayores. Parece que de forma indirecta, la menestra Ana Jaguaryou Mato quiere aplicar una especie de variante de la eutanasia…
Sí, muerte indigna. La de doña Ramona Estévez, fallecida tras una agonía de 14 días provocada por la retirada de la sonda naso-gástrica que la alimentaba por hallarse en estado de coma. ¿Quién es el asesino, se preguntarán ustedes? No, no es el mayordomo. Ni es un Doctor Muerte, como en el caso de cierto hospital de Leganés. Ha sido nada menos que la Junta de Andalucía, que ha decidido que Dª Ramona no tenía derecho a seguir ocupando una cama en el SAS (Servicio Andaluz de Salud) ni a usar de una sonda que la mantuviese en vida. Dicho muy pronto y muy mal, pareciera que la han dejado morir como una perra. ¿Y por qué? Como se trata de la Administración, resulta que faltaba un papel: el llamado «testamento vital», en el cual Dª Ramona hubiera podido solicitar lo que mejor conviniese y en el que seguro que no hubiese solicitado el trato final que le han propinado.
Más allá de la noticia (horrenda por sí sola), las causas de que la izquierda y cierta derecha se muestren «encantados» con el tema de la eutanasia hay que buscarlas más atrás. Un usuario del blog Contando Estrelas comenta lo siguiente, que puede estar en la pista de la verdad del tema de esta entrada:
Hay pocos embarazos porque está de moda tener uno y solo uno. Muchos de esos que habrían podido nacer, no nacen porque se les asesina en aplicación del «derecho a decidir», en esos campos de exterminio legalizados y subvencionados por las autoridades. Consecuencia: hay pocos niños, insuficientes para el reemplazo generacional. Los del «baby boom» de los años 60 (entre los cuales me cuento, porque nací en 1966) vamos ya por la cuarentena y aproximándonos a la cincuentena. Somos legión, somos muchísimos. Mis padres tuvieron 4 hijos, mis suegros 4 hijos también, tengo más de 35 primos porque las hermanas de mi madre (que son 4) tuvieron todas entre 4 y 5 hijos.
Teniendo en cuenta lo que he dicho en el párrafo primero (poca natalidad, y mucho aborto), y teniendo en cuenta que dentro de 15 ó 20 años habrá que empezar a pagar las pensiones de los para entonces viejos del «baby boom» de los años 60 los canallas que nos gobiernan y los lacayos que hacen como que se oponen y aspiran a gobernar, han hecho sus números. Y se han dado cuenta de que tienen que empezar ya a meter la eutanasia para eliminarnos a los del «baby boom», porque nuestras pensiones no podrán sostenerse, por la sencilla razón de que no habrá cotizantes: a los que hubieran podido ser cotizantes los fueron exterminando en las trituradoras del aborto.
La táctica con la eutanasia será la misma que usaron con el aborto: casos aislados extremísimos, lacrimógenos, tipo película «Mar adentro», propaganda arrasadora, especialmente virulenta contra la Iglesia y presentando la eutanasia como un «derecho a la muerte digna». Dentro de 20 años, cuando los para entonces viejos del «baby boom» seamos una carga insoportable porque no hay reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, que lo busquen en los contenedores de basura de los abortorios), la eutanasia será no sólo un derecho, incluso una «obligación».
Aviso para navegantes, para aquellos que lean esto y tengan más de 40 años: vienen a por nosotros, y detrás de nosotros, irán a por los que ahora tienen 35 ó 30 años, porque seguirá faltando reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, sigan buscándolo en los contenedores de basura de los abortorios).
El PP también está entre los que apoyaron en Andalucía la ley de «muerte digna». Ya no sólo por convicciones, sino también por instinto de autoconservación, votaré a AES. Los que lean esto y no sigan mi consejo, y tengan ahora 40, 45 ó 50 años, dentro de 20 años no se quejen si sus familiares, y el doctor y la enfermera se ponen muy pelmas insistiendo en que decida «morir dignamente». A lo mejor ni le preguntan, como han hecho con Dª Ramona Estévez: su tratamiento médico y su pensión son demasiado caros y hay que seguir sosteniendo políticos, sindicatos, autonomías y fruslerías varias.
Los tres primeros párrafos son, a mi entender, la clave del problema. Sólo corregiré un punto: no es que «no esté de moda» tener hijos, sino que todo se inscribe en una estrategia integral de ataque a la institución familiar tradicional. Hay que remontarse a bastante atrás (años 70) para rastrear algunas decisiones de la ONU que calculaban que por estas fechas la Tierra iba a tener, al ritmo de crecimiento actual, como 20.000 millones de habitantes. Las apocalípticas predicciones malthusianas han sido rebatidas por las simple práctica.
A partir de ahí se creó un mantra: «sobra gente» («gente» igual a «pobres»). ¿Recuerdan ustedes cómo a la izquierda patria le entraba –le sigue entrando– la «risa floja» con los premios de natalidad franquistas? El Régimen podía ser todo lo «totalitario» (en comparación con sus coetáneos comunistas, era «casi» una democracia); pero sabía la importancia de que existiera un recambio generacional, al par que como «nacionalcatólico», protegía a la familia, pues éste es también un principio cristiano.
Sin embargo, esta directriz cambió con la llegada al poder de la izquierda (o por mejor decir, «franquistas remozados de rojo»). El enemigo a batir (o por lo menos a erosionar en forma suficiente) fue el trinomio familia-escuela-Ejército, que en el régimen anterior se consideraba que era lo que te convertía en un «hombre de provecho». ¿Qué tenemos hoy? Una familia de autoridad erosionada, una escuela donde el profesor no puede ejercer debidamente su magisterio y autoridad… y bueno, del Ejército, después de cómo lo han dejado la Chaconeta Metálica y sus antecesores, mejor ni hablamos.