Después del nada laico ataque a la Sagrada Familia, cuyo valor no es sólo religioso (es un templo católico abierto al culto y por eso se ha ganado el derecho a ser quemada), sino también una obra arquitectónica de primer orden y Patrimonio de la Humanidad, les prometo que he estado pensando. Todo sea por ejercitar la primera obra de misericordia, que es «enseñar al que no sabe». Continuar leyendo «Sugerencia»
Autor: Aguador
Cremada Familia
Acaba de saltar la noticia de que un perturbado ha intentado incendiar la Sagrada Familia. No hay que extrañarse gran cosa. Algunos se han especializado en crear un clima de agresión permanente contra la religión católica, repitiendo como loros las consignas que se repetían durante las quemas de iglesias y conventos en tiempo de la República. Lo cual, por otro lado, demuestra que esas personas no son ateos (he conocido ateos más respetuosos con las creencias de los demás que esa chusma), sino anticatólicos. Continuar leyendo «Cremada Familia»
Recordando a Martin Niemöller
Primero reivindicaron que los colegios tuvieran menú halal; y yo no dije nada porque no tenía un hijo en un colegio, ni tampoco era profesor.
Luego reivindicaron practicar ablaciones y lapidaciones y colgar homosexuales; y yo no dije nada porque no era mujer, ni gay, ni lo tenía que sufrir.
Luego reivindicaron tener lugares del culto en Occidente, no permitiendo cultos cristianos en sus países; y yo no dije nada porque no era creyente, y no me afectaba su religión.
Luego comenzaron a matar en sus países a cristianos, encarcelarlos, quemarlos, violar a las mujeres; y yo no dije nada porque no era cristiano, y no me afectaba su persecución.
Luego empezaron a exigir que nada llevara nombres que insultasen su religión, su Dios o su Profeta; y consiguieron implantar la Sharía y un nuevo califato en Al-Andalus, y me tuve que exiliar.
(tomado de Minuto Digital)
«Santa» República
De la Constitución de 1931:
Artículo 26.
Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.
El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.
Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero.
Quedan disueltas aquellas Órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes. (golpe a los Jesuitas).
Las demás Órdenes religiosas se someterán a una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes y ajustada a las siguientes bases:
1ª. Disolución de las que, por sus actividades, constituyan un peligro para la seguridad del Estado.
(WTF?????)
2ª. Inscripción de las que deban subsistir en un Registro especial dependiente del Ministerio de Justicia.
3ª. Incapacidad de adquirir y conservar, por sí o por persona interpuesta, más bienes que los que, previa justificación, se destinen a su vivienda o al cumplimiento directo de sus fines privativos.
4ª. Prohibición de ejercer la industria, el comercio o la enseñanza.
5ª. Sumisión a todas las leyes tributarias del país.
6ª. Obligación de rendir anualmente cuentas al Estado de la inversión de sus bienes en relación con los fines de la Asociación.
Artículo 27.
La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública.
Los cementerios estarán sometidos exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de recintos por motivos religiosos.
Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno.
(Qué actual)…
Nadie podrá ser compelido a declarar oficialmente sus creencias religiosas.
La condición religiosa no constituirá circunstancia modificativa de la personalidad civil ni política salvo lo dispuesto en esta Constitución para el nombramiento de Presidente de la República y para ser Presidente del Consejo de Ministros.
Sobre estas bases se orquestó la persecución religiosa durante la República. Ésta era la parte legal del iceberg. Lo de la quema de iglesias y conventos, y la tortura y asesinato de religiosos (y otros) ya se imaginarán ustedes: «cosa de incontrolados», etc., etc. Pero ya conocen ustedes la querencia de la izquierda por jugar con las dos barajas: cuando sea posible, con «tácticas legales». Allí donde no lleguen las «tácticas legales», llegará la ilegalidad promovida desde la sombra por la izquierda. Y lo mismo que los comunistas «no tienen nada que celebrar» el 9 de noviembre (aniversario de la caída del Muro de Berlín), los católicos y gente de bien en general no tenemos nada que celebrar hoy. Acaso recordar a quienes la barbarie republicana se llevó por delante y actuar para que aquello no se vuelva a repetir.
Bipartidismo
Sí, señores. En esto se ha convertido nuestra «democracia»: en un sistema en el cual existe la coexistencia pacífica entre dos grandes partidos. Debajo de ellos hay un segundo nivel, que son los nacionalistas, que no pocas veces están ahí sólo porque los mayores les den prebendas con las que asegurar su propio poder regional. Y debajo de éstos, aún hay un tercer nivel, que es el de los «partidos pequeños», los cuales son como aquel compañerito del colegio a quien todos dejan para el final cuando se trata de hacer el equipo de fútbol. Continuar leyendo «Bipartidismo»
Crisis
Dicen que España está pasando la peor crisis de los últimos 30 años. Por lo general, si ustedes hacen un recorrido por la prensa se encontrarán con los lugares comunes habituales: la burbuja inmobiliaria, Madoff, la codicia bancaria (de la cual últimamente tenemos una buena muestra con Botín apoyando a ZP sólo porque le conviene a él y no a los 5 millones de parados)…
Sin embargo, yo creo que las causas y orígenes están en un período bastante anterior. Quiero decir que esta crisis no se gestó de hace cuatro días, como podría decirse. La crisis empezó apenas terminado el franquismo, cuando se dijo que «todo lo que representaba el franquismo debía ser eliminado», al modo fernandino. La obra de Franco, estuviese bien o mal hecha, debía ser desmantelada para dar paso a los nuevos modos. Que los «nuevos modos» han sido un fracaso no necesita de mayor encarecimiento.
Pero sobre todo, donde se incidió especialmente es en lo que esta progresía de medio pelo, que hoy milita en los dos grandes partidos, dio en llamar nacionalcatolicismo. O por mejor decir: un cierto sentido de la moral pública, derivado de una fuerte conciencia como nación. Los «nuevos modos» educativos insistieron en romper esta especial vinculación de la persona con la nación (entre otras razones porque eso era fundamental para que algunos pudieran montar su chiringuito). A la par, inauguraban una ciudadanía sin límites morales, que aquí se entendía como católico y, como tal, «rancio», «pasado de moda», «cavernario», etc. Se estaba educando a una nueva ciudadanía para que pudiera ser «gobernada a través de sus vicios», en expresión de José María Carrascal.
Con estos mimbres, la crisis política no tardaría en llegar. Personas curtidas en los escalafones de los partidos (en rigor del PSOE porque, como muy gráficamente decía Alfonso Guerra, «no tenemos oposición») eran las que llegaban a algún puesto de responsabilidad pública y daban un pelotazo porque las habían educado sin escrúpulos de ningún tipo. No en vano quienes tengan una edad recordarán al exministro Solchaga decir que «España es el país donde uno se hace rico más rápidamente». O esta otra lindeza de un cierto ministro de Industria, un tal Luis Carlos Croissier: «la mejor política industrial es la que no existe».
Llena, por tanto, la política de aquellos años de trepas, mediocres, lameculos y otras hierbas, la crisis económica estuvo a la vuelta de la esquina. Fue anunciada por el resacón olímpico y el aviso más claro fue la introducción en 1993 (¡y de la mano de Pujol, nada menos!) de los contratos-basura, contra los que nadie protestó (sabido es que las manifas son organizadas por la izquierda, no contra ella). Despojada así la ciudadanía de su dignidad colectiva y adscrita ésta a la variante churra o merina de nuestra antaño rica cabaña ovina, sólo algunos periodistas levantaban la voz contra ese campo de Agramante en que se habían convertido España y la política.
Los gobiernos de Aznar trataron de invertir el signo de la marcha. En algunos casos no se hizo porque no se pudo o no hubo tiempo material. En otros, según la expresión consagrada, no hubo voluntad política de realizar el cambio necesario: por ejemplo, el de la ley del aborto socialista (si bien déjenme decir que ésa tal vez no hubiera sido una mala ley si se hubiese cumplido a rajatabla), de la LOREG (popularmente llamada «ley electoral») para reducir el peso de los nacionalismos, enemigos de España ahora sin careta…
Y con ZP… bueno, «ése que se ha ido pero sigue ahí»… hemos vuelto por donde solíamos y con más fuerza. Decidido a destrozar conce(p)tualmente a España y a los españoles para convertirnos en aldeanos estúpidamente orgullosos de nuestro lugarcito, que diría monsieur Brel, ZP ha impulsado un proyecto que ha supuesto aplicar a un trozo de carne una dosis masiva de ácido sulfúrico. Así nos estamos quedando: pobres como ratas, divididos entre pobres y ricos (toma «lucha de clases»… propiciada además desde la izquierda) y un abismo cada vez mayor entre unos y otros. Pero sobre todo, nos estamos quedando moralmente inermes ante lo que se nos viene encima: la invasión silenciosa de los musulmanes. Y ante ésos no cabrán medias tintas, ni dudas, ni nada de nada. ¿Tomas nota, Mariano, o necesitas un croquis más completo?
Trabajo sucio
Hace algo más de un año les comentaba yo a ustedes acerca de lo que me parecía iba a ser la estrategia de Rajoy de cara a dar el salto a la Moncloa. Un año es mucho tiempo para ver cuál es la dirección que lleva con esa estrategia. Y de momento lo que veo es algo que apuntó Luis del Pino en su blog: que la pervivencia del sistema como lo conocemos depende del partido de ámbito nacional que llegue a Moncloa no lo haga con mayoría absoluta y que se fuerce el pacto con alguna fuerza nacionalista, para tener la fiesta en paz.
Esto podría explicar la incomprensible inactividad de Mariano, cuando, teniéndolo todo de cara, podría haber presionado y presionado hasta haber conseguido anticipar las elecciones. Pero claro, Mariano tiene un problema: se va por las patas abajo de pensar que podrían acusarle de «crispar» (cuando lo que verdaderamente crispa al respetable son las genialidades, agresiones dialécticas y no tan dialécticas, mentiras y prohibiciones del Gobierno). Está preso en la telaraña de la corrección política y no puede hacer nada sin dejar de pensar qué dirán de él (empezando por Arriola y terminando por la bancada socialista del Congreso).
Pero hay otro factor más: la comodidad. ¿Para qué tendría que mojarse él, o Hamlet das Rías Baixas, si hay otra gente dispuesta a hacer el trabajo? Mientras él mira por la ventana en dirección a Pontevedra, acariciándose las barbas y pensando: «Sher o no sher… Éshta esh la cueshtión…» otros aguantarán la pancarta, otros presentarán las querellas, otros escribirán en los diarios, otros meterán ruido… Otros, en fin, harán el trabajo sucio. No él. ¿Para qué iba él a hacer ese trabajo sucio? Bueno, ni él ni su cuadrilla. De hecho, ni siquiera algunos/as funcionarios/as del partido que creen que por el mero hecho de serlo ya se desplazan dos metros por encima de las personas normales como ustedes o yo.
De esta manera, nos encontramos con que en medio de la batalla política (más cercana al género chico que a la alta comedia o también considerada como querelle des buffons), quienes intentamos razonar y ver los pros y los contras del candidato (sobre todo porque no debemos pleitesía a ningún partido), nos encontramos apostrofados de la siguiente manera, al decir de José Joaquín de Mora en fecha tan lejana como 1853…
Si no eres de Voltaire, eres de Ignacio.
Incrédulo has de ser o jesuita:
Entre los dos extremos no hay espacio.
Hombre sensato que el exceso evita
y usa de la razón el puro idioma
de ambas facciones el enojo excita.
En todo caso, que no se las prometan muy felices en el PP. Les puede ocurrir que si abandonan a su suerte a los españoles, éstos encontrarán una solución por sí mismos (dado que no se puede confiar en que quienes hemos elegido lo hagan); resultando así que después no les necesiten para nada y no les puedan domesticar como hasta ahora. Y no: que ZP sea (junto con Fernando VII) el peor gobernante de nuestra historia como nación no hace automáticamente bueno a Rajoy. No esperen que les hagamos siempre el trabajo sucio.
Sexo, mentiras y actas de ETA
Tenemos lo que nos merecemos, sin duda. Una clase política concebida y estructurada como un circuito cerrado, en el que sólo es posible entrar a través de la adoración al líder (vale para todos los partidos). Sólo así se explica que aparezcan unas actas de las «negociaciones» entre el Gobierno (¿?) y ETA en las que leemos con horror que el primero puso sobre la mesa las vidas de las víctimas presentes y futuras de ETA, así como la incorporación de Navarra a esa entelequia llamada Euskal Herria, y que no pase absolutamente nada. Se piden pocas explicaciones y nadie tiene narices (o lo que ustedes se imaginan) para pedir la dimisión, que es lo que ocurriría en un país serio.
¿Dónde está el sexo? Pues en la geometría variable a la que ha jugado la pesoe durante estos siete años, que es el fondo sobre el que hay que proyectar los nuevos descubrimientos. Que la misión de ZP no era «gobernar», sino «alcanzar el poder y conservarlo a cualquier precio» da cuenta el estado de nuestras finanzas, que están por los suelos y pendientes de que Bruselas en general y frau Merkel en particular les peguen un repaso que nos dejen tiesos. El sexo está en que fuera de mantener el poder, nada más importa a ZP y a su cuadrilla: a ustedes y a mí ya nos puede acariciar un pez espada (o lo que ustedes se imaginan).
Las mentiras son más que evidentes: Rubalcaba, nada más aparecer en las tertulias el contenido (parcial) de las actas, ha empezado a echar espumarajos por la boca y a jurar y perjurar que esas actas son «basura». El problema es que la credibilidad del superministro está bajo mínimos, sobre todo cuando se recuerda su voz campanuda y falsamente digna del 13 de marzo de 2004, al decir «los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos mienta, que nos diga siempre la verdad». Las mentiras de ZP son tantas ya y tan publicitadas que no necesitan de mayor encarecimiento. Pero éstas de Rubalcaba… ¡ay, qué mala es la hemeroteca para el político demagogo y fantoche!
Las actas se comentan solas. En un país serio hubieran causado la dimisión en bloque del Gobierno y la convocatoria inmediata de elecciones. Lo malo es que España hace tiempo que dejó de ser un país serio en términos institucionales. Y cuando el conjunto de señorías se compone en su mayor parte de mediocres, trepas, lameculos y aprovechateguis de diverso tamaño y pelaje, sin más criterio que su propio beneficio o, todo lo más, el de su partido, no puede esperarse un cambio de dirección en los asuntos de la res publica. ZP negocia con todos ellos la soberanía nacional, a cambio de mantenerse en el poder, cosa que a toda esa tropa le interesa y a nosotros nos perjudica. El interés (privado y espúreo a partes iguales) de cada uno de ellos es el «anillo para gobernarlos a todos» del que dispone ZP.
Todo este conjunto de cosas hace desear que, a pesar de que Rajoy no da muchos motivos para confiar en él (su incomprensible apoyo a la guerra de Libia, o la discriminación lingüística en Valencia y Galicia, calcada de la catalana), sea él el próximo inquilino de Moncloa, en vez de ZP o (Dios no lo quiera), Rubalcaba o Chacón (excelso ejemplo de teatro dentro del teatro eso de la «pelea sucesoria»)…
Guerraguerraguerrraguerra

Zetapé, quién te ha visto y quién te ve. Han bastado 8 años para que el gremlin ocupante de la Moncloa diera un giro copernicano a su política de defensa. Eso no debería sorprender a ustedes, porque a fin de cuentas ZP es un sujeto que fía más a la geometría variable que al sentir del pueblo, la «voz de la calle» cuyo sonido reclamaba que fuese escuchado por el señor de los bigotillos (y que ahora tan descaradamente ha desoído).
También es muy significativo el silencio de los borregos de la zeja, ésos que justamente hace 8 años se desgañitaban contra Aznar, y le decían de todo menos bonito. Cabe imaginarlos reunidos en el edificio del Círculo de Bellas Artes de los Madriles (antigua cheka, cómo no), discutiendo qué postura tomar ante este giro copernicano, este volantazo que ha dado nuestro Gran Timonel…
–Bueno, ¿qué hacemos? –inicia la sesión Almudena Grandes, la de las monjas y los mineros sudorosos–.
Pilar Bardem le responde, dubitativa:
–Hija, es que nos lo ha puesto muy difícil esta vez. Lo otro era más fácil porque no gobernaban los nuestros; pero que los nuestros hagan lo que esperaríamos de los otros…
Tercia Alberto Sanjuán:
–Nada, nada, que esto es culpa de la COPE, la Conferencia Episcopal y el PP. ¡Hay que acabar con ellos!
Las dos próceres le miran con desaprobación, torciendo el gesto, y dice Grandes:
–Deja eso que ya no cuela.
–Ah, bueno –dice Sanjuán y se calla.
Total, que tienen montado todo un cirio epistemológico y existencial. Mientras tanto, los españolitos de a pie se preguntan qué se nos ha perdido a nosotros en las arenas libias, cuando:
a) Estados Unidos da a entender que preferiría largarse de allí.
b) Alemania no va porque es período electoral y no conviene que mueran soldados alemanes allende las fronteras de su país (además, al parecer no tienen a ningún Rommel entre las tropas que en otras circunstancias les hiciera quedar bien).
c) Italia, que ya ha amenazado con retirar sus tropas si no se trata de una misión humanitaria.
Et la France? No sabemos cuáles son exactamente los intereses de la France en la zona, aparte del petróleo y otros convenios comerciales que puedan existir. Además, no hay gobernante que resista la tentación de entrar en la Historia gracias a una guerra. Sarko, que se cree ahora Napoleón redivivo, pretende matar unos cuantos mosquitos a cañonazos en Trípoli. Pero claro, como queda feo que vaya él solo, vistas las reacciones de los amigos (supongo que la reacción de frau Merkel le habrá decepcionado muchísimo), Sarko, ni corto ni perezoso, habrá descolgado el teléfono desde el palais de Matignon llamando a Moncloa…
–Mi querido Monsieur Zapatego… Hace muchos días que no hablaba con vos… Comment allez vous?
–No, si comentar no hay mucho que comentar… –farfulla Zapatero, que no es muy ducho en tema de idiomas. Además, está dolidísimo porque la Gaceta, ese diario de la caverna, ha publicado que el 2 de abril ZP iba a despejar la duda de si se presentará o no a las elecciones de 2012 y los barones están por pedir su cabeza en vez de apoyarle.
–Bon, bon… Bueno, lo que os quería plantear es que tengo una cuenta pendiente con Libia y quisiera saber si puedo contar avec vous para cette voyage.
ZP no vacila un segundo:
–Claro que sí, Nicolás. Conmigo puedes contar para lo que te haga falta.
–Oh, c’est magnifique! –Sarkozy revienta por los costados de satisfacción–. Nous ferons un gran pacto, une grande entente, mon cher ami! Desde lo alto de cette jaima, quarante soldats nous contempleront! –añade, entusiasmado–.
ZP no ha entendido lo de la entente, pero le ha quedado clara una cosa: que su métier es ir detrás del amo francés y meterse donde le ordenen. Ahora lo único que le queda es vender que para una intervención humanitaria como la que se prepara en Libia. Lo malo es que, sin darse cuenta, ya ha dado órdenes de que partan aviones y se cedan bases para uso, sin avisar al Congreso. «Obama lo ha hecho y nadie se lo ha echado en cara», se dice, apartando la idea de una posible reprobación.
Dicho y hecho. ZP comparece en el Congreso para pedir un permiso que ya se ha tomado y en la plúmbea sesión únicamente destaca Gaspar Llamazares, que sabe que en 2012 se va forzoso. Rajoy está muy comedido («Noshotrosh shomosh un partido de centro reformishta y no bushcamosh la crishpación») y parece más que le da unas amables collejas obligado por su papel de «partido principal de la oposición». Al final, para votar a favor de la intervención y hacerle la ola a ZP, que está encantado y se divierte, a pesar de todo.
¿Se habrán dado cuenta (o les importará) a los señores que han votado a favor de la intervención militar (de humanitaria, lo que un servidor de ustedes de astronauta) que si un soldado español muere, como no se ha reconocido que lo de Libia sea una guerra, ni a su viuda ni a su hijo (caso de que los tenga) no les quedará una pensión de viudedad/orfandad, dado que los ataques que se registren en la zona tendrán la consideración tan sólo de «actos terroristas» y no de «acciones militares»?
Incompetencia programada
Llevo varios días dándole vueltas a una idea que me llena de congoja y que paso a compartir con ustedes. Ahora que tanto se habla de «competitividad» y de «flexibilización laboral» (hablan de ella quienes no han de tener miedo de perder su puesto de trabajo) ha llegado a mi conocimiento un hecho lamentable, referido a la organización de las tareas en los centros de trabajo, tanto públicos como privados. Brevemente les expondré mi teoría.
De acuerdo con la Teoría de Organizaciones (creo que la llaman así), en todo grupo humano más o menos estructurado se superponen dos tipos de relaciones: en primer lugar, lo que se llama el circuito formal, que viene dada por los cargos que se ostenten: el director, el contable, el responsable de compras, etc. Y luego hay un segundo circuito, que es el llamado circuito informal, que es el que suele revelar la dinámica interna del grupo.
Si ambos circuitos coinciden (o, cuando menos, mantienen muchos puntos de contacto) por lo general no suelen haber problemas. Por el contrario, los problemas se presentan cuando ambos circuitos no coinciden en absoluto o mantienen pocos puntos de contacto. En el segundo de los casos podemos encontrarnos con que hay un doble liderazgo: el formal, que detentará el Director o responsable de la sección, y el informal, que detentará quien sea el líder natural del grupo. Es decir: aquel trabajador que controla a los otros de facto, ya sea por la comodidad de los otros o por su cobardía.
Viene a cuento esta pequeña introducción porque, al parecer, en determinados centros de trabajo público se ha establecido una dinámica muy nociva. Pongamos que ustedes se han quemado las cejas estudiando una oposición y, gracias a dicho esfuerzo, sacan ustedes plaza en la Administración que hayan elegido. Puede que durante los primeros días pasen ustedes desapercibidos (buena suerte) o no (mala suerte). Pero, según tengo entendido, no tardarán ustedes en recibir una charlita del que hemos denominado «líder natural» del grupo (fácilmente un sindicalista o liberado sindical, aunque tampoco tendría por qué, en teoría) o de otra persona por delegación de éste. La charlita consistirá en advertirles a ustedes que «deben adaptarse al ritmo de trabajo general del grupo».
La frasecita tiene su miga, y el tono con que ustedes la oigan probablemente también. Puede significar que si un día, por exceso de trabajo, deben ustedes quedarse más allá de las 8 horas, no podrán hacerlo. O que del conjunto de expedientes que deban revisar o tramitar, no podrán hacer ustedes más que la mitad o incluso menos, para no desentonar con el «nivel medio» del grupo. «Nivel medio» que, como ustedes ya habrán adivinado, no fija el líder formal, sino el informal.
Se les plantea a ustedes entonces un dilema: o están en paz con su conciencia, que les dice que deben ustedes dar lo mejor de sí mismos en el trabajo, o están en paz con los compañeros, para que las ocho horas que conviven ustedes con ellos no se conviertan en una tortura china. Si optan ustedes por la primera opción, el asunto puede resolverse por la vía rápida: en caso de que sean contratados o interinos, al parecer, el líder informal puede mover hilos para que a ustedes les den la patada, porque «no dan el perfil», «son indisciplinados» o cualquier otra genialidad que se les ocurra. Si, por el contrario, son ustedes funcionarios con la plaza en propiedad y no los pueden echar de un plumazo, la cosa se pone espesa. Entrará en funcionamiento el mecanismo del mobbing o acoso laboral, merced al cual ustedes sufrirán la conocida metamorfosis kafkiana y acabarán deseando no haber accedido a esa plaza.
El clavo que cierra ese ataúd es el hecho de que ustedes no pueden, en principio, acudir al liderazgo formal para denunciar la irregularidad y menos aún para que les eche una mano. Cabe muy mucho la posibilidad de que el líder formal lo último que quiera sean problemas con el líder real, de forma que admite un menor rendimiento continuado y voluntario a cambio de mantener la pax laboralis. Otras veces, afortunadamente, no es así: el problema se soluciona, se elimina a la gente tóxica y el rendimiento mejora notablemente.
Con esos mimbres, ¿cómo puede llenárseles a unos señores la boca con la palabra «competitividad»? Debe cambiar antes la cultura organizativa, establecer un modelo de trabajo en que se estimule la productividad en vez de hundirla, un modelo en el cual todos los trabajadores se vean estimulados a dar lo mejor de sí mismos, si es que antes no lo aprendieron debido a la educación socialista que padecemos. Y deben implementarse los necesarios mecanismos correctores para evitar que esas personas tóxicas tengan vuelo en la organización.