Ni pa ti ni pa mí

A cuadros me he quedado al oír lo que les voy a contar a ustedes. Resulta que después de tantos dimes y diretes, de tantas manifestaciones y consignas que se han soltado, nos han dejado con un palmo de narices. El asunto es el petróleo canario, cómo no, y su extracción. En Canarias, por lo que uno sabe, ha habido manifestaciones de todo tipo que incidían en el «grave impacto ecológico que iban a suponer las perforaciones» y otros argumentos ecolojetas del mismo jaez. Lo curioso es que las prospecciones se van a llevar a cabo, con o sin ecolojetas.

De tal manera se ha liado la troca que al final resulta que el interés de los que se oponían a las prospecciones era, sencillamente, que no extrajera el petróleo una empresa española. A saber, Repsol, que es nuestra petrolera nacional. Eso era lo importante para el bergante de Paulino Rivero, que hincha pecho ahora con las «negociaciones entre Canarias y España» (parece que Artur Mas ha creado escuela). Lo extraño es que el señor Rivero sí defendía en 2011 las prospecciones y no sabemos muy bien qué es lo que le ha hecho cambiar de opinión. Conociendo a la fauna política batueca, ese cambio se ha podido deber a dos motivos: el trozo de pastel que le hubiera correspondido si las permitía o el hecho de que su paisano y rival político el ministro Soria estuvo siempre a favor de ellas.

Pues ahí va el caso. Es una pena que no pueda ofrecerles testimonio gráfico. Pero según un testigo ocular residente en Las Palmas, hace algún tiempo que se han levantado plataformas petrolíferas frente a las costas de esas islas. Al acercarse ese testigo un poco más, descubrió que en esas plataformas rezaban unos caracteres en chino. Si eso es cierto —y no tengo por qué dudar de lo que vio esa persona—, eso puede significar dos cosas: primera, que las plataformas petrolíferas están siendo construidas por una empresa china; y segunda, que la empresa que las construye es la que va a aprovechar esos recursos naturales que no podía aprovechar Repsol «por ser española».

Supuesto lo anterior —remarco lo de «supuesto»—, ¿a qué nos lleva eso? En mi caso, me lleva a pensar que, según la costumbre batueca, al final un entramado de intereses económicos personales y empresariales, unidos a las rencillas entre políticos locales elevados a diversos grados de poder político, habrían sido aprovechados por esa empresa para, según expresión consagrada, llevarse el gato al agua. Siendo la conclusión que los batuecos nos quedamos a verlas venir respecto de un recurso natural que es nuestro.

¿Quién piensa en España? Al carajo. En tanto en cuanto me des lo que es mío, dejaremos de discutir el conceto con el objeto de dejar de discutirlo. Y aquí paz y después gloria. Y mucho petróleo… para otras manos.

Barullo nacional 1

Si creían ustedes que con el veranillo de San Martín íbamos a poder descansar de la cosa nacional, van ustedes más que dados. Este verano, que climatológicamente no ha sido verano, ha sido pródigo en cambio en hechos que nos han sobresaltado las vacaciones en algún momento. Centrándonos solamente en lo de aquí, resulta que prácticamente no ha habido partido político que, por sí o por alusiones no haya tenido presencia en el panorama nacional. Curiosamente el único que se ha salvado un poco ha sido el PP, si bien a través de las actuaciones gubernamentales podemos incluirlo en ese barullo.

    Empezando más o menos cronológicamente, tenemos al PSOE, del que definitivamente podemos decir que se le han caído las letras O y E. Constatación que acentúa la inanidad de su discurso actual, cuyas ideas más sólidas son dos: «cómo conseguir el poder» y «cómo retenerlo una vez conseguido». Pedro Sánchez, el recién elegido Secretario provisional de la cosa, está pasando de ser Pedrito Guapo a ser el monstruo de Sánchezstein. ¿Por qué? Por una curioso encadenamiento. Verán: Sánchez, que sin el apoyo de la poderosa Federación Socialista Andaluza, sería hoy una cara bonita y nada más, resulta que está agarrado por donde no suena por Susana Díaz. Poco importa lo que dijera en primarias y poco después, en que se «comportaba como un futuro presidente». La cosa pudo haber ido telefónicamente así:

—Hola, Pedro.
—Hola, Susana. ¿Qué te cuentas?
—No mucho. ¿Qué tal te sienta la Secretaría General? ¿Estás cómodo?
—Bueno… —Sánchez se esponja—. Tengo grandes proyectos para el Partido. Quiero que el PSOE se vuelva a convertir en referente de la política nacional. Quiero que los socialistas se sientan orgullosos de serlo. Y para eso he decidido que hay que limpiar el nombre del Partido. Que hay que hacer limpieza y…
—Epera, ¿cómo dise? —le corta en seco Susana Díaz.
—Sí… ehhh… —Sánchez se azora un poco por el corte—. Hay que acabar con eso de los EREs porque va a resultarnos una sangría de votos de narices. Es mala imagen para el Partido y…
    Susana Díaz inspira profunda y fuertemente, aparentando calma.
—Un momento, quiyo. Amoavé lo que tá diciendo. ¿Acabar con los EREs? Ehto no lo sabe naide, pero como hagamos limpieza con lo de los EREs y los cursos de formación en el PSOE no quedará nadie que te apoye. Los pondrán a todos caminito de Jeré, porque la jaca galopa y corta el viento que é un primó. Hasta a mí me podrían poner caminito de Jeré porque mi marío empieza a salir también en los papeles. O sea, que tú no vá a tocá er tema si quiere seguir de Secretario. ¿T’ha enterao?
Al otro lado del hilo telefónico, Susana Díaz puede percibir la cara de soufflé aplastado que se le ha puesto a Pedrito Guapo.
—¿Pero cómo me haces esto, Susana? —intenta quejarse Sánchez— Si precisamente eso era el punto principal de mi campaña y quería recuperarlo para las elecciones generales y…
    Susana Díaz empieza a ponerse nerviosa.
Quiyo, ¿los de Mojácar soi todo asín de cortitos o ejque a tí t’ha dao er só má de la cuenta? Que no puede tocar ese tema. Que como lo toque, vamo a hacer tó la romería de la reja en Alhaurín el Grande. Y tú delante con el cirio.
Gran suspiro de resignación desde Madrid.
—Está bien, Susana. Te debo el puesto y vamos a hacer las cosas a tu manera, aunque no me gusta, ¿eh?, no me gusta.
—Me da iguá si te guhta o no ─se impacienta Susana Díaz─. Yo también me debo a mi hente. Y te ví a decí argo má, mi arma. A los paraos les da iguá que les hayan robao er dinero y la diznidá. Que les den. Y a lo andaluce y andaluza tú le pone dó partío de fúrbo der Beti y er Sevilla y un programa de copla y se les han orvidao el orgullo, la rabia y er Jezú der Gran Podé. Y si ademá de lo que se roba tú deha una partida pa paguita, bufanda y otra gabela, tós contentos.
Ante una exposición tan abrumadora de dominio de realpolitik, Pedro Sánchez termina reconociendo a la maestra que tiene en Sevilla.
—Tienes razón, Susana. Haremos como dices. Eres toda una maestra en estas lides —dice Sánchez, con sorna—.
Quiyo, aprendí de lo mejore: Chaves, Griñán, Zarríah
—¿Pero ésos no están ya caminito de Jeré, o sea, del Supremo?
Susana Díaz suelta una carcajada.
—Mira que ere arma de cántaro, Pedro. Cúshame. Lo delito por lo que quieren jurgá a esos tres compañeros han prescrito en su mayor parte. ¿Y quién cree tú que le espera en Madrí? Nuestro amigo Conde-Pumpido. Para cuando lleguen ar juisio orá ya habrá precrito tó er paquete. Así que no leh pasará ná: una semana de pena de telediario y yahtá. Y cuidao que la otra parte tenga que pagá la costa der juisio —Susana Díaz se vuelve a reír con ganas—.
    Pedro Sánchez sigue con los ojos como platos.
—¿Y Moreno Bonilla? ¿No te va a dar problemas?
—¿Juan Manué? Ná, hombre. Me llevo muy bien con él. Que sí, que tá en la oposisión. Pero cada vez que hay una cueztión no agendamo una comía y lo solucionamo como lo bueno amigo que somo.
—Veo que lo tienes todo atado y bien atado. Me rindo, mujer. No se hable más: los EREs desaparecerán de mi discurso y asunto terminado.
—Ea, asín me gusta. Tó obediente er niño.
—A quién tiene razón hay que dársela, Susana. Bueno, cuelgo ya que voy a empezar a poner en práctica lo que hemos dicho.
—Bien disho. Sigue asín y en octubre tú va a ser Secretario nasioná.
—Gracias, Susana. Hasta luego. Saludos a los compañeros y compañeras.
—De tu parte, Pedro. Con Dió.

El tema es que, con todos estos manejos, Susana Díaz da la impresión de ser la administrativa que los jefes han dejado a cargo de la tienda mientras ellos están ocupados en otros y altos menesteres… porque a ella también la tienen agarrada por donde no suena. A pesar de que ella tiene sus propios planes y aún no haya soltado mucha prenda acerca de ellos. Política batueca. Nivel excelso.

Götzendammerung

¿Creían ustedes que íbamos a tener un verano tranquilo como una balsa de aceite? Pues parece que a alguien le interesa la tensión. Ya nos habíamos acostumbrado a que S. Sª la juez Alaya termine con dos imputados más cada semana —como mínimo— en el macrocaso que está instruyendo. Caso que, si alguien quiere echarlo abajo, tendrá que hacerlo por encima del cadáver de la Ley, sin duda. Olvídense, pues, de la tranquilidad: L’Avi II (Pujol) ha decidido soltar la bomba y confesar que ha robado mucho. Quants cops, fill meu? Continuar leyendo «Götzendammerung»

Chocolate per tutti

El problema

Sepan ustedes que ya tenemos serpiente política de verano —y si Dios no lo remedia, de parte del otoño—: la reforma constitucional. Después de tantos años de coñazo identitario, Mariano ha encontrado la forma de «encajar a Cataluña con (el resto de) España». La tentazione, l’oro marrone, la soluzione, que hubieran dicho los de Huapacha Combo. Y nos quejábamos de que no se movía, fíjate tú. Continuar leyendo «Chocolate per tutti»

Gamonal bis

Tal y como les anunciaba aquí, la estrategia de Gamonal ha resultado plenamente exportable. Entrar como un trolebús en una manifestación apenas «legítima» y transformarla en unos disturbios de rojo subido. Ése fue el modelo ensayado con éxito en Gamonal, en Madrid… y ahora en Barcelona.
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Las dos muertes de Isabel Carrasco

Vaya por delante mi pésame a la familia y a los compañeros de partido de la señora Carrasco. El hecho es terrible en sí mismo, no sólo por todas las circunstancias que le rodean. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.
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Gamonal

Hasta hace apenas dos semanas, fuera de Burgos eran cuatro gatos los que sabían que en esa noble ciudad existe un barrio llamado Gamonal, anteriormente un pueblo, que fue absorbido por el crecimiento urbano de la capital y en el que hoy viven unas 60.000 personas. Y en estas dos semanas se han dicho tantas cosas de ese barrio y ha hablado tanta gente –mucha de ella sin conocimiento o, peor, con argumentario– que para quienes no vivimos allí es difícil distinguir la verdad de todo lo demás.
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La fecha

La «gran noticia» de hoy es que el separatismo cavernícola ya tiene fecha para la consulta. Han ¿pactado? entre ellos la fecha del 9 de noviembre. Que digo yo que hubiera sido mejor la fecha del 7, por aquello de la sovietización del Règim. Lástima que el 7 caiga en viernes. Quico Homs, el martillo de herejes xarnegos, salió ayer anunciando alborozado la fecha, además de decir que «España quiere liquidar a Cataluña» (que no falte una generosa ración de victimismo en la agit-prop). Hasta la hagiógrafa oficial del rei Artur, Pilar Rahola, escribía en Twitter que «están escribiendo la historia de Cataluña con mayúsculas», o algo así. Me quedé con las ganas de decirle que lo que están haciendo en mayúsculas es el ridículo, toda vez que la muy demócrata elimina los comentarios que no le gustan.

Y ahí está Mariano, viendo llover. Sus terminales mediáticas tildan de «radicales» a quienes sostenemos que es una ocasión muy buena para aplicar el art. 155 de la CE, que no está donde está para hacer bonito, precisamente. De hecho y en relación a Cataluña ha habido muchas ocasiones para aplicarlo; pero se han dejado pasar, en razón de no sé qué pacto secreto del estilo de Cataluña no se toca. Todos los presidentes de la «democracia» han abandonado a los catalanes que no tragamos con la catequesis secesionista. Así que ahora volver es complicado. Hacer que el Estado comparezca por fin después de 30 años es complicado. Ya no hay remedios pacíficos y aunque las argumentaciones jurídicas abundan en el hecho de que no es un artículo que se deba aplicar a la ligera, quizá haya llegado el momento de dejarse de tonterías y ponerse un poco en plan Pazos: «Vamos a llevarnos bien…»

Y ahí está Mariano, con su estrategia del pudridero. Recordémosla:

La actuación del presidente recordó una de las señas de identidad de Mariano Rajoy: dejar que los conflictos maduren sin hacer nada hasta que acaban pudriéndose.

«La elección entre Rato y Guindos es una demostración clara de que Rajoy sólo se ocupa de sí mismo. Su responsabilidad era haber impedido llegar al límite de tener que elegir entre uno y otro. El presidente es incapaz de acabar con los conflictos, que se acaban enquistado y poniendo a todos en una situación límite. Es una forma de liderar sin hacer nada, dejando que todo se pudra hasta que revienta y cuando revienta resulta que él nunca tiene la culpa, todo le viene dado, a todo le obligan los demás. Las cosas pasan solas, él nunca es responsable de cómo pasan las cosas». (Lucía Méndez, Morder la bala, pp. 529-530)

Desgraciadamente hemos de convenir que la estrategia es la misma en el caso catalán. Mariano prefiere que el caso se pudra por sí mismo antes que tomar una decisión. Decisión que podría calificarle como «dictador» o, peor aún, como «fascista», calificativo al que el actual ocupante de Moncloa profesa un horror orgánico. ¿El resultado? Que nunca habíamos visto a un presidente con mayoría absoluta estar más a merced de sus rivales políticos. Sigue vigente toda esa pamema del «diálogo» y el «talante», reconvertida hoy en «yo estoy en política para hacer amigos». Como si Mariano fuera un recién llegado a la política desde su Pontevedra de crianza.

Y no, señor Rajoy. Gobernar y hacerlo en bien de la nación no granjea muchos «amigos», especialmente en aquellos segmentos de la casta que han creído que España era su patio particular, su coto cerrado. Tampoco es que el pueblo español sea muy agradecido con aquellos gobernantes que lo tratan bien (ahí está la historia para demostrarlo); pero eso va en el cargo y ya debería usted saberlo. Actuar en consecuencia sería aplicar la ley y castigar su incumplimiento. Imagino que estará usted esperando a que «el Govern cometa un delito». Pues verá: el incumplimiento por parte de la Generalitat de las sentencias del TS en materia educativa por la cara ya lo es. Por no hablar del famoso simposi en que unos cuantos paniaguados del Règim aprovecharán para echar bilis contra Espanya y que ya ha sido denunciado a la Justicia por Ciudadanos y su propio partido en base al art. 510 CP. Por no hablar de que el art. 155 no exige específicamente que la Generalitat cometa un delito para actuar. Recordemos su texto:

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Si educar en el odio a dos generaciones de catalanes no es «atentar gravemente contra el interés general de España» díganme ustedes qué podría serlo. La ironía del asunto es que este artículo contiene la única facultad verdaderamente útil del Senado, ahora que tantos abogan por su supresión.

Y ahí está Mariano en la Moncloa. No oye nada. Se fuma un puro de la caja de habanos traída directamente de Cuba para ZP (que no fumaba pero le venía bien para las visitas). Mira por la ventana, ve lo que hay ahí fuera. Frunce el ceño y musita: «Eshtá lloviendo mucho».

CAC… isición

Saltó ayer la noticia. Por lo visto, al llamado Consell Audiovisual de Catalunya se le ha ocurrido defender el «honor» y el «buen nombre» de la nació catalana, propiciando nuevas tardes de gloria a la caspa catalana con pedigrí.

Sepan ustedes que los miembros y miembras del CAC, por indicación o excitación especial del Govern a través del ínclito Quico Homs, martillo de herejes anticatalanistas, ha decidido sancionar a determinados periodistas y medios de comunicación. O, lo que es lo mismo, sacrificarlos en el altar de la pàtria catalana. Uno de ellos, Carlos Herrera, que hoy escribe una columna en el ABC sobre el tema. Pero en lo que me importa, sepan que el nuevo Torquemada catalán ha considerado que C’s incita al odio a Cataluña. Bueno, es normal. Concretamente, la diputada Inés Arrimadas, específicamente señalada como incitadora, saca las vergüenzas de este (des)Govern todos los días, al igual que sus compañeros en el Parlament y le insta a que gobierne de una vez. Ejerce su legítimo derecho a la crítica, protegido por el amenazado art. 20 CE. Evidentemente, el CAC (y por supuesto el Govern) no lo ven así.

Y a pesar de que los ejemplos acostumbrados caen habitualmente del lado del nacionalsocialismo alemán y su entartete Kunst, no está de más recordar que en la vieja URSS (y luego en su órbita de países conquistados liberados) también había listas de autores que no debían ser leídos. Y censura, por supuesto. Viene a cuento la cita por algo de lo que «se me ha quedado la copla»: la sovietización del Règim Catalanista, denunciada por Javier Montilla en su libro Los muros de Cataluña.

Pero vamos a ver: ¿«odio a Cataluña»? ¿Cómo puede odiar a Cataluña alguien que, como Inés Arrimadas, se siente catalana hasta las trancas pese a su origen xarnego? Les voy a decir quiénes odian a Cataluña. Odian a Cataluña quienes creen que Cataluña es su cortijo particular, en el que sólo ellos pueden robar y sólo ellos pueden quedar impunes. Odian a Cataluña quienes se tragan y repiten acríticamente las consignas expedidas desde la Generalitat. Odian a Cataluña quienes desde los medios de comunicación públicos (aquí ya no quedan medios privados, es decir, no dependientes de subvención alguna) azuzan el odio contra el resto de España. Odian a Cataluña quienes implantan en el cerebro de los más pequeños las consignas y esa mitología llena de mentiras que algunos quieren hacer pasar por «historia».

¿Y Mariano? Se conoce que eshtá lloviendo mucho. Está de perfil, paraguas abierto. No se le mueve un pelo de la barba. Tampoco a Sánchez-Camacho, aunque ésta por un doble motivo: primero, porque hace lo que hace su jefe, siempre, después de mirar con el rabillo del ojo; y segundo, porque tienen a uno de los suyos colocado allí, calladito y cobrandito, Daniel Sirera, que ni siquiera ha emitido un voto discrepante o nada que se le parezca contra este ataque frontal a la libertad de expresión.

Van enseñando los dientes y nos van mostrando cómo va a ser la vida cotidiana en una hipotética Cataluña «independent». La última muestra, el ataque a la sede barcelonesa de UPyD por unos brètols, que fueron identificados por los Mossos pero no detenidos. Todo porque querían colgar en dicha sede una pancarta. ¿Y saben lo que me temo? Que acabemos como en la Alemania inmediatamente anterior a 1933. Todos los partidos de cierto tamaño tenían sus paramilitares, camorristas de todos los tamaños y pelajes acostumbrados a la pelea callejera, entre los cuales se alzaba la policía apenas como árbitro (es decir, imposibilitada de ejercer un mayor papel represivo). Con el consiguiente aumento de la inseguridad ciudadana. Allí aquello provocó 12 años de terror y una guerra mundial. Aquí, una guerra civil y 40 años sin democracia. Y volvemos a ir camino de ello.

Paella a la carta de ajuste


«¡Me desenfoco de dolor! ¡Me quedo para carta de ajuste!»

(Maese Cámara, de Los Electroduendes)

Pues nada, señores. Esto ya es una realidad, salvo los trámites administrativos que haya que realizar. Se cierra la TV autonómica de la Comunidad Valenciana. Lo anunciaba hoy Alberto Fabra, su presidente, sin paños calientes ni vaselina. «No hay dinero», ha dicho con voz campanuda. Y ha apelado a dos de las joyas de la corona del Estado del Bienestar para justificar el cierre: la Sanidad y la Educación. Y como es el primero en hacerlo, le han caído todos los rayos, truenos, sapos y culebras habidos y por haber. No obstante y como he dicho alguna vez, vayamos por partes, que dijera Jack el Destripador. Consideremos así este tema como una paella mixta: arroz, carne, marisco, langosta y algún que otro cacho de merluza.

De entrada, sorprende un poco que el presidente se quedara simplemente en el hecho: «No hay dinero». Sin más. Los ciudadanos valencianos, que han sido los paganos de la fiesta, no tienen derecho a saber por qué no hay dinero. Ahhh, el por qué, esa pregunta tan peligrosa, como decía Ray Bradbury en su Fahrenheit 451 (que debería ser lectura obligatoria en todas las asignaturas que tengan que ver con las Humanidades). Sospechan, porque no es la primera vez que ocurre, que en la TV valenciana ha habido muchos años de vino y rosas. Directivos con sueldos imposibles, plantillas sobredimensionadas para las necesidades reales y, sobre todo, falta absoluta de control. Fabra no ha dicho –debería– cuándo fue la última vez que se auditaron las cuentas de esa empresa pública. La LCSP establece unos controles bastante severos… que por lo visto en la capital del Turia se pasaron por el arco de triunfo. Y mientras tanto, vengan días y vengan ollas. ¿Por qué? Seguro que les suena. Porque como se trata de televisión pública (la kalidá es materia opinable), está sostenida con dinero público, el cual ostenta, para algunos, estas dos cualidades:

a) No es de nadie (lo dijo la ínclita Carmencita Calvo, pero parece que otros le han tomado la palabra).

b) No se acaba nunca. Es decir, «siempre que se cobren impuestos –pensarían algunos–, habrá una partida para nosotros».

Al parecer, durante los años de Camps nadie vigiló la marcha económica de la empresa. El champán corría a raudales y la fiesta era continua. Nadie, al parecer, se preocupó de que la actividad económica cuadrara con los números. Un servidor de ustedes no sabe cómo se puede medir la rentabilidad de una cadena de televisión o cómo hay que administrarla para que dé beneficios; pero seguro que los que sí sabían, «ni estaban ni se les esperaba». O tal vez es que ya se asumió desde el principio que era una actividad económicamente deficitaria, «compensada por su cualidad de servicio público» (esa cualidad es la que hace que una actividad económica deficitaria se mantenga a toda costa en un presunto Estado del Bienestar). El asunto se podría resumir en que se gastaba más de lo que se ingresaba. Con lo cual, la paella se ha quedado finalmente sin carne.

Desde la Generalitat valenciana se intentó la solución menos mala, a saber: despedir al 75% de la plantilla para poder seguir manteniendo el servicio. Solución que atacaba uno de los factores que mencionábamos al principio (sobredimensionamiento de plantilla), pero que hace pocos días fue tumbada por el TSJV, debido, al parecer, a un «mal planteamiento» del ERE. Así las cosas y con una agujero de 1.400 millones, la Generalitat decide que la readmisión de los trabajadores supondría retomar el incremento de la deuda. Fabra ha cortado por lo sano y ha cerrado la barraca.

En esta paella mixta hemos encontrado la carne. Vamos ahora por el marisco, que ya se imaginarán ustedes de quién se trata. Lo han adivinado ustedes: los sindicatos. Sindicatos que ahora parecen mover mucho el rabo, que protestan contra el cierre de la televisión… pero a los que nunca hemos oído protestar contra la mala gestión de la cadena en defensa de los intereses de los trabajadores. Y que seguramente se llevarían su mordida del 1% por la negociación del ERE. Y uno, nuevamente, vuelve a sospechar: ¿estarían también en la pomada, como lo estaba el ínclito sindibanquero José Ricardo Martínez en Bankia? ¿Habrían llegado los sindicatos y la empresa a un pacto de no agresión sindical a cambio de determinadas prebendas, gavelas y canonjías? Si fuera así, eso explicaría que mientras duraron los años de vino y rosas nadie que conociera el percal levantara la voz. Al igual que en Bankia… y en la CAM también.

Sorprendentes también –desde este lado del Ebro– las declaraciones de una trabajadora (o sindicalista, no me queda muy claro), apoyando la continuidad de la TVV porque (no cito literalmente) «siempre hemos defendido la lengua y la cultura valencianas». Esto podríamos oírlo también aquí, si se planteara el cierre de TV3.

Finalmente, vamos a por el trozo de merluza. O de merluzo, que ha resultado ser Ignacio Fernández Toxo. El sindicalista vertical de izquierdas ha declarado lo siguiente:

«Es un atropello de lesa democracia lo que está ocurriendo en Valencia» ha dicho Toxo al tiempo que ha recordado que «primero se vacía de contenidos la televisión pública y después se toman decisiones drásticas que afectan a la vida de las personas y a la calidad de la democracia»

Mellor tés a boca pechada, Nachiño. Con la porquería que están sacando de los tuyos en Andalucía, es simplemente una burla que hables de «atropellos de lesa democracia» y que simules interés por la «calidad de la democracia». Pero lo más divertido es que encima o sindicalista dos collons apunta a… Telemadrid. Una televisión que ha sufrido los sabotajes más salvajes por la chusma sindical, pero que ahora parece que van a rezar a San Marx o San Lenin para que Ignacio González no la cierre, a pesar de que también es deficitaria y que también ha habido años de vino y rosas, según cuentan algunos que saben. ¿Será que saben que si se cierra Telemadrid se les acaba el momio televisivo en la CAM?

Otra pregunta que se me ocurre: ¿en qué medios audiovisuales que hablen de su comunidad se informarán ahora los valencianos? ¿Presionará más la TV3 ahora para implantarse de forma definitiva en aquellas tierras, reforzando la idea del lebensraum nacional… de Salses a Guardamaaaaaaaar!»), ahora que ya no tiene competencia y que además ya han dicho que ellos no pondrán la cuchilla a la CCRTV porque «es un valiosísimo instrumento para la construcció nacional»? Lo veremos en las próximas semanas?

Todo ello nos llevaría a una reflexión sobre el papel de las televisiones autonómicas (y locales) y su función, que quizá tratemos en una próxima entrada. Pero déjenme finalizar con dos mini-reflexiones. La primera, que podría llegar a entender una especie de cierre temporal de la RTVV, hasta tanto no se liquide la deuda, y que una vez liquidada esa deuda, se volviera a poner en pie la RTVV, pero dimensionada para las necesidades reales de la Comunidad Autónoma y con un control férreo de todo lo que se gana y se gasta. Y la segunda, que habiéndose demostrado que Camps ha sido un pésimo gestor de la cosa pública (porque el marrón que se está comiendo Fabra se lo legó Camps envuelto en papel de celofán), es lamentable que la oposición tratara de empapelarlo únicamente por tres tristes trajes. Lástima que la administración desleal no se aplique a los políticos y baste con su «asunción de responsabilidad política».

Pensamientos al vuelo

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General Dávila

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