Da zdrastvstvuet Tsar’ Boris Marianevich! (II)

Aparte los detalles, parece que en líneas generales Rajoy ha cuidado de poner personas con una cierta experiencia, no sólo de premiar fidelidades y/o castigar pifias. Así, pues, Soraya Sáenz de Santamaría ya no es la novicia que empezó con Rajoy allá por el 2000 y se merece el puesto de madre superiora porque lo ha sudado. Nada que objetar: el puesto de coordinadora general del Gobierno se lo ha ganado de sobras, aunque en el pasado un servidor de ustedes expresara dudas al respecto.

De los nombres que me gustan, les comento que me gusta Montoro en Hacienda. Ya tiene experiencia en la cartera (lo fue con Aznar), así que es de esperar que en ese terreno su gestión resulte adecuada. No me gusta que le hayan encasquetado también el área de Administraciones Públicas, que convierte a Montoro prácticamente en un superministro; si bien, mirándolo desde otro ángulo, tampoco es mala idea que el recorte del gasto de las AA.PP. pase por la Hacienda.

También debo decir que me gusta Miguel Arias Cañete en Agricultura, puesto que ya ostentó esa cartera también con Aznar. Es importante que tengamos a alguien que sepa negociar los flecos de la PAC en Bruselas o llegar a acuerdos pesqueros con el siempre rijoso vecino marroquí.

 Me gusta, aunque menos, que Ana Pastor aterrice en Fomento. No es que no le tenga confianza, que desde que vi cómo arregló el desaguisado de la Juanita Calamidad pepera (Celia Villalobos) pensé que era digna de confianza; pero creemos que lo suyo tal vez sea más bien Sanidad. Cuando menos, yo sí tengo confianza en que no tardará en imponerse en la nueva tarea y estará en condiciones de arreglar el entuerto de los aeropuertos infrautilizados de Pepiño y otras pifias que a día de hoy no se conocen, pero que se las deja al que venga detrás y no a beneficio de inventario.

Báñez, De Guindos, Montoro forman la terna con la que, al menos económicamente, Rajoy ha prometido que saldremos del hoyo. En este punto sí se puede decir que son gente preparada y con experiencia (Báñez menos, pero como dice el dicho, por sus frutos los conoceréis, y me da que no habrá que esperar mucho para saber por dónde van sus actos).

Pedro Morenés no parece a priori una mala elección. Ya fue Secretario de Estado de Defensa con Aznar, así que «la experiencia se le supone». Sigue la tendencia de la casta a encargar la defensa nacional a «personas ajenas al servicio» (militar). El principal trabajo de Morenés, además de pagar la cuantiosa deuda que le deja su predecesora, está en recuperar para las FF.AA. la consideración, el respeto y la estima institucionales que merecen como garantes de la integridad territorial de la Nación española (art. 8 CE), esa misma en que se ciscó el desgobierno de ZP y se siguen ciscando los nacionalistas.

Finalmente, José Manuel Soria es en principio una buena elección… para Turismo. No sabemos cómo se las gastará en Industria, que es su rúbrica principal. Y no podemos olvidar que cuando se armó el cisco de María San Gil, este señor le envió un SMS con el texto: «María, he recibido tu ponencia. ¡Arriba España!» y el subtexto «¡facha!». Pero en fin, en este nuevo PP no cotizan los principios al alza, precisamente…

Da zdrastvstvuet Tsar’ Boris Marianevich! (I)

Bueno, pues ya está. Se han disipado todas las dudas y, sobre todo, se ha terminado el que un servidor de ustedes ha llamado el coñazo de la quiniela, a saber: los periodistas elucubrando que si tal personaje iría a tal ministerio, que si tal otro iría a tal otro ministerio… La lista, tal como la ha anunciado Rajoy, queda del siguiente tenor:

Vicepresidencia    Soraya Sáenz de Santamaría

Economía    Luis de Guindos

Hacienda y AA.PP.    Cristóbal Montoro

Interior    Jorge (o Jordi) Fernández Díaz

Exteriores    José García Margallo

Justicia    Alberto Ruiz Gallardón

Fomento    Ana Pastor

Industria, Comercio y Turismo    José Manuel Soria

Empleo    Fátima Báñez

Defensa    Pedro Morenés

Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad    Ana Mato

Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente    Miguel Arias Cañete

Educación, Cultura y Deportes    José Ignacio Wert

La reorganización ha sido más que importante. De entrada, por arriba se han suprimido dos vicepresidencias: la económica, que ostentó la Märschallin Salgado con más pena que gloria (aunque en su descargo, es lo que tiene estar a las órdenes de ZP: que él se lleva el mérito y el palo, si lo hay, te lo llevas tú) y la territorial, que oficiaba de jubilación dorada para Manoliyo Chaves (además de sustraerlo a la jurisdicción del TSJA por un quítame allá esas minas de aguas teñías, que también era importante).

Algunas mujeres buenas

Como siempre, el título no está parafraseado por casualidad. Porque hablamos de un tema bastante feo y cuyo estado dice muy poco de la calidad de nuestra democracia (en rigor, régimen juancarlista). Se trata de la Justicia, esa señorita que va con una venda en los ojos, una balanza en la mano izquierda y una espada en la derecha.

Es casi un lugar común hablar de lo mal que funciona la Justicia, del atasco monumental, que parece que la Justicia como institución se acerca a los establos de Augías, aquellos que hacía años que no se limpiaban y que el estiércol se olía a kilómetros de distancia. Como sabrán ustedes, dicha limpieza fue el objeto de uno de los doce trabajos de Heracles. El trabajo de limpiar la Justicia no será menos hercúleo; y así como en el original hubo que desviar el cauce de dos ríos, en éste… bueno, en éste no se me ocurre cuál podría ser el remedio. Sí le deseo suerte al próximo titular de la cosa, si es que de verdad quiere remediarlo.

De lo que estoy seguro es de una cosa: que si no fuera por determinados jueces, los españoles ya hubiésemos dejado de creer en la Justicia, cumpliéndose así el adagio quevedesco: «Donde no hay justicia es peligroso tener razón». Pero no: estas personas, que a pesar de salir en los medios (a pesar suyo, valga la redundancia), no tienen vocación de jueces estrella, ni mucho menos de ver amanecer, han conseguido que los españolitos de a pie creamos que «todavía hay jueces en España».

Me refiero, como ustedes se imaginan, a las jueces D.ª Estela San José, que se ocupaba del caso Campeón y lo mandó sin pérdida de tiempo al TS (donde a lo peor lo recibe Conde-Pumpido, amigo del alma de Pepiño). Me refiero a D.ª Mercedes Alaya, que sigue el caso Mercasevilla y que ha tenido que aguantar nauseabundas insinuaciones del zeñorito dejcamizao Arfonzo Guerra acerca de su imparcialidad, además de soportar que la Administración andaluza le mande los expedientes tarde, mal y por cachos.

Pero muy especialmente me refiero D.ª Coro Cillán, que está investigando el caso del 11-M, a quien desde éste mi humilde rincón reitero todo mi apoyo de ciudadano de a pie. Las presiones que está recibiendo para que abandone el caso y las maquinaciones que alguien está llevando a cabo para que se la expulse incluso de la carrera judicial por atreverse a intentar desbaratar la sentencia-farsa de Gómez Bermúdez y la pésima instrucción de del Olmo (ese mismo que sentenció que «llamar «zorra» a una mujer no es un insulto dependiendo del contexto»), rozan lo absolutamente denigrante y repugnante.

Sin duda, alguien se está tomando muchas molestias para que D.ª Coro sea un segundo caso Gómez de Liaño, el juez expulsado de la carrera por atreverse a enfrentarse a Don Polancone, que en la gloria del paraíso masónico esté. Por lo que a un servidor de ustedes respecta, espero que en el CGPJ haya también alguien lo bastante honrado como para facilitar la tarea a Dª Coro, para que se llegue al fondo del asunto. No nos parece que D.ª Coro sea persona de arredrarse por cualquier cosa, ni siquiera por aguantar a una Secretaria judicial que es la personificación del enemigo en casa. Confiamos en D.ª Coro para que si en el sumario aparecen nombres de políticos, no se vayan de rositas, sean del color que sean. Confiamos en D.ª Coro para que todos los españoles de bien y especialmente los familiares de los 192 fallecidos y los 1.500 heridos sepan de una vez quién hizo daño o arrebató a sus seres queridos, por qué y cómo.

OTROSÍ: Que, teniendo en cuenta que en nuestro sistema judicial el juez que instruye no puede ser el mismo que el que enjuicie, esperamos que en fase decisoria los Magistrados decidan conforme a Derecho y no a directrices políticas, fijándose así la responsabilidad penal de las personas que aparezcan como procesadas o imputadas, ya se trate de políticos o no. Y sobre todo, corrigiendo el disparate jurídico que es la sentencia de Gómez Bermúdez.

Y por si algunos lo dudaban, SÍ, SEGUIIMOS QUERIENDO SABER. Y LO MISMO QUE SE LO HEMOS EXIGIDO AL DESGOBIERNO DE LA PESOE, QUE NO NOS HA HECHO NI PUÑETERO CASO, SE LO EXIGIREMOS AL PP, QUE HA ESTADO CON LAS VÍCTIMAS CUANDO LE HA CONVENIDO Y CUANDO NO, SE HA DESCOLGADO MISERABLEMENTE.

Culpa y vergüenza

Ya saben ustedes que un servidor no se declara especialmente afecto a la Monarquía. Principalmente porque eso implica que en un régimen monárquico hay alguien que se comporta como si estuviera a legibus solutus. Así es como se sanciona en nuestra Constitución, art. 56.3: «La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad». Claro que aquí habría que matizar que aquellos que forman la casta y las fuerzas vivas tampoco: la última muestra acaban de tenerla ustedes en el indulto concedido in extremis a Alfredo Sáenz, mano derecha de Don Botinone. Y que lo de Barrionuevo (¿tal vez también de Felipe?) era tan gordo que no había manera de dejarlo estar sin que nadie fuera responsable.

En resumidas cuentas: para mí ya es malo que haya alguien en nuestro país que no se someta a responsabilidad judicial en caso de cometer una pifia de las reguladas en el Código penal. Fíjense que incluso los militares, a pesar de que existe una jurisdicción especial para ellos, no dejan de tener también su Código Penal y están sometidos a él como los demás lo estamos al general. El problema surge cuando alguien del círculo del Rey cree que puede actuar como si estuviera a legibus solutus (exento de cumplir la ley). Alguien que cree que por estar dentro del círculo participa de esa misma «invulnerabilidad» que la Constitución concede al Rey.

El mecanismo funciona en esas alturas a otro nivel. El conceto, que diría Pepiño, no es aquí «culpa», sino «vergüenza». La vergüenza no nos habla de lo que hemos hecho mal, sino de aquello que somos y que nos incapacita para ser. Por la misma razón, lo que se aplica aquí no es la ley escrita, sino la moral. Es decir: esos principios no escritos que rigen (o deben regir) la actuación de las personas y que funcionan como mecanismos de autocontrol. Sin embargo, en esta época de relativismo moral y de, como diría Nietzsche, nichts es wahr, alles ist erlaubt, parece que nada iba a parar al ex deportista de élite y empresario de nuevo cuño, emparentado con el Rey (el triunfo en persona, vamos).

De que está todo inventado no cabe duda. Pues bien: el caso de Urdangarín, que desde hace semanas colea en los medios y que posiblemente salpicará a más personas conocidas (de momento, parece que a González Pons le ha costado la designación como portavoz del Gobierno), es otra muestra de la hybris griega: el que se comporta como si no tuviera límite alguno acaba partiéndose el cuello. Cabe imaginar que quienes no hace tanto se sentían orgullosos de «hacer negocios con el yerno del Rey» se hayan apresurado a aplicar el photoshop a las fotos en que aparezcan dándole la mano.

De aquí surgen dos preguntas:

  1. ¿Ninguna de esas personas con las que contrató tuvo las narices (por no decir otra cosa) suficientes para decirle «Me pides demasiado por este informe y no te lo voy a pagar»? ¿Tan contentos estaban todos de «contratar con el yerno del Rey»? Fíjense ustedes que hasta ayuntamientos catalanes gobernados por ERC (republicanos de toda la vida) recibieron de la Generalitat la recomendación de contratar con él.
  2. Dicen que todo ese dinero que obtuvo de manera muy poco clara o directamente no ejemplar lo evacuaba a paraísos fiscales tipo Belice y similares. ¿Qué necesidad tenía él de manejar dinero, cuando no viene precisamente de familia pobre de solemnidad (su familia es una familia bien del PNV), y menos cuando probablemente reciba una asignación real que para sí quisiera cualquiera de los 5 millones de parados de este desventurado país?

Xavier Horcajo da un buen repaso a la trayectoria de Urdangarín. Presenta una versión, aunque «mala», benevolente con Urdangarín: que sí, que está metido en todos esos feos asuntos en que dicen que está metido; pero que sus compañeros de ESADE le liaron. A día de hoy no podemos saber si esto es verdad o es, por el contrario, un intento de diluir su responsabilidad. Suena más bien a que le animaron a usar del real paraguas y que luego, en vista de los éxitos, naturalmente, le creció la ambición. Creyó que tenía poder y que podía usarlo en su propio beneficio sin ningún tipo de límite. Hasta que finalmente el paraguas real mudó en paraguazo en los medios.

También hay quien se pregunta, malicioso, por qué han sacado precisamente ahora el tema. ¿De qué otro tema hay que desviar la atención? ¿Acaso del traspaso de poderes? ¿Acaso de los nubarrones que vienen de Europa? Habrá que estar atentos. De lo que sí estamos seguros es de una cosa: de que el verdadero patrimonio de un Rey (y por extensión, de su familia) son la honorabilidad y el prestigio, que le exigen actuaciones no sólo dentro de la legalidad, sino moralmente intachables. Ahora Urdangarín se los ha cargado. Ya veremos cómo queda de tocada la institución (en nuestra opinión, bastante).

Herr Otto, das Wunder y una Sexta

Inspirado nuevamente por mi amigo Noatodo, hoy tampoco me apetece escribir sobre política, que últimamente va de traspasos, urdan-pillines y otras hierbas europeas poco recomendables. Lo único que nos queda claro a los ciudadanos de a pie es que pasaremos una larga temporada en el infierno.

A Dios gracias, siempre nos queda la música, habitualmente libre de servidumbres políticas. En esta ocasión, como les decía, en su último minuto musical Noatodo comparte con nosotros el Beethoven del gran director que fue Otto Klemperer, a quien él cariñosamente llama don Otto. Yo, quizá porque soy de escuela más antigua, prefiero llamarle Herr Otto (de la misma manera que no se me ocurriría llamar «don Heriberto» a das Wunder).

Y créanme que voy a dar la razón a mi compadre, aunque sólo sea por esta vez y sin que sirva de precedente. Pero lo haré desde un punto de vista diferente. Es decir, no desde Beethoven (para mí, la integral que grabó das Wunder en 1963 es de absoluta referencia y de ella abajo las demás, se ponga como se ponga mi compadre), sino de un autor que a Karajan también le ha quedado bastante bien: el ruso Piotr Ilyich Tchaikovski.

En concreto, someto a la consideración de ustedes la Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74, que la exacerbada sensibilidad romántica de la época etiquetó de Patética (más patético debió resultar a quien se le ocurrió tal etiqueta, y desde luego, no fue el propio compositor). Un poco al modo de lo que ocurrió con el pobre Chopin, que también tuvo que soportar póstumamente que algunas de sus obras llevaran títulos que él probablemente jamás hubiera aceptado en vida.

La historia de la obra es más o menos conocida: viene a ser como su adiós a la vida; vida marcada por la lucha entre su orientación homosexual y sus esfuerzos por parecer «aceptable» ante la sociedad rusa de su tiempo, nada transigente con el amor entre personas del mismo sexo. Al parecer Tchaikovski picó demasiado alto y consiguió que un sobrino del zar Alejandro II se enamorase de él. Llegado el asunto a oídos del zar, se zanjó sin contemplaciones: se formó un tribunal de honor y prácticamente se condenó a muerte al tovarishch Piotr Ilyich; pero no a fusilamiento, sino a que se quitara la vida (que resulta menos directamente culpable). Así pues, habiéndose declarado a la sazón una epidemia de cólera en Moscú, Tchaikovski aprovechó la ocasión y bebió un vaso de agua sin hervir, lo cual le produjo la muerte en 1893.

Su última sinfonía, que además es su última obra terminada, es por tanto lo que se puede llamar pomposamente su testamento musical. En él Tchaikovski vierte toda su amargura y dolor (en los movimientos extremos), así como la melancolía por los viejos y hermosos días que ya no volverán, esos días de fiestas (segundo) y triunfos (tercero). Pero para no ponernos en plan cebolla invito a ustedes que comparen el scherzo, que es la parte más o menos «optimista» de la obra. Incluyo los minutos exactos por si se quieren centrar exclusivamente en el fragmento citado.

27:00 – 37:45 Klemperer / Philharmonia Orchestra.

28:20 – 36:53 Karajan /Wiener Philharmoniker

La cuestión está en que la música nos presenta un desfile. Para que lo entendamos, lo plantearé en términos españoles. Imagínense ustedes que el calendario marca el Día de las Fuerzas Armadas. Después de haber abucheado a ZP (o no), comienza el desfile. Herr Klemperer, el rey de los tempi lentos, lo plantea al paso del Ejército de Tierra (115 pasos por minuto). Herr Karajan, en cambio, le imprime un paso de legionario (155 pasos por minuto).

Si nos atenemos al criterio de nuestro ya venerable Código Civil, el art. 675 nos dice: «Toda disposición testamentaria deberá entenderse en el sentido literal de sus palabras, a no ser que aparezca claramente que fue otra la voluntad del testador. En caso de duda se observará lo que aparezca más conforme a la intención del testador según el tenor del mismo testamento». Si preguntamos cuál es la versión que mejor expresa la voluntad del testador, la discusión está servida.

Y aquí es donde yo doy la razón a mi compadre. Dejando aparte el tema de la afinación (Herr Karajan afina medio tono más alto de lo normal, cosa que no me gusta), la versión de Herr Klemperer es mucho menos efectista y más contenida. Herr Karajan, en cambio, la interpreta como una especie de marcha enloquecida, una especie de huida hacia adelante. Das Wunder echa el resto de todo el pathos romántico, cosa que me parece un tanto fuera de lugar, incluso tratándose de Tchaikovski, cuya música en ocasiones tiene hasta un punto de histerismo, es cierto; pero no me parece que aquí y en esta música sea lo adecuado o necesario. ¿Quién de los dos se acerca más a lo que el compositor hubiera querido oír? Son ustedes libres de elegir bando.

De cómo ocupar el tiempo en estupideces (y cobrar por ello)

Bien dice el dicho tradicional que «cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo». Eso han debido de pensar en el PSOE de Elenita Valenciano: perdidas las elecciones y a punto también (esperamos) de perder las subvenciones, aprovechan para gastar los últimos petardos. Y ella y sus cuatas se han puesto con ardor renovado y acrisolado fervor a la insigne tarea de feminizar el lenguaje español (aunque éstas ya no sé si lo que pretenden es «feminizarlo» o amariconarlo). Resulta que ahora, hasta las canciones de Fofó («¿Cómo están ustedeeeeeeeeeeeeees?») son «machistas», «perpetúan los asquerosos roles sociales tradicionales» e «incitan a la violencia de género» (que todavía no lo han dicho, pero no tardarán, ya verán ustedes).

Veamos. En el auto de papá… Pero bueno, ¿por qué tiene que ser el papá el que conduzca? ¿No sería mejor que condujera la mamá? Porque hay que enseñar a los niños, las niñas y les niñes que las mujeres también pueden conducir aunque sea en una canción. Además, no son «papá y mamá», sino «progenitor A y B». Eso de «papá y mamá» es «rancio, burgués y en la nueva sociedad que estamos intentando crear (pelea por lo que quieres) no tiene cabida». Naturalmente.

Pongamos otro ejemplo: Susanita tiene un ratón… será una ratona, digo yo. Vale, admitamos que sea un ratón. Pues la cancioncita de marras «incita al maltrato animal», ¡hombre! ¿Qué es eso de darle «chocolate y bolitas de anís»? ¿Es que quieren convertirlo en diabético y romperle la dentadura, animalico mío? Claro que, como es ratón (o sea, pertenece al odiado género masculino), que se joda. Surge otra pregunta, no obstante: ¿el «chocolate» es fondant o «del otro»? Porque, vamos: que a un ratón que «le guste el fútbol, el cine y el teatro y que baile tangos y rocanrol», sin olvidar que «sueña con ser un gran campeón de ajedrez» es la prueba evidente de que al animalito le drogan y le provocan un colocón de dar la vuelta al mundo en ochenta minutos y sobrarle la mitad. Y encima lo tienen al lado del radiador: ¡para quemarlo, vamos!

Además, aquí les dejo una crítica desde el otro lado, para que vean ustedes que en esa casa se es plural

Pero la mayor víctima de las tesis de Elenita Valenciano y sus cuatas es, curiosamente, La Internacional, el himno oficial de la pesoe y compartido con IU (lo comparten porque no les cuesta dinero. seguro). Aquí la comparativa de versiones, vía Elentir (con alguna adaptación nuestra):

Versión sexista actual, escrita en 1871:Arriba los pobres del mundo
En pie los esclavos sin pan
alcémonos todos al grito:
¡Viva la Internacional!

Removamos todas las trabas
que oprimen al proletario,
cambiemos el mundo de base
hundiendo al imperio burgués.

Agrupémonos todos,
en la lucha final,
alzan la voz los pueblos con valor
por la Internacional. (bis)

El día que el triunfo alcancemos
ni esclavos ni dueños habrá,
los odios que al mundo envenenan
al punto se extinguirán.

El hombre del hombre es hermano
derechos iguales tendrán
la Tierra será el paraíso,
patria de la Humanidad.

Agrupémonos todos
en la lucha final.
Y se alzan los pueblos con valor
por la Internacional.

Versión ajustada a las tesis feministas de Elena Valenciano:
Arriba las personas pobres del mundo
En pie las personas esclavas sin pan
alcémonos todas y todos al grito:
¡Viva la Internacional!

Removamos todas las trabas
que oprimen a las personas proletarias,
cambiemos la tierra de base
hundiendo la opresión burguesa.

Agrupémonos todos y todas,
en la lucha final,
y se alzan las naciones con valentía
por la Internacional. (bis)

El día que el triunfo alcancemos
ni personas esclavas ni dueñas ni dueños habrá,
las cruces que la tierra envenenan
al punto se extinguirán.

La ser humano del ser humano es hermano y hermana,
derechos iguales tendrán
la Tierra la gloria será,
patria de la Humanidad.

Agrupémonos todos y todas,
en la lucha final,
y se alzan las naciones con valentía
por la Internacional. (bis)

Que en la versión elenística haya patadones al diccionario de la RAE es cosa que la ínclita y las cuatas no podían prever (más o menos como la crisis). Pero seguro que les da igual: lo importante es el mensaje. Y, naturalmente, el cuarto de millón largo de leuros que han recibido para promocionar semejante estupidez.

Nada sorprendente es que los geniales Monty Python previesen todo este maremoto de estupidez allá por el año 1979…

Verano del 42

Inspirado por: http://elfareroylagaviota.blogspot.com/2010/07/verano-del-42.html

Tras el revuelo causado por el librito de Txusito en 70, Rue de Ferraz, vuelta otra vez a sumergirnos en el arte. Esta vez le toca el turno al séptimo, sobre todo porque las musas sólo eran eran seis y el cine aún no se había inventado (aunque la cantidad de pepli que corre por ahí pudiera hacer pensar lo contrario).

Hoy les traigo a colación esta película, que para los dos protagonistas supuso prácticamente el papel de su vida. Exactamente lo que le ocurrió a Sean Connery con James Bond («Bond, James Bond»), o a Al Pacino con Michael Corleone («La tua famiglia porta ancora il nome dei Corleone. E tu devi sempre portare rispetto per le cose della famiglia»), por citar dos de los muchos ejemplos conocidos.

Quien escogió para el papel a Jennifer O’Neill sabía muy bien lo que hacía. La actriz supo transmitir perfectamente el aire de inocencia y naturalidad que requería el papel, así como el tono justo para enamorar al impresionable adolescente Hermie, adecuadamente interpretado por Gary Grimes, quien creía le esperaba un aburridísimo verano en la isla de veraneo de Nantucket.

Por supuesto, no les voy a contar la película. Si tienen ocasión de verla, no se la pierdan. Pero no sólo por la trama y la imagen: la banda sonora firmada por Michel Legrand es de lo mejor y su tema principal, que aquí les dejo, tiene una justa y merecida fama:

Un último comentario, a tenor de otros comentarios leídos en Youtube: tal vez hoy una película así no podría hacerse. O bien porque aparecería una de esas horribles Ligas para la Decencia y decretaría (arrogándose facultades que no le corresponderían) que esa película «es inmoral»). O, por el contrario, sí podría hacerse un remake, pero tal vez protagonizado por una estrella porno con todos los detalles que hacen al caso. Dado el estándar de valores morales hollywoodenses actuales (para esa gente los únicos valores que interesan son los que cotizan en Bolsa), no sería de extrañar que la estropearan.

Finalmente, no me resisto a transcribir las últimas frases de la voz en off del protagonista, ya adulto. Pero sean buenos y prométanme que verán antes enteros la hora y tres cuartos que dura la película…

Nunca la volví a ver
ni supe nunca qué había sido de ella.
Entonces éramos distintos,
los niños éramos distintos.
Tardábamos mucho en entender lo que sentíamos.
La vida está hecha de continuos ir y venir
y, por cada cosa que encontramos,
hay algo que dejamos atrás.»

En el verano del 42
asaltamos el puesto de guardacostas cuatro veces,
vimos cinco películas
y llovió nueve días.
A Benjie se le rompió su reloj.
Oscy regaló su armónica.
Y, en un sentido muy especial,
yo perdí a Hermie para siempre.

Trasgo

Bueno es recordar esto que dice el Trasgo de la Gaceta en su página diaria de Paseo por la izquierda (que tal vez debiera titularla en breve como Un paseo por las nubes, visto lo visto). Les entresaco un párrafo, que vale no solamente para ahora, sino para 2008 y específicamente España…

La crisis tiene desconcertada a la izquierda mediática, nunca muy ducha con los números. Iñaki Gabilondo, en su habitual prédica en la Cadena SER («Y España de puente») habla de que estamos en plena «refundación de Europa» (y van…) y se pregunta qué misterio es ese de la deuda.

Para mí, lo misterioso es que pueda ser un misterio para nadie. No somos pocos los que llevamos décadas escribiendo que no hay más cera que la que arde y que los Estados estaban gastando como marineros borrachos tirando de tarjeta. La izquierda nos miraba como aguafiestas descerebrados, y, ahora que se ha producido exactamente lo que vaticinábamos, en lugar de reconocerlo, hablan del ‘misterio de la deuda’ y aseguran que esto «nadie podría haberlo previsto». Es un grado de solipsismo que se hace francamente preocupante.

Sobre todo, porque esa argumentación idiota del «nadie podía haberlo previsto», en primer lugar, es mentira. Los tamagotchis a sueldo del Gobierno repetían incansablemente esa mentira y cuando se les decía que eso no era verdad, respondían: «Ni siquiera Rato (entonces vicepresidente del FMI) lo previó (y añadan aquí ustedes el insulto o descalificación que mejor les parezca)». Y no había manera de sacarles del argumentario. Como si mencionar a alguien que fue Ministro de Economía con el PP («era uno de los vuestros») fuese argumento de autoridad suficiente.

Hace días que no se les ve por ahí. ¿Será que en la pesoe hay ERE de tamagotchis?

Cafetal

Parece que la fecha de hoy es proclive a sesudas declaraciones institucionales. Los políticos lucen muy autosatisfechos de esta «democracia» (en rigor, régimen juancarlista) que durante más de 30 años los ha mantenido bien gordos y bien lustrosos. Continuar leyendo «Cafetal»

«Lógica islámica»

A uno se le viene a la memoria cierto chiste, que relato a ustedes, cuando lee cosas como ésta: Continuar leyendo ««Lógica islámica»»

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

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Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

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Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

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La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)