Batacazo

Se la pegó Arenas por cuarta vez en Andalucía. Parece mentira, pero el frío relato de los hechos así lo demuestra. Por un lado, la participación descendió significativamente un 16% respecto de la última convocatoria, hecho que perjudicó precisamente al candidato popular. En segundo lugar, otro dato a considerar es que obtuvo casi 500.000 sufragios menos que en 2008, cosa aún más increíble teniendo en cuenta que la Comunidad andaluza está social y económicamente postrada, razón por la cual era más que deseable un cambio.

De lo anterior cabe deducir dos cosas: personas que en 2008 votaron PP han dejado de hacerlo en 2012. Parece posible que el impuestazo del jienense Cristóbal Montoro, mal explicado por éste y metido a los españolitos con calzador, por el fuero y por el huevo, no ha gustado nada a sus paisanos. Por otro lado, la reforma laboral de Fátima Báñez, bien jaleadas sus maldades por aquellos que, cuando nadie les ve, la aplican sin contemplaciones, tampoco ha entrado por el ojito derecho a los paisanos de la ministra. Son argumentos de Rubalcaba, así que cabe sospechar que arrima el ascua a su sardina si lo leemos en clave nacional.

Cabe preguntarse si Arenas era un buen candidato para Andalucía. Tiene ya 55 años, 20 de los cuales gastados en intentar ser el inquilino pepero del Palacio de San Telmo. Es la cuarta vez que le derrotan. ¿Era idóneo? Parece ser que le han encajado demasiado bien la etiqueta de señorito cortijero (cuando Chaves lo es tanto o más que él). Por otro lado y aunque en principio parecía buena idea, Arenas hizo mal en no aceptar el envite de la izquierda respecto al famoso debate, siquiera en TVE. Que sí, que aquello era una encerrona; pero Arenas tal vez debió ir, para dejar bien claro que acepta debates y no encerronas.

Al margen de esas causas sociológicas y políticas referidas exclusivamente a Andalucía, apunta Almudena Negro una causa más general: la dimisión de los principios.

Dicen desde la izquierda, que no está tan tranquila como aparenta, que el fracaso ha sido consecuencia de las reformas emprendidas por Mariano Rajoy. Sí y no. La debacle del PP comenzó en realidad mucho antes de las generales de 2012, en que sólo consiguió subir unos míseros 600.000 votos, pese a la que estaba cayendo. La cuarta derrota de Javier Arenas -que se vaya ya- comenzó a fraguarse cuando los votantes populares empezaron a otear la rendición ideológica de su formación política ante el consenso socialdemócrata entre la derecha y la izquierda.  El día en que José Antonio Ortega Lara abandonó la formación de centro-derecha. El día en que intuyeron que el PP, con sus diecisiete baroncitos, dejaba de ser un partido político para transformarse en una burocracia tan apegada al consenso y tan desapegado de la realidad como el PSOE, pero con menos garra.

Ha sido denigrante esa dimisión, cuyo último hito ha sido el ninguneo (me perdone D. Fernando Lázaro Carreter por el palabro) al que se ha sometido a las víctimas del terrorismo por seguir (¡!) la hoja de ruta marcada por ETA, uno de cuyos puntos posiblemente sea «que las víctimas no molesten», dicho así o con otras palabras. Sólo así se explican las expresiones del lumbrera Oyarzábal (que cualquier día se nos cambia a la grafía euskaldún y se nos llama Oiartzabal) llamando ultras a quienes no piensan como él en ese tema concreto. Sólo así se explica que la (presunta) Soraya buena no acuse recibo de la carta que le envió Rosa Alcaraz, cuando ha sido publicada por varios medios.

Posiblemente con todo eso comulgue el señor Arenas. Por algo es alguien tan cercano a Mariano Rajoy. Pero no su electorado (mucho menos el electorado natural del PP) y tampoco buena parte de su militancia, que no se cree el mensaje de buen rollito arriolista y ven que su jefe se va a peces con la izquierda un día sí e outro tamén. El elector, confuso, dice: «Para votar a una mala copia del socialismo, me quedo con el original». Otros en cambio, han dicho: «Me quedo en casa. Más aún cuando no queda nadie que defienda mis principios». Y unos por otros, la casa sin barrer. Quizá en el PP andaluz debiera calar este mensaje: que para cambiar Andalucía deben cambiar ellos antes, dejando de formar parte del paisaje. No estaría mal la idea de un Congreso extraordinario. Veremos por dónde respira la cosa.

El Régimen se cae a cachos (II)

Ayer les hablaba de lo mal que huele el (casi ex) régimen andaluz. Decíamos que cada vez hay más gente que pierde el miedo a hablar. No tanto por valentía, que sería muy loable; sino porque no quieren ser usados de chivos expiatorios (humano, pero menos loable) mientras que los verdaderos culpables se van de rositas porque hasta ellos no va a llegar la acción de la señorita de la venda, de la balanza y de la espada.

Sin embargo, según se van conociendo detalles del caso de los fondos de reptiles, más los andaluces (y ustedes y yo) nos horrorizamos. El antiguo director general de la Consejería de Trabajo de Andalucía dice ahora que todos conocían cómo funcionaba el asunto. Y en ese todos mete a Griñán y a Chaves (¡horror!). Es decir, el Padrino andaluz metido hasta las cejas en el cenagal de la corrupción. Si lo dijéramos ustedes o yo, la afirmación no tendría una gran trascendencia y el troll socialista de turno nos diría, con razón, que «no tenemos ni puñetera idea del asunto». Y sería verdad. Pero esto lo dice alguien que estaba metido en el ajo y que, según las informaciones aparecidas en prensa, está tan pringado como puedan estarlo Chaves o Griñán. Coincidirán conmigo en que eso es mucho más grave y trascendente.

Verán ustedes cómo arreciarán las peticiones de dimisión: «Señor Griñán, ¡debe usted dimitir!». Es un poco raro, a dos semanas de las elecciones andaluzas, aunque es posible que los populares echen mano de ese argumento. Pero el problema que puede tener Arenas, tanto ahora como desde el momento en que ponga el pie en el Palacio de San Telmo es de una índole muy distinta. Después de 32 años de régimen socialista, hay mucha gente que ha vivido del cuento. Y más de 30 años viviendo del cuento son muchos años. Si en algún momento anterior (siempre con las debidas excepciones) los andaluces estaban acostumbrados a bregar con el trabajo, hace ya tiempo que pudieron perder esa costumbre. Tal cual animales en cautividad, esperan hoy el aguinaldo que les cae del cielo (ya se llame PER o subsidio de desempleo) para ir llenando los días de chatos de vino y de juerga diversa, mientras en el campo son mayoritariamente los extranjeros (polacos, marroquíes, latinos) quienes recogen la fresa.

Pero el dinero se acabó. Ya no queda para las pequeñas corruptelas y sinecuras de las que muchos vivían sin trabajar (mucho). Y es Arenas (y su gobierno), caso que llegue a la Junta el que se va a comer el marrón de intentar de que buena parte de la sociedad andaluza cambie el chip y entienda que para comer hay que trabajar y que ya no rige el «dame pan y llámame tonto». Sólo por eso se explica que el PSOE-A obtenga en las encuestas todavía una horquilla entre 44-46 escaños. Por eso y porque el deficiente sistema educativo andaluz ha creado montones de esclavos mentales, futuros cautivos de ese maná celestial que caía de la Junta.

El Régimen se cae a cachos

Es un hecho constatable: después de más de 30 años (igualando casi a los 36 del franquismo), el régimen socialista andaluz se cae a cachos. Y no se cae porque su máximo exponente se muera de viejo y en la cama (grandísima oposición la que tuvo). Se cae porque sus máximos exponentes están siendo rastreados por los sabuesos judiciales, dirigidos éstos por S. Sª. M. Alaya. Que ya es casualidad que su nombre coincida en parte con el de un caso famoso y repleto de famosos que ocurriera también en la Andalucía de Chaves, y en que los únicos que no estaban pringaos en aquella ocasión fueron los del PP porque no les dejaron entrar a chupar.

Uno lee la prensa y se da cuenta de que en estos momentos cobra perfecto sentido la frase del fundador
Pablo (Paulino, en realidad) Iglesias: aquello de «estaremos con la legalidad cuando ésta nos permita conseguir nuestros fines y fuera de ella cuando no nos lo permita». No es cita literal, pero la idea es básicamente ésa. Se hace patente que el fin del PSOE-A no era otro que vivir del cuento (público) sin trabajar; fin al que se preordenaban todas las acciones. Y a fe que 30 años viviendo del cuento público sin dar golpe es mucho tiempo.

La cuestión es: ¿por qué ha durado tanto este régimen? La respuesta no es muy complicada. Basta acudir al símil del Lazarillo, el ciego y el racimo de uvas. Es decir: el PSOE-A permitió que determinados personajillos de su partido (pequeños y/o medianos, pero muchos) comieran las uvas de dos en dos (las pequeñas injusticias y sinecuras ante las que la Junta miraba invariablemente para otro lado) para poder así comer las uvas (el presupuesto andaluz) de tres en tres. Así, las pequeñas corruptelas y sinecuras tapaban bocas… mientras hubo dinero. Todos los que podían, decían: «Si los peces gordos lo hacen, ¿por qué yo no puedo?». No obstante, cuando se acabó el dinero, se acabó el silencio. La gente habla, y el mejor argumento que tienen aquellos a los que se les pilla de marrón es el grito de «¡Manipulación, manipulación!».

El resultado es que Andalucía está al borde del abismo, imparablemente. Por si faltara algo, el consejero de Economía de la Junta monta el numerito de «no vamos a aceptar los límites de déficit que nos imponga Montoro». Que no es más que una pantomima (a dos semanas de las elecciones andaluzas, from lost to the river, que dijo el otro), porque el que realmente se lo va a tener que comer va a ser el más que probablemente próximo Presidente de la Junta, Javier Arenas.

Respecto a cómo están las cosas ahora, uno se siente dividido. Dividido entre el cabreo mayúsculo y la admiración. Cabreo mayúsculo, por ver que los pirómanos que han provocado que España se incendie por los cuatro costados quieren aparecer ahora como los bomberos salvadores de la patria. Pero es que, además, uno no puede sino admirarse de la (durísima) cara con que los socialistas mienten y tratan de usar la demagogia a su favor. Lo tienen prácticamente todo perdido en Andalucía: los casos de los fondos de reptiles y de los EREs falsos les están estallando en la cara porque cada vez hay más personas que pierden el miedo a hablar. La cosa se pone fea, muy fea, para Griñán y Rubalcaba por debajo de Despeñaperros. Mucho más si tenemos en cuenta que arrecian los rumores sobre la destrucción de papeles en la Junta.

Oír a Rubalcaba en el mítin de ayer era comprobar cómo, palabra por palabra, esculpía un monumento a la demagogia más rastrera. Ya fuera porque cree que repetir esa sarta de medias verdades y mentiras completas puede llegar a calar en los votantes (lo cual demuestra su nulo respeto por la inteligencia de éstos), ya fuera porque cree que la parroquia que le escucha está con el mismo ánimo de los años triunfales, Rubalcaba descerrajaba sus críticas contra Cospedal, como si él fuera otro hombre «que nunca estuvo allí» (en el Gobierno). Como si no hubiera sido el que dijo que «él sabía lo que había que hacer para solucionar el problema del paro». Con esta clase de ayudas y si en las Batuecas la justicia y la decencia valiesen algo, Griñán y sus mariachis empezarían a decidir dónde quisieran pasar los próximos años de vacaciones forzosas: si en Alhaurín el Grande o en El Puerto II. Dudo que Arenas les toque un pelo, siguiendo con ello la consigna de su jefe.

Todo mentira(s)

Hace apenas tres meses que perdieron las elecciones –pues no las ganó Rajoy, sino que las perdió Rubalcaba– y tras decidirse en una larga noche de los cuchillos largos quién sería el jefe del cotarro socialista, en la que triunfó la experiencia de RbCb frente a la bisoñez de Carmen de España, la pesoe vuelve a estar en pie de guerra. Sin embargo, la pesoe no tiene prácticamente ningún campo donde guerrear con cierta elegancia. Toda España, desde el 22 de mayo, se ha vuelto de color azul a la espera de lo que ocurra en Andalucía, donde también hay altas probabilidades de que el granero socialista de toa la vía cambie igualmente de color. Además, los hechos persiguen a la actual directiva socialista como las Furias perseguían a Orestes tras matar éste a su madre, Clitemnestra: en las Cortes y en los Parlamentos autonómicos les cierran la boca una y otra vez, a pesar de que ellos intentan colar su demagogia.

El único sitio donde no les cierran la boca es… en la calle. En la puta calle, siguiendo los modos y maneras del sindicalista «golden» José Ricardo Martínez, la suciedad de cuyo lenguaje es directamente proporcional a su cinismo («a mí la declaración de la renta me la hacen los técnicos del Sindicato»). Ahora, a los dirigentes socialistas (y a sus palmeros) se les llena la boca con el derecho de manifestación y reunión, del art. 21 de la Constitución. Oyéndoles hablar, no parece sino que ese derecho lo inventaron ellos. Sin embargo, parece que pasan por alto el hecho de que las reuniones y manifestaciones han de ser pacíficas. ¿Qué culpa tiene el mobiliario urbano de que «los socialistas» decidan manifestarse? ¿O los comercios por donde pasa esa manifestación? Pero nanay. Semos socialistas y las leyes que tratan de impedirnos hacer lo que nos dé la gana nos las pasamos por el forro.

Pero hay un detalle inquietante más. En un país más o menos decente (me da que al 100% no hay ninguno), se permite el derecho de manifestación y reunión, con el límite del mantenimiento del orden público y el respeto a la propiedad privada. Y en el caso de que se intenten traspasar esos límites, las fuerzas y cuerpos de seguridad actúan para restablecerlo. Lo hacen porque están legalmente habilitados para ello (en España, por el art. 104 de la Constitución y la Ley Orgánica que lo desarrolla). Y lo hacen con contundencia si el restablecimiento de la seguridad y el orden público así lo demandan.

Sin embargo, España, mi país, debe de ser el único en que el restablecimiento de la seguridad y el orden en los espacios públicos, función normal de las fuerzas del orden, es considerado por parte significativa de la prensa como brutalidad policial. España, mi país, debe de ser el único en que una parte significativa de la prensa se dedica a jalear a los gamberros (pues no tienen otro nombre) simplemente porque le hacen la puñeta al Gobierno con unas reivindicaciones de mentirijillas.

España, mi país, debe de ser el único en que al cabecilla de la asonada (porque ni «manifestación», ni leches en vinagre) le invitan a visitar la Asamblea Legislativa de la Comunidad, cuando lo que se merece es dos sopapos bien dados por gamberro. Bien es verdad que a veces las Asambleas Legislativas parecen cervecerías llenas de marineros borrachos y con ganas de juerga; pero no creo que haya descendido tanto el nivel como para poner alfombra roja al proyecto de señorito rojo. demostrando el PSPV exceso de alarde y defecto absoluto de arte.

España, mi país, en fin, debe de ser el único en que las fuerzas del orden deben soportar toda clase de insultos y vejaciones por parte de unos niñatos descerebrados a los que sus irresponsables profesores han dado fiesta para que se «manifiesten contra la derecha». Desde este mi pequeño rincón, mi solidaridad con ellos y en especial con el policía al que un «manifestante» (que por no hacer no hacía ya ni la mili) mordió en un muslo. A los políticos de todos los colores, en estos casos, no les importa más que una cosa: «que no haya incidentes graves». Quiere decirse que no haya bajas entre los manifestantes; los policías heridos no importan, pues están para eso. Creerán los políticos que un policía (o miembro de las FCSE) es una farola en la que un perro (antisistema) puede levantar la pata y mearse impunemente. Pero es lógico: ellos no se ponen nunca en el lugar del policía que está intentando contener la jauría y que tiene que soportar toda clase de expresiones soeces y agresiones.

¿El resumen? Tanto en Valencia como en Barcelona, unas asonadas que ante todo han servido para dar visibilidad a la extrema izquierda. Porque a determinada altura de la película ya no importaba que se hubiera descubierto el engaño, a saber, que en el IES Lluís Vives no faltaba la calefacción. Los grupos antisistema se habían posesionado de la (falsa) reivindicación y ya no hacía falta ninguna otra excusa para crear follón.

Por otra parte, el éxito de la acción está asegurado si se tiene un altavoz y se utiliza bien. Internet jugó un papel fundamental en la difusión de fotografías trucadas en las que, como en el famoso chiste de la vaca «nada es lo que parece». Seguro que más allá de las Batuecas, quienes vieran esas fotos (periodistas incluso, avezados ya en el tratamiento de la información). Como decíamos antes, bien jaleadas las fotos de los radicales antisistema de (no lo olvidemos) la extrema izquierda por cierta prensa con presencia internacional, ayudan a dar la imagen de un país revuelto, sacudido por la inestabilidad social. Como todos sabemos de qué prensa se trata, haremos memoria: ¿con qué cara (de cemento armado) se atrevían, hace algo más de un año, a señalar a Aznar y venir a decir que «por patriotismo debía callarse, para no perjudicar la imagen del país»?

Ya lo dijo Carlos Semprún: «Si la izquierda dijera la verdad, dejaría de existir». Y Rubalcaba debería mirar con qué rebaño se mezcla. Puede salir corneado, como le acaba de ocurrir en Madrid: Invictus es perfectamente inofensivo contra Esperanza Aguirre… pero al nuevo secretario general de la pesoe le ha dado un buen repaso. Eso sí: miente, que algo queda. En eso la pesoe nunca ha defraudado.

Rabiosos

Hay que ver, hay que ver… La izquierda que ha perdido las elecciones hace tres meses ha decidido quemar la calle al mejor estilo revolucionario. Nietos de Largo Caballero o Indalecio Prieto, han decidido que les sale más a cuenta arrancarse la máscara de «nos adaptamos a la farsa democrática» y han vuelto por los fueros que gastaban en los turbulentos años 30. Hasta Rubalcaba (un hijo del Régimen, como la mayoría de la actual cúpula dirigente de la pesoe) ha señalado como enemigo a batir a la Iglesia, con sus extemporáneos deseos de «revisar el Concordato» (asunto que hoy por hoy sólo interesa al contingente masónico de sus huestes). Vamos, que sólo le ha faltado añadir a la burguesía (no puede porque muchos de sus camaradas, como la indecible Elenita Valenciano, la Paella, son miembros y miembras de pleno derecho de ella) y al Ejército. Bueno, a este último no hace mucha falta, porque hoy por hoy, al Ejército lo han capitidisminuido de tal manera entre los hunos y los hotros que apenas da bien en los desfiles de su día.

La última, como saben ustedes, es la de chafar el día que muchos en nuestro corazón hemos reservado a las víctimas del terrorismo (que no sólo lo es de las del 11-M, sino de todas y además, es también Día Europeo de la cosa). Máxime cuando parece que el 11-M dista de ser un caso cerrado. Los últimos descubrimientos de restos de vagones, las preguntas muy incómodas que se plantean a la ciudadanía (aunque buena parte de ella todavía prefiera ver en la tele a José Mota)… ¿Se puede adormecer a la ciudadanía de tal modo que ya no quiera saber qué ocurrió en ese día aciago en que un atentado segó 192 vidas e hirió a 1.500 personas? Diríamos que sí se puede: señalando como «fachas» (el insulto preferido de los beneficiarios directos del atentado) a los que nos preguntamos acerca de la verdad cuestionando la sentencia que pretendió cerrar (en falso) el asunto. Se puede, comprando el silencio de determinados mandos de la policía, que estuvieron en el ajo y a los que con un ascenso se puede comprar. Se puede, satisfaciendo la ambición de determinados personajes togados. Se puede, amenazando, coaccionando o haciendo la vida a cuadritos a quienes intentan saber la verdad, como D.ª Coro Cillán. Seguro que en el caso de esta mujer, el procedimiento disciplinario que le quieren montar no sería relevante de no ser ella quien pretende reabrir el caso del 11-M, que al parecer es tabú en las altas esferas judiciales.

Escuchar las sandeces llenas de odio de la señora Pilar Manjón, además de encoger el corazón, conecta directamente con esos Indalecio Prieto, Largo Caballero y Carrillo que declararon la guerra a «los burgueses, los curas y los militares». Conecta con la década en que los totalitarismos de todo signo se apoderaron y enseñorearon de la vieja Europa, convirtiéndola finalmente en un jodido campo de batalla, en el que la mentira guerreaba contra ella misma y dejaba montañas de cadáveres. Atrás quedaban los locos años veinte: era necesario hacer una guerra para que la gente olvidara por qué era pobre, por qué los buenos tiempos de antaño no iban a volver y quién había sido el causante de que la gente que antes vivía más o menos bien ahora chapoteara en la miseria. No es muy diferente a la época actual. Quedan hoy igualmente lejos aquellos ochenta, que según el título de la obra de Ana Diosdado, «fueron nuestros».

La explicación de todo, o como diría Quim Monzó, el perquè de tot plegat, en lo que se refiere a España, es que hay que deconstruirla. No sólo económicamente (somos más pobres hoy que hace 8 años), no sólo políticamente (en la política española hay gente honrada, pero las ratas han sido ayudadas a trepar a puestos desde los que han deteriorado la vida pública a extremos impensables). La doctrina Kissinger exige que España sea destruida incluso espiritualmente: que no quede nadie que pueda sentirse orgulloso de ser español y que se arranque de cuajo esa parte tan importante de España y del ser español que ha sido la religión católica. Sin regla moral en la que mirarse y sin raíces, España como idea y, sobre todo, como realidad histórica, perecerá. Todas estas líneas de ataque están formadas contra España. Y la ventaja de sus enemigos es que quienes deberían formar la primera línea de defensa no hacen otra cosa que contemporizar y decirse «no se atreverán». Y cuando se atreven, resulta que no hay respuesta por el otro lado.

La izquierda, rabiosa por haber perdido el poder (lo único que realmente les importa), se apresta a hacer la vida a cuadritos al Gobierno legítimo (en tanto que surgido de unas elecciones y por tanto, con legitimidad en origen, cuando menos). Digna reacción de los hijos de… Largo Caballero e Indalecio Prieto.

La lujuria al servicio del negocio (musical)

Razones de espacio me impedían contestar en Facebook o en su propio blog al compadre Noatodo, así que permitan ustedes que lo haga desde mi propio espacio. Habla él, en el post que les enlazo, de que de un tiempo a esta parte las discográficas clásicas se han empeñado en vendernos la música metiéndonosla por los ojos, tal vez olvidando que salvo cuestiones sinestésicas, la música entra fundamentalmente por los oídos.

Debo aclarar a mi compadre que eso no es en absoluto una novedad hoy en día, y que lo lamentable es que se haya contagiado a una parcela del arte que creíamos «seria». En otras parcelas, como es el caso de la televisión, algunas series históricas han destacado no precisamente por su fidelidad a la trama histórica que relatan, sino por presentar un alto contenido erótico en su desarrollo como ingrediente fundamental de la historia. Éste parece ser el caso de Los Tudor o, últimamente, la saga del gladiador Espartaco. Debo confesarles que, sin ser mojigato en estos asuntos, me dejó ojiplático una declaración del actor Jonathan Rhys-Meyers, protagonista de Los Tudor: «El sexo vende». Es decir: para Mr. Rhys-Meyers es más interesante que una serie aumente el tamaño del sexo de ustedes en vez de su conocimiento histórico. O que humedezca sus partes en vez de su cerebro (caso de que sean señoras y para que no se nos enfaden la Pajina y la Paella). Otro tanto podría decirse de la música llamada ligera o «pop»: con su atuendo, parece que quieren realzar más el hecho de que son objetos sexuales que no personas cuyo oficio primero es cantar.

Pero lo lamentable es que este criterio, aparentemente trivial, esté calando en una parcela del arte que creíamos «seria» y a salvo de estas veleidades antiestéticas (en mi opinión, y creo que mi compadre también coincidirá). En el teatro y en la ópera ya hemos conocido algunas puestas en escena vendidas como «rompedoras» e «iconoclastas»… que sin embargo ponen de manifiesto la indigencia intelectual y espiritual del escenógrafo, disimulada por la atronadora apelación a los bajos instintos del espectador. Espectador que es insultado en su inteligencia, pues es tratado como un animal sin cerebro o con un pene allá donde debiera ubicarse el cerebro.

Dejo aparte la saña con que mi compadre trata el caso de Anne-Sophie Mutter, sólo por el hecho de haber sido la protegida de Das Wunder. Salvado eso, no dejo de darle la razón y temerme que cualquier día nos sacan a Anna Netrebko (en su defecto, a Nathalie Dessay) en paños menores (o sin paños) en unos highlights de La Traviata. O que en otra portada cualquiera aparezca la intérprete de Salomé, de Strauss (Richard), en una postura comprometida con Jokanaan. O que la fiesta en casa del Conde Orlovsky de Die Fiedermaus se convierta en una especie de orgía donde alguien, maliciosa e inesperadamente, apague la luz. O que la escena inicial de Der Rosenkavalier la interpreten dos hombres en vez de dos mujeres (por aquello de la igual-dá de género) y que se pasen el rato haciéndose ojitos.

Ya sé, ya sé que no hay que dar ideas a escenógrafos y directores de escena de resfriado ingenio y peor intención. Pero bien parece que se han apuntado al nietzscheano nichts ist wahr, alles is erlaubt; de forma y manera que lo único que hacen es mostrar bien a las claras un Occidente (una Europa, en nuestro caso) también culturalmente enfermo. Porque créanme ustedes: un área cultural en que los (presuntos) creadores renuncian a seducir al cerebro para apelar a sus instintos más bajos para poder vender su mercancía averiada está enferma.

Un punto final, aunque ya se lo dije en persona a mi compadre. Respecto del enlace a la puesta en escena de In uomini in soldati, Karajan JAMÁS hubiese permitido semejante puesta en escena, zafia e inane. Y muchísimo menos en Salzburgo, su casa.

Centrados en ti…

Dicen los más viejos del lugar que al papel y a la mujer, hasta las posaderas hay que ver (en realidad no dice «posaderas»; pero como ya hemos cometido un delito contra el lenguaje de género, no era cosa de remachar el clavo). Mucho más cierto es con los políticos, por desgracia. Que no nos podamos fiar de unos señores en cuyas manos ponemos nuestros asuntos y nuestra vida como colectivo, tiene su gracia. Desde luego a mí, como a muchos de ustedes, ZP no me la dio con queso. Sabíamos de qué iba ese hombre y qué pretendía su proyecto. Otras muchas personas, en cambio, se dejaron convencer por sus cantos de sirena progresista y por eso, en vez de aguantar sólo cuatro años a ZP, le tuvimos que aguantar ocho (bueno, por eso y porque en 2008 el PP hizo una campaña misérrima).

Hoy, en 2012, gobernando el PP virtualmente en toda España (salvo donde es tradición muy arraigada que no gobierne), algunos empezamos a darnos cuenta y no precisamente en teoría, de que PP y PSOE no están tan lejos el uno del otro de lo que parecía. Dejemos aparte el hecho de que en Europa, salvo casos puntuales, son indistinguibles. En cuanto a lo que pasa Batuecas adentro, no vamos a hablar de las promesas que el PP se ha ido dejando en el camino. No hablaremos de la política lingüística gallega, en manos de un radical progalaico (la valenciana, según me cuentan, por el mismo camino). Tampoco hablaremos de la querella que Cospedal interpuso contra su antecesor Barreda, de la que nunca más hemos sabido si se ha archivado. Tampoco hablaremos de la cara de arrobo y felicidad de Alicia Labiotoldo Sánchez-Camacho cuando mira al Rei Artur (antes conocido como Príncep Encisador), todo porque no la va a recluir en el ghetto esta vez. Ni de los desplantes de la señora Cifuentes, flamante delegada del Gobierno de la CAM, incluso a militantes de su propio partido a cuenta de una perla que le puede costar un serio disgusto en cuanto a bajas de militancia.

Así que hay que leer hasta el fondo y hasta el final de los lemas (mucho mejor que «eslóganes», que suena más moderno pero demasiado anglo para mi gusto). La adición, por otro lado, tiene una lectura independiente: el dios griego de la guerra empieza a hacer acto de presencia entre la militancia. Entre el impuestazo, algunos nombramientos bastante polémicos (caso de la «infiltrada» Carmen Vela) y ahora el asalto a una parte central del ideario del partido y el cambio de paradigma respecto de ETA (ya no problema policial, sino «sólo político»), la incomodidad va creciendo, lentamente, aunque algunas cosas las hayan hecho medianamente bien (rebajar el sueldo de los grandes banqueros o recortar el poder sindical, entre otros y señaladamente).

A todo esto y obiter dicta: hace un par de días que al campo español Francia le ha atizado un garrotazo de no te menees, con la anuencia de los países nórdicos. Beneficiario del acuerdo agrícola: Marruecos, incomprensiblemente, que es país tercero y cuya posición e intereses, por lo tanto, no deberían prevalecer sobre los de los socios. Claro que, como dice el dicho, que a lo mejor y en estos asuntos ya me lo habrán leído ustedes alguna vez: «Con estos socios, ¿para qué quiere uno enemigos?». Y aún más: busquen ustedes cuántos medios nacionales se han ocupado con alguna extensión de la noticia. Me da que no van a encontrar muchos. Aún nos falta bastante para despertar.

Garzón garzonado

Tras la expectación producida por el procesamiento y posterior primera condena de Baltasar Garzón, sólo nos queda decir que «ha funcionado el Estado de Derecho». Y por una vez, además, correctamente. De ello da fe el que en el grupo de los siete jueces que examinaron el caso de las escuchas del Gürtel no hubiese una sola fisura. Por unanimidad (que no «una nimiedad», como hizo notar el gran Javier Quero), Garzón fue condenado por prevaricar («dictar una resolución injusta a sabiendas»). Los 11 años de inhabilitación especial que le han caído suponen la práctica expulsión de la carrera judicial, que al parecer se hará efectiva en una fecha tan emblemática como el 23-F.

Hemos oído el griterío mediático político de algunos que han llegado hasta a insultar al Alto Tribunal llamándolo «fascista» y otras lindezas impensables en gente formada y civilizada. También hemos oído argumentos del tipo: «¿Cómo se atreven a condenarle después de todo lo que ha hecho en materia antiterrorista?». De los primeros no diremos nada porque no merecen comentario alguno en sí mismos.

De los segundos, creo que cabe entenderlo de la siguiente manera: ¿verdad que un conductor no se libraría de la correspondiente multa por infracción alegando que anteriormente «siempre había conducido muy bien y que nunca había cometido una infracción? Pues aquí es exactamente lo mismo. Que por otra parte, tampoco eso sería del todo cierto. De las instrucciones garzonitas no se han oído comentarios muy piadosos: parece ser que no era muy cuidadoso y que sus actuaciones bordeaban, sin traspasarla, la línea de la ilegalidad. Y que en no pocos casos y debido a esas instrucciones defectuosas algunos criminales pudieron salir libres.

La ley no se aplica según de quién se trate o cuando la jugada lo aconseje, que decía el ínclito kamarada Bermejinski. Se aplica cuando se produce un hecho relevante para ésta. Garzón incurrió en el tipo penal del 446 CP por haberse saltado a la torera el art. 51.2 de la Ley Orgánica Penitenciaria, que dice así:

Las comunicaciones de los internos con el abogado defensor o con el abogado expresamente llamado en relación con asuntos penales y con los procuradores que lo representen, se celebrarán en departamentos apropiados y no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo.

La sentencia es impecable desde el punto de vista jurídico. Estamos acostumbrados a que determinados personajes, por mor de su consideración, poder o dinero, o los tres, se vayan de rositas ante los Tribunales; así que sorprende agradablemente que por una vez los magistrados del Alto Tribunal se hayan dejado de puñetas y hayan aplicado la Ley sin más.

Otra cosa distinta es ver cómo ha salido la izquierda como un solo hombre (en realidad, como varios cientos de hombres) a defender al ya ex-juez. Uno se pregunta, como Mou, «¿por qué? ¿Por qué?». En mi modesta opinión, que Llamazares, que tiene su porvenir resuelto, o Cayo Lara, que probablemente también, saliesen a defender a Garzón, puede obedecer a lo siguiente:

  1. han hecho el trabajo sucio del PSOE, que enfangado como estaba con su congreso sevillano apenas se ha manchado las manos. Las palabras de Carmen de España (creo que ahora volverá a ser Carmeta de Catalunya) o las de Freddy Rubalkrueger han sido tibias en comparación con los improperios del rojerío auténtico.

     

  2. defienden a Garzón no tanto por el caso de las escuchas o el caso Queridoemilio, que a ellos de hecho ni les va ni les viene, sino por el caso de las fosas del franquismo, que ése sí les toca de cerca y no precisamente los muertos. Desautorizar a Garzón en este caso supondría, ante la opinión pública, deslegitimar de facto la Ley de Memoria Histórica, de la cual derivan apetitosas subvenciones para determinados oenejetas, colocados siempre a la izquierda del espectro. Y por supuesto, pondría en evidencia el propósito ideológico de la infame Ley, a saber, la eliminación (a Dios gracias, no física todavía, sino sólo civil) de los discrepantes contra la interpretación progre de la historia española de los últimos 75 años.

     

Habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos, pues la conjunción planetaria de causas penales contra Garzón está a punto de estallarle en la cara (que hubiera dicho la Pajina)…

Hora de admitirlo: la Iglesia tenía razón

Original aquí.

Al hilo de los intentos del Presidente Obama de obligar a las instituciones de la Iglesia a pagar esterilizaciones, anticonceptivos y abortos a sus empleados, están corriendo ríos de tinta en los Estados Unidos. Gracias a Dios, los obispos y prácticamente toda la Iglesia en Estados Unidos se están enfrentando sin fisuras a esta imposición inaceptable del gobierno.

Traigo hoy al blog un artículo que me ha parecido espectacular. Teniendo en cuenta que se trata de un periódico económico, el Business Insider, el título del artículo es verdaderamente provocador: «Es hora de admitirlo: La Iglesia siempre ha tenido razón sobre el control de la natalidad». No se lo pierdan, porque merece la pena. Es bueno, breve y sin complejos. Ojalá lo hubiera escrito yo, pero al menos lo he traducido para que lo disfruten mis lectores.

………………………………………………..

Pintar a la Iglesia Católica como «fuera de contacto con el mundo actual» es lo más fácil del mundo, con tanto sombrerito extraño y las iglesias llenas de pan de oro. Y nada lo hace más fácil que la postura de la Iglesia contra los anticonceptivos.

Mucha gente (incluido nuestro editor) se pregunta por qué la Iglesia Católica no abandona simplemente esta norma. Señalan que la mayoría de los católicos la ignoran y que casi todos los que no son católicos consideran que crea división o que está pasada de moda. «¡Venga ya, que estamos en el siglo XXI!», dicen. «¿Es que no VEN que es algo ESTÚPIDO?», gritan.

Hay algo que conviene tener en cuenta, sin embargo: la Iglesia Católica es la mayor organización del mundo y la más antigua. Ha enterrado a todos los grandes imperios conocidos por el hombre, desde los romanos hasta los soviéticos. Cuenta con establecimientos literalmente en todo el mundo y está presente en todos los ámbitos del quehacer humano. Nos ha dado algunos de los más grandes pensadores del mundo, desde San Agustín hasta René Girard. Cuando hace algo, por lo general tiene una buena razón para ello. Todo el mundo tiene derecho a estar en desacuerdo, pero no se trata de un montón de blancos viejos y locos que se quedaron atascados en la Edad Media.

Entonces, ¿qué está pasando?

La Iglesia enseña que el amor, el matrimonio, el sexo y la procreación son cosas que deben ir juntas. Eso es todo. Pero es muy importante. Y aunque la Iglesia lo enseña desde hace 2.000 años, probablemente nunca ha sido tan significativo como hoy en día.

Los mandatos contra el control de la natalidad fueron reafirmados en un documento de 1965 firmado por el Papa Pablo VI, llamado Humanae Vitae. El Papa advertía que se producirían cuatro resultados si se aceptaba el uso generalizado de anticonceptivos:

– Reducción general de los estándares morales

– Un aumento de la infidelidad y la ilegitimidad

– La reducción de las mujeres a objetos utilizados para satisfacer a los hombres

– Coerción por parte de los gobiernos en asuntos reproductivos.

¿Suena familiar?

Porque se parece mucho a lo que ha estado sucediendo en los últimos 40 años.

Como escribió George Akerloff en Slate hace una década: «Al convertir el nacimiento del niño en una elección física de la madre, la revolución sexual ha convertido el matrimonio y el sostenimiento de los niños en una elección social del padre».

En lugar de dos padres que son responsables de los niños que conciben, una expectativa defendida por las normas sociales y por la ley, ahora damos por sentado que ninguno de los padres es necesariamente responsable de sus hijos. Se considera que los hombres cumplen sus obligaciones simplemente mediante el pago por orden judicial de la pensión alimentaria a los hijos. Se trata de una reducción muy drástica de los estándares de la «paternidad».

¿Qué tal nos va en lo demás desde la gran revolución sexual? El matrimonio de Kim Kardashian duró 72 días. Los hijos ilegítimos: en aumento. En 1960, el 5,3% de todos los hijos nacidos en los Estados Unidos fueron de mujeres solteras. En 2010, la cifra había subido a un 40,8%. En 1960, las familias basadas en un matrimonio formaban casi tres cuartas partes de todos los hogares, pero según el censo de 2010 ya sólo representaban el 48 por ciento de los mismos. La cohabitación fuera del matrimonio se ha multiplicado por diez desde 1960.

Y si usted no cree que las mujeres están siendo reducidas a objetos para satisfacer a los hombres, bienvenido a Internet. ¿Cuánto tiempo hace que conoce la Red? En cuanto a la coerción del gobierno: basta mirar a China (o a los Estados Unidos, donde el gobierno ha establecido una norma sobre la cobertura obligatoria de la anticoncepción que es la razón por la que estamos hablando de esto ahora mismo).

¿Todo se debe a la Píldora? Por supuesto que no. Pero la idea de que una disponibilidad general de la anticoncepción no ha dado lugar a un cambio social dramático, o que este cambio ha sido exclusivamente para bien, es una noción mucho más absurda que cualquier cosa que enseña la Iglesia Católica.

También lo es la idea de que es OBVIAMENTE ESTÚPIDO recibir indicaciones morales de una fe venerable (¿En lugar de recibirlas de quién? ¿De Britney Spears?).

Pasemos a otro aspecto de este tema. La razón por la que nuestro editor piensa que los católicos no deberían ser fructíferos y multiplicarse tampoco se sostiene. La población del mundo, escribe, está en un camino «insostenible» de crecimiento.

La Oficina de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas considera que la tasa de crecimiento de la población disminuirá en las próximas décadas y se estabilizará alrededor de los nueve mil millones en 2050… y se quedará ahí hasta el 2300 (y tengamos en cuenta que las Naciones Unidas, que promueven el control de la natalidad y los abortos en todo el mundo, no son precisamente partidarias del dad-fruto-y-multiplicaos).

En términos más generales, la visión maltusiana del crecimiento ha persistido, a pesar de haberse probado una y otra vez que estaba equivocada y que había causando gran cantidad de sufrimientos humanos innecesarios. Por ejemplo, China se encamina hacia una crisis demográfica y hacia la dislocación social debido a su equivocada política del hijo único.

El progreso humano es la gente. Todo lo que hace la vida mejor, desde la democracia a la economía, pasando por Internet y la penicilina, fue descubierto o creado por la gente. Más gente significa más progreso. El inventor de la cura para el cáncer podría ser el cuarto hijo que alguien decidió no tener.

Finalmente, para resumir:

– Es una buena idea que las personas den fruto y se multipliquen.

– Independientemente de lo que le parezca la postura de la Iglesia sobre el control de la natalidad, es una postura que ha demostrado ser profética.

Michael Brendan Dougherty y Pascal-Emmanuel Gobry.

Misa a Buenos Aires, de Martín Palmieri

Para distender un poco la cosa, que esta semana ha estado llenita de política y trolleo a partes iguales, tanto dentro como fuera de la Red, someto a su consideración esta curiosa Misa a Buenos Aires, del compositor argentino Martín Palmieri. La obra se deja escuchar bien; pero tiene el atractivo añadido de que el compositor no sólo usa ese ritmo tan característico de su tierra en prácticamente todos los movimientos de la obra, sino que en la nómina orquestal incluye los instrumentos típicos (bandoneón, contrabajo, violín) del tango. Vamos, que sólo falta el gran Carlos Gardel para completar el cuadro. De muestra les dejo este botón, interpretado por los Solistas de la orquesta de Dresde, el Vocal Ensemble de Sajonia, la mezzo Annekatrin Laabs y todos ellos bajo la batuta de Matthias Jung:

(sigue aquí, aquí, aquí y aquí)

Disfruten nomás, che…

Pensamientos al vuelo

Ideas, intuiciones y otras cosas que se me pasan por la cabeza

starcrazypie astrology

the astrology blog | sara shipman

Las cuatro esquinas del mundo

Nadie entre sin aumentar la entropía

Mirando hacia arriba...

Reflexiones sobre cosas que pasan en los cielos

El vuelo del albatros

Pensamientos diversos a vista de pájaro

Cuatro amiguetes y unas jarras

Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto

General Dávila

Nada hay como el soldado español y mi única aspiración siempre ha sido estar a su altura

VIA LIBRE

Escribo y difundo lo que me interesaría leer. Para todos los públicos

Verdades Ofenden

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga" Diderot. / "El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión" Ruskin – (Bitácora-Biblioteca virtual y PERSONAL, recopilatória de aquellos artículos que despiertan mi interés)

C Y K L O S

Asociación de Astrología de Cataluña

Queremos salir de la Crisis

¿Los políticos Tambien?

Galicia Futura

Blogazine Independiente / Abierto 24 horas

La Imagen Reflejada

El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

Es war einmal...

"Los dogmas del quieto pasado no concuerdan con el tumultuoso presente." (Abraham Lincoln)