Nuremberg 2013

Diferencias… o no :S

Seguro que si ustedes han seguido con alguna atención este blog, habrán notado que un servidor tiene, desde hace tiempo, una desagradable sensación: la de estar repitiendo la historia. Han cambiado los ropajes, pero los conceptos y los motivos son los mismos, al igual que la perversión del lenguaje. Pego aquí la próxima entrada del blog de José Rosiñol Lorenzo, muy ilustrativa a este respecto. Blog que, naturalmente, ha sido atacado «en nom de la llibertat». Ustedes ya saben: no hay derecho a la discrepancia en la Cataluña medieval a la que los nacionalistas-separatistas nos quieren conducir. No obstante, perderían ustedes perspectiva si creyesen que «el problema catalán» es algo estrictamente autóctono. En absoluto. Es parte de una partida que se está jugando en un tablero mayor. Por ahora, bástenos recoger las impresiones del amigo José, mientras rehace su blog, atacado por los luchadores de la libertad:

Concierto ¿por la Libertad?

No quiero detenerme en la injustificable profusión propagandística perpetrada por los medios de comunicación catalanes –públicos y subvencionados- previa al llamado «Concierto por la Libertad» (acapararon gran parte de los noticieros de TV3 y Catradio), ni en la cobertura en directo y en prime time –durante más de cinco horas- que hizo TV3 del concierto (con un coste de dinero público inadmisible) convirtiéndolo en un publirreportaje político, ni en la manipulación informativa posterior al evento que pretende hacer creer que la reivindicación de los asistentes era el eufemístico «derecho a decidir» cuando las soflamas y eslóganes que se escucharon durante todo el concierto fueron, como no podía ser de otra manera, «¡Independencia!»…

Tampoco quisiera reparar en la metamorfosis de la política catalana, desde hace unos años más tendente hacia los actos de masas de adhesión que al debate público, abierto y transparente de las propuestas de los distintos actores políticos, actos propulsados por unas organizaciones de la «sociedad civil» que no son más que el brazo ejecutor de los planes del poder oficial, actos que en último término parecen dividir a los catalanes entre aquellos que estuvieron (una minoría mediáticamente hipertrofiada) y los que no (una mayoría silenciada y cada vez más estigmatizada), actos de exaltación nacionalista que se otorgan la potestad de representar a toda la sociedad, a toda «Cataluña»…actos con los que crear un pensamiento único…disfrazado de reivindicación democrática…

Y esto es, en mi opinión, lo realmente relevante: es la perversión del lenguaje, es la utilización política de valores que deberían ser comunes, es la tergiversación de las palabras, es el cinismo y la falta de rubor con la que utilizan conceptos morales con los que enmascarar objetivos políticos… Son las autocontradicciones performativas con las que confunden a una ciudadanía asfixiada por el control social, político y mediático, vemos cómo los catalanes que defienden la independencia viven en un país democrático, España, en el que pueden convocar libremente un concierto en el que reivindicar la libertad… hablan de democracia, de «radicalidad democrática», reduciéndola a un mero instrumento en forma de referéndum acotado con el que alcanzar sus objetivos políticos; reivindican pluralidad democracia pero exigen uniformización identitaria; reivindican libertad para «Cataluña» pero exigen la adhesión ciega de la ciudadanía; dicen representar a la sociedad civil mientras ignoran los auténticos problemas de los barrios invisibles de las ciudades catalanas, esos «no lugares» incómodos para los parámetros de los «catalanes de bien» nacionalistas; exigen poder ejercer una consulta «democrática» pero no cumplirían ni uno de los puntos que exige la Clarity Act canadiense ni los estándares de trasparencia exigidos por el Reino Unido para el referéndum escocés…

José Rosiñol Lorenzo

Becas locas

Buenos días, tardes o lo que sea, señores. La izquierda, en su infinito afán de destrozar (pues han demostrado sobradamente que no valen para otra cosa), tiene otro trozo de hueso para roer hasta dejarlo mondo y lirondo. Ayer era la Sanidad; hoy, la Educación, nuevamente. Resulta que el ministro Wert preparaba una normativa para que los estudiantes que quisieran acceder a una beca debían demostrar un rendimiento superior al de la media: concretamente, un 6,5. Por supuesto, los decibelios del berreo social-nacionalista han alcanzado cotas máximas. Los correspondientes ministerios de la verdad echan humo: fotos y vídeos en las redes sociales replicados obedientemente cientos de veces, tertulianos-trolls como Alberto Sotillos o Cristina Guerrero (no lo puedo evitar: esa señora me pone de los nervios), defendiendo en las tertulias lo indefendible, aseverando convencida que «lo que pretende el PP es que los pobres no puedan estudiar» (pedazo de argumento manipulador)…

Ustedes, que son personas avisadas y avispadas, habrán adivinado que la polémica en realidad es artificial. Estoy seguro de que su lógica y su sentido común les dicen que las becas son una ayuda, que básicamente debe cumplir dos condiciones: primera, que el becando demuestre un potencial para el estudio; lo cual se demuestra a través del expediente; segundo, que se acredite insuficiencia de recursos para, por ejemplo, acceder a la Universidad. Eso sería lo fundamental: es de una lógica aplastante y probablemente no habría nada que objetar. Pero, como les comentaba, los correspondientes ministerios de la verdad de la oposición echan humo y han lanzado la antedicha consigna.

Lo que aquí tratan de vendernos, como ya habrán adivinado ustedes, es la igualdad socialista. Sí, desgraciadamente es una igualdad «con apellidos». Igualdad que no consiste, como ustedes ya saben, en igualdad de oportunidades, sino de resultados. Aquí y aquí hemos mencionado el tema. Para no repetirnos, baste decir que al estatismo rampante de los socialistas les basta con que alguien sea pobre (pero no como ellos, que en su mayor parte asistieron a colegios privados) para que sea beneficiario de una beca. No importa que el chaval (o jovenzano) no tenga un expediente suficientemente brillante para justificar la beca, porque al socialismo le horrorizan la excelencia y el esfuerzo, que es lo que hace que cada persona sea distinta. No menos le horroriza que haya quien se crea que por hincar más los codos tiene derecho a una recompensa mayor o, como en este caso, a una ayuda mayor en caso de no disponer de recursos.

Pero no queda ahí la cosa. La picaresca española, siempre tan presente en las relaciones entre Administración y administrados, ha provocado que existan acá y acullá casos de personas que, sin tener derecho a beca (por no tener ese expediente brillante o por no carecer de recursos o por ambos motivos) la han disfrutado en toda la extensión de sus estudios obligatorios o universitarios porque alguien, de suficientemente arriba, se la ha otorgado. Que eso también cuenta, oigan: Wert habrá hecho sus números, no le saldrán las cuentas y habrá dicho «hay que exigir más antes de dar», lo que los socialistas habrán aprovechado para incluirlo en el argumentario general de «los recortes».

Por ahora parece que Wert va a retroceder. El rugido imposible de la falsamente solidaria izquierda ha obligado a que el ministro no se atreva a entrarle al toro. De cualquier modo, reflexionemos: ¿acaso no tienen derecho a recibir una ayuda aquellos que se esfuerzan más y que, gracias a la formación que recibirán, tarde o temprano devolverán a la sociedad con creces aquello que recibieron? Ése es el sentido de otorgar una beca: ayudar a los que se perfilan como intelectualmente mejores. El resto es enredar y marear la perdiz. Y pretender crear una sociedad de mediocres que se puedan gobernar sin demasiadas fricciones. Objetivo que, tras el paripé de la «pelea» entre PP y PSOE, PSOE y PP, persiguen sin excepción todos ellos. Si no, que nos explique el ministro por qué aún no ha abolido la nefasta educación comprensiva, introducida en España vía LOGSE en 1990. Pero me temo –y supongo que ustedes también– que eso será como preguntar al senyor ministre «cuándo van a detener a Josu Ternera»…

El jueves, los ojos puestos en el PP

Por su interés, reproducimos este artículo. Original aquí.

Este jueves próximo podría ser decisivo para el futuro del Partido Popular. Quien fuera su gerente durante lustros, Luis Bárcenas, está llamando a comparecer junto con su esposa, también imputada en la causa, ante el juez que instruye su caso. Que es el caso de los millones de euros encontrados en Suiza, provenientes de no se sabe dónde y que pertenecen ¿a quién?

Hay miedo en Génova 13. Tanto que ni tan siquiera Javier Arenas enreda. Temen todos que el cabrón, como lo llamaban en las grabaciones Correa y los suyos, desmoralizado y acosado –le han tocado la familia y hasta ahí podíamos llegar, dicen que afirma en privado– pueda acabar por contarlo y cantarlo todo, llevándose a medio PP por delante. O que se anime a facilitar al juez, ya se lo habría entregado a otros, la contabilidad del partido. Contabilidad que existiría manuscrita pero no se correspondería con las fotocopias que publicaron los del diario independiente a primeras horas de la mañana y luego siervos del consenso socialdemócrata el resto del día. 

Y ahí se habría acabado la historia del PP, porque lo mismo podría resultar que figura importantes del centro-derecha hubieran estado cobrando sobresueldos cuando no podían hacerlo. ¿Declarándolos? Bárcenas –ya quisieras, Alfredo–, lo sabe todo y de todos. De todos. 

Si a eso le sumamos el otro escándalo, posiblemente derivado de este primero, que afecta al centro-derecha y que está igualmente fuera de control, que es el caso Gürtel (del cual sólo se conocen ligeras pinceladas, porque como salga el cuadro completo algún ayuntamiento podría tener que tirar de suplentes de la lista con la que concurrió a los comicios), las cosas se presentan complicadas, muy complicadas, para el sucesor digital de José María Aznar. Un Aznar que anda muy molesto porque considera, no sin razón, que los suyos lo han dejado tirado. Álvarez Cascos, por su parte, observa y calla desde Asturias. 

Y a todo esto, Mariano que lee y relee el Marca mientras la todopoderosa y sonriente Soraya nos vende la enésima cortina de humo.

14

No quiero insistir en ello, Dave, pero yo soy incapaz de cometer un error.

Arthur C. Clarke, 2001, una odisea del espacio

Los españoles dormimos una cierta cantidad de horas. Muchas o pocas, pero las dormimos. No soñamos con ovejas eléctricas (tal vez algún freak de la computación sí lo haga, pero estamos hablando del español medio, oigan). La cuestión es que Rita no duerme, ni sueña con ovejas eléctricas. Se pasa la vida viendo ceros y unos. Y transformando esos ceros y unos en información comprensible para esos homínidos poco evolucionados (puags) que la miran con tanta atención, como si fuera una chica de calendario.

Pero Rita es el nombre que tiene el terror del españolito medio: para unos, una vez al año, para otros cada tres meses. Es ni más ni menos el ordenador central del Ministerio de Hacienda, ese lóbrego y oscuro lugar donde Montoro y todos los demás ministros de Hacienda que han sido tejen sus telas de araña para atrapar a las incautas moscas (los ciudadanos que son requeridos de pago) que se acercan por sus dominios.

En estos últimos días ha saltado una polémica con real cola. Parece ser que Rita, que nunca duerme, ha descubierto un desfase patrimonial en la Infanta Cristina. Un desfase patrimonial de nada menos 1,4 millones de euros. Teniendo en cuenta que a muchos ciudadanos, aunque el desfase haya sido de un euro, les han levantado una paralela y a toda velocidad, no está nada mal. Han saltado las alarmas y se ha puesto todo un mecanismo en marcha, ideado al alimón por Casa Real y algún cerebrito del Ministerio. Han esparcido la especie de que nada menos que trece Registros de la Propiedad e igual número de Notarías han cometido un error, basado en el DNI de la Infanta. Perteneciendo ésta como pertenece a la Real Familia, consta únicamente de dos dígitos, lo que según dicen los presuntos expertos, es lo que ha podido causar el error. Naturalmente y con razón, los Notarios y Registradores han montado en cólera al ver que se les intentaba cargar el muerto con semejante justificación.

Al final, como siempre, se ha sabido la verdad. Cabe razonablemente suponer que, tras el descubrimiento del desfase por Rita, ha habido un cruce de comunicaciones entre Zarzuela y Hacienda. Se pusieron manos a la obra para corregir el error. ¿Y cómo? Sencillo: intentando borrar las huellas de las transacciones que constan en los registros públicos (para ciertas personas es una faena que puedas enterarte lo que ellos hacen y deshacen con su patrimonio). De ahí que se intentara que trece Notarios y Registradores pagaran el pato.

¿Y todo para qué? Para evitar que tanto a nivel judicial como mediático, la Infanta volviera a ser imputada. Ya sabemos el estigma que conlleva la imputación judicial (384 LECr aparte, desde luego). Que por eso la señora Tejeiro, esposa de Diego Torres, vino a decir, en lenguaje llanísimo, que «si ella no es puta, yo tampoco». Hay que librar a la Infanta del proceso judicial, limpiarla de toda mácula aunque sea con salfumán y el vestido quede hecho una birria.

Así, pues, y nuevamente por vía indirecta, la Monarquía está convirtiéndose en nuestro Humpty-Dumpty nacional. No solamente por los tortazos físicos que se pega el Rey (que también), sino porque últimamente parece que no hay un miembro de la Casa Real, por acción o por omisión que esté sano…

Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king’s horses and all the king’s men
Couldn’t put Humpty together again.

Vamos, que ni uniendo los esfuerzos de Ussía y de Luis María se podría recomponer la cosa. Por otro lado, es una diabólica coincidencia que el DNI de la Infanta sea el núm. 14. Que a mí (y a muchos de ustedes también, seguro), les ha recordado de inmediato este texto:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Por no hablar de las palabras de Papi en las Navidades pasadas:

La Justicia debe ser igual para todos.

Y lo dejo aquí, que ya me da la risa (floja)…

Pactos

Da miedito, ¿eh?

Parece que es la palabra de moda en el mundillo político estos últimos tiempos. Sobre todo aquellos que se las dan de estadistas (ya sean plumillas o políticos en ejercicio) no dejan de repetir como un mantra «… es necesario hacer un Pacto de Estado sobre esto o sobre lo otro», o «hemos de tener una posición común ante (Europa, el euro, la PAC o lo que a ustedes se les ocurra). Intentando hacernos creer como que ellos creen en la Nación española y en los españoles. Y los propios políticos batuecos se han puesto a ello… con resultados decepcionantes, por cierto. Lo más gracioso es que algunos ponen de ejemplo los Pactos de la Moncloa (¡horror!), en los que se escrituró el reparto del pastel español, remachados posteriormente con la socialdemócrata Constitución de 1978.

Pero es que el tema es otro. Verán: en mi opinión, en la cainita política española, a todos los niveles (general, de «nacionalidades», de «regiones» o municipal), un pacto se hace para fastidiar a un tercero: CiU y ERC «contra Espanya», PNV y Bildu contra el «Estado español opresor y torturador»… o Partido A – Partido B para quitarle la alcaldía al cuñado de alguno de los dos partidos del pacto. A veces también a aquella persona o formación con la que se pacta, también llamado abrazo del oso. Aquí no distinguimos a veces entre «amigo» o «enemigo». A mí se me ponen los pelos de punta cuando hoy se oye decir o se hace pasar por «noticia» que «los dos grandes partidos van a pactar» porque me imagino quien ostenta aquí la condición de tercero: es decir, el pueblo español.

Y es que hablan de pactos como si éstos fueran la panacea para todos los males de la Nación. Hasta Mariano se esfuerza en parecer «dialogante» en vez de usar el rodillo de su mayoría absoluta. Porque ésa es otra: la (presunta) izquierda tiene bula. Queda para la memoria histórica el «rodillo» que aplicaban los socialistas una y otra vez cuando aquella mayoría de los 202 diputados (ésa ya no volverá). Pero si Mariano hace lo mismo lo más bonito que le va a llamar la (presunta) izquierda es, como todos ustedes saben, «fascista» y «totalitario». La socialdemocracia española, ese monte en dos cumbres dividido, es lo que tiene.

Por lo demás, uno es más o menos anticuado y cree que los pactos se dan entre caballeros, entre gente leal y honesta. ¿Qué es lo que puede darse entre tratantes de feria de ganado, como parecen ser los dirigentes de los partidos políticos con mando en plaza? ¿Qué pacto es posible entre personas cuyo máximo afán es sacar ventaja de la desgracia del otro, prestos a apuñalarse al primer descuido? Que luego resulta que todos ellos están en la misma pomada, por más que de cara a la galería, a la carnaza y al deporte nacional (pesoe-pp, pp-pesoe y vuelta la burra al trigo), se tiren los trastos a la cabeza.

De la lealtad hacia quienes son «mandados» por ellos («gobernados» es una palabra que a la casta política actual le viene grande) mejor ni hablamos. Y decimos más: en este contexto de globulización (que no «globalización»), en el que resulta que no podemos crecer demasiado para no ofender a los vecinos y a los que se creen por encima de nosotros, esta casta política es precisamente lo que aquéllos (vecinos y presuntos superiores) necesitan para tenernos a raya. Bien parece que la casta nacional trabaja para ellos.

Finalizo: los pactos deben tener la divisa del bienestar de la Nación. Divisa que no tienen ni por asomo los partidos con mando en plaza. Los españoles nos estamos cansando y pagamos con desafección la lealtad de los políticos a aquellos que les ponen en los puestos de salir en las listas electorales. Yo sinceramente espero que no sea demasiado tarde para que políticos de formaciones diferentes sean capaces de pactar poniendo el interés y el bienestar de todos los españoles por encima del de sus partidos o de sus redes clientelares. Creo que, por ahora, el discurso de Albert Rivera es el más sensato de cuantos se oyen en el guirigay político nacional. A ver si surge otro político con la misma perspectiva.

El (presunto) retorno

¡Qué barbaridad, señores! ¡La que se ha armado! Hace una semana que entrevistaron a Aznar en Antena 3, que dejó caer unas cuantas perlas respecto de la situación económica, de su partido y de su Presidente. Todos a una se han puesto nerviosos, muy nerviosos. Lo más curioso es que el expresidente más odiado de este período que algunos todavía llaman «democracia» no aseguró en ningún momento que iba a volver. Pero la sola sospecha de que pudiera hacerlo ha puesto en guardia a tirios y troyanos, chascarrillos de El Jueves y otros aparte.

Mucho más curioso es que se diga que «Aznar no ha dejado la política» cuando su única vinculación con ésta es su actividad en la fundación FAES, el think-tank pepero. No es más que un comentario destinado a involucrarle en algo de lo que él ha querido mantenerse a distancia. Y sí, es posible que si volviese perdiese dinero: su cómodo asiento en Endesa y su pensión de expresidente serían suficientes para asegurarle la vejez tranquila que muchas personas parece que ya no vamos a tener. Sin embargo, Aznar sale en la tele intentando enhebrar un discurso nacional y se echan todos a temblar.

Por supuesto, cada uno hace la lectura política que más le conviene. Los de izquierda ya han sacado a pasear su espantajo favorito: el Prestige, la guerra de Irak y el 11-M. Es su bête noire y su odio es apocalíptico, absoluto y global. Todo porque tuvo la desfachatez de: a) ganar por primera vez unas elecciones con mayoría absoluta a la izquierda y b) por intentar sacar de su postración socialdemócrata a España. Han pasado diez años y, como si fuera ayer, la izquierda resentida, que no admite que pueda gobernar en España nadie más que ella, ha sacado toda la artillería contra Aznar.

Es verdad que, como recordaba hace pocos días Arcadi Espada, el discurso nacional de Aznar queda un poco deslucido si tenemos en cuenta el tamaño King size de las cesiones a los nacionalistas, tanto en su primera como en su segunda legislatura. Entre ellas, la de haber suprimido el servicio militar: a Pujol le reventaban los militares en Cataluña como exèrcit d’ocupació y, a pesar de que no pudo con los comerciantes de Tremp (beneficiados por la proximidad con la AGBS de Talarn), consiguió esto otro.

Pero lo que hay que reconocerle (aunque no les guste a algunos) a Aznar es que sí tuvimos unos años de prosperidad en que atábamos los perros con longaniza y soñamos ser nuevos ricos. Más allá de la burbuja inmobiliaria (durante la cual no oí quejarse a ningún socialista, según se les oye berrear ahora) y de la liberalización del suelo (que no explican lo que es pero machacan como consigna maoísta), hay que recordar que los tuvimos porque en 1998, el año del «examen del euro», cumplíamos los cuatro criterios de convergencia hacia la UEM (unión económica y monetaria), y que Alemania y Francia en aquel año no los cumplían. Y Aznar no se cortaba un pelo en jactarse de ello.

Pasemos al otro lado. Es «normal» que la izquierda cavernícola, troglodita y rencorosa que padecemos le tenga esa rabia apocalíptica y global a Aznar. Pero entre los propios también ha levantado ampollas. Y hay varias razones para ello. Durante la famosa entrevista, Aznar ofreció una imagen del liderazgo que no ofrece Mariano ni queriendo. ¿Por qué? Porque hablaba de algo más que de los garbanzosh. Después de la destructiva etapa de ZP y con un preshidente que «sólo se ocupa de la economía», era importante que un político alzara la voz y nos recordara que no vivimos para contar céntimos o el número de días que trabajamos para el Gobierno sin saberlo ni quererlo. Hacía falta un político que pensara en el interés de todos los españoles, y no sólo en el de su partido, o, todo lo más, en el de la casta.

En segundo lugar, porque en Génova, 13 saben perfectamente que si Aznar volviese realmente a la política activa, medio partido se iría con él de forma inmediata (y posiblemente con Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y Aleix Vidal-Quadras). Muchos militantes no entienden por qué, viniendo de donde viene, el gobierno del PP sigue aplicando la misma política que nos metió en el hoyo: las Administraciones siguen gastando con liberalidad y la fila de parados sube en proporción directa a ese gasto. Naturalmente, los que están en la pomada se cuidan muy mucho de guiñar el ojo al expresidente, no sea que el que «manda» de verdad (Mariano), los excluya de las listas para cualquier tipo de elección (como parece que le va a ocurrir a Mayor Oreja si los pronósticos se cumplen). Pero es que la mamandurria es la mamandurria y para algunos son preferibles los barcos sin honra y los principios marxistas (de Groucho… y tal vez también de Karl, dentro de esos algunos).

La herencia que dejó ZP sigue supurando porque Mariano, en vez de tomar medidas que solucionen el problema apoyado en su mayoría absoluta, busca el pacto y el consenso con los  enemigos de España (izquierdas y nacionalismo), cosa absolutamente incomprensible para los militantes de a pie. Tanto, como el hecho de que a Mas se le siga dando dinero a pesar de saber que éste lo derrochará en sus tonterías identitarias y de que se pasa y se pasará por el forro del arco de triunfo las sentencias y los recursos de inconstitucionalidad que le dicten o le interpongan.

La imagen de firmeza de Aznar, por más que se le puedan encontrar defectos, es lo que a mucha gente gustó (no hablo de los enemigos, por supuesto) de esa entrevista. Y contrasta agudamente con el laissez-faire de Mariano («eshque todavía no ha cometido ningún delito»). Pregúntense ustedes qué pasaría en Alemania si Baviera pillara el mismo resfriado que Cataluña. O en Francia si tal le ocurriera a Bretaña. Lo saben, ¿verdad? Y allí nadie hablaría de ejército de ocupación ni leches en vinagre.

O tal vez se trate de que la entrevista a Aznar nos ha despertado de este Día de la Marmota que parecía eterno y que parecía también que convenía a la casta. Si también es por eso, bienvenida sea esa entrevista. Aquí les dejo el enlace:

http://www.antena3.com/videos/noticias/entrevista-aznar-21-05-2013.html

Alemán, demasiado alemán

Abrimos hoy este blog mío y de ustedes para conmemorar la muerte de uno de los músicos más influyentes de los últimos doscientos años. No, no se trata de Bono o de Justin Bieber. Para los más despistados, se trata de un señor que nació hoy hace nada menos que doscientos años (es decir, la prehistoria): Wilhelm-Richard Wagner (1813-1883). Un artista amado y odiado por igual, prácticamente sin término medio entre los que lo han probado. El wagnerianismo se ha convertido en una especie de religión, en la que «para los que están dentro ninguna explicación es necesaria, y para los que están fuera ninguna explicación es posible».

Aquí mi comadre Miss Fidget, que por lo visto ni está dentro ni está fuera sino todo lo contrario, explica su relación con el universo wagneriano. Y la fascinación que ejerce todavía después de 130 años de su fallecimiento: todavía hay bandos de «wagnerianos» y «antiwagnerianos» que se reparten tortazos à tout plein a lo largo y a lo ancho del mundo. Eduard Hanslick seguiría disfrutando hoy como un enano. A mi modesto modo de ver, der Fall Wagner puede resumirse en lo siguiente: el Santo Grial del compositor era la Gesamtkunstwerk (obra de arte total); y tan total que necesita el concurso de todas las Musas. Quizá, si viviera hoy, Wagner sería director de cine (y fijo que tendría las manías de Karajan). A todo ello hay que añadir el antisemitismo que ya por aquellos entonces en Alemania cogía vuelo. Wagner no se cortaba un pelo en demostrarlo y Cósima, su segunda mujer, menos aún. La influencia política es lo que hace que ésa sea una obra total, por desgracia para él.

Que con el tiempo apareciese una ideología que tomara ese revoltillo y le diera forma de cruz gamada era cosa que en 1883 no se podía prever. Pero lo que debemos preguntarnos es si la música (el arte, en general) puede estar por encima de la política o, dicho más espiritualmente, «del mundo». Lo ideal es que estuviera siempre por encima; pero si no lo está, ¿convierte eso al compositor en un cómplice? Por poner otro ejemplo: ¿sería cómplice nuestro querido tovarishch Dmitri Dmitrevich de las purgas estalinistas por componer obras ad maiorem Stalinem gloriam, como la cantata de horrendo texto La canción de los bosques u otras obras «patrióticas» en loor del Régimen? A ese absurdo llegaríamos si consideráramos a Wagner «culpable». No podemos acogernos al juicio simplista del tipo: «Si te gusta Wagner eres un nazi». Wagner no es en sí mismo un Entartete Musikant sólo porque el nacionalsocialismo tomó de él lo que le convino y para lo que le convino; como no lo son Mahler, Schönberg o Mendelssohn sólo porque el régimen nacionalsocialista los proscribió por judíos.

Por otro lado y pensando específicamente en Wagner, hemos de anotar aquí la crítica de Tchaikovsky, que no citaré textualmente: «En la obra de Wagner hay muchas ideas, sí; ¿pero dónde está la música?». No es extraño que D. Pío Baroja rechazara a Wagner por esta razón: «no me gusta que me enseñen filosofía cantando». No menos sonada fue la ruptura de Nietzsche con su mentor Wagner, al que el primero glorificó en El nacimiento de la tragedia, fustigó en las Consideraciones intempestivas («Nietzsche contra Wagner») y crucificó finalmente en El crepúsculo de los ídolos. Wagner «había dejado de ser pagano» y eso era un pecado de lesa «wagneridad», sin dejar de adorarlo en el plano estrictamente musical.

De lo que podemos considerar culpable a Wagner es de sumergir al oyente en un mar de sonidos hasta atontarlo durante cuatro (promedio Ring) o cinco (Tristan) horas. Tampoco es por casualidad que al tenor especializado en papeles wagnerianos se le denomine heldentenor (hay que ser verdaderamente un héroe para cantar durante cuatro horas y no romperse las cuerdas vocales) y que ésa sea una categoría específica dentro de las voces masculinas, así como entre las femeninas lo son la soprano de coloratura o la dramática.

Por darles a ustedes un apunte biográfico les diré que, a diferencia de Miss Fidget, mi lamentable disposición para la ópera en general me libró del colocón wagneriano. Así que tanto  para los wagnerianos como para los antiwagnerianos sería, pues, un patético pagano. Mi experiencia con Wagner se reduce a los «fragmentos sinfónicos» habituales (los preludios, oberturas y otros fragmentos de en medio). Para más inri, les cuento que tengo por ahí la versión de Boulez de la Tetralogía del centenario (1983) desde hace un montón de tiempo y todavía no me he sentado a verla (y eso que tiene subtítulos en español).

Sea como sea, los fanáticos encontrarán siempre un argumento a favor de sus tesis. Y por mucho que hoy haya quien se ponga en guardia cuando le mencionan a Wagner (¿por qué no ocurrirá lo mismo con Liszt, cuya música para Les Préludes encabezaba los noticiarios de la UFA?), con la perspectiva que da el tiempo hemos de ser capaces de reconocer algo. Quizá Wagner no sea bocado para un servidor de ustedes, que lo más cerca que ha estado de Wagner ha sido a través de Bruckner-el-de-la-trompeta (quiero creer que fue un apelativo más afectuoso que despectivo); pero lo que no se puede discutir es que hay un antes y un después de Wagner en la música occidental. Nadie, después de él, estuvo a salvo totalmente de su embrujo e influencia; ni siquiera los franceses, a pesar de su prurito, que a través del impresionismo siguieron la ruta hacia la disolución tonal iniciada con el Tristan. La única escapatoria (y ni siquiera absoluta) fue para muchos agarrarse al folklore nacional, especialmente en el caso ruso, que en aquellos tiempos era prácticamente territorio virgen. Aun así y sólo como botón de muestra, nuevamente traeré a colación el ejemplo de Shostakovich: amén de utilizar anagramas musicales (Mahler), se permite citar el tema del destino del Götterdämmerung en el segundo movimiento de su Decimoquinta. Hasta ahí llega el influjo.

Mientras tanto, comparto aquí con ustedes el mismo video que Miss Fidget: Stephen Fry, judío, habla para la BBC de Wagner, una de sus pasiones. Vale la pena que no se pierdan sus reflexiones, dejando aparte el hecho de que «a Hitler le gustara Wagner» (que es parecido a decir «si te gustan los gatos tienes unas profundas pulsiones totalitarias»)…

¿Partido político o secta?

Original aquí.

 

*Por Ángel Rico

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Las declaraciones de líderes políticos, en la XIX Interparlamentaria Popular, han provocado los presentes comentarios al respecto, que pretenden ser constructivos. La Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, utilizó la seriedad en su discurso de inauguración para parar las opiniones de los responsables regionales que se oponen al «déficit regional asimétrico» que defiende ahora el Gobierno y que supondrá, de hecho, que unos territorios se beneficien más, en detrimento de otros que tendrían que beneficiarse menos. Por tanto las palabras de que –»no es negociable apoyar al Gobierno de Rajoy«—  obligan a releer la Ley Orgánica de Partidos Políticos que en su artículo 6, dice: –Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes— Por ello, la discrepancia y el debate interno es obligatorio.

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El Presidente de Extremadura, José Antonio Monago, puso los puntos sobre las ies, al manifestar que: –«la diversidad de opiniones dentro del PP en torno a los objetivos de déficit son democráticas, porque el PP es un partido político, no una secta y, por tanto, puede haber discrepancias«— (sic) Y las palabras de Cospedal deben analizarse porque «lo que no tiene que ser negociable» es avisar al Gobierno de Rajoy que si no se cambia el actual rumbo, se provocará un mal, peor que el que se pretende evitar. Por tanto, lo que no debe ser negociable es: –defender los intereses de España, antes que  los de los dirigentes de este o aquel partido político–.

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Es un hecho comentado, sotto voce, que en el seno del PP hay una especie de concurso de jaleadores, –donde unos y otros se miran de reojo para ver quién elogia y pondera más a los dirigentes del PP para, llegado el momento, que el halago y las carocas propias sean más resplandecientes que las de los demás – Tanto rendibú podría estar justificado si, además, dentro del PP existiese un, digamos, –departamento de control de calidad— que se encargase de analizar y hacer constar, para su rectificación, aquellos defectos en el funcionamiento del partido. Pero no existe tal departamento y a aquellos que, desde la lealtad, tratamos de comentar los fallos existentes, para ser reparados, se nos encasilla en el de los enemigos más recalcitrantes.

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Pero sea como fuere, al final la «verdad es la verdad» y Cospedal cuando hace uso de la autoridad de su cargo y la palabra, para coartar la democracia interna, debería ser consciente, por ejemplo, que: –la comunidad autónoma que preside, —Castilla-La Mancha–, tiene un índice de desempleo superior a la media nacional; el PIB de 2012 fue el 1,61% menor que en 2011; y en los últimos datos de comercio exterior queda claro que en esta región no se exporta. Y cuando no se exporta ¿qué es lo que queda? Los halagos, lisonjas, requiebros, piropos, lindezas a la cúpula dirigente, para que estos (la cúpula) se mantenga en la miopía y en el error, mientras que  los ciudadanos tienen que soportar los errores del gobierno miope. Es decir, Cospedal, tiene la autoridad del cargo, pero no la autoridad del ejemplo, sobre todo en lo referido a la creación de empleo. Porque este, el empleo en Castilla-La Mancha, no está, ni se le espera a corto, ni medio plazo.

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Se pronuncien los discursos políticos que se pronuncien, después de la retórica,   los ciudadanos siguen viendo que: –En España hay gobiernos que no cumplen las leyes, ni las sentencias de los tribunales, que con la mayor deslealtad posible, encabezan un movimiento secesionista; que en el seno de sus, carísimas,  embajadas por el mundo, vilipendian a España; que un representante de estos nacional separatistas, preside la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados de España; y además,
reciben de la Hacienda Pública, más dinero que el resto de territorios—  Urge recortar el gasto público, adecuado la estructura del Estado.

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Los ciudadanos piensan que –la distribución de los impuestos no debe ser ordenada entre todos los territorios, sino que, debe ser justa;  que las sentencias no se invocan, se hacen cumplir; que la igualdad en los territorios no debe ser una utopía, sino un hecho tangible. ¿Hace falta recordar los territorios donde tal igualdad no existe?

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Últimamente, algunos cargos del PP han utilizado su voz para pedir que: –no se vote a aquellos partidos que no tengan democracia interna–. La propuesta está bien, surgiendo la pregunta:–¿Mas democracia interna, significa listas abiertas, y primarias? ¿Un militante, un voto? Ningún demócrata podrá estar en contra de tales propuestas; solo se opondrán los «apparátchik» que se apoyan en la estructura partidista establecida, que impide la llegada de nuevas tendencias, oponiéndose a que se aplique la democracia en los partidos políticos, donde debiera imperar la democracia.

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Dicho lo anterior, es evidente, que debe aprovecharse la actual coyuntura para mejorar la actividad política, haciéndola más democrática y más transparente; donde primen los resultados políticos, más que las letanías de adulaciones, para desempeñar un cargo de responsabilidad política. Eso es lo civilizado, no apoyar sin justificación razonable, los desvaríos gubernamentales que mantienen a la sociedad civil al borde de la asfixia, mientras la casta política gobierna de espaldas a las necesidades de los ciudadanos, con el insaciable ministro Montoro, pidiendo más y más impuestos.

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Cuando los participantes en la mencionada Interparlamentaria vuelvan a sus circunscripciones, a curar su ronquera, de tanto ¡olé, olé, olé, olé, olé! Los votantes estarán buscando a alguien, que piense más en los ciudadanos, que en la casta política imperante, para otorgarle su voto en la próxima ocasión; para que los instrumentos que se utilicen en el inmediato futuro  para hacer política sean «partidos» en lugar de «sectas».

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…He dicho!

Y de pronto, Albert Rivera: «La regeneración de las instituciones políticas»

Albert Rivera despierta pasiones… y no sólo en Cataluña 🙂

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regenera

Los que me conocen saben que una de mis frases favoritas es «si no puedo hablar bien de…, prefiero callarme». Creo en los mensajes positivos y que la admiración tiene mucha más fuerza que la envidia. Por eso, después de cinco años blogueando (primero en blogger y luego en WordPress), pocas veces he tocado el tema político. No por ninguna razón en particular (bueno si, la de no poder hablar bien), si no porque en este blog el título es una declaración de intenciones: CREATIVIDAD, INNOVACIÓN, TALENTO Y LIDERAZGO. Hoy, sin embargo, rompo las reglas (no del todo, la verdad, porque al final esto tiene que ver directamente con el liderazgo y el talento).

La culpa la tiene Laura, mi hija, que ayer me llevó al Casino de Murcia a escuchar una conferencia de Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos. Nunca había visto tanto entusiasmo por su parte para ir…

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El Patito se vió reflejado en el agua, y la imagen que ésta le devolvía le cautivó por su hermosura: era un magnífico Cisne

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